Diciembre, días para
reflexionar, para hacer un balance, recordar a las personas que se han ido, las
que han llegado, las que siempre han estado ahí, días para ver el camino
andado, ver lo que se ha hecho, lo que no se ha logrado, las metas pendientes,
los cambios que serán necesarios, los proyectos, hacia donde mirar. Lo que se
ha perdido, lo que se ha ganado.
El fin de año es una
fecha de calendario que marca el fin y el inicio de algo. Es un circulo de
apertura y cierre donde cada persona marca el ritmo y el significado de cada
fecha, en una evolución y cambio de la vida personal; las fechas y las
celebraciones permiten definir la identidad individual y colectiva, cada uno de
nosotros tenemos fechas colectivas, fechas que compartimos con todos, pero
también tenemos fechas personales, interiores, aquellas que nos reservamos a
nosotros mismos. Una memoria colectiva, y una memoria personal, en construcción
de una realidad.
Nunca me ha gustado
salir a antros en estas fechas, siempre he preferido estar en casa, con todos
los que ahora son mi familia. Pero una vez no fue así. Hace muchos años, cuando
aún vivía con mis padres y recién comenzaba a conocer “el ambiente”, conocí a
un tipo, se llamaba Benjamín, en aquel tiempo me pareció interesante, usaba
barba de candado, de piel morena y de ojos verdes, una rara combinación pero
muy llamativa. Tenía poco tiempo de haberlo conocido y me insistió para pasar
el fin de año en el DF con una pareja que eran amigos suyos. Después supe que
uno de ellos había tenido que ver con él, por eso lo conocía. Yo no quería
estar fuera de mi casa en esa fecha, por convicción propia, pero en mi inexperiencia
y pendejez de la edad pensé que si no accedía él se enojaría y podría no volver
a verlo. Acepté ir con él, la pareja nos recibió bien, tenían un departamento
de dos recamaras y nos dieron la de visitas. Pasamos la tarde, llegó la noche,
yo tenía un sentimiento de culpa porque no había avisado en mi casa que no
iría, así que más tarde tuve que llamar por teléfono e intente justificarme
torpemente ante la mirada divertida de Benjamín. Después de cenar fuimos a un
antro, uno de tres pisos, en esa fecha estaba llenísimo. Yo traté de pasarla
bien, pero lo que veía no me agradaba, la gente estaba muy prendida esa noche,
pero parecía que entre más euforia había en el ambiente más falso era, como si
al reír ruidosamente se ocultara lo que realmente tenían en su interior:
soledad.
Benjamín iba a lo que
iba, a divertirse, con o sin mi. Siempre me gusto bailar, pero no sabía, intente bailar con él pero me dijo que era yo
muy pendejo para bailar salsa, le pedí me enseñara pero optó por bailar con
otros, dejándome a mi también, solo. Más tarde regresamos al departamento de
sus amigos y nos quedamos juntos en la recamara. Por lo menos tendríamos
relaciones esa noche, él se puso de espaldas, separado de mi. Yo lo abracé y
puse mi miembro erecto entre sus nalgas, él pareció acceder e intentó
introducir mi verga en sus nalgas. Antes que pasara eso, tomé un condón y me
separe para colocármelo. El tomó mi verga y al sentir el condón me lo quitó y
me dijo que así no, que si quería cogerlo ahora tendría que ser sin condón. Yo
no accedí, él se dio la vuelta, se enredó con una cobija y se puso a dormir.
Ahí me quedé yo solo, sin haber estado con mi familia, sin haber bailado, sin haber tenido sexo. No pude dormir, apenas aclaró el día me levanté, toqué la puerta de la pareja, salió uno de ellos, y al verme entendió lo que había pasado y cómo me sentía. Me dijo que Benjamín era así pero que ellos no podían decirme nada, que tenía yo que conocerlo por mi mismo. Me abrieron la puerta del departamento y salí para iniciar mi regreso a casa. En casa no me dijeron nada, lo cual agradecí, moralmente me sentía muy mal, sentía lo que era la soledad del homosexual, solo en medio de la gente de ambiente, solo al lado de la persona de la cual uno se enamoraba, conocí lo hueco que puede estar alguien por dentro. Ese año fue especialmente malo para mi. Durante mucho tiempo Diciembre no significaba algo especial para mi, más bien era yo una estadística más de las personas que durante este mes entran en depresión, algo que se acentúa más entre los gays, el sentimiento de soledad que siempre va a acompañar al homosexual.
Ahí me quedé yo solo, sin haber estado con mi familia, sin haber bailado, sin haber tenido sexo. No pude dormir, apenas aclaró el día me levanté, toqué la puerta de la pareja, salió uno de ellos, y al verme entendió lo que había pasado y cómo me sentía. Me dijo que Benjamín era así pero que ellos no podían decirme nada, que tenía yo que conocerlo por mi mismo. Me abrieron la puerta del departamento y salí para iniciar mi regreso a casa. En casa no me dijeron nada, lo cual agradecí, moralmente me sentía muy mal, sentía lo que era la soledad del homosexual, solo en medio de la gente de ambiente, solo al lado de la persona de la cual uno se enamoraba, conocí lo hueco que puede estar alguien por dentro. Ese año fue especialmente malo para mi. Durante mucho tiempo Diciembre no significaba algo especial para mi, más bien era yo una estadística más de las personas que durante este mes entran en depresión, algo que se acentúa más entre los gays, el sentimiento de soledad que siempre va a acompañar al homosexual.
Aún vi a Benjamín
algunas veces, insistió en tener sexo sin condón pero me negué. Traté de
alejarme de él y así lo hice. Meses después conocí a una persona muy especial
con la cual llevé una relación de pareja. Esta vez era una buena persona, de buen
corazón, ahora ponía yo más atención a los sentimientos que al físico. Benjamín
aún me buscó algunas veces hasta que un buen día desapareció. No quise saber
más, no valía la pena.
Por: Martín Soloman
Por: Martín Soloman
