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28 de marzo de 2013

El hubiera no existe


Martín
Dice la canción que No hay nostalgia peor, que añorar lo que nunca jamás sucedió. Las cosas que más nos duelen no son las que nos pasaron, por muy malas que hayan sido, sino aquellas que nunca llegaron a pasar. Porque cuando algo ha pasado lo conocemos, tenemos una certeza de que fue bueno o malo, pero lo sabemos. Sin embargo, lo que nunca llegó a pasar permanece para siempre en nuestra conciencia, dando vueltas una y otra vez a nuestra imaginación de todo aquello que pudo haberse llegado a dar, pero el hubiera no existe.
Quizás el primer amor que tuve como hombre hacia otro hombre de forma consciente fue mi amigo de laUniversidad, Beto, uno de los primeros relatos del blog, con el que nunca pasó nada pero que aún hasta el día de hoy lo recuerdo como mi primer amor cuando era estudiante, compartimos dos años como buenos amigos, fue mi compañero en mis solitarios días de estudiante y quien hizo soportable la dura etapa que la Universidad fue para mí, y aunque nunca lo supo, fue también mi primer amor imposible.
Han pasado muchos años, me he aceptado como lo que soy y he encontrado personas maravillosas en mi vida, pero aún hasta el día de hoy lo recuerdo y muchas veces me he preguntado que hubiera pasado si me hubiese atrevido a algo más, y si él me hubiera correspondido.  Porque como dice otra canción, “Sabes mejor que yo que hasta los huesos, solo calan los besos que no has dado, los labios del pecado”. Nunca hubo ni un beso, y lo único que conservo de él es una fotografía ya muy vieja de él. Nadie la ha visto, solo yo sé quién es él. Me hubiese gustado conservar algo más de él, pero no tengo nada, solo su recuerdo en mi memoria.
Mauricio
Tuve un amigo en la escuela donde estudiaba la licenciatura. Si me dijeran qué es lo que más recuerdo de él diría que es su cara, muy alegre, con unas grandes ganas por vivir. Eramos compañeros de grupo y nos llevábamos muy bien. A los dos nos gustaba tomar ya desde ese tiempo, y una vez medio tomados y entre broma y broma nos besamos y nos tocamos, pero no pasó nada más, quizá ambos tuvimos miedo de que si eso hubiera seguido nuestra amistad se hubiera roto, y prefería tenerlo como amigo. Nos evitamos un tiempo después de ese evento, cada quien se hizo de una novia, pero nunca resolvimos lo que era el inicio de algo.
Pasaron los años, los dos nos casamos, a veces nos encontrábamos y platicábamos como amigos sin mencionar lo que una vez pasó pero diciendo muchas cosas con la mirada, creo que él sabía lo que yo sentía por él y él también sentía lo mismo, pero estábamos casados. Cierto día que andaba cerca llamé a su casa y ahí me dijeron que si no sabía que él ya había muerto. No dije nada, ahí se cayó todo. Tiempo después supe que se había suicidado de un balazo. No supe las razones. Mucho tiempo me emborrache pensando en él, cuando me quedaba solo, cuando mi esposa iba de visita a su familia me quedaba solo y sacaba las fotografías de la escuela donde él estaba, y ahí lloraba, las extendía por toda la mesa hasta quedar perdido de borracho. Y entonces no sé lo que pasó, pero lo vi, estaba ahí despertándome y diciéndome “acuéstate, ya va a llegar tu esposa, yo te ayudo a levantar esto, no puedes dejar las fotos aquí”, y me llevó a la cama, estaba yo demasiado ebrio y supongo fue el alcohol. A la mañana siguiente desperté, vi la hora y me levanté de golpe, mi esposa estaba ya casi por llegar e iba a ver las fotos que tenía yo regadas en la mesa, fui y me encontré con que no había ninguna foto en la mesa, todas estaban levantadas y guardadas donde siempre. No supe qué pasó.
Lo único que conservo de él son esas fotografías. Han pasado muchos años, he descubierto mi sexualidad, ya no vivo con mi esposa, pero hasta el día de hoy me acuerdo mucho de él y sé que hay un ángel allá arriba viendo por mí.
Juan
Cuando Juan estaba con Manuel, ambos acostumbraron a coleccionar conejos, en cerámica, en peluche, era algo que los hacía acordarse el uno del otro cuando no estaban juntos. Y si algo tenía Manuel era ser muy detallista, siempre en cada fecha le compraba una tarjeta y le escribía algo. A lo largo del tiempo fueron acumulando los detalles, todo esto lo tenía Juan en un cuarto que compartían juntos. Hasta que cuando se separaron Juan se quedó con todo y regreso a vivir a la casa de sus padres donde después de un tiempo tuvo que quemar todo eso por temor a ser descubierto ya que en la casa de sus padres no tenía privacidad. Solo se quedó con tres cosas: un anillo de graduación de Manuel, una foto de él y un Peluche. El peluche fue el último regalo que Manuel le regaló, unos días antes de que él muriera. Cuando se lo regaló a Juan le extraño que no fuera un conejo, sino un oso con un moño, porque en todos los años juntos los peluches siempre habían sido conejos, y tampoco había una fecha ó motivo para habérselo regalado. Juan solo guardo el oso de peluche. Días después Manuel Murió, y Juan sacó el oso de peluche y lo puso sobre su buró, de tal forma que antes de dormir siempre lo veía.
Y ahí permanece hasta el día de hoy, recordándole lo efímero de la vida, entendiendo que cuando se tiene a alguien, más importante que recibir, es dar, hacer lo que se pueda para apoyar a la pareja, al compañero de vida, al amigo, por pequeño que sea, porque el valor lo da uno mismo. Porque el hubiera no existe…
 
 

13 de marzo de 2013

El profesor de matemáticas (relato enviado por un anónimo)


(Relato enviado por un anónimo). Había terminado de estudiar la prepa, y ahora venía el momento de decidir qué estudiar. A mis 18 años, solo me importaban  tres cosas el futbol, las matemáticas y los hombres maduros atractivos. Normalmente quien está interesado a esa edad en algo como las matemáticas no es muy popular, pues todo el mundo huye de ellas y cuando alguien no solo es bueno en ello, sino que también es una de sus aficiones, los demás lo tildan de cerebrito, ñoño o comelibros.
Pero lo que me ayudaba era que también me gustaba mucho el futbol, junto con mis compañeros de clase le poníamos una arrastriza a todos los demás grupos de la escuela a la que asistía. Yo era un joven popular y algunas chicas se morían por que yo fuera su novio, pero no tenía una novia formal, solo me dedicaba a besar a una que otra chica.
Yo para esta época, ya me había aceptado como homosexual y mi interés eran los hombres, pero no cualquier hombre, tenían que se mayores que yo, en esa época prefería a los de entre 20 y 30. Así que nadie de mis compañeros me gustaba en lo más mínimo. Y me masturbaba como cinco veces al día, viendo la fotografía de un hombre maduro con vello que por pura casualidad encontré en la calle y que guardaba celosamente, parece que era parte de una revista pornográfica, pero en ella estaba el hombre de mis sueños un hombre maduro, fuerte y con mucho vello. Soñaba con meter mi verga en su culote y morder sus nalgas y todo su cuerpo. Pero despertaba y no había nada como eso a mi alcance.
Y de pronto ocurrió algo que fue definitivo en mi vida, yo aún no lo sabía, pero después de unas vacaciones aburridas iniciando el ciclo escolar no teníamos profesor de matemáticas y eso me desilusionaba un poco, pero mi ánimo cambio cuando llego el nuevo profesor. Era alguien hermoso, un cuerpazo como el de mi fotografía y una cara de macho que me encanto, era del norte, alto y blanco, con el tono de hablar de la gente del norte. Cuando se ponía de espaldas para escribir las fórmulas en el pizarrón, toda mi atención se iba en ver su trasero, firme y grande, y mi verga se me paraba enseguida. Vestía siempre formal, con pantalones de vestir a doble pinza, por el frente le quedaban flojos, pero por detrás le quedaban más bien ajustados, dándome a imaginar un montón de fantasías con él. Se volvió muy difícil, tenerlo tan cerca pero al mismo tiempo con el respeto que debe guardarse para un profesor. A partir de ahí, siempre que pensaba en sexo, pensaba en él.
No era yo el único que fantaseaba con él, mis compañeras de clase andaban vueltas locas con él pero el profe parecía no ponerles mucha atención. Al pasar los días, cuando descubrió que me gustaban las matemáticas, me impulso a participar en un concurso y pensé que era la oportunidad perfecta para tener un contacto más estrecho con el... o debería decir "intimo". Yo nunca fui y no creo ser un seductor, no soy muy atractivo, pero a esa edad tenía un cuerpo muy bien formado y lo mejor, una verga que volvía loco a cualquiera, grande y gruesa. ¿Cómo acercarme a él? Primero no sabía si él era homosexual, y aunque así fuera, yo era demasiado joven y él un hombre maduro, aunque muy atractivo. El me comenzó a dejar ejercicios de matemáticas para irme preparando para el concurso, y después de varios días de pensarlo mucho, decidí cuál sería la forma de insinuarme con él. El pretexto fue unas ecuaciones que no había entendido (mentira), decidí que ese día iba a hacerlo, esperé a que terminara la clase, el profe siempre se quedaba un momento mientras todos salían del salón, después de todo, ¿a quién le gustan las matemáticas? Me hice tonto un momento y entonces me acerqué hasta el escritorio donde él estaba sentado y le dije que no había entendido lo que me dejó. Él estaba sentado, ni siquiera me volteó a ver a mí sino que se fue a la hoja que le mostraba yo que me había colocado a su lado y entonces, mientras él revisaba la hoja yo rocé “accidentalmente” su codo con mi verga que la traía bien dura. El respingó un momento pero no dijo nada, yo me aleje un poco, él siguió sin moverse ni quitó el codo, lo que asumí como un gesto de aceptación y entonces me volví a acercar para mostrarle donde había tenido duda y volví a rozar su codo con mi verga, esta vez ya no me quité y él no hizo nada hasta que entraron mis compañeros porque ya venía el profe de la siguiente clase. El solo dijo que se llevaría la hoja a su casa para revisarla.
Pasaron dos días hasta la siguiente clase, rozar su codo con mi verga era suficiente para que la verga se me parara y me la chaqueteara. Llego la siguiente clase y noté que el profe se me quedaba viendo más, al terminar me pidió que me quedara para revisar el trabajo, me acerqué a él, intenté hacer lo mismo pero él se retiró. Me sentí decepcionado pero entonces me dijo: “¿puedes venir a mi casa? necesito explicarte con más calma donde está el error”. Por supuesto que acepté, esa tarde fui a buscarlo, ahí descubrí como era el sexo con un hombre maduro. Las clases privadas que me dio a partir de ahí en adelante para el concurso, ya no fueron de matemáticas, sino de sexo. Haaaa! de rico sexo. Sobra decir que ese año, fue muy agradable para mí, aunque no haya ganado el concurso, gané el estar con un hombre como el que tuve durante mucho tiempo solo en una foto de revista. A partir de ahí ya no necesite más esa foto para masturbarme, ahora tenía a alguien real.
 
 
 

4 de marzo de 2013

El peor pecado de un homosexual


¿Cuál es el peor pecado que puede cometer un homosexual? ¿Enamorarse de un casado? ¿el no asumirse como tal y vivir siempre en el closet? ¿llegar a cometer la tontería de casarse por presión de la sociedad y de la familia? ¿ser estafado por un chichifo? Creo que todos estos son errores comunes, pero el peor pecado para un homosexual es algo que no depende de él y que todos, en algún momento y si vivimos lo suficiente, habremos de cometer.
Como lo dije en el relato “Un rostro ajeno al que yo amaba”, cuando entre al medio homosexual fue en un cine porno, y quizás por estar en provincia es uno de los lugares emblemáticos. No acostumbro ir a antros aquí, no falta quién te llegue a ver y ande hablando como si el otro no fuera exactamente a lo mismo, pero de las contadas veces que he ido no me han gustado, prefiero ir al DF donde puedo estar en un lugar donde realmente me sienta a gusto.
En aquel tiempo y con una edad de veintitantos años fui conociendo a los que frecuentaban el cine, y lo que se hace en un cine porno, convertido en un gigantesco cuarto oscuro donde la gente anda de arriba abajo en busca de carne, literalmente de carne nueva. Vi gente de todas las edades, jóvenes, maduros, viejos. Y los compañeros de sexo ocasionales que escogían, muchos que solo buscaban jóvenes, otros maduros, entre ellos conocí a un señor ya bastante maduro pero aún bien conservado, bajito de estatura, pelo muy chino, moreno. Lo que siempre hacía era irse a los baños o ubicarse en la parte media del cine, y ahí se bajaba los pantalones y enseñaba las nalgas a quien entrara, él de espaldas solo veía de reojo si alguien pasaba detrás suyo y luego se bajaba los pantalones para mostrar sus nalgas. Conmigo lo hizo cuando iba al baño pero no era alguien que me atrajera, si vi como varios se le acercaban y le tocaban las nalgas y se iban, dejándolo así, con las nalgas al aire. De vez en cuando algún despistado se lo llegaba a coger. Un día no lo volví a ver más, hasta el día de hoy. Fui a efectuar un pago al banco y había una fila larga, y ahí delante de mi estaba formado el mismo señor del cine, ahora ya casi un anciano, aunque su pelo sigue estando negro, su cuerpo muestra el implacable paso del tiempo, llevaba camisa de manga corta y su brazos eran los de un anciano, sin nada de músculo y con la piel de alguien de esa edad, comienza a encorvarse y su paso ya no es firme, es mucho más lento.
En una de las reseñas de lugares de encuentro de internet he encontrado comentarios de gays jóvenes refiriendo este cine como “es un lugar al que van puros ancianos, ¡que horror!”, otro dice “fui a ese cine y un viejito andaba tras de mi, tuve que salirme, ¿qué hacen en un lugar así?”, otro más “en vez de cine porno parece un asilo!” y así por el estilo. El peor pecado para un homosexual es el paso del tiempo y su consecuencia en el cuerpo, el envejecer. Porque un homosexual que envejece pierde todo atractivo, se vuelve un cuerpo despreciable de ser deseado, de ser tocado.
Ahí mismo en el cine conocí a un señor, andaría en aquel tiempo por los 50 años, siempre buscaba jovencitos, literalmente, que escasamente tendrían unos 20 años. Eso era lo que el buscaba, y si encontraba. Un par de veces lo llegue a ver en el super con su carrito haciendo las compras en compañía de algún jovencito que bien podría pasar por su hijo, pero era obvio que era su galán en turno, era alguno que había conocido y sacado del cine para llevarlo a vivir con él y era quien lo mantenía, jóvenes de condición humilde que necesitaban de alguien que los mantuviera, a cambio de algo de sexo. También lo deje de ver, la última vez que lo vi andaba solo en el cine, dando vueltas, el paso del tiempo le complicaba mucho encontrar carne fresca.
Una cosa que es cierta de los comentarios es que en el cine, y también en los vapores, va gente de la tercera edad. Son lugares donde no se les prohíbe la entrada a los homosexuales viejos, donde pueden por lo menos ver de lejos lo que antes podían hacer, cuerpos gastados, quizás prematuramente, pero con deseo sexual dentro, ardiendo internamente, consumiendo el alma solitaria del homosexual que está condenado a terminar su vida solo, sin amigos, sin amor, sin compañía, cuando el tiempo les ha consumido ya la vida y el cuerpo y han cometido el peor pecado del homosexual, envejecer.
Veo a los jóvenes hoy expresarse de los viejos en términos bastante despectivos, asumiendo inconscientemente que su vida terminará muy pronto, quizás antes de llegar a los 40 años, porque a esa edad y según sus mismas palabras, un homosexual ya es viejo y despreciable. Un conocido virtual que decía tener 30 años se decía viejo porque había comenzado a engordar, pienso para mi “y lo que le falta”. Y en esa rapidez del tiempo se lanzan a vivir la vida loca, prolongando el tiempo, ¿hasta cuando? Quizás hasta que escuchen de otro decirles “lo siento, busco alguien más joven”, y entonces comenzarán a frecuentar los lugares donde no sean ellos mismos discriminados.
El tema del sexo en la tercera edad es un tabú, pero entre los homosexuales es un pecado. Y no existe Dorian Gray, que vivió joven mientras su retrato era el que iba envejeciendo, en un deseo que homosexual anhela, pero las almas ya están devaluadas. Toda la publicidad gay se basa en una imagen de juventud y belleza, porque es lo que vende. Pero de lo que pasa cuando eso termina nadie habla, nadie lo piensa, nadie lo desea, solo inspira la frase "¡que horror!"
Luego entonces, para alguien que siempre ha estado living la vida loca, ¿Cuándo es el momento de parar? ¿Cuándo deja de desear, de sentir, de anhelar tener sexo? ¿cuando se debe comenzar a ser invisible?...