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16 de julio de 2014

Porque soy como tú

Mi vida siempre ha sido muy rutinaria y ha estado marcada por un evento doloroso que no  acababa de comprender, cuando tenía unos diez años un buen día mi madre se fue, sin decir nada, solo sé que ese día mi papá fue por mi a la escuela y me abrazó mientras lloraba. Aunque los recuerdos que guardo de mi madre no son todos agradables, los últimos están marcados por regaños y reproches hacia mi que a esa edad no entendía. Siempre cuestioné a mi padre, pero nunca tuve respuestas, con el tiempo terminé echándole la culpa del abandono de mi madre, él nunca dijo nada, siempre fue de pocas palabras, y desde entonces se dedicó a educarme, como pudo, entre su trabajo y la casa, nunca tuvo tiempo para buscar a otra esposa y desde entonces solo nosotros nos quedamos solos en la casa.
Pasó el tiempo, terminé de estudiar y conseguí mi primer trabajo, quedaba lejos de la casa, tenía que tomar dos camiones. Esa tarde regresaba del trabajo, era otro día entre semana, un día gris como todos, rutinario, el camión atestado de gente, pensé que debía dormir un poco y cuando intente cerrar mis ojos, de pronto vi algo llamativo, abrí bien los ojos y afuera estaba un joven de unos 25 años, que vestía una playera verde sin mangas, un pantalón gris de mezclilla, llevaba también un cinturón de trapo color hueso y botas cafés. Su piel era blanca, de un tono agradable a mis ojos y un cabello cortísimo, pero lo mejor era que tenía una expresión muy varonil.
Esa tarde dejo de ser aburrida para mi, de pronto me sentí motivado y mientras observaba al chico guapo le di rienda suelta a mi imaginación, hasta llegar a mi parada para transbordar y él también bajo. En ese espacio de tiempo yo lo miraba de reojo para no delatarme, se veía muy varonil. De pronto se me acercó y me preguntó si sabía cuál  iban camión iba para mi colonia, le dije que yo iba para allá que cuando llegara el camión, le diría.
Comenzamos a platicar, me dijo que visitaba a su novia, que llevaban poco tiempo y no recordaba bien donde debía bajarse y comenzó a explicarme lo que su novia le había dado de señas para llegar hasta su casa, yo me ofrecí a acompañarlo hasta la casa de ella, pues solo vivía como a diez cuadras de la mía (y sí que estaba lejos). Cuando llegamos, su novia salió y platico con él mientras yo esperaba a distancia, su rostro antes alegre cambio y ahora reflejaba lo decepcionado que estaba. Le pregunte que ocurría y me dijo que habían planeado estar juntos esa noche, pero que ahora ella decía que no se podía, que su familia no saldría y que no podía quedarse.
Aproveché para invitarlo a mi casa y tomar un café, acepto y comenzamos a caminar, pude observar que tenía un cuerpo hermoso, sabía que ya no le daba tiempo volver hasta su casa, ya era tarde y no habría transporte y él no tenía suficiente dinero para un taxi de regreso, así que lo invite a quedarse en mi casa, que mi familia era muy hospitalaria y que solo la componíamos mi papá y yo. Nunca había invitado antes a nadie y no sabía que reacción podría tener mi padre al verme llegar con un amigo que nunca antes había visto, pero él no parecía ser alguien problemático. Comenzamos a platicar, se llamaba Sebastián, su nombre me gustó. Comenzó a decirme que recientemente, dos años antes, había llegado a la ciudad para terminar la Universidad y que aún había cosas de los citadinos que desconocía. Cuando le pregunte que había estudiado, evadió mi pregunta comentando otra cosa, pero no lo olvide. Me pregunto si lo veía muy pueblerino, yo conteste que a simple vista parecía un joven moderno por su estilo de vestir, pero que ya platicando notaba un acento diferente al de los citadinos y que eso lo hacía ver muy varonil. Me dijo que no era tan joven como aparentaba, conteste que yo le calculaba unos 25 o 26 años, a lo cual sonrió y me dijo que no sabía calcular su edad, que tenía 29 años y que ahora tenía un trabajo modesto.
Mientras nos dirigíamos a mi casa, pasábamos por un pequeño bar al que yo acostumbraba ir, y buscando hacer tiempo, le invité a tomar una cerveza, él aceptó. Su compañía era muy agradable, así que nos tomamos varias cervezas y me comenzó a conquistar, su forma de hablar era la de una persona autentica, que es coherente con lo que piensa, si parecía un tanto pueblerino por su tono, pero su forma de hablar demostraba conocimiento. Así pasamos las horas y cerca de la media noche me dijo que tenía sueño, que si podíamos llegar a mi casa a descansar. Cuando llegamos a mi casa yo estaba nervioso, le pedí que me dejara entrar primero y no hiciera ruido, mi papá veía la TV de espaldas a la puerta de la entrada y solo me preguntó, sin volver la cabeza, si había tomado, le dije que sí, que no se preocupara y que ya me iba a mi cuarto, él me dio las buenas noches y siguió viendo la TV sin voltear a verme, a señas le indiqué a Sebastián que pasara y le indiqué subiera las escaleras, el ruido de la tele nos ayudó. Cuando entramos a mi cuarto le deje mi cama, yo dormiría en un sleeping bag que tenía guardado, pero él me dijo que no quería incomodarme y que durmiera con él en la cama. Yo feliz.
Comenzamos a platicar en voz baja, me dijo que yo era muy agradable y hospitalario, no sé si eran las cervezas pero me sentí en confianza y le conté que desde hacía tiempo no conocía a nadie que me transmitiera tanta confianza y seguridad y que quizá por eso le había hecho la invitación de quedarse en mi casa, después salió el tema de mi madre, un recuerdo que aún me dolía, no pude contener mis lágrimas y de pronto me abrazo y me estrecho contra su cuerpo, me hizo sentir tan bien que le conté cómo nos había abandonado sin explicación, pero él me tranquilizo y entonces pude sentir su erección, me dijo que si quería tener sexo y acepte, lo demás para qué más detalles, solo puedo decir que me dejé llevar por él, vibrando con cada parte de su piel, sintiendo cada caricia, cada beso, y entonces me perdí en la noche.

Al día siguiente, desperté muy feliz, pero él ya no estaba, baje y vi a mi papá preparando el almuerzo, al ver mi expresión mi papa pregunto ¿perdiste algo? Titubeando le dije que no, mientras pensaba que quizá todo había sido un sueño de una noche de borracho. Mi padre puso el desayuno en la mesa, me sirvió un café cargado y entonces me dijo: “Sé que no llegaste solo anoche”. Yo me quedé mudo mientras lo veía sintiéndome descubierto en mi sexualidad. Él tenía la mirada baja, y mientras yo trataba de balbucear me dijo: “Ya era tarde anoche y estaba pendiente de que llegaras, vi por la ventana que no venías solo, pero no quise decirte nada, sé que pasaste la noche con un hombre..:”. Mi cara se puso roja de vergüenza, él me miró y me dijo que no me sintiera mal y continuó hablando: “Es tiempo que sepas por qué tu madre nos dejó, porque yo también soy como tu…” No recuerdo bien todas sus palabras, solo sé que fue forzado a casarse muy joven cuando embarazó a mi madre cuando él experimentaba con su sexualidad sin definirse totalmente, sé que nunca hubo una buena relación entre ellos pero hasta ahora sabía los motivos, mi padre salía mucho y fue en una ocasión en que lo siguió y lo descubrió con otro hombre, entonces lo odió a él y a todo lo que lo recordara, y un día se fue, sin más explicación. Mi padre cargó con la culpa y dejó su vida personal a un lado para criarme, sacrificó sus mejores años y ocultó su preferencia, no volvió a tener ninguna pareja, mujer ú hombre, y hasta esa mañana supe toda la verdad. El tiempo había pasado sin darme cuenta, ya era tarde para ir a trabajar, llamé diciendo que había tenido un contratiempo y me salí de la casa a caminar sin rumbo fijo, pensando, recordando, llorando, hasta que el cansancio agotó mis piernas. Regresé a mi casa, ahí estaba mi padre, sin decir nada solo lo abracé y lloramos juntos. No volvimos a tocar el tema, no lo cuestioné, y la herida del abandono de mi madre comenzó a cerrarse.
Pasaron los días, no volví a ver a Sebastián, pero lo recordaba con una mezcla de sentimientos, él había sido el catalizador de todo, no sabía bien lo que sentía por él, solo que de alguna forma lo extrañaba. Cierto viernes, al salir del trabajo me baje antes de mi camión y pase al bar que acostumbraba, ahí me pedí una cerveza, y luego otra, de vez en cuando miraba a la puerta cuando alguien entraba, deseando fuera Sebastián, pero eran otros, sabía que este no era su rumbo. Ya era tarde cuando decidí pedir una última cerveza antes de ir a casa, cerré los ojos mientras daba un sorbo a mi cerveza y entonces no sé si comencé a soñar de nuevo, solo sé que escuché una voz que me hablaba al oído y que me decía: “tenía tantas ganas de verte…”


2 comentarios:

  1. Wow que bellas historias

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  2. Que forma tan fina de llevar tu comentario, y que bueno que ahora tu padre se ha liberado y pueden ser una familia sin sombras y tan simple, solo expresando lo que sentimos. Saludos.

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Comentarios:


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