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14 de enero de 2015

La primera y única vez

Todo inicio cuando entre a la universidad, por primera vez estaba lejos de casa en otra ciudad, no conocía a nadie y me sentía solo al inicio del curso. Todos mis compañeros eran mayores que yo, solo había un chavo de mi edad con el que comencé a platicar, nos caímos bien y a partir de ahí nos hicimos muy unidos, recuerdo que siempre me acompañaba a mi cuarto donde vivía, él era originario de ese lugar y al parecer quería protegerme, diario pasaba por mí para irnos a la escuela, salíamos  juntos en el refrigerio, nos hicimos muy buenos amigos. A medio año nos mandaron a hacer unas prácticas a Acapulco, era la primera vez que iría a ese puerto, él tenía su familia allá y me dijo que podía irme con él, fue la primera vez que conocí el mar, él siempre me cuidaba, me daba recomendaciones de cómo entrar al mar. Ese día me llevo a la casa de sus familiares, era sencilla, no tenían muchas comodidades,  me presentó con su familia como un compañero de la escuela, me recibieron bien, platicamos de cosas de la escuela y yo les contaba de mi lugar de origen, se hizo noche y sus familiares nos dieron una cama para los dos. Por la noche yo no podía dormir y le dije “no tengo sueño, tengo calor”, él me dijo “destápate y duérmete”. Al ver que no podía dormir me dijo “quieres que te arrullen, ¿verdad?” , le conteste que sí, él puso su mano en mi pecho y yo le baje la mano a la cintura y un poco más abajo, comenzó a acariciarme de una forma que me excito, me di media vuelta y sentí su aliento, él acercó más a mí y empezó a besarme, fue el primer beso que sentía de un hombre, me gusto y seguí el juego, pasando los minutos los dos estábamos calientes, pero solo nos masturbamos y nos quedamos dormidos.  Al día siguiente al despertar me dijo “hay que darnos un baño para irnos a la práctica”. No hubo comentarios de lo que pasó la noche anterior, así pasaron tres días y era lo mismo, regresamos a la ciudad donde asistíamos a la universidad y pasamos a visitar a unos familiares de él, quienes nos invitaron a quedarnos esa noche, otra vez sucedió lo mismo, solo nos masturbamos.

En la escuela seguíamos igual, creo que teníamos una amistad pura, no pasaba más, llegaron las vacaciones y todos nos fuimos a nuestros lugares de origen. Al reiniciar el ciclo escolar él ya no regreso, me sentí solo sin su compañía, pero recordaba que él era cristiano y sabía que en el fondo él tenía un problema de conciencia porque creía que esa relación conmigo estaba mal. Yo seguí en la escuela, extrañándolo en cada día, no tenía con quien irme a mi cuarto después de clases, y aunque ya había hecho otros amigos con ninguno tenía la confianza que había alcanzado con él. Pasó el tiempo y al cabo de unos meses él me buscó, yo había cambiado de lugar donde vivía, por comodidad me fui a vivir con una pareja de hombres gay, tenían edades dispares y ante los demás se presentaban como tío y sobrino, aunque todos sabían que eran homosexuales. Cómo llegué a vivir ahí es otra historia. Ambos trabajaban durante el día y regresaban ya noche a la casa, yo me quedaba solo durante el día, llegaba después de clases y me dedicaba a estudiar o hacer los trabajos de la escuela. Él supo donde vivía y un día fue a buscarme, me sorprendí cuando abrí la puerta y era él, no esperaba verlo de nuevo. Me dijo que lo suyo no era la escuela, no quiso dar más explicaciones, me preguntó cómo estaba yo, lo pensé un momento y luego le dije que iba bien, pero que lo extrañaba mucho. Él me miró a los ojos y solo me abrazó en silencio, quedamos así un rato hasta que me dijo que tenía que irse y que otro día volvería a verme. Así fue, hubo más ocasiones en que me fue a buscar hasta ahí, así nos vimos varias veces durante las cuales nos abrazábamos y nos excitábamos, pero nunca llegamos a nada más  que caricias y todo terminaba en una masturbación, nunca quise presionarlo, su religión pesaba mucho en él y varias veces me dijo que eso que hacíamos estaba mal, que Dios no lo veía bien, pero me seguía yendo a buscar.

El hecho de vivir con una pareja de gays tenía su inconveniente, ellos como dueños de la casa me acosaban siempre queriendo que los penetrara, era su forma de cobrarme el favor de hospedarme, pero a mí no me gustaban, eran ya personas maduras, en aquel tiempo yo tenía 17 años y ellos tenían 60 años uno y el otro 42 años, yo deseaba personas jóvenes de mi edad. A ellos los visitaban hombres jóvenes que solo iban a cogerlos por dinero o para que les invitaran un trago, luego supe que era un rumor a voces que esa era la casa de los putos, y hasta a mí me incluían, lo supe cuando una compañera de la escuela me dijo un día: “tú vives en casa de los putos ¿verdad?”, a lo que le respondí  “no sé si sean o no, yo solo les pago renta del cuarto donde vivo y ya, la vida de ellos a mí no me importa”, y no di más explicaciones.

Después de pasar un año  viviendo ahí, mi excompañero y amigo fue a visitarme un día que había salido temprano de clases, era medio día, estaba yo solo y lo invite a pasar a mi cuarto, para mi sorpresa él aceptó de inmediato, al parecer tenía ganas de hacer algo más, al estar dentro me dijo:” te necesito, te extraño mucho…” y me besó, nos tiramos en la cama y empezamos a besarnos con frenesí, poco a poco nos fuimos quitando la ropa hasta quedar completamente desnudos, me tomo la verga y acercó sus labios, con timidez introdujo mi verga en su boca, y comenzó a darme unas ricas mamadas, lo que nunca antes había hecho, me quedé sorprendido y me dijo “te quiero, nunca he sido penetrado…”, yo entendí lo que quería, era lo que yo también había estado deseando desde que estuvimos en Acapulco, supe que esta vez él quería todo, mi excitación aumentó.
 

Se acostó boca abajo y me dijo “haz lo que quieras, soy tuyo, no puedo estar sin ti, deje de estudiar porque no soportaba que tuvieras novia, ahora quiero ser tuyo”, yo tenía la verga bien parada y sin más pensarlo tomé un condón de los que tenían en la casa y le penetré, él gritó de dolor pero seguía parando la colita, lo penetré con todas las ganas que me había estado aguantando, creo que me dejé llevar por las sensaciones, olvidé que me había dicho que era su primera vez, hasta que note que había sangre en el condón, entonces dejé de penetrarlo, no quería lastimarlo, él solo mordía la almohada, una lágrima rodaba por su mejilla, y nos quedamos así  hasta que me dijo: “ya me voy , otro día vengo a verte…”. Pero ya no volvió nunca, esa fue la primera y única vez que lo penetré, no volví a verlo, hasta que al cabo de tres años lo volví a encontrar, me dio gusto verlo, él me saludó con cortesía pero distante, me dijo que había hecho una carrera técnica y que estaba casado, su esposa estaba esperando a su primer hijo, no me preguntó nada de mí, fue un saludo sencillo, nos despedimos con tristeza en la mirada, lo último que me dijo fue “que Dios te acompañe”. Solo me quedó el recuerdo de esos besos y de ser el primero en su vida que lo había penetrado, después de eso ya no quise buscarlo, lo que pasó es algo que quedó en el pasado, los recuerdos permanecen en mi memoria, aunque últimamente y con los tramites que estoy haciendo me he encontrado a muchos de mis compañeros de antaño y su recuerdo ha vuelto con fuerza, he intentado buscarlo pero hasta la fecha nadie me ha sabido dar razón de él, del hombre que amé en mi juventud, Pablo, donde sea que estés...

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