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11 de marzo de 2015

Los caminos de la vida

Hace muchos años, cuando yo solo era un adolescente, tenía como vecinos a una pareja hetero, a mí me gustaba mucho mi vecino, no sé cuántos años tenía él, pero ahora calculo que debía tener unos 40 años, me gustaba admirar la virilidad  de ese hombre tan apetecible y que al parecer no tenía ninguna inhibición, pues solía bañarse a medio día en el patio de su casa solo con una trusa  de color blanco y yo podía ver cómo con el agua le traslucía todo su vello púbico y la verga bien marcada. No sé qué pensaría de mí, nunca lo supe, pero creo que si se daba cuenta que yo lo admiraba.

La mujer con la que vivía tenía mala fama, la había sacado de un prostíbulo, era una mujer guapa de cuerpo muy bien formado y de bajita estatura, siempre usaba vestidos o faldas diminutas y zapatillas de tacones muy altos,  tenía una forma muy agradable de agacharse a recoger algo de suelo, siempre lo hacía con gracia y coquetería, como señora que era de la casa, al principio se daba  a respetar, pero conforme pasaba el tiempo tal parecía que deseaba volver a sus andadas, vender su cuerpo al mejor postor. Pero yo no era cliente potencial para ella, era un chamaco que apenas estaba estudiando la preparatoria, sin embargo el trabajo me había hecho desarrollar mi cuerpo y parecía que eso le despertaba el deseo sexual a la vecina.  Cuando coincidíamos se me quedaba viendo y me decía: “cuando seas más grande te voy a enseñar a hacer el amor muy rico…”. Me coqueteaba y me pedía que me acercara más a ella a través de la barda que separaba nuestras viviendas, con la intención de tocarme, me jalaba del cinturón y metiendo la mano, me decía: “…que bonita hebilla, ¿dónde la compraste?”. Al principio no lograba excitarme, pero después  de unas cuantas veces ella metía más la mano, según tocando mi hebilla, pero las yemas de sus dedos ya estaban rozando mi miembro, eso pasaba mientras su marido dormía.

Algunas veces casi nos sorprende el vecino cuando ella me estaba metiendo la mano. Ella siempre me decía, “mañana me la enseñas de nuevo…”. Yo con mucho gusto me acercaba a enseñarle mi hebilla, pero mi intención era poder ver más de cerca al vecino que siempre dormía la siesta en el patio de su casa, él era taxista, trabajaba el turno de la noche, por eso llegaba a dormir a las seis de la mañana, desayunaba y almorzaba, se metía a su recamara con su mujer. Al medio día se levantaba, se daba un baño y se tomaba siempre una caguama quedándose dormido  en el patio tomando el sol y después volvía a su rutina. Cuando despertaba de la siesta, le gritaba, “¡Yolanda, dame mi cerveza!”.

Mi vecina hacia lo mismo con mis dos hermanos mayores que yo, ellos nunca me decían nada, al parecer ellos ya habían estado con ella en la zona de tolerancia, solo faltaba que lo hiciera conmigo, a ellos como ya eran mayores de edad,  les permitían entrar. Después de un tiempo me di cuenta que el vecino ya no salía a bañarse al patio, entonces me enteré que el señor la había mandado al diablo por ser tan puta y se había ido de su casa. Ella se quedó sola con su hijo de 13 años, ahora ella tenía que ganarse la vida. Una noche la señora y su hijo llegaron a la casa y pidió permiso para quedarse, más bien para poder dejar a su hijo mientras ella se iba a trabajar de noche, solo fue esa noche.

Al siguiente día, aprovechando que mi madre había salido a comprar el pan, la vecina me dijo “Ahora ya podrás visitarme allá, y aunque no tengas la edad, yo les diré que yo te invite…”. Así lo hice el siguiente sábado, me vestí con camisa de manga larga para, según yo, verme ya mayor de edad. Era la primera vez que entraba a un antro así, mis piernas temblaban, no sabía qué hacer. Inmediatamente la reconocí bajo esa luz roja y con mucho humo de tabaco, ella se acercó y me dijo: “ bienvenido chiquito, ahora serás mío, ven siéntate acá, estas temblando, no tengas miedo, no te pasara nada, yo te protegeré”. Nos pusimos a bailar, ella me decía: “pégate más a mi cuerpo que te deseo”, mientras me restregaba sus tetotas en mi pecho y me decía “tómalas, baja tu cara…”. Era un sensación rara que sentía, mi mente volaba hacia el cuerpo del que fuera su macho, mi vecino, que por verlo a él yo me acercaba a ella, pero no podía dejar que ella pensara que quien me gustaba era su marido en turno, así que bueno, después de todo no era mi primera vez de estar con una mujer.

Nos sentamos en una esquina, casi no había luz, ella empezó a besarme, yo le correspondí, nos abrazamos nos tocamos, ella me toco el paquete, yo le toqué entre sus piernas y sentí como ella estaba húmeda, me dijo: “con calma, tenemos toda la noche, pidamos una cerveza”. Y fueron como unas cinco cervezas cada uno, “por esta vez yo las pagare”, me dijo, “tu solo pagas el cuarto mi rey”, a lo que le respondí, “claro, no hay problema”, ella no me iba a cobrar sus favores sexuales, era una mujer que me doblaba fácilmente la edad, pero muy sensual y sexual. Nos acercamos a la barra y le dijo al encargado, “dame un cuarto, acá mi amigo te pagará…”. Nos dio la llave y bajamos por unas escaleras semioscuras, entramos al cuarto, yo casi no distinguía nada, hasta que mis ojos fueron acostumbrándose  a esa luz, me dijo: “bueno papacito, ahora te toca a ti, ya con tus hermanos lo hice, solo me faltabas tú y bueno, también me falta tu papá…”. Eso me desconcertó, pensé “que puta vieja, pero que rico, así me la cojo y no me cobrará”.

Ella se quitó su ropa y se acostó, diciéndome “encuérate que quiero verte el pito grueso que te cargas, lo sentí cuando te he tocado la hebilla”. Sin prisas me desvestí y me acosté a un lado de ella, me dijo, “te quiero ver de frente, quiero verte esa cara de satisfacción, pero antes déjame agarrarte la verga”. Yo le chupaba los pezones, su cuerpo estaba recién bañado, pero al chuparle los pezones le salía leche, aunque no estaba amamantando, le brotaba leche, y dije “acá me acabare de criar, jejejeje”. En esos tiempos no se usaba el condón, así que fue a pelo como hoy se dice, fue placentero, terminamos y me dijo: “lávate tu pito, ahí hay agua y jabón”. Ella entro al sanitario y se puso un lavado con una solución llamada benzal, terminamos y nos subimos nuevamente a la pista, ya no bailamos, solo me dijo, “bueno, misión  cumplida por hoy, tengo que trabajar mijo, te espero próximo fin de semana”. “Ok”, le respondí, “está bien, gracias, nos vemos”.

La visite un par de veces más, nunca me cobro el favor, la última ocasión que fui a verla si me dieron un susto, pues ya tenía un padrote siguiéndola, yo no lo sabía hasta que él entro al antro y me vio bailando con ella, me dio un empujón diciéndome, “¡deja a mi  vieja en paz mocoso!”. Las compañeras de ella, unas que bailaban y otras sentadas esperando cliente se dieron el salto para protegerme formando un círculo para que el sujeto no me hiciera daño. Mi ex vecina mandó al vigilante a que lo sacaran y que no lo dejara entrar. Ahí termino la fiesta, me di cuenta que en realidad ese no era mi lugar, aún era muy joven para andar en esos problemas y deje de buscarla, pero como dicen, ya “lo bailado nadie me lo quita”.

Tiempo después me fui a estudiar fuera, nunca regresé al prostíbulo donde ella trabajaba y la olvidé, hice mi vida, y no fue sino hasta el paso de los años que regresé a mi pueblo y en cierta ocasión me crucé con esa “señorita” en la calle. Era una señora de edad pero aún se veía bien conservada, no sé si me reconoció, ahora yo usaba barba y no me parecía al mocoso que se había acostado con ella. Por pláticas con amigos de aquel tiempo supe que ella tenía una relación lésbica de muchos años, ahora vive con su pareja que es una mujer más joven que ella. Supe también que su hijo acostumbraba  a ir un show travesti y en una de esas salidas tuvo un accidente, era muy guapo, pero con el accidente perdió coordinación motriz y  tiene problemas para trabajar y caminar. Su hijo siempre supo a que se dedicaba su mamá y siempre la ha admirado.
 
La vida es muy extraña a veces, he reflexionado sobre la vida de esta mujer, ¿qué le llevaría a esta señora a cambiar de relaciones después de haber tenido tantos hombres y al final terminar en una relación lésbica? Fue una mujer muy guapa de joven y se dio el gusto de tener a todos los hombres que quiso, tuvo a mis hermanos y me tuvo a mí, y a juzgar por el hombre que fue mi vecino, le gustaba que fueran machos, ¿cómo fue que terminó encontrando el gusto por otras mujeres y viviendo con una? De igual forma, yo tuve a muchas mujeres, pero al final decidí vivir con un hombre, y mi vida la he llevado hoy en día más hacia este lado, aunque debo confesar que a veces me dan ganas de tener relaciones con una mujer y sentir esa parte del placer que muchos homosexuales pueden no entender.


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