Hace un tiempo el Papa Francisco declaró: "Si una persona es gay y
busca al Señor y tiene buena voluntad, ¿quién soy yo para juzgarlo? El
catecismo de la Iglesia Católica lo
explica de una forma muy bella a esto. Dice que no se puede marginar a estas
personas por eso. Hay que integrarlas a la sociedad”. Cuando dijo esto muchos
interpretaron que el Papa estaba aceptando a los homosexuales, que tenía ideas
progresistas y lo calificaron de ser un Papa Gayfriendly. Personalmente nunca lo
pensé así, sus palabras llevaban un condicionamiento y ninguna aceptación.
1)
Puedes ser
gay pero siempre y cuando busques al Señor.
2)
Hay que
integrar a los gays a la sociedad bajo el catecismo de la Iglesia.
“Ser gay es ser cool, lo gay está de moda”
El reconocimiento a los derechos de las personas homosexuales ha tenido
importantes avances en los últimos tiempos. Importantes figuras del medio
artístico, deportivo y otras áreas expuestas mediáticamente han tenido su
salida del closet en medio de la cada vez mayor aprobación de la opinión
pública, algunos han optado por el alquiler de vientres y son objeto de
reportajes y entrevistas en revistas que antes eran solo para un mercado de
heterosexuales, hoy gozan de aceptación pública, mostrando que las clases sociales
han llegado a los gays, y que, a diferencia del mundo heterosexual común donde
hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda, entre los homosexuales, los
gays también pueden ser gente bien, gente como uno, gente que es exitosa en lo
que hace, desde importantes ejecutivos de empresas privadas, pasando por
artistas, deportistas, intelectuales y otros muchos más del mundo de la
farándula. Los gays son cool, tienen buen gusto, saben de moda, de arte,
viajan, se cultivan, incluso pueden ser capaces de adoptar y de formar familias
como los heterosexuales comunes, de forma tal que se han podido integrar
productivamente a la sociedad de forma tan armónica que son un ejemplo que
todos los demás homosexuales debiéramos seguir como modelo de vida aspiracional,
como ejemplo a seguir.
“Una cosa es ser gay, y otra muy distinta andar puteando…”
Ha comenzado a circular así un tipo de publicidad en este sentido,
estableciendo una diferencia entre lo que es un gay socialmente aceptable y un
vulgar y excluido puto. Un gay es aquella persona que tiene respeto por sí
mismo y por los demás, es culto, talentoso, fuerte, responsable, romántico,
inteligente, fiel cariñoso y varonil, es valorado por ser buen hombre. Puto es
aquella persona vulgar, promiscua, consumista, es mentiroso, irresponsable,
chismoso y vacío, es conocido por frecuentar saunas y bares en busca de sexo,
ama mostrarse como un pedazo de carne. En primera instancia las definiciones
están fuera de lugar. Basta ver a algunos de los políticos que han sido exhibidos
en videos con prostitutas para ver que caen en la segunda definición del
término pero que a la luz pública son perfectos esposos y padres de familia.
Pero más allá de agrupar en gays buenos, aceptables y normales por un lado, y
en putos, indeseables y excluidos a los segundos, detrás de estos conceptos hay
una ideología católica y misógina. La primer definición de lo que es un gay
como “aquella persona que tiene respeto por sí
mismo” es lo mismo que se les pide a las mujeres, que no cedan a las relaciones
sexuales hasta el matrimonio y que lo hagan solo con sus maridos, negandoles el
derecho a decidir por sí mismas, negando el derecho al placer, al sexo.
“Pedro y Juan se casaron, invitaron a su boda son todos sus amigos que
son todos con los que se han acostado…”
El gay aceptado solo puede tener sexo con su pareja, que al fin y al
cabo para eso querían que el matrimonio entre personas del mismo sexo fuera
legalizado, y su estilo de vida solo es aceptado cuando más se acerque al modo
de vida heterosexual y cristiano. Las mujeres llevan un largo período de lucha
por sus derechos sexuales y reproductivos, por el derecho a tener una vida
sexual satisfactoria y tener la posibilidad de separar el ejercicio de la
sexualidad de la reproducción. Sin embargo, para la iglesia el fin último del
matrimonio es justamente la reproducción, una mujer que ejerce libremente su
derecho a una vida sexual independiente de la reproducción es rechazada al
estar en pecado y atentar contra su cuerpo. Esta misma visión se impone sobre
los homosexuales, solo pueden ser socialmente aceptados cuando más “normales”
parezcan. Y los mismos homosexuales promueven ese tipo de campañas.
Las visiones del matrimonio homosexual caen en lo rosa, al igual que
la visión rosa del matrimonio homosexual. Casarse a la orilla del mar, en algún
salón, rodeados de familiares y amigos, con música de violines, el pastel las
flores, la cena, la luna de miel. La imagen del homosexual es la de dos hombres
varoniles tomados de la mano, sonriendo a la orilla del mar, quizá un beso. Lo
demás, lo que pasa en la intimidad, no se dice, no se habla, quién se coge a
quién, quien se la mama, etc., eso no es bien visto, eso se niega. Es como si
al reconocer el derecho al matrimonio implicara también quitar la parte sexual
del homosexual.
“Pues si quieren casarse que lo hagan, cada quien su vida, pero los
niños que quieren adoptar, ¿Qué culpa tienen? ¿acaso no piensan en la vida de
señalamientos que tendrán?”
La lucha por el reconocimiento del matrimonio homosexual no tiene como
fin último la ceremonia, sino una lucha por los derechos sociales que conlleva
el matrimonio. El derecho a la seguridad social, el poder adquirir una casa
juntos al sumar los ingresos de los conyugues ante las instancias de crédito,
el que la pareja decida en caso de enfermedad que impida al conyugue decidir,
el tema de la herencia. Ahí radica el fondo de la cuestión del matrimonio como
contrato social con los mismos derechos y obligaciones que cualquier matrimonio
heterosexual, y por supuesto, el derecho de adopción. Esto va más allá de la
visión rosa del matrimonio, y cuando se trata de personas homosexuales, quienes
piensan en casarse y luchan por este derecho son más conscientes sobre lo que
buscan.
“Esos que van ahí son putos”
Ese mundo aspiracional donde lo políticamente correcto es Glee, donde
muchos quieren ser como Miranda Richardson o como el trío de solteronas de Sex
and the City, no existe. Ese mundo glamuroso donde los homosexuales son
aplaudidos por la industria de la moda, la música, la cocina y demás posiciones
mediáticas está reservado para unos cuantos, que tuvieron diversas razones para
mostrarse como homosexuales poniendo en riesgo las carreras que ya tenían, son
rostros de campañas por los derechos de los homosexuales en un mundo rosa,
descafeínado, de ropa de marca, restaurantes de lujo y lociones de diseñador.
Pero al igual que el mundo heterosexual, no todos pueden entrar a dicho mundo,
la realidad para la mayoría de los homosexuales es la discriminación cotidiana,
la violencia, los crímenes de odio, el vih, la falta de oportunidades
educativas y laborales. Y la cotidiana lucha diaria por sobrevivir en un mundo
que queda muy lejos de la Quinta Avenida y más cerca de la Alameda Central y
sus lugares de ligue clandestino que lo rodean, donde por una pequeña cantidad
que se paga al entrar se puede tener un momento de sexo, que muchas veces es el
único escape a la cotidianidad de la realidad que vivimos.
“Una cosa es la libertad y otra muy distinta el libertinaje”
La heteronormalidad entre los homosexuales termina por discriminar a los
que son “promiscuos”, a los que “no salen de los vapores”, los lugares de
encuentro, homosexuales que condenan a otros homosexuales por ejercer su
sexualidad. Un gay “normal” es aquel que tiene una pareja, que son fieles, que
pueden convivir abiertamente con sus vecinos y familias y ante los que se
mimetizan de un matrimonio normal. Abro una página al azar para buscar la definición
de libertinaje y aparece la foto de dos hombres besándose. Dicho de
este lado, puedes ser homosexual, pero repruebo tus prácticas sexuales
libertinas. Nada de tríos, cuartetos, orgías, cuartos oscuros, vapores, sexo
clandestino, miradas al miembro del prójimo, ¿Qué usas poppers? Qué horror,
aparte de puto, promiscuo y vicioso. Y eso dicho por los mismos homosexuales
bien, aquellos que nunca van a esos lugares, pero que curiosamente saben cómo
son, Aquellos que solo se toman de la mano en una cafetería mirándose a los
ojos, profundamente enamorados, aunque a la semana siguiente estén enamorados
de otro más. A eso se queda reducido el homosexual. Lo demás son prácticas
inmorales que no caben en el sacramento del matrimonio.
El libertinaje es el ejercicio de la liberad llevado al punto en que un
conservador jamás iría. El sexo tiene un poder transgresor, confronta al hombre
con sus propias creencias, con sus miedos. El ser humano es un ser sexual, se dice que el ser humano es la única especie que tiene sexo por placer y no por fines reproductivos, pero es una cuestión de derechos y de tener la capacidad de decidir sobre uno mismo en libertad. El sexo tiene ese
componente liberador, de aceptación y realización. Y todo ello entra en el ámbito
estrictamente privado. Mi vida personal es privada, si decido casarme o no es
una decisión que no consultaré con nadie, ni con mi familia, los homosexuales
no están de moda, los aplausos son huecos, aún hay un largo camino de lucha,
pero este pasa por el libre ejercicio de la sexualidad, y que cada quien lo
ejerza de la forma que considere conveniente, en responsabilidad y sin culpa,
sin juzgar ni condenar. Menos cuando se trata de los mismos homosexuales.
Por: Martín Soloman
Por: Martín Soloman



excelente disertacion sobre la homosexualidad queda a desicion de cada quien que elegir que y no pero el hecho de que tengamos que vivir emulando a las parejas eterosexuales porque asi lo dicta la iglesia en una aparente aceptacion es porque la iglesia que trata de institucionalizar la union entre parejas del mismo sexo si hoy la iglesia se muenstra un tanto abierta a la aceptacion no es mas que por intereses mesquinos.
ResponderEliminarel hombre fue creado con libre albedrio