PAGINAS

23 de julio de 2015

Velando tu sueño

Veo tu rostro inmóvil, lo conozco tan bien, desde el inicio, ¿sabes? fue lo que más me llamó la atención de ti, sé que a los ojos de los demás no eres guapo, no encajas dentro de los parámetros de la belleza masculina, nunca podrías estar en la foto de algún evento social si es que fueras, y sin embargo para mí fue tu rostro lo que me cautivó desde que te vi. Ahora te veo ahí, inmóvil, durmiendo, con una expresión sin sentido en tu rostro, los ojos cerrados, la respiración lenta, inmóvil, tu piel oscura contrasta con el blanco de las sábanas de la cama, y yo aquí a tu lado, esperando que despiertes, como tantas veces que te perdías de borracho, pero esta vez no hay alcohol en tu cuerpo, y sin embargo duermes.

Aún recuerdo la primera vez que te vi, en la penumbra de un cine porno, yo soy más alto de estatura, te vi caminando lentamente, pasaste cerca de mí y me ignoraste, no me volteaste a ver, así que no fue relación a primera vista, pero algo en ti me cautivó, vi tu rostro diferente, llevabas una gorra de mezclilla acomodada de lado, la mirada fuerte al frente, y aunque a mí me gusta la gente con bigote tu no lo usabas, pero no te hacía falta, tus labios gruesos eran masculinos y un par de líneas de expresión le daban fuerza a tu cara, las mandíbulas marcadas, la frente amplia, usabas el pelo corto, a lo militar, pero no eras militar, llevabas una mochila al hombro, probablemente salías de tu trabajo, y tu tono de piel moreno me gustó, era un tono aterciopelado. Tu cuerpo era normal, no gordo, no musculoso, pero tenías la actitud al caminar, esa actitud retadora pero al mismo tiempo discreta. Te seguí con la mirada, yo parecía no existir a tus ojos, a pesar que me consideraba con mucho pegue tú me ignoraste.

Te vi más veces. La siguiente me senté junto a ti, fue cuando me volteaste a ver con cara de “¿y quién es este wey?”. Estuvimos un rato sin decir ni hacer nada y luego te levantaste y te fuiste de ahí. Mantuve mi distancia y vi que yo no era tu tipo de gente con quien te gustaba estar, buscabas a alguien joven, de piel blanca, supuse que era porque tú eras muy moreno y buscabas alguien diferente a ti, así que en adelante solo te veía de lejos y guardaba mi distancia, nunca me ha gustado insistir cuando no soy del gusto de alguien, yo también he rechazado a algunos y sé aceptar cuando alguien me dice que no y sé alejarme. Hasta que una vez pasaste junto a mí, me sonreíste y tocaste mi costado, como quien pide permiso para pasar. Yo me hice a un lado y solo pasaste, fue la primera vez que te vi sonreír, y me gustó, se te hacían dos hoyuelos en las mejillas, tu dentadura era blanca y perfecta, fue la primera vez que me tocaste. Te seguí con la mirada, buscabas siempre alguien con quien pasar el rato, alguien a tu gusto, que tú lo hicieras a tu modo, siempre te gustó llevar el ritmo, no dejabas que el otro hiciera algo que tú no quisieras en el momento que lo desearas, lo mismo eras activo que pasivo, aunque me chocaba verte como pasivo con alguien que parecía ser afeminado, pero era tu gusto, y sé que yo no te gustaba para sexo.

En alguna otra vez que te vi te acercaste a un lado de donde yo estaba parado. Cerca había un chavillo como los que te gustaban, pero resulta que tú tampoco les gustabas a todos y él te vio de arriba abajo y se fue con un mohín de desagrado. Y ahí estabas tú, a mi lado, excitado, sin más gente alrededor. Entonces me atreví a dar un paso hacia donde estabas, esa vez no te quitaste, pero tampoco me volteaste a ver, solo estabas ahí tocándote el miembro, lo tomé como una señal de aprobación y entonces puse la mano sobre tu bragueta, tú te dejaste hacer, sentí tu verga dura debajo del pantalón. Como pude te abrí la bragueta, no soy bueno para hacerlo y menos porque llevabas un pantalón de botones en vez de cierre, me costó trabajo, creo que eso te dio risa, y esa risa me ganó más, entonces hice lo que hace tanto tiempo deseaba, tener tu verga en mis labios. No es de gran tamaño, quizá sea del tamaño promedio, pero a mí me gustó porque eras tú, quiero decir, antes que tu verga me gustabas tú todo, aunque he conocido vergas mejores que la tuya, lo que te vi me agradó porque eras tú. Mi propia verga estaba erecta y me salía líquido preseminal, yo estaba más excitado de lo que tú estabas, pero esa oportunidad de mamarte la verga no la iba yo a desperdiciar, hice lo mejor que pude, aún con mi torpeza y el temor de que en cualquier momento me rechazaras. Pero no lo hiciste, hasta que te saliste de mi boca para eyacular. Terminaste y al mismo tiempo me masturbé para venirme también mientras te veía limpiarte con una servilleta de las que siempre acostumbras tener en la bolsa de tu pantalón. Me dirigiste una sonrisa y te fuiste.

Te vi una siguiente vez, me acerqué a ti pero me dijiste que ya te habías venido, pero te quedaste ahí, y entonces te invité una cerveza, lo pensaste mucho pero aceptaste, siempre y cuando fuera Victoria. Supe que tenías una tienda de abarrotes junto con tu hermano, un changarro, no habías terminado de estudiar y tu conversación era muy ligera, no tenía profundidad, pero todo eso no parecía importarme, bastaba que me vieras a los ojos y me dedicaras una sonrisa para hacerme feliz. Pasó tiempo para que aceptaras volver a vernos, creo que siempre me aceptaste porque no tenías algo mejor en ese momento, yo lo sabía pero te buscaba, me gustaba el timbre de tu voz, alguna vez te dije que tenías voz de locutor, tú solo reías mientras tomabas tu cerveza. Terminamos en un hotel, ahí fue donde me cogiste por primera vez, llevamos dos six de cervezas que nos fuimos tomando durante la noche, siempre que tomabas te ponías muy guarro, nunca hubo romanticismo, esa primer vez me dijiste: “¿vas a ser mí nalguita?”, me molestó pero aun así acepté. Yo casi no dormí, pensé que esa era la única vez que íbamos a estar juntos en una cama, “durmiendo”, aunque solo tu dormiste a pierna suelta, yo te veía y te acariciaba el cuerpo con suavidad para no despertarte, podía apreciar cada detalle, un cuerpo normal, un hombre normal, pero para mí eras único, eras diferente a todos, eras especial.

No sé lo que es el amor, no sé si te amé, no sé si solo me enculé contigo, aunque sé que tú eras también pasivo conmigo solo fuiste activo, nunca quisiste ni siquiera agarrarme la verga para ayudarme a masturbarme, tú eras quien eyaculaba primero, yo procuraba tu placer, no el mío. Lo que sí sé es que tú no me amaste, quizá llegaste a sentir algo de cariño por mí, pero no era amor, siempre fui tu segunda opción, a quien buscabas cuando no tenías otra cosa que hacer. Tu hermano me conoció, alguna vez fui a buscarte a tu tienda y no estabas pero ya él sabía de nosotros, era yo el amigo más frecuente que tenías y alguna vez él contestaba el teléfono. Físicamente eran diferentes, él había terminado la carrera de contador y entablamos una amistad, cuando te iba yo a buscar y no estabas tu hermano solo me decía que de seguro andabas de cabrón, yo me ponía triste y él me invitaba una cerveza a modo de consuelo y me hacía plática, siempre hablábamos de otras cosas menos de ti y de mí, de cine, de política, de fut bol, de lo que fuera, y así se me iba el tiempo hasta que llegabas, como si nada. Por mi lado también tuve sexo con otros, era mi parte de activo tu no me dabas, pero siempre regresaba a buscarte a ti.

Nunca te reclamé nada, nunca fuimos pareja, solo eras un cabrón caliente que hacía lo que quería y yo era otro caliente que estaba enculado contigo, nunca vi tus defectos, tu sonrisa cubría todo, y sabías cómo hacerme caer, encontraste puntos en mi cuerpo que ni yo mismo sabía que existían. Algunas veces cuando me enojaba contigo me tomabas de la cintura y entonces me acariciabas con tus dedos la parte baja de mi espalda, eso me encendía y olvidaba el motivo del enojo para hacer lo que tú quisieras, siempre terminaba cediendo contigo. Tomabas más que yo, muchas veces te cuidé mientras tú te ahogabas de borracho, entonces te ponías pesado, me hacías que te mamara la verga estando alcoholizado, pero no importaba, yo quería estar contigo.

Algunas veces iba a dejarte a casa de tu hermano con quien vivías, era un segundo piso arriba de la tienda de abarrotes, cuando era muy tarde tu hermano me decía que podía quedarme a dormir ahí hasta el día siguiente, tenían un catre en la parte de atrás de la tienda, yo te subía a tu cuarto perdido de borracho y luego bajaba las escaleras para quedarme en el catre. Tu hermano sabía bien de ti y de mí pero nunca dijo nada, solo me veía de reojo. Una sola vez mientras tu dormías borracho en tu cuarto él me llevó una cobija y me preguntó que te había yo visto para seguirte tanto tiempo siendo que tú no me corresponderías nunca, le dije que yo mismo no sabía, solo que te habías vuelto parte de mi vida, que no podía concebir mi vida sin ti. Él me dijo que nunca me iba a entender y se fue a dormir, dejándome solo con esa pregunta que hasta hoy no me sé responder mientras te miro dormir, no sonríes dormido, no sé si sueñas algo, aunque si lo haces es seguro que no es conmigo.

Esa noche tomaste más de lo normal, fui a dejarte a la casa de tu hermano, estuviste haciendo escándalo, él bajó a la tienda y entre los dos te subimos a tu cuarto a dormir, luego bajó a donde yo me quedaba y me invitó una cerveza, él abrió otra y platicó conmigo, me dijo que al día siguiente debía trabajar y que iba a estar muy desvelado, eran como las cuatro de la mañana, yo me sentía mal, sabía que nunca me ibas a querer de la misma forma como yo te quería, y sin embargo no podía dejarte. No sé lo que pasó, no hacías ruido en tu cuarto, no sé si escuchaste algo, tu hermano se acercó a mí a darme un abrazo sin más intención que compadecerme, cuando de pronto te vimos bajar la escalera a toda prisa con una expresión de furia en tu cara. Algo pasó, perdiste el escalón, intentaste agarrarte del pasamanos pero no lo alcanzaste, tu cuerpo se deslizó primero a un lado y luego fue cayendo ladeándose mientras con la otra mano arrastrabas los adornos de cerámica que había en la pared de la escalera rompiéndose junto a tu cuerpo en un golpe seco, tu espalda golpeó primero el piso y luego lo hizo tu cabeza con un sonido seco, después, el silencio. Corrimos hasta donde estabas, un fino hilo de sangre salía de uno de tus oídos y de las heridas de la cerámica rota en tu cuerpo.

De eso hace una semana, desde entonces permaneces dormido, no hay reacción en tu cuerpo a ningún estímulo, de todos los que han venido a verte solo han sido tus familiares, nadie más a excepción mía, todos los que alguna vez te buscaron para tener sexo no han venido. Te veo dormido y te cuento todo esto que voy recordando, sé que no me escuchas, pero es mi forma de comunicarme contigo, de decirte lo que fuiste para mí. Los doctores no creen que despiertes, yo vengo aquí, por tiempos, velando por ratos tu sueño, no sé cuánto tiempo más, aunque sé que no estoy dentro de tus sueños, pero eso ya no importa…


Septiembre 2004


4 comentarios:

  1. historia controversial sin duda, con un final bastante triste pero suele suceder que nos enamoramos de la persona de quien nunca correspondera al nuestros sentimientos pero se podria catalogar como tomentosa sin enbargo tiene su grado de ternura al nos parte de uno de los actores de esta

    ResponderEliminar
  2. En algunas historias todos los personajes tienen la razón...

    ResponderEliminar
  3. Una muy buena historia, a veces pasan situaciones que uno no puede controlar, si bien, conoces a personas que no sienten lo mismo por ti, y uno lo sabe, pero sin embargo, seguimos ahí con ellos; y hay a veces que se aprovechan de eso. Me gusta mucho la forma en como se describe a la persona, en lo particular, es lo que mas llama la atención en un hombre, sus gestos, su cara, ojos, tono de piel... Una buena historia, aunque con un final triste. Saludos! PD me gusto la foto que aparece al principio... Se me antojó una Corona, jejeje!

    ResponderEliminar
  4. Puta Madre! Lloré... Tengo el pecho abierto y el corazón de fuera. :(

    ResponderEliminar

Comentarios:


Gracias por comentar