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16 de septiembre de 2015

El maestro constructor

(Relato enviado desde Peru)

Cierto día de puro curioso me puse a buscar algún chat gay y encontré uno, luego de media hora de saludar a algunos cuyos nick parecían interesantes saludé a un tal Juan, era un tío de 47 años, maestro constructor, yo tenía 48 años, y nos pusimos a conversar, primero algo de la actualidad política del día y luego pasamos a temas personales, ambos acordamos en no hablar mucho de eso y conformarnos con que ambos teníamos familia y que "esto" era como un relax q buscábamos de tiempo en tiempo. Pasamos una hora así y quedamos en conversar a la misma hora del día siguiente, así pasaron varios días, coincidimos en querer vernos pero no lográbamos tener tiempo. Inclusive un día me mostró su gran culo por cam y quedé prendado de él. Después de buen tiempo de charla cibernética quedamos para vernos un domingo a las 10am en el que era antes el Metro de Los Olivos, hoy es Plaza Vea.

Estuve puntual en el lugar y de pronto vi acercarse hacia mí un tipo chato, grueso, de pelo negro y cara de maloso, llevaba una bolsa plástica con algo dentro. Se me acercó y dijo mi nombre, yo algo sorprendido le dije "¿Juan?"´. Estaba sorprendido pues este pata irradiaba masculinidad y me parecía tan raro que me haya mostrado su trasero por cam. Le pregunté si quería tomar alguna bebida y él, decidido, me dijo que mejor buscáramos un telo. Llegamos a uno alejado de la avenida e ingresamos, pagamos a medias y entramos a la habitación, tenía su baño, cama de dos plazas, una tele en la pared y estaba muy limpio. Lo abracé y él respondió al abrazo, más cuando lo quise besar me dijo que nunca lo había besado un hombre, que hacía años, en una borrachera,  había sido penetrado por un compañero de trabajo y nada más.

"Ok" le dije y no insistí en eso, nos pusimos cómodos y solo  con los calzoncillos puestos nos echamos en la cama, de la bolsa que traía sacó un par de gaseosas y me alcanzó una, y conversamos como siempre, pronto el ver su cuerpo fuerte a mi lado y casi sentir su calor me excitó, vi a Juan dirigir su mano a mi bulto y suave lo acarició, eso hizo que mi pene se levantara furioso y la mano caliente de Juan lo agarró con fuerza, obviamente se excitó,  acarició mi vientre peludo y suave fue bajando mi ropa interior, mi verga salió gruesa y babeante, pero él se quedó quieto y dijo "no, esta huevada es grande, me va a doler" y se retiró, yo le dije "tranquilo, bésalo nomás, sino deseas no te penetro" y Juan, obediente, dirigió sus labios a mi verga, sorbió mi presemen y despacio lo engulló, era tan rico tener a este machito así.

De pronto dejó de besarme el pene y me besó el ombligo, el pecho, el cuello y llego a mis labios, y me dio un beso fogoso, que respondí con gusto mientras nos abrazábamos, nuestras manos recorrían el cuerpo del otro hasta donde alcanzaban, yo excitadísimo le saqué el calzoncillo, su pene era pequeño pero se veía durísimo y palpitante,  levanté sus piernas gruesas y dejé a mi vista su ano de pliegues marrones y  dirigí mi boca a la parte interna de sus muslos, él gimió, seguí a sus nalgas, y más gemidos, y ya sin pensarlo dirigí mi boca a su huequito y lo besé, sentí su calor y sabor salado y lo lengueteé con ganas, sus gemidos eran cortos, intensos, pero bajitos, yo seguía adorando su ano con mi boca hasta que de repente su cuerpo tembló fuerte  y un gemido  brotó de su garganta "ohhhh...me vaceé" me dijo y vergonzoso se retiró al baño a lavarse.

Como imaginaran yo estaba fierro pero quería que las cosas fluyeran normal así que le dije "ven, échate acá, relájate, que después de darla es bueno descansar", y se recostó nuevamente a mi lado, muy cerca a mí, nuestros cuerpos calientes en contacto, al rato un profundo ronquido  y se durmió con su cabeza pegada a mi pecho y su boca casi besando mi tetilla izquierda, lo observé, era delicioso, su piel trigueña clara, completamente lampiño, sus brazos fuertes, su abdomen prominente,  sus muslos poderosos, sus pies anchos y grandes, y su pene pequeño, Juan  me gustaba mucho, acerqué despacio mi pie al suyo y lo sentí caliente, así quedamos quietos. Agarré el control y prendí la tele, busqué un canal de adultos y me puse a ver una película porno hetero. Habría pasado como media hora cuando un "que rico" me hizo voltear hacia Juan, él también veía la escena en que una hembra cabalgaba de espaldas al macho y se veía claramente el entrar y salir de la verga.

Mi verga estaba al palo también y Juan me la acarició mientras besaba mis labios, yo lo abracé y acariciaba su ancha y gruesa espalda, sus nalgas tremendamente carnosas, me excitó a mil. "¿Te la meto?" le dije y él con una sonrisa que yo recién conocía asintió. Se levantó y de la bolsa que traía sacó condones y lubricante, me alcanzó uno y me lo puse, le pedí un sobre de lubricante y le dije que con el otro sobre se untara bien el ano, "te sentarás en mi verga" le dije y él, ya lubricado, se levantó y se puso sus zapatos de minero mientras yo me acomodaba hacia el borde de la cama, tal como habíamos visto en la película, verlo de pie con esos zapatones lo hacía más macho aún, su pene pequeño erecto otra vez.

Ya bien embadurnados su ano y mi verga le dije "ahora siéntate despacio sobre mi verga", " tú vas a dirigir los movimientos hoy, no quiero q te duela" y él suave se colocó parado entre mis piernas, se apoyó en mis rodillas y empezó a sentarse, yo despacio abrí sus nalgas y me deleité con el espectáculo de la penetración, suave descendía él y yo sentía riquísimo, el abrazo de su ano en mi verga dura, él solito ahora subía y bajaba despacito, yo lo dejaba hacer, mis manos acariciaban los flancos de su cintura, él subía y bajaba, subía y bajaba, hasta q un "ohhhhhhhhh" delató que todo le había entrado, mis pendejos rozaban sus nalgas y él arrecho acariciaba mis muslos velludos, ahora iba más rápido, el sube y baja era delicioso y le dije "cuando sientas q te vienes me dices" y él seguía con el sube y baja a su antojo, después de unos minutos me dice "ya, ya se me viene", entonces allí si presioné fuerte su cuerpo a mi pubis y empecé a penetrarlo furioso, este chato era lo máximo!, al rato un orgasmo poderoso me nace y eyaculo con fuerza y fuertemente lo atraigo a mi pubis, "me vengoooooo" me dice Juan y su cuerpo tiembla, suda, se desespera, y yo también, la damos juntos, al rato siento un líquido caliente mojar mis testes, es el semen de Juan que chorrea de su mano, me relajo sobre la cama y Juan se incorpora, su ano está con un poco de sangre y se va a bañar, me quito el condón con semen y lo sigo y también entro a la ducha con él, nos bañamos juntos, "me gusta tu cuerpo" me dice y se sonroja, "nunca le he dicho esto a un hombre, me gusta tu cuerpo...y te agradezco" me repite. Nos vestimos y salimos, la verdad q felices. Obvio que repetimos estas citas muchas veces más…


Anónimo enviado desde Peru.

9 de septiembre de 2015

Fonseca

Acababa de recibir un par de riatazos en la espalda, sentía un ardor terrible y una rabia incontrolable, como pude corrí hacia unos árboles mientras mi agresor me seguía en su caballo, agarre la primera piedra que encontré y se la lance con todas mis fuerzas. Solo vi cuando cayó del caballo y entre la mezcla de emociones que sentía, solo pude atinar a correr y no parar hasta llegar a mi casa. Estaba muy asustado y a mis catorce años parecía que había cometido un crimen. No salí en varios días de mi casa, ni a la escuela fui, pensaba que cuando mi familia se enterara de lo que había pasado, no me la iba a acabar. Lo más probable es que sus padres fuesen a mi casa a reclamar que había descalabrado a su hijo. Sin embargo nadie fue a reclamar nada a casa nunca.

No sabía que había ocurrido con Fonseca, quizá había sobrevivido y no le había pasado nada y yo me había asustado tontamente, pero nuestra guerra comenzó unos días atrás mientras yo estaba bromeando con mis amigos y él iba pasando, uno de mis amigos me empujo y yo me caí sobre él, empujándolo sobre un charco quedando él todo enlodado. Cuando se levanto estaba muy molesto, y ya iba a golpearme cuando uno de nuestros profesores, se dio cuenta y fue a separarnos, impidiendo que él se desquitara. Fue al día siguiente cuando me encontró cerca del rio, y se fue con su caballo sobre mí. Cuando nadie reclamo nada en casa decidí ir a la escuela, él y yo no íbamos en el mismo grupo, pero cuando lo vi, solo pude notar que tenía una venda en su cabeza, el solo me miro, pero no se me acerco. Supuse que buscaría el momento para vengarse, así que desde ese día me prepare.

Antes de ese incidente nunca había prestado atención a su persona. Me parecía un chico serio, pero tenía fama de ser violento, aun así reconozco que yo era un joven muy engreído y me creía superior a él, yo era popular en la pequeña escuela secundaria del pueblo y tenía varios amigos de los más simpáticos y de las familias más influyentes en el pueblo. Fonseca en cambio era un chico de rasgos feos, pero curtido por el trabajo, de brazos muy fuertes, creo que estaba cascorvo o algo parecido porque caminaba con los pies arqueados. Solo tenía amistad con otro chavo que era su vecino, se veía serio, de rasgos más finos, pero que al parecer ocultaba una homosexualidad latente, pues tenía una voz que a veces lo delataba, se llamaba Rosendo.

Mis amigos murmuraban en voz baja que probablemente ellos dos tenían algo entre sí, pero nadie lo decía abiertamente, todos le temían a Fonseca y además Rosendo siempre mostró interés por otro tipo de chicos, más refinados. Solo pensar que hubiera algo entre ellos no me cabía en la cabeza, Fonseca era como un animal, casi no mostraba emociones, siempre tenía la misma cara para todo, y creo que siempre estaba en el campo trabajando, yo sabía que su familia era muy violenta y creo que su abuela hasta practicaba la brujería, era algo muy conocido en el pueblo. Fue Rosendo quien más tarde me dijo que Fonseca me iba a golpear cuando menos lo esperara. Así que, si quería evitarlo, sería mejor no me acercara a sus dominios en el campo. Que mejor ya ni fuera. Fue él quien me dijo que en casa de Fonseca nunca se decía lo que les pasaba, que ni siquiera sus padres se preocupaban porque le ocurría, ni por él ni por ninguno de sus hermanos. Cada quien resolvía sus problemas sin decir nada y ahora entendía porque nadie fue a reclamar a mi casa que yo lo hubiera descalabrado. Eso me estremeció más, ya de por si veía que él era muy bestia y luego tenerlo de enemigo con esos antecedentes, era peor.

Pues bien, la vida en el pueblo tiene sus propias vicisitudes, y aunque los citadinos piensan que la vida en provincia es muy tranquila, la verdad es que no es así, el que la gente sepa casi todo de cada uno de los que viven en el pueblo a veces puede ser una desventaja. Eso lo aprendí cuando llegue a vivir al pueblo, al principio me gustó mucho, todo me parecía agradable, podía salir a caminar por los caminos sin pavimentar y disfrutar de la arena de las calles, sentirla en mis pies descalzos, si llovía era aún mejor, podía oler el agradable aroma de la tierra recién mojada. O quizá podía pasear por la orilla de un hermoso rio donde también podía bañarme, como se acostumbra en esos lugares y tantos otros placeres como la comida deliciosa con los productos propios de la región. Pero pronto descubrí que quienes son homosexuales en un pueblo cargan con un estigma, por el cual a veces, en casos extremos, hasta pueden perder la vida. Eso me preocupo porque yo, dentro de mí, bien sabía que me gustaban otros chicos y no las chicas como se esperaría de mí. Básicamente en el pueblo existen dos tipos de homosexuales, los que son afeminados y son muy evidentes y los que tienen relación con los primeros, que disimulan que no lo son, que tienen modales masculinos, pero que en la práctica sexual buscan a los primeros o entre ellos mismos.

Pues bien, si yo quería ir al rio a pasar el rato, disponía de dos caminos para llegar, uno por donde era seguro que me podía encontrar a Fonseca, mi enemigo,  y otro camino más alejado y menos agradable, porque por ese otro camino vivía un homosexual afeminado muy conocido, que hasta el pelo rosa usaba. Para mí era grotesco, ahora supongo que en esa época debía tener unos 30 años y le llamaban la Sasha. Cuando pase por su casa la primera vez no se dio cuenta, pero cuando venía de regreso salió a su puerta y me hablo, diciendo que si no quería pasar a tomar una tacita de café, pero lo mande a la chingada y me fui corriendo, yo era solo un mocoso. Más adelante me encontré a un compañero de la escuela que me comenzó a hacer burla porque la Sasha me había invitado a su casa. Fue este compañero quien me comenzó a hacer burla con eso de que la Sasha quería conmigo. Y por supuesto no era agradable para mí. Cualquiera que era relacionado con un homosexual de ese tipo levantaría sospechas en la gente. Pero lo que a mí me salvo fue que la Sasha consiguiera pronto marido, y era un hombre muy atractivo, alto, fuerte, varonil, guapo, de aspecto ranchero y también era montador, llamado Gaspar, que por supuesto era un mantenido y que solo por eso, a él no le importaba ser relacionado con ella. A partir de eso, varias veces cuando regresaba por la tarde del rio, me asomaba por la ventana de la casa de la Sasha y vi varias veces como Gaspar la tenía bien abrochada.

El tiempo paso, yo crecí y me fui del pueblo y fue hasta hace poco que regrese a cuidar a mis abuelos envejecidos que volví a conectarme con esa parte de mi vida que ya casi había olvidado, me parece que fue en otra vida todo lo que me ocurrió en ese pueblo, era solo un adolescente y ahora todo ha cambiado, ya soy un cuarentón, el rio antes cristalino ahora está sucio y todas las calles antes sin pavimentar y cubiertas de una suave arena, ahora se encuentran mal pavimentadas; todo me parece desagradable ahora, me encuentro gente que ya no conozco, de quienes fueron mis compañeros en la escuela no supe y no he querido preguntar para que tampoco me cuestionen por qué a mi edad no me he casado.

Uno de esos días que tome el transporte de regreso para salir del pueblo, iba pensando en todas estas cosas, cuando de pronto se sube la Sasha, aunque ahora luce envejecida la reconocí, vestida sencillamente con un pantalón de mezclilla y con lo que parecía ser una blusa de color lila. Me quede observándola, mientras ella elegía un asiento en el microbús, y se quedaba parada como esperando a alguien. Detrás de ella iba un hombre muy sencillo de barba crecida como de vagabundo, con un sombrero viejo y al cinto un machete de gancho. Cuando él llega hasta ella le dice que se siente y ella obedece, él se sienta junto a ella y le echa el brazo por su hombro. El tipo se me hace familiar, pero no recuerdo quien es, no puedo ubicarlo. Más adelante, en el siguiente pueblo se levantan de su asiento y se dirigen a la puerta, ella solo me lanza una mirada de reojo, de forma coqueta y cuando él me voltea a ver, descubro que es Fonseca, mi enemigo de la juventud, quien al reconocerme, solo bajó su mirada y salió del transporte siguiendo a la Sasha.

Yo seguí mi camino y desde arriba del camión los veo alejarse por la calle, ella lo abraza por la cintura y él le pasa la mano por el hombro, nadie parece darles importancia, quizá muchos que los conocen critican su relación, incluso yo mismo que los conocí cuando solo era un adolescente podría criticar el hecho que siendo tan distintos ahora estén juntos, pero hay algo que nadie ve y es que, a pesar de que son viejos y lucen descuidados, se ven felices, cuidando uno del otro, algo que pocas parejas transmiten. Quizá al final encontraron el uno en el otro algo que nadie más les pudo dar, y finalmente, ¿quién soy yo para juzgar su relación cuándo yo mismo estoy solo?...


Escrito por: Serch Leather