Muchas veces me han preguntado
por qué no publico fotos completas de mi cara, la verdad es que aparte de que
no me considero físicamente agraciado no suelo usar las redes sociales para
ligar, prefiero que las cosas sean a la antigua, que nos conozcamos en persona
y, si hay química, ya pasemos a otra cosa. Alguien me dijo alguna vez que quien
ocultaba su rostro es porque tenía algo que ocultar, y por lo menos en mi caso
así es, oculto mi rostro por una muy buena razón, aunque haya quienes crean que
no hay motivos para hacerlo, yo si tengo uno, les contare...
Desde hace tiempo no celebro ni
la navidad ni el año nuevo, una razón es porque en mi familia somos muy
coherentes y no nos soportamos ni en esas fechas, nos odiamos los 365 días del
año. Y las razones que tanto cacarea la gente de paz y amor en esas fechas me
parecen tan falsas y ridículas que no soporto esas fiestas. Por eso durante la
época navideña me consigo un amigo con ideas similares, o una piel solitaria de
esas que abundan por estas fechas en busca de alguien igual y que no tenga otra
preocupación más que pasar una noche cálida entre el frío del invierno y de la
soledad. O me voy a la playa, a disfrutar del sol, de la arena, del descanso.
Pero este año fue diferente. Ocurrió algo que lo cambio todo. Mi mundo
hedonista fue trastocado.
El año pasado era víspera de
Navidad y decidí regresar a la playa, a un lugar donde hace muchos años había
tenido mi primer trabajo, lejos de mi familia, de mis conocidos, de todo.
Conocí este lugar cuando me enviaron a trabajar ahí siendo muy joven, en aquel
tiempo aún creía ser un hombre heterosexual y conocí a una chica que hice mi
novia, Mayte. Realmente no la quería, pero me alivió mi soledad en los pocos
meses que estuve trabajando por ese rumbo, también hice algunas amistades,
quienes bromeaban que me casaría con ella y no saldría de ahí, yo solo sonreía
sin decir nada. Supongo que sí me hubiera casado, pero un día un conocido me
dijo que había una oportunidad de otro trabajo en el DF y dicha ciudad quedaba
más cerca de mi casa, no lo pensé y renuncié al trabajo. No dije a nadie de ahí
que me iba, todo lo hice en sigilo, no quería que nadie se enterara y menos
Mayte, nunca me han gustado los dramas, así que solo dije que me iba de
vacaciones pero ya nunca regresé.
En el DF fue donde descubrí mi
verdadera sexualidad, descubrí un mundo nuevo, me descubrí a mí mismo y supe
que lo mío no eran las mujeres, sino los hombres. Me dediqué a hacer mi vida lo
mejor que pude, en algún momento y ante la presión de que me casara tuve que
decirles a mis padres lo que realmente era, ellos me rechazaron pero no me
importó, yo ya era una persona independiente. Esa vez fue la primera Navidad
que sentí su rechazo y desde entonces evito visitarlos en esas fechas. Nunca me
aceptaron, cuando los visito solo me toleran, a condición que no me quede mucho
tiempo con ellos.
Tiempo después regresaba
ocasionalmente a la playa donde había comenzado a trabajar años atrás, el lugar
ha cambiado mucho, ha crecido y se ha convertido en un destino turístico en
ascenso, muchas cosas han cambiado. Siempre que iba me hospedaba en un hotel
cómodo y discreto y descubrí que había lugares donde se podía ligar a otros
hombres, generalmente eran jóvenes del lugar que buscaban turistas para que les
invitaran los tragos y una cena, o para que les pagaran por su compañía, un
trato justo dado que quienes vamos a esos lugares somos personas ya mayores,
creo que incluso algunos podrían pasar por abuelos de ellos buscando el vigor
de la juventud perdida hace muchos años. Fue la víspera de Navidad del año
pasado cuando lo conocí, un hombre joven, quizá de unos veinte años, muy
atractivo, de esos de que son esculpidos por la vida, por el trabajo duro, como
los que me gustan, de hermoso cuerpo y buenas nalgas, pero lo más interesante
era su rostro, tenía unos hermosos ojos, y otros rasgos que se me hacían
conocidos, quizá era porque yo me había visto así a su edad, me gustó mucho,
cosa rara en mí que normalmente estaba alejado de los más jóvenes. Se me acercó
y me saludó sonriendo, me dijo llamarse Hugo, me inspiró confianza y sin que me
lo pidiera le invité una cerveza, él aceptó, hicimos plática y después de un
rato me preguntó si podía acompañarme a mi hotel. Dudé un momento pero acepté,
solo sabía que me gustaba mucho y era una oportunidad de no estar solo en esas
fechas, como era mi costumbre.
Apenas cerré la puerta de la
habitación él me besó, con esa fuerza de sus labios jóvenes, frescos, mis manos
lo tomaron de su cintura y bajaron a sus nalgas duras, él me tomó de la camisa
como si me fuera a desabrochar pero de un movimiento rápido me la abrió de
golpe, los botones rotos cayeron al piso mientras lo besaba, sentía su aliento
cálido a cerveza, sus manos recorrieron mi cuerpo mientras apretaba su cuerpo
con el mío, sentía como nuestras vergas se rozaban entre los pantalones que
rápidamente cayeron al suelo. Esa noche hicimos de todo, no hubo activo,
pasivo, solo hubo dos hombres que se amaron con intensidad, fue una noche
placentera, inolvidable. Al amanecer, cuando desperté, él ya no estaba, me
levanté preocupado por mi billetera, pensé que me la había robado, pero no, ahí
estaba completa junto con mi reloj y mi celular, y una nota que decía que me
volvería a ver pronto.
Era de tarde cuando tocaron a mi
habitación, pensé que era Hugo, pero al abrir descubrí con sorpresa que era una
mujer madura, pensé que se había equivocado de cuarto al tocar pero entonces me
habló por mi nombre y me dijo “¿no me recuerdas?”. Entonces revolví en mis
recuerdos, esos ojos, esa mirada, y supe que era Mayte, la chica que había sido
mi novia en ese mismo lugar veinte años antes. A sus casi cuarenta años seguía
siendo una mujer atractiva, me dijo que hacía poco me había visto en la calle,
no estaba segura que era yo hasta que preguntó en la recepción del hotel y por
ello decidió buscarme. Yo no entendía por qué me había buscado y entonces me
dijo que quería presentarme a alguien, yo un poco exasperado le dije que estaba
por salir, entonces vi cómo le hizo señas a otra persona que estaba afuera.
Quien entró para mi sorpresa era Hugo, yo seguía sin entender y ella solo me
dijo: “él es tu hijo”.
Me quedé frío, Hugo me esquivaba
la mirada y Mayte siguió diciendo que cuando yo me fui de allí ella había
quedado embarazada y que me había buscado por todos lados sin resultado, nadie
en mi trabajo le dijo a dónde me había ido. Su rostro era inexpresivo, su
mirada era fría, me dijo que ella había criado sola a nuestro hijo, que
afortunadamente había podido salir adelante y que no quería nada de mí, solo
que lo conociera y que supiera de los años que había perdido. Hugo seguía
detrás de ella sin decir nada, Mayte decía las palabras con rudeza, en sus ojos
pude ver que me odiaba, “y ahora que lo sabes, no volverás a vernos” fue lo
último que me dijo mientras salía con Hugo de la habitación.
Ahí estaba yo, en medio de la
habitación, de pronto todo mi mundo se había venido abajo, yo tenía un hijo del
cual nunca supe, pero eso no era lo más impactante, sino que ¡yo había tenido
sexo con él la noche anterior! ¡Era lo peor que podía haberme pasado! Un
sentimiento de asco se apoderó de mí y salí de ahí hacia una tienda donde
compré alcohol. Estaba anocheciendo, me fui a la playa y ahí comencé a tomar,
quería olvidar, quería no ser yo, quería desaparecer, sería tan fácil, era de
noche, la marea comenzaría a subir, nadie me buscaría… el licor de la botella
iba bajando, quería buscar algo en mí que me diera valor, quise levantarme y
caí a la arena húmeda, quise seguir tomando más, mi cabeza me daba vueltas, ya
no podía levantarme, vomité. Alguien me tomó de un brazo para incorporarme, en
la oscuridad alcancé a distinguir que era quien menos deseaba ver en ese
momento, era Hugo. Le di un manotazo para alejarlo, pero él me sostuvo la cara
y me dijo mientras me miraba fijamente: “No soy tu hijo”.
De lo que pasó después no estoy
seguro, pero al día siguiente desperté en el cuarto donde él vivía. La cabeza
me punzaba, apestaba yo a alcohol. Cuando Hugo oyó que había despertado entró a
verme, me confirmo que yo no era su hijo, me contó que Mayte le había pagado
para protagonizar todo, desde el primer encuentro que tuvimos y que no lo había
conocido por casualidad. Yo tenía más preguntas que no podía formular, pero
Hugo parecía adivinarlas y me siguió contando que Mayte me había odiado por
haberla dejado veinte años atrás, toda su familia tenía planes de boda conmigo
y ella quedó en vergüenza frente a toda su familia cuando me fui, si me había
buscado sin resultado hasta que me ubicó años después en las redes sociales,
con las fotos que yo había puesto en mis perfiles supo que se trataba de mí y
ahí se enteró de lo que en realidad era yo, un homosexual, y entonces había
planeado la forma de vengarse de mí, había esperado que yo regresara y había
contratado a Hugo para poder vengarse de mí de una forma muy cruel. Sin
embargo, algo en mí le había conmovido a Hugo y se había sentido con la
necesidad de contarme la realidad.
Regresé al hotel solo por mis
objetos personales, pagué unos días más la habitación y esa misma tarde salí de
regreso al DF. Dejé que Mayte pensara que había cumplido su venganza, después
de todo creo que si se lo debía…
Por: Martín Soloman

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