PAGINAS

11 de febrero de 2016

Yo en el amor



Nunca he sido de las personas que busquen una pareja, me parece que es innecesario y he visto cómo mis amigos se complican mucho la vida en su afán de tener una pareja, y eso, al menos para mí, no ha sido mi estilo. He estado acostumbrado a elegir las personas con las cuales tengo sexo, si alguna vez han buscado algo más allá de eso les he dicho que no y opto por no verlas más, no soy guapo pero nunca me ha faltado con quien pasar un rato. Cierta vez y después de haber tenido una salvaje sesión de sexo con un hombre que me gustó mucho, algo ocurrió dentro de mí, me di cuenta que apenas conocía a ese tipo, aunque atractivo, no era alguien que yo estimara ni supiera más de él, quizá ni su nombre real conociera. Así que después del sexo ya no había razón para seguir juntos. Vi cómo se vistió y salió de mi habitación, de mi casa y de mi vida, pues era un total desconocido, algo que yo había hecho mucho con otros; esta vez otro fue quien se fue sin decir nada.

Un sentimiento de soledad me embargo, me sentí por primera vez la persona más solitaria del mundo. Recién había cumplido 35 años y nunca me había sentido realmente solo ni viejo. Entonces me di cuenta que los últimos años solo me había dedicado a tener sexo, pero no había buscado tener una pareja, nunca me había dado por conocer a la otra persona más allá de la noche de sexo. Creo que nunca me di oportunidad de conocer cómo eran las personas que había conocido antes, había tenido sexo pero nunca supe cómo eran como personas, lo que pensaban, lo que buscaban, lo que sentían. Pero trate de consolarme, después de todo, muchos hombres homosexuales así como yo se sentían solos, y no era algo exclusivo del homosexual, también muchos heterosexuales pasaban por lo mismo. Eso, aunque me consolaba un poco, me hacía preguntarme también, el hecho de que yo no tuviera una pareja ¿debería hacerme infeliz? ¿Es más feliz la gente que tiene pareja? ¿cómo era tener una pareja?

Poco tiempo después, en un lugar de encuentros sexuales conocí a Ricardo. Desde que lo vi me gustó mucho, su cuerpo era algo muy excitante, y no con esto quiero decir que haya tenido un cuerpo de modelo, de esos de portada, más bien era el cuerpo de hombre que a mí me gustaba, cuerpo firme, buen trasero, brazos y piernas fuertes, una rica pancita y lo mejor, dispuesto a complacerme en lo que yo quisiera. Esa noche que nos conocimos fue muy placentera, me la pasé casi toda la noche con él, conversamos un poco y yo le pedí su número. Me lo dio con gusto, me hizo saber que yo también era muy de su agrado. Tan solo escuchar su voz en el teléfono me provocaba una gran erección Fue así como nos volvimos a reunir, una y otra vez durante unos meses. Durante ese tiempo nunca hablamos de tener una relación, pero todo parecía indicar que algo iniciaba entre nosotros, cuando una vez le pregunte qué pasaría con nosotros después, comenzó a cantar la canción de Luis Enrique: “yo no sé mañana, si serás para mí, si seré para ti…”, me pareció gracioso y una manera de evadir un compromiso, pero estaba de acuerdo con él, no presionaría nada, dejaría que las cosas se dieran por si solas, de alguna manera tenía confianza.

Poco a poco nos fuimos conociendo más, me entere que él vivía con unos familiares con los que no tenía muy buena relación. Comenzamos a pasar el fin de semana juntos y con el tiempo se fue a vivir a mi casa, yo vivía solo y no estaba seguro si funcionaría tener alguien más en casa, lo cierto es que ambos nos complementamos muy bien y repartimos las labores de la casa, ni él ni yo éramos ricos, el trabajo que teníamos nos permitía vivir bien, cuidando el dinero, pero sin lujos y haciendo nuestras labores en casa. Algo que me gustó mucho de él fue que no trataba de aparentar algo que no era, en el medio es muy común conocer gente que siempre quiere andar a la moda y presumiendo que visita sitios caros y exclusivos, él fue distinto, se mostró como realmente era y eso era lo mejor, o al menos eso creía yo. También tenía muy buen humor, siempre estaba riendo y contándome cosas agradables. El cambio que se dio con él en mi vida fue muy bueno, ahora ya no estaba solo, Ricardo era muy buena compañía y había mejorado mi vida, estaba seguro que él sentía lo mismo respecto a mí. Ambos habíamos aprendido a ser pacientes con nuestras diferencias y no era algo que nos causara conflictos. No puedo negar que a veces si tuvimos desacuerdos, pero los hablábamos y los resolvíamos.

El tiempo paso y cuando nos dimos cuenta ya llevábamos un año viviendo juntos y un año y medio de conocernos. Comencé a pensar que me gustaría mucho que estuviera siempre conmigo, creo que era la clase de persona que me gustaba para compartir mi vida. Parecía que nos complementábamos bien y aunque vivíamos juntos, casi como si fuéramos pareja, no lo éramos, porque aunque nos apoyábamos en todo en casa y teníamos sexo muy seguido, no nos referíamos el uno al otro con frases de amor, lo cual yo comencé a hacer y él lo permitió, pero no me respondía igual, pensé que con el tiempo lo haría. Yo le preguntaba si estaba contento conmigo, y siempre me decía que sí. Entonces yo le dije que quería iniciar una relación formal con él a lo cual respondió que tenía miedo de que todo lo bueno que teníamos cambiara por formalizar una relación entre nosotros, pues como amigos éramos muy buenos y seguimos igual, sin formalizar lo que yo creía ya una relación de amor.

En algún momento Ricardo cambio su humor, comenzó a cambiar la dinámica que teníamos en  casa, dejo de hacer ciertas cosas que mantenían el equilibrio entre nosotros y también dejo de tener sexo conmigo, yo le reclame, me dijo que aunque no se llevaba bien con su familia tenía un familiar enfermo y que tenía que ir a cuidarlo de vez en cuando, yo quise saber más y entonces fue más claro, me dijo que aunque vivíamos juntos y teníamos una buena convivencia, no éramos una pareja. Yo no sabía que decir, era cierto, realmente nunca concretamos que teníamos una relación amorosa, solo yo construí esa idea en mi mente, pero él no me desmintió. Aun así nunca me dijo que me amaba, ni que éramos una pareja, eso me dolía mucho. Le pregunte si deseaba seguir conmigo, me dijo que sí, que creía que había algo bueno entre nosotros, pero que ya no quería tener sexo conmigo. Que si eso era posible, podíamos seguir juntos. Le dije que sí, que no había problema, que aprendería a tratarlo solo como amigo.

Pero yo sufría mucho, lo necesitaba como pareja, pensé que seguramente él ya tenía sexo con alguien más, incluso quizá a la otra persona si la quería. Esos pensamientos me torturaban y comencé a espiarlo. Pronto descubrí que sí tenía una relación con otro hombre, me dio mucho coraje y cuando él volvió ese mismo día que me entere, le dije que ya no podía estar en mi casa. Discutimos mucho, y finalmente comenzó a recoger sus cosas, pero cuando lo vi que hacia eso me dio un terror de perderlo y entonces le pedí perdón y le rogué que no se fuera. Lloré, lo abracé y entre besos que no correspondía lo empujé hacia la cama, los dos caímos, yo me aferré al calor de su cuerpo, lo besaba mientras le decía que lo amaba, él me abrazó y me dijo que todo iba a estar bien, le quité la ropa y respiré el olor de su cuerpo que había aprendido a reconocer, mis manos recorrieron su cuerpo hasta su miembro que se erguía firme, tuvimos sexo intenso. Al terminar quedamos acurrucados, yo le seguía hablando entre susurros, él me escuchaba cerrando los ojos, la oscuridad de la noche invadió el cuarto, así abrazados le hice prometer que no se iría, y el sueño nos venció.

Descansé muy bien, estaba seguro que las cosas podían solucionarse. Al siguiente día me levante y antes de irme al trabajo le di un beso en su frente, él se levantaba un poco más tarde. Cuando volví del trabajo, regrese con los ingredientes para cocinar su comida favorita, se la prepararía, para cuando é regresara más tarde. Pero mientras la comida se cocinaba, recordé que tenía que revisar unas cosas y fui a la habitación donde dormíamos, tarde un poco en notar que sus cosas ya no estaban, busque por toda la casa sus pertenencias y no las encontré, entonces la verdad me golpeó, Ricardo me había abandonado.


Fue muy doloroso, a pesar de que lo busque y hable con él, me dijo que ya no podía volver, que ahora estaba con otra persona y esta vez sí estaba enamorado. Me sentí muy mal, descubrí que aunque había estado conmigo casi dos años, no había sido por amor, solo había sido conveniente para él estar conmigo. Ricardo había sido más coherente que yo, me recordó que siempre había sido claro conmigo y que nunca me dijo que me amaba, me recordó que muchas veces me dijo que me quería como amigo, todo lo demás lo construí yo solo en mi cabeza, todos los planes que soñé fueron sin que él hubiera estado ahí, y un día solo se desvaneció todo. Cada quien afronta un rompimiento de diferente forma, y aunque Ricardo me ofreció seguir siendo amigos y me dijo que él realmente me apreciaba como tal yo lo rechacé, el sentimiento de traición era más fuerte que todo y me quede con esa sensación de pérdida, pues aunque yo decía no buscar pareja, encontré en él a la persona que me parecía mi mejor complemento, porque tenía todas las características que yo deseaba en una pareja y al final, simplemente… él no me amaba…

Por: Serch Leather