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10 de marzo de 2016

Casados, el dilema

 
2005

-“¿Por qué me botas como algo que ya no sirve?”

Aún recuerdo sus palabras, no supe qué decir, ambos estábamos ahora en situaciones diferentes y sin embargo tan conocidas, cada uno sabía la respuesta a la pregunta y sin embargo no dejaba de doler, la vida nos había llevado a cada uno a este punto, y no había nada que pudiéramos hacer…



1996

En este año, conocí a Alberto. En aquel tiempo un amigo me había dicho que al parecer yo tenía la obsesión de andar con hombres casados. Pero, no es que yo los buscara casados, simplemente eran situaciones que se daban así. A Alberto lo encontré en un lugar al que acudían exclusivamente homosexuales y cuando lo conocí no supe que era casado. Nos vimos algunas veces en ese lugar y al poco tiempo nos comenzamos a citar en otros lugares, terminábamos siempre en un hotel de paso. Fue hasta la tercera vez que nos vimos en un hotel, que comenzamos a hablar de cosas más personales, acerca de quiénes éramos.



Fue hasta entonces que supe que era casado y que tenía tres hijos, la mayor de 13 años, el que seguía tenía 6 años y el menor apenas tenía un año, se había casado muy joven y en 1996, cuando lo conocí, era un hombre cercano a los 40 años y yo me encontraba cerca de los treinta. Cuando me contó de su familia, también quiso saber de mí, le dije que estaba soltero, pero que en algún momento también a mí me gustaría tener un hijo y ser padre, él me escuchó y me dijo que eso le parecía algo bueno. Luego hablamos de otras cosas. Si me preguntan cómo era Alberto les diré que no era guapo para muchos, aunque sí lo era para mí, no tenía cuerpo de gimnasio y podía pasar por un padre de familia común, pero había algo en él que me resultó muy atrayente, quizá era su forma de ser, quizá era su actitud ante la vida, no lo sé, pero poco a poco fuimos construyendo una relación de pareja, sin que lo dijéramos con esas palabras.



Cuando nos dimos cuenta ya llevábamos un buen rato de frecuentarnos, entonces optamos por rentar un cuarto, solo había una cama y un baño, una mesa empotrada y una sola silla, ese pequeño cuarto se convirtió en nuestra madriguera, un lugar donde ambos podíamos ser lo que realmente éramos y por un corto periodo de tiempo durante el día, ambos éramos libres, para ser, para hacer, para amarnos. Nos veíamos después de que ambos salíamos del trabajo, Alberto salía primero y me esperaba en el cuarto, yo salía después y lo alcanzaba ahí, estábamos juntos un par de horas, quizá un poco más, la memoria me falla en algunos detalles, no había más tiempo ya que él tenía que regresar a su casa para estar con su esposa, con sus hijos, siempre fue así, y esas dos horas era todo lo que nos bastaba para amarnos.



1998

Había pasado un tiempo que llevábamos así la situación, sin embargo para mí el tiempo que pasábamos era muy poco, yo sentía algo muy especial por él y sabía que él sentía lo mismo por mí, así que al cabo de unos años de vivir así, comencé a reclamarle, a pedirle más tiempo, quería que por lo menos pasara algunas noches conmigo, al principio me decía que después lo haría, pero ese tiempo nunca llegó, hasta que habló conmigo y me dijo que eso no podía ser ya que eso le iba a traer problemas con su esposa y que no era tanto por ella sino por sus hijos, estaban pequeños y lo necesitaban, su hija estaba por cumplir quince años y estaba entusiasmada con los preparativos para su fiesta, su hijo de en medio tenía ocho años y necesitaba su apoyo y el menor apenas tenía tres años, me dijo que tenía yo que entender que ellos lo necesitaban más que yo y que no podía hacer nada, que ya en la situación actual tenía problemas con su esposa cuando llegaba tarde algunas veces en la semana y había gritos y reclamos. Me suplicaba que por favor lo entendiera, pero por supuesto, yo no entendía eso, solo sabía que necesitaba estar más tiempo con él.



¿Cómo fue que duramos varios años así? Supongo que había sentimientos fuertes, podíamos hablar de todo lo que nos pasaba, había intereses comunes y debo decir que fue la persona más detallista como pareja que haya conocido. En el aspecto sexual había mucha química, siempre se mantuvo el deseo y la excitación era mucha, ambos alcanzábamos el orgasmo al mismo tiempo sin tener que ponernos de acuerdo, sin hablar o preguntar ¿te falta mucho? ¿ya te vas a venir? ni nada de eso, solo se daba, ambos terminábamos al mismo tiempo, algo que difícilmente se dio con las posteriores personas con las que tuve sexo. Muchas veces él era capaz de eyacular sin tocarse el miembro, sin masturbarse, solo veía como eyaculaba entre gemidos mientras yo mismo estaba eyaculando, mientras lo penetraba. Eso, también debo decirlo, no lo he visto en alguien más, y como persona era muy alegre, le gustaba cantar, tenía buena voz y a veces le daba por cantar alguna canción que se le ocurría. Así era nuestra relación, yo estaba muy a gusto con todo eso.



Sin embargo comenzaba a haber problemas entre nosotros por mi reclamo de pasar más tiempo juntos, aunque yo no sabía cómo debía vivir una pareja homosexual, solo sabía que necesitaba más tiempo con él…



2004

Esa situación derivó en otra, después de cumplir los treinta años las presiones en mi casa comenzaron a aumentar. No tuve el valor de decirles que yo era homosexual, ahora me arrepiento, no tuve huevos para reclamar mi vida y vivirla como hubiese querido, quizá ellos sabían lo que yo era y por ello era más la presión, me dijeron que si no quería casarme que por lo menos tuviera un hijo.



Era el año 2004, mi hijo había nacido. Tiempo atrás conocí a una mujer que me dijo que no le interesaba casarse, solo tener un hijo. Nos fuimos conociendo, parecía ser una mujer solitaria y es cierto que no quería casarse, así que nos vimos varias veces, parecía ser una buena opción y nos frecuentamos. Tiempo después un día me llamó para decirme que estaba embarazada. Adquirí un departamento que mi familia me ayudó a amueblar modestamente. Después de que el niño nació ella se salió de su casa y se fue a vivir al departamento, y yo también. Eso complicó mucho las cosas para mí. Aún quería llevar mi estilo de vida que había llevado esos años con Alberto, saliendo del trabajo iba a verlo para luego ir a casa, pero los problemas comenzaron a darse, mi teléfono no dejaba de sonar, apenas llegaba con Alberto el celular sonaba, que el niño se había puesto mal, que debíamos llevarlo al doctor, que dónde estaba yo, y así tenía que dejar a Alberto y salir corriendo.



Esto hartó a Alberto, me dijo que cuando estuviera con él apagara el celular, que era poco el tiempo que pasábamos como para estar con interrupciones y que en dos horas él sabía que no podía pasar algo, él había criado a tres hijos, de hecho así les decía, los críos. Lo hice, pero duró poco, un día llegué al departamento y estaba mi familia, cuando ella no me encontró en el celular les habló a ellos y ahí estaban, con regaños y acusaciones hacia mí y mi falta de sensibilidad. No podía con la presión, al poco tiempo tuve que hablar con Alberto y pedirle que nos dejáramos de ver un tiempo, en lo que yo veía como organizarme. Él estuvo de acuerdo y terminamos como amigos. Sin embargo ya nunca volvimos. Fue cuando me dijo: “¿ahora me entiendes?”. Si, ahora lo entendía, pero estaba yo atrapado por lo mismo que había deseado.



2005

Un año después nos seguíamos hablando por teléfono, a veces nos veíamos para comer y platicábamos cómo nos iba, fue en una de esas comidas al final cuando me dijo esa frase: -“¿Por qué me botas como algo que ya no sirve?”. Era cierto, yo lo había dejado por las razones que yo mismo había reclamado años antes. Y no podía hacer nada, él supo entonces que nunca íbamos a volver a estar juntos.



2006

Un año más tarde él había vuelto a hacer su vida con otro hombre, sus hijos ya eran grandes, su hija mayor tenía 23 años, el mediano tenía 18 años y se estaba haciendo independiente mientras que el menor tenía 11 años, estaba cerca de terminar la primaria y de alguna manera estaba el apoyo de los hijos mayores. Alberto se separó de su mujer, se fue a vivir con el hombre que había conocido, sin embargo seguimos siendo amigos, él me dijo que ahora podía volver a hacer su vida con libertad, ya sin las presiones de criar a sus hijos puesto que ya eran adultos, sin embargo quedaba algo en nuestras miradas cuando nos llegábamos a ver. En ese año las cosas tampoco iban bien conmigo, la situación con la madre de mi hijo se complicó, ella regresó a su casa e hizo todo lo posible por acabarme, me demandó y estuve a punto de perder mi trabajo. La vida es muy irónica, ahora yo volvía a estar libre, pero Alberto tenía una nueva pareja a la cual podía dedicarle todo el tiempo que a mí no pudo darme mientras yo se lo pedía y fue así como yo quede solo, sin mujer, sin hijo y sin Alberto, solo lamentando mi situación.



Cierto día un amigo común me habló al trabajo. Juan había tenido un accidente cerebrovascular y estaba en coma. Tres días después falleció. Lloré mucho, la impotencia y los remordimientos me atormentaron mucho tiempo, son sentimientos que aun cargo hasta el día de hoy.



Fue entonces cuando hice la promesa de no volver a enamorarme.


Por: Martín Soloman