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27 de octubre de 2016

El juego que no supe jugar

El juego que no supe jugar


Marzo 2002

Hay algunas cosas que uno se niega a ver, a entender, y a vislumbrar en la perspectiva del tiempo. Pero todo inicio supone un cúmulo de cosas positivas, proyectos, sentimientos, y esto no corresponde con el razonamiento. Era algún día del mes de Marzo del año 2002, mi pareja y yo teníamos muy pocos meses de habernos conocido e iniciado una relación formal, no teníamos un lugar propio y nos veíamos en hoteles de paso, esa ocasión habíamos ido a la hoy CDMX de fin de semana, nos hospedamos en un hotel del Centro Histórico, en aquel tiempo no conocía casi nada del ambiente nocturno de la ciudad y creo que él tampoco, pero ambos nos estábamos aventurando en una relación nueva que no sabíamos aún a donde nos habría de llevar en el tiempo.

Yo conocía de años atrás un lugar que se llamaba “El Klandestine”, un antro popular en los años noventas que con el tiempo fue decayendo, lo cual yo desconocía. Le propuse ir a ese antro, quedaba del otro lado de la Alameda Central, un espacio largo no muy grande con dos pisos. Cuando llegamos ya no era lo que yo había conocido, ahora parecía un lugar decadente, poca gente, escasa iluminación, mal servicio, ningún atractivo. Pedimos un par de cervezas y luego subimos, al fondo había una cortinilla de tela negra donde algunos entraban y salían. Decidimos entrar.

El espacio era un cuarto oscuro, en el interior había algunas sillas, al momento de entrar no había nadie al interior, nos quedamos sentados uno frente al otro y nos besamos, teníamos poco tiempo juntos y aún nos estábamos conociendo, había una atracción muy fuerte entre ambos y el entusiasmo de una relación que inicia. En eso estábamos cuando entró alguien más al cuarto oscuro, por la ubicación donde estábamos sentados, cerca del fondo, en la oscuridad del cuarto podía ver la sombra de quien había entrado contra la luz del exterior que se filtraba por la cortinilla de la entrada. El desconocido se colocó de pie junto a nosotros, mi pareja me tomo la cara con una mano para besarme con mayor intensidad y entonces alcancé a ver la silueta de su otra mano dirigirse a la bragueta del que había entrado y agarrarle la verga mientras me besaba.

En ese punto sentí un vacío en el estómago, me levanté y me salí mientras él iba tras de mí. No le dije nada, pagamos la cuenta y nos fuimos al hotel con unas cervezas que compramos en el camino. Teníamos muy poco tiempo de haber iniciado nuestra relación de pareja, se suponía que éramos una pareja cerrada, así lo habíamos planteado al momento de iniciarla, nunca habíamos hablado de abrir la relación, y el entusiasmo debía ser, en ese punto, solo entre el uno y el otro. Tomamos las cervezas y entonces le pregunté si tenía algo que decirme, me dijo que no, ya con voz de sueño, entonces le dije lo que había visto hacer y le pedí fuera sincero conmigo, pero lo negó, dijo que eso no había pasado, que no había hecho nada, mientras su voz era más y más somnolienta. Le dije que le creía. Un error muy estúpido…

Algunos años después, él habría de reconocer que si le había agarrado la verga a ese tipo, le pregunté por qué lo había negado pero no dijo nada, solo se encogió de hombros.

Octubre 2014

Pasaron muchas cosas, pasaron muchos años, paulatinamente fuimos “abriendo” la relación, más temprano que nada, conocí más de mí mismo, de mi sexualidad, las reglas se fueron flexibilizando, luego se fueron relajando, hasta que no hubo ninguna regla, hasta que todo fue “un juego”. El sexo con otros fue parte de la cotidianidad, el sexo con otros era ya el eje de nuestra relación, el “nosotros” se fue diluyendo, sin embargo seguíamos siendo “pareja”, guardábamos las apariencias ante los demás y nos mostrábamos como una pareja “solida”, lo suficientemente “madura” como para ser una pareja abierta sin que por ello se pusiera en riesgo nuestra relación, los terceros eran solo “un juego”. El episodio del cuarto oscuro era ahora como si hubiese sido una travesura de kínder.
 
El año era ya 2014, el juego había durado más de diez años, pero seguíamos siendo pareja. En algún punto y por medio de FB fuimos conociendo gente, sin embargo nuestros gustos en cuanto a terceros eran cada vez más distintos, el tipo de gente que a uno le gustaba no era el mismo que al otro. Las redes sociales facilitan la comunicación, mi pareja había conocido a otra persona, digámosle Osito, el cual a su vez tenía una pareja. Se comenzaron a escribir por whatsapp, mientras que la comunicación entre nosotros dos era cada vez menor. Cierta vez le tomé su teléfono y revisé su whatsapp, encontré una conversación de él con Osito en términos amorosos donde le decía “eres la segunda persona de la cual me he enamorado”, solo un detalle, yo sabía que yo no era la primer persona de la cual él se había enamorado, ese lugar le correspondía a un amigo suyo de su juventud el cual había fallecido, luego entonces yo no era la segunda persona que amaba, simplemente yo no estaba en su lista de amores, pero si estaba Osito.

En Octubre de 2014 fuimos a la hoy CDMX de fin de semana, nos acompañaba un amigo común que conocíamos hacía tres años. Ya estando en el hotel mi pareja me dijo que también irían Osito y su pareja de fin de semana y que se iban a quedar en el mismo hotel. Lo cuestioné pero me dijo que le habían preguntado de algún hotel y él, amablemente, les recomendó el mismo donde nosotros nos hospedábamos. Serían cerca de las 6 pm y estábamos todos en el lobby, con algunos clientes que citamos en el hotel y les estaba explicando de algunos productos cuando vimos llegar a Osito y su pareja, nos vieron pero solo saludaron a mi pareja, tomaron su llave de recepción y se fueron a su cuarto. Inmediatamente mi pareja me dijo “ahorita vengo, voy con ellos” y se fue a seguirlos. No pude decir nada porque estábamos con clientes, terminamos con ellos y se fueron mientras nuestro amigo y yo nos íbamos al cuarto a esperar a mi pareja. Se supone que no debía molestarme porque ya no había reglas entre nosotros, sabía que mi pareja estaba en la habitación de Osito y su pareja, haciendo algo más que “platicar”, solo que no nos había dado tiempo comer y no sabía cuánto tiempo se iba a tardar mi pareja en regresar.

Esperamos una hora, le llamé a su celular pero estaba apagado, esperamos dos horas, hasta que nuestro amigo y yo decidimos salir a buscar algo de comer, estábamos a una cuadra del hotel cuando suena el celular, era mi pareja preguntando dónde estábamos porque estaba tocando a la puerta de la habitación y obviamente nadie le abría. Le dijimos que la llave estaba en recepción y que íbamos para allá. Nos lo encontramos a mitad del camino sumamente enojado, nos miró con coraje y nos dijo: “¿qué estaban haciendo? ¿estaban cogiendo?”.  No, ni siquiera habíamos podido comer, pero la táctica era simple, acusar al otro de lo que él mismo había hecho. Le pregunté qué era lo que él había estado haciendo en el cuarto de Osito y su pareja, le dije que él sí había estado cogiendo con ellos pero lo negó, dijo que solo habían estado platicando muchas cosas de cada uno, de cómo vivían, y que no habían tenido sexo.
 
Creo que ahí, en ese punto, era cuando debí haber dado fin a la relación de “pareja” que aún mantenía con él. No se puede jugar un juego donde ya no hay ninguna regla, donde el hecho de seguir juntos como pareja era solo para atraer a más gente en búsqueda de sexo, donde ya no había un “nosotros”, solo un cada quien por su lado haciendo lo mismo que haríamos si estuviéramos solos, tener sexo con otros. Ahí debí haber terminado todo, pero no fue así. La relación continuó unos meses más entrando en un rápido deterioro. Cuando negó haber tenido sexo con Osito y su pareja no le creí, pero ya no me importó, simplemente dejó de importarme lo que hacía y con quién lo hacía, de todos modos con o sin mi opinión él haría lo que quisiera.

Meses después y una vez concluida la Marcha del año 2015 terminamos nuestra relación, fue inevitable, era el único desenlace posible, el juego que era para él dejó de serlo para mí desde hacía tiempo, sostuvimos la quebrada relación forzando los tiempos solo hasta marchar juntos, hasta que otras cosas que dependían de él también dejaron de importarme. En los meses que siguieron hube de retroceder sobre mis pasos para encontrar lo que en ese camino había perdido. Antes de terminar y hablando del episodio que había tenido en el hotel con Osito y su pareja me confesó que sí habían tenido sexo, me contó los detalles de lo que habían hecho, pero ya no tenía importancia.

Epílogo: “Sólo era un juego, no supiste jugar el juego”

Por: Martín Soloman


6 de octubre de 2016

Esta es mi historia

Conocemos a alguien y siempre nos fijamos en las cosas más evidentes, si es guapo, si es joven, si tiene buen cuerpo, si tiene buenas nalgas, o buen miembro, si su color de piel nos gusta, si tiene bonitos ojos, bonita sonrisa, después quizá nos interesarán otras cosas, si tiene coche, si tiene un buen trabajo, si viste con ropa de marca, si usa una loción cara, los lugares a los que ha viajado, los sitios de moda, y así inconscientemente vamos haciendo una lista cuidadosa de los requisitos que cubre de acuerdo a nuestra propia expectativa de lo que buscamos, pero en realidad somos más que eso, somos una historia, el cúmulo de experiencias y las circunstancias que nos han hecho ser lo que hoy somos, esa historia es la que nadie pregunta, la que no es interesante, una historia personal sin glamour, cruda, difícil, una historia que solo la damos a conocer a pocas personas, muy pocas, solo a aquellas que son únicas, que pueden entenderme, que pueden acompañarme en mi trayecto de vida. Esta pues, es mi historia.

Mi primer recuerdo es el de mi madre, mientras ella cocina, de cuando en cuando me mira con dulzura y me dice palabras de cariño, yo estoy jugando con un gato negro, no estoy muy seguro pero creo que tengo unos 3 años. Crecí en un hogar muy pobre, en el seno de una familia de diez hijos, yo era el menor. En casa solo vivíamos otro hermano y otras dos hermanas, los últimos cuatro hijos de la familia y mis padres, los seis hermanos mayores no vivían en casa, no sabía por qué. Unos años después, cuando cumplí 6 años, un día llego a casa uno de los hermano mayores, lo reconocí por las fotos que había en casa, llego con una mujer, inmediatamente me cargaron en sus brazos y me comenzaron a decir “hijo”, yo me resistía a sus cariños, y volteaba a ver a mi madre, ella solo sonreía, en ese momento papá se acercó y me dijo que esos recién llegados, eran mis verdaderos padres, que él y la que conocía como mi madre, en realidad eran mis abuelos, yo no lo creía, le pregunte a  mi madre si eso era cierto, ella solo asintió con la mirada.

La pareja  estuvo unos días más y de pronto desaparecieron, así como habían llegado. Todavía los vi durante seis años más, aparecían de pronto en cualquier época del año y así como llegaban desaparecían. Hasta que cuando cumplí doce años, se me informo que ellos habían muerto. Nunca supe por qué mis verdaderos padres nunca se encargaron de mí, ni a que se dedicaban ni como ocurrió su muerte, todas las veces que pregunte, jamás se me dijo nada convincente, con el tiempo deje de preguntar. Mis abuelos siempre se hicieron cargo de mí y a ellos siempre les dije padres.

Desde muy pequeño descubrí que la vida era difícil y eso me hizo un niño muy temeroso, agresivo y desconfiado. La vida en familia no era muy agradable, mi padre era un hombre alcohólico y violento y mi madre una mujer muy sencilla y sumisa, pero muy responsable y trabajadora, nunca falto comida en casa gracias a ella. Mi padre parecía tener doble personalidad, era un hombre responsable con trabajo durante un mes  y el siguiente era un ebrio de los que se quedan tirados en la calle, a los que no les importa nada, así fue toda la vida hasta que envejeció y ya no pudo seguir igual. Después me entere que tres de mis hermanos mayores, se fueron antes de cumplir 15 años y nunca volvieron. Cuando cumplí 13 años, mi hermana la mayor de los que vivíamos en casa, siete años mayor que yo, comenzó a actuar raro, y tiempo después descubrimos que padecía esquizofrenia, mi otro hermano mayor que yo, desarrollo paranoia, lo cual lo hace muy difícil de tratar y también lo incapacita para tener un trabajo estable.

Pero también desde pequeño descubrí que lo mío, lo mío, eran los hombres. No es que me gustaran todos los hombres como creen los heterosexuales, pero si descubrí que el objeto de mi deseo eran personas de mi mismo género, recuerdo la atracción que sentí por algunos de mis compañeros en primaria y después en secundaria. Hasta que conocí a Ernesto en tercero de secundaria. Me atrajo una piel más clara que la mía, pues yo soy moreno, sus ojos café claro me atrajeron mucho y por supuesto un cuerpo bien definido ligeramente musculoso, pero con una pequeña cintura y nalgas puntiagudas. Él fue mi primer pareja, recuerdo esas tardes que salíamos de secundaria y pasábamos a jugar maquinitas, mientras pegábamos de brincos de la emoción y nos sujetábamos de los controles del juego, nuestros cuerpos adolescentes se restregaban, él ponía sus nalgas y yo le restregaba mi entrepierna. Todo parecía un juego para los demás, pues todo lo disfrazábamos como lo hacen los demás hombres con bromas y albures. Pero nunca llegamos a la penetración, si nos besábamos y nos tocábamos, pero no hacíamos más, supongo que porque teníamos miedo, pero todo eso termino cuando acabamos la escuela secundaria y cada quien tomo rumbos diferentes.

El tiempo paso, me hice adulto y desarrolle una personalidad depresiva y de esa forma interactuaba con la gente, me sentía incompleto y sin esperanza, me convencí de que no existía el amor, como muchos conocidos lo expresan, por eso me decidí a disfrutar del sexo. Y eso se convirtió en un escape para mí. He tenido que responsabilizarme de situaciones difíciles en mi familia, me dedique a cuidar a mis padres envejecidos porque la mayoría de mis hermanos desarrollaron enfermedades mentales y los que no lo hicieron solo se alejaron. He tenido una vida difícil y fuera del sexo casi nada me hacía sentir mejor. Conocí a muchas personas, creo que lo que les gustaba de mi era algo muy inmediato, quizá pensarían que me utilizaban, quizá yo también jugaba a que no me daba cuenta pero también los usaba, en un juego de sexo sin más que conocer del uno y del otro, un tiempo en lo que aparecía el siguiente.

Pero aproximadamente hace cinco años conocí a una persona que me gustó mucho, con el tiempo me di cuenta que representaba todo lo que yo había deseado, no pensaba en formar una pareja, de hecho es algo en lo que no creía que fuera posible, pero él se tomó el tiempo de conocer de mí más allá del encuentro inmediato, me trató como una persona igual, se interesó en mi como individuo, con mis complicaciones y mis limitantes, y me aceptó, así como yo lo acepté en la complejidad de su propia vida. Y fue cambiando mi percepción de lo que puede ser una pareja formada por dos hombres, lo vi como algo posible y entonces tomé un camino diferente, donde ya no estaba solo, donde había alguien a mi lado.

 Hemos estado juntos desde entonces, si digo que soy muy feliz a su lado no es solo una frase hecha, porque junto con su madre hemos formado una nueva familia, con la cual comparto mi vida, en los tiempos que tengo que es cuando una de mis hermanas cuida a mi madre envejecida. Este hombre, al que amo, ha cambiado mi vida, me ha enseñado que la vida puede ser mucho mejor de lo que yo creía, y que el amor si existe, que se puede tener una pareja con la cual tener una vida muy gratificante. Es bueno puntualizar aquí, que no tenemos una vida como la de los heterosexuales, los homosexuales podemos tener una vida de pareja muy buena, pero sin imitar los modelos heteros, nadie nos ha puesto el ejemplo de cómo se debe vivir en pareja, pero con madurez, mucha paciencia y teniendo una mentalidad abierta, hemos hecho frente a los desafíos que se presentan. Disfrutamos mucho de nuestra vida en pareja y después de haber comenzado con una relación abierta, poco a poco hemos ido cerrando nuestra relación, nos hemos vuelto más hogareños y cada actividad que realizamos juntos nos ha unido cada vez más. Eso me ha dado la tranquilidad que antes no tenía y me impulsa a seguirme esforzando por el día a día.


En retrospectiva, me doy cuenta que la vida puede ser muy difícil, que hay problemas que jamás podremos resolver sin importar lo que hagamos, y seguir esperando que se resuelvan solo afectara nuestra salud física y emocional. Lo mejor es cambiar de actitud y reconocer nuestras limitaciones y aprender a vivir con lo que se tiene, con lo que se puede. Y aunque no tengo glamour y nunca conozca París, como me lo dice mi pareja, la vida que tenemos es sencilla pero llena de cariño, de comprensión, de apoyo y de algo de locura, de detalles cotidianos, sin grandes aventuras más que la misma aventura de la vida, que ahora compartimos juntos y que es nuestra forma de amarnos. Esta es mi humilde aportación.



Por: Tigrillo Serch