Fue por la tarde de una naciente primavera cuando conocí a Crescencio,
me gustó mucho su aire provinciano, recuerdo que lo encontré en el centro de la
ciudad mientras caminaba por la Alameda, supuse que ambos sabíamos que esa era
una zona para ligar, así que me acerqué y le saqué platica. Él me respondió
amablemente, pude notar un acento extraño, fuereño, lo cual me gustó mucho más,
me dijo que era de otro estado y que había llegado a la ciudad primero a
estudiar y luego a trabajar. Mencionó que había llegado con una beca para
estudiar derecho en una universidad privada, pero que por cuestiones económicas
había dejado la escuela, que después la retomaría y que por el momento estaba
trabajando en una empresa de seguridad. Durante dos semanas nos vimos casi
todas las tardes, platicábamos de todo, de música, de comidas, de lugares, de
cine, de libros, bueno, en realidad yo le hablaba de libros y él me hablaba de
telenovelas, pero cuando yo le hablaba de temas que eran algo complejos para
él, me hacía preguntas para entender y yo con mucho gusto le explicaba, aunque
no siempre comprendía, pero no importaba, yo estaba seguro que había algo
especial en él. Me gustaba mucho su forma de ser, su sencillez, su humildad, su
actitud respetuosa y además físicamente me parecía muy atractivo, tenía un
rostro de rasgos angulosos y de un tono moreno claro, su cuerpo joven y bien
formado remataba con un pequeño culito paradito, perfecto, delicioso, me
gustaba pensar que era de esos jóvenes que son criados en el campo, trabajando
quizá en la milpa, mientras sus cuerpos son esculpidos por el duro trabajo bajo
el sol ardiente. Él tenía 24 y yo 33 años, pero le dije que tenía 27, me di
cuenta que al parecer la edad era un problema para él, y no quise decirle mi
verdadera edad. Yo aparentaba menos edad en esa época y lo aproveche.
Durante esas dos semanas no tuvimos sexo, yo pensaba que había algo
especial entre nosotros y no quise echarlo a perder proponiéndoselo,
aparentemente había surgido un noviazgo al estilo de los heterosexuales y yo
creía que eso podía ser algo bueno, no sé porque aún no me podía quitar esas
ideas heteronormadas de cómo debían ser las cosas. Pero un día, a las dos
semanas de conocernos después de una tarde en el cine y de platicar y caminar
bastante, me invito a donde vivía. Le dije que yo sabía cocinar y con el
pretexto de que se lo demostrara me llevo al pequeño cuarto que rentaba, llegamos
tarde, ya era de noche, prepare rápidamente un espagueti y una salsa y cenamos
muy a gusto. Antes de eso yo lo besaba y algunas veces acaricie sus nalgas en
el cine, o en otros espacios donde podíamos hacerlo, pero esa noche por fin
pudimos tener sexo, lo fui despojando poco a poco de su ropa y pude ver que ni
mis pensamientos más sucios le hacían justicia a ese cuerpo que ahora me
disponía disfrutar, pero el niño no era un inexperto, antes de penetrarlo me
hizo una felación increíble, puedo decir que nunca jamás nadie me ha vuelto a
mamar el pito de la misma forma que él, no sé de qué forma tomaba mi verga y se
la metía en la boca de manera que con la boca se movía a lo largo del pene y
con la lengua estimulaba el glande. Fue tremendamente placentera la forma en
que hacia sexo oral, pero me controle y no me vine mientras hacía eso, espere a
penetrarlo, a él le gustaba mucho de perrito y así me lo agarre contra una
silla, le daba yo con mucha fuerza, hasta que me dijo que tratara de no golpear
tan fuerte contra sus nalgas, porque los vecinos podían darse cuenta.
Naturalmente yo quede muy satisfecho, el chavo me gustaba mucho y ahora
que sabía cómo se podía coger con él estaba muy contento. Además de que al
parecer tenía todo lo que a mí me gustaba. Y fue así como comenzó nuestro
noviazgo, me lo llevé a vivir conmigo. Recuerdo que me decía que todas las
mañanas me despertaría con una mamada de verga, pero fueron puras promesas
porque al mes de que ya vivíamos juntos no pasó nada de eso, en su lugar
comenzamos a vivir una vida de pleitos por cualquier cosa, yo era muy
meticuloso en la organización de las cosas en casa y él era todo descuidado,
siempre dejaba regadas cosas por toda la casa, parecía que ya teníamos diez
años viviendo juntos, aunque por supuesto yo me contentaba porque cada noche me
lo cogía por lo menos unas tres veces, dormido o despierto, quisiera o no, yo
lo cogía y me sentía muy a gusto con eso, tener un culito para mi cada noche me
satisfacía mucho. Yo sabía que de alguna manera, el que yo lo cogiera a la
fuerza parecía agradarle, me daba cuenta que en su mente así debía ser, que él
hacia un papel de mujer y yo el de hombre y que cuando el hombre quería coger
la mujer debía permitirlo, yo por supuesto encantado, en esa época yo estaba
excitado casi todo el tiempo, más tarde me enteré porque razón pensaba así, su
mamá decía que una pareja siempre se debía de enojar de la cintura para arriba,
dando a entender que el sexo no estaba sujeto a los pleitos, si no que era algo
obligatorio aunque estuviésemos emputados. Recuerdo que en una ocasión después
de coger por la tarde, salimos a un parque cercano, entonces nos encontramos un
panadero que vendía por la calle, lo detuvimos porque yo apetecía un pan de
dulce, entonces él me gano una dona y se burló de mi porque ya no había otra
para mí, le respondí frente al panadero que no importaba, porque acababa de
comerme una donita más rica que esa, ante lo cual el panadero no paraba de reír
y mi pareja se sonrojo de pena, jeje.
Con el tiempo lo presente con mis amigos, los cuales me decían que
estaba feo, que no me quedaba, que se veía muy jota, pero ninguno me decía que
ya se lo había cogido antes, lo cual supe después, o mejor dicho, lo confirme
después, porque si sospeche esas cosas. Me mantuve con él, porque decidí hacer
concesiones, pues yo tampoco era perfecto y también me la pasaba muy bien a su
lado, había ciertas cosas de su persona que no me gustaban mucho, pero no eran
errores insoportables, lo disculpaba porque lo veía aún muy inexperto y también
porque, aunque no me gustaran algunas cosas que hacía, no quería invadir su
privacidad, hay cosas que son estrictamente personales y mantuve la idea de que
al pasar el tiempo quizá él comprendería mejor mi forma de pensar y se
amoldaría a mí, tal y como yo estaba tratando de hacerlo con él. Pero ese fue
mi error, en el fondo parecía tener otros planes y cuando creyó que yo ya
estaba domesticado por él, aparecieron los verdaderos planes que tenía y sus
verdaderos gustos, bueno tampoco era un monstruo, pero si resulto ser alguien
que a mí no me gustaba.
Creo que en cierto modo, soy alguien que puede ser muy fácil de
complacer, tienes oportunidad conmigo, si tienes buen culo, eres sencillo,
tranquilo, no tratas de aparentar nada ante los demás, que eres de buena cuna,
que desciendes de españoles o italianos o alguna mamada de esas, y aunque lo
fueras no estás diciéndolo para presumir, te acepto, si no presumes que tienes
un carrazo aunque lo tengas, no hay pedo, si tu preocupación no está en tener
toda la ropa de moda y en lucir siempre impecable, ni presumir que compras en
Antara, que tienes ropa de Hermes, o mamadas de ese tipo o posteas fotos en tu
perfil de todos tus viajes y perfumes y tratas de impresionar porque tienes un
gusto exquisito para degustar de lo bueno de este mundo, en fin todo lo que es
presunción, solo evidencia que estas bien vacío de la cabeza, tu pobreza mental
y la gente así no la soporto ni cinco minutos. Bueno también quiero que seas
alguien que gusta de bañarse, porque hay unos cabrones bien puercos, que ni se
bañan, ya me paso de un wey que me pego las ladillas, pero ahí voy de pendejo,
cuando me llevo a su casa la vi bien puerca y aun así tuve sexo con él. Pues
bien, mi parejita, parecía estar libre de todos esos pecados al principio, pero
de pronto que me sale con que le gustaría tener cosas buenas, lucirse como toda
una chica de mundo, y luego comenzó a usar una bolsita que se colgaba a los
hombros, ahí llevaba su almuerzo al trabajo, los cabrones de mis amigos
comenzaron a decirle “la de la cosmetiquera” me dio risa, pero no me gusto que
hablaran así de él, también comenzó a usar tanguitas de colores brillantes
cuando íbamos a la alberca, su favorito el color anaranjado, dije bueno no es
malo, pero eso fue abriéndome los ojos ¿con quién estaba realmente?
Llego el momento en que me di cuenta a unos cuantos meses de conocerlo,
que la persona de la cual me había enamorado no era ya la misma, había cambiado
mucho. Ya ni usaba los huaraches que se ponía al principio, ahora usaba solo
calzado de marca, y yo terminaba usando todo lo que a él no le gustaba, que
mamadas pensé, algo ya no me cuadra. Pero lo peor de todo, es que me hacía unos
dramas y siempre quería imponer sus puntos de vista, y terminaba diciéndome que
ahí se hacía lo que él quería y que yo tenía que aguantarme. Con tal de no
discutir más, le decía que estaba bien que hay moría, sabía que si yo seguía el
pleito quizá no habría colita para mí más tarde o que sería más difícil
conseguirla, pues dejo de seguir el consejo de su mamá. Así duramos todavía un
tiempo y en cierta ocasión, llego a la casa diciéndome que uno de sus amigos
del trabajo se iba a casar que le había dado tres invitaciones más, dos para
sus padres y una para mí, su pareja, para entonces yo ya no andaba muy a gusto
y estaba pensando seriamente en terminar con él.
Recuerdo también, que me había contado que su ex pareja había sido muy
culero con él, pero varias veces yo había descubierto en lo que me contaba que
seguía viéndolo, le decía que después de lo que me había dicho que le hacía,
que hasta lo había golpeado, no creía que mereciera que le hablara, se la
quitaba diciendo que a pesar de todo él no le guardaba rencor y que solo lo
buscaba para contarle sus problemas, pero que ya no había nada más, algo no
cuadraba en esa aparente amistad. Por fin un día, le dije que ya no podía quedarse
en mi casa porque llegarían unos familiares a vivir conmigo, note que no le
gusto, pero entendió que ya debía comenzar a pagar su renta de nuevo en otro
cuarto. Se fue y ahora yo lo visitaba, pero seguíamos igual, yo iba por las
noches con él y un fin de semana que le dije que no estaría, lo fui a buscar a
su cuarto, la casera ya me conocía y sabía que lo iba a ver a él, pero cuando
me acerque al cuarto escuche voces y no toque, mejor estuve escuchando lo que
decían y viendo lo que hacían por una ventana trasera. Estaba con su ex pareja,
platicaban y el acariciaba la espalda del otro, le contaba que yo era muy
celoso, que pensaba terminar conmigo, que esperaba que lo apoyara. No los
interrumpí, me fui y pensé las cosas muy seriamente.
La siguiente vez que nos vimos lo trate como si nada, así estuvimos unos
días, y de pronto el jueves nos bronqueamos de nuevo, trato de imponerse
nuevamente y me dijo que las cosas serían como él quería. Le dije que eso que
quería no era posible y que siendo así, terminaba con él, que ya había pensado
que no teníamos una buena relación y le señale todo en lo que no estábamos
bien. Me respondió bien emputado que a él nadie lo terminaba, que él siempre
era quien había terminado con sus anteriores parejas y que por lo tanto
terminaría conmigo, no yo con él, que aun seguiríamos juntos hasta que él se
cansara de mí y me terminara. Le pregunte si estaba seguro de tal cosa, me
respondió que siempre estaba seguro de todo y que ya me saliera de su cuarto
porque iba a salir, pues tenía compromisos más importantes que yo, me salí y lo
vi más adelante cuando se encontró con su ex pareja, me dio una última mirada
muy burlona y se subieron a un pesero. No le dije nada más ni por mensajes y me
fui. Ya no lo busque más.
Paso el jueves, el viernes y el sábado en la mañana que me marca, no le
respondí, después me marco muchas veces y no volví a responder, finalmente me
envió mensaje, me decía que por favor contestara, que ya estaba alistándose
para la fiesta de su amigo, que sus padres ya estaban esperándolo, que si yo
llegaría con él o al lugar donde sería la fiesta. Le respondí que no iba a ir,
me pregunto por qué y le dije que porque ya habíamos terminado y no me
interesaba ir con él a esa fiesta. Me mentó la madre y me dijo que no le podía
hacer eso, que ya habíamos quedado en ir juntos a la fiesta y que ya les había
hablado a sus padres y a su amigo de mí, que no podía faltar. Le colgué el
teléfono y ya no le volví a responder más durante ese día.
Al día siguiente por la tarde me envió un mensaje pidiéndome disculpas y
que por favor aceptara verlo para hablar bien, acepté y nos vimos en donde
vivía, me di cuenta que tenía una actitud muy amable muy diferente a la que me
había mostrado antes y parecía interesado en que volviéramos. Por un momento lo
vi como la primera vez cuando lo conocí, sencillo, humilde, sonrisa franca,
ojos profundos, pero de pronto tuvo un desplante muy desagradable y esa figura
se diluyó para dar paso a quien ahora era, superfluo, vacío, gestos estudiados,
posando. Hablamos un buen rato y cuando se dio cuenta que no aceptaría volver
con él, se agacho y comenzó a sacarme la verga del pantalón, lo deje que me la
mamara y me lo cogí con rapidez, el sexo ya no tenía el encanto del inicio, fue
como hacerlo por cumplir, pero aun así sentí cierto placer de que se humillara
para que yo cediera. Después de eso le dije que tenía prisa porque tenía que ir
por mi familia a la central de autobuses, pero cuando iba saliendo de donde
vivía, le dije que era la última vez que lo veía. Se asombró y me puso una cara
de coraje bien cabrona. Ya nunca lo volví a ver, aunque él todavía lo intento,
ya no acepte verlo, pero supongo que conserva ese último recuerdo. Caminé hacia
mi casa, mientras la noche iba cayendo, absorto en mis pensamientos descubrí
con claridad quién había sido el que me hizo estar enculado, me di cuenta que
realmente no lo conocí bien al inicio, sino cuando ya había avanzado el tiempo,
y la persona que amé estaba sólo en mi cabeza, fue la idealización de una
persona que resulto ser todo lo opuesto de lo que mi mente había creado. Iba
caminando sólo hacia mi casa, y nunca como esa noche la soledad me había sabido tan
bien…
Por: Tigrillo Serch
(La historia del primo de un amigo)

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