"Arena, Sudor y Bronceador"
Autor: DiegoGlz
Desde muy chavito siempre supe que pedo conmigo, me gustaban los batos y
también las morritas y no veía ningún problema con eso porque nunca me clavaba
con alguien, pasaba de nalgas a puchas con la misma facilidad que una pulga
cambia de cama, nunca le llore a ninguna, ni a ninguno cuando todo terminaba,
me aburría rápido como decía mi abuela. Cuando finalice la universidad me
ofrecieron un trabajo en Coatzacoalcos, al principio estaba dudando porque no
es lo mismo vivir en una ciudad grande que en un pueblo de provincia, pero el
hambre es cabrona y no podía seguir dependiendo de mis viejos, así que prepare
mis maletas y me fui.
Tenía que hacer una escala en Veracruz puerto para tomar el otro
autobús, mientras esperaba note en la sala de espera a una pareja muy
particular, ella una mujer joven, delgada y alta, con caderas anchas y buen
trasero, él un hombre un poco más bajo que ella, moreno y atlético, ambos de
piel morena, lejos de ser atractivos lo que me llamo la atención de ambos es
que entre sus cosas llevaban unos trajes de baile jarocho fuera de sus maletas,
tomaron el mismo autobús que yo hasta llegar a Coatzacoalcos, durante todo el
camino pude ver de reojo entre los asientos como ella se acurrucaba en los
brazos de él, mientras él trataba de hacer lo más cómodo posible su viaje.
Pasaron los días y empecé a trabajar de manera continua, tenía poco
tiempo para divertirme pero no importaba. Cuando podía, me gustaba pasear en el
malecón y sentarme en los portales para ver a los bailarines de jarocho, ahí
volví a ver a la chica del autobús, casi no la reconocía con todo el maquillaje
y ajuar completo pero era ella. Karla y yo nos hicimos novios, pero nunca le
pregunte por el bato que la acompañaba el día que la vi por primera vez en el
autobús ni le dije que ya la había visto antes.
Llevábamos dos meses de novios cuando en una ida a la playa nos topamos
con su acompañante del autobús, me presento a Rigoberto y pude constatar aún
más lo atractivo que era, iba acompañado de otro bato y se acomodaron cerca de
donde nosotros estábamos tomando el sol, yo trate de acomodarme a manera de
seguir viendo a Karla pero no dejar de ver a Rigo y su acompañante, ellos se
dispusieron a tomar el sol quitándose la ropa y quedando en unos trajes de baño
diminutos siendo motivo de miradas para los bañistas, incluyendo a Karla, pero
ella solo trato de disimular diciendo, “Ay ese Rigo siempre tratando de llamar
la atención, ni cuando éramos pareja de baile me dejaba lucir a mí, es un
ególatra”, mi radar de jaladores no tardo en activarse y me di cuenta que tanto
Rigo como su pareja eran del club y el comentario de Karla era solo un pleito
de mujeres.
Ya que nos íbamos se acercaron nuevamente a despedirse de nosotros pero
esta vez con un abrazo, la mezcla de arena, sudor y bronceador en la piel de
ambos tocando la mía fue tremendamente excitante, tanto que ese día llegando a
mi cuarto hice el amor con Karla como nunca antes. Mi relación con Karla duro
solo 6 meses pero durante ese tiempo coincidimos mucho con Rigo y su pareja, me
llamaba la atención como ese par de cabrones se veían cada vez más contentos
juntos, mientras que la relación entre Karla y yo se iba deteriorando poco a
poco.
La siguiente semana después de haber terminado con Karla tome mi
hielera, y me fui a la playa, Rigo y Fer
ya estaban ahí tomando el sol en esos trajes de baño que tanto les gustaban, me
acerque a saludar y ofrecerles una cerveza, pasamos un día muy agradable,
charlando y ya entrando en confianza Fer me comento que siempre le había
parecido que yo estaba como a fuerzas con Karla, que ahora que convivía con
ellos me veía como más relajado, más sociable; me invitaron a su casa a seguir
la fiesta y acepte sin problema, Rigo preparo comida y seguimos hasta tarde
conviviendo, cuando ya estaba algo borracho quise irme, pero ellos insistieron
que me quedara, me llevaron a la alcoba y me dijeron que ahí podía dormir,
estuve de acuerdo y pase al baño a mear por última vez antes de acostarme; al
regresar encontré a Rigo y Fer desnudos besándose en la cama, voltearon a verme
y me dijeron, “solo hay una cama así que te toca compartir con nosotros”.
Me quite toda la ropa de inmediato y me metí en la cama con ellos, había
deseado esto por tanto tiempo que no iba a desaprovechar la oportunidad, se
notaba que ambos habían hecho tríos mucho antes, se coordinaban perfectamente
para todo, sus lenguas recorrieron todo mi cuerpo y no dejamos de participar
los tres siempre en toda la noche, pude sentir lo que era estar con dos hombres
sexosos, versátiles y muy flexibles, al otro día desperté abrazando a Fer
mientras abajo escuchaba la voz de Rigo diciendo “ya párense a desayunar
huevones”. Fer me presto algo de ropa y bajamos a tomar el desayuno después del
cual siguió otra sesión de sexo ahora en el día, un fin de semana completo de
convivencia y sexo entre hombres. Por mucho tiempo disfrutamos estar así,
compartiendo la cama entre los tres sin problemas, yo iba a verlos a su casa
convivíamos y teníamos sexo juntos, yo nunca pensé en encariñarme con alguno de
ellos y creo eso ayudo en que ellos sintieran la confianza de seguirme
invitando a su alcoba, viajamos juntos a muchos lados y llevamos una amistad
muy chingona.
Después de dos años así pusimos un negocio entre los tres en
Villahermosa a donde yo termine mudándome para atenderlo, cuando ellos se
separaron me vendieron su parte del negocio y Fer se fue de Coatzacoalcos,
ahora yo soy pareja del hermano menor de Rigo el cual él mismo me presento,
tiene mucho parecido con él sobre todo en la cama, apenas llevamos unos meses,
pero no sé si tendré la confianza de algún día meter a alguien más en nuestra
cama…
