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¿Cómo
crees que nos vaya en la marcha, habrá problemas?
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No importa
cómo nos vaya, lo importante es que estaremos juntos…
Llegamos a la CDMX un
día antes, las redes sociales habían estado muy activas informando de los
cambios en la logística de la marcha por la coincidencia en el Ángel de la
Independencia de la XL Marcha y del festejo de la selección nacional por un muy
probable triunfo ante Corea. La hora de la marcha se había corrido a las 12:00
hrs, una hora antes que la hora de salida tradicional, y para el caso de los
vehículos automotores que iban a desfilar, estos habían sido reagrupados a un
costado de la glorieta de la Palma, con excepción de unos pocos que habían
dejado en el Ángel. Algunos decían que podría haber algún enfrentamiento puesto
que a esa hora ya se sabría si la selección habría ganado el partido y los
aficionados comenzarían a llegar al Ángel justo en la hora en la que la marcha
comenzaría a salir.
Sábado por la mañana, amanecemos
como lo hacemos cada día desde que estamos juntos, abrazados, en un día que es
especial para nosotros ya que, de alguna forma la marcha nos ha permitido
conocer una faceta de nosotros y nos ha permitido unirnos más en algo en lo que
al principio teníamos diferencias. Corremos las ventanas, el día parece que
será benévolo en clima. Salimos a desayunar ya con la mochila donde llevamos el
atuendo leather que usaré, las calles del centro histórico lucen globos con los
colores del arcoíris, los bares ya están abiertos y ofrecen lo mismo ver el
partido que celebrar el pride, lucen banderas de México y banderas arcoíris,
ambos eventos significan una derrama económica, y son el mismo día. En el
restaurante las meseras portan la playera de la selección y pelucas de colores,
sí, todos los festejos caben en ésta ciudad, todas las expresiones, hoy todos
los lugares del centro histórico, Reforma y calles aledañas son gayfriendly,
los cafés, restaurantes, tiendas en general, lucen banderas arcoíris y globos
multicolores, hoy no hay homofobia en las calles de la ciudad, por lo menos por
donde pasará la marcha.
Tomamos un taxi, le
pedimos nos lleve lo más cerca del Ángel, el taxista lleva encendida la radio
que transmite el partido de futbol, las calles de reforma están vacías, a la
mitad del trayecto se escucha el grito de ¡Gool!, han anotado un gol, si, van a
ganar el partido y los aficionados van a llegar al Ángel. Llegamos, el
monumento se encuentra cerrado con vallas y resguardado por policías, hay poca
gente de la comunidad, el tradicional templete frente al Ángel no está, detrás
y hacia la Diana hay varios stands con organizaciones y negocios dirigidos a la
comunidad, en el extremo algunos vaqueros, aún son pocos. Me quito la camisa y
me coloco el arnés, lo completo con un sombrero. Nos dirigimos de vuelta al
Ángel, la gente va aumentando, ya es difícil caminar, a un costado hay un
camión vistoso, son las 11:30, sin más anuncian a Jessie & Joy, no hay
discurso. Avanzamos hacia la glorieta de la Palma, aquí se puede caminar,
escuchamos discursos, van finalizando, más gente va llegando y tratan de llegar
al Ángel como es la tradición, pero no, esta vez el arranque será en la
glorieta de la Palma.
Son casi las 12:00
hrs, escuchamos la cuenta regresiva y la marcha comienza. El primer contingente
que veo lleva una lona protestando por el asesinato de tres activistas de la comunidad la semana anterior en Taxco,
exigen justicia, detrás viene toda la algarabía, y las empresas. Hay un globo
grande flotando de un banco, hay un contingente de Unilever con pancartas con
las marcas más conocidas de productos, hay más empresas inclusivas, todos
uniformados por su empresa, pulcros, son gente bien, pueden ser incluso como
uno, es la imagen políticamente correcta de lo que debe ser la marcha para las
buenas conciencias, vestidos impecablemente, algunos con familiares, también
uniformados, las playeras portan el nombre de sus empresas y alguna leyenda
alusiva a la diversidad, se habla de que son alrededor de 50 empresas que van a
marchar ese día, que han hecho de la inclusión una política propia. Sin
embargo, hay algo que no me termina de convencer, a pesar que hablar de la
diversidad, no son diversos, están uniformados, correctos… y asexuados. Cuando
pasen, en el resto de la marcha vendrán las vestidas, los desnudos, los
disfraces con una carga sexual, los que ofenden a las buenas conciencias, a
quienes hablan de putería y exhibicionismo. Bueno, ésta parte de la marcha les
gustaría, es muy correcta y las fotos pueden publicarse hasta en un suplemento
religioso, lo gay es cool, correcto, hasta normal. Es la parte heteronormadada
de la marcha, como debieran ser todos los homosexuales.
Luego todos los demás,
mezclados en un caleidoscopio multicolor formado por las más distintas
expresiones de la elegebetiza. La marcha avanzaba lentamente por los carriles
de Reforma hacia el Zócalo, mientras en sentido contrario comenzaban a llegar
los aficionados de futbol a celebrar el triunfo de la selección hacia el Ángel,
todo Reforma se llenó de gente, creo que para muchos de los que iban por el
partido era la primera vez que veían una marcha gay, miraban con curiosidad
hacia el otro lado del camellón a los carros alegóricos, algunos tomaban fotos.
Los aficionados continuaban aumentando, en cierto momento los aficionados
aumentaron y hacían bastante ruido, trompetas, gritos, nosotros estábamos en el
centro del camellón, de frente iba pasando la marcha y a nuestras espaldas iban
los aficionados. En el punto en el que estaba no vi agresión o gritos de “eh
puto”, de lo que me tocó ver, venían cantando el cielito lindo, muchos se
acercaban a la gente que veía la marcha y los arengaban a cantar con ellos, y
seguían de largo al Ángel.
En cierto momento
venía pasando una familia de aficionados, todos con sus playeras de la
selección, uno de ellos me llamó: “¡Hey amigo, ¿te tomarías una foto con mi
mamá?” accedí, era el hijo mayor, quizá unos 25 años, llevaba una cámara fotográfica,
la señora se acercó a mi y antes de tomar la foto el hijo me dice: “¡pero cachondéatela
bien!”, la abrazo y le doy un beso en la mejilla, me agradecen la foto y el
hijo bromea con su mamá. “¡ahora si, ya tengo las pruebas, le voy a enseñar
esta foto a mi papá!”, todos ríen y siguen su camino al Ángel. Otros
aficionados más que pasan toman fotos discretamente, por un momento pareciera
que no somos tan diferentes unos de otros y que todos teníamos algo que
celebrar ese día.
Avanzamos hasta llegar
a donde había una manifestación de los 400 pueblos, las mujeres estaban
totalmente desnudas, piel tostada por el sol, algunas platicaban con quienes
hacían una pausa en la marcha, otras recolectaban dinero entre los que
marchaban, por un momento las desnudeces se encontraban una al lado de la otra,
una protesta política con una manifestación de celebración, desnudos por ambas
partes, la desnudez como forma de protesta política, la desnudez como
reivindicación del cuerpo, la desnudez como elemento desexualizado a fuerza de
repetirse, la desnudez como sexualidad incitante, los contrastes estaban ahí, y
de cerca familias observando la marcha. La desnudez podía pasar inadvertida,
como parte de una normalidad que sólo pasaba ese día, era inevitable no
recordar todo lo que circulaba en la red en torno a que no fueran desnudos y
vulgares a la marcha. La desnudez es ofensiva y reprobable cuando es una
protesta política, y el marchar desnudos quienes así lo quisieran es la
apropiación del cuerpo y del placer, el sexo es también un acto político.
Los límites de la
sexualidad se desdibujan, estoy viendo una parte de la marcha, es ya tarde,
hace hambre, hay cansancio, y de pronto siento una mano muy suave que me
acaricia la espalda desnuda, de pasada, volteo a ver y es una pareja de
lesbianas que van abrazadas como lo harían dos hombres que ya van tomados, una
apoyándose en la otra, la que me acarició la espalda es la más tomada, las
fronteras de la sexualidad se mezclan ese día, las miradas se cruzan en el
camino, unos van, otros vienen, algunos buscan algo, más que la inmediatez del sexo, una ilusión, un sueño, un hombro donde descansar, unos ojos donde verse reflejados, alguien en quien confiar, con quien amanecer cada día, ¿lo encontrarán?
La marcha termina,
nosotros sólo llegamos hasta Bellas Artes, hemos dejado de ir al Zócalo desde
que se volvió un espectáculo de farándula con nombres que no reconocemos,
supongo es parte de la brecha generacional que nos va situando en una
generación que también va de salida. Toda la gente se mezcla a lo largo de la
Alameda, las banderas multicolores ondean, la bandera gay ha dejado de ser un
símbolo de protesta y hoy es un símbolo de aceptación, es una invitación que
hacen los negocios para consumir, lo gay es inn, es dinero rosa, es mercancía,
es consumir, es gastar, desde un cigarro en alguna tienda de conveniencia hasta
un viaje, todo está al alcance de la mano, o del límite de crédito que se tenga
en la tarjeta. Anochece, la ciudad se comienza a iluminar, los antros han
abierto sus puertas desde muy temprano, siempre habrá un espacio para cada gay,
sea como sea que se identifique, siempre habrá un lugar donde nunca estará
solo, donde la fiesta podrá continuar, por lo menos por una noche.
Es un día donde las
historias se suceden una tras otra. Tomamos el metro para ir al hotel, los
contrastes se dan fuera de las calles donde la marcha transcurrió. Una señora
va leyendo las historias que encuentra en la red a su acompañante varón: “mira
esta historia, es un chavo de 18 años que le dijo a su mamá que quería ir a la
marcha pero no tenía nadie con quién ir, y su mamá le dice que no irá solo, que
la tiene a ella”, es una bonita historia, mientras un chavo de escasos veinte
años que va frente a mí aprovecha que la gente va apretada para deslizar su
mano y tocarme la bragueta. Sí, es una ciudad llena de contrastes, es una
ciudad generosa que abre sus puertas a todos.
La noche va avanzando,
son las dos de la mañana, la gente está aún en los antros que se preparan a
cerrar, la lluvia ha caído, en las calles del centro quedan pedazos de cartón, de
brillantina, de tela, pedazos de ilusiones, el maquillaje se ha corrido, los
rostros lucen cansados, en más de uno asoman las lágrimas, el glamour ha
quedado atrás, la noche avanza hacia un nuevo día donde todo habrá de ser igual,
donde nada habrá cambiado, donde la ilusión por tener un lugar en la sociedad
habrá de seguir peleándose, donde la ilusión por ser aceptado habrá de
quebrarse porque la tarjeta de crédito fue sobregirada. Han pasado cuarenta
años de marchas, muchas cosas han cambiado, otras no. No estuvimos en una
marcha sino hace apenas siete años, no sabemos cuántas más nos tocará estar,
pero tenemos la certeza que siempre lo haremos juntos.
Por: Martín Soloman
Junio 2018

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