Amanece, es un día más, Antonio despierta antes de que suene la alarma
del despertador, había programado la alarma para una hora después de su hora cotidiana
de despertar, la que hasta el día anterior había sido su hora habitual de
despertar. Abre los ojos y toma el celular para ver la hora, apenas son las
7:00 AM, él pensaba levantarse a las 8:00 AM, pero la costumbre de años de
levantarse siempre a esa hora le ha hecho despertar una hora antes de que
sonara la alarma, la cual había reprogramado para todos los días por venir a
partir de éste día. Ya no tenía prisa en levantarse, por primera vez en años no
tenía ya nada que hacer, el día anterior había firmado su finiquito en su
trabajo, durante casi veinte años había trabajado como empleado bancario hasta
el día de ayer, hoy era su primer día como desempleado, hoy por primera vez en años
no tenía nada a qué levantarse, y tampoco tenía por qué levantarse a las 7:00
AM.
Esperó en la cama a que la alarma sonara para levantarse, trató de
seguir una rutina distinta a la que había seguido por años, pero de alguna
manera repetía la que había sido su rutina durante casi veinte años. Había
pasado por épocas difíciles, recordaba cuando fue el colapso del sistema
bancario y se creó el Fobaproa, después vendría la venta de los bancos y la
fusión de algunos, y aunque sabía que éste día llegaría, no estaba preparado
para quedarse sin trabajo, nunca había dependido económicamente de nadie y le
aterraba la idea de quedarse desempleado, lo cual era un riesgo latente en su
trabajo porque un día podía ser el mejor empleado y al siguiente podía ser el
peor, así de frágil es la posición de un empleado en un banco y sin embargo
nadie lo había preparado para este nuevo día, ¿qué iba a hacer?
Un par de meses antes sabía que lo iban a despedir, pero no podía hacer
nada, sólo esperar a que le avisaran. Dos días antes Antonio recibió una
llamada de recursos humanos pidiéndole que se presentara al día siguiente en
las oficinas de relaciones laborales, ni siquiera su jefe le había dicho nada,
fue directamente a recursos humanos. No preguntó para qué, sólo terminó de
recoger algunas cosas personales y se despidió de sus compañeros de trabajo más
cercanos, todos sabían que ése era su último día de trabajo, le desearon
suerte. Al poco tiempo llamó a su pareja con la que tenía una relación de diez
años, le contó con tristeza que ese era su último día de trabajo, y aunque
desde hacía dos meses que le había platicado de la posibilidad de que lo
echaran del trabajo, su pareja no mostro ninguna preocupación. No le dijo gran
cosa, era como si nada hubiera cambiado para él, ni siquiera le animó, en vez
de eso se puso a platicarle sobre una situación en su propio lugar de trabajo
que no tenía nada que ver con la situación que estaba enfrentando Antonio.
Se preparó un desayuno ligero, no tenía mucha hambre, mientras
desayunaba veía un álbum de fotos, ahí estaban las fotos del primer viaje a
Vallarta que habían hecho juntos, del viaje a Acapulco donde se quedaron en un
hotel que no le había costado nada porque se lo había pagado su trabajo,
estaban las fotos de cuando habían estado en un antro, ambos aparecían
sonrientes, felices, pero a partir de ahora eran viajes que ya no podrían
hacer, ya no los podría pagar, de pronto las prioridades eran tan simples como
sobrevivir económicamente. Para Antonio
quedo más claro, que la vida no está hecha de viajes a la playa, de visitas a
centros comerciales exclusivos, de cenas en un restaurante caro, en realidad
está hecha de momentos comunes, cotidianos, son las pequeñas piezas que van
formando la vida diaria, y la vida en pareja está hecha de compartir esa
cotidianidad, compartir un desayuno, compartir las labores de la casa de las
que nadie quiere hablar porque no tienen nada de interesante, son cosas que no
venden a la vista de otros, pero que en el interior de una relación construyen
la vida del día a día, tener empatía con la pareja, y apoyarla.
Hasta ese punto había sido Antonio quien había corrido con los mayores
gastos en la relación, la casa era de él, todos los gastos de la casa como gas,
luz, agua mantenimiento, cable, predial, habían sido hechos siempre por él, los
muebles los había comprado él, todo nuevo, estufa, refrigerador, cama, sala, y
en los gastos de alimentación era Antonio quien corría con la parte más pesada
como carnes, todo el super. ¿Cómo sería ahora? Su pareja había tenido un sueldo
menor hasta unos meses antes, pero aunque hacía poco que su situación económica
había mejorado mucho, la distribución de gastos seguía siendo la misma. Los
primeros días de Antonio sin trabajo fueron pasando muy lentos, las primeras
cuentas por pagar fueron llegando, Antonio sabía que su pareja estaba enterado
de cuáles eran los gastos y esperaba que por lo menos durante el tiempo que
tardaba en encontrar otro trabajo, su pareja lo ayudara con parte de los
gastos, pero al paso de los días eso no pasó. Su pareja nunca se ofreció para
apoyar ni le dijo nada al respecto, era como si no se diera cuenta de lo que
Antonio estaba pasando, y por ello Antonio continuó pagando las cuentas como
siempre, el dinero poco a poco se iba yendo.
Antonio sabía que por su edad le iba a ser complicado encontrar otro
trabajo, y si tenía suerte de encontrarlo, no iba a ser tan rápido como para
alguien joven, y seguramente tampoco iba a ser bien pagado. El día que se
presentó en relaciones laborales de su empresa le preguntaron si sabía por qué
lo habían mandado llamar, dijo que si, le pusieron una hoja con los números de su
finiquito, siempre pensó que le correspondía más de lo que le ofrecieron, quiso
rechazarlo, pero le dijeron que si no quería firmar podía emprender un pleito
legal contra la empresa, le dijeron que no era probable que lo ganara, pero que
si así fuese, al final del proceso, que le prometían sería largo, descontando
los honorarios del abogado le quedaría una cantidad similar a la que le
ofrecían, pero que además, si decidía demandar, lo boletinarían en otras
empresas similares para que no pudiera encontrar trabajo. Antonio había
trabajado casi veinte años ahí, no sabía hacer otra cosa, así que firmó su
renuncia voluntaria.
A veces la gente se imagina que las relaciones se fracturan por algo
grave, porque uno de ellos se enamora de otra persona, por una traición, pero
lo cierto es que las relaciones simplemente se van desgastando, como un par de
zapatos que a fuerza de usarlos se van volviendo inservibles, se acaban, se
destruyen. Los días fueron pasando, se hicieron semanas, meses. Antonio
continuaba buscando trabajo, pero el tiempo que tenía ahora le hacía ver lo todo
aquello que, mientras estuvo trabajando, no se había tomado el tiempo de ver,
repasaba cada evento en la relación, cada desgaste, cada desencuentro, cada
mirada en la que cada quien había vuelto a mirar hacia otro lado, y se sintió
solo, sin apoyo, ni económico ni moral, para su pareja era como si nada hubiera
pasado, para Antonio todo estaba cambiando, entendía que estaba sólo aunque
estuviera acompañado, y entonces supo que no podía quedarse ahí. Tenía que
hacer algo, pero tenía que hacerlo solo, porque para su pareja las prioridades
eran otras, finalmente él tenía la vida resuelta y no tenía ninguna presión
económica, pero tampoco ninguna intención de apoyarlo en esa situación. Supo
que no era un apoyo, sino un lastre. El fin había llegado.
Epílogo:
-“Sí todo sigue igual entre nosotros, yo te invito un viaje a Europa y
todos los gastos corren por mi cuenta”… “ahora sí voy a meter dinero a la
casa”…
Antonio sólo sonrió, y le dijo que no. Ya no era tiempo, ya no había vuelta
atrás. Entonces él, se fue.
Por: Martín Soloman