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28 de noviembre de 2018

Toca la puerta de mi cuarto, por favor...


Toca la puerta de mi cuarto, por favor

Cuando se ha vivido mucho, el tiempo parece transcurrir de forma diferente para uno mismo a lo largo de los años, cuando era niño el tiempo se hacía eterno, parecía que el mañana nunca iba a llegar, las vacaciones de fin de cursos eran interminables, terminaba por aburrirme, el siguiente cumpleaños parecía que no iba a llegar jamás, pero hoy el tiempo es cruel, cada día pasa más rápido, y sé que con cada día queda menos tiempo…

En algún momento comencé a ser adulto y a tomar responsabilidades, el trabajo, mis padres, mi propia vida. Al tiempo que mis dos hermanos fueron independizándose y haciendo sus propias vidas, formando sus propias familias lejos de casa, yo fui el único que se quedó a vivir con mis padres, al inicio como algo natural, después como algo forzado ya que conforme los años pasaban las presiones para que me casara y tuviera hijos crecían, pero de alguna manera el hecho de que mis hermanos tuvieran sus propios hijos los iba distrayendo de mí mismo, y fueron volcando en ellos su atención, hasta que los nietos fueron creciendo y las visitas a la casa de mis padres se fueron espaciando más, hasta que sólo cuando se trataba de fechas relevantes los fueron visitando. Y en todo ese tiempo yo estaba ahí, viendo por ellos, y siendo mi ayuda cada vez más importante, entre mis propias actividades de trabajo y mi propia vida personal, tratando de que no se dieran cuenta de mi otra vida, una que hube de mantener oculta. Mi vida parecía un rompecabezas en el cual ninguna de las piezas encajaba con la otra, mi vida familiar estaba separada de mi vida personal, y había que mentir siempre para no ser descubierto.

Fue poco tiempo después de que murió mi padre cuando la casa se sintió realmente sola, todas las conversaciones entre mis padres se silenciaron, y nos quedamos sólo mi madre y yo en casa. Mis hermanos y sobrinos al principio visitaban a mi madre para ver que estuviera bien, pero el que yo estuviera con ella de alguna manera los descargaba de tener que venir a verla tan seguido, hasta que dejaron de venir, tenían sus propias vidas hechas hacía muchos años fuera de aquí. El único familiar cercano era un tío por línea paterna que vivía cerca de la casa, pero la relación nunca fue cercana, no era mala, pero no cercana, tenía tres hijos, un hombre y dos mujeres, con quien yo mejor me llevaba era con mi primo, a pesar que era casi veinte años menor que yo, pero no nos frecuentábamos, sólo nos saludábamos en la calle cuando nos encontrábamos y cuando me invitaban a su casa en alguna celebración importante, al ser familia paterna, mi madre nunca los frecuentó.

Por otro lado, la relación que yo había tenido con mis padres nunca fue buena, siempre me ponían de ejemplo a mis hermanos, que habían formado una familia, no importaba que yo trabajara y aportara a la casa mientras ellos no, el que tuvieran hijos y yo no los hacía estar en un nivel superior al mío. Pero el que ahora mi madre estuviera sola la hacía tener que conversar conmigo,y en algún momento se comenzó a interesar en mi vida personal a detalle, quería saber a dónde iba los fines de semana, dónde me quedaba en las noches, con quién estaba, ahora pienso que no era que se preocupara por mí, sino por ella misma, yo era el familiar más cercano que tenía, el que ahora veía por ella, el que estaba en casa. Hasta entonces yo había tenido algunas parejas, con algunas había durado algunos años, con otras no, en realidad no habían sido muchas, supongo que por el hecho de que no hubiesen funcionado siempre volvía a casa a refugiarme, hasta que el tiempo fue pasando, y yo también imperceptiblemente envejeciendo.

En cierta ocasión, mi madre me abordó y entonces le dije de mi condición sexual, me dijo que era algo que ya sabía, y aunque aparentemente lo tomó de buena forma, en el fondo fue confirmar su decepción por mí, el trato no fue de un mayor acercamiento y creo que sólo me aceptó porque no había nadie más en casa que la apoyara en el proceso de envejecimiento, quien la llevara al doctor, quien le ayudara con sus medicinas, quien se hiciera cargo de las cosas que son las más sencillas en apariencia pero que para una persona anciana representan dificultad, como poner un garrafón de agua, bajar algo de la alacena, llevar las compras pesadas, mover algún mueble, y cosas así. Es algo raro ver el proceso en el cual la persona que siempre viste fuerte se comienza a hacer frágil, débil, conforme se va haciendo más vieja, y como las cosas que antes eran naturales de hacer ahora implican un mayor esfuerzo.

Algunas veces le presentaba a algún amigo, ella sabía que no era un amigo, que había una relación homosexual con quien yo le presentaba, pero nunca me dijo nada, ni en el sentido de aceptación, ni en el de rechazo, en realidad ella estaba más interesada en sí misma y en tener las comodidades propias de la vejez, que en mí como hijo. Sin embargo, yo mismo me estaba poniendo viejo, hacía muchos años que me habían comenzado a decir “señor” en la calle, y aunque me consideraba una persona fuerte, el tiempo comenzaba a darme algunas señales de que yo también comenzaba a cambiar, y encontrar una pareja fue siendo cada vez más difícil, incluso conseguir sexo ya no era tan sencillo para alguien como yo.

Así, veía a mi madre envejecer, se iba a dormir temprano y se levantaba temprano, cuando yo me iba a trabajar, siempre me escuchaba cuando yo abría el refrigerador o andaba en la cocina preparando mi desayuno y me ayudaba, luego al irme salía a la calle a barrer el frente de la casa, no sabía por qué de su costumbre de barrer siempre cada día la calle, cuando siempre amanecía sucia, pero eso hacía cada día al salir. Cierto día no fue así, amaneció, abrí el refrigerador para sacar el desayuno, hacía ruido con los trastos en la cocina para servirme el desayuno y no escuchaba que mi madre se despertara, me senté a comer y ella aparentemente seguía dormida, entonces fui a asomarme a su cuarto. La vi inmóvil, no parecía respirar, me alarmé, le hablé y no fue sino hasta la tercera vez que me respondió, me dijo que no me había escuchado, en ese momento me tranquilicé. Entonces me dijo que, a partir de ese día, fuera cada mañana a tocar la puerta de su cuarto para despertarla. Algo había cambiado, ya era una anciana. Así fue en adelante, cada mañana al levantarme iba a tocar la puerta de su cuarto, siempre me contestaba y luego se levantaba de la cama para iniciar su día, así fue por algún tiempo, un día toqué su puerta y ya no me contestó.

Todo cambia siempre, a veces tenemos la idea de llegar a un punto donde ya no es necesario tener responsabilidades para ser feliz, un punto donde ya no sea necesario tener que ir a trabajar, tener que cumplir con otras responsabilidades, tener que preocuparte por nada, y desearíamos que el tiempo se detuviera entonces, pero no es así. Cuando llegaron mis hermanos los vi también viejos, sus hijos adultos, a su vez con hijos. Durante muchos años iba yo a los antros gays, y cada noche era una fiesta, el tiempo se detenía, todos éramos jóvenes, mientras otras personas de mi edad tenían que desvelarse para cuidar a sus hijos, yo estaba de fiesta en fiesta, sin preocuparme de nada, ni del tiempo que iba transcurriendo, procuraba vestir a la moda para ir el antro, mientras que mis hermanos parecían haberse quedado atrás en el tiempo, pasados de moda, yo procuraba verme siempre joven, pero en realidad no era así, era como engañarme a mí mismo tratando de engañar al tiempo. Uno de mis hermanos me dijo que ya me veía viejo, que yo no me daba cuenta porque no había tenido hijos, pero que el paso del tiempo en él lo sentía por lo rápido que sus hijos iban creciendo, el sentido del tiempo en sí mismo se lo daban sus hijos, conforme ellos iban creciendo él sabía que iba envejeciendo, pero yo no sabía nada de eso. Verlos fue como darme cuenta de la realidad, y ahora estaba sólo en la casa de mi madre.

Cuando me quedé sólo, fue como si de pronto a la casa le hubiesen caído todos los años encima, y con ello a mí también. Traté de llevar mi vida de forma normal, pero muchas de las cosas que yo creía eran una manía de mis padres comencé a tenerlas yo mismo, de alguna manera me comencé a ver reflejado en ellos, el ruido de la respiración que comenzaba a ser difícil al subir escaleras, el comenzar a sujetarme del barandal de las escaleras al subir o bajar, la forma de respirar y de quejarse involuntariamente al hacer algún esfuerzo, incluso la forma de reírse que tienen las personas ancianas comenzaba a ser la misma que yo iba adoptando, y solo era que entonces iba entendiendo el proceso de deterioro del cuerpo al pasar el tiempo. Y el sueño, las horas de sueño que ahora requería para descansar eran más, comenzaba a dormir más temprano, los ojos simplemente se me cerraban, pero, ¿quién me despertaría a mí cada día?

Un día ya no trabajé más, mis servicios dejaron de ser requeridos, entonces me refugié más en casa. Al no tener más que hacer al levantarme cada día, traté de dar otro sentido a mi vida, y un día salí a la calle a barrer, la gente que pasaba me saludaba, alguna se detenía ocasionalmente a preguntarme algo o a hacerme plática, mi primo pasaba cada día por frente de mi casa para ir a su trabajo, siempre nos saludábamos, Luego regresaba dentro a desayunar, y así transcurría mi día, solo. Y recordaba a mi madre y cómo cada día iba a despertarla, en mi caso no había nadie que me fuera a despertar, en caso de que algo pasara nadie sabría de mí.

La semana pasada tuve una caída en casa, recuerdo que de niño me caía y levantaba con la misma rapidez, esta vez no fue así, los golpes duelen más cuando uno ya es viejo, tuve algunos hematomas que se veían bastante mal, pero creo que lo que más me dolió fue la soledad con la que tuve que levantarme por mí mismo y aliviar el dolor. Nadie estaba ahí como en mi niñez cuando me caía. Y tuve miedo, realmente tuve miedo. Ahora que salgo a barrer la calle lo hago para que los vecinos sepan que estoy vivo otro día, no sé cuándo dejaré de barrer la calle, y eso me da miedo. Así que hoy por la tarde visité a mi primo, a diferencia de otras veces, esta vez fue por algo diferente. Hablé con él, le dije que era el familiar que vivía más cerca de mí, a un par de cuadras y es el camino que recorre para ir a su trabajo. Le di la llave de la casa, le dije que, si alguna vez al ir a su trabajo no me veía fuera barriendo la calle como lo hago ahora a diario, usara la llave, entrara a la casa y tocara la puerta de mi cuarto, si yo no contestaba ya sabría lo que tendría que hacer. Por favor, toca la puerta de mi cuarto…

Por: Martín Soloman

1 comentario:

  1. Llegar a anciano es bonito porque no todo el mundo lo logra, pero a la vez es triste porque vas descubriendo que los años no perdonan y te vas haciendo más débil y frágil, la vejez para la mayoría de los homosexuales es más dura porque generalmente llegas solo.

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