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31 de julio de 2019

Sebastián, el romper una regla (1a parte)


No me gusta mucho ir a los compromisos sociales de mis familiares, hace tiempo que dejé de tratar de disimular mi vida y ellos lo saben, supongo que el haber tenido un hijo alguna vez ayuda en algo, por lo menos les deja la duda de quién soy, aunque nadie volvió a verme con una mujer y esa es quizá la parte que menos me agrada de ir a esas fiestas, todos van con sus familias, esposas, hijos, mientras que yo voy siempre solo, sin embargo siempre se portan bien conmigo al recibirme en sus casas y me tratan con familiaridad, hablamos de cosas triviales, la familia, el trabajo, me invitan unas cervezas, unos tragos y yo trato de platicar con otros invitados que no conozco, a pesar de ser del mismo pueblo ya no conozco a la mayoría de la gente, hace mucho años decidí hacer mi vida fuera del pueblo y no tengo amistades aquí, ya no conozco a nadie.

Ese domingo llegué tarde a la invitación que mis tíos me habían hecho para un cumpleaños de una de sus nietas, había estado todo el fin de semana haciendo unos arreglos en mi casa y no me di cuenta que el día se había pasado muy rápido, para colmo el tráfico de la carretera los domingos es muy pesado y al llegar a casa de mis tíos la fiesta estaba avanzada y yo no conocía a la mayoría de los asistentes, excepto mis familiares, había mucha gente, muchos me vieron con extrañeza, entonces uno de mis tíos me hablo y me sentó junto a él en su mesa, me acercaron una cerveza y comencé a tomarla, era una fiesta de pueblo, nada pretenciosa, yo llevaba una playera blanca sin mangas y un pantalón de mezclilla, alrededor matrimonios con sus hijos, era una fiesta infantil pero los adultos platicaban, yo como siempre estaba solo, le di unos tragos a la cerveza y entonces sentí una mirada sobre de mí, alguien me observaba, se trataba de un hombre joven, quizá unos treinta años, me miraba cuando yo no me daba cuenta, al voltear a verlo él miró hacia otro lado, estaba sentado junto a una mujer joven que supuse era su esposa, estaba cerca de mi tío y de vez en cuando platicaba con él, yo procuraba pasar desapercibido, quizá haber llevado una playera sin mangas no había sido buena idea, noté que miraba mis bíceps cuando levantaba la cerveza, me sentí incomodo, es decir, no es el ambiente en el cual uno espera que otro hombre lo mire con insistencia.
 
Por lo que pude escuchar de la plática con mi tío, era alguien del pueblo, parecía dedicarse al campo y hablaba de caballos, de jaripeos, de siembra de cultivos, yo escuchaba de lejos, me sirvieron la cena y me pasaron otra cerveza, yo miraba hacia otras mesas y platicaba con un señor que estaba del otro lado mío, hablamos de cosas del campo, de alguna manera eso me distraía la atención pero de vez en cuando seguía sintiendo una mirada recorriendo mi cuerpo. En algún momento mi tío me incorporó a la plática que tenía con el hombre que me observaba, entonces lo vi de frente, si, era joven, un cuerpo delgado pero correoso, piel quemada por el sol, pelo corto, un bigote a medio crecer, platicaba animadamente con mi tío y también comenzó a verme a los ojos de forma amigable, me tuve que incorporar a la plática, había terminado de cenar cuando acercaron una botella de whisky, y la verdad es que yo no me puedo resistir a un buen whisky, sin soda, sólo con agua mineral.

Mi tío sirvió unos vasos, y entonces brindamos, el hombre joven me sonreía con timidez, era raro, a pesar de mostrar una personalidad fuerte como hombre de trabajo y montador de jaripeo, por alguna razón conmigo se sentía cohibido, su mirada hacia mí tenía una mezcla extraña entre admiración, respeto y quizá algo de deseo, cuando se dirigió a mí en su plática me habló de usted, los hombres que nos gustan otros hombres nos damos cuenta cuando encontramos alguien similar, pero yo no había ido a eso, así que sólo esperé que la nieta de mi tío partiera el pastel, le cantaran las mañanitas una vez más y entonces decidí irme a casa, me levante de la silla y me despedí de mi tío, cuando di la vuelta para despedirme del otro hombre, éste se levantó y me dijo que también se iba, pensé que llamaría a alguna mujer y sus respectivos hijos, pero no ocurrió así. Yo camine hacia la salida y este hombre salió tras de mí y entonces me habló por mi nombre y me dijo que ya estaba recordando quién era yo.

Sorprendido, le dije que yo no lo conocía o que al menos no lo recordaba, pero era un hombre unos 10 años menor que yo y hacía décadas que yo no vivía en el pueblo. Él sonrió, y dijo que era obvio que no lo recordara porque la última vez que nos vimos él era un niño de unos 9 años y que yo era un joven de unos 18, que su hermano era José, mi amigo de la preparatoria. En ese momento llegaron a mi mente un cumulo de recuerdos de mi época de estudiante y era cierto, José había sido mi mejor amigo en esa época. Había sido un excelente amigo con el que había vivido muchos buenos momentos de mi adolescencia y al cual le había confesado mi homosexualidad, él nunca me juzgo, y siguió siendo mi amigo, nos estimábamos como hermanos, nunca volví a tener un amigo como él, pero la distancia y el tiempo nos separaron, yo me había ido a estudiar la universidad a otro estado y él, según supe, se había ido a los Estados Unidos, donde finalmente había muerto, nunca había confirmado si era verdad todo eso, en aquella época no existían los celulares ni las redes sociales para mantener una amistad y enterarse de los acontecimientos importantes, así que me dio curiosidad y le propuse a este joven que nos fuésemos a tomar un trago y me contara la verdad sobre José, me respondió muy gustoso que sí, me dijo que podía dejar el coche con mi tío y mejor caminar a una cantina cercana. Por un momento olvide que había cierta atracción entre nosotros y que así había comenzado esa noche.

Sebastián, ese era su nombre, comenzó a contarme la historia de José su hermano, mi amigo de la preparatoria, fue muy conmovedor saber que había tenido un muy triste final en Estados Unidos, pues unos racistas lo habían agredido y así había muerto por la golpiza que le propinaron. Era un tema sensible para mí, así que mejor decidí cambiarlo, le dije a Sebas que si lo recordaba cuando niño, que muchas veces cuando fui a visitar a José lo había visto, pero que lo recordaba como un niño gordito muy risueño. Sebastián  tenía una sonrisa muy agradable, me respondió que también me recordaba cómo alguien distinto, pero que mis rasgos si coincidían con la imagen que el tenia de mí en su mente, que incluso me veía mejor en la edad actual. Eso me pareció en cierto modo un coqueteo de su parte, pero preferí ignorarlo y hablarle de otra cosa, seguimos tomando chelas en el pequeño bar al lado de la carretera y finalmente perdí la cuenta de ellas. La verdad es que últimamente me había sentido muy solo y no había tenido la oportunidad de desahogarme, el trabajo y mi soledad no me daban tregua para buscar algo de compañía.

Sebas estaba siendo muy atento y agradable conmigo, así que en ese momento me propuse conocerlo, averiguando que clase de persona era, le conté de mí, de que no me había ido bien con las mujeres y que había tenido un hijo al que hacía años no veía, y pregunte acerca de él. Era un hombre muy sincero y siempre demostraba entusiasmo al platicar conmigo, era de esas personas que se notan muy transparentes, muy franco y muy distinto a las personas que normalmente estaba acostumbrado a tratar. Él me contó que tenía una historia parecida, se había casado muy joven y había tenido dos hijos, se encontraba separado de su mujer porque él era muy mujeriego y su esposa lo había sorprendido algunas veces pero que actualmente estaba solo, la mujer con la que lo había visto que estaba junto a él y que supuse era su esposa sólo era una prima que había ido con sus amigas y que se había encontrado ahí, él también fue solo a la fiesta.

Cuando me di cuenta ya eran las dos de la mañana y no estaba en condiciones de regresar manejando a mi casa en la ciudad, Sebas me invito a quedarme en su casa, me había dicho que ahora vivía solo con sus padres envejecidos, sus otros hermanos ya se habían casado y habían hecho su vida aparte, que por eso no había problema. Habíamos caminado un tramo de carretera desde la casa de mis tíos a la cantina y me dijo que no había problema en que mi auto se quedara en casa de mi tío, me comento que mi tío era su padrino y que por eso lo habían invitado a la fiesta. El frio de la noche hizo que poco a poco mientras caminábamos a su casa se me fuera bajando la borrachera, yo iba reconociendo los espacios de mi pueblo donde muchos años antes había andado, ya viejos, ya cambiados, ya ajenos a mí, como si nunca hubiese caminado por esas calles, como si nunca hubiese corrido y jugado por esos caminos, como si los hubiese conocido en otra vida, en sueños.

De pronto él me paso el brazo por la espalda y toco mi hombro descubierto, yo lo tome por el talle y seguimos caminando, como dos ebrios que se van abrazando para no caerse, cuando cruzamos una zona oscura sentí su cara más cerca de la mía, yo atraje más su cuerpo hacía mí, no me rechazó, los perros ladraban en las casas por las que pasábamos. Sentía que buscaba el calor de mi cuerpo, yo no estaba seguro de lo que podría pasar, siempre tuve como regla el no meterme sexualmente con nadie de mi pueblo, así había sido siempre, desde que me fui a estudiar fuera, por ello nadie en el pueblo me podía evidenciar de ser lo que yo era, siempre había tenido mis correrías en otros lugares, menos en mi pueblo, menos con alguien de aquí, sabía que estaba yo caminando por el filo de mis principios, cruzar el límite que yo mismo me había puesto parecía tan fácil en ese momento, una noche fría, un cuerpo que apretaba yo y que también me buscaba, ¿podría yo finalmente romper con mi regla y hacer algo con Sebas? Si cruzaba yo esa línea no habría vuelta atrás, podría haber consecuencias. Caminé más despacio en silencio, su casa estaba a unos pasos, él me miró con ojos vidriosos por el alcohol, la boca entreabierta, buscaba mi aliento, su mirada decía todo. Entonces entramos a su casa…

Continuará...

Por: Tigrillo Serch

17 de julio de 2019

Obsesión, la historia de Raúl


Nunca sabes cuánto puede cambiar tu vida al conocer una persona, aunque sea solamente en un encuentro casual. Por un lado puede que de ese encuentro surja una muy buena amistad forjándose así un lazo de amistad muy sólido que incluso puede resistir el tiempo y la distancia; otras veces nos equivocamos y aunque al inicio pareciera que la relación puede llegar a ser fuerte, nos damos cuenta que no somos de interés para el otro, pero nadie nos prepara para saberlo, y el aprendizaje suele ser doloroso. Sin embargo hay muchas otras formas en las que pueden darse las cosas al entablar contacto con desconocidos. Pero de cualquier forma, siempre es mejor ser sincero y actuar en consecuencia, aunque lo que se diga pueda sonar agresivo, para no crear expectativas equivocadas.

Había yo pasado por algunas relaciones complicadas de donde salí bastante lastimado, más por inexperiencia que por otra cosa, y donde me di cuenta que hay quienes solo se dedican a jugar con los demás, en mi caso, esas personas sólo habían buscado lo poco material que podía dar y que solo habían mentido para lograr sus objetivos, resultando al final que no era yo alguien especial, ni siquiera pensaban que era alguien agradable. Así que me había hecho el propósito de no hacer lo mismo con otros. Una constante en mis relaciones a partir de entonces era que no creía en una relación de pareja, sólo buscaba el sexo por el sexo mismo, pero no estaba interesado en una relación formal. Iba a los lugares que conocía para ello, cines, vapores, etc. en busca de sexo.

Cierto día domingo que estaba teniendo una tarde muy aburrida me decidí a ir a unos baños de vapor, cuando ingrese al establecimiento iba saliendo un hombre que me gustó mucho, él también me miro y contrario a mi timidez ante los desconocidos, le susurre que no se fuera, el solo sonrió y dijo que ya estaba satisfecho, pero que esperaba verme en otra ocasión y se marchó. Entre al vapor y nadie de los que estaban ahí me gustó, nadie llamo mi atención y casi al final un chavo se me acercó y me abordó, aunque me había estado rondando toda la tarde no le había hecho caso, no me latía, aunque era moreno, y a mí me gusta la gente morena, había algo en él que no me gustaba, no sabía lo que era, no podía definirlo, y lo había estado evadiendo.
                                                  
Estaban por cerrar, yo no había hecho nada, no había encontrado alguien de mi gusto, estaba por irme y entonces él se acercó y me dijo que me la quería mamar, yo fui claro con él y le dije que él no era mi tipo y que de plano no me latía, él insistió, yo no me había descargado, iba sólo por tener sexo como un desahogo físico, como una sensación de tener hambre y comer cualquier cosa, como la sensación de orinar donde sea, ante su insistencia le dije que tuviera claro que él no me gustaba, y que si aún así quería hacérmelo allá él. No pareció importarle y me hizo sexo oral, muy rápido porque ya estaban avisando que nos saliéramos. Eyaculé, iba a eso, y cada quien se fue a su vestidor. Al salir, casualmente estaba afuera esperándome. Me quiso acompañar a tomar mi ruta caminamos hacia la parada y yo le reiteré que no me atraía sexualmente, que lo que había pasado no había significado nada, que no se iba a repetir, pero no le importó y me dijo que lo entendía y que únicamente me quería como amigo. Llegamos a la parada del camión y me dio su número celular, me dijo que se llamaba Raúl, y que yo no le interesaba solo para sexo, sino que parecía ser una buena persona y que quizá podíamos ser solo amigos que el sabia ser un muy buen amigo, de mala gana le di mi número celular ¡Mi más grave error!

Pasaron unos días, casi lo había olvidado pero un día me llamó, como por casualidad, el motivo era que me invitaba a su casa a comer, yo le dije que no podía, pero él me dijo que sólo era para comer, que iba a estar su mamá, que no me preocupara de que me pidiera sexo porque no era así, luego me hizo el drama de que había estado cocinando toda la mañana, pensé que el hecho de que su mamá estuviera presente de alguna forma lo iba a limitar para pretender algo más, yo tenía pocas opciones para comer cercanas, por lo que terminé aceptando, me dio la dirección de su casa y llegué. Efectivamente, había una mesa puesta con varios platillos recién hechos, ahí me presentó a su mamá, me sorprendí, más que su mamá parecía ser su abuela, era una anciana, de edad muy avanzada, amable, pero ya no oía bien, por lo demás la comida fue normal, platicando cosas sin importancia, cumplió su promesa de sólo comer, terminé y me fui. Pasaron un par de semanas, durante ese tiempo no me había hablado, nuevamente me invitó a comer, no había sido insistente, parecía ser sólo una persona solitaria buscando amistad, no me acosaba por teléfono, no pedía sexo, sólo me invitaba a comer, ¿qué podía salir mal?
 
De alguna manera me sentí obligado a ser amigo de Raúl porque pensé que debía ser una persona solitaria que no sabía cómo hacer amigos y pensé que si yo fuera igual me gustaría que alguien me diera su amistad, así que acepte de nuevo ir a comer a su casa, todo era como dos amigos, solo que esta vez al final me llevó a conocer su cuarto, estaba en la parte trasera de la casa, en realidad era un cuarto de servicio independiente de la casa que él había adaptado como un lugar para tener sexo, había una cama con sábanas blancas, una mesita con flores, una TV, un pequeño baño. Me pidió tener sexo y como vio que yo no quería me puso películas porno, y más a la fuerza que por gusto me lo cogí. No me gustó, hay algo en la forma forzada de tener sexo que inhibe la sensación de placer, es tener una erección por instinto, no por gusto. Creí que finalmente entendería que no deseaba tener sexo con él y que desistiría de presionarme para eso, así que a la siguiente semana que me invitó a cenar esperaba que no me insistiera de nuevo, esa noche después de cenar ya me quería ir, pero su mamá me decía que aún no me fuera, cuando ya vi que era muy tarde ella me dijo que me podía quedar en su casa, que había un cuarto al fondo (el que ya conocía), le dije que no y me despedí, salí corriendo a tomar mi ruta pero ya era muy noche y la ruta me había dejado, no llevaba dinero para un taxi, al cabo de unos minutos ahí estaba Raúl, y me dijo que me podía quedar en su casa. No tenía alternativa, así que regresé con él.
 
Accedí a dormir con él con la promesa de que no tendríamos sexo, me dijo que no, que solo quería que durmiéramos desnudos y que yo lo abrazara como si yo fuera su papá. Me pareció algo bizarro, yo era mayor que él pero no como para tener la edad de un padre con un hijo de su edad, la sensación era chocante, pero con tal de no tener sexo le seguí el juego. Puso canciones con temas de paternidad y dijo que yo era su papá y que quería ser mi hijo, como ya tenía sueño le dije que sí. Me dormí un rato y me desperté cuando sentí que mi verga estaba dentro de su boca, le dije que me había prometido no tener sexo con él esa noche y me dijo que como su hijo él me tenía que complacer a mí como su padre, y que le tenía que dar de mi leche, y que si no accedía entonces le iba a hablar a su madre y me iba a acusar que yo lo quería violar. Hasta entonces no había yo medido las consecuencias de seguirle la corriente a alguien, así que tuve que acceder a tener sexo con él. Me estuvo mamando la verga mucho tiempo, después tomó un condón, me lo puso y se sentó en mi verga, no pude eyacular, no sentía ningún placer al penetrarlo, mientras él me decía que yo era su papá y que me estaba complaciendo. Al día siguiente temprano salí y prometí no volver más ahí.

Él me llamó por teléfono un par de veces más y yo me negué a regresar, decidí no contestar más de su número, hasta que unos días después recibí una llamada de un número que yo no conocía, era una mujer, me dijo que me iba a pasar una llamada y para mi sorpresa era la madre de Raúl, me dijo que su hijo estaba muy mal, que se había desmayado y que solo repetía mi nombre, que él le había dado mi número para que me llamara y que por favor fuera. Sentí dentro me mí mucho coraje de que Raúl usara a su madre para obligarme a ir, pero decidí ir una última vez. Me abrió la puerta su mamá, Raúl estaba recostado en un sofá, haciéndose el enfermo, y ahí en voz baja me dijo que todo lo había hecho para que yo regresara porque yo era su padre y no lo iba a dejar abandonado, no otra vez. Le reclamé el que me obligara a ir, pero él se dirigía a mí como su papá y me reclamaba una y otra vez que lo hubiera dejado abandonado, no entendía qué tenía en su cabeza y todas las fantasías que había armado alrededor de mí usando la figura de un padre ausente como pretexto para el acoso y el forzarme a tener sexo con él, yo le había dejado claro que no me interesaba ni siquiera para tener sexo, pero todo lo que yo había accedido con él me hacía responsable también de lo que pudiera pasar.

Su mamá se acercó, me dijo que comiera, se mostró contenta de que yo hubiera regresado, me sentía comprometido con su madre y a la vez enojado por la forma como la usaba para sus propios fines, accedí a comer, estuve la tarde y me fui con la promesa de que las cosas iban a estar bien. Esa misma noche destruí el celular (en aquel tiempo no eran de chip). Por suerte nunca supo donde vivía yo o donde trabajaba, y en adelante evité ir a los baños de vapor, fue la única forma de poner fin a esa obsesión. En adelante procuré ser más cuidadoso con la gente que pudiera conocer, me hice más desconfiado, si antes no buscaba una relación formal, ahora menos lo haría, seguí con la parte de buscar sólo sexo, sin ningún tipo de compromiso, sin ningún futuro, sin ninguna formalidad, sexo ocasional, esporádico, sólo eso.
 

Pasó el tiempo, no supe más de Raúl, no lo volví a ver ni a saber de él nunca más, hasta hoy que fui a otros baños de vapor después de meses de no presentarme en un lugar así. Encontré por fin al hombre que me había gustado aquella vez que yo llegaba y él salía, al verme también me reconoció de ese día que nos cruzamos, me sonrió, recordaba vagamente su cuerpo, seguía viéndose bien, y por fin ésta vez accedió a estar conmigo, por fin tuvimos sexo y fue muy placentero. Nos vimos fuera de los baños, accedió a tomar una cerveza en una cantina cercana y platicamos cosas sin importancia, hablamos de la vez que nos encontramos y que no hicimos nada y en la plática salió que él conocía a Raúl, no le dije todo lo que yo había pasado con él, sólo le pregunté cómo era que lo conocía y me dijo que era muy conocido en los baños, buscaba gente para crear fantasías, me contó que Raúl al parecer tenía un problema psicológico por el abandono de su padre cuando era niño, tampoco sabía mucho de él y lo último que supo es que alguien lo había asesinado, no se supo quién, sólo que lo encontraron muerto en el cuarto al fondo de su casa a donde él llevaba a sus invitados...

Por: Martín Soloman