PAGINAS

11 de marzo de 2020

El fin de la inocencia


Cada día nos hacemos más viejos, y con el paso del tiempo comenzamos a ver en retrospectiva lo que fue nuestra vida, o lo que no fue, y cuán torpes e ingenuos fuimos en algunos momentos. Todo eso que nos ocurrió, hoy es como un sueño muy lejano, el ritmo tan acelerado de nuestra vida actual hace difícil creer que alguna vez vivimos en otras circunstancias, donde no existían todas esas cosas con las que hoy convivimos, las personas, las desventuras, las frustraciones, los sueños rotos, las pérdidas, incluyendo la pérdida de la inocencia, porque todos alguna vez fuimos inocentes, aunque ya lo hayamos olvidado…

Creo que desde que tengo uso de razón me han llamado la atención las personas de mí mismo sexo, pero no era algo que yo hiciera consciente en mi infancia, era más bien una especie de admiración por otros niños que estaban más desarrollados que yo, que eran mejores en los deportes, algo opuesto a lo que yo era, un niño muy delgado que había sido muy enfermizo, débil y por lo mismo muy malo para los deportes, cuyo refugio lo encontraba en la biblioteca de mi pueblo, donde pasaba la mayor parte del tiempo. Nunca he negado mis orígenes, provengo de una familia pobre, gran parte de mi niñez vivíamos en dos cuartos que el abuelo nos prestaba, sin agua potable, únicamente  con energía eléctrica que sólo servía para los focos porque no teníamos ningún aparato electrodoméstico ya que estaban fuera de nuestro alcance. Y la mayoría de los niños éramos así, pobres, en un pueblo de raíces prehispánicas, profundamente religioso y que vivía del campo, sembrando maíz, jitomate y después caña de azúcar.

Así pasé la vida hasta llegar a la secundaria, tuve algunas novias pero todo era demasiado blanco, demasiado ingenuo, sin embargo, en secreto admiraba a los compañeros que eran mayores que yo, a los que les comenzaba a salir el bigote, que tenían cuerpos con vello corporal y quería ser como ellos, me parecían muy masculinos, muy diferentes a mi  debilucho cuerpo de adolescente, era un pensamiento sublimado a través de idealizarlos. En el fondo no era consciente de mi orientación sexual, pensaba que quizás algún día yo también me casaría con una mujer, tendría hijos, y viviría feliz, pensaba de ese modo porque ya había tenido novias con las que tuve mis primeros jugueteos sexuales sin llegar a la penetración y había sido placentero. Desconocía la forma como se daba el sexo entre dos hombres, no había tenido relaciones con ninguno, solo admiraba sus cuerpos, quería ser como ellos, aún no era consciente de que realmente tenía una preferencia sexual diferente y el hecho de que proviniera de una familia muy conservadora no me permitía reconocerlo ni siquiera para mí.

Mi sexualidad en ese momento no era un tema tan importante para mí como lo era el de la profesión u oficio que elegiría y que me permitiría mantenerme el resto de mi vida, así que si no quería terminar como la mayoría, trabajando en el campo, tenía que seguir estudiando y tendría que ser fuera del pueblo donde estaban las oportunidades, así que comencé a ver junto con mi familia las opciones para seguir estudiando. Una de las opciones era ingresar a una escuela rural, tenía un sistema de becas para estudiantes de bajos recursos que incluían la Preparatoria y la Universidad con un internado, de tal forma que no habría que preocuparse por hospedaje y alimentación. Era una buena escuela pero tenía mucha demanda, había que hacer un examen de admisión y pasarlo. Dicen que debes tener cuidado con lo que deseas porque se puede hacer realidad. Ese examen habría de cambiar todo y habría de enfrentarme por primera vez con la pregunta de: “¿Quién soy yo?”  y a cuestionarme todo lo que daba por sentado hasta entonces, a romper mi esquema de vida y a enfrentarme con la realidad, esa que no siempre nos gusta, esa que nos golpea.

Hasta entonces había vivido como hijo de familia, no conocía gran cosa de la vida, parecía como si hasta entonces hubiera estado en una gran burbuja familiar donde todos tenían buenas intenciones y yo podía confiar en todos. Tenía en ese momento 14 años cuando fui a sacar mi ficha para el examen de admisión para nuevo ingreso a Preparatoria que sería en unos tres meses. Pasó el tiempo y se llegó la fecha de presentar el examen de admisión. La escuela me quedaba lejos, así que un día antes me fui con unos parientes lejanos que me dieron alojamiento por esa noche para que al día siguiente, muy temprano, antes del amanecer, me trasladara a la escuela para presentarme al examen. Me acompañó una tía, llegamos temprano, éramos muchos aspirantes esperando que abrieran las rejas para ingresar al examen, muchos jóvenes con la esperanza de poder continuar estudiando, muchos acompañados de sus familiares, otros solos, todos con cara de nervios, humildes, sencillos, igual que yo. Por fin abrieron las rejas y entramos, mi tía me dijo que me iba a estar esperando bajo la sombra de unos árboles, todos buscábamos los carteles que nos indicaban en qué edificio nos tocaba presentarnos, localicé el mío y me dirigí hacia allá.

Llegué a tiempo al salón, aún faltaba la mitad de los aspirantes que poco a poco fueron llegando. Al frente ya estaban los profesores que aplicarían el examen, en ese momento supuse que lo eran, tiempo después habría de darme cuenta que no lo eran. A la edad que yo tenía los veía ya mayores, quizá de unos treinta años, uno era flaco, cara larga y marcada por el acné. El otro regordete, de cachetes inflados y de bigote escurrido. Nos repartieron los exámenes y nos dieron las indicaciones, creo que nadie de los aspirantes nos conocíamos, todos estábamos nerviosos, así, el examen inició. El profesor regordete andaba entre las filas, me parecía que se detenía mucho junto a mí, en algún momento y con el pretexto de ver lo que estaba contestando en el examen, me repegó su entrepierna, rozando con su miembro mi hombro. Me quedé frío, estaba seguro que había sido intencionado, hasta ese momento yo no había tenido algún acercamiento sexual con un hombre, ni siquiera estaba seguro de lo que yo quería.

El impulso que tuve al momento fue de rechazarlo, pero no podía hacerlo, no era un momento adecuado para eso, él era una figura de autoridad ahí y me puse muy nervioso, no podía decir nada, no podía hacer nada, era el examen de ingreso a la escuela que era mi única oportunidad de continuar estudiando, tenía claro que mis padres no podían pagarme los estudios en ningún lado.  ¿Por qué entre todos los que estaban ahí me había elegido a mí? El profesor fue agarrando confianza y volvía de vez en cuando junto a mí, era como hacer valer su posición de poder al ser el que supervisaba la aplicación del examen. Y siguió con más, en algún momento se puso de cuclillas junto a mí y fingió apoyar su mano en mi pierna, pero lo que realmente estaba haciendo era buscar mi verga por encima del pantalón. Tuve una reacción inesperada, una erección involuntaria, no asociada al deseo sexual, mi cuerpo estaba frío y tenso, la sensación de placer quedaba aplastada por un sentimiento de  repugnancia, de asco, de algo prohibido que recorría mi cuerpo como un veneno amargo y helado. No era algo que yo quisiera, no era alguien que me gustara, no era algo para lo que yo estuviera consciente de querer hacer, al contrario, pero no podía hacer nada porque él era un profesor con la autoridad que en ese momento tenía como aplicador del examen y por el hecho de que lo quisiera hacer con quien era un recién egresado de la secundaria, yo realmente era un menor de edad.

Sentía que el tiempo pasaba muy lento, no sabía si los otros estudiantes se daban cuenta o no, concentrados cada quien en su propio examen. Y ambos profesores estaban en complicidad. Después de uno de los toqueteos del profesor y al caminar hacia el frente donde estaba el otro aplicador del examen, pude ver como el regordete que me toqueteaba le hacía una señal clara con las manos de “a este ya me lo cogí” mientras el otro profesor asentía y sonreía socarronamente. En ese momento decidí que no podía quedarme hasta el final, algunos de los que estaban en el salón habían comenzado a entregar sus pruebas, yo aún no terminaba pero en ese momento me levanté para entregar mi examen, el profesor que me había estado tocando me dijo que me quedara, por si algo estuviera mal en mi examen, le dije que no podía porque mi familia estaba afuera esperándome y salí. Recuerdo que una vez fuera corrí por la explanada hacia la salida, corrí hasta llegar fuera a donde estaba mi tía esperándome. Ella llevaba algo para almorzar, recordé que por salir temprano no tenía alimento en el estómago, pero le dije que no, que nos fuéramos, no quería estar más ahí, ella insistió en que comiera algo, comí sin hambre y rápido, sólo quería irme de ahí.

Regresé a mi casa diciendo que sentía que me había ido muy mal en el examen, los vi a todos cabizbajos, sabía que no podían costearme estudiar en algún otro lado, si quería seguir estudiando debía irme a la capital del Estado, y aun cuando entrara a una preparatoria pública, eso implicaba costear traslados, hospedaje, alimentos, y sabía que mi familia no podía hacerlo. Esa escuela rural era mi única opción para estudiar, enfrentaba un sentimiento encontrado entre el deber ser y el querer ser, algo que habría de estar presente en adelante en las decisiones de mi vida. Pero el sentido del sexo se volvió para mi algo vergonzoso, desde ese incidente cada vez que me masturbaba inmediatamente después de la eyaculación tenía un enorme sentimiento de culpa, culpa por lo que era, por ser un homosexual, y la sensación era desagradable, algo satisfactorio como el orgasmo se volvía inmediatamente en lo opuesto.

No había más que esperar, pasaron un par de meses sin tener noticias de la escuela rural, yo comenzaba a buscar otras opciones, pero en el fondo tenía miedo, miedo de que un día me dijeran que había pasado el examen y de lo que sabía que podía venir, los días se hacían largos, hasta que un día llegó un telegrama, había sido aceptado como estudiante bajo la modalidad de internado. Mi familia estalló en alegría, yo sólo hice una mueca, sabía lo que me esperaba, y debía enfrentarlo solo, a partir de entonces estaría solo, ya no había nadie en quien confiar, me daba cuenta que la gente era perversa por naturaleza, era como si de repente la juventud hubiera terminado y no sabía cómo enfrentar la vida que se me venía encima, solo. Había llegado el fin de la inocencia para mí…


Por: Martín Soloman

1 comentario:

  1. Tuve una experiencia similar mi primo es gay y una vez trajo a su novio (yo soy gay en ese entonces yo tenía 17 años) y pues se pusieron todos borrachos a mi en lo particular no me gusta tomar así que me fui a dormir a mi cuarto pero entonces entró al cuarto el novio de mi primo era alguien que a mí gusto era feo cuando yo estaba durmiendo me empezó a tocar mi verga yo no sabía que hacer yo finguia estar durmiendo y me movía para que me dejara en paz pero seguía tocando me por suerte llegó mi tía y el me dejó de tocar y se fueron recuerdo esa noche yo estabae estaba con migo mismo y con ese sujeto pero más con migo porque no fui capaz de hacer nada de hecho el sujeto ni siquiera me agradaba me quedé pasmado ni siquiera me exite cuando me tocaba me dió asco y lo peor esque sigue siendo novio de mi primo y yo no soy capaz de decirle que su novio es un perro en ese momento me hervía la sangre cada vez que lo veo me da un coraje pero esta vez se que si me vuelve a tocar le parto la madre y desde ese momento jure que nadie me tocaría sin mi consentimiento

    ResponderEliminar

Comentarios:


Gracias por comentar