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20 de agosto de 2020

Don Marcos, mi vecino

Toda mi vida la he vivido en el rancho, aquí todo es lento y tranquilo pero hay una cosa que si es rápida, así como cuando enciendes la caña seca y pronto obtienes un incendio, así son los chismes en el pueblo, y uno muy grande se avecinaba, pronto estaría a vista de todos e impactaría mucho a mi propia familia.

Desde muy pequeño me sentí atraído por los hombres mayores, nunca entendí cuál era la razón, pero cuando veía un hombre adulto que me parecía atractivo, tenía unas ganas tremendas de abrazarlo y de que me abrazara, no todos los hombres me provocaban eso, pero si algunos. La primera vez que tuve contacto con el vecino fue una vez que salí corriendo de casa y quedé estupefacto viéndolo en la calle muy cerca de la carretera, creo que aún no tenía ni 5 años, pero verlo sin camisa me impresionó mucho, el corrió hacia mí y me levanto en sus brazos y me llevo a casa, mis padres le agradecieron, pero yo solo estaba absorto tocando el pecho y los brazos de mi salvador, no escuché los regaños de mis padres corrigiéndome. Olvidé este incidente y fui creciendo, seguí mi vida con las preocupaciones propias de un niño de nivel primaria y después de secundaria, hasta qué...

Un chisme muy candente llego a mis oídos cuando tenía quince años, escuché cuando mi mamá le contó a mi papá que decían que el vecino era puto que metía hombres a su casa cuando su mujer no estaba y que incluso se sabía que dentro de casa siempre andaba desnudo, esto en el rancho era algo del diablo que nadie se atrevía hacer o admitir que lo hacía, solo era un chisme que muchos sabían pero nadie se atrevía a confirmarlo.

Sin embargo el vecino actuaba normal, como cualquier hombre padre de familia en el pueblo, por las mañanas salía a trabajar y regresaba por la tarde, tenía amigos, se emborrachaba con ellos y cumplía su obligaciones familiares como todos los hombres de su edad, su esposa era una señora muy agradable que siempre fue buena conmigo, era difícil creer que ese señor fuera un depravado sexual que tenía sexo con hombres en su propia casa donde vivía con su dulce mujer, ellos también iban a la iglesia y lo único raro en su familia es que nunca tuvieron hijos, pero era porque ella era estéril según había oído decir a mi madre, que por cierto, era una de las señoras más chismosas del pueblo.

 Para ese entonces yo era un adolescente y ya comenzaba a tener curiosidad por el sexo pero sabía que no me gustaban las niñas de mi edad ni las adultas, yo siempre disfrutaba viendo a mis tíos, maestros o conocidos de mi papá, me gustaba verlos porque para mí ellos eran muy atractivos e interesantes, saber que el vecino podría ser homosexual me dio mucha curiosidad, pero yo aún era muy joven y no tenía claro todavía en que consistía tener sexo con otro hombre.

 Una tarde mi papá me mando a casa de este vecino llamado Marcos a dejarle una pala que le había prestado, en el camino solo iba pensando en lo que la gente decía de él, y de pronto me encontré deseando verlo asomarse por una ventana con poca ropa o algo por el estilo, así que llegue a su casa atravesé el jardín y llegué a la puerta y le grité.

 -¡Don Marcos!

 Mientras esperaba, yo estaba nervioso, no sabía cómo me recibiría, de pronto se abrió la puerta y apareció un hombre de aproximadamente 45 años, de estatura promedio, cuerpo marcado por el trabajo, moreno, estaba ahí sin camisa y con unos boxers flojos,

Don Marcos aquí le manda mi papá su pala dice que gracias.

-Dile a tu papá que cuando la necesite aquí estará la pala.

 Y al parecer noto que yo solo le veía la entrepierna así que me dijo:

- ¿Y la novia?

- No, ¿cómo cree?, no tengo novia.

Yo, con una voz aún de nervios, él solo sonrió y me dijo;

- Esperemos pronto traigas a la novia, aunque si no es así, tampoco es un problema, algo se podrá hacer...

Y me miró fijamente, con una mirada de esas que te ven hasta los huesos, y para las cuales no sabes ni cómo responder porque te sabes expuesto. Solo pude sonreír nerviosamente y salí corriendo de ese lugar, mi corazón latía demasiado, y en mente solo tenía aquella imagen de él en boxer y sin camisa.

No volví a hablar con él, ya no lo busqué, tuve miedo de que al buscarlo algo malo pudiera ocurrir, algo para lo cual yo no estuviera preparado, aún así sabía que en el fondo me provocaba emociones muy intensas. A partir de entonces soñé varias veces con él, en situaciones muy comprometedoras, la última fue cuando lo soñé en un balneario cercano, un pequeño paraíso donde hay un río y el lugar tiene mucha vegetación, en mi sueño lo veo saliendo del agua y acercándose a mí, está totalmente desnudo y tiene un enorme y hermoso pene, pero tristemente en todos esos sueños siempre despertaba en esos momentos, cuando estaba a punto de tocarlo.

Pasaron los años y no volví a platicar con él hasta que un día hace poco a mis veintidos años regresaba de la universidad y pase por su casa y al voltear lo encontré sentado, sin camisa, pensativo y tomándose una cerveza en su jardín sin que me viera, ese día volví a sentir por él, lo que años atrás había sentido, tenía un deseo fuerte por verlo sin nada de ropa, pero la diferencia ahora es que yo estaba preparado para cualquier cosa que se diera con él. Llegué a mi casa y mis papás habían salido a hacer la compra de la semana, estaba yo solo, así que comencé a idear como acercarme a él, en el límite de su terreno con el de mi papá había unos árboles de guayabas así que me dispuse a pasearme por esa zona del terreno según yo cortando guayabas, hacía ruido para llamar su atención cuando de pronto lo veo caminando hacia mí, sus ojos con una mirada de complicidad, como si entendiera mis intenciones, yo estaba muy emocionado cuando detrás sale su esposa y me saludo de un gritó:

-Hola Ramiro corta muchas guayabas ya que solo se están cayendo, Marcos, ayúdale a llenar su cubeta.

Marcos solo sonrió, sin inmutarse, cortamos guayabas sin hablar mucho, cuando sale sus esposa y le avisa que iría a casa de su mamá y que regresaba más tarde, Marcos me vio y me sonrió como divertido y me dijo:

 -Ya nos quedamos solos.

Mi corazón latía a mil por hora, solo alcance a responder en voz baja:

-Es lo que quería...


Y al parecer me escucho porque fue ahí sin decir nada que se me acercó y me sobo la espalda y después bajo su mano tocando mi trasero, entonces vi como su verga se ponía dura bajo el pantalón, se veía dura y muy grande, yo sin saber que decir le di un beso, sí, besé sus hermosos labios, sí, yo con 22 años estaba besando a un hombre de más de 50, entonces estando tan cerca de él pude notar lo gran atractivo que era, un cuerpo maduro, fuerte, creado al calor del trabajo duro del campo, una piel morena suave y con líneas de expresión en el rostro, aún sin arrugas. Y un pelo que apenas tenía unas canas en las sienes. 

Ese beso fue mágico, sentí por primera vez su verga cuando comencé a tocársela mientras lo besaba. Pero entonces paro en seco el beso y me dijo que nos podían ver qué mejor nos metiéramos a su taller, donde además podíamos estar más cómodos, nos metimos y lo que paso ahí fue muy placentero para mí.

Comenzamos con besos apasionados, poco a poco él fue bajando a mi cuello, a mi pecho, se detuvo en mis pezones pasó su lengua una y otra vez y daba pequeñas mordidas que me retorcían de placer y regresaba a mis labios, nuestros labios se fundían entre sí, su lengua entraba y jugaba con la mía, yo estaba súper prendido así que bajo a mi verga y comenzó a lamerla por fuera tal como una paleta, me la chupo completamente, bajo a mis huevos y se los metió en su boca yo estaba tan excitado que estaba a punto de venirme así que le dije que casi terminaba, él se detuvo y se sacó la verga, era una cosa hermosa era como lo que había soñado antes. Sin dudarlo comencé a chuparla, la disfrute demasiado hasta que explotó en mi boca. Sin dudarlo me pase todo, era lo más rico que había hecho, él me paro y comenzó a chupar mi verga hasta que me vine en su boca, se tragó mi semen para después fundirnos nuevamente en un beso que duró varios minutos.

Me subí el pantalón y está vez no salí corriendo, las cosas habían cambiado entre nosotros, ya no era el niño o el adolescente del pasado, ahora me sentía un verdadero adulto, aún así tenía muchas cosas en que pensar, mi cabeza estaba inmersa en muchos pensamientos, él solo me dejó ir sin decir nada, pero una cosa si sabía y era que ese momento se iba a repetir y cada vez sería mejor.

Los días pasaron y de pronto un día mientras yo preparaba el almuerzo para mis padres y para mí, recibí un regaño de mi madre, me decía que andaba como ido, que cuál era la razón, "anda enamorado" dijo mi papá y yo solo alcance a sonreír, era obvio que el vecino me hacía sentir así, me asome por la ventana y lo vi salir como siempre tan quitado de la pena, haciendo sus cosas diarias, era evidente que sólo yo estaba impactado por lo que había pasado entre nosotros, él no. Pero esa noche lo volvería a ver de nuevo, teníamos que continuar lo iniciado días atrás...


Continuará…

Anónimo

Adaptación: Tigrillo Serch

14 comentarios:

  1. Me parecio muy real y quedo en espera de la 2a. Parte

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  2. Si el vecino existe dime donde es,haber si me ayuda recoger guayabas

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  3. Muy buena historia, estaré esperando la segunda parte.

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  4. A veces siento que tardas mucho en escribir...

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  5. Me prendió. Hacen falta más relatos así

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  6. Su pinshi madre.. me has dejado nuevamente con la verga bien parada!

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Comentarios:


Gracias por comentar