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22 de octubre de 2020

Víctor, el panadero

 Víctor, el panadero

Muchas veces mientras me abrazaba, me decía al oído que jamás había conocido a otro joven tan hermoso como lo era yo, que deseaba que jamás me apartará de su lado. Yo me sentía halagado y de alguna manera disfrutaba de haber conquistado a un hombre como él. Era el momento más feliz de mi vida, nunca antes me había sentido tan amado, como cuando estaba a su lado.

Han pasado más de 20 años desde entonces y aún recuerdo claramente esa época de mi vida, me doy cuenta que aún era un jovencito, sin experiencia, que aún tenía mucho por aprender. Solo tenía 21 años de edad, trabajaba como cobrador para una pequeña mueblería de mi región y aún no sabía qué hacer con mi vida, pero de algo si estaba seguro, me gustaba disfrutar del sexo. Siempre que tenía oportunidad me iba a coger con tipos que encontraba en mi camino y no me avergüenza, es de lo más natural, yo era feliz así, tampoco era algo que hiciera a diario y con cualquiera que se me atravesará en el camino, a mí me gustaban los machos y tenía habilidad para encontrarlos en donde quiera que me movía. Para mí abundaban los hombres "heteros" que  gustaban de coger con otro macho, solo hay que saber buscarlos, había de todo en mi repertorio, albañiles, obreros, mecánicos y de muchos otros oficios que gustosamente habían compartido momentos de intimidad conmigo. Creo que mi aspecto era atractivo, me gustaba usar mezclilla con playeras sin mangas y mis brazos eran fuertes porque antes había hecho trabajo duro, eso había definido mi cuerpo. Era llamativo y no porque fuera de belleza extraordinaria, sino porque era muy amistoso, sabía caerle bien a casi todo mundo y la ropa sugerente de la entrepierna que usaba servía mucho, quienes se sentían atraídos por mí, lo demostraban, solo tenía que aprovechar esas oportunidades.

Sin embargo, aunque quizás les parezca una contradicción, yo formaba parte de un grupo religioso de esos donde cantan mucho, estaba ahí porque había personas que eran buenas conmigo y me apoyaban, ya que siendo muy pequeño había quedado huérfano y había sufrido mucho, y esas personas habían sido las únicas que me habían ayudado. Pero para estar con ellos debía tener cierto comportamiento decente que yo nunca pude tener al cien por ciento, sobre todo porque la homosexualidad era considerada un pecado y si alguien era descubierto cometiendo pecados como esos recibía un castigo y hasta podía ser echado del grupo.  Todos debíamos comprometernos a vivir según los preceptos del grupo religioso.

Yo había aprendido a ser buen tipo frente a ellos, pero siempre decidía qué era lo mejor para mí, y en ocasiones hacia lo contrario de lo que me decían sin que al parecer lo notarán. Creía en Dios, pero pensaba que si disfrutaba de estar sexualmente con hombres no era tan malo, después de todo decían que uno mismo había sido creado a la imagen de Dios y además en muchos otros aspectos me consideraba buena persona, si alguien necesitaba algún apoyo que podía dar, se lo daba y en mi vocabulario no había ni una grosería, trataba de ser amable con todo mundo, era del tipo de joven que ayuda a una ancianita a cruzar la calle dándole el brazo. Por supuesto que mis opiniones más personales acerca de la homosexualidad no se las decía a nadie de mis hermanos religiosos, pues no lo entenderían y quizá hasta me echarían de su grupo.

En esa época hubo un cambio de personal en la mueblería y entonces me mandaron a otra localidad a trabajar. Al principio yo no tenía en qué moverme para hacer las cobranzas, así que por hermanos entre la gente de mi religión me pusieron en contacto con un hermano de la nueva localidad donde trabajaría quien me podía ayudar con una bicicleta prestada. Así fue como conocí a Víctor, al principio no llamo mi atención, él era de piel muy blanca, creí que era así porque siempre estaba encerrado trabajando en una panadería, usaba un bigote pequeño como el de Chaplin y me daba la impresión de que tenía la forma de ser de un viejo por la ropa que usaba y la actitud seria que mostraba, pero con el tiempo me di cuenta que era muy atractivo y aún muy joven pues tenía solo 30 años.  Trabajaba con otro panadero en el negocio, un señor muy bromista que debía de tener en esa época unos 50 años de nombre Alberto y, a diferencia de Víctor que era muy reservado, este señor era muy extrovertido. Ambos fueron muy amables conmigo, y poco a poco los fui conociendo mejor, cada vez que iba a pedir la bici prestada platicaba con ellos y se sorprendían de mi forma de ser siendo tan joven.

Con el tiempo me di cuenta que el otro panadero, Alberto, demostraba un interés muy particular en Víctor, y él parecía no darse cuenta o lo fingía, pero el otro le bromeaba tanto y lo halagaba de una forma tan exagerada que parecía que ahí había algo más, no creo que yo fuera el único en notar eso, a veces Víctor parecía apenarse un poco, pero nunca decía nada. Yo solo reía cuando pasaba eso. Cierto día Víctor me dijo que por la tarde cuando entregará la bici quería hablar conmigo. Así que en la tarde cuando volví a su casa a entregarla pregunté por él, yo sabía que a esa hora él ya no estaba trabajando. Me dijeron que subiera a su casa, que él vivía en el mismo lugar donde estaba la panadería, hasta arriba, en el tercer nivel, subí las escaleras.

Víctor me invitó a pasar, estaba en unos shorts y una camiseta sin mangas que lo hacía ver más joven y muy atractivo, entonces me dijo que lo que quería era preguntarme si estaba a gusto con la bicicleta, si de verdad me servía. Le agradecí y le dije que si me era muy útil. Me comentó que pensaba comprarse una motocicleta y me preguntó si me serviría más y si yo sabía manejarla. Respondí que a mí me sería muy útil, pero que en la empresa donde trabajaba todavía no estaban dispuestos a invertir en mí con una moto porque tenía poco tiempo trabajando para ellos. No me quedo claro para que quería la moto, no creí que solo fuera para que yo la usará. Durante la conversación note que me observaba de distinta forma, en ocasiones me veía la entrepierna, al inicio platicamos de temas religiosos por los cuales estábamos en el grupo, pero terminamos platicando de todo, él era casi diez años mayor que yo, pero en esa conversación me di cuenta que aún era muy joven y quizá con menos experiencia que yo en algunos aspectos, lo comencé a ver como un igual y dejé de hablarle de usted, comencé a tutearlo. Por momentos sentí esa compasión que otras personas me demostraban al enterarse que yo había sido huérfano, pero en otros momentos percibía cierta atracción hacia mí. Se hizo tarde y yo tenía que volver a mi localidad, donde vivía. Me invitó a quedarme y yo ya me sentía fuertemente atraído por él, pero no acepte, no quería equivocarme. Aún tenía ciertos escrúpulos, había decidido no tener sexo con hombres de mi religión, para no meterme en problemas. Y también tenía una imagen muy positiva de Víctor, sabía que como en todas las religiones hay personas sinceras y buenas que valen la pena y personas hipócritas y con muy malas intenciones para los demás, Víctor era de las primeras y no quería echar a perder la buena amistad que teníamos, además de que sabía que él tenía una novia y que tenían planeado casarse pronto. Así que esa noche decidí irme y le dije que mejor en otra ocasión que se me hiciera tarde, si se me ofrecía me quedaría en su casa. Aceptó y me dijo que siempre sería bienvenido.

La siguiente semana pensé que sería práctico para mí quedarme una noche para avanzar temprano en mí trabajo del día siguiente, por lo que antes de terminar la jornada pasé a preguntarle si seguía en pie su invitación de quedarme en su casa. Me dijo que sí, que estaría solo. Cuando regrese más tarde fue muy hospitalario conmigo, él vivía solo en la parte más alta de la casa familiar, era un departamento independiente y era el lugar donde más tarde viviría con su esposa. No tenía todos los muebles aún, así que me dijo que si no tenía problema podíamos dormir en la misma cama. Platicamos y me dio muchos consejos, me trataba como un hermano menor, esta vez no note su mirada braguetera y nos fuimos a dormir. Después de apagar la luz todavía escuché cómo oraba en voz baja, hasta que supuse que se había quedado dormido, pero más tarde en la oscuridad y el silencio, sentía su cálido cuerpo muy cerca del mío y estaba seguro que no estaba durmiendo, entonces toque de forma casual sus nalgas, al principio estuvo inmóvil, sólo escuchaba su respiración a intervalos, mi miembro estaba erecto y se lo comencé a rozar en las nalgas, escuchaba su respiración haciéndose más fuerte, luego se volteó hacia mí  y lentamente me acaricio el cuerpo para después buscarme la verga con su mano, entonces se bajó a mamar, no lo hacía muy bien, si le faltaba experiencia, pero no importaba, ya estábamos muy calientes y entonces lo puse de espaldas y lo comencé a penetrar, se quejó pero no se quitó, hasta que lo penetré a fondo, luego me comencé a mover para cogerlo cada vez más rápido hasta que me vine con un grito ahogado, él no dijo nada y yo tampoco. Al día siguiente él no comento nada sobre lo sucedido y yo tampoco toque el tema. Nos despedimos y nos vimos hasta la siguiente semana.

Ese día por la mañana cuando fui por la bici a su casa, estaba el otro panadero afuera y platicamos un poco, me preguntó qué le había hecho a Víctor que estaba muy feliz desde el día que me había visto. Solo sonreí, para entonces ya me daba cuenta que Alberto era un tipo peligroso, su boca podía meternos en problemas, que afectarían mucho a Víctor y también a mí. Respondí que seguramente estaba así de contento porque estaba próxima su boda, que eso me había contado. Y entonces la conversación cambio de rumbo, pero yo sabía bien que ese hombre podría tener celos, tenía la certeza de que estaba enamorado de Víctor y no veía con buenos ojos que nos lleváramos bien, menos si se enteraba que ya me lo había cogido. Entonces salió Víctor y también me saludo, efectivamente estaba muy cambiado, tenía un carácter más abierto y dijo que estaba así porque pronto podría comprar todo lo que necesitaba para amueblar su casa, se sobreentendía que lo hacía porque iba a casarse pronto.

Lo felicité por ello, tomé la bici  y me despedí, tenía que ir a trabajar. En esa época aún no había teléfonos celulares, decidí que si quedábamos de vernos de nuevo era mejor hacerlo sin que el otro panadero se diera cuenta. No sabía si Víctor pensaba igual, así que afortunadamente en la tarde de ese mismo día, fui a devolver la bici y Víctor estaba fuera de su casa, me comentó que Alberto ya se había ido, entonces me invitó a quedarme esa noche y acepté, no sabía si Víctor ya estaba listo para hablar sobre el tema o esperaba que las cosas solo se dieran sin hablarlas, después de todo ya había tratado con otros hombres que solo cogían conmigo pero no hablaban del tema, para ellos era como si al no hablarlo era como si no pasara nada, lo cual les permitía seguir siendo todos unos machos y eso me gustaba, que no tuvieran conflicto con el ejercicio de su sexualidad, aunque no pudieran verbalizarlo. En el caso de Víctor pronto se casaría y ya no podría pasar nada más entre nosotros, además de que un hombre cómo él podría tener mayor resistencia a reconocer su homosexualidad que otros hombres, por su religiosidad.

Esa noche cuando volví a verlo lo noté muy tranquilo, me habló como siempre con una actitud de solidaridad y como si fuera el hermano mayor que nunca tuve, entendí que quizá nunca podría hablar directamente del tema, por más que yo lo quisiera tratar, así que deje de esperar eso de él. Me gustaba mucho, era un hombre muy masculino, de buen cuerpo, de una piel muy bonita y con un pequeño culo delicioso, la verga no se la había visto, creía que solo era pasivo. Se repitió lo mismo que la vez anterior. Más tarde cuando ya estábamos en la oscuridad acostados, de nuevo me lo cogí y no dijo nada, solo se dejó llevar. Está vez comencé besando su cuello y baje haciéndole beso negro, por experiencia sabía que si le hacía eso a un hombre “hetero”, terminaba aflojando las nalgas. Hurgaba yo entre sus nalgas abriéndolas y eso lo prendió mucho y termino de nuevo entregándose a mí, solo gemía, pero nunca dijo nada, yo tampoco quise incomodarlo y no dije nada. Pensé que quizá debía solo disfrutarlo mientras se pudiera y pensando en eso me quede dormido a su lado. Al siguiente día desperté y de nuevo me habló como si nada. Me comentó que era su día libre y que quería invitarme a comer a algún lugar. Acepte y quedamos en vernos a cierta hora en el centro de la localidad. En ese punto yo sabía que tenía que irme temprano, antes de que el otro panadero llegara para que no me viera bajar del departamento de Víctor.

Solo trabaje mediodía, fui a comer con Víctor y después fuimos a un partido de fútbol de uno de sus hermanos, nos sentamos apartados, y él comenzó a hablarme diciendo que la primera vez que me había visto le había agradado mucho y que desde esa primera vez había deseado abrazarme, porque sintió como una necesidad en mí de ser abrazado y querido, pero se había controlado porque ahí estaba el otro panadero. Hasta ahí yo interpretaba que eso me lo podía decir cualquier hermano de la religión. Quienes han sido religiosos saben que esas declaraciones pueden ser dichas por otros hombres religiosos, por alguien que puede estimarte y verte necesitado de afecto. Pero aquí el contexto era otro. Entonces le pregunté: ¿también me querías abrazar porque te guste? Se sonrojó y quedó en silencio un instante. Después siguió diciendo que hasta ese momento solo era capaz de decirme que disfrutaba mucho de mi compañía y que se la pasaba muy bien cuando me quedaba a dormir en su casa, que esperaba que esa noche me quedara de nuevo. Sus palabras me provocaron una fuerte erección en ese momento y tuve que cubrirme con una mochila que llevaba, pues su hermano se acercaba hacia nosotros. Solo alcance a decirle que estaba bien, que comprendía lo que sentía y que claro que si quería quedarme esa noche y muchas más, me miró fijamente y su guapo rostro se iluminó con una gran sonrisa.

Esa noche comenzó todo, en cuanto entramos a su departamento me fui a dar un baño y el apareció después para bañarse conmigo, no dijo nada al principio, solo se metió al baño y comenzó a tocarme, acariciarme, a abrazarme y después a decirme que le gustaba, que me amaba, que todo el tiempo pensaba en mí, que ya no podía vivir sin verme, que mis ausencias eran un martirio y que deseaba verme todos los días. Me sentí conmovido, amado, apreciado, necesitado, por primera vez también me sentía enamorado, Víctor era el primer hombre del cual no podía alejarme. Los demás hombres con los que había cogido no habían significado nada, pero Víctor era una necesidad para mí. Y así vivimos un romance durante varios meses, afuera solo éramos amigos y nada más, pero entrando a su departamento nos olvidábamos de todo y de todos y nos fundíamos en uno solo, nos conectábamos de todas las formas posibles, porque éramos muy parecidos en intereses. Solo había un problema, el mundo religioso al cual pertenecíamos no estaría de acuerdo nunca con nuestra relación y pronto tendríamos que tomar una difícil decisión.

 La fecha de su boda se acercaba, ya estaba a solo un mes de casarse y él evitaba hablar conmigo de ese tema, era como si al no hablarlo pudiera posponerlo. Cierto día mientras yo estaba trabajando, lo encontré con su novia y los saludé, ella era una mujer muy bonita y de agradable carácter, que me saludó efusivamente. En cambio Víctor fue seco, se veía incómodo, como si le fuera desagradable el encuentro conmigo, le había roto el esquema y no sabía qué hacer. Sólo se limitó a saludarme y a irse con ella. Más tarde cuando lo vi trato de evitar el tema y me dijo que había cosas que no podía cambiar. Entendí que muy probablemente el seguiría su vida y eso significaba que lo que teníamos terminaría, que simplemente ya no tendría tiempo para mí y se alejaría, pensar en eso me dolía.

Víctor tenía un serio conflicto, no podía renunciar a lo que tenía conmigo, hacíamos mucho más que pasar el rato, nos amábamos y disfrutábamos de nuestra compañía, pero no teníamos un futuro, ¿en qué mundo podríamos ser una buena pareja a vista de todos? Por otro lado tenía un compromiso previo con su novia, había mucha presión social para que se casará, además de que sentía algo por ella, quizá no la amaba ni la deseaba como a mí, pero le había dado su palabra de que se casarían y algo deseable debía ver en ella, además su unión con ella representaba una buena posición en todo ese entramado social en el que se movía, y a su edad el que se casara era una exigencia social. ¿Qué decidiría?

Pero había alguien más, que tenía un gran interés en Víctor y que representaba un verdadero problema, incluso era más peligroso que su novia, me era muy notable la envidia, los celos y la malicia en él. Se trataba de Alberto, el otro panadero que había asediado durante mucho tiempo a Víctor sin tener éxito. Cierto día mientras Víctor y yo nos despedíamos con un largo abrazo, Alberto nos vio y así descubrió que teníamos algo, solo tuvo que atar cabos, entonces cambio su actitud totalmente conmigo, comenzó a tratarme groseramente y a criticarme por el uso de la bici y porque Víctor parecía darme mucha confianza, alegando que no podía conocerme tan bien como creía. Pero la presión más fuerte era para Víctor, ya que Alberto tenía esa forma de insinuar cosas ante los demás como si fueran comentarios casuales que en realidad van cargados de intencionalidad. Y Víctor tampoco tenía la suficiente decisión para poner límites a las situaciones, era cómo si sólo se dejara llevar por las circunstancias de la vida, sin saber a dónde quería llegar. Quise hablar con Víctor pero se estaba volviendo difícil estar a solas con él, hasta que cierto día me dijo que habláramos, que me esperaba en su departamento al término de la jornada.

Así lo hice, él me recibió con una expresión de no saber qué hacer, tomé la iniciativa de hablar y decirle que tenía que afrontar la situación y ser claro en lo que quería, pero él no decía nada, seguramente se sentía atrapado en una situación sin salida, sólo tenía la cabeza agachada, yo trataba de ayudarlo diciéndole posibles soluciones, pero él me dijo que me callara mientras se acercaba y me besaba, yo lo abracé, sentí su cuerpo cálido que había hecho mío tantas veces y comencé a quitarle la camisa mientras sus manos buscaban mi verga, cuando de pronto escuchamos voces afuera y se abrió la puerta, era su novia y tras de ella estaba el otro panadero, Alberto…

Continuará...


Por: Tigrillo Serch