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6 de enero de 2021

HISTORIAS PARA NOCHES DE INSOMNIO 2

 LA VENTANA


Y ahí está él, observando como la luz del alba inunda todo por la ventana de nuestra habitación. Desnudo y a la tenue contraluz observo su poderoso cuerpo delineándose más allá de mi deseo. Sus brazos, sus piernas tensas y musculosas, sus anchos hombros que tantas veces he besado con devoción. Me acerco a él y con mis dedos ya percibo esa electricidad que emana en su piel. Percibo su excitación cuando acaricio su grueso cuello y entrelazo entre mis dedos sus cabellos cortos y suaves. Mi otra mano busca silenciosamente su talle y deslizo con delicadeza la misma,  hasta encontrar su miembro siempre duro y palpitante, esperando a ser más estimulado por mi amor. Apoyo mi cuerpo en su vigorosa espalda y fundimos mi deseo con su calor corporal ya sudoroso. Lo beso despacio y abrazo su pecho por detrás. Luego acaricio sus firmes y redondeados glúteos con verdadera pasión. Él se da vuelta, me toma por los brazos y me acerca hacia su pecho. Sus ojos me hunden en su castaño profundo y su boca ya está sobre la mía. Nuestras lenguas se entrelazan y se gustan profusamente. Alternativamente abandona con su boca mi boca en busca de mis pezones y mis pelos blancos en mi pecho. Esos que tanto ama y venera en mí. Su amor me atraviesa virtualmente, me lleva y me trae a lugares de placer, de ternura absoluta que solo él sabe crear para mí. Cada caricia de sus fuertes manos me hace temblar, me moviliza y me llena de profunda ternura. Luego yo me sostengo de sus brazos y desciendo hasta su centro, para lamer sus maravillosos y redondos recervorios de vitalidad masculina. Su miembro es todo mío y en cada succión de mi boca siento sus jadeos de placer y mis dedos acarician sus duros pezones. Espero su semen. Que brote con fuerza y que llene mi boca y cuando eso sucede siento sus hermosas piernas temblar. Es momento de llevarlo a nuestra cama en silencio, recostarlo boca arriba y abrazarlo y llenarlo de caricias. El amor que siento por mi hombre ya no tiene tiempo ni lugar... los primeros rayos del sol matinal comienzan a penetrar por  nuestra ventana...


 MI SUEÑO, CONTIGO


Me encontraba, nuevamente, en una playa solitaria, pero esta vez bien adentrado en la orilla y con mi cuerpo cubierto por el agua casi hasta los hombros. Como ya sabes, yo uso bastón para caminar, pero en esta ocasión el agua me ayudaba a flotar, a sostenerme, a hacer pie en el fondo. De repente veo que una figura se acerca por el fondo cristalino del mar hacia mí,  de frente. Me toca las piernas y emerge. Eras tú, con unas antiparras de buceo, una trusa azul oscura y las aletas negras de goma en tus pies. Me sostienes de la cintura, te bajas luego las antiparras a la altura del cuello y veo tu cara, tu grueso bigote oscuro,  bien tupido. Tus profundos ojos marrones que llenan de luz mi vida y que ahora tienen un brillo intenso,  como portadores de un deseo desbordante.   Pongo mis manos sobre tus hombros y puedo percibir su anchura, su musculatura. Lo mismo tus poderosos brazos con músculos marcados y tensos. Inmediatamente me aproximas contra tu cuerpo y siento la dureza de tu pecho y tu panza, que es hermosa para mí. Me dices que estás caliente, que me viste entrar al mar y que decidiste ir a mi encuentro de manera sorpresiva dando un rodeo y buceando hasta mi. Me dices que ya no puedes soportar tanta excitación, que algo tenemos que hacer con eso. Inmediatamente siento la dureza de tu sexo contra mí y tú me dices que te bese, que introduzca mi mano en el frente de tu trusa azul. Recuerdo vívidamente cómo crece, como palpita mientras comienzo a acariciarlo. Mi excitación creciente me lleva a  apretarlo de manera vigorosa. Me besas y siento el latido de tu miembro al compás de mi movimiento con la mano. Sin darme cuenta me has llevado donde ya no hago pie y siento el desplazamiento del agua mientras mueves tus poderosas y sensuales piernas y tus aletas golpean levemente mis pies. Me sostienes con una mano por la cintura y con la otra me tocas, me acaricias metiendo la mano en mi short de baño. Me pides que me sumerja, que bese tu pecho tus tetillas, tu sexo en total erección. Lo hago por breves segundos, mientras bajo la parte delantera de tu trusa. En mi breve y ardiente exploración de tu hermoso cuerpo, me percato de la dureza de los músculos de tus muslos y pantorrillas y las acaricio mientras tomo tu sexo ya desbordante, deliciosamente sobredimensionado, vigorosamente entregado ante mi persona.  Luego me levantas un poco, me besas y me pides que te masturbe. Te beso con más pasión y comienzo a masturbarte  de manera intensa. Unos segundos bastan para sentir ese estallido de vitalidad entre mi mano y un estremecimiento rápido afloja tus manos en mi cuerpo, me dejas de besar y te tiras levemente para atrás y por un instante siento que caes en un estado de inconciencia y tiendes a flotar boca arriba. Te recuperas de inmediato con vigor y me vuelves a sostener fuertemente, pataleando y evitando que yo me vaya a pique. Me das las gracias entre jadeos entrecortados y me vas acercando hasta donde puedo hacer pie por mis medios. Me abrazas fuertemente y aún siento esa dureza entre tus piernas y tus músculos tensos. Me besas con mucha pasión, me miras fijamente y te vuelves a poner las antiparras de buceo. Tus fuertes manos me acarician y siento como me estimulas al punto exacto de  mi orgasmo final.  Me das el último beso y luego te alejas de mi buceando hasta que ya te pierdo de vista. Regreso lentamente hasta el borde donde comienza la playa y mi sueño se desvanece, con las primeras luces del alba en la ventana. El sueño a terminado,  pero mientras abro los ojos siento tu respiración en mi hombro y tus brazos rodeándome  fuertemente.

 

EL JOVEN AMOR DE LUCAS


Aún guardo en mi piel el roce de tu piel tan tersa. Tus 27 años alborotaron cada milímetro de mi ser, a un punto que jamás pude y ni quise olvidar. Cada encuentro era para mí un reto, un dulce reto que pude superar gracias a cada caricia, cada beso que me robabas y disfrutábamos luego juntos,  porque hasta ese don tenías: El de darme el doble que obtenías de mí. Yo y mis estrenados 60 eran pura ebullición ante cada caricia, cada beso, cada mirada tuya. Preso de tu adorable voz juvenil, me disponía a recorrerte, a explorar el sentido de tu vida y la mía en cada susurro, en cada gemido de placer, de vida, de pleno y auténtico gozo y que rubricábamos con un largo beso, como a ti te gustaba, como a mí siempre me encendía.

Hoy existe un un inmenso océano que me separa de ti, que me aleja de aquellas sensaciones tan vividas,  tan permanentes en mi piel...Me queda la memoria de tu perfume en mis hombros, en la humedad de mis labios,  en el brillo de mis ojos verdes que tanto amabas. Estás grabado a fuego en mis mañanas y mis noches,  en el sonido de tus pasos. Pero no te puedo extrañar porque te amé y te seguiré amando toda mi vida. En cada frecuente llamada que haces, me recuerdas que nunca te vas a olvidar de mí, que fui el amor de tu vida aunque encuentres otro a quien puedas amar y compartir tus días. Esa será secretamente mi jactancia y nunca lo sabrás, porque mi silencio se vestirá de amor hacia ti siempre. Como un premio tardío pero delicioso, a tanta juventud que entregaste generosamente en mis brazos.

 Por: Colaborador del Sur

 

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