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22 de mayo de 2013

Vaquero de media noche



Cuando alguien dice “vaquero”, ¿Cuál es la imagen que les llega a la mente? Quizás alguna escena de la de la película Brockeback Mountain, que fue ampliamente comentada. Para otros puede ser la imagen del vaquero de los comerciales de los cigarros Marlboro(cuando se anunciaban en la TV)..
Pero, ¿Qué es un vaquero? En realidad ser un vaquero es una imagen meramente visual, basta comprar la indumentaria adecuada, pantalón de mezclilla, botas picudas, camisa a cuadros, cinturón ancho, un sombrero, poner música de banda y listo. Es uno de los casos donde el habito hace al monje. Pero ¿eso es ser un vaquero?
El concepto de vaquero es la imagen del cowboy al estilo de los Estados Unidos, es un concepto cultural que no tiene raíces en el país y que la comunidad gay ha adoptado como tantas formas de la cultura homosexual que han provenido de Estados Unidos sin que tengan un trasfondo cultural en la cultura nacional. Incluso la misma palabra, “gay”, es un término americano trasladado al ámbito local, adoptado. Otro ejemplo de importar la identidad es el concepto de vaquero.
En la cultura nacional no hay vaqueros, me explico: si bien yo mismo provengo de un pueblo y mi abuelo tenía ganado y tierras de cultivo, no era vaquero, era un campesino, un hombre de pueblo que no usaba botas sino huaraches, que no tenía un sombrero vaquero sino uno de ala ancha. Los hombres que hicieron la revolución fueron así, basta ver las fotos de Casasola para saber cómo era la gente de campo hace cien años, tanto en el norte como en el centro y sur del país. Más recientemente y en el cine mexicano, la expresión del machismo se dio por películas de charros, lo que si es un concepto nacional, con una profunda raíz cultural. Mientras en Estados Unidos se comenzaba a dar el cine western, en México se comenzó a copiar y los representantes de este genero fueron los hermanos Almada cuyas películas eran copias del western americano y se ambientaban en escenarios del norte del país. El centro y sur del país seguía siendo de campesinos (pobres) y de rancheros (los más acomodados).
Quizá la película Brockeback Mountain mostró la homosexualidad callada de los vaqueros de Estados Unidos y lo hizo de una forma glamurosa, idílica, idealista, con música country, rodeos, etc. Después del año 2006 en que sale la película, el movimiento vaquero en el medio homosexual toma fuerza y comienzan a surgir grupos de vaqueros, principalmente en el norte del país, en estados que tienen una mayor penetración de la cultura estadounidense y que adoptan el estilo de vida americano como un ideal. El norteño deja de ser norteño y comienza a ser vaquero. En el centro del país el vaquero es ahora urbano, como una expresión de hombría entre citadinos. Y corresponde a la imagen que se ha plasmado del vaquero como un hombre alto, blanco, de bigote, preferentemente con barba, velludo, cuerpo delgado, ojos claros, que corresponde al tipo de gente del norte del país. Características que no se encuentran en la población del centro y sur del país donde somos más bien bajitos, morenos, lampiños, panzones. El atuendo vaquero es algo que no va, que choca con esa imagen, por lo cual el vaquero gay se vuelve un concepto urbano en el centro del país, en una contradicción a sus orígenes.
Esto no es nuevo, hace muchos años, en 1969 se filmó la película “Vaquero de media noche”, protagonizada por Dustin Hoffman y Jon Voight (para quienes no lo ubiquen, es el padre de Angelina Jolie), una película adelantada a su tiempo que mostraba al vaquero urbano como un objeto sexual, incluso cerca del final de la película el vaquero sostiene relaciones homosexuales, obligado por el tener que hacerse de dinero para sobrevivir en la ciudad. El vaquero es sobreerotizado y visto como atractivo sexual, como algo exótico, alguien con quien tener sexo debe ser fuerte, rudo, incansable, como cuando montan a una yegua.
Hace muchos años, cuando fui a un curso a la ciudad de México, conocí a un vaquero de media noche. Era un tipo de Zacatecas, alto, pelo medio quebrado, bigotazo, andar lento, pelo en pecho que se veía entre su camisa a cuadros desabotonada de arriba, pantalón de mezclilla deslavado con un cinturón ancho, y la forma de hablar típica de la gente del norte. Pero él no se asumía como vaquero, solo era quien era. Tenía un rancho en Zacatecas y había venido al DF a visitar a sus hermanos que estudiaban aquí, él no quiso estudiar y prefirió la vida del pueblo. Fuimos a un bar, entre semana casi no había gente y ahí platicamos mucho, para conocernos, me llamó la atención su sencillez, su sonrisa amplia, no usaba sombrero y era más bien moreno, de manos grandes y curtidas por el trabajo. Recuerdo que estaba de moda la música de Michael Jackson y que yo lo saqué a bailar, pero él no sabía bailar eso, así que bailamos abrazados como si fuera música norteña, lo cual resultó muy curioso. Se hizo tarde, ese día no pasó nada, pero quedamos en vernos al día siguiente, le di mi dirección del hotel donde me estaba quedando. Ese día lo esperé en el cuarto, en la tarde me llamaron del lobby porque él había llegado a preguntar por mi ahí, fui por él y lo subí a mi habitación. Ambos estábamos nerviosos, su gran sonrisa me fue animando y lo besé. Poco a poco le fui quitando la ropa, y lo que hicimos fue muy bueno, no porque él fuera vestido de vaquero, porque al final de cuentas la ropa quedó a un lado, sino por su forma de ser, el hombre que era, su sencillez y su entrega en la cama. Nunca lo volví a ver, pero cuando alguien dice de un vaquero, para mi esa es la imagen que guardo, esa es la respuesta a la pregunta con la cual inicié esta reflexión, ese es para mi un vaquero real sin que haya pensado en ese término y sin que él mismo se haya asumido nunca como vaquero. Y sin embargo tenía todo lo que se pueda idealizar en un hombre.
 
 

7 de mayo de 2013

Las dos marchas del orgullo del 2012


El año pasado y por primera vez en la historia de las marchas, hubo dos marchas, la primera el 2 de Junio, la oficial, la más concurrida, la más ruidosa, la más publicitada. La segunda el 30 de Junio, la histórica, llevada a cabo un día antes de las elecciones, una marcha escasamente publicitada, con menos gente, pero con mucho entusiasmo.
En el suplemento de esta semana de Letra S hay una pregunta que hacen al sobrino de Harvey Milk (activista conocido en México a raíz de la película que protagonizó Sean Penn) sobre el hecho de que en el año 2012 hayan habido dos Marchas en la Ciudad de México:
“Pienso en lo que mi tío haría y él diría: que las dos marchas sean exitosas. El orgullo no es cuestión de los líderes ni de los que ellos reúnen para organizar el evento. El orgullo es para los que miran, los que participan y los que marchan. Y más importantes son los que vienen, que no son gays, pero que han llegado hasta allí y ven el evento por primera vez, quienes pertenecen a una minoría, alguien que no se siente aceptado.”
Aunque hemos ido a muchas marchas, siempre había sido como espectadores, pero el 2 de Junio fue la primera vez que marchamos, solos. También fuimos a la segunda marcha del 30 de Junio por diversos motivos. Fue una convocatoria bastante limitada, muchos espacios donde la primera marcha había sido ampliamente publicitada en esta ocasión no le dedicaron ni siquiera una mención. Sin embargo la marcha se llevó a cabo, desangelada por la ausencia de carros alegóricos y de música, rodeada por el marco de la ley seca. Al inicio no eran más de 200 personas en el ángel de la Independencia, poco a poco fueron llegando, espontáneos, sin contingentes definidos, mezclados unos con otros. La marcha que inició como un movimiento político hoy en día ha dejado de ser político, es ahora un evento comercial y publicitario donde el toque lo dan los carros alegóricos de todos los antros que la promocionan y que la convocan. ¿Quien llevará el mejor carro, quien llevara al mayor contingente, quien hará más ruido, quien llevará más gente, cual antro será el más lleno?. Los homosexuales vistos solo como un gran mercado de consumidores sin valores ni ideología.
Una marcha por definición es política y se expresa a través de consignas. Si preguntamos cuál fue la consigna de la primer marcha casi nadie la podría contestar. Lo cierto es que fue una consigna vacía, metida con calzador. La segunda marcha tenía una consigna con más fuerza, haciendo referencia a un estado laico incluyente. La marcha provoca críticas en el sentido que es más un carnaval sin ideas, pero creo que la marcha en sí misma es un festejo de la visibilidad donde por un momento se comparte una libertad, y esa libertad es la mejor de las ideas donde todas las expresiones tienen cabida.
En 2012 fue la primera vez que fuimos parte de la marcha, de la visibilidad. Para quienes lo hicimos con el torso desnudo fue una sensación diferente el sentir el sol, el viento y el fresco de la tarde en las calles donde normalmente el calor del medio día nos sofoca bajo un saco y corbata. Encontramos viejos amigo y conocimos nuevos, conocimos caras nuevas, expresiones diferentes de lo que somos.
Pero más allá de las convocatorias promocionales y de los carros alegóricos patrocinados por los antros nocturnos, la gente sigue saliendo a mostrarse, a marchar, como se vio en la segunda marcha, la gente participa, se muestra de forma independiente. Sin convocatorias “oficiales”, la mayoría de la gente, sin pertenecer a un contingente específico, va a la marcha, muchos armando un propio contingente, la mayoría de forma espontánea, algunos creando sus propios disfraces. Porque dentro de la diversidad tenemos algo en común, la pertenencia a una minoría que por un momento busca hacerse sentir mayoría, en una búsqueda de la identidad donde todos cabemos.