El ser humano es un
ser social y siempre ha buscado una explicación de su vida, un lugar en el
mundo y una forma de realizarse. Cuando se es homosexual esto se vuelve más
complicado porque las respuestas son distintas a lo que es socialmente
aceptable. El sentido de pertenencia se forma en primera instancia en la
familia, de la cual todos formamos parte y a partir de ahí el sistema educativo
nos va haciendo parte de algo más donde la individualidad va siendo parte de un
todo más grande. Formamos parte de un grupo escolar, de la escolta, de un
equipo de deportivo, de un número escolar, etc. Los grupos religiosos comienzan
la educación desde niños, siendo su sentido de pertenencia más fuerte que
cualquier otro tipo de pertenencia escolar. Por ejemplo, el sentido de
pertenencia a un Dios es más fuerte que el sentido de pertenencia a una Patria,
algo que se va replicando a lo largo de toda la vida. Solo que las respuestas
pueden no ser las que algunos buscamos. Cuanto mayor es la identificación al
grupo, mayor es también la tendencia a adoptar los patrones característicos de
ese grupo
Como homosexuales, el
sentido de pertenencia a la familia tradicional se va rompiendo en la medida
que se adquiere conciencia de quien es uno, y en algún momento en la
adolescencia hay un fuerte sentimiento de soledad, saber que se va a estar solo
y que no se va a poder cumplir con el ciclo de nacer, crecer, reproducirse
y morir. O como dice otro dicho: “planta un árbol, ten un hijo y escribe un
libro”. El heterosexual encuentra su lugar en el mundo alrededor de una familia
y la crianza de los hijos, buscando trascender la vida después de la muerte a través
de los hijos, los cuales le van a sobrevivir y van a heredar su apellido y su
legado, esa es la forma de realización que todo
heterosexual tiene y forma su familia alrededor del apellido del hombre,
“familia Sánchez”, por ejemplo. Algunos homosexuales se casan y tienen hijos,
muchos buscan el reconocimiento y la aceptación dentro de sus familias, porque
el sentido de pertenencia va mucho más allá del mero hecho de integrar un
grupo, implica toda una identificación personal, la generación de vínculos
afectivos, la adopción de normas y hábitos compartidos, y un sentimiento de
solidaridad para con el resto de los miembros.
El homosexual se
descubre solo y debe hallar una forma diferente de trascender y busca otro forma
de pertenecer a algo más, de encontrar a sus iguales y saber que no estará
solo, buscando el reconocimiento y una identidad. Cuando por algún motivo esto
no ocurre o el sentimiento de identidad es débil, las personas tienden a buscar
otros grupos de pertenencia, que aparecen en su vida en forma pasajera y que ofrecen
una “ilusión de reconocimiento”. Y hay muchos grupos de pertenencia, donde en
base a las semejanzas, principalmente externas, se es parte de algo más que un
individuo y el sentimiento de soledad se logra diluir, por lo menos durante una
noche, por lo menos durante una reunión, por lo menos durante un evento. Esto
implica un apego a una serie de normas, a un código de comportamiento, a un
código de vestimenta. Se adoptan ciertas
formas de vestir, el hablar de una determinada forma, escuchando un tipo
particular de música, o moviéndose en ciertos ambientes, todo con el fin de
lograr por fin un sentido de pertenencia, pero la mayoría de las veces solo se
logra una especie de máscara, una identidad quebradiza e inestable, que jamás
alcanza una solidez porque las formas de identidad que ofrecen son pasajeras y
se basan alrededor del consumo. El movimiento homosexual que nació con causas
sociales, hoy es más un movimiento que ha venido perdiendo su causa y el
sentido de responsabilidad social para consigo mismo. Los grupos más visibles
son los ahora llamados “centros de consumo”, donde se ofrece un lugar para
todos mientras haya un consumo constante, donde se ofrecen formas de
aceptación, donde todos son bienvenidos mientras haya un consumo continuo y se
van creando identidades en base a formas, no a contenidos. A diferencia de
otros grupos sociales que proveen de un marco ideológico, hay otros que no
tienen más ideología que las formas de ser más visibles, son lugares donde,
como diría un amigo bastante ácido, todos buscan ser “las más bonitas”, con los
diferentes concursos de reynas de belleza bajo el título de Mr. “G-algo”. Este
mismo amigo nos hacía ver que en estos concursos no hay un discurso porque no
hay una ideología. Lo que realmente dicen es “yo quiero ser l@ más bonit@”. Habiendo
muchas causas como la lucha contra la discriminación, la igualdad en las leyes,
la inclusión social, etc, no hay ni una sola referencia a esto simplemente
porque esto no vende. Sin embargo, estos centros de consumo son quienes en los
hechos han logrado la mayor parte de la aceptación social, no por sí mismos
sino por lo que realmente representan y que los define: son centros económicos,
los cuales ofrecen el reconocimiento a un grupo y a una identidad mientras dure
la cerveza.
Quizá todos en algún
momento pasamos por la búsqueda de un lugar al cual pertenecer, buscamos a
otros para no sentirnos solos, cuando la soledad es lo único cierto que
acompañará siempre al homosexual, porque aún dentro de sus iguales estará
siempre solo, donde aún en el antro más lleno de gente y más ruidoso estará
siempre solo, puede ser que salga del antro acompañado pero después del acostón
momentáneo volverá a su vida solitaria. La construcción de la identidad pasa en
algún momento por estas etapas pero la respuesta a cada uno es diferente, en la
búsqueda por trascender y de encontrar un lugar al cual pertenecer, donde se
tenga aceptación y un sentido de pertenencia, y a cada uno le corresponderá aceptarse
a sí mismo para poder encontrar un sentido de identidad propio.

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