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14 de agosto de 2013

Mario


Nadie elige nacer de cierta forma. Y aunque personalmente me acerco a los comportamientos masculinos y rechazo los amaneramientos, a veces olvidamos que todos somos seres humanos, que cuando nacemos somos iguales, y también cuando morimos. Y no siempre la vida se vive en rosa, y que no todos se atreven a vivir su vida, pasando por aquí como si nunca hubieran existido.
A Mario lo conocí cuando eramos niños, yo era algo mayor que él, quizás unos tres años mayor. Su casa estaba cerca de donde yo vivía, en aquel tiempo pocas casas tenían televisión y era en blanco y negro, con dos o tres canales que se podían medio ver con una antena aérea, yo iba a su casa en la noche junto con otros chamacos a ver lo que había, Chespirito. Nunca me gusto, pero era más por el relajo de estar entre toda la bola de chamacos juntos. Su casa tenía un patio grande, su padre había tenido como ocho hijos, seis varones y Mario fue el menor de ellos, su familia sembraba el campo y tenían un tractor y maquinaria, los hijos mayores se partían el lomo yendo al campo, menos Mario por ser el más chico. Desde niño siempre se vio muy afeminado, la forma de caminar con los pies muy juntos, como apretando las nalgas, el movimiento excesivo de las manos al hablar, su renuencia a juegos pesados que otros niños teníamos, el apego a las actividades domésticas que hacía su madre, en fin, creo que todos lo sabíamos, pero no decíamos nada o no volveríamos a ver la tele.
Su familia era muy homofóbica, machista, supongo que en algún momento se dieron cuenta de sus modales. Entre juego y juego él se acercaba a los niños varones que eran mayores, a los que ya se les paraba la verga, y también se acercaba a mi, me abrazaba, cosa que siempre me incomodó, parecía una mujercita restregándose toda, siempre la rechace, incluso cuando en alguna ocasión se bajó los pantalones y me puso las nalgas, nunca me atrajeron ese tipo de personas.
Con el paso del tiempo deje de ir a esa casa, pero de alguna manera siempre sabíamos lo que pasaba. No supe bien en que momento tuvo un altercado con su padre, solo sé que fue cuando él se negó a ir al campo cuando su padre lo agarró a golpes con su cinturón, haciéndolo caer y ahí lo golpeó en la espalda varias veces con la hebilla del cinturón. Su madre lo quiso defender pero fue inútil. Nadie dijo nada, después de eso ya pocas veces supe de él, aunque lo veía en la calle solo nos cruzábamos el saludo, su expresión ya no era alegre como cuando era niño, ahora se veía serio todo el tiempo y rehuía las miradas, aunque su caminar y tono de voz seguía siendo el mismo. Muy joven y sin terminar de estudiar salió a trabajar, lo aceptaron en una empresa de limpieza y ahí iba diario, comenzó a ganar algo de dinero y aportaba a su casa, su familia seguía dedicándose al campo mientras que Mario hacía limpieza de oficinas a donde lo enviaran.
Una tarde al regresar de su trabajo tuvo un dolor muy fuerte en la espalda, bajó de la ruta y quedo tirado en el piso sin poder levantarse. Lo llevaron al Seguro Social, ahí le diagnosticaron un tumor en el pulmón. El tratamiento no funcionó y tuvo que requerir de una intervención quirúrgica. La operación fue bastante complicada, dicen que el tumor estaba por la parte detrás del pulmón. Solo su madre fue a visitarlo. La convalecencia fue larga pero se recuperó. Tiempo después volvió a su trabajo y a su rutina diaria, todos los días salía temprano de su casa, tomaba su camión para el trabajo y regresaba siempre a la misma hora a su casa. Nunca hizo su vida, nunca tuvo un novio, un resbalón, un día que llegara tarde a su casa o que faltara. Sus hermanos se fueron casando y fueron independizándose, su padre murió tiempo después y quedo solo con su madre, solo eran ellos dos. Pasaron algunos años hasta que volvió a sentir molestias en la espalda. Volvió al hospital, el cáncer había regresado a su cuerpo y esta vez estaba comenzando a invadir otros órganos que no era posible operar. Se sometió a un tratamiento de quimioterapia, su cuerpo se fue debilitando, dejó de trabajar y se quedó en su casa hasta donde iba por él la ambulancia del Seguro Social para llevarlo a las quimioterapias y lo regresaba a su casa, cada vez más débil. Poco a poco fue perdiendo capacidades, ya no podía caminar, usaba una andadera y salía a sentarse fuera de su casa, nadie lo iba a visitar, hasta que un día se cayó en el patio de su casa, no pudo levantarse y su madre no estaba, quedó ahí tirado medio día hasta que su madre llegó y lo encontró insolado. Como pudo lo levantó. A partir de ese día ya no pudo levantarse de la cama, solo su madre lo asistía para las cosas más sencillas como darle vuelta en la cama, alimentarlo, cambiarle el pañal, nunca lo visitaron.  Hoy al llegar a casa escuché a lo lejos que doblaban las campanas, pregunté y supe que Mario había muerto, creo que fue un descanso para él. Dicen que fue la golpiza que le dio su padre de joven lo que le provocó el tumor que terminó matándolo.  No lo sé, su padre murió de cáncer años atrás. Mañana nadie recordara a Mario, yo mismo no lo recordaba, hasta hoy que supe que ha muerto. Y no puedo menos que pensar que solo hay una vida, que es de uno y de nadie más, y que vale la pena vivirla…

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