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29 de enero de 2014

El Vaquero y yo

Entonces abrí la puerta de mi casa…
Fue en el mes de Diciembre, esa noche fue diferente, cuando llegamos al bar la gente que estaba ahí nos barrió con la mirada, como suele suceder con todo el que llega a un grupo expectante de caras nuevas, las que están ahí ya fueron vistas y quieren ver otras, algo nuevo, diferente, quizá esa persona nueva es la que se busca. Yo iba acompañado de mis amigos Martín y Mauricio, ellos iban como pareja y yo soltero como siempre, pero antes de sentarnos vi a un vaquero, era un hombre alto de barba y bigote, vestía una camisa a cuadros verde y un pantalón negro y unas botas y sombrero. Me gusto, pero él ni siquiera reparo en mí.
Ese vaquero estaba acompañado de dos jóvenes morenos, al parecer muy conocidos en el bar, tenían la facha de los chichifos que deambulan en los lugares de ambiente buscando homosexuales deseosos de hombres masculinos y para sacar algo de ventaja. Poco después uno de ellos saco al vaquero a bailar y el éste estaba feliz, el hacia el rol de la mujer en el baile y se veía disfrutaba mucho, aunque no tenía los movimientos de otros que en su lugar serian afeminados, el seguía igual de masculino, termino la pieza y volvieron a la mesa a sentarse. Fue en esos momentos cuando nuestras miradas se cruzaron e hicieron el clic necesario para que descubriera que yo estaba ahí.
Las cervezas llegaron a nuestra mesa y comenzamos a consumirlas con mis amigos, ellos estaban contentos y me contaban experiencias de su vida, algunas malas y otras buenas, pero con un poco de alcohol, estábamos contentos, de cuando en cuando el vaquero me echaba miradas por encima del hombro del moreno con el que parecía tenía algo que ver, yo solo correspondía la mirada con un guiño.
Llego el momento en que me sentí algo ebrio y de pronto vi que se pararon de su mesa el vaquero y sus amigos y vi cómo se dirigieron a la salida, parecía ya se iban. Mauricio, uno de mis amigos de pronto me dijo "mira el vaquero regresó" y vi cómo se metió al baño, pero no quise seguirlo me sentía apenado, generalmente yo no tomo la iniciativa cuando se trata de ligar. Pero mi amigo insistió y decidí ir, total no perdía nada. Fui al baño y el vaquero estaba de en mingitorio, no me acerque, mejor me quede en otro mingitorio, pero de pronto voltee de nuevo y lo tenía junto a mí a punto de darme un beso en la boca, me dio un beso y con una de sus manos agarro mi miembro y de pronto se salió porque entraron otras personas, yo regrese a sentarme.
De pronto vi hacia la salida y el vaquero me estaba haciendo señas, salí a verlo y me invito a otro bar, le dije que estaba con unos amigos y no podía irme, pero que me gustaría nos acompañara un rato, el acepto y regreso adentro, lo presente con mis amigos y nos pusimos a platicar, a preguntarnos lo habitual, de donde éramos, a que nos dedicábamos, etc.
Entonces me dijo que le gustaría pasar la noche conmigo y yo no estaba seguro, pero me intrigaba un poco su persona, me gustaba lo que veía, pero no me decidía, quienes me conocen dicen que yo soy muy elitista y que no me voy con cualquiera, incluso mis amigos después me dijeron que no esperaban me fuera con él, pues en dos años de acompañarlos a la gran ciudad, nunca me había ido con nadie, pero esta vez sí lo hice.
 Creo que lo que me dio confianza fue que mientras estábamos en el bar, hablamos de un tema que para él fue muy sensible porque mientras me contaba cómo fue la muerte de su madre comenzó a llorar y yo entonces concluí que una persona que es así de sensible, no puede ser capaz de hacer daño a otro ser humano y me fui con él.
Esa noche fue inolvidable, tuvimos sexo con hambre de nosotros, dando rienda suelta a los instintos, tomándonos nuestro tiempo, conociendo nuestros cuerpos y dejando que hablaran. Después nos dimos un baño y nos recostamos, puso su cabeza en mi pecho y me siguió contando su vida, descubrí que era una persona muy solitaria, que los momentos que compartía con otras personas en el trabajo, con amigos y en todos los espacios en los que no estaba solo los aprovechaba al máximo porque sabía que al volver a casa, estaría solo y los recuerdos tristes inundarían su cabeza. Cuando comprendí su dolor, unas lágrimas salieron de mis ojos, él no se dio cuenta, pues la noche las cubrió, pero su vida llena de momentos tristes, no era muy diferente a la mía, pero no le conté, no quise quitarle protagonismo, ya llegaría el momento de hablar sobre mí.
Al día siguiente, despertamos abrazados y de verdad que fue un placer compartir la noche con una persona tan sensible, él antes que yo expresó el placer de haber estado juntos y me pidió nos volviéramos a ver, yo entonces dije que no teníamos muchas posibilidades de vernos, pues vivíamos muy lejos el uno del otro, vivíamos en estados distantes y yo no tenía ni las posibilidades ni el tiempo para poder trasladarme tan lejos. El dijo que eso no era problema porque él me visitaría hasta mi casa y que deseaba conocer a mi familia. Eso sonaba muy bonito para ser cierto y decidí aceptar, total si después él se arrepentía, no había problema, ya estaba yo preparado para eso y no me decepcionaría, si después me decía que no podría.
Durante la semana intercambiamos mensajes y fue muy agradable sentirme querido por él, ya había olvidado esas experiencia, uno de esos días compartimos  ubicación GPS por el celular y supe de qué parte del país era, igual él vio mi ubicación en su móvil. A los ocho días el día sábado por la mañana, estaba yo recordando y reproduciendo en mi mente los recuerdos tan agradables pasados con el vaquero, cuando alguien llamo a la puerta, siempre me asomo por la ventana antes de abrir y entonces lo vi, ahí estaba, el hombre de mis sueños, mi vaquero había ido hasta mi casa.

Entonces abrí la puerta…

22 de enero de 2014

Mi primera vez (relato anónimo)

(Relato anónimo enviado por un lector) Han pasado muchos años y aún recuerdo como empezó todo, en aquel tiempo yo contaba con apenas 14 años y a esa edad tenía un rebaño de ovejas en el campo, pero ya tenía tiempo de conocer a Alfonso, un joven también de campo, siempre me había gustado, en ese tiempo él tenía 22 años. Cierto día  cuando yo pastoreaba mi rebaño, él me alcanzó donde andaba y me dijo: “vamos a pastorear al rancho de mi abuelo”, y yo acepté porque conocía el lugar, era algo muy hermoso, se oía el ruido de los pájaros, los grillos, en fin, era un paraíso extraordinario, algo como no se imaginan. 
Fuimos y estábamos ahí platicando cuando él sacó una revista de entonces, en aquel tiempo era para adultos, a mí me llamó la atención y me acosté boca abajo a leerla, él también leía junto a mí, paso buen rato, ambos leíamos y yo lo veía mucho a él. Traía un pants Azul, bueno, yo recuerdo era Azul, paso mucho rato y él se levantó y tenía el pene erecto que se dejaba traslucir en el pants. 
Fue a dar la vuelta al rebaño y regresó, yo seguía acostado leyendo la revista, él llego y estando él de pie me puso su pie descalzo  encima de mis piernas, acariciándome las nalgas con los dedos de sus pie descalzo, yo no me resistí, sentía que me gustaba lo que hacía, además que ya había visto el pene erecto en el pants, entonces se agachó y me empezó a tocar y yo no decía nada. Me dijo -vámonos para adentro de ese maíz que está ahí-  y yo dije “va, pero ¿para qué?, me dice “quiero tener sexo contigo”. Yo quería ir con él pero a la vez me daba miedo, pena no sé, pero como él siempre me había gustado yo le dije que si, “pero nunca me han penetrado”  y me dijo “entonces quiero que sea yo el primero”. 
Bueno no me resistí más, fuimos y ya escondidos entre la hierba y las matas de maíz me empezó a desvestir, hasta quitarme todo, luego él empezó a desvestirse y pues no volteaba a verlo porque aunque me gustaba mucho me daba pena. Ya desvestidos me empezó a acariciar, me tocaba todo y yo sentía maripositas en el cuerpo. Puso en el piso un pedazo de lona, me acostó boca abajo, después de un buen rato acariciándome me dijo acuéstate boca arriba. Me voltee boca arriba, él se puso de rodillas frente a mi y me acercó a su cuerpo, tomó mis piernas y las puso sobre sus hombros mientras con sus dedos abría mi culo y lo ensalivaba, ahí empezó a penetrarme poco a poco, eran los tiempos en que no sabía que había sida, ahí me comenzó a penetrar, pero me dolía mucho, yo trataba de gritar pero él tapaba mi boca con su mano y con el peso de su cuerpo no me dejaba zafarme y así fue penetrándome, por más que yo me quejaba porque me dolía , hasta que me penetro totalmente. Yo no sabía que era una eyaculación no sabía nada, después de que pasó mucho rato él eyaculo dentro de mí, yo sentía muchas cosas a la vez, quizá placer era lo que menos sentía, hasta que paso todo yo me levante mire y había sangre en la lona que había tendida y no supe cuando orine yo ahí mismo. Dije “¿que fue eso?” me asuste y me dijo “es normal, es normal”. Bueno paso todo después que paso todo eso a la vez me apenaba y él me decía “que no te de pena”. Me levante como pude, me dolían las piernas, me dolía el vientre. ¡ah que dolor! y así paso ese día. A partir de ahí, él más seguido me pedía tuviéramos sexo, nunca me resistí, pues él era alto tenia buen cuerpo, estaba no muy parecido pero estaba bien para mí y así pasamos muchos años teniendo sexo, pero yo aún no sabía que era enamorarse de un hombre. Pasaron los años hasta que cumplí 19 y termine la prepa. Me salí a trabajar, él estaba trabajando no se había entonces casado. 
Se fueron los años pasando, cada quien tomo su rumbo, de él no sabía nada. Después de mucho tiempo lo encontré, pero nunca me habló. Y dentro de mi sentí algo como coraje, como decir “nunca hubiera hecho eso con una persona equivocada” porque fueron 5 años teniendo relaciones con él. Pero aun cuando pasaba por donde estuve con él había todavía ese olor a hierba, a campo, a recuerdos, hasta el canto de los pájaros y el paraíso que había allá donde paso todo. Y ahí están los recuerdos de ese ayer. Nunca se borraron, nunca, pero él sigue dentro de mí, aunque ya no lo veo, se desapareció, hizo su vida con su mujer, tuvo hijos no sé cuántos y pues qué más da, ya paso el tiempo, son recuerdos llevados en el alma, yo creo se van hasta la tumba conmigo, y aquí estoy recordando viejos tiempos del ayer pero algo hermoso en mi vida, de cómo empecé en esto, y de cómo uno se entrega a alguien para quien al final de cuentas no es uno nada.

8 de enero de 2014

Pareja Abierta

Cuando conocí a Mauricio sabía que él era casado, y que era bisexual. Yo siempre he tenido bien definido mi gusto hacia los hombres, mis intentos por tener novia habían terminado en un fracaso, así que no entendía lo que era que alguien fuera bisexual, que disfrutara lo mismo de un hombre que de una mujer. En aquel tiempo él andaba mal con su mujer, yo lo conocí y al poco tiempo decidimos andar juntos. La intimidad con él era algo increíble, realmente era incansable, podía estar horas teniendo sexo sin cansarse. A pesar de todo él seguía con su mujer, y los celos me consumían, yo quería tener un hombre solo para mí, no quería compartirlo, no podía imaginarlo con otra persona, menos con una mujer.
Fue pasando el tiempo, la relación con su mujer fue de mal en peor hasta que terminó divorciándose, para ese tiempo yo tenía un pequeño departamento donde él llegó una noche con una mochila llevando solo algo de ropa, venía tomado, dolido, yo lo recibí y a partir de ese día comenzamos a vivir juntos. Las cosas fueron pasando casi sin darnos cuenta, nunca hicimos planes a futuro, solo fuimos construyendo las cosas poco a poco, formando una pareja. Si bien yo era activo, con Mauricio yo aprendí a ser pasivo, pero él estaba demasiado bien dotado y yo difícilmente podía aguantarlo mucho tiempo, así que buscamos a otros hombres para tener sexo, alguien que pudiera darle a Mauricio la satisfacción que yo no podía darle. Así fue cómo con el paso del tiempo abrimos la relación y llegamos a formar una pareja abierta. Mi trabajo tenía una jornada más larga que la de él, la mayor parte del tiempo yo llegaba después que él a casa, y lo veía viendo películas porno hetero, las cuales a mi no me gustaban, tenía bien definido que solo me gustaban los hombres, ver una película con mujeres no me excitaba, por mucho que el hombre que estuviera en la película estuviera bien. Yo tenía definido mi gusto por los hombres, me gustaban muy morenos como Mauricio, de piel oscura, de bigote, y Mauricio usaba barba de candado. A veces me decía que a él se le antojaba una panochita, o me decía que soñaba que había tenido sexo con una mujer.
Como pareja íbamos a bares hetero, era una costumbre que teníamos desde que nos conocimos, juntos frecuentábamos un bar de Cuernavaca que ya no existe, El Canario, un bar hetero donde nos gustaba mucho ir. Lo cerraron y buscamos otros bares. Cierta vez que fuimos a un bar a comer por la tarde, llegó una pareja, un hombre y una mujer, no eran guapos pero llamaban mucho la atención. Ella era una mujer aún joven, blanca, con el pelo teñido de rubio y un cuerpo formado, mientras que él era un hombre prieto, de grueso bigote, pelo corto y algo pasado de peso. El contraste de piel entre ambos llamaba mucho la atención, ella se veía más refinada, él más tosco. Claro que me llamó la atención el hombre moreno, no pude evitar verlo, Mauricio se dio cuenta pero no dijo nada. Cuando entraron se nos quedaron viendo por un momento y se sentaron en una mesa que estaba cerca. Por un momento parecía que nos conocían, pero quizá solo fue mi imaginación. Mauricio no me decía nada, solo me veía y yo veía de vez en cuando al hombre prieto, pude ver que tenía un ligero vello en los brazos y en el pecho, me gustó mucho, pero él era hetero. Cervezas después nos fuimos, la pareja se quedó pero se nos quedo viendo mucho. Llegamos a la casa y seguimos tomando, y ya medio dormidos Mauricio me preguntó si me había gustado el hombre moreno.
-           “te gustó, ¿verdad?” yo me sentí algo cohibido, pero ya éramos una pareja abierta, le conteste
-          “la verdad si”.
-          “yo lo conozco” me dijo, “es un padre de familia, y también le gustan los hombres”  supuse que ellos habían tenido ya sexo, iba yo a reclamarle cuando me dijo “pero yo no soy su tipo, a él le gusta la gente blanca, por eso su señora es de piel blanquita, estoy seguro que tu le gustaste…”
Por un momento pasaron mil cosas por mi cabeza, entonces me dijo que le iba a decir de mi cuando lo viera, proteste más fingido que cierto y me quede dormido. A los pocos días Mauricio me dijo:
-          “ya estuvo, le hablé de ti y me dijo que tu le gustaste, este sábado vamos a estar en la escuela, citamos a los padres de familia para que pinten las butacas, pero él no va a ir, me dice que quiere estar contigo y que va a ir a los baños de vapor, que ahí te ve, que quiere estar contigo, ¿Cómo ves”
Yo me quedé con la boca abierta, no sabía que decir, no podía creer que Mauricio hiciera algo así, pero al mismo tiempo no podía quitarme de mi cabeza la imagen del hombre prieto, su color de piel realmente me había gustado mucho. No le dije nada hasta el viernes, le dije que aceptaba, Mauricio tomó su teléfono y escribió algunos mensajes, “ya estuvo”, me dijo, mañana en el vapor a las diez. Al día siguiente salí temprano, Mauricio se quedó en casa. “Suerte”, me dijo. Yo no dije nada, tenía emociones encontradas. Llegué al vapor, el hombre moreno ya estaba ahí, no me habían engañado. Cuando me vio solo movió la cabeza de lejos, no dijo nada y se dirigió a un privado hasta donde lo seguí. De lo que pasó ahí no diré nada, solo que fue mejor que lo que había imaginado. Horas más tarde llegué a casa, ahí estaba Mauricio esperándome.
-          “¿Cómo te fue con el moreno?”
-          “Bien”- le dije sin levantar la mirada, sentía vergüenza. – “Estuvo bien.”
-          “La güera también estuvo bien” me dijo
-          -“¿Qué dices?” le dije aún sin entender
-          “Que la güera también estaba buena. Mientras tú estabas con ese hombre yo estaba con su mujer. También pasamos un  buen rato juntos. Desde que la vi en la escuela me gustó. Pero tu no aceptas que yo vuelva a estar con una mujer, tu me celas más de una mujer que de un hombre, y a mi me gustó esa mujer. Yo conozco al moreno desde hace tiempo y sabía lo que le gusta, pero a mi me gustó su mujer, algo tenía que hacer para gozarla”.

Iba yo a enfurecerme, pero no dije nada, después de todo eramos una pareja abierta…

1 de enero de 2014

El día de mi boda

(Relato enviado por OSO JAVO) 
Cuando me case fue el día más feliz de mi vida. Hasta ese momento mi novia Patricia y yo pensábamos que nuestras almas eran hechas el uno para el otro. Habíamos comenzado a tener relaciones desde tiempo atrás, así que casarnos era el desenlace lógico. Todo eso habría de cambiar el mismo día de nuestra boda. Nunca por mi mente cruzó la idea de estar sexualmente con un hombre. Jamás sentí atracción alguna por nadie de mi mismo sexo. Debo decir que respeto la orientación sexual de cada quien, pero hasta ese día nunca intenté experimentar con alguien.
Todo comenzó así. Nuestro enlace matrimonial no tuvo nada de excepcional, pero fue planeada con mucho amor. Nos habíamos casado por lo civil y al día siguiente sería por la iglesia. Mi ahora esposa lucía radiante y yo era tan feliz que no me importó que fuera mi noche de bodas para emborracharme junto con mi suegro hasta bien entrada la noche, y que tampoco al día siguiente hubiera que levantarse temprano. Esa borrachera la tengo siempre en mi mente. No hablamos más que de futbol y de los muchos problemas que como casado habría de afrontar, me dio consejos para un matrimonio estable, administración de mi sueldo, entre otras cosas.
Quizás fue el cansancio o lo mismo de lo alcoholizados que estábamos que el sueño comenzó a vencernos justo en medio del emocionante tema de si los abuelos tenían o no derecho de criar a sus nietos. La sala de la casa de mis suegros no era el mejor lugar para dormir. Seguramente nuestro sueño fue pesado, pues cuando desperté gracias a los fuertes ronquidos de mi suegro, los invitados que aún quedaban hasta antes de caer rendidos ya se habían marchado . Solo nos encontrábamos mi suegro y yo en medio de la sala oscura. Con un enorme mareo y un incipiente dolor de cabeza me dirigí zigzagueando hasta el baño; al cual hubiera llegado de no ser porque mis torpes pies tropezaron con los del ahora mi segundo padre. Tal fue el tropiezo que casi caigo encima de él. Fue ahí cuando lo vi con mayor detenimiento. Es un hombre no mayor de los 55 años (yo tengo 39) alto, con una barba entrecana bastante cerrada, de cuerpo bastante fornido y con una pequeña barriga cervecera, de manos y pies grandes, todo él cubierto de un espeso vello gris en pecho y brazos.
El movimiento del tropiezo no fue lo suficientemente fuerte como para despertarlo. Debo decir que el aroma que despedía su cuerpo (mezcla de alcohol, sudor y colonia) produjo en mi tremenda erección. Esa fue la señal de que algo no estaba marchando del modo acostumbrado. Mi primera reacción fue miedo y un vacío frío en mi estómago que se hacía grande y pequeño, mientras mi corazón latía con furia como si quisiera salirse de la prisión de mi cuerpo. Respiré con profundidad y tratando que la tensión disminuyera me encaminé torpemente al baño. Oriné largamente y mientras observaba mi rostro en el espejo traté de aclarar mis ideas. ¿Qué era todo esto que ocurría? ¿Por qué de repente un hombre como mi suegro provocaba en mi estas reacciones?
Eché agua en mi cara, pero las respuestas simplemente no llegaron. Regresé a la sala y sentándome al filo del sillón bajé la cabeza, cerré mis ojos como queriendo ahuyentar este escalofrío. Imposible. Mi cabeza giraba haciendo nacer en mi las ganas de volver el estómago. Hice mi cabeza hacia atrás y me detuve nuevamente a observar a ese hombre. Se encontraba durmiendo a pierna suelta, los brazos cruzados y cubierto con el saco de su traje que alguien humanamente puso sobre él. Podía observar claramente como su pecho y vientre subían al compás de su respiración. La tenue luz de la calle perfilaba su cuerpo. Se adivinaba que no estaba en este mundo por el volumen de sus ronquidos.
Intenté alejar estas emociones y traté de dormir nuevamente, pero su imagen se había anidado ya en mi mente y fue difícil conciliar el sueño. Traté nuevas posturas, pero nada. No lograba que el cansancio se apoderara de mi. La excitación del olor, su cuerpo y sus ronquidos era superior a mis tímidos intentos de dormir. Así que me levanté. Caminé un poco e hice algo de ruido para ver si despertaba. Lo único que conseguí fue que mi suegra despertara. Encendió los focos y la luz acuchilló mis ojos.
-¿Te sientes bien? . Comentó estúpidamente y medio somnolienta.
- Un poco mareado nada más.
-Es lo que siempre digo. Esa necedad de los hombres por emborracharse. Ya ves tu suegro. Perdido en alcohol. Bueno, trata de descansar un poco. Al rato nos espera todavía mucho trajín. Si necesitas algo solo toca la puerta ¿eh?.
Se fue a su cuarto dejándonos nuevamente en penumbras. La claridad me había permitido ver con detenimiento a ese hombre que ahora me parecía irresistible. No lo dudé más. Con miedo me acerqué vacilante hasta donde su cuerpo laxo descansaba. Titubeante acerqué mi mano a su hombro y lo moví como queriendo despertarlo. Al no obtener respuesta y sin saber por donde comenzar toqué suavemente el vello de su pecho. Desabroché con sumo cuidado dos botones de su camisa y por debajo de su playera mi mano tímida comenzó a explorar. ¡Por Dios¡ ¡Qué vello tan suave¡ Mi mano viajó un poco más y tocó sin querer un pezón el cual dormía como su dueño. Froté un poco. No demasiado para no despertar a mi suegro. Su tetilla comenzó a reaccionar y comenzó a crecer. El viaje de mis manos era acompañado por la música de sus ronquidos (lo que me tranquilizaba bastante). Su respiración comenzó a acelerarse –pero seguía sin despertarse- . Acerqué mi boca a su tetita y suavemente la rocé con mi lengua.
Supongo que fue demasiado, pues cambio de posición. ¡Me cagaba de miedo¡ Tan rápido como pude regresé a mi lugar y fingí dormir. ¡Juré nunca volver a intentarlo¡ Pero más tardé en pensarlo que en volver a sentir esa emoción embriagadora, Sobra decir que mi verga estaba dura. Podía sentir como se marcaba en mi pantalón. Una pequeña mancha podía imaginar coronaba mi pinga y marchaba mi trusa. Saqué mi pene y comencé a masturbarme. La visión de mi suegro con la camisa abierta mostrando su velludo pecho era una imagen de lo más cachonda. Ahora él se encontraba con los brazos sueltos y a sus costados, lo mismo que sus piernas. Esta nueva postura hacía que el pantalón de le ajustara más. Podía adivinarse un gran paquete. El ambiente en penunbras de la sala hacía a mi imaginación volar.
Yo seguía chaqueteándomela. Más rápido, más rápido, arriba abajo pero...No, aún no era tiempo de venirme. Me detuve un momento y con cautela me acerqué nuevamente. Con mis manos aún húmedas de mis propios jugos toqué su abultado vientre y pude sentir su ombligo. Acaricié levemente y armándome de valor nuevamente quise sentir su olor. Ahora su cuerpo no solo tenía su aroma sino además a el olor de mi verga. Eso me calentó aún más. Me senté a su lado. Lo observé un momento y con sumo cuidado me inqué encima del sillón y me acerqué lo más que pude. Como traía el miembro de fuera, rocé con él su panza. La sensación del toqué de sus vellos en la cabeza de mi verga provocó en mi verdaderos deseos de correrme encima de él. Sus ronquidos me daban la certeza de que su borrachera y sueño eran profundos. Al tener mi suegro la boca abierta se me ocurrió que quizás pudiera rozar mi miembro en sus labios, pero eso me implicaría malabarismos. Eso complicaría demasiado las cosas, así que deseché la idea por completo.
Quise saber por fin lo que tan celosamente guardaba su pantalón. Así que cambiando de posición comencé por acariciar levemente su miembro por encima de sus prendas. Pude sentir el enorme tamaño de sus huevos, el grosor y extensión de su chilote . Imaginé que si su vientre y pecho eran enormemente poblados de vellos su entrepierna no podía quedarse atrás. Temeroso fui desajustando el cinturón. El prominente estómago hacía este asalto difícil. Cuando este estuvo suelto, continué con el broche del pantalón. Mis manos estaban sudorosas y temblaban de emoción y miedo. Lentamente inicié la tarea. El hoyo negro en mi estómago se acrecentaba y disminuía con rapidez. Mi corazón seguía sin querer dejar de correr. Mi sudor, el temor y mi excitación hicieron que en el ambiente se impregnara de un cierto olor a sexo. ¡Listo¡ el broche estaba libre.
Para este momento bajar el cierre debería ser algo de lo más sencillo, pero nada de eso. Sin mediar aviso alguno la luz del pasillo se encendió. Como pude cubrí rápidamente a mi suegro con su saco y fingí nuevamente dormir. Con mis manos cubrí también mi sexo. Mi cuñado cruzó la sala y se detuvo un momento.
-- ¡Qué pedote agarraron estos dos¡ - Exclamó-
Cruzó hacia la cocina, tomo algo de refresco y regresó a su habitación no sin antes comentar.
-¡Pinches briagos¡ ¡Hasta los pantalones traen abajo¡
En un descuido mío parte de la costura del cierre podía verse. La puerta de su cuarto se cerró detrás de él y mis temores se acrecentaron. Ciertamente esta debería ser la señal y dejar de hurgar en el cuerpo de mi segundo padre. Además –me decía- nunca me excitaron los hombres. Debería dejar todo como estaba e ir a donde mi flamante esposa esperaba. Mientras mis sentimientos de culpa nuevamente me invadían ocurrió algo que cambiaría mi decisión. Don José (que así se llamaba mi suegro) restregó con su mano derecha su verga para después meterla por debajo de su calzón blanco. Se rasco un poco los huevos, sacó la mano y plácidamente retomó su sueño. No pude más. Con paso lento, pero decidido me dirigí a ese hombre. Valían madres todas mis consideraciones morales. Así que primeramente introduje un dedo por la abertura frontal de su ropa interior. Sentí por vez primera el roce de su vello púbico y la suavidad de su miembro. Pude constatar que en verdad era grande y pude sentir aún por encima de la trusa el volumen de sus huevos que hacían que se colgaran de lado. Ya más confiado por sus ronquidos, Suavemente bajé el resorte. En verdad que esta no es una tarea fácil. Uno siente verdadero pavor de que en este jaleo el objeto de nuestros ardores finalmente se despierte.
Pude bajar la prenda hasta descubrir su verga . Los huevos para mi pesar continuaban prisioneros por la tela blanca. Con cuidado, casi con cariño rocé su falo. Era un miembro, pese a no estar erecto. ¡Ya me imaginaba como se pondría en estado de excitación¡ Subí y bajé su pellejito, aquel que cubre su cabecita. La descubrí y (siempre con cuidado) mi dedo índice frotó su rajita. Un suspiro salió de la respiración de este buen hombre que por el momento nada sabía de mis lujuriosas caricias. Suspendí un poco la caricia hasta que nuevamente sus ronquidos invadieron nuevamente el lugar.
¿Cuál sería el olor de este macho? ¿Cuál su sabor? No lo dudé más. Había ya desperdiciado demasiado tiempo. Acerqué mi rostro y fue ahora mi nariz la que acarició su miembro aún dormido. La cerveza, su sudor y cierto olor a jabón podían olerse mezclados con aroma a orines (ya saben lo diurética que resulta la cerveza). Mi calentura era tanta que ya no me importó si despertaba al meterme su miembro en la boca. Y así un AAAHH salió de su boca y un.
-¡Ora vieja¡¡Pérate¡ -que dijo entre sueños.
Quizás lo más sorprendente es que pensaba que ¡yo era mi suegra!. Borracho como estaba no pudo distinguir quien era el que mamaba. Debo reconocer que mi pericia en estos menesteres es nula, pero sin lugar a dudas tantas películas porno vistas por mi me dieron alguna idea de cómo iniciar.
Caricias más, caricias menos más o menos estuvo así.  Con su miembro ya en mi boca comencé a girar mi lengua en su cabeza a la vez que yo me movía de arriba abajo. Su pene aumentó su tamaño. Para no tener ociosas mis manos me empecé a masturbar. Mi misma lubricación hacia esta tarea más sencilla y un sonido (del todo conocido por todos) salía de mis manos y genitales. Saque su pito de boca y me dirigí a sus huevos. Por encima de la truza restregué mi cara tratando de apropiarme todo su olor. Nuevamente metiéndomela en mi boca me dediqué a darle lengua a su cabecita, mientras con una mano estimulaba la parte de pene que se encontraba fuera. ¡Uta qué rico!. La respiración de mi suegro solo se agitaba y yo seguía masturbándome. Supongo que al estar más consciente que mi suegro hizo que me viniera rápido. Un chisguete salió de mi miembro y fue a parar a su pierna manchando con mi esperma su pantalón. Toda esa leche guardada para mi esposa la recibía ahora su padre.
La verdad me asusté un poco al ver esto. Seguro esto dejaría una visible mancha en la prenda. Con el filo de mi camisa traté de quitar el exceso de semen. Mojé con mi saliva y froté. Quité lo más que pude y nuevamente guardé el miembro en su trusa. Medio subí el cierre de su pantalón y dejé broche y cinturón sin cerrar y me retiré.
A la mañana siguiente la cruda (por tanto vino) y moral fueron tremendas. No podía ver a la cara a mi suegro, pero miraba entre asustado y divertido como él se comportaba de lo más cariñoso con mi suegra. Ni cuenta se dio de la mancha en el pantalón. Su trato hacia mi siguió siendo amable y jamás mostró indicios de que sospechara algo.
Yo aún me masturbo pensando en él. En alguna ocasión le robé una trusa sucia y cuando me masturbo su trusa está en mi cara, la huelo, la beso y me acaricio el cuerpo con ella. A veces me la pongo y ando todo el día con ella. Hemos tenido otras borracheras juntos, pero no he vuelto a intentar nada con él. Creo que corrí con demasiada suerte. A veces, cuando estoy con mi mujer me pongo a imaginar cómo sería estar en la intimidad con él. Yo nunca podría expresarle mis deseos. Es de esos machos que no toleran a los maricones (como él los llama). Yo no sé si esto que experimento esté mal. Nunca he estado con otros hombres. Solo puedo imaginarme como será estar con otro igual a mi. No sé tampoco como acercarme a otros. Quizás algún día lo vuelva a intentar. Si tienen alguna sugerencia, les agradecería me las hicieran llegar.
OSO JAVO