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3 de abril de 2014

La pasiva


¿Cuál es el colmo de una pasiva? Que siempre busca quien la trate con la punta de la verga y termine siendo tratada con la punta de la zapatilla.
Dicen que en política, la forma es fondo. Pero en el medio homosexual esto es más cierto. El uso del lenguaje refiere la forma en que los homosexuales se ven a sí mismos, en como construyen sus identidades y como se relacionan con los demás.
Entre los heterosexuales, por ejemplo, el albur es muy utilizado como un juego de palabras donde el fondo es una relación homosexual donde la finalidad es “cogerse” verbalmente al otro, sodomizarlo, y el que pierde es el que ya no tiene forma de contestar al otro y acepta ser el pasivo. Así, entre los mexicanos, la homosexualidad está permitida siempre y cuando quien la practique sea el sujeto activo. El que es el pasivo es sujeto de burlas y escarnio, se vuelve “puto”.
Pero entre los homosexuales, ¿Cómo aplica el juego del albur? Si hay activos y pasivos y, a diferencia de los heterosexuales donde nadie quiere perder el juego del albur  porque resultaría “cogido” verbalmente, aquí hay uno que quiere coger y otro que quiere ser cogido, entonces, ¿Cuál es el chiste? ¿o acaso los homosexuales no se alburean?. Funciona igual que entre los heterosexuales, porque la cuestión no es quien es el pasivo, sino quien es LA PASIVA, así, en sentido femenino. Lo condenable en los homosexuales no es quien es pasivo, sino quien adopta la condición de mujer en contra de su voluntad.  Quienes son más selectivos en la clasificación de los homosexuales son los mismos homosexuales, y quienes tienen los adjetivos más agudos. Y cuando se le llama al homosexual en términos femeninos se busca despojarlo de su condición biológica de varón para mostrarlo como una mujer feminizada, y de ahí ridiculizarla. La pasiva, la loca, la jota, ellaaa, etc. Y no es cualquier mujer, es una mujer que ya no merece ningún respeto, como entre los heterosexuales las mujeres que han perdido el respeto son las prostitutas, así entre los homosexuales, la jota es una puta, es un hombre que le da a su culo el mismo uso de una prostituta, que asedia a los hombres activos, que se ofrece a cualquiera, que se la pasa en cuartos oscuros y se mete con cualquiera sin importar nada, que se ha degradado, que se ha perdido el respeto a sí mismo, y por lo tanto nadie más lo tiene por qué respetar.
La jota no solo es la puta, es la persona que no es digna de confianza, porque así como abre su culo para cualquiera, ha abierto su intimidad, no tiene nada que guardar para sí, es como un recipiente abierto incapaz de guardar algo, un sentimiento, un secreto, un valor, es solo un agujero abierto que ya no contiene nada como persona y sobre él caen las burlas y escarnios de todos los demás.
El homosexual activo es la antítesis de la jota, es el macho, es el chacal, es el que nunca va a abrir su intimidad al otro, es el que nunca va a ser pasivo, es una rara especia que solo va a coger, a meter su verga en cualquier hoyo, que tampoco se enamora de otro hombre, que solo se desahoga sexualmente en otro hombre, mas no emocionalmente. Y cuida esa imagen. Y los mismos homosexuales refuerzan esa imagen, y buscan algo que no existe, el hombre en un estado químicamente puro.
La jota solo puede ser respetada cuando se despoja totalmente de su condición de varón para transmutarse en una mujer. Los travestis son vistos entonces como mujeres y respetados en ese instante en que dejan de ser ellos para transformarse en una mujer, y entonces bajo esa figura femenina, el travesti se burla de los hombres, se burla de los machos, quizás porque sabe que no existen, que finalmente son una máscara más, y que hasta el más macho se ha sentado en una verga y ha sido pasivo, aunque nadie lo sepa y se haya esforzado por ocultarlo. El travesti se burla del casado, del homosexual de closet, del macho, y nadie se molesta, al contrario, lo celebran, sus chistes causan risa y aplausos. Porque no los dice una jota sin valor, los dice quien ha asumido una condición de mujer desde la cual puede fustigar a todos.
 Al quitarse su maquillaje vuelve a ser quien era, en un juego de máscaras que todos usamos, en un juego de palabras que usamos para golpear, para denigrar, no para construir valores. Y los medios masivos de comunicación como la TV y los medios comerciales contribuyen a crear la imagen de un homosexual vacío, sin valores, donde todo es fiesta y cuartos oscuros, para llegar a la imagen de que el gay es un ser que solo persigue una cosa: sexo, no importa con quien, no importa con cuantos, no importa cómo.

Hace tiempo fui a un conocido Spa en provincia para homosexuales, me llamó la atención como los baños, en un lugar donde solo van hombres gays, tuvieran un letrero para diferenciar: “Activas” y “Pasivas”. Así, en femenino, algo que no viene absolutamente al caso y que juega con las palabras para feminizar a todos los que van ahí, un lugar que bajo una apariencia jocosa se burla de quienes van ahí, en un concepto donde todos son jotas. Ya no importa el rol sino la condición de mujer que los dueños del spa adjudican a todos quienes van a su negocio, es cuando el homosexual es visto y comercializado sólo como un objeto vacío, no como una persona.

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