En estos días ha
corrido mucha tinta sobre la XXXVI marcha, lo único que queda claro es que el
movimiento LGBT no existe, no hay una unidad, lo cual es reflejo de lo que
sucede a nivel nacional con otros grandes temas que están discutiéndose en el
Senado en estos momentos. Decía Braulio Peralta en un artículo suyo “Lamento la
división que existe en el movimiento homosexual. Parecen muchas tendencias
cuando la verdad solo hay una demanda: respeto a los derechos humanos de las
minorías sexuales”. En otro artículo Alexandro Hernández concluye que “Es así
como el evento más importante del año para la comunidad gay se vuelve un
carnaval de consumo desmedido en favor de las empresas llamadas “rosas” y se
deja de lado aquello que los organizadores rara vez toman en cuenta y que en
algunas ocasiones ellos mismos transgreden: los derechos humanos.”
Dejando a un lado esta
discusión, hemos dicho en nuestros muros personales que nosotros vamos a
participar en la marcha, la pregunta entonces es ¿por qué marchar?. Las
siguientes reflexiones buscan dar una respuesta a esta pregunta.
Decía Octavio Paz en
“El Laberinto de la Soledad”: “Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general,
obrero o licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se
preserva: máscara el rostro, máscara la sonrisa”. Todos los entrecomillados en adelante son
tomados del mismo ensayo. En una sociedad homofóbica mexicana que en pleno
mundial de foot ball trasciende fronteras al grito de “Putooo!!!”, la homosexualidad se oculta, los sentimientos
son contenidos detrás de máscaras de utilizamos día con día, máscaras de
“normalidad” para pasar desapercibidos en una sociedad que siempre ha temido y
rechazado lo diferente. Solo al calor del alcohol brotan algunas expresiones
veladas, tanteando al otro. Total, al día siguiente nadie recordará lo que
pueda pasar esta noche, y lo que pueda pasar con el amigo quedará justificado y
olvidado al calor del alcohol.
Una vez que nos damos
cuenta de que somos diferentes a lo que la sociedad espera de nosotros
comenzamos a diseñar una máscara para ser iguales a los demás a los ojos de
todos, una máscara que nos ponemos cada día, cada semana, atentos siempre a
cuidar los detalles que nos pudieran delatar. Por ello todos comenzamos usando
una máscara de “normalidad”, a menos, claro, que se haya decidido a salir del
closet, lo cual hoy en día es, incluso, políticamente correcto. “La preferencia
por la forma, inclusive vacía de su contenido”. ¿Hasta qué punto el mentiroso
miente? ¿no es él la primera víctima de sus engaños y no es a sí mismo a quien
se engaña?.
Esa mascara solo cae
en ciertas ocasiones y en ciertos momentos para mostrarnos cual imaginamos ser
o pretendemos ser. Esto viene a propósito de la próxima marcha, calificada por
muchos como un espectáculo más bien carnavalesco, muy criticado y un movimiento
dividido desde hace tres años en que hubo dos marchas en un mes. Sin embargo, los
shows carnavalescos ocurren en casi todas las festividades, están las viudas,
las mojigangas, travestis heteros que por un día se visten y actúan de mujeres.
“El solitario Mexicano ama las fiestas y las reuniones públicas” “en estas
ceremonias el mexicano se abre al exterior . . . silba, grita, canta, descarga
su alma”. “En ciertas fiestas desaparece la noción misma de orden. El caos
regresa y reina la licencia. Todo se permite: desaparecen las jeraquías
habituales, las distinciones sociales, los sexos, las clases, los gremios. Los
hombres se disfrazan de mujeres, los señores en esclavos…El amor se vuelve
promiscuo… El individuo respetable arroja su máscara de carne y la ropa obscura
que lo aísla y, vestido de colorínes, se esconde en una careta que libera de sí
mismo”
A pesar de todas las
críticas hacia la marcha, como si fuera un carnaval sin ideas y exageraciones,
la marcha en sí misma es un festejo de la visibilidad donde por un momento se
comparte una libertad, y esa libertad es la mejor de las ideas donde todas las
expresiones tienen cabida. Y la gente va a la marcha, independientemente de
quienes la convoquen, independientemente de las consignas, de los contingentes,
la gente va, la mayoría sin un contingente pero expresándose, a pie, fuera de los
carros alegóricos donde van los mejores cuerpos, porque la marcha la hacemos
todos, la marcha somos todos.
Así pues, vamos a la
marcha, y vamos con el torso desnudo, para decir que aquí estamos, que somos
orgullosos de ser hombres libres, porque en la diversidad nos identificamos con
quienes siendo hombres se asumen como hombres, sin más etiquetas. Reconocemos y
respetamos la diversidad, creemos en las libertades y en los derechos y
obligaciones para todos, reivindicamos el derecho de asociación y la libertad
de expresión. Creemos en el valor de la amistad, la solidaridad, el compañerismo
y la tolerancia. Por todo ello nos vemos en la marcha.

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