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7 de agosto de 2014

Milk


“Estamos llenos, no puede entrar nadie más, si quieren esperar a que alguien salga para que puedan entrar…”. Serían como las nueve de la noche, en realidad era temprano y ya estaba lleno. Había yo caminado hacia la dirección escrita en un papelito donde se llevaba a cabo la reunión mensual del único grupo de encuentros del DF que existía en aquel tiempo, y al llegar había unos tres ositos en la puerta de la casa, una persona salió y eso les dijo a los ositos que habían tocado antes el timbre de la casa. Desanimados decidieron ir a otro lugar y se fueron. Había un par de tipos más esperando en la calle, yo no tenía nada que hacer y decidí esperar. La calle era muy tranquila y no se percibía ruido alguno, nada que hiciera pensar lo que pasaba dentro; me preguntaba qué tanta gente habría dentro. Habían pasado unos quince minutos cuando salieron dos personas que ya se iban y el de la puerta nos habló y nos hizo pasar.
Al entrar descubrí un mundo oculto, diferente a todo lo que conocía, un cúmulo de impresiones en un solo vistazo. Era una casa pequeña, había un pasillo largo que debía hacer las veces de sala comedor, la luz estaba apagada y la iluminación era con velas, y si, el lugar estaba completamente lleno de hombres desnudos, solo en ropa interior, riendo, platicando, bebiendo cerveza. Al fondo del pasillo estaba una mesa donde después de pagar $100 pesos me dieron una bolsa numerada para guardar mi ropa. Como pude y entre empujones me quite la ropa hasta quedar en boxers (creo que debí haber llevado otro tipo de ropa), devolví la bolsa y pedí una “chéla”, como decía el gringo que atendía junto con otros, me la dieron junto con un par de condones y me dijeron que podía pedir los que necesitara. Había tomado antes de entrar y quise buscar el baño, era uno solo y la fila para entrar era mucha, al fondo se veía un cuarto oscuro del que continuamente entraba y salía gente. Tenía curiosidad pero eran más mis ganas de orinar, así que me quede en la fila del baño hasta que decidimos pasar de dos en dos. Ya desahogado me aventuré al interior. Era un solo cuarto iluminado con luz oscura que dejaba ver lo suficiente de lo que pasaba y de la gente que estaba ahí dentro, también estaba muy lleno, no había nada en el cuarto, ningún mueble, ninguna silla, solo hombres teniendo sexo de pié, en cuclillas, agachados, en cuatro, etc., parejas, tríos, cuartetos, jóvenes, maduros, la cantidad de gente aquí era demasiada, el límite era la imaginación y la iniciativa de cada quien.
En fin, nada de lo que no pase hoy en los muchos grupos de encuentro que existen y que se publicitan en la red, por lo menos hay una docena, la mayoría tiene sus reuniones los fines de semana, pero si se revisa el calendario de reuniones de cada grupo seguramente no hay un solo día de la semana en que no se encuentre por lo menos un grupo abierto ofreciendo la posibilidad de tener sexo sin compromiso con quien se pueda. Pero en el año 2002 que conocí este grupo, Milk, era el único que existía y sus reuniones solo se llevaban a cabo una vez al mes. Quizás por eso cuando hacían sus reuniones estaban a reventar de gente, la cita era a las 7 de la noche pero desde media hora antes ya comenzaban a llegar, esperando en la calle a que abrieran. Me parece que difícilmente hoy en día hay un grupo que tenga la capacidad de convocatoria entre tanta gente como la tenía Milk. Igual si solo se era voyerista se podía estar tranquilo, solo viendo, mejor que cualquier película porno, con visión de primera fila, claro que la mayoría era exhibicionista y mostraban sus mejores ejecuciones a los demás.
Había varios elementos que se han perdido por los cuales Milk era un excelente grupo. Uno era el tipo de gente que iba, muy variado y bastante normal, había una complicidad no declarada entre todos, al salir nadie se conocía, nadie diría nada, y nadie criticaría al otro de lo que hizo, como lo hizo o con quién lo hizo. Es un código no escrito que los grupos de encuentro actuales han ido perdiendo. Resulta bastante molesto encontrar a comadres platicando, criticando, riendo, burlándose de otros en un cuarto oscuro que es solo para el sexo. En Milk no era así, había un respeto hacía el otro a pesar de todo lo que pasaba. Otro factor era la barra libre de cerveza, algo que ya nadie ofrece hoy en día. Un tercer factor era el tipo de música que ponían. Hoy en día suelen poner “oldies”, lo que resulta muy aburrido y no viene al caso, la música usualmente evoca otras situaciones diferentes, distrae. Digo, ¿quién pone Universal FM para coger?. Pero Milk ponía música electrónica que seleccionaba por el ritmo y el golpeteo continuo de bajos, la frecuencia del ponchis ponchis estaba al mismo ritmo de la frecuencia cardiaca la cual se acelera cuando se tiene sexo, de tal forma que la música se volvía un elemento adicional que incitaba al sexo.
Los grupos de encuentro tienen tantos detractores como fanáticos asiduos. Por un extremo está el fundamentalista que sueña con encontrar un día a su príncipe azul para juntos alejarse del medio homosexual y vivir en una casita donde ambos puedan tener un jardín con hortalizas, al tiempo que se aíslan del frívolo y vacío mundo de los putos. Por otro extremo está el que no concibe el medio sin la asistencia a grupos de encuentro para tener sexo con los más que se pueda, incapaces de crear una relación afectiva y de conservar una relación estable, adictos al sexo sin importar la calidad, solo importa la cantidad, más siempre es mejor, no importa lo que pase a la larga. Entre estos dos extremos hay muchas otras posiciones, entre quien vea menos malos estos grupos y entre quien los vea como un mal necesario de la comunidad homosexual. Como sea es una realidad, existen y no son nuevos, quizás desde hace más de un siglo cuando fue la redada de los famosos 41, con sus altas y sus bajas, con el rechazo y la búsqueda de estos grupos donde el único objetivo es el sexo. Toda relación basada exclusivamente en el sexo está destinada al fracaso, a no trascender, el amor no existe, el preámbulo tampoco, se va directo a lo que se va, a coger, a mamar, no hay caricias previas, no hay palabras, no sirven, se hacen a un lado para entrar de lleno en el sexo, para satisfacer los instintos, para desfogar la lujuria contenida, una y otra vez, en un círculo adictivo del que una vez que se entra ya no se sale, al igual que el homosexual que una vez que ha probado el sexo con hombres ya nunca lo dejará.
Como todo lo nuevo, la primera vez que asistí a Milk fue un cúmulo de sensaciones, cosas nuevas que solo las habría imaginado, que ni siquiera había visto en una película porno, con tanta gente teniendo sexo al mismo tiempo en un solo cuarto. Pero todo pasa, y lo nuevo se vuelve viejo. Quien ha ido mucho tiempo a estos lugares pierde el encanto de lo nuevo, deja de ver con excitación otros cuerpos, otros culos, otras vergas, así como el nudismo termina por hartar, los cuartos de los grupos de encuentro se vuelven aburridos, rutinarios, ya no provocan una erección tan fácilmente, se tornan monótonos.

¿Qué sigue después de los grupos de encuentro? La respuesta para cada quien es diferente . . .

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