“Estamos llenos, no puede entrar nadie más, si quieren esperar a que
alguien salga para que puedan entrar…”. Serían como las nueve de la noche, en
realidad era temprano y ya estaba lleno. Había yo caminado hacia la dirección
escrita en un papelito donde se llevaba a cabo la reunión mensual del único
grupo de encuentros del DF que existía en aquel tiempo, y al llegar había unos
tres ositos en la puerta de la casa, una persona salió y eso les dijo a los
ositos que habían tocado antes el timbre de la casa. Desanimados decidieron ir
a otro lugar y se fueron. Había un par de tipos más esperando en la calle, yo
no tenía nada que hacer y decidí esperar. La calle era muy tranquila y no se
percibía ruido alguno, nada que hiciera pensar lo que pasaba dentro; me
preguntaba qué tanta gente habría dentro. Habían pasado unos quince minutos
cuando salieron dos personas que ya se iban y el de la puerta nos habló y nos
hizo pasar.
Al entrar descubrí un mundo oculto, diferente a todo lo que conocía, un
cúmulo de impresiones en un solo vistazo. Era una casa pequeña, había un
pasillo largo que debía hacer las veces de sala comedor, la luz estaba apagada
y la iluminación era con velas, y si, el lugar estaba completamente lleno de
hombres desnudos, solo en ropa interior, riendo, platicando, bebiendo cerveza.
Al fondo del pasillo estaba una mesa donde después de pagar $100 pesos me dieron
una bolsa numerada para guardar mi ropa. Como pude y entre empujones me quite
la ropa hasta quedar en boxers (creo que debí haber llevado otro tipo de ropa),
devolví la bolsa y pedí una “chéla”, como decía el gringo que atendía junto con
otros, me la dieron junto con un par de condones y me dijeron que podía pedir
los que necesitara. Había tomado antes de entrar y quise buscar el baño, era
uno solo y la fila para entrar era mucha, al fondo se veía un cuarto oscuro del
que continuamente entraba y salía gente. Tenía curiosidad pero eran más mis
ganas de orinar, así que me quede en la fila del baño hasta que decidimos pasar
de dos en dos. Ya desahogado me aventuré al interior. Era un solo cuarto
iluminado con luz oscura que dejaba ver lo suficiente de lo que pasaba y de la
gente que estaba ahí dentro, también estaba muy lleno, no había nada en el
cuarto, ningún mueble, ninguna silla, solo hombres teniendo sexo de pié, en
cuclillas, agachados, en cuatro, etc., parejas, tríos, cuartetos, jóvenes,
maduros, la cantidad de gente aquí era demasiada, el límite era la imaginación
y la iniciativa de cada quien.
En fin, nada de lo que no pase hoy en los muchos grupos de encuentro que
existen y que se publicitan en la red, por lo menos hay una docena, la mayoría
tiene sus reuniones los fines de semana, pero si se revisa el calendario de
reuniones de cada grupo seguramente no hay un solo día de la semana en que no
se encuentre por lo menos un grupo abierto ofreciendo la posibilidad de tener
sexo sin compromiso con quien se pueda. Pero en el año 2002 que conocí este
grupo, Milk, era el único que existía y sus reuniones solo se llevaban a cabo
una vez al mes. Quizás por eso cuando hacían sus reuniones estaban a reventar
de gente, la cita era a las 7 de la noche pero desde media hora antes ya
comenzaban a llegar, esperando en la calle a que abrieran. Me parece que
difícilmente hoy en día hay un grupo que tenga la capacidad de convocatoria
entre tanta gente como la tenía Milk. Igual si solo se era voyerista se podía
estar tranquilo, solo viendo, mejor que cualquier película porno, con visión de
primera fila, claro que la mayoría era exhibicionista y mostraban sus mejores
ejecuciones a los demás.
Había varios elementos que se han perdido por los cuales Milk era un
excelente grupo. Uno era el tipo de gente que iba, muy variado y bastante
normal, había una complicidad no declarada entre todos, al salir nadie se
conocía, nadie diría nada, y nadie criticaría al otro de lo que hizo, como lo
hizo o con quién lo hizo. Es un código no escrito que los grupos de encuentro
actuales han ido perdiendo. Resulta bastante molesto encontrar a comadres
platicando, criticando, riendo, burlándose de otros en un cuarto oscuro que es
solo para el sexo. En Milk no era así, había un respeto hacía el otro a pesar
de todo lo que pasaba. Otro factor era la barra libre de cerveza, algo que ya
nadie ofrece hoy en día. Un tercer factor era el tipo de música que ponían. Hoy
en día suelen poner “oldies”, lo que resulta muy aburrido y no viene al caso,
la música usualmente evoca otras situaciones diferentes, distrae. Digo, ¿quién
pone Universal FM para coger?. Pero Milk ponía música electrónica que
seleccionaba por el ritmo y el golpeteo continuo de bajos, la frecuencia del
ponchis ponchis estaba al mismo ritmo de la frecuencia cardiaca la cual se
acelera cuando se tiene sexo, de tal forma que la música se volvía un elemento
adicional que incitaba al sexo.
Los grupos de encuentro tienen tantos detractores como fanáticos
asiduos. Por un extremo está el fundamentalista que sueña con encontrar un día
a su príncipe azul para juntos alejarse del medio homosexual y vivir en una
casita donde ambos puedan tener un jardín con hortalizas, al tiempo que se
aíslan del frívolo y vacío mundo de los putos. Por otro extremo está el que no
concibe el medio sin la asistencia a grupos de encuentro para tener sexo con
los más que se pueda, incapaces de crear una relación afectiva y de conservar
una relación estable, adictos al sexo sin importar la calidad, solo importa la
cantidad, más siempre es mejor, no importa lo que pase a la larga. Entre estos
dos extremos hay muchas otras posiciones, entre quien vea menos malos estos
grupos y entre quien los vea como un mal necesario de la comunidad homosexual.
Como sea es una realidad, existen y no son nuevos, quizás desde hace más de un
siglo cuando fue la redada de los famosos 41, con sus altas y sus bajas, con el
rechazo y la búsqueda de estos grupos donde el único objetivo es el sexo. Toda
relación basada exclusivamente en el sexo está destinada al fracaso, a no
trascender, el amor no existe, el preámbulo tampoco, se va directo a lo que se
va, a coger, a mamar, no hay caricias previas, no hay palabras, no sirven, se
hacen a un lado para entrar de lleno en el sexo, para satisfacer los instintos,
para desfogar la lujuria contenida, una y otra vez, en un círculo adictivo del
que una vez que se entra ya no se sale, al igual que el homosexual que una vez
que ha probado el sexo con hombres ya nunca lo dejará.
Como todo lo nuevo, la primera vez que asistí a Milk fue un cúmulo de
sensaciones, cosas nuevas que solo las habría imaginado, que ni siquiera había
visto en una película porno, con tanta gente teniendo sexo al mismo tiempo en
un solo cuarto. Pero todo pasa, y lo nuevo se vuelve viejo. Quien ha ido mucho
tiempo a estos lugares pierde el encanto de lo nuevo, deja de ver con
excitación otros cuerpos, otros culos, otras vergas, así como el nudismo
termina por hartar, los cuartos de los grupos de encuentro se vuelven
aburridos, rutinarios, ya no provocan una erección tan fácilmente, se tornan
monótonos.
¿Qué sigue después de los grupos de encuentro? La respuesta para cada
quien es diferente . . .
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