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24 de septiembre de 2014

La vida es sueño

Hay una calle en el sur de Cuernavaca que conozco bien, aunque hace muchos años que no paso por ahí, pero la conozco bien, muchas veces manejé por esa calle, conozco su trazo, las intersecciones, el tráfico es tranquilo, ahora voy manejando por ahí hasta que llego a una casa que tiene barda de piedra en el exterior de la que cuelgan algunas plantas, el portón es blanco y no tiene timbre, me estaciono a bordo de la acera y bajo del auto, la calle luce solitaria, no veo a nadie más, y observo la casa, nada ha cambiado a pesar de los años.

Es la casa de Emiliano, amigo de Manuel con el cual llevo saliendo varios meses, Manuel es casado, por alguna situación que nunca he entendido, siempre me ha tocado que las personas con las cuales tengo algo que ver son casados, no es algo que yo busque, porque cuando los conozco es en un lugar de ambiente, ellos están ahí, pasa algo, nos entendemos y es hasta tiempo después que me entero que son casados, así que no es algo así como un requisito que yo busque, solo se ha dado. Cuando conocí a Manuel fue también hasta tiempo después que me dijo que estaba casado, y no teníamos un lugar donde poder estar juntos, un espacio donde tener intimidad, así que un día me llevó a esa casa con barda de piedra, era de su amigo Emiliano quien vivía solo y que también era homosexual. Con Emiliano la relación fue buena, más por la amistad que llevaba con Manuel que por aceptarme a mí. Creo que en el fondo nunca hubo una amistad entre Emiliano y yo, quizá su comportamiento demasiado obvio me hacía guardar distancia, pero nos ofreció un cuarto de su casa donde podíamos tener intimidad. Ellos dos se habían conocido en un trabajo común que tuvieron y aunque ya no trabajaban juntos siguieron siendo amigos, Manuel le habló de mi a Emiliano y le pidió como favor si podíamos vernos en su casa y él accedió.

Estaba ahí en la calle y me dirigí al portón blanco, sin saber bien qué hacía yo ahí después de varios años que había dejado de ir, toqué la puerta, al poco tiempo escuche unos pasos acercándose y entonces me abrió la puerta Manuel, ahí estaba, después de varios años de no verlo, no podía entenderlo, ¿Dónde había estado todos esos años? ¿por qué se había alejado, dónde se había ido estando en la misma ciudad y cómo fue que nunca habíamos coincidido? Sabía que él nunca dejaría a su familia por mí, pero eso no había sido obstáculo para que antes hubiésemos estado juntos muchas veces en esa misma casa.

Siempre llegábamos y Emiliano nos abría la puerta de su casa, charlábamos un poco y después nos íbamos a uno de los dos cuartos que tenía la casa y que Emiliano no ocupaba, era un acumulador compulsivo, el cuarto estaba lleno de libros tirados por doquier, piezas de cerámica ya viejas y un montón de cajas apiladas sin ningún orden, y ahí, en medio de ese cuarto estaba un colchón viejo sobre el cual Manuel y yo dábamos  rienda suelta a nuestra pasión, nos amábamos con la desesperación de un condenado que sabe que tiene poco tiempo y que tal vez esa podría ser la última vez que podríamos estar juntos. Siempre estaba la amenaza constante de que en algún momento su esposa llegara, ella también era amiga de Emiliano y sabía dónde vivía. Después descansábamos un rato acurrucados el uno junto al otro, y después salíamos ante la mirada risueña y cómplice de Emiliano quien en un gesto típico se tapaba la cara con una mano dejando descubiertos los ojos. Estábamos un rato más en el la sala y luego nos íbamos.

La última vez que vi a Emiliano, recuerdo que estaba yo en mi trabajo y desde la ventana que daba al exterior vi cuando pasó y fui a su encuentro, lo pasé al pequeño cubículo que tenía asignado, supe que algo estaba mal, Emiliano nunca antes me había llamado ni buscado y esta vez traía los ojos rojos y llorosos, me alarmé y entonces me preguntó si no sabía qué había pasado, le dije que no y entonces me dijo que Manuel estaba muy mal en el hospital, había tenido un derrame cerebral y se soltó a llorar. No pude entender bien lo que me decía, solo pude tomar el teléfono y avisar a mi jefe que algo pasaba y debía salir, fui con Emiliano al hospital pero no pude pasar, Manuel estaba en estado de coma.

Y ahora, después de tantos años Manuel estaba frente a mí, tenía yo tantas preguntas, él me invitó a pasar a la casa, entré y cerró la puerta y me miró con una gran sonrisa, yo debía tener una cara de sorpresa, él prácticamente no había cambiado después de todos esos años, le pregunté dónde había estado y me dijo que había cambiado de trabajo, que se había alejado de todo y que se había dedicado a su familia, había dado de baja su número de teléfono, le pregunté por qué nunca me buscó y solo encogió los hombros, mirándome con tristeza aunque sonriendo aún, quiero abrazarlo, quiero besarlo, pero aún no alcanzo a entender muchas cosas después de todos estos años y entonces le pregunto: “¿por qué fingiste tu muerte?”.

Entonces me doy cuenta que estoy soñando, me despierto aún con la imagen de su rostro sonriéndome, han pasado muchos años desde que Manuel murió, y a veces tengo estos sueños con él, siempre lo sueño así, que de repente lo encuentro y sé que está vivo, y que todo este tiempo solo se ocultó de mí, pero el sueño no continúa, no hay un nuevo inicio, en algún punto del sueño me doy cuenta que estoy soñando y entonces despierto, aún en el sueño no puedo continuar con él, solo tengo muchas cosas que quise haberle dicho y que ya no pude, nunca volvió en sí del coma, fue algo que no esperaba que pasara, y me quedé con muchas cosas que hubiera querido decirle, pero ya no pude, se quedaron ahogadas en mi interior.


Tres días después de la visita de Emiliano a mi trabajo donde me dijo de Manuel, iba yo manejando a mi trabajo, era una mañana fría y lluviosa de Septiembre, no había podido dormir en toda la noche cuando sonó mi celular, era Emiliano y solo me dijo “ya pasó…” fue todo. Colgué el teléfono y seguí manejando mientras mis ojos se llenaban de lágrimas y un grito se ahogaba en mi pecho…

17 de septiembre de 2014

La vida cotidiana

Las miradas son de curiosidad al vernos, algunas caras muestran una sonrisa dando su aprobación, otras miradas son de desprecio, otras son de burla y otras tantas reflejan el morbo, hay quienes no pueden evitar sentir cierta atracción. Se nota que nosotros somos los causantes de todo ese alboroto entre nuestros observadores. Los cuchicheos, las risitas y las miradas inquisitivas no faltan cuando hacemos las cosas cotidianas de cada día, como ir a comprar cerveza, verduras, las tortillas, etc. Y eso no solo ocurre en el mercadito donde acostumbramos hacer las compras, también ocurre con nuestros vecinos en la misma calle. Ya de por sí el ver a dos hombres vivir juntos causa cierto revuelo en el mundo heterosexual, mayor efecto causa el ver a tres juntos haciendo la vida cotidiana, está claro que nos hemos salido de la norma, de ahí el efecto.

Quizá la vida en pareja no sea tan emocionante como muchos piensan, pero el vivir juntos, el compartir una casa, el compatibilizar los gustos de cualquier tipo, es algo complicado. Es necesario llegar a acuerdos sobre lo más simple que van desde quien lava los platos, la ropa, y un largo etcétera que expresa la cotidianidad de una vida común, una vida en pareja, con responsabilidades, con trabajo, y es ahí cuando se demuestra uno mismo que tan parejo se puede ser en la vida diaria y cuanto estamos dispuestos a cooperar para vivir en armonía con otro… u otros individuos. ¿Qué pasa en una casa donde viven hombres solos, donde no entra nunca ninguna mujer? ¿Cómo viven? ¿Qué hacen? ¿Cómo duermen? ¿Alguien hace el papel de mujer, quién es el hombre? Son preguntas que se hacen no solo nuestros vecinos, sino quienes nos han conocido, con curiosidad, con morbo.

Despierto como cada mañana, su cuerpo a un lado del mío, a estas horas de la madrugada en que debo levantarme hace mucho frío y más porque toda la noche estuvo lloviendo, mi cuerpo busca su calor, aunque sé que pronto debo levantarme para ir a trabajar, él se voltea a mi lado, acerca su cara y me mira con los ojos entrecerrados, lo abrazo y en un susurro le pregunto: “¿me amas?”. Me contesta que sí y le pregunto cuánto, y me dice que mucho, y se queda dormido. Me levanto sin hacer ruido, es un día más en la vida, y amanece como todos los días con un número, el que siempre marca el despertador, son las 6 de la mañana. Me levanto y procurando no hacer ruido salgo del cuarto, bajo las escaleras, enciendo la luz de la cocina, saco algo de fruta y leche del refrigerador, me hago un licuado con proteína y me meto a la regadera, el agua fría me despierta por completo. Me visto mientras termino el licuado y tomo el refrigerio que mi pareja me ha dejado preparado desde la noche anterior, me visto y subo para despedirme, aún está durmiendo, me recuesto a su lado, él me siente y me abraza no dejándome ir, lo beso y lo abrazo y me incorporo, salgo del cuarto sin hacer ruido para no despertarlo y me voy a trabajar.

Hoy es viernes, y como cada viernes, salgo un poco más temprano del trabajo, llego a casa y lo encuentro haciendo cualquier cosa, algunas veces viendo TV, otras contestando los mensajes de sus amigos, de vez en cuando me muestra algún comentario, pero siempre me recibe con un beso, me pregunta cómo me fue y me destapa una cerveza, es viernes y es momento de relajarnos, ya sin la presión de un horario ó de tener que levantarnos temprano al día siguiente. En ese momento suena el celular, hay un mensaje, yo me quito la ropa de trabajo y me pongo algo más cómodo, es hora de ir al super, hay que comprar algunas cosas. Ya en el super él me dice “mira, las bebidas preparadas están al 3x2”, “justo lo que necesitamos”. Ponemos las tres latas en el carrito, regresamos, pero no venimos solos, llegamos a casa y descargamos las compras, hace mucho calor en el día y a esta hora de la noche se antoja una cerveza, abrimos una caguama, no hacen falta vasos, tomamos de la misma botella, ocasionalmente nos abrazamos mientras preparamos la cena, no hay velas, pero el sazón es único. Después de cenar es hora de un whisky, entonces nuestro tercer acompañante pone tres vasos y prepara los whiskys y brindamos. Durante los últimos tres años nos ha acompañado, a veces me sorprende la forma como nos hemos ido acoplando, hemos creado todo un estilo de vida, muy poco ortodoxo, incluso para un homosexual. Entre platica, bromas y preparando comida para el día siguiente disfrutamos de nuestra bebida. Vemos televisión y después subimos a dormir, pero ¿quién quiere dormir?



La parte del sexo es la mejor, cuando frecuentas los hoteles que solo te dan unas horas para descargar la pasión, siempre quedas insatisfecho y dejando aún las ganas del cuerpo encerradas en la piel, pero cuando compartes un lugar propio, este va tomando parte de cada uno y entonces tres es más que uno más uno más uno, y dejas de preocuparte por el tiempo, porque dispones de todo el tiempo por delante. ¿Qué es lo que hacen en una casa tres hombres solos? ¿Cómo llegaron a esta situación? ¿Qué hacen entre ellos? ¿Qué pasa cuando cierran la puerta del cuarto? ¿Cómo duermen? ¿cómo tienen sexo? Preguntas que se hacen quienes nos conocen, heteros, vecinos de nuestra calle, quienes no nos conocen, quienes han escuchado rumores acerca de nosotros, y un largo etcétera lleno de curiosidad, de hacer estas y otras preguntas, un morbo que enciende la imaginación, con la mirada silenciosa y otros, los menos, nos hacen directamente. A quienes nos han preguntado eso solo puedo decirles: imagínense lo que pasa, ¿Qué harían ustedes si tuvieran la oportunidad de estar con tres hombres así? ...

11 de septiembre de 2014

El vaquero que desconocí

(Anónimo)
Estaba en la Central de Autobuses, eran las 9 pm y estaba preocupándome, había quedado de verme con él a las 7 y no llegaba, estaba en una ciudad que no conocía, comencé a angustiarme, las dudas aparecieron en mi mente, ¿me engañó? ¿no vendrá? Pero sí antes de llegar me había dado indicaciones en el camino mientras yo llegaba, no podía engañarme, seguramente venia en camino, yo solo tenía que esperar. Mientras esperaba, veía sus fotografías en mi celular, me había enviado muchas en esos dos meses transcurridos, después de que me contactó por vez primera en el Facebook. Yo siempre he sido renuente a conocer alguien por FB, pero cuando me envió solicitud de amistad me gustaron sus fotos, se veía muy varonil, gustaba vestir de vaquero, tenía buen porte, una barba ligeramente crecida, mirada profunda, y cuando me abordó por inbox me hizo sentir en confianza, me pareció una persona sincera, con buenas intenciones, encontramos muchas cosas en común, poco a poco se fue ganando mi confianza y pronto intercambiamos whatsapp. El sólo repasar los recuerdos de los últimos dos meses en mi mente, me hacía sentir muy bien, ya llegaría. De pronto una voz grave y muy agradable pronunció mi nombre. Alce mi rostro y vi a un hombre muy guapo frente a mí, era mi vaquero, salte al instante y nos dimos un fuerte abrazo.


Me explico el porqué de su contratiempo y nos fuimos a cenar, entonces me contó que él vivía en un pueblo a dos horas de distancia de esa ciudad en la que quedamos de vernos y solo venía los fines de semana, hasta entonces lo supe. Me explicó que unos amigos de esa ciudad nos habían invitado a quedarnos en su casa, yo acepte porqué parecía tener una buena amistad con ellos, fue lo que me explicó. Llegamos a la casa de Jonás y Roberto, sus amigos, ellos fueron muy amables y nos recibieron muy bien. Me comentaron que conocían muy bien a mi vaquero pues llevaban como cinco años de conocerlo. Él no me había dicho eso, así que preferí no preguntar nada sobre él, esperaría a que el me dijera sobre ellos, Jonás en especial, se me hacía un poco metiche. No sé bien como se dio la situación, pero de pronto llegaron más personas a casa de Jonás y Roberto, otro joven me dijo que siempre se reunían los sábados, todos me trataron bien, pero yo me sentía un poco raro cuando se enteraban que estaba ahí por invitación del vaquero, porque cuando se enteraban de eso hacían un gesto como de sorpresa acompañado de una mueca de “¿en serio?”.  Sabía que algo pasaba, pero preferí esperar antes de preguntar a mi vaquero.

De pronto alguien dijo, “vamos al antro” y fui con todos los amigos, sin embargo mi vaquero comenzó a dejarme solo, era muy popular y platicaba con otros y yo procuraba platicar con los demás, y no pude evitar sentirme algo rechazado y fuera de lugar. Cuando llegamos al antro, se presentó un show de travestis, hicieron su número y en especial había una travesti muy atractiva, de pronto al final del show ella se bajó del escenario y se fue directo con mi vaquero, dándole un beso en la boca y el correspondió, yéndose con ella. En ese momento comprendí por qué sus amigos se sorprendían que me hubiese presentado como su pareja. Yo me quedé impresionado, pero oculte mi sorpresa, todos sus amigos me voltearon a ver, uno de ellos me comento que él siempre era así, que no me molestara, pero que ya estaba conociéndolo como realmente era. El vaquero se embriago y cada vez hacia cosas más ridículas, de pronto comenzó a jotear, yo nunca pensé que era capaz de ser así, pero no le decía nada, el parecía no estar acompañado de mi, así que muy dentro decidí que en cuanto amaneciera, tomaría mis cosas y huiría, pues esa persona de la cual me había enamorado por FB, ya no era esa que se presentaba frente a mí. La imagen que me había formado del vaquero se había roto y solo me quedaban pedazos de una figura que había yo construido en mi de forma virtual, estrellándome con un terca realidad.

Más tarde, se me acerco el vaquero, me abrazó y me dijo que tenía que irse, le había surgido un compromiso y no podía dejar de cumplirlo, yo estaba muy molesto, pero me daba cuenta que estaba muy ebrio y estaba viendo cosas de él que yo no sabía, así que le dije que estaba bien que después hablaríamos. Fue entonces cuando Jonás se acercó hasta mí y comenzamos a platicar, me pregunto si estaba bien, le dije que francamente si estaba molesto, me preocupaba a dónde iba yo a ir al salir del antro, solo quería que amaneciera pronto para regresar a mi casa con mi soledad en los hombros. Jonás me dijo que la invitación de quedarme en su casa seguía en pie, que ahora él hacia la invitación directa. Le agradecí su hospitalidad, no tenía más opción ya que al parecer el vaquero estaría ocupado y yo estaba solo. Comencé a conversar con Jonás y descubrí que era una persona muy culta y muy interesante. Resulto que ambos ejercíamos la misma profesión y que teníamos muchas cosas en común, después de haber tenido un evento muy desagradable con el Vaquero, su amigo Jonás había salvado la noche.

Sin embargo me seguía sintiendo incómodo, había platicado mucho con Jonás y su pareja nos observaba, le pregunte cómo era su relación con Roberto. Él llamó a Roberto y le dijo la pregunta que acababa de hacerle. Roberto solo sonrió y comento que ellos ya no eran pareja, que compartían la misma casa, pero que ya no había una relación de pareja entre ellos desde hacía mucho, afortunadamente habían comprendido que después de vivir muchos años juntos y de ya no compartir la cama, todavía podían ser excelente amigos, y así vivían desde hacía ya varios años. Roberto al igual que Jonás, me ofrecieron una disculpa por el Vaquero, me dijeron que aunque era una persona nefasta en algunos aspectos, todavía podía ser un buen amigo, siempre y cuando estuviera sin beber. Que ellos habían obtenido algo bueno de él esa noche. ¿Sabes qué es? – me preguntaron- pero no sabía la respuesta y solo los observe. Eres tú, dijo Jonás, nos damos cuenta que eres una persona sincera y ahora queremos brindarte nuestra amistad, ¿la aceptas? Sin dudarlo dije que sí. Solo pensé en que me estaban dando apoyo en ese momento, si no hubiéramos salido con ellos esa noche, el Vaquero me hubiese dejado a mi suerte. Por mi parte solo puedo decirles que esa noche, perdí un amor, pero conocí unos amigos que valoro mucho.
 
Tiempo después perdí de vista al vaquero, un buen día desapareció de la ciudad, su perfil quedó sin actividad, al principio publicaban en su muro pero él no respondió más, hasta que su perfil quedo olvidado. Su whatsapp quedó desactivado, su línea apagada. Nadie supo decirme que había pasado con él, incluso sus amigos Jonás y Roberto solo me dijeron que un buen día el vaquero dejó de ir a la ciudad. Yo no lo extrañé, pero siempre me pregunto qué fue de él. Algunos dicen que se fue de mojado al otro lado, otros que le pasó algo, solo su perfil sigue ahí, inactivo, mostrando una mirada profunda, que ahora no sé si es de tristeza, como único vestigio de lo que un día fue. Mi vaquero ahora vive donde habita el olvido.


4 de septiembre de 2014

De faena con mi suegro

(Relato enviado por Chubbyoso Javo)
Veo a mi suegro en short y no puedo apartar mi vista de sus gruesas y peludas piernas, coronadas por ese portento de nalgas, duras, redondas y bien paradas. Hoy es el día en el que la fachada de la casa de mi suegra se ha pintado. Hace un calor insolente y todos sudamos a mares. La cerveza es el único consuelo ante semejante temperatura. Aún nos falta poco menos de la mitad para concluir y entre brochazo y brochazo mis ojos se desvían hacia mi suegro. El vello se asoma por todos los poros de su piel y hoy que está en short y sin playera su visión me hace desvariar. Veo por ejemplo sus pezones maduros y obscuros, su pecho y vientre tapizados de grisáceo vello, mientras su entrepierna es una invitación a Cómeme.
Hago esfuerzos titánicos para que mi suegro no descubra la excitación que en mi provoca y trato de desviar mi atención en la textura que la pintura provoca en la pared, pero cuando mi suegra y esposa anuncian que irán al mercado; mi corazón comienza a acelerarse. Es quizás de las pocas veces en que me encuentro a solas con el hombre que puebla mis fantasías.
-          ¡Vente a echar otra "chela" cabrón¡¡Deja eso para después¡ Ni que urgiera tanto.
Mi suegro destapa una cerveza y me la ofrece, mientras acomoda su riquísimo trasero en el escalón de entrada. Tomo la cerveza y me siento frente a él; posición que me permite ver con claridad cómo es que la delgada tela de algodón de su short se tensa al apenas contener el volumen de pinga y huevos que se carga mi pariente. Puedo casi adivinar que su verga se recarga en su muslo derecho, mientras un testículo cae más que otro (el izquierdo). Esta imagen me recuerda cuando al casarme con su hija aproveché la borrachera de mi suegro para explorar su cuerpo. Recuerdo su aroma, la emoción de tocar por vez primera un hombre. De esto él no sabe nada (y dudo que algún día él se llegue a enterar).
Y así entre plática y plática la conversación con mi suegro se va relajando. Un cartón de cerveza después he podido ya comprobar que mi suegro no usa, por esta vez, ropa interior. Un peludo testículo se ha asomado por entre su pierna y short. La posición abierta de sus piernas permite que éste cuelgue libremente. Trato de seguir la conversación, pero el mareo por la cerveza y el espectáculo que me ofrece su entre pierna es para mi enloquecedor. Apenas puedo disimular mi erección que se descubre por debajo de mi pantalón. La diurética cerveza me otorga ir de vez en vez al baño y estando ahí, masturbarme locamente.
Mi suegra y esposa han comenzado a retrasarse y con ellas la bebida a escasear. Mi pensamiento es cada vez más confuso y las cosas se mueven rítmicamente. Cierro los ojos mientras mi mano continúa acariciando mi verga de arriba abajo. Yo frente al retrete masturbándome con la visión confusa de mi suegro mostrándome sus huevos.
Al regresar él ya no está. Lo busco en el patio, en la calle y no logro hallarlo. Entro a la casa, la sala, el comedor, la cocina. Nada. Subo las escaleras. La puerta del cuarto de mis suegros entreabierta. El sonido del agua al caer. La regadera seguramente abierta. Al asomarme veo el short de mi suegro tirado en el suelo mientras espesas nubes de vapor salen del baño privado de ese cuarto. Mi corazón se acelera al darme cuenta de lo mal cerrada que se encuentra la puerta del baño. Me acerco con sigilo y trato de no hacer ruido. Recojo del suelo el short y comienzo a oler. Huelo también el lugar en donde su ano debió estar. Aspiro.......... Me acerco un poco más a la prenda y descubro dos vellos púbicos los cuales guardo en un papel para examinarlos después con detenimiento.
El agua sigue cayendo y escucho como mi suegro chifla una vieja canción. Me acerco temeroso a la puerta del baño. Me asomo y trato de que mi suegro no se entere de que lo espío. Lo que veo me electrifica. Frente a mi, de espaldas, él talla su axila izquierda. Su brazo se levanta y el agua se cuelga del vello axilar. Su espalda, nalgas y piernas escurriendo agua, permitiendo que el vello se adhiera a su piel.
El jabón se ha caído, al agacharse para recogerlo, sus enormes nalgas se tensan aún más y me permiten ver ese culo moreno, igualmente poblado de pelo corporal. Ya no aspiro el aroma del short, pues ahora este se encuentra en mi verga. Con el me masturbo. No puedo apartar mi vista de su cuerpo. Por sus movimientos torpes me entero que está, al igual que yo, tomado.
 Su mano derecha viaja hacia las llaves y cierra de golpe el paso al agua. Ha terminado de bañarse. Mi corazón nuevamente entra en angustia y torpemente inicio la huida. El short queda igual en el suelo, pero ahora manchado con mi propio semen. Todo es un desorden. Como puedo bajo las escaleras y finjo dormir en el sillón de la sala. Escucho cuando sale hacia su recamara, el revolver de envases, un frasco cae. Silencio.
Espero en mi provisional refugio durante aproximadamente 5 minutos que se me antojan eternos. No hay ya movimientos ni ruidos en la recamara. No logró contener mi corazón y dudo a cerca de lo que debo hacer. Mi familia aún no llega. Pasa el tiempo y decido reiniciar mis observaciones. Tengo la verga dura. Lo sé porque puedo ver como se me marca el miembro en el pantalón. Me lo froto por sobre la prenda durante un momento como para apaciguarme. Después inicio mi camino hacia la recamara. Los escalones no tienen fin. Ya en el primer piso; la puerta aún entre abierta. La emoción y mi alma desbocados, no se detienen. La puerta es cada vez más cercana y un claro ronquido aviva mi curiosidad. Al tocar casi la puerta puedo ver a mi suegro acostado boca arriba con los pies en la alfombra, los brazos bajo la cabeza, durmiendo la mona plácidamente cubierto solamente por una toalla blanca que permite contemplar un interesante bulto justo en su entrepierna, amén de su barriguita peluda.
Las facciones rudas del rostro de mi suegro se ven suavizadas por el sueño. Sus labios, enmarcados en su espesa barba, como nunca antes se me antojan besar. Toqué suavemente la puerta para ver si había alguna reacción, pero ni siquiera se movió. Su respiración era pesada, profunda y bastante sonora. Con sigilo entre de nueva cuenta al cuarto y la puerta rechinó un poco. Todo mi ser se encogió ante la perspectiva de despertar al gigante, pero como antes, no hubo reacción alguna.
Parado al pie de la cama miré a mis anchas a ese hombre. ¡Qué bello es¡ . Con más cuidado aún me hinqué frente a sus rodillas y con mano temblorosa presioné ligeramente su miembro. ¡Qué gruesa era¡ Recorrí con nervio su longitud hasta llegar a su enorme cabeza. ¡Yo me encontraba meándome de gusto¡ Los ronquidos de mi suegro me proporcionaban cierta confianza, por lo que me animé a colocar mi mano abierta, apenas tocando la toalla, sobre aquel tremendo miembro. ¡No pude cubrirlo por completo¡ Mis manos verdaderamente sudaban y temblaban. Tomé un respiro como para apaciguarme. Decidí dar el siguiente paso. Levante con suavidad aquella toalla que cubría su medio cuerpo y lo que ví me electrificó. Un buen par de bolas peludas y morenas descansaban en el colchón de la cama. Abierto de piernas como estaba mi suegro pude ver parte de esas maravillosas nalgas. Tan absorto estaba en mi contemplación que por poco no escucho a mi suegra girar la llave en la cerradura para poder entrar. Cubrí nuevamente a mi suegro y como pude salí de donde estaba. Rápidamente me metí en el cuarto contiguo, me aventé sobre la cama y nuevamente fingí dormir.
Te lo dije – comentó mi suegra mientras cerraba su cuarto- estos dos terminaron borrachos. Déjalos que duerman y luego los llamamos a comer. Yo creo que mis escarceos con mi suegro aún son un secreto para él. Es demasiado homofóbico para siquiera imaginar en la posibilidad de experimentar con otro hombre. Hay veces que me gustaría planear algo para que cayera mi suegrito, pero la estabilidad de mi matrimonio está en juego (además de mi nula experiencia con otros hombres), así que por ahora tendrá que permanecer oculto mi deseo.
Por Chubbyoso Javo