(Relato enviado como anónimo, se hicieron cambios con el
consentimiento del autor)
Ojos Melancólicos era un hombre de unos cuarenta años, vestía siempre
jeans y playeras tipo polo, era de piel morena, con un cuerpo fuerte que
mostraba sus horas en el gym, la expresión de su rostro era agradable con unos
ojos grandes y negros que siempre transmitían la sensación de estar tristes, la
percepción que teníamos de él era bastante subjetiva, el rasgo de sus ojos era
lo que lo distinguía. No sé bien cómo fue que apareció, a veces lo
encontrábamos en la fonda donde íbamos a comer, otras veces en la parada del
camión, otras al cruzar una calle, siempre lo observábamos de lejos y aunque
hablábamos un tanto despectivo de él, creo que ambos sentíamos atracción por
dicha persona.
Recuerdo que cuando yo me lo encontraba por la calle, nos mirábamos,
seguramente él notaba que me atraía y en ocasiones parecía detenerse para ver
si hacíamos contacto, yo pensaba que también le parecía atractivo porque él me
mostraba una expresión en su rostro como de cariño mezclada con deseo, o al
menos eso creía yo, aun así nunca platicamos. A veces mi amigo y yo lo veíamos
con otro hombre de piel blanca y que al parecer era su pareja. Pero el otro no
nos llamaba la atención como Ojos Melancólicos. A mí personalmente, me gustaba
mucho su porte, no importaba la ropa que usara siempre lo veía bien. Siempre me
ha gustado el que un hombre tenga un comportamiento masculino y eso me atraía
de él, aunque yo lamentaba que no pudiese ocurrir algo entre los dos.
El tiempo pasó, yo me gradué, perdí el contacto con mi amigo y me fui a
la ciudad de México donde conseguí trabajo, había hecho muchos cambios en mi
aspecto, ya no era el joven universitario delgado y andrógino, ahora era un
hombre adulto, fuerte y presumía una barba de candado. Así que un día que
viajaba en el metro, absorto en mis pensamientos, de pronto note a un hombre
con una figura agradable frente a mí, estaba de espaldas, se veía corpulento
para su edad ya que sus sienes estaban cubiertas de canas muy brillantes, me
gustó mucho su cabello y la elegancia con que las canas iban cubriendo su
cabeza, debía rebasar los cincuenta años. Lo observé en cada detalle, me gustó
su porte y pensé que era un buen candidato para compartir mi cama, lo miré un
buen rato a ver si giraba su cabeza y si podría ver su rostro. Pero paso mucho
tiempo y eso no ocurrió. De pronto llegue a mi destino y baje, olvide al
desconocido hombre que me había gustado. Pero más adelante al salir de la estación, frente a mi iba él,
iba a paso rápido, cuando de pronto su celular cayó al piso y fue a dar a mis
pies. Lo levante y al mirar su rostro me impactó, era Ojos Melancólicos. Él
sonrió al verme y me agradeció le entregara su celular y se dio la vuelta, para
seguir su camino, mientras que yo solo me quede observándolo, camino unos diez
pasos y regreso a preguntarme. “¿Te conozco?”.
Solo pude decir que no, realmente nunca nos habíamos conocido, así que
le dije la verdad. Se disculpó y me dijo que había sido grosero al marcharse
sin agradecer apropiadamente, me invito a tomar un café de los que venden a la
salida del metro y yo un poco vacilante acepte, era un día lluvioso.
Mientras tomábamos el café, me miró y me dijo que le recordaba a
alguien, aun no nos contábamos de donde éramos. Yo tenía ya cerca de treinta
años y el seguramente tenía por lo menos unos veinte años más que yo. Lo deje
hablar un buen rato, pude notar que era una persona agradable, atractivo,
educado y seguramente si se sentía atraído hacia mí, parecía no recordarme,
quizá era porque jamás en el pasado cruzamos ninguna palabra y yo ahora lucía
diferente. Le pregunte a quien le recordaba, y me dijo que le recordaba a una
persona a quien él amaba como a un hijo. Me llamo la atención que me dijera
algo así. Entonces le pregunte más. ¿Tienes hijos? “Sí”, me respondió, “tengo
un hijo, pero hace muchos años que no lo veo”. Y su mirada tomó esa tristeza
que le conocía, no quise preguntar más aunque yo me sentía intrigado por saber
más de él. Pero ya no quiso seguir hablando de ese tema y me pregunto cosas de
mí, para conocerme, así que decidí contarle otra historia de mí, le dije que
siempre había vivido en el DF y no en la ciudad en la que realmente nos
habíamos conocido y hasta el nombre me cambie por si las dudas, no quería que
pudiera reconocerme. Me dijo que había sido grato conocerme y que si yo deseaba
podíamos seguir platicando en otra ocasión. Por supuesto respondí que si, en mi
mente estaba ocurriendo algo extraño, sentía atracción hacia esa persona y al
mismo tiempo una especie de familiaridad, quizá porque yo si tenía la certeza
de saber que él era Ojos Melancólicos. Me dio su número celular y se despidió
amablemente, la lluvia había disminuido.
Pasaron algunos días, entre mis dedos estaba el papelito donde había
anotado su número, lo pensé mucho y después de una semana decidí llamarle. Me contestó
amablemente, me dijo que si me recordaba y entonces le dije que ahora yo lo
invitaría a tomar un café, él aceptó. Nos vimos en una cafetería del centro
histórico, yo sentía curiosidad por él, era un hombre maduro aún atractivo para
su edad, durante la conversación me dijo que le gustaría mantener una muy buena
relación amistosa, estuve de acuerdo y al finalizar el café caminamos sin rumbo
platicando de todo, descubrí que era más agradable de lo que pensaba y que
teníamos muchas cosas afines. Vivía cerca del centro, por el rumbo de
Tlatelolco, aunque me quedaba de lado contrario al que yo vivía le dije que me
quedaba de paso a mi casa y le pregunté si podía acompañarlo, él accedió y
seguimos platicando, su conversación era interesante y al salir del metro le
pregunté si podría conocer donde vivía, él accedió. Supe que era profesor
universitario, lo cual lo hacía más interesante en el trato. Cuando llegamos a
su casa me invito a pasar, vivía solo y era un lugar muy agradable, yo estaba
muy excitado porque me gustaba mucho y al entrar a su casa no pude controlarme
y me acerqué a su cuerpo, él se había quedado quieto y entrecerró los ojos
mientras yo acerqué mis labios a los suyos y entonces lo besé, primero con
timidez, al sentir que él me correspondía lo abracé y sin separar mis labios de
los suyos comencé a quitarle la ropa y pude ver que para su edad tenía una piel
muy bonita, muy suave y de un color uniforme, sus músculos eran firmes, así que
en el sofá de su casa lo hice mío, aunque al principio puso algo de resistencia
finalmente se dejó llevar por el instinto. Al terminar platicamos, me sinceré y
le dije la impresión que tenia de él, que me parecía un caballero muy atractivo
y que después de lo que había ocurrido, yo deseaba mantener una buena relación
con él, definitivamente deseaba estuviera en mi vida.
Por fin había logrado, lo que muchos años antes había deseado, había
hecho mío al hombre que en ese momento ya no podía seguir llamando Ojos
Melancólicos, ahora él tenía un nombre, pero las cosas no habían terminado ahí.
Él también se sinceró y me dijo que durante muchos años había sufrido una pena,
le pedí que me contara. “¿Recuerdas el día que nos conocimos y te dije que
tenía un hijo?” “Si, lo recuerdo” “Pues
bien, ese hijo si lo pude ver, pero nunca pude tratarlo.” Me explico que siendo
muy joven había llevado una relación heterosexual con una mujer llamada Sofía
de la cual había nacido un hijo, pero que él no se había enterado sino muchos
años después, cuando ya había terminado la relación con esa mujer. Ella nunca
se lo dijo, le guardaba rencor por haberla abandonado y procuró que nunca
supiera que ese hijo era suyo. Él lo supo años después. Me siguió contando, “durante muchos años solo
lo veía de lejos, cuando creció descubrí que él era homosexual como su padre,
así que solo me conformaba con verlo por la calle, creo que incluso él pensó
que a mí me gustaba, lo cual complico aún más las cosas para poder acercarme a
él”. Yo lo escuchaba con atención, mi corazón latía aprisa y no pude evitar preguntarle
si sabía quién era ese joven. Me contestó diciendo el nombre de su hijo era
Andrés. “Pero qué raro” pensé yo, “su hijo se llama igual que yo y también mi
madre se llama Sofía…”. En ese momento mi corazón dio un vuelco, pues yo nunca
conocí a mi padre.
upsss que fuerte
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