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17 de diciembre de 2014

Heteroflexible

Esto que voy a contar pasó hace un año, lo recuerdo porque, al igual que ahora, esos días eran cercanos a Navidad, las calles lucían iluminadas por las luces de la temporada. Esa noche yo estaba particularmente excitado, tenía varios días que se me había metido en la cabeza la idea de mamar una buena verga y era el momento que no había podido lograrlo. Pensaran ustedes que soy un pasivo que siempre anda en busca de lo mismo, pero no es así, mi preferencia sexual es ser activo, pero hace mucho, aun antes de comenzar mi vida como homosexual activo, conocí a un hombre que me enseño a disfrutar de mamar una rica verga, así que de vez en cuando tengo el fuerte deseo de hacerlo, sin que tenga el interés de ser penetrado. Me encontraba sentado en la banca de un pequeño parque, estaba en mis reflexiones cuando de pronto vi que se acercaba en la acera de enfrente, un hombre que anteriormente me había llamado la atención. Él no me veía, parecía venir ebrio, así que me dedique a observarlo, llego a la casa que estaba frente al parque e intento abrir la puerta, pero de pronto se alejó de nuevo. Decidí esperar a ver si volvía otra vez.

Regreso poco después con una bolsa, dentro de la cual llevaba cervezas y entró a la casa. Yo no sabía quién vivía ahí hasta ese momento, él era el árbitro de futbol en todos los partidos de mi barrio. Entonces recordé que tenía unas piernas muy velludas, sus piernas eran gruesas por el ejercicio, y a veces en los partidos de futbol, podía ver su verga por entre sus calzoncillos. Yo acostumbraba observarlo, tenía algo que me llamaba la atención. Él ya me ubicaba y se daba cuenta que yo lo observaba, aun así nunca me decía nada, supongo que más de uno lo observaba de vez en cuando y por eso no le llamaba la atención que yo lo hiciera. Pero en ese momento tuve la brillante idea de ir a tocar a su casa y de plano decirle que quería mamarle la verga, total estaba borracho y lo peor que podía pasar es que me corriera, quizá al día siguiente ya ni recordaría que fui yo.

Me decidí a ir de inmediato, porque si no me arrepentiría después, cuando ya estaba a punto de tocar, las dudas me asaltaron, "¿y si esta con su familia y sale su mujer, qué digo?""¿Y si sus hijos...?" aun así toque a la puerta. Él salió a abrir, cuando se asomó, le escurría agua por su pecho, al parecer acababa de darse un baño y cuando me pregunto qué quería, por un momento no supe que decir, pero note que estaba solo, no se veía nadie más dentro de su casa, me arme de valor y le dije sobre la posibilidad de que me dejara mamar su verga... Obviamente él se negó y me miro muy desconcertado, pero estaba muy borracho por lo que yo le insistí. Entonces me preguntó mi edad, le dije que tenía 23 años, se quedó pensando un rato muy sacado de onda pero al final accedió y me dijo que pasara a su casa, yo sudaba helado y me temblaba todo el cuerpo. Él se sentó en una silla sin hacer nada, yo me acerqué y puse mi mano en su pecho, aún recuerdo esa primera sensación increíble de sus vellos del pecho aun mojados, él comenzó a bajar mi mano y se puso de pie. Con mis manos bajé su short el cual resaltaba un bulto muy apetecible, yo baje su short y saltó su verga, no era una verga como la que quizá todos esperan en un relato erótico pero tenía un buen tamaño y para mí era perfecto, lleno de vello y con un olor a macho y a jabón, a un cuerpo recién bañado, era una sensación increíble así que tome su verga y por fin fui recorriéndola con mi lengua y después me la metí a la boca, era un tamaño normal, subí la mirada y él me dijo “despacio quiero disfrutarlo”, poco a poco encontré el ritmo adecuado, vi como cerraba los ojos y disfrutaba de esa mamada de verga que yo le estaba dando...

Pasaba mi lengua por sus huevos aun con aroma a jabón de baño y él dejaba escapar unos gemidos quizá sin voluntad, yo tocaba sus nalgas con mis manos mientras él con sus manos empujaba mi cabeza para que su verga entrará en el fondo de mi garganta, disfrute demasiado ese momento y se notaba en mi verga que ya estaba muy caliente y dura. Fue entonces que mientras yo acariciaba sus nalgas, el tomo una de mis manos y la puso entre sus nalgas, comprendí que lo que quería era que masajeara su ano y comencé a hacerlo. Comenzó a gemir con más fuerza y yo apreté su ano y comencé a mamar con más velocidad y entonces se vino en mi boca, fue una sensación increíble y él parecía haberlo disfrutado mucho.

Cuando termino, se fue a lavar al baño y cuando salió me dijo que si quería podía lavarme también. Después saco unas cervezas y me dio una, me dijo que ya me recordaba, que yo era uno de los asistentes a los partidos de futbol donde era el árbitro. Ahora entendía por qué razón yo lo miraba con atención. Me dijo que le pareció muy atrevido que me presentara en su casa esa noche, pero que me lo agradecía porque le había gustado mucho lo que habíamos hecho, que le gustaría repetirlo de nuevo, pero que esta vez le gustaría planearlo mejor. Me dijo que si no había problema me gustaría tenerme de planta para que le mamara la verga cuando él quisiera. Su mujer era una mujer muy orgullosa a la que se le hacía degradante hacer sexo oral. Yo estuve de acuerdo, él me gustaba mucho, era un hombre maduro muy atractivo y en especial porque al parecer, el que me hubiese dejado masajear su ano, quizá me permitiría penetrarlo más adelante. Y esa idea me emocionaba.

Esa noche nos despedimos y no volvimos a vernos en unas dos semanas, hasta que un día me envió un mensaje en el que me invitaba a tomar una chela en su casa. Yo tenía un compromiso con un chavo que veía de vez en cuando, pero la sola idea de salir con el entrenador de futbol me prendía tanto que decidí cancelarle al chavo que ya tenía citado. Me arregle lo mejor que pude y me fui a visitar a mi entrenador favorito.

Cuando llegue a su casa esperaba verlo, pero para mi sorpresa me abrió la puerta su mujer, eso me desconcertó y me sentí incómodo, pregunté por él y ella solo se limitó a decirme que su esposo estaba en la parte de atrás de la casa en el jardín tomando, así que pase hasta allá y lo salude, pensé que esa noche tal vez no ocurriría nada, nos pusimos a platicar de cualquier cosa, me insinuó que más tarde podíamos hacer algo, le dije que no me sentía cómodo con su esposa cerca, entonces él se levantó y me dijo “´orita lo arreglo…” y se metió a la casa. Poco después comencé a escuchar una pelea entre él y su esposa, nada más escuche el portazo cuando su esposa salió enojada y gritándole que se iba con su madre. Se asomó al patio y me dijo que pasara a la casa.


Entonces comenzó lo bueno, se desnudó completamente y se tiró en la cama, yo poco a poco comencé a chuparle su verga, pero no se le paraba tanto como la primera vez que lo vi, entonces el giro como acomodándose y entonces quedo de espaldas, entonces pude ver sus enormes nalgas, eso me excito mucho,  él ya estaba muy ebrio y parecía no darse cuenta de todo, entonces comencé a lamerle el ano, y comenzó a moverse como si deseara ser penetrado. Yo me prepare y tome un condón, total, si no quería solo tenía que decírmelo, me puse sobre él y poco a poco comencé a penetrarlo, la experiencia era muy excitante, no podía creerlo, me estaba cogiendo a un hombre que era prohibido para mí, en su propia casa, en su propia cama y con el cual yo me había presentado casi como pasivo. Me lo cogí con cuidado, pero de una forma que jamás lo había hecho, mientras le daba besos en la nuca. Cuando me vine, me salí, el parecía estar entre dormido y despierto, no entendía lo que decía, así que lo voltee de nuevo y le dije que tenía que irme, porque ya era tarde. Solo escuche que me dijo “gracias, luego nos vemos”. Esa noche salí de su casa muy satisfecho, había logrado algo que quizá ya no podría volver a ocurrir. Y en efecto, volví a verlo otras tres veces, pero solo le hice sexo oral, ya no volví a penetrarlo jamás.


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