Dicen que el enamoramiento es un proceso químico que se da en el cerebro
el cual libera dopamina, lo cual nos crea esos estados de euforia. Más allá de
esta explicación, hay un cúmulo de sensaciones que no pueden explicarse, solo
sentirse. Nadie tiene la verdad absoluta de lo que es el amor. Yo tampoco.
Estas son sólo algunas reflexiones en torno al significado personal de su
interpretación. Si me pidieran definir el amor me confieso incapaz de hacerlo, muchas
veces es más fácil decir lo que no es el amor, porque para cada quien el amor
se expresa de forma diferente, y todas las formas tienen algo de razón, pero
también mucho de irracional, porque el amor también es locura, y las locuras no
pueden explicarse, solo se viven intensamente.
El mundo es el mismo para todos, pero la forma en cómo lo vemos y cómo
lo interpretamos es diferente para cada uno de nosotros porque tenemos
diferente forma de percibirlo y de relacionarnos, pero cuando se habla de algo
intangible como los sentimientos es aún más complicado, ¿cómo se puede saber
que eso que sentimos es amor? ¿Quién de todas las personas con las que te has
relacionado es el amor de tu vida? El amor romántico puede ser impreciso,
cambiante, lo que hoy se ama mañana se puede odiar, lo que hoy es el amor
eterno mañana puede ser el peor error de tu vida. Hay muchos que se obsesionan
buscando el amor, como si fuera algo necesario para ser socialmente aceptado y
más en vísperas de un 14 de febrero. Si tienes pareja hoy, quizá tú y él se
ocupen en actividades sociales como salir al antro o al cine, tomados de la
mano, derrochando miel como si se tratara de una escena de la telenovela del
canal de las estrellas, que es la forma en la que se ha educado a la sociedad
mexicana sobre lo que es el amor, no importa que vivamos una devaluación, que
el precio del petróleo haya caído, o algo más personal, que traigas el
colesterol al tope (eso sí daña al corazón) o que el sueldo no alcance para
cubrir las necesidades básicas. Las novelas y películas enseñan que “el amor
todo lo vence”. Pero ¿será así? Quizá debamos descolonizarnos un poco de las
ideas que Hollywood y el canal de las estrellas nos han metido hasta el
cansancio.
Es indudable que el amor es un
sentimiento que nos proporciona muchas satisfacciones, la mayoría hemos
disfrutado de una persona con la cual nos sentimos compatibles. Por ello muchos
se enfrascan en una búsqueda sin fin para encontrar el amor de su vida y
después de mucho tiempo llegan a ciertas conclusiones según les fue en la
búsqueda. Algunos llegan a conclusiones como las que se expresan en las
canciones de desamor, como decía Radio Futura: “el amor es una enfermedad, que
una vez contraída no se cura”, y por otro lado, que: “El amor es una epidemia
que se acaba con el tiempo” (Joaquín Sabina, JS)
“Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida
No hay nada mejor, que encontrar un amor a medida” (JS)
Estaba en la Universidad cuando conocí a Beto, era mayor que yo, iba un
año delante de mí en la misma carrera que yo estudiaba, no era guapo en el
sentido de que fuera “bonito”, más bien era algo tosco. De piel morena, sus
facciones eran recias y eso lo hacía ver muy varonil, un gran bigote espeso y
grueso y una barba que no se dejaba crecer y que tenía que rasurar cada tercer
día, velludo y con un cuerpo atlético, tenía unas piernas gruesas donde se le
marcaban los músculos. Por azares del destino nos hicimos amigos, nunca pasó
nada entre nosotros, él era hetero y yo estaba encerrado en el closet, pero fue
el mejor amigo que había tenido hasta ese momento, íbamos juntos a casi todas
partes, me gustaba mucho su compañía, fue un amor platónico con el que nunca
hubo nada, y quizá es eso lo que lo hizo inolvidable en mi memoria, el hecho de
que fuera imposible, que nunca hubiera pasado nada es lo que lo hace especial,
porque el amor realizado no inspira tanto como el desamor, el amor no es tan
eficaz para crear como el desamor, las expresiones de arte más fuertes,
desgarradoras, son de desamor, sea una canción, una poesía, una película, tienen
al desamor como la fuente de inspiración. Todas las novelas rosas terminan en
que, después de un cúmulo de contrariedades superadas, al final todo se
resuelve y vivieron felices para siempre, ahí termina todo, lo que sigue
después ya no vende, la felicidad eterna no existe. Cuando Beto terminó la
Universidad a mí me faltaba un año para terminar de estudiar, de repente me
quedé solo, durante dos años había sido mi único amigo, mi amor secreto, mi
compañía, el hombre que yo admiraba en silencio, y se fue, dejando un vacío en
mi vida. Durante mucho tiempo imaginé cómo hubiera sido nuestra vida juntos si
él no hubiese sido hetero, si yo no hubiera estado encerrado en un closet,
quizá habríamos hecho una vida juntos, quizá hubiéramos sido felices para
siempre.. o quizá no.
“Le sonrió, con los ojos llenitos de ayer, no era así su cara ni su
piel, -tú no eres quien yo espero…-” (Serrat)
Un año después, en mi graduación pude ver a Beto, iba con su novia, me
la presentó, una joven poco agraciada, se veían enamorados, no pude estar a
solas con él, ni como amigos, no pude decirle nada, pero no importó, porque
algo había cambiado.
"No soy yo, ni tú, ni nadie
son los dedos miserables
que le dan cuerda a mi reloj." (JS)
Él no había cambiado, era yo quien había cambiado, no pude verlo como
antes lo veía, aunque a esa edad uno no cambia mucho en un año, yo lo ví
diferente, distinto al hombre del que me enamoré, quizá haya sido por el hecho
de verlo con su novia, pero en ese breve instante pude ver cosas diferentes en
él que antes no había visto, o que había pasado por alto, digamos que no era
perfecto, y entonces lo que no era perfecto en él comenzó a tener más peso que
todo lo hermoso que antes había visto en Beto, un año fue suficiente para
hacerme cambiar, él ya no era el mismo del que yo me había enamorado, era otra
persona. Y no lo volvía a ver jamás. Y aunque hoy día sigo enamorado del hombre
que fue mi mejor amigo durante dos años en la Universidad, es una imagen
construida en mi memoria con lo mejor de sus recuerdos, pero no corresponde a
la realidad, no es el hombre que ví en mi graduación, de él no estaba ya
enamorado. Y si mis sueños telenovelescos se hubiesen hecho realidad habríamos
terminado mal, algunas cosas es mejor que permanezcan como recuerdos.
“no es que no quiera, es que no quiero querer,
echarle leña al fuego del hogar y el deber,
la llama que me quema cada vez que te veo
me dice que es absurdo programar el deseo,
al cabo de unos años estaríamos los dos
adultos y aburridos frente al televisor” (JS)
“Lo peor del amor, es cuando termina” (JS)
Dicen que la historia a escriben los vencedores, sin embargo, en
cuestiones de amor, la historia la escriben los vencidos, los que fueron
abandonados, los que terminaron mal en alguna experiencia, las historias que
más se construyen son alrededor de la imposibilidad de seguir siendo amados,
sea por una causa o por otra. Y quien es dejado se muestra como una víctima,
nunca hay un reconocimiento de una culpa propia, en algún punto se descubre que
“mi rey era un monstruo de piedra” y uno es quien resulta engañado.
Carlos fue el primer hombre con el cual tuve sexo, lo conocí en un cine
porno que ya no existe, me hizo sexo oral en el cine, salimos juntos y me
invitó al departamento que rentaba junto con otros tres amigos. El, al igual
que yo, fuimos al cine a buscar placer, no el amor. Si él me invitó a su depa
fue para pasar un rato agradable con mayor comodidad, para desnudarnos, coger
sin prisa y sin interrupciones. Quizá por ser el primer hombre con el que tenía
sexo satisfactorio, regresé a buscarlo varias veces, y cada vez me fui enamorando
de él. Sin darme cuenta lo fui acosando para que fuera solo mío, le fui pidiendo
más tiempo, un tipo de relación más allá de solo el sexo, creo que él me
soportaba por el placer que le daba, pero llegó un momento en que fue claro
conmigo y me dijo que tenía una relación con otro hombre, un contador, de buena
posición económica el cual solventaba sus gastos. No hubo engaño, el único que
se hizo tonto fui yo. No fui una víctima de él, sino de mí mismo. Durante mucho
tiempo le eché la culpa por haberme engañado, solo porque no había FB no me
puse a postear que “él me engaño” ya victimizarme, porque realmente ambos
coincidimos en un lugar donde no se va a buscar el amor eterno, solo el placer.
Mi sentimiento de amor fue erróneo porque mi enamoramiento se basaba
exclusivamente en el placer sexual, sin tener más puntos en común. “Me han traído
hasta aquí tus caderas, no tu corazón” (JS).
“Y si de verdad me amas,
No habrá casorio, ¿para qué?
Con dos en una cama
Sobran testigos, cura y juez” (JS)
Con lo anterior, podemos darnos cuenta que es necesario hacer una
reflexión sobre la idea que tenemos del amor y cuáles son las características
que buscamos en la otra persona con la cual deseamos compartir una vida. Robert
J. Sternberg señala tres componentes del amor: la intimidad (sentimientos que
promueven el acercamiento), la pasión (un fuerte deseo de unión) y el compromiso
(para conservar y reproducir el amor). La intimidad y la pasión son componentes
que en cierto modo se dan por si solos. Pero el compromiso es un componente que
se tiene que mantener y para ello hace falta cierta madurez de los que se
enfrascan en dicha relación. Existen en el medio hetero y también en el
homosexual, parejas que desde hace tiempo perdieron los primeros componentes pero
siguen compartiendo su vida por el componente del compromiso. Quizá ustedes
conocen alguna pareja así, y sin embargo y a pesar de que ya no comparten la
cama, yo podría decirles que esas parejas en verdad se aman.
“Como otras parejas
tuvimos historias de celos,
Historias de gritos y
besos, de azúcar y sal,
Y contra pronóstico
han ido pasando los años,
Tenemos estufa, dos
gatos y tele en color,
Si dos no se engañan,
mal pueden tener desengaños...
¿emociones fuertes?
Buscadlas en otra canción…” (JS)



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