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12 de febrero de 2015

De amor y locura



Dicen que el enamoramiento es un proceso químico que se da en el cerebro el cual libera dopamina, lo cual nos crea esos estados de euforia. Más allá de esta explicación, hay un cúmulo de sensaciones que no pueden explicarse, solo sentirse. Nadie tiene la verdad absoluta de lo que es el amor. Yo tampoco. Estas son sólo algunas reflexiones en torno al significado personal de su interpretación. Si me pidieran definir el amor me confieso incapaz de hacerlo, muchas veces es más fácil decir lo que no es el amor, porque para cada quien el amor se expresa de forma diferente, y todas las formas tienen algo de razón, pero también mucho de irracional, porque el amor también es locura, y las locuras no pueden explicarse, solo se viven intensamente.

El mundo es el mismo para todos, pero la forma en cómo lo vemos y cómo lo interpretamos es diferente para cada uno de nosotros porque tenemos diferente forma de percibirlo y de relacionarnos, pero cuando se habla de algo intangible como los sentimientos es aún más complicado, ¿cómo se puede saber que eso que sentimos es amor? ¿Quién de todas las personas con las que te has relacionado es el amor de tu vida? El amor romántico puede ser impreciso, cambiante, lo que hoy se ama mañana se puede odiar, lo que hoy es el amor eterno mañana puede ser el peor error de tu vida. Hay muchos que se obsesionan buscando el amor, como si fuera algo necesario para ser socialmente aceptado y más en vísperas de un 14 de febrero. Si tienes pareja hoy, quizá tú y él se ocupen en actividades sociales como salir al antro o al cine, tomados de la mano, derrochando miel como si se tratara de una escena de la telenovela del canal de las estrellas, que es la forma en la que se ha educado a la sociedad mexicana sobre lo que es el amor, no importa que vivamos una devaluación, que el precio del petróleo haya caído, o algo más personal, que traigas el colesterol al tope (eso sí daña al corazón) o que el sueldo no alcance para cubrir las necesidades básicas. Las novelas y películas enseñan que “el amor todo lo vence”. Pero ¿será así? Quizá debamos descolonizarnos un poco de las ideas que Hollywood y el canal de las estrellas nos han metido hasta el cansancio.

Es indudable que el amor  es un sentimiento que nos proporciona muchas satisfacciones, la mayoría hemos disfrutado de una persona con la cual nos sentimos compatibles. Por ello muchos se enfrascan en una búsqueda sin fin para encontrar el amor de su vida y después de mucho tiempo llegan a ciertas conclusiones según les fue en la búsqueda. Algunos llegan a conclusiones como las que se expresan en las canciones de desamor, como decía Radio Futura: “el amor es una enfermedad, que una vez contraída no se cura”, y por otro lado, que: “El amor es una epidemia que se acaba con el tiempo” (Joaquín Sabina, JS)
 
“Apenas llegó, se instaló para siempre en mi vida
No hay nada mejor, que encontrar un amor a medida” (JS)
Estaba en la Universidad cuando conocí a Beto, era mayor que yo, iba un año delante de mí en la misma carrera que yo estudiaba, no era guapo en el sentido de que fuera “bonito”, más bien era algo tosco. De piel morena, sus facciones eran recias y eso lo hacía ver muy varonil, un gran bigote espeso y grueso y una barba que no se dejaba crecer y que tenía que rasurar cada tercer día, velludo y con un cuerpo atlético, tenía unas piernas gruesas donde se le marcaban los músculos. Por azares del destino nos hicimos amigos, nunca pasó nada entre nosotros, él era hetero y yo estaba encerrado en el closet, pero fue el mejor amigo que había tenido hasta ese momento, íbamos juntos a casi todas partes, me gustaba mucho su compañía, fue un amor platónico con el que nunca hubo nada, y quizá es eso lo que lo hizo inolvidable en mi memoria, el hecho de que fuera imposible, que nunca hubiera pasado nada es lo que lo hace especial, porque el amor realizado no inspira tanto como el desamor, el amor no es tan eficaz para crear como el desamor, las expresiones de arte más fuertes, desgarradoras, son de desamor, sea una canción, una poesía, una película, tienen al desamor como la fuente de inspiración. Todas las novelas rosas terminan en que, después de un cúmulo de contrariedades superadas, al final todo se resuelve y vivieron felices para siempre, ahí termina todo, lo que sigue después ya no vende, la felicidad eterna no existe. Cuando Beto terminó la Universidad a mí me faltaba un año para terminar de estudiar, de repente me quedé solo, durante dos años había sido mi único amigo, mi amor secreto, mi compañía, el hombre que yo admiraba en silencio, y se fue, dejando un vacío en mi vida. Durante mucho tiempo imaginé cómo hubiera sido nuestra vida juntos si él no hubiese sido hetero, si yo no hubiera estado encerrado en un closet, quizá habríamos hecho una vida juntos, quizá hubiéramos sido felices para siempre.. o quizá no.

“Le sonrió, con los ojos llenitos de ayer, no era así su cara ni su piel, -tú no eres quien yo espero…-” (Serrat)
Un año después, en mi graduación pude ver a Beto, iba con su novia, me la presentó, una joven poco agraciada, se veían enamorados, no pude estar a solas con él, ni como amigos, no pude decirle nada, pero no importó, porque algo había cambiado.

"No soy yo, ni tú, ni nadie
son los dedos miserables
que le dan cuerda a mi reloj." (JS)
Él no había cambiado, era yo quien había cambiado, no pude verlo como antes lo veía, aunque a esa edad uno no cambia mucho en un año, yo lo ví diferente, distinto al hombre del que me enamoré, quizá haya sido por el hecho de verlo con su novia, pero en ese breve instante pude ver cosas diferentes en él que antes no había visto, o que había pasado por alto, digamos que no era perfecto, y entonces lo que no era perfecto en él comenzó a tener más peso que todo lo hermoso que antes había visto en Beto, un año fue suficiente para hacerme cambiar, él ya no era el mismo del que yo me había enamorado, era otra persona. Y no lo volvía a ver jamás. Y aunque hoy día sigo enamorado del hombre que fue mi mejor amigo durante dos años en la Universidad, es una imagen construida en mi memoria con lo mejor de sus recuerdos, pero no corresponde a la realidad, no es el hombre que ví en mi graduación, de él no estaba ya enamorado. Y si mis sueños telenovelescos se hubiesen hecho realidad habríamos terminado mal, algunas cosas es mejor que permanezcan como recuerdos.
“no es que no quiera, es que no quiero querer,
echarle leña al fuego del hogar y el deber,
la llama que me quema cada vez que te veo
me dice que es absurdo programar el deseo,
al cabo de unos años estaríamos los dos
adultos y aburridos frente al televisor” (JS)

 “Lo peor del amor, es cuando termina” (JS)
Dicen que la historia a escriben los vencedores, sin embargo, en cuestiones de amor, la historia la escriben los vencidos, los que fueron abandonados, los que terminaron mal en alguna experiencia, las historias que más se construyen son alrededor de la imposibilidad de seguir siendo amados, sea por una causa o por otra. Y quien es dejado se muestra como una víctima, nunca hay un reconocimiento de una culpa propia, en algún punto se descubre que “mi rey era un monstruo de piedra” y uno es quien resulta engañado.
Carlos fue el primer hombre con el cual tuve sexo, lo conocí en un cine porno que ya no existe, me hizo sexo oral en el cine, salimos juntos y me invitó al departamento que rentaba junto con otros tres amigos. El, al igual que yo, fuimos al cine a buscar placer, no el amor. Si él me invitó a su depa fue para pasar un rato agradable con mayor comodidad, para desnudarnos, coger sin prisa y sin interrupciones. Quizá por ser el primer hombre con el que tenía sexo satisfactorio, regresé a buscarlo varias veces, y cada vez me fui enamorando de él. Sin darme cuenta lo fui acosando para que fuera solo mío, le fui pidiendo más tiempo, un tipo de relación más allá de solo el sexo, creo que él me soportaba por el placer que le daba, pero llegó un momento en que fue claro conmigo y me dijo que tenía una relación con otro hombre, un contador, de buena posición económica el cual solventaba sus gastos. No hubo engaño, el único que se hizo tonto fui yo. No fui una víctima de él, sino de mí mismo. Durante mucho tiempo le eché la culpa por haberme engañado, solo porque no había FB no me puse a postear que “él me engaño” ya victimizarme, porque realmente ambos coincidimos en un lugar donde no se va a buscar el amor eterno, solo el placer. Mi sentimiento de amor fue erróneo porque mi enamoramiento se basaba exclusivamente en el placer sexual, sin tener más puntos en común. “Me han traído hasta aquí tus caderas, no tu corazón” (JS).
 
“Y si de verdad me amas,
No habrá casorio, ¿para qué?
Con dos en una cama
Sobran testigos, cura y juez” (JS)
Con lo anterior, podemos darnos cuenta que es necesario hacer una reflexión sobre la idea que tenemos del amor y cuáles son las características que buscamos en la otra persona con la cual deseamos compartir una vida. Robert J. Sternberg señala tres componentes del amor: la intimidad (sentimientos que promueven el acercamiento), la pasión (un fuerte deseo de unión) y el compromiso (para conservar y reproducir el amor). La intimidad y la pasión son componentes que en cierto modo se dan por si solos. Pero el compromiso es un componente que se tiene que mantener y para ello hace falta cierta madurez de los que se enfrascan en dicha relación. Existen en el medio hetero y también en el homosexual, parejas que desde hace tiempo perdieron los primeros componentes pero siguen compartiendo su vida por el componente del compromiso. Quizá ustedes conocen alguna pareja así, y sin embargo y a pesar de que ya no comparten la cama, yo podría decirles que esas parejas en verdad se aman.

“Como otras parejas tuvimos historias de celos,
Historias de gritos y besos, de azúcar y sal,
Y contra pronóstico han ido pasando los años,
Tenemos estufa, dos gatos y tele en color,
Si dos no se engañan, mal pueden tener desengaños...
¿emociones fuertes? Buscadlas en otra canción…” (JS)


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