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30 de abril de 2015

El hombre que no soñe

Hay ausencias que se sienten demasiado y hay otras con las que se aprende a vivir, aunque no se acostumbre uno a ellas tan rápido. Hacía tiempo que no tenía pareja, había tenido una sucesión de malas experiencias y con la última pareja habíamos terminado muy mal, haciendo cada uno su vida por su lado y desde entonces había decido estar solo. Pero si algo extrañaba en mi vida era el sexo. Desde que termine la última relación, había aprendido a vivir sin nadie a mi lado, despertaba cada mañana solo y aunque al principio extrañaba estar con alguien, ahora tenía libertad de hacer lo que yo quisiera y salía frecuentemente a diversos lugares de ambiente, sin preocuparme por rendir cuentas a alguien, era una rara sensación de libertad con la cual me sentía muy a gusto, pero algo me faltaba.

El sexo tiene la virtud de hacer que se nos olvide todo, de hacer la vida más placentera, y cada fin de semana salía a buscarlo. Ese día era viernes y mi cuerpo lo sabía, lo cierto es que durante un buen rato no había tenido sexo y ustedes comprenderán lo necesitado que estaba de compañía. Para colmo mis amigos no podían salir y tuve que aventurarme solo. Me fui en busca de algo de compañía a un pequeño bar en el centro de la ciudad, poco antes de llegar a dicho a lugar vi a dos hombres, uno me resultaba familiar, y me quede observándolo, cuando me di cuenta quien era ya fue demasiado tarde. Era Luis una de mis exparejas, tuve que detenerme y saludarlo, estaba acompañado de otro chavo, platicamos brevemente y les dije que iba un rato al bar, había algo diferente en Luis, pero no me di cuenta que era, lo supe hasta que más tarde el mismo me dijo que se estaba enchinando las pestañas y el cabello. Pero  en ese momento me despedí y aleje de ellos rumbo al bar.

Yo no soy del tipo guapo o bonito, más bien soy del tipo que se ve masculino, mi bigote, la barba y unos rasgos reacios, además de otros atributos que poseo, hacen que otros deseen estar conmigo, aun así estoy consciente que para algunos puedo no ser atractivo. En el bar comencé a intercambiar miradas con un vaquero que se veía muy bien, de buen cuerpo y de cara muy atractiva. Sin embargo estaba ocupado al parecer por otro vaquero que lo acompañaba, el otro se desvivía por él y cada cierto tiempo le daba besos apasionados. Aun así el vaquerito me guiñaba el ojo cada que podía. En eso estaba cuando llegaron Luis y su amigo y fueron directamente a mi mesa. Estuvimos un rato platicando, yo me sentía incómodo que estuvieran ahí ya que tenía pensado ligar algo. Luis de inmediato hizo contacto con alguien y se fue a otra mesa con su nueva conquista, pero dejo conmigo a su acompañante. Comenzamos a conversar con este chavo, la verdad es que no había visto bien quién era y comencé a platicar con él de cualquier cosa, yo estaba totalmente distraído ya que quería seguir coqueteando con el vaquerito. Pronto me di cuenta que el amigo de Luis no era del tipo de amigos que le conocía, este era inteligente y su plática era coherente y hasta interesante, no tenía el estilo de Luis. Pero algo no coincidía en él, su plática no era la de un empleado en una comercializadora como me había dicho, su plática era la de una persona educada, centrada, no como los chavos que con frecuencia pululaban por el rumbo.

De pronto la conversación con el amigo de Luis giro hacia un tema incómodo para mí, el de buscar  una pareja. Cuando me hablo de ese tema volví a mirar al chavo, hasta entonces me di cuenta que no era un joven muy atractivo, pero tenía un aspecto un tanto de chacal, vestía sencillo, mezclilla usada y una camisa a cuadros discreta, sin que se le entallara en el cuerpo como la mayoría de los que frecuentan esos lugares, pasaba desapercibido y al parecer no se preocupaba mucho por su arreglo personal, pero tenía algo que comenzó a llamar mi atención, era muy atento y me estaba haciendo agradable la noche, aunque yo groseramente estaba más interesado en el vaquerito y no le prestaba la atención adecuada, entonces me sentí apenado y me disculpe por mi falta de atención. Él hasta por mi nombre me llamaba y yo no podía recordar el suyo. Entonces comenzamos a hablar del tema que él inicio. Yo le decía que no creía en que tener una pareja fuera lo mejor que nos pudiera pasar a los homosexuales, pues no conocía ninguna pareja que se llevara bien y usaba como ejemplo mi experiencia pasada, le dije que ya había tenido pareja y que como experiencia ya sabía que era eso y que no esperaba volver a entablar una relación de ese tipo.

Sin embargo en ese tema él parecía muy seguro de lo que me decía, aunque él nunca había tenido una pareja, cuando la tuviera si sería algo especial, eso me decía. Me pareció muy ingenuo y pensé que ahora se estaba comportando de forma opuesta a lo que antes había creído de él, aun así ya me había distraído de estar coqueteando con el vaquerito, entonces pensé, bueno si no voy a tener sexo esta noche, pos me voy a divertir de borracho y pedí otras cervezas. En ese momento Braulio, así se llamaba mi nuevo amigo, se levantó para ir al baño, y al levantarse, su camisa se levantó también dejando ver un abdomen marcado y delgado, con una suave piel morena clara, entonces note que su cuerpo era más agradable de lo que creía. Cuando regreso a la mesa, mire su rostro y quise ver, quise comprender a la persona que estaba frente a mí, poco a poco fui descubriendo a una persona diferente a las que había conocido antes. Pero fuimos interrumpidos cuando en ese momento unos travestis se aparecieron e hicieron un pequeño show, obteniendo la atención de todos los asistentes.

Yo me levante al baño y cuando salía de ahí, el vaquerito me estaba esperando afuera, me dijo que si yo deseaba nos podíamos ir del bar juntos, que él dejaría a su amigo y se podía ir conmigo. Entonces gire mi vista y vi que Braulio me observaba, sentí un vacío en el estómago y mi corazón comenzó a latir con fuerza, el vaquerito me gustaba, pero por alguna razón mis planes habían cambiado, así que le di las gracias al vaquero y mejor regrese a sentarme con mi nuevo amigo. Seguimos tomando y platicando, su conversación era muy agradable y aunque antes estuvo algo serio, ahora se veía muy contento, eso hacía que yo me sintiera muy bien. Me acerque un poco más a él y mire los pequeños detalles de su rostro, la verdad es que ahora si me parecía atractivo, aunque no guapo, pero tenía el aire de esas personas que encierran algo de misterio, que siempre tienen algo que enseñar, que son una fuente inagotable de experiencias y que no son para nada aburridas, y yo ya estaba cansado de las personas simples que solo me servían para sexo.

El tiempo fue transcurriendo entre cerveza y cerveza, y de pronto, de forma espontánea, mi nuevo amigo me pidió de una forma tan amable que no pude negarme, bailásemos una rola y yo acepte con gusto, el muchacho me estaba conquistando con su forma de ser.  Luis otra vez fue con nosotros y se despidió, nos dijo que esperaba fuésemos buenos amigos, pero que él se tenía que ir, se despidió y se fue con su nueva conquista. Al salir Luis por alguna razón me imagine a mí mismo saliendo del bar con el vaquero que me había gustado, pero preferí la otra opción, quedarme con Braulio, y nosotros seguimos platicando y bromeando, la verdad es que tenía un muy buen sentido del humor. Alrededor de las 3 de la madrugada, le dije a Braulio que era momento de irse a descansar, yo estaba decidido a pasar el resto de la noche con él, pero en mi cama. Braulio me dijo que estaba bien, nos salimos del bar y cuando llegamos a la esquina, lo empuje contra la pared y le di un largo beso, el correspondió pero de una forma diferente, como nadie antes me beso, tomó mis labios entre los suyos y los aprisionó con firmeza entre sus labios gruesos, su lengua entonces recorrió cada uno de mis labios y luego abrió los suyos dejándome probar el sabor de su boca. Entonces tomamos un taxi y nos perdimos en medio de la noche.

Esa noche conocí a la persona con la cual he compartido casi un año. No puedo decir que fue amor a primera vista, si me preguntan les diré que no sé en qué momento comencé a amarlo, solo se fue dando, pero esa primera vez que lo conocí si fue definitiva, a partir de ahí nos comenzamos a ver frecuentemente, nos hablábamos por teléfono, fuimos compartiendo poco a poco experiencias de la vida común, no hubo algún evento extraordinario como un regalo espectacular o una serenata, simplemente fuimos compartiendo las pequeñas cosas que van haciendo cada día, y en esa cotidianidad fuimos encontrando comprensión, cariño y amor. Ahora puedo decir que lo amo, fue quien hizo darme cuenta que estaba equivocado por no creer más en el amor. Aprendí que todos como humanos tenemos la necesidad de amar y ser amados por lo menos una vez en la vida, aunque lo neguemos y siempre busquemos en el sexo un sustituto, y ese sustituto puede funcionar para siempre para ciertas personas, pero en el caso de algunos como yo, el sexo no basta, hace falta algo más y es entablar una relación muy profunda con alguien.
 
Braulio, poco a poco me fue mostrando la clase de hombre que era y lo que descubrí me gustó mucho, él me demostró que la belleza es más que una cara atractiva, más que estar al último grito de la moda o ser popular, y que el amor puede estar en cada uno de los pequeños detalles que son tan comunes pero diferentes cuando se hacen de forma sincera y honesta. Lo que más me gusta de él, es su gran sencillez, pues su vida es un ejemplo de vivir satisfecho con lo que se tiene, sin ambicionar grandes riquezas y tiene unos detalles que me encantan. A los seis meses de conocernos comenzamos a vivir juntos y los casi seis meses que llevamos compartiendo han sido los mejores meses de mi vida, no tengo ninguna queja contra él. No sé qué vaya a pasar, pero no importa lo que venga, la vida no se divide por capítulos como las telenovelas, cada uno hace la diferencia en las decisiones que tomamos cada día, y hoy nuestra decisión es muy simple: seguir amándonos.
(Relato anónimo)


23 de abril de 2015

Doble Vida

La vida actual sea buena o mala siempre es el resultado de las múltiples decisiones que tomamos día a día, la mayor parte de las veces sin pensar en las consecuencias de nuestros actos. Cuando me casé juro que lo hice porque estaba enamorado. Al poco tiempo nació mi hijo, todo iba bien, mi familia y la de mi esposa se llevaban bien, tenía un trabajo estable y podría decirse que tenía el prototipo de una familia ideal. Pero, algo pasó en el camino. Dicen que la curiosidad mató al gato. La inquietud llegó a mí por parte de un compañero de trabajo. Fue durante una borrachera al término de un convivio en su casa que empezó todo. No recuerdo cual era el motivo del convivio, la verdad es que en ese tiempo mis compañeros buscaban cualquier pretexto para reunirse y tomar, éramos de edades parecidas. Ese día estábamos en su departamento ya tomados, cuando de pronto y sin motivo puso su mano en mi bragueta, yo me sorprendí, le quité la mano y todos se rieron. La sensación de tener la mano de otro hombre en mi bragueta era nueva para mí en aquel momento, sentí una mezcla de placer muy profundo, junto con un sentimiento de culpa y repulsión. Eso se repitió varias veces, nadie le daba importancia, supe que mi compañero era muy bromista cuando estaba tomado y a todos les había hecho esa broma, pero no había pasado de ahí, nunca se le supo de alguna relación homosexual y todo se reducía al relajo del momento. Pero algo en mí se había despertado.

Poco tiempo después, cuando iba camino a casa con otro compañero pasamos por un cine porno que yo ni sabía que existía, pero mi compañero me dijo “mira, el cine de los putos”, me le quedé viendo curioso y me dijo “a ese cine van puros weyes que les gusta la verga”. No dije más y seguimos caminando. Pasaron unos días y cuando volví a pasar por el cine recordé lo que me dijo mi compañero, la entrada se veía bastante disimulada, a veces veía a uno que otro que entraba o salía del establecimiento, los veía como a cualquiera de a pie, no había nada que pareciera delatarlos que fueran homosexuales o que fueran afeminados como la televisión los representaba. Y un día no pude resistir más la curiosidad y entré ahí. No sé desde cuando soy así, pero esto es algo que no conocía, al inicio intenté alejarme de todo eso que me parecía aberrante pero al mismo tiempo muy placentero, pero algo en mí siempre era más fuerte que toda mi intención, y esa nueva forma de tener placer me absorbió por completo. A partir de entonces mi vida se fragmentó y nada volvió a ser igual, porque ese fue el inicio de todos mis problemas actuales.

En el cine todo era ocasional, aprendí el juego de miradas y señas en la oscuridad, pero solo iba por un rato de desahogo. Entonces fue que lo conocí a él. Al principio no le preste mucha atención, solo me interesaba obtener algo de placer, aunque quisiera decir que cuando lo conocí lo vi diferente, único, especial, que sentí algo por él, pero no fue así. La pasábamos bien en un breve momento y luego me salía del cine. Me lo comencé a encontrar más seguido y comenzamos a platicar. Desde un inicio le dije que era casado y que lo primero era mi familia, fui honesto con él, y aun así me aceptó. Nunca hicimos planes a futuro, solamente pasábamos un buen rato juntos, lo conocí en Diciembre hace ya siete años. Conforme paso el tiempo me fui involucrando más con él, y la situación se complicó cada vez más porque él se enamoró de mí… y yo de él, aun sabiendo que lo nuestro no podía ser. Ambos dejamos de ir al cine, y comenzamos a vernos exclusivamente. Ahora él es una pieza muy importante en el rompecabezas de mi vida, pues a partir de que lo conocí lleno un vacío que me hacía sentir incompleto.

Diciembre es un mes de alegrías y de nostalgias. Las calles se iluminan, todos hablan de esperanza, de alegría, de ilusiones, sin saber que muchos de esos sueños pueden no realizarse nunca. En el trabajo a veces en estos días nos permiten salir más temprano para estar con la familia, pero yo llego tarde a casa. Le he dicho a mi mujer que es un día de trabajo normal, que el nuevo jefe no daba la tarde a sus empleados como otros años, que estaba saliendo a la hora normal. Lo cierto es que si nos dieron la tarde, hicimos horario corrido y salí lo más rápido que pude para estar con él, nos hemos estado viendo frecuentemente, a veces solo un rato, a veces más tiempo, es difícil llevar una doble vida.

Salí y ya me estaba esperando, cerca de mi trabajo donde hemos convenido vernos, en el estacionamiento de un súper, subí a su coche y nos fuimos a un hotel de paso que encontramos y donde no les importa quienes entran, solo pagamos y durante un breve espacio de tiempo estamos juntos. Al entrar al cuarto me abrazó con fuerza, nos besamos y nos fuimos desnudando, es un hombre joven, no se ve que le gusten los hombres, le gusta ir al gimnasio, tiene un cuerpo cuidado, es muy detallista, nos fuimos a la cama y nos amamos con locura, hasta que sonó el celular, era mi mujer que me encargaba pasar a comprar algo que se le había olvidado para la cena, no sé cómo le hace pero tiene la costumbre de llamarme siempre que estoy con él, es algo que le disgusta mucho a él, pero no me lo dice,  aunque lo veo en su cara. Volvimos a reanudar lo que estábamos haciendo, pero ese tipo de llamadas me confunden, tarde tiempo en volver a tomar el ritmo del sexo, sacando de mi cabeza pensamientos de mi casa para concentrarme sólo en él, en su cuerpo, en sus caricias y sus labios que recorrían mi sexo. Cuando terminamos él llevaba una botella de vino que abrió y brindamos, porque esto que teníamos durara mucho tiempo, lo abracé y le dije que así sería, que lo amaba, que él me hacía feliz, pero para mis adentros yo pensaba que la situación en mi casa ya es muy difícil de sostener, pues también mi mujer me pide este más tiempo con ella y mi hijo, él está muy pequeño y me necesita, los días festivos que vienen tendré que pasarlos con ellos y no sé qué hare con quien ahora es el hombre de mi vida.

A veces contesto mal y mi mujer me reclama diciendo que siempre estoy de mal humor, yo le digo que es por el trabajo, que el nuevo jefe nos presiona mucho, que debo trabajar más tiempo, tiempo que tomo para estar con él, en estos pequeños encuentros sin los cuales no podría sobrellevar mi vida. Le pregunté la hora y él me dio una cajita con un moño, dijo que era mi regalo, lo abrí y era un reloj, yo no llevaba nada para él y pareció no importarle, pero sé que en el fondo lo desilusioné, él siempre es muy detallista y yo no, cuando estoy con el siempre pasa algo que me hace sentir culpable, algo que me recuerda que no le estoy dando todo lo que él necesita de mí. Salimos del motel, me deja en el estacionamiento del súper donde paso a comprar lo que mi mujer me encargó, llegué tarde a casa, ya estaban mis papás, me disculpé diciendo que había mucho tráfico y mucha gente en el súper, ella me vio el reloj y me preguntó cómo lo obtuve, le dije que había sido en el intercambio de regalos en el trabajo, pero es obvio que ella se da cuenta que un reloj no es algo que se dé en un intercambio de regalos del trabajo, aun así no dijo nada y volvió a la cocina, mi hijo estaba con mi madre, es su adoración, y yo lo quiero mucho, nunca pensé que la paternidad era así, pero cuando él nació y lo ví por primera vez todo cambió, aún recuerdo cuando lo tomé con miedo entre mis brazos, parecía tan frágil, tenía miedo de cargarlo, y cuando me miró por primera vez y con sus pequeños deditos tomó mi dedo y ya no me soltó, ese primer momento quedó en mi para siempre y ya no pude desprenderme de él.


Durante la cena yo estaba presente físicamente, pero mi pensamiento estaba en otro lado, estaba en el hotel donde horas antes había compartido los momentos más hermosos al lado del hombre que amo, sé que él estaba en esos momentos solo en su casa, mientras yo estaba rodeado de mi familia, y aunque aquí todo es risas, yo me siento incompleto, fragmentado, no sé cuánto tiempo más pueda vivir esta doble vida, él me ha estado presionando últimamente para que estemos más tiempo juntos, sé que me ama, y yo lo amo, pero esta mi familia, mi mujer, mi hijo, no puedo dejarlos, ellos no tienen la culpa de esta doble vida que llevo, además él supo desde el inicio cuál era mi situación, sabía que yo tenía un compromiso y que no podía cambiarlo, y aunque al inicio estuvo de acuerdo, con el paso del tiempo me ha estado presionando cada vez más. Dicen que estos días son de reflexión, pero yo solo me la paso pensando en cómo voy a resolver esto, lo extraño, pienso en él, en cómo sería una vida con el hombre que deseo, con el hombre que amo, en esto pienso hasta que mi mujer me jala del brazo y me dice que escuche  lo que mi madre me está preguntando, ando distraído y debo volver a mi realidad inmediata, en mi casa con mi familia y le pido a mi madre que me vuelva a repetir la pregunta, ella sonríe a mi mujer y me pregunta: “¿y para cuando llega el nuevo hermanito?” yo volteo a ver a mi mujer sin entender y entonces ella me dice: “¡estoy embarazada!”.



8 de abril de 2015

El mecánico

Mi vida nunca ha sido fácil, siempre ha estado marcada por la sombra de mi padre. Provengo de una familia tradicional, donde todo se hace de acuerdo a lo que mi padre dice. Supe lo que yo era desde que era muy pequeño, pero siempre lo oculté, sobre todo a la vista de mi padre quien se esforzaba en educarme “como todo un hombre”, según sus palabras, y aunque yo seguía sus indicaciones, nunca pude ser como él. Si me ocupaba en cualquier cosa que me apartara del camino que él me había trazado era reprimido a punta de golpes. Conforme iba creciendo también se hacían más fuertes los golpes, mi madre nunca se atrevió a intervenir, si lo hacía los golpes eran más fuertes. Con todo, no seguí su camino, preferí estudiar una carrera corta y comencé a trabajar en cuanto pude para alejarme de él y hacer valer mi independencia frente a él. Cuando eso sucedió, ya no pudo meterse tanto conmigo e incluso dejo de hablarme días y hasta semanas, pero comenzó a atacarme de otras formas. De lo poco que ganaba le daba dinero a mi madre para los gastos de la casa. A mi padre eso pareció no importarle. En el fondo sentí su decepción hacia mí, y no podía entender por qué me trataba así.

Mis hermanos menores se casaron apenas entrando los 20 años y yo a mis 30 años seguía soltero,  mi padre supuso lo que yo era y no reparaba en decírmelo en mi cara: “¡No te casas porque eres un pinche puto!”. Yo solo evadía su mirada acusatoria y me quedaba callado, sus palabras me dolían incluso más que los golpes que me daba de chico. Mi papa no se medía, y me criticaba incluso con sus amistades y les decía que yo era puto. Todo eso me dolía, pero no discutía con él, yo aun así lo respetaba y creo que nunca he sido un homosexual obvio, pero él me rechaza porque yo no soy un hombre como los demás, casado y con hijos. A pesar de eso no puedo dejar mi casa, lo que gano no es suficiente para independizarme y además me duele dejar a mi madre sola, aguantando los gritos de mi padre. Prefiero que me grite a mí que a ella, de alguna forma también le tiene coraje y la culpa porque según él, ella hizo que yo me volviera puto. No entiendo porque me odia tanto.

Hace poco cambié de trabajo y en el camino a mi nuevo empleo hay un taller mecánico por donde ahora paso a diario. Cuando paso por las mañanas está cerrado, pero al regresar por las tardes está abierto. Ahí trabaja un hombre muy atractivo y recuerdo que cada vez que regresaba del trabajo mi curiosidad me llevaba a mirarlo, es el dueño del taller, siempre sucio y ocupado en la talacha, pero estaba muy lejos de mi alcance, siempre metido en su trabajo. Pero de un tiempo para acá he pasado y lo he saludado. Me contestaba amablemente, pero sabía muy bien que probablemente no era de su agrado, alguna vez vi a mi padre que es muy amiguero platicando ahí en el taller y es casi un hecho que hablo mal de mí cuando pase y me vio. A veces creo que mi peor enemigo es mi propio padre, aunque suene paradójico, que quizá la persona que debería amarme más, sea la que más me odie.

Cierto día hace poco, iba de regreso a mi casa por la tarde y cuando ya estaba cerca del taller, en la entrada de una tienda estaban unos tipos bebiendo cervezas, reconocí a uno de ellos pues es un vecino que seguramente critica mi homosexualidad y además sé que es un bueno para nada, inmediatamente me cerraron el paso y me detuvieron, yo me quede parado, no sabía qué hacer, eran tres tipos y uno de ellos tenía un arma punzocortante en su mano. De pronto se escuchó un grito “¡déjenlo hijos de la chingada!”, giré mi rostro para ver quien decía eso y vi a Raúl, el mecánico que me atraía mucho. Al parecer los tipos que me querían golpear le tenían miedo porque cuando él llego se disculparon y aun así él le dio un golpe en la cabeza a mi vecino y le dijo que si se volvía a enterar que me estaban molestando se la iban a ver con él. Me tomo del hombro y me llevo al taller. Yo estaba mudo.

Me dijo que lo esperara un poco, se metió al taller y salió con dos cervezas, me dio una y en ese momento le agradecí el que hubiera intervenido. Me dijo que solo me estaba devolviendo el favor y que quizá todavía podía hacer algo más por mí. Yo le dije que no sabía a qué se refería. Entonces él me conto que cuando iba a la primaria, en primer año, había un niño que lo golpeaba, y que un día yo pase por donde ese niño lo tenía ya listo para golpearlo, entonces él me pidió ayuda y según él, yo en ese momento agarre al niño por una oreja y me lo lleve lejos diciéndole que no lo volviera a molestar y a partir de ahí ya nunca lo molestó. Me dijo que en ese momento el me vio como su héroe y aunque los dos crecimos por caminos separados, él siempre me identifico y sentía una especie de simpatía por mí. Yo estaba sorprendido, nunca hubiera pensado que él tuviera consciencia de mi persona y más que así hubiese sido desde hacía muchos años, entonces le dije que gracias, que no recordaba eso, pero que en esa época yo debía tener unos 11 años. “Pues yo tenía 6”, respondió, “entonces ahora debes tener 35 años porque yo tengo 30” y seguimos platicando un rato más.

Los días pasaron y cada vez que yo pasaba por el taller nos saludábamos y a veces platicábamos brevemente. Durante ese tiempo me conto que no le había ido bien en su matrimonio y que recientemente se había separado de su mujer, entonces me invito a tomar unas chelas el siguiente sábado. Yo me sentía algo confundido aunque muy emocionado. Seguramente él sabía que yo tenía fama de ser gay y no parecía molestarle, mi padre se había encargado de decirles a todos en el barrio quién era yo. Pues bien, Raúl debía saber todo eso y aun así no me decía nada

El siguiente sábado nos vimos por la tarde, fuimos a una cantina a tomar una chela. Bañado se veía diferente, más atractivo aún, su ropa era sencilla, tenía un auto que olía a aceite y gasolina. Estuvimos en la cantina, platicando de cualquier cosa, pero después de unas cuantas cervezas me dijo que tenía que decirme algo, que no sabía cómo decírmelo y que ahora que me conocía mejor, sentía que debía hablarlo. Esas palabras me intrigaron, no parecía interesado en tener sexo conmigo, más bien parecía como si necesitara amistad. Para ese momento yo lo percibía como alguien ingenuo y tal vez él no entendía que yo era homosexual y quizá al darse cuenta tal vez si me rechazaría y eso sería desagradable para mí. Aun así le dije que era todo oídos, yo creía que siendo un hombre tan atractivo, tenía muchas cosas fáciles, pero al parecer me equivocaba.

Entonces me dijo que ya no estaba a gusto ahí, y nos salimos, nos subimos a su auto y de pronto tomo la autopista, le pregunte a donde iríamos y me dijo que daríamos una vuelta a la gran ciudad, supuse que se refería a la capital. Durante el camino no podía evitar verlo de reojo, me parecía muy atractivo. Me sentí tentado a agarrarle la pierna, pero me contuve, no estaba seguro que él fuera gay, aunque sus palabras insinuaban que sí lo era. Las luces de la ciudad se acercaban con rapidez, pasamos por calles hacia una colonia que yo no conocía, las calles se veían mal iluminadas, las construcciones eran viejas. Por fin se estacionó en una de las calles, le pregunté a dónde íbamos pero él solo me dijo que íbamos a tomar algo más fuerte, caminamos hacia una cantina que estaba cerca, era frecuentada por gente común, al entrar la música de una rockola tocaba música de banda, en el bar solamente había hombres, él parecía conocer el lugar y me llevó hacia el fondo, desde ahí podíamos ver todo lo que pasaba en el lugar.


Raúl había venido antes, me dijo que había estado buscando la forma de decirme lo que quería que supiera yo pero que no encontraba cómo hacerlo y que la mejor forma era traerme aquí. Por fin mi pregunta tuvo respuesta, sin decirme nada, el hecho de que Raúl me llevara a esa cantina era su forma de decirme que él también era homosexual como yo, y era el hombre que me gustaba, mi rostro se iluminó de alegría, quise abrazarlo pero él me rechazó suavemente y me dijo: “lo que tengo que decirte no es esto, no quiero que me malinterpretes, te estimo mucho como amigo, pero soy diferente”. Yo no entendí sus palabras, ¿por qué estábamos ahí? Él me dijo “lo que tengo que decirte es que tú no tienes la culpa de nada, hace mucho tú me defendiste, ahora te devuelvo el favor”. Me dijo que hace tiempo conoció este lugar por un cliente que le llevó a reparar un coche a su taller, entre las cosas que tenía en su cajuela encontró unas fotos y algunas otras cosas, y eso lo llevó a conocer esta cantina. Yo seguí sin entender, cuando entonces me dijo que mirara hacia la entrada. En ese momento iba entrando una pareja, dos hombres abrazándose, iban vestidos como vaqueros, sombrero, botas, se dirigieron a una mesa, pidieron algo. Yo no podía distinguirlos bien, hasta que se quitaron el sombrero para abrazarse y darse un beso. Entonces comprendí todo, por fin descubrí cual era la razón para todo el odio que había hecho mi vida infeliz y me di cuenta que esa era la forma que había encontrado Raúl de defenderme. Pues era mi padre quien estaba ahí besándose con otro hombre.






1 de abril de 2015

Antonio, mi novia y yo

Siendo apenas un joven adolescente me fui a trabajar como profesionista a un lugar muy lejano, en la montaña alta de Guerrero. Hasta ese momento había sido un hijo de familia, pero tenía que trabajar. Llegué sin conocer  a nadie, me enfrente a una vida que para  mí resulto muy difícil, sin comodidad alguna, era una comunidad rural y aunque ya había luz y agua potable, carecía de drenaje, y eran pocas las casas que tenía fosa séptica, la gente hacía sus necesidades a la intemperie, algo que yo no estaba acostumbrado. Los días fueron pasando, extrañaba las comodidades de mi casa, el agua caliente, la cama, el baño, la comida, no me podía acostumbrar a esta nueva vida.

Pasados unas semanas me invitaron a una reunión de políticos de la comunidad para las elecciones que venían, el único partido era el PRI y era quien controlaba y ponía a las autoridades, pero Guerrero nunca ha sido tranquilo, en aquel tiempo se estaba formando el PSUM y había inquietud entre la gente. La reunión era de gente del PRI, hubo comida y bebida a granel. Ahí conocí a un joven menor que yo, con gustos afines de la vida de los jóvenes, y comenzamos a platicar. El tiempo fue transcurriendo entre trago y trago, la  reunión termino y al ver que ya era muy tarde me invitaron a quedarme a dormir ahí, ya era muy noche y accedí, además no estaba acostumbrado a tomar y me sentía bastante borracho.

Me llevaron a a un cuarto que tenía una cama, ¡por fin iba a dormir en una cama y no en el catre que tenía donde vivía!. Me acosté y caí dormido. En algún momento de la noche me desperté pues no estaba solo, el joven con el que había estado platicando y al que llamare Antonio, estaba en mi cama, tocándome la verga debajo del pantalón y pretendiendo besarme. Por la borrachera que cargaba no podía despertarme bien, solo le decía: “déjame dormir”. Él se detenía pero al poco rato y ya estando nuevamente dormido, me desperté porque Antonio me estaba mamando la verga. Yo sabía que estaba en casa ajena y no podía hacer más ruido, así que lo dejé que siguiera hasta que me hizo venirme a chorros. Él solo se dio media vuelta y escupió en un papel sanitario que llevaba. Al amanecer me levante tambaleándome aun, al salir lo vi y le dije: “de esto nadie sabrá”. Él no dijo nada, solo fue a abrir el portón para que saliera. Yo no sabía pero esa casa era de una de sus tías, él había hecho la comida para la reunión y tenía confianza de usar la casa como si fuera suya. Yo me despedí de él con temor a que fuera a comentar algo en la comunidad.

Era fin de semana, llegue a mi cuarto donde rentaba, me bañe y me quede dormido. Serían como las cinco de la tarde aproximadamente cuando escuche que tocaban la puerta, era Antonio que quería hablar conmigo. Le dije: “pasa ¿que se te ofrece?”. Me dijo “solo quiero platicar contigo un rato, de lo que pasó nadie lo sabrá” y en seguida agregó: “.. y si gustas puedes irte a vivir a mi casa. Vivo solo, mi tía es la dueña de la casa pero esta independiente, además pues acá no tienes baño y sé que ha de ser muy incómodo para ti, no  te cobrare renta, solo quiero que me ayudes con los gastos de la alimentación y yo hare la comida, tengo dos camas, una para cada uno”. Le agradecí la propuesta y le dije que lo pensaría. Durante unos días pensé en el ofrecimiento, vivía solo entre incomodidades y comía mal, así que al final me pareció buena la propuesta y accedí. Una semana después lleve mis pertenencias a su casa. Fue así que comenzamos una vida de amigos, por lo menos de palabra.

Con el paso de las semanas, como no había banco en ese lugar, mi cheque lo cambiaba en las tiendas, pero pedían hacer una compra regular, yo como pretexto pedía un cartón de cervezas, lo llevábamos a la casa y empezábamos a tomar, de vez en cuando él se insinuaba sexualmente, lo rechazaba y le decía: “solo amigos ¿está bien?” y todo quedaba ahí.  Un día, ya pasadas las horas y tomados, el empezó a abrazarme y a besarme, yo tenía días sin tener sexo y poco a poco fui accediendo hasta que nos fuimos a la cama. Me desnudó con mucha pasión, esta vez disfrute de sus labios en mi verga, era muy bueno, se la tragaba toda y yo podía gemir de placer, nadie nos escuchaba. De repente se levantó y fue por una cerveza, le dio un trago y así me la mamó, sentí la frescura de la cerveza en mi miembro, me gustó y después volvió a tomarle, pero esta vez me dio un beso, me tenía caliente y le dije: “¿quieres que te penetre?”, me respondió “sí, pero despacio, casi no lo hago, además tu verga está muy gruesa”.  Le dije “esta bien, ponte crema”, lo puse en cuatro y se la deje ir despacio, no aguantó y se dió la vuelta, me dijo: “cógeme de frente, patitas al hombro, así veo tu cara de macho cogiéndome”. Así lo hice y mientras se la metía veía que se retorcía de dolor y placer, para que no gritara lo bese y lo penetre hasta el fondo y me quede quieto un rato hasta que se acostumbró al grosor de mi verga. Lo estuve bombeando un buen rato hasta que eyacule y mi verga fue poniéndose flácida dentro de su rico culito. Nos dimos un regaderazo y nos acostamos a para dormir.

A la mañana siguiente me desperté, el ya no estaba en la cama, ya había preparado el desayuno. Así empezó una vida rutinaria, era como una vida en pareja. Con el paso del tiempo algunos compañeros del trabajo y lugareños empezaron a cuestionarme si de verdad vivía solo con Antonio. Esas preguntas eran incómodas y yo siempre contestaba que vivía en la casa de su tía para estar más cómodo. En una ocasión un chavo me dijo con una sonrisa socarrona: “Antonio es mi primo y sé que le gusta la verga, se lo anda cogiendo, ¿verdad?”, a lo que respondí que no, que solo éramos amigos, me dijo: “yo me lo he cogido y la mama bien rico, déle verga, lo tiene a sus disposición, jejejeje…”.

Dicen que pueblo chico, infierno grande. Los lugareños me veían salir con Antonio para todos lados, la gente murmuraba, así que comencé una relación de noviazgo con una compañera de trabajo, solo lo hice para aplacar los rumores que dudaban de mi reputación y comencé a andar con ella a la vista de todos. Para hacer más creíble mi noviazgo hetero, le pedí a mi novia se fuera a vivir con nosotros. Todos éramos jóvenes y hacíamos las cosas sin pensar en las consecuencias, una buena idea termina no siéndolo al final.

Ella accedió a irse a vivir con nosotros, también trabajaba en esa comunidad y estaba sola  y de repente ya no éramos dos, sino tres en esa casa, tres camas, dos hombres y una mujer durmiendo en dos cuartos. A Antonio no le gustó la idea, pero le expliqué que era necesario para justificar mi presencia ahí y que la gente no hablara más, él me preguntó si me avergonzaba de él, yo no le contesté y solo le dije que era necesario. ¿Cómo viví esa etapa con un hombre y una mujer juntos bajo el mismo techo y manteniendo relaciones sexuales con ambos?. Bueno, cuando Antonio se iba a la escuela, ella y yo teníamos relaciones, Cuando ella salía aprovechábamos él y yo y nos entregábamos a la pasión sexual, cada acostón era un rapidín por el temor que nos fueran a caer, él se había dado cuenta de mi relación con ella y la había aceptado con tal que no me saliera de sus casa, aun estando en contra él accedió a compartirme. Yo tenía un culito y una panocha para mi y a los dos los disfrutaba por igual. Con el paso de los meses nos llevábamos muy bien, a veces salíamos a la ciudad más cercana, nos quedábamos en un hotel el fin de semana, todo iba bien hasta que algo pasó. Contra lo que yo pensaba de que los rumores se calmarían, no fue así. Por el contrario, la gente comenzó a rumorar más cosas y nos comenzó a señalar, a veces se nos quedaban viendo y hablaban entre sí en voz baja. Mi novia fue la más afectada. Fueron nuestros compañeros de trabajo los que me dijeron que la gente decía que ella se acostaba conmigo y con el otro. Los rumores llegaron hasta ella por lo cual decidió salirse de la casa y terminó su relación conmigo entre gritos y reclamos. Volví a quedarme solo con Antonio, eso no había sido bueno y entonces los rumores se centraron hacia mí y mi sexualidad, yo vivía en casa del putito, aunque había tenido una novia y cogía con ella, no podía evadir lo que la gente rumoraba. Y desafortunadamente, yo trabajaba con la gente de esa comunidad.

Pocos días después me notificaron que mi contrato se había terminado en ese lugar. Fue como una salvación para mí. No le comente nada a Antonio, a escondidas preparé mi maleta con mis documentos, solo lo que podía caber en una maleta que pude ocultar bajo la cama. Esperé hasta el fin de semana que nos tomáramos unas cervezas, no quería romper su corazón, se había entregado a mi sin traba alguna, yo solo lo había aceptado por no estar solo en un lugar muy distante lejos de la civilización. En realidad nunca sentí amor, solo fingía besárlo con pasión. Llegando la media noche le dije: “tengo algo que decirte: el día lunes me notificaron que tendría que irme a otro lugar, una región muy distante, por lo que me tengo que ir la próxima semana, aquí termina nuestra ´amistad¨…”. Él se puso histérico reclamándome “¡y mi vida ¿qué?!, ¡no te importa!, ¡yo te di todo!”. Sus lágrimas rodaban por su rostro, no podía calmarlo. “Nuestras noches de pasión, los paseos, el recorrido por el rio, las cogidas que me dabas en los riachuelos cuando íbamos por la leña no valen nada para ti, ¡entonces no significo nada para ti!”, me dijo.

Yo deje que me dijera todo y le respondí: “Tú bien sabias que yo solo estaba de paso, te agradezco toda tu atención y los momentos felices que me diste en la cama, te dejo todo lo que he comprado, así algún día podré visitarte”. Pero mi intención era nunca regresar, solo se lo dije porque en su histeria me dijo que se iba a cortar las venas si lo dejaba y que le iba a contar a su tía cuál era la vida que llevábamos y que la comunidad se iba a enterar de mí, que al fin de cuentas de él ya sabían que era puto. Cerca del amanecer salí de su casa, llevaba solo la maleta que tenía preparada, el tiempo que había pasado ahí se resumía en esa pequeña maleta. Antes de irme me gritó que no lo dejara porque se iba a matar. No hice caso y me fui.

Pasaron tres años, yo trabajaba en otra comunidad, rentaba un cuarto con un compañero, sus hermanas vivían también ahí pero en otro cuarto, ellas hacían la comida. A veces el destino se empeña en repetir la historia una y otra vez. Éste compañero era gay, pero no era de mi agrado, compartíamos la misma cama pero nunca tuvimos relaciones, supongo que yo tampoco era de su agrado. Solo se masturbaba viéndome, nunca se me antojo ni siquiera abrazarlo, esa será otra historia. Cierto día estaba yo en un curso de capacitación cuando me encontré con Antonio. No esperaba volver a verlo, al salir él me busco diciéndome “ya tengo mi carrera, puedo ir por ti a donde quiera que estés”. No le dije nada, Antonio me vio poco interés y me dijo que no había conseguido hotel y que si no habría posibilidad de quedarse donde yo estaba. Yo busqué una forma de decirle que no y le comenté: “estoy compartiendo cuarto y cama, deja ver si es posible”. En ese momento mi compañero de cuarto pasó y le comente de Antonio, que no tenía donde quedarse y que si se podía quedar con nosotros, que solo sería esa noche. Yo estaba seguro de que no accedería pero para mi sorpresa él accedió. Esa noche estábamos los tres en la cama. Antonio estaba en medio y vi que se sintió atraído por mi compañero, para mi mejor. Cuando mi compañero salió al baño me dijo: “me gusta, ¿no hay problema?”. Le dije “adelante, por mí no te detengas”, así que esa noche ellos se quedaron abrazados y besándose, yo me quedé dormido y ellos estuvieron cogiendo.

A la mañana siguiente que nos levantamos para desayunar me dijo: “otro día te busco, tenemos que platicar”. Pero eso no pasó, Antonio comenzó a frecuentar a mi compañero y con el paso del tiempo ambos se hicieron amantes. En aquel tiempo era frecuente que cambiara de comunidad donde trabajaba, por lo que al poco tiempo volví a cambiarme y les perdí la pista. Por pláticas con otros compañeros supe que ellos seguían juntos, y que la gente los ubicaba como dos tipos “raros”.



El tiempo pasó, muchas cosas pasaron, yo me olvidé de Antonio. Habían pasado trece años cuando un día que estaba en casa de mis papás me dijeron que me llamaba Antonio. No me acordé de él hasta que lo tuve en la línea, trece años después volví a escucharlo. Me dijo que lo típico, que no me había podido olvidar, me pidió que regresara, me contó parte de su vida, que ya estaba solo, que el hombre con el que vivía y que había sido mi compañero se había ido de su lado dejándolo por otro hombre más joven, que me necesitaba, que recordáramos aquellos viejos tiempos, que ahora serian mejor. Lo escuché en silencio y entonces le dije que eso no era posible, que lo que había pasado había quedado en el olvido. Insistió y entonces le dije “estoy casado, tengo un hogar con hijos, así que por favor no insistas”. Se quedó un momento en silencio y me dijo “está bien, jamás volveré a llamarte” y colgó. No volví a saber de él.