Hay ausencias que se sienten demasiado y hay otras con las que se
aprende a vivir, aunque no se acostumbre uno a ellas tan rápido. Hacía tiempo
que no tenía pareja, había tenido una sucesión de malas experiencias y con la última
pareja habíamos terminado muy mal, haciendo cada uno su vida por su lado y
desde entonces había decido estar solo. Pero si algo extrañaba en mi vida era
el sexo. Desde que termine la última relación, había aprendido a vivir sin
nadie a mi lado, despertaba cada mañana solo y aunque al principio extrañaba
estar con alguien, ahora tenía libertad de hacer lo que yo quisiera y salía
frecuentemente a diversos lugares de ambiente, sin preocuparme por rendir
cuentas a alguien, era una rara sensación de libertad con la cual me sentía muy
a gusto, pero algo me faltaba.
El sexo tiene la virtud de hacer que se nos olvide todo, de hacer la
vida más placentera, y cada fin de semana salía a buscarlo. Ese día era viernes
y mi cuerpo lo sabía, lo cierto es que durante un buen rato no había tenido
sexo y ustedes comprenderán lo necesitado que estaba de compañía. Para colmo
mis amigos no podían salir y tuve que aventurarme solo. Me fui en busca de algo
de compañía a un pequeño bar en el centro de la ciudad, poco antes de llegar a
dicho a lugar vi a dos hombres, uno me resultaba familiar, y me quede
observándolo, cuando me di cuenta quien era ya fue demasiado tarde. Era Luis
una de mis exparejas, tuve que detenerme y saludarlo, estaba acompañado de otro
chavo, platicamos brevemente y les dije que iba un rato al bar, había algo
diferente en Luis, pero no me di cuenta que era, lo supe hasta que más tarde el
mismo me dijo que se estaba enchinando las pestañas y el cabello. Pero en ese momento me despedí y aleje de ellos
rumbo al bar.
Yo no soy del tipo guapo o bonito, más bien soy del tipo que se ve
masculino, mi bigote, la barba y unos rasgos reacios, además de otros atributos
que poseo, hacen que otros deseen estar conmigo, aun así estoy consciente que
para algunos puedo no ser atractivo. En el bar comencé a intercambiar miradas
con un vaquero que se veía muy bien, de buen cuerpo y de cara muy atractiva.
Sin embargo estaba ocupado al parecer por otro vaquero que lo acompañaba, el
otro se desvivía por él y cada cierto tiempo le daba besos apasionados. Aun así
el vaquerito me guiñaba el ojo cada que podía. En eso estaba cuando llegaron
Luis y su amigo y fueron directamente a mi mesa. Estuvimos un rato platicando,
yo me sentía incómodo que estuvieran ahí ya que tenía pensado ligar algo. Luis
de inmediato hizo contacto con alguien y se fue a otra mesa con su nueva
conquista, pero dejo conmigo a su acompañante. Comenzamos a conversar con este
chavo, la verdad es que no había visto bien quién era y comencé a platicar con
él de cualquier cosa, yo estaba totalmente distraído ya que quería seguir
coqueteando con el vaquerito. Pronto me di cuenta que el amigo de Luis no era
del tipo de amigos que le conocía, este era inteligente y su plática era
coherente y hasta interesante, no tenía el estilo de Luis. Pero algo no
coincidía en él, su plática no era la de un empleado en una comercializadora
como me había dicho, su plática era la de una persona educada, centrada, no
como los chavos que con frecuencia pululaban por el rumbo.
De pronto la conversación con el amigo de Luis giro hacia un tema
incómodo para mí, el de buscar una
pareja. Cuando me hablo de ese tema volví a mirar al chavo, hasta entonces me
di cuenta que no era un joven muy atractivo, pero tenía un aspecto un tanto de
chacal, vestía sencillo, mezclilla usada y una camisa a cuadros discreta, sin
que se le entallara en el cuerpo como la mayoría de los que frecuentan esos
lugares, pasaba desapercibido y al parecer no se preocupaba mucho por su
arreglo personal, pero tenía algo que comenzó a llamar mi atención, era muy
atento y me estaba haciendo agradable la noche, aunque yo groseramente estaba
más interesado en el vaquerito y no le prestaba la atención adecuada, entonces
me sentí apenado y me disculpe por mi falta de atención. Él hasta por mi nombre
me llamaba y yo no podía recordar el suyo. Entonces comenzamos a hablar del
tema que él inicio. Yo le decía que no creía en que tener una pareja fuera lo
mejor que nos pudiera pasar a los homosexuales, pues no conocía ninguna pareja
que se llevara bien y usaba como ejemplo mi experiencia pasada, le dije que ya
había tenido pareja y que como experiencia ya sabía que era eso y que no
esperaba volver a entablar una relación de ese tipo.
Sin embargo en ese tema él parecía muy seguro de lo que me decía, aunque
él nunca había tenido una pareja, cuando la tuviera si sería algo especial, eso
me decía. Me pareció muy ingenuo y pensé que ahora se estaba comportando de
forma opuesta a lo que antes había creído de él, aun así ya me había distraído
de estar coqueteando con el vaquerito, entonces pensé, bueno si no voy a tener
sexo esta noche, pos me voy a divertir de borracho y pedí otras cervezas. En
ese momento Braulio, así se llamaba mi nuevo amigo, se levantó para ir al baño,
y al levantarse, su camisa se levantó también dejando ver un abdomen marcado y
delgado, con una suave piel morena clara, entonces note que su cuerpo era más
agradable de lo que creía. Cuando regreso a la mesa, mire su rostro y quise
ver, quise comprender a la persona que estaba frente a mí, poco a poco fui
descubriendo a una persona diferente a las que había conocido antes. Pero
fuimos interrumpidos cuando en ese momento unos travestis se aparecieron e
hicieron un pequeño show, obteniendo la atención de todos los asistentes.
Yo me levante al baño y cuando salía de ahí, el vaquerito me estaba
esperando afuera, me dijo que si yo deseaba nos podíamos ir del bar juntos, que
él dejaría a su amigo y se podía ir conmigo. Entonces gire mi vista y vi que
Braulio me observaba, sentí un vacío en el estómago y mi corazón comenzó a
latir con fuerza, el vaquerito me gustaba, pero por alguna razón mis planes
habían cambiado, así que le di las gracias al vaquero y mejor regrese a
sentarme con mi nuevo amigo. Seguimos tomando y platicando, su conversación era
muy agradable y aunque antes estuvo algo serio, ahora se veía muy contento, eso
hacía que yo me sintiera muy bien. Me acerque un poco más a él y mire los
pequeños detalles de su rostro, la verdad es que ahora si me parecía atractivo,
aunque no guapo, pero tenía el aire de esas personas que encierran algo de
misterio, que siempre tienen algo que enseñar, que son una fuente inagotable de
experiencias y que no son para nada aburridas, y yo ya estaba cansado de las
personas simples que solo me servían para sexo.
El tiempo fue transcurriendo entre cerveza y cerveza, y de pronto, de
forma espontánea, mi nuevo amigo me pidió de una forma tan amable que no pude
negarme, bailásemos una rola y yo acepte con gusto, el muchacho me estaba
conquistando con su forma de ser. Luis
otra vez fue con nosotros y se despidió, nos dijo que esperaba fuésemos buenos
amigos, pero que él se tenía que ir, se despidió y se fue con su nueva
conquista. Al salir Luis por alguna razón me imagine a mí mismo saliendo del
bar con el vaquero que me había gustado, pero preferí la otra opción, quedarme
con Braulio, y nosotros seguimos platicando y bromeando, la verdad es que tenía
un muy buen sentido del humor. Alrededor de las 3 de la madrugada, le dije a
Braulio que era momento de irse a descansar, yo estaba decidido a pasar el
resto de la noche con él, pero en mi cama. Braulio me dijo que estaba bien, nos
salimos del bar y cuando llegamos a la esquina, lo empuje contra la pared y le
di un largo beso, el correspondió pero de una forma diferente, como nadie antes
me beso, tomó mis labios entre los suyos y los aprisionó con firmeza entre sus
labios gruesos, su lengua entonces recorrió cada uno de mis labios y luego
abrió los suyos dejándome probar el sabor de su boca. Entonces tomamos un taxi
y nos perdimos en medio de la noche.
Esa noche conocí a la persona con la cual he compartido casi un año. No
puedo decir que fue amor a primera vista, si me preguntan les diré que no sé en
qué momento comencé a amarlo, solo se fue dando, pero esa primera vez que lo
conocí si fue definitiva, a partir de ahí nos comenzamos a ver frecuentemente,
nos hablábamos por teléfono, fuimos compartiendo poco a poco experiencias de la
vida común, no hubo algún evento extraordinario como un regalo espectacular o
una serenata, simplemente fuimos compartiendo las pequeñas cosas que van
haciendo cada día, y en esa cotidianidad fuimos encontrando comprensión, cariño
y amor. Ahora puedo decir que lo amo, fue quien hizo darme cuenta que estaba
equivocado por no creer más en el amor. Aprendí que todos como humanos tenemos
la necesidad de amar y ser amados por lo menos una vez en la vida, aunque lo
neguemos y siempre busquemos en el sexo un sustituto, y ese sustituto puede
funcionar para siempre para ciertas personas, pero en el caso de algunos como
yo, el sexo no basta, hace falta algo más y es entablar una relación muy
profunda con alguien.
Braulio, poco a poco me fue mostrando la clase de hombre que era y lo
que descubrí me gustó mucho, él me demostró que la belleza es más que una cara
atractiva, más que estar al último grito de la moda o ser popular, y que el
amor puede estar en cada uno de los pequeños detalles que son tan comunes pero
diferentes cuando se hacen de forma sincera y honesta. Lo que más me gusta de
él, es su gran sencillez, pues su vida es un ejemplo de vivir satisfecho con lo
que se tiene, sin ambicionar grandes riquezas y tiene unos detalles que me
encantan. A los seis meses de conocernos comenzamos a vivir juntos y los casi
seis meses que llevamos compartiendo han sido los mejores meses de mi vida, no
tengo ninguna queja contra él. No sé qué vaya a pasar, pero no importa lo que
venga, la vida no se divide por capítulos como las telenovelas, cada uno hace
la diferencia en las decisiones que tomamos cada día, y hoy nuestra decisión es
muy simple: seguir amándonos.
(Relato anónimo)
(Relato anónimo)
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