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19 de agosto de 2015

En la cajuela de un coche


No sé por qué siempre he tenido la mala costumbre de no saber estar solo, desde que recuerdo siempre he buscado la compañía de alguien más, quizá al inicio en la escuela sólo buscaba tener un buen amigo, alguien con quien hacer la tarea o ir a jugar básquet ball. Cuando llegó la adolescencia, cada quien comenzó a tener sus propios intereses, yo busque los míos… pero inconscientemente también comencé a buscar a alguien como pareja aunque no supiera cómo era eso, después de todo nadie nos prepara para tener una pareja. Y creo que aún sigo aprendiendo, el resultado siempre ha sido una suma de errores y aciertos, en una delicada balanza que en algún momento se inclina hacia un lado u otro.

Sucedió hace tiempo, esa vez ahí iba, en medio de la noche, cruzando la ciudad de Cuernavaca hacia el sur, iba medio borracho, manejando mi viejo Tsuru, supuestamente iba hacia un oxxo por más cervezas, pero en la cajuela llevaba oculto a Juan. En aquel tiempo la situación de seguridad no era la de hoy en día, ahora que lo pienso creo que si me hubiera detenido alguien de tránsito y me hubiese revisado habría terminado en la cárcel por llevar alguien en la cajuela de un coche, pero en ese tiempo no lo pensé, solo busqué la mejor forma de sacarlo de la casa de nuestro amigo donde siempre nos veíamos para pasarla bien, hasta que ese día llego su esposa buscándolo, ella estaba segura de que Juan estaba ahí y había montado guardia frente a la casa para descubrirlo, yo no tenía otra opción para sacarlo sin que ella lo viera, más que en la cajuela del auto y así lo hice.

Tenía ya tiempo de conocer a Juan, me gustaba mucho de él ese aspecto de no pertenecer a este ambiente, como padre de familia cuidaba mucho sus formas y tanto sus gestos como su aspecto eran muy masculinos, nos fuimos conociendo poco a poco y cada vez entablábamos una relación más personal, más de pareja, compartíamos más cosas y nos refugiábamos en hoteles donde el reloj era nuestro enemigo. Juan debía llegar a buena hora a su casa, era casado, tenía hijos y una esposa que siempre lo esperaba y que si no llegaba salía a buscarlo, en aquel tiempo los celulares no estaban al alcance de todos. Juan tenía un amigo que vivía solo, tenía una casa que había heredado de su madre, pero lo interesante de la casa del amigo, era que al fondo del pequeño terreno estaba un cuarto en obra negra, no tenía luz y estaba lleno de libros y cosas inservibles. Cuando visitábamos este amigo, primero platicábamos un rato con él y luego nos íbamos a esa habitación llena de cosas donde también había un colchón viejo que poníamos en el piso y ahí pasaba lo que ambos deseábamos. Luego nos bañábamos, platicábamos otro rato con su amigo y nos íbamos, yo iba a dejarlo cerca de su casa, casi siempre se nos hacía tarde.

Una de esas veces que se nos hizo tarde, al ir a dejarlo ya cerca de su casa vimos las luces de otro coche que venía en sentido contrario, él reconoció que era el coche de su esposa, al pasar junto a nosotros se nos quedó viendo, yo avancé rápido, di la vuelta en una cuadra y Juan bajó rápidamente del coche, yo arranqué y alcancé a ver por el espejo retrovisor como ella daba vuelta e iba hacia él, al parecer discutían, Juan no quiso subirse a su coche y caminó hacia su casa mientras su esposa iba al lado de él manejando lentamente a su lado, hasta que los perdí de vista. A partir de entonces ella ya sabía con quién iba su marido, y conocía mi coche y me había visto a mí. Desde ese día las cosas se complicaron más para todos, Juan siempre estaba a la expectativa de que su esposa no fuera a encontrarlo, era una situación en la que todos sabíamos lo que pasaba pero que nadie se atrevía a reconocerlo.

Ese día estábamos en la casa de su amigo tomando unos tragos cuando de repente tocaron al portón, su amigo salió a ver y alcanzamos a escuchar la voz de la esposa de Juan, él rápidamente se fue hacia la cocina mientras que por la puerta principal su esposa entraba a la sala para buscarlo mientras nuestro amigo iba tras ella diciéndole que Juan no estaba ahí, tratando de contenerla pero ella iba hecha una furia, había visto mi coche en el patio de la casa y sabía que Juan estaba ahí. Él se había ido a ocultar al cuarto en obra negra del fondo, su amigo le ofreció a su esposa una cerveza y le pidió calmarse, ella me vio pero no me dijo nada, buscó por toda la casa, se sentó un rato en la sala y luego salió a la calle donde tenía su coche, ahí se quedó dentro, el amigo de Juan le llevó unas cervezas, ella lloraba mientras hablaba con él, pero no se iba, estaba segura que Juan estaba ahí y no se iría hasta que Juan saliera, era la única salida posible y tenía que verlo al salir, no había de otra.

A veces su amigo entraba a la casa y medio me decía algunas cosas, que ella estaba furiosa, que no sabía cómo íbamos a salir de esta, mientras la noche avanzaba. Yo iba a ver a Juan al cuarto del fondo, él no decía mucho, tenía una mezcla de sentimientos encontrados entre las ganas de estar conmigo y el cargo de conciencia por ser lo que era y enfrentar a su esposa. Fue cuando le dije que la única forma posible era sacarlo en la cajuela, él dudó pero no había otra opción, así que sigilosamente se metió a la cajuela del Tsuru y yo arranqué el coche para salir despacio, al pasar junto al coche de su esposa me detuve para que ella pudiera ver que no iba nadie más conmigo y yo le dije a nuestro amigo que estaba dentro del coche con ella que iba por más cervezas a la tienda porque se habían acabado, ella miró hacia el interior del coche con los ojos llorosos pero no vio nada, entonces yo aceleré y me perdí por las calles de Cuernavaca.

No podía llevarlo hasta su casa, no podía tardarme demasiado, un poco después en una calle solitaria que daba a una de las avenidas principales paré y abrí la cajuela, Juan salió y se despidió con mirada triste, caminó hacia la avenida para tomar un taxi mientras yo iba a comprar las cervezas que había dicho. Regresé y pasé nuevamente junto al coche de su esposa, ella seguía ahí, entré a la casa con las cervezas y me quedé tomando en la sala, ella se fue como a las 6 de la mañana, toda la noche habíamos estado despiertos. Su amigo se metió a la casa, ya estaba muy tomado, y el alcohol nos cambia a todos, dijo que había tratado de convencerla de que su esposo no la engañaba con nadie y ella le había dicho todo lo que Juan era para ella, para sus hijos, pero su amigo tenía otra mirada para conmigo, mientras me contaba eso se acercaba cada vez más a mí hasta que me agarró la entrepierna y trató de abrirme la bragueta, quería saber cómo la tenía yo para que Juan se hubiera fijado en mí, él nunca me había visto la verga y al calor del alcohol me pidió que me dejara mamármela, que Juan no se iba a dar cuenta, yo traté de rechazarlo con amabilidad al principio y luego lo empujé con fuerza hasta hacerlo caer, me acomodé el pantalón y me fui de ahí a esa hora, borracho y desvelado sin rumbo.

Las cosas se pusieron peor después, su esposa trató de retener a Juan por todos los medios posibles, ambos trabajaban para tener un ingreso decente para sus hijos pero ella lo presionó de todas las formas posibles, cierto día Juan me dijo que su esposa se había salido de trabajar para obligarlo a él a trabajar un turno extra y que de esa forma no tuviera tiempo de andar por otro lado, Juan le dijo que entonces ella se tendría que conformar con lo que él le pudiera dar, así tuvieran que comer mal. Desde entonces él anduvo más recortado de dinero, fuimos extremando las precauciones para vernos, pero todo eso nos fue desgastando más y más como pareja. En algún momento nos dimos cuenta que el amor no vence todo, que hay cosas más fuertes que los deseos de uno mismo y que hay un momento en que hay que dejar ir las cosas antes que lo bueno se vuelva malo, y que aún con mi necesidad de estar siempre con alguien, tenía que dejarlo ir.

Hablamos las cosas y ambos estuvimos de acuerdo, nos separamos en buenos términos, quizá solo era un tiempo que ambos nos dábamos para tomar distancia uno del otro para resolver problemas y esperar que las cosas pudieran calmarse, pero ya no fue así, ya jamás nos reunimos de nuevo. Algunas situaciones no tienen salida posible, algunas veces nos encontramos en un tiempo y en unas circunstancias que ya no nos pertenecen. Juan no volvió a su vida de casado, pero tampoco volvimos a estar juntos. Cuando decidimos separarnos yo me quede con la idea de que en cuanto resolviera su situación con su esposa e hijos, me buscaría y volveríamos a estar juntos ahora de una mejor forma, sin problemas de ninguna clase. Pero las cosas no se dieron así, ambos comenzamos a buscar otras personas, cuando lo volví ya todo había cambiado.

Habían pasado unos meses cuando decidí ir al bar que frecuentábamos, era un bar hetero pero para nosotros era un lugar agradable, nadie se metía con nosotros. Tenía tiempo que no sabía nada de Juan, cuando entre al establecimiento me saludó el mesero que siempre nos atendía y que ya nos conocía, me asignó una mesa y me preguntó si lo de siempre, le dije que sí y entonces escuche una risa que yo conocía bien, ahí estaba Juan, acompañado de un joven, platicando y bromeando, precisamente así era como lo recordaba, siempre de buen humor. Me acerque y los salude, al verme Juan cambio su expresión y dejo de sonreír, se levantó y me dijo que quería hablar conmigo aparte, su acompañante solo me miro con curiosidad. Se pasó a mi mesa y me puso al tanto, me contó que ya no vivía con su familia, que se había separado de su esposa y que había conocido a Ricardo, el joven con el que estaba, me dijo nos tomáramos un trago, acepté y entonces le pregunté por qué cuando estaba conmigo no lo había hecho, por qué no me había dedicado más tiempo, hubiéramos hecho tantas cosas, y ahora estaba con otro haciendo todo eso. El me miró largamente, en algún lugar de sus ojos vi tristeza y me contestó: “porque en ese tiempo me faltaron huevos…”. Terminé mi trago, su amigo nos miraba con impaciencia desde la otra mesa y entonces decidí irme, me despedí de él, le di un abrazo para sentirlo por una última vez y salí de ahí.


No sé qué tanto haya tenido yo la culpa de que las cosas hayan terminado de esa forma, pero no es posible cambiar el curso de los hechos. A veces uno se aferra a algo que no tiene razón de ser, a veces es mejor dejar ir a las personas, pero nunca sabe uno cuando es ese momento, quizá por egoísmo propio, hasta que la realidad nos golpea, y nos muestra que las expectativas que tenemos no son las mismas que tiene la persona que amamos…



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