No sé por qué siempre he tenido la mala costumbre de no saber estar
solo, desde que recuerdo siempre he buscado la compañía de alguien más, quizá
al inicio en la escuela sólo buscaba tener un buen amigo, alguien con quien
hacer la tarea o ir a jugar básquet ball. Cuando llegó la adolescencia, cada
quien comenzó a tener sus propios intereses, yo busque los míos… pero
inconscientemente también comencé a buscar a alguien como pareja aunque no
supiera cómo era eso, después de todo nadie nos prepara para tener una pareja.
Y creo que aún sigo aprendiendo, el resultado siempre ha sido una suma de
errores y aciertos, en una delicada balanza que en algún momento se inclina
hacia un lado u otro.
Sucedió hace tiempo, esa vez ahí iba, en medio de la noche, cruzando la
ciudad de Cuernavaca hacia el sur, iba medio borracho, manejando mi viejo
Tsuru, supuestamente iba hacia un oxxo por más cervezas, pero en la cajuela
llevaba oculto a Juan. En aquel tiempo la situación de seguridad no era la de
hoy en día, ahora que lo pienso creo que si me hubiera detenido alguien de
tránsito y me hubiese revisado habría terminado en la cárcel por llevar alguien
en la cajuela de un coche, pero en ese tiempo no lo pensé, solo busqué la mejor
forma de sacarlo de la casa de nuestro amigo donde siempre nos veíamos para
pasarla bien, hasta que ese día llego su esposa buscándolo, ella estaba segura
de que Juan estaba ahí y había montado guardia frente a la casa para
descubrirlo, yo no tenía otra opción para sacarlo sin que ella lo viera, más
que en la cajuela del auto y así lo hice.
Tenía ya tiempo de conocer a Juan, me gustaba mucho de él ese aspecto de
no pertenecer a este ambiente, como padre de familia cuidaba mucho sus formas y
tanto sus gestos como su aspecto eran muy masculinos, nos fuimos conociendo
poco a poco y cada vez entablábamos una relación más personal, más de pareja,
compartíamos más cosas y nos refugiábamos en hoteles donde el reloj era nuestro
enemigo. Juan debía llegar a buena hora a su casa, era casado, tenía hijos y
una esposa que siempre lo esperaba y que si no llegaba salía a buscarlo, en
aquel tiempo los celulares no estaban al alcance de todos. Juan tenía un amigo
que vivía solo, tenía una casa que había heredado de su madre, pero lo
interesante de la casa del amigo, era que al fondo del pequeño terreno estaba
un cuarto en obra negra, no tenía luz y estaba lleno de libros y cosas
inservibles. Cuando visitábamos este amigo, primero platicábamos un rato con él
y luego nos íbamos a esa habitación llena de cosas donde también había un
colchón viejo que poníamos en el piso y ahí pasaba lo que ambos deseábamos.
Luego nos bañábamos, platicábamos otro rato con su amigo y nos íbamos, yo iba a
dejarlo cerca de su casa, casi siempre se nos hacía tarde.
Una de esas veces que se nos hizo tarde, al ir a dejarlo ya cerca de su
casa vimos las luces de otro coche que venía en sentido contrario, él reconoció
que era el coche de su esposa, al pasar junto a nosotros se nos quedó viendo,
yo avancé rápido, di la vuelta en una cuadra y Juan bajó rápidamente del coche,
yo arranqué y alcancé a ver por el espejo retrovisor como ella daba vuelta e
iba hacia él, al parecer discutían, Juan no quiso subirse a su coche y caminó
hacia su casa mientras su esposa iba al lado de él manejando lentamente a su
lado, hasta que los perdí de vista. A partir de entonces ella ya sabía con
quién iba su marido, y conocía mi coche y me había visto a mí. Desde ese día
las cosas se complicaron más para todos, Juan siempre estaba a la expectativa
de que su esposa no fuera a encontrarlo, era una situación en la que todos
sabíamos lo que pasaba pero que nadie se atrevía a reconocerlo.
Ese día estábamos en la casa de su amigo tomando unos tragos cuando de
repente tocaron al portón, su amigo salió a ver y alcanzamos a escuchar la voz
de la esposa de Juan, él rápidamente se fue hacia la cocina mientras que por la
puerta principal su esposa entraba a la sala para buscarlo mientras nuestro
amigo iba tras ella diciéndole que Juan no estaba ahí, tratando de contenerla
pero ella iba hecha una furia, había visto mi coche en el patio de la casa y
sabía que Juan estaba ahí. Él se había ido a ocultar al cuarto en obra negra
del fondo, su amigo le ofreció a su esposa una cerveza y le pidió calmarse,
ella me vio pero no me dijo nada, buscó por toda la casa, se sentó un rato en
la sala y luego salió a la calle donde tenía su coche, ahí se quedó dentro, el
amigo de Juan le llevó unas cervezas, ella lloraba mientras hablaba con él,
pero no se iba, estaba segura que Juan estaba ahí y no se iría hasta que Juan
saliera, era la única salida posible y tenía que verlo al salir, no había de
otra.
A veces su amigo entraba a la casa y medio me decía algunas cosas, que
ella estaba furiosa, que no sabía cómo íbamos a salir de esta, mientras la
noche avanzaba. Yo iba a ver a Juan al cuarto del fondo, él no decía mucho,
tenía una mezcla de sentimientos encontrados entre las ganas de estar conmigo y
el cargo de conciencia por ser lo que era y enfrentar a su esposa. Fue cuando
le dije que la única forma posible era sacarlo en la cajuela, él dudó pero no
había otra opción, así que sigilosamente se metió a la cajuela del Tsuru y yo
arranqué el coche para salir despacio, al pasar junto al coche de su esposa me
detuve para que ella pudiera ver que no iba nadie más conmigo y yo le dije a
nuestro amigo que estaba dentro del coche con ella que iba por más cervezas a
la tienda porque se habían acabado, ella miró hacia el interior del coche con
los ojos llorosos pero no vio nada, entonces yo aceleré y me perdí por las
calles de Cuernavaca.
No podía llevarlo hasta su casa, no podía tardarme demasiado, un poco
después en una calle solitaria que daba a una de las avenidas principales paré
y abrí la cajuela, Juan salió y se despidió con mirada triste, caminó hacia la
avenida para tomar un taxi mientras yo iba a comprar las cervezas que había
dicho. Regresé y pasé nuevamente junto al coche de su esposa, ella seguía ahí,
entré a la casa con las cervezas y me quedé tomando en la sala, ella se fue
como a las 6 de la mañana, toda la noche habíamos estado despiertos. Su amigo
se metió a la casa, ya estaba muy tomado, y el alcohol nos cambia a todos, dijo
que había tratado de convencerla de que su esposo no la engañaba con nadie y
ella le había dicho todo lo que Juan era para ella, para sus hijos, pero su
amigo tenía otra mirada para conmigo, mientras me contaba eso se acercaba cada
vez más a mí hasta que me agarró la entrepierna y trató de abrirme la bragueta,
quería saber cómo la tenía yo para que Juan se hubiera fijado en mí, él nunca
me había visto la verga y al calor del alcohol me pidió que me dejara
mamármela, que Juan no se iba a dar cuenta, yo traté de rechazarlo con
amabilidad al principio y luego lo empujé con fuerza hasta hacerlo caer, me
acomodé el pantalón y me fui de ahí a esa hora, borracho y desvelado sin rumbo.
Las cosas se pusieron peor después, su esposa trató de retener a Juan
por todos los medios posibles, ambos trabajaban para tener un ingreso decente
para sus hijos pero ella lo presionó de todas las formas posibles, cierto día
Juan me dijo que su esposa se había salido de trabajar para obligarlo a él a
trabajar un turno extra y que de esa forma no tuviera tiempo de andar por otro
lado, Juan le dijo que entonces ella se tendría que conformar con lo que él le
pudiera dar, así tuvieran que comer mal. Desde entonces él anduvo más recortado
de dinero, fuimos extremando las precauciones para vernos, pero todo eso nos
fue desgastando más y más como pareja. En algún momento nos dimos cuenta que el
amor no vence todo, que hay cosas más fuertes que los deseos de uno mismo y que
hay un momento en que hay que dejar ir las cosas antes que lo bueno se vuelva
malo, y que aún con mi necesidad de estar siempre con alguien, tenía que
dejarlo ir.
Hablamos las cosas y ambos estuvimos de acuerdo, nos separamos en buenos
términos, quizá solo era un tiempo que ambos nos dábamos para tomar distancia
uno del otro para resolver problemas y esperar que las cosas pudieran calmarse,
pero ya no fue así, ya jamás nos reunimos de nuevo. Algunas situaciones no
tienen salida posible, algunas veces nos encontramos en un tiempo y en unas
circunstancias que ya no nos pertenecen. Juan no volvió a su vida de casado,
pero tampoco volvimos a estar juntos. Cuando decidimos separarnos yo me quede
con la idea de que en cuanto resolviera su situación con su esposa e hijos, me
buscaría y volveríamos a estar juntos ahora de una mejor forma, sin problemas
de ninguna clase. Pero las cosas no se dieron así, ambos comenzamos a buscar
otras personas, cuando lo volví ya todo había cambiado.
Habían pasado unos meses cuando decidí ir al bar que frecuentábamos, era
un bar hetero pero para nosotros era un lugar agradable, nadie se metía con
nosotros. Tenía tiempo que no sabía nada de Juan, cuando entre al
establecimiento me saludó el mesero que siempre nos atendía y que ya nos conocía,
me asignó una mesa y me preguntó si lo de siempre, le dije que sí y entonces escuche
una risa que yo conocía bien, ahí estaba Juan, acompañado de un joven, platicando
y bromeando, precisamente así era como lo recordaba, siempre de buen humor. Me
acerque y los salude, al verme Juan cambio su expresión y dejo de sonreír, se
levantó y me dijo que quería hablar conmigo aparte, su acompañante solo me miro
con curiosidad. Se pasó a mi mesa y me puso al tanto, me contó que ya no vivía
con su familia, que se había separado de su esposa y que había conocido a
Ricardo, el joven con el que estaba, me dijo nos tomáramos un trago, acepté y
entonces le pregunté por qué cuando estaba conmigo no lo había hecho, por qué
no me había dedicado más tiempo, hubiéramos hecho tantas cosas, y ahora estaba
con otro haciendo todo eso. El me miró largamente, en algún lugar de sus ojos
vi tristeza y me contestó: “porque en ese tiempo me faltaron huevos…”. Terminé
mi trago, su amigo nos miraba con impaciencia desde la otra mesa y entonces
decidí irme, me despedí de él, le di un abrazo para sentirlo por una última vez
y salí de ahí.
No sé qué tanto haya tenido yo la culpa de que las cosas hayan terminado
de esa forma, pero no es posible cambiar el curso de los hechos. A veces uno se
aferra a algo que no tiene razón de ser, a veces es mejor dejar ir a las
personas, pero nunca sabe uno cuando es ese momento, quizá por egoísmo propio,
hasta que la realidad nos golpea, y nos muestra que las expectativas que
tenemos no son las mismas que tiene la persona que amamos…


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