23 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!


Hace un año iniciamos con el proyecto de SoloMan, Solo Hombres, un concepto que nos identifica como hombres más allá de las etiquetas tradicionales y alejado del concepto rosa tradicional del medio, a través de las diferentes formas de expresión en que se manifiesta la masculinidad.

SoloMan es el nombre de la tienda de joyería y accesorios para quienes, antes de cualquier etiqueta, buscan expresar su masculinidad en diseños que pueden ser usados incluso de forma abierta, en el trabajo, con la familia, etc. Combinamos la plata, piel, madera y resina en diseños para un amplio público que no ha encontrado en el mercado rosa no un accesorio, sino una pieza de joyería en plata, con un significado que puede portarse con el orgullo de expresar su masculinidad.

SoloMan es también un blog que expresa a través de relatos e imágenes, nuestro orgullo por ser hombres y por mostrarnos siempre varoniles, en todas las formas de expresión que esto representa en nuestro modo de vida, ya seamos osos, leathers, vaqueros, urbanos, bisexuales, curiosos y muchos otros que no se identifican con algún grupo. A lo largo de más de 115 historias inéditas ha dado voz a quienes nos han enviado sus historias para ser compartidas de forma anónima, con más 86,000 visitantes.

SoloMan son eventos, hemos llevamos a cabo ocho pool partys, cada una de las cuales ha sido diferente pero con este mismo concepto, las cuales se han caracterizado por la convivencia, la amistad y la integración de todos los que han asistido, en un fin de semana que incluye todos los alimentos , para que sólo se preocupen por divertirse.

Pero SoloMan es más que todo esto, es un estilo de vida, es una ideología, es una respuesta al estereotipo que se tiene del homosexual femenino y que tanto se ha difundido en los medios masivos. SoloMan, pretende mostrar a nuestra sociedad que hay una diversidad de expresiones dentro del llamado “estilo de vida homosexual”. Nosotros nos inclinamos y elegimos un modo de vida masculino, con el cual nos sentimos muy cómodos.

A nombre del equipo de trabajo de SoloMan, les deseamos una muy ¡Feliz Navidad y un Próspero año nuevo 2015!


17 de diciembre de 2014

Heteroflexible

Esto que voy a contar pasó hace un año, lo recuerdo porque, al igual que ahora, esos días eran cercanos a Navidad, las calles lucían iluminadas por las luces de la temporada. Esa noche yo estaba particularmente excitado, tenía varios días que se me había metido en la cabeza la idea de mamar una buena verga y era el momento que no había podido lograrlo. Pensaran ustedes que soy un pasivo que siempre anda en busca de lo mismo, pero no es así, mi preferencia sexual es ser activo, pero hace mucho, aun antes de comenzar mi vida como homosexual activo, conocí a un hombre que me enseño a disfrutar de mamar una rica verga, así que de vez en cuando tengo el fuerte deseo de hacerlo, sin que tenga el interés de ser penetrado. Me encontraba sentado en la banca de un pequeño parque, estaba en mis reflexiones cuando de pronto vi que se acercaba en la acera de enfrente, un hombre que anteriormente me había llamado la atención. Él no me veía, parecía venir ebrio, así que me dedique a observarlo, llego a la casa que estaba frente al parque e intento abrir la puerta, pero de pronto se alejó de nuevo. Decidí esperar a ver si volvía otra vez.

Regreso poco después con una bolsa, dentro de la cual llevaba cervezas y entró a la casa. Yo no sabía quién vivía ahí hasta ese momento, él era el árbitro de futbol en todos los partidos de mi barrio. Entonces recordé que tenía unas piernas muy velludas, sus piernas eran gruesas por el ejercicio, y a veces en los partidos de futbol, podía ver su verga por entre sus calzoncillos. Yo acostumbraba observarlo, tenía algo que me llamaba la atención. Él ya me ubicaba y se daba cuenta que yo lo observaba, aun así nunca me decía nada, supongo que más de uno lo observaba de vez en cuando y por eso no le llamaba la atención que yo lo hiciera. Pero en ese momento tuve la brillante idea de ir a tocar a su casa y de plano decirle que quería mamarle la verga, total estaba borracho y lo peor que podía pasar es que me corriera, quizá al día siguiente ya ni recordaría que fui yo.

Me decidí a ir de inmediato, porque si no me arrepentiría después, cuando ya estaba a punto de tocar, las dudas me asaltaron, "¿y si esta con su familia y sale su mujer, qué digo?""¿Y si sus hijos...?" aun así toque a la puerta. Él salió a abrir, cuando se asomó, le escurría agua por su pecho, al parecer acababa de darse un baño y cuando me pregunto qué quería, por un momento no supe que decir, pero note que estaba solo, no se veía nadie más dentro de su casa, me arme de valor y le dije sobre la posibilidad de que me dejara mamar su verga... Obviamente él se negó y me miro muy desconcertado, pero estaba muy borracho por lo que yo le insistí. Entonces me preguntó mi edad, le dije que tenía 23 años, se quedó pensando un rato muy sacado de onda pero al final accedió y me dijo que pasara a su casa, yo sudaba helado y me temblaba todo el cuerpo. Él se sentó en una silla sin hacer nada, yo me acerqué y puse mi mano en su pecho, aún recuerdo esa primera sensación increíble de sus vellos del pecho aun mojados, él comenzó a bajar mi mano y se puso de pie. Con mis manos bajé su short el cual resaltaba un bulto muy apetecible, yo baje su short y saltó su verga, no era una verga como la que quizá todos esperan en un relato erótico pero tenía un buen tamaño y para mí era perfecto, lleno de vello y con un olor a macho y a jabón, a un cuerpo recién bañado, era una sensación increíble así que tome su verga y por fin fui recorriéndola con mi lengua y después me la metí a la boca, era un tamaño normal, subí la mirada y él me dijo “despacio quiero disfrutarlo”, poco a poco encontré el ritmo adecuado, vi como cerraba los ojos y disfrutaba de esa mamada de verga que yo le estaba dando...

Pasaba mi lengua por sus huevos aun con aroma a jabón de baño y él dejaba escapar unos gemidos quizá sin voluntad, yo tocaba sus nalgas con mis manos mientras él con sus manos empujaba mi cabeza para que su verga entrará en el fondo de mi garganta, disfrute demasiado ese momento y se notaba en mi verga que ya estaba muy caliente y dura. Fue entonces que mientras yo acariciaba sus nalgas, el tomo una de mis manos y la puso entre sus nalgas, comprendí que lo que quería era que masajeara su ano y comencé a hacerlo. Comenzó a gemir con más fuerza y yo apreté su ano y comencé a mamar con más velocidad y entonces se vino en mi boca, fue una sensación increíble y él parecía haberlo disfrutado mucho.

Cuando termino, se fue a lavar al baño y cuando salió me dijo que si quería podía lavarme también. Después saco unas cervezas y me dio una, me dijo que ya me recordaba, que yo era uno de los asistentes a los partidos de futbol donde era el árbitro. Ahora entendía por qué razón yo lo miraba con atención. Me dijo que le pareció muy atrevido que me presentara en su casa esa noche, pero que me lo agradecía porque le había gustado mucho lo que habíamos hecho, que le gustaría repetirlo de nuevo, pero que esta vez le gustaría planearlo mejor. Me dijo que si no había problema me gustaría tenerme de planta para que le mamara la verga cuando él quisiera. Su mujer era una mujer muy orgullosa a la que se le hacía degradante hacer sexo oral. Yo estuve de acuerdo, él me gustaba mucho, era un hombre maduro muy atractivo y en especial porque al parecer, el que me hubiese dejado masajear su ano, quizá me permitiría penetrarlo más adelante. Y esa idea me emocionaba.

Esa noche nos despedimos y no volvimos a vernos en unas dos semanas, hasta que un día me envió un mensaje en el que me invitaba a tomar una chela en su casa. Yo tenía un compromiso con un chavo que veía de vez en cuando, pero la sola idea de salir con el entrenador de futbol me prendía tanto que decidí cancelarle al chavo que ya tenía citado. Me arregle lo mejor que pude y me fui a visitar a mi entrenador favorito.

Cuando llegue a su casa esperaba verlo, pero para mi sorpresa me abrió la puerta su mujer, eso me desconcertó y me sentí incómodo, pregunté por él y ella solo se limitó a decirme que su esposo estaba en la parte de atrás de la casa en el jardín tomando, así que pase hasta allá y lo salude, pensé que esa noche tal vez no ocurriría nada, nos pusimos a platicar de cualquier cosa, me insinuó que más tarde podíamos hacer algo, le dije que no me sentía cómodo con su esposa cerca, entonces él se levantó y me dijo “´orita lo arreglo…” y se metió a la casa. Poco después comencé a escuchar una pelea entre él y su esposa, nada más escuche el portazo cuando su esposa salió enojada y gritándole que se iba con su madre. Se asomó al patio y me dijo que pasara a la casa.


Entonces comenzó lo bueno, se desnudó completamente y se tiró en la cama, yo poco a poco comencé a chuparle su verga, pero no se le paraba tanto como la primera vez que lo vi, entonces el giro como acomodándose y entonces quedo de espaldas, entonces pude ver sus enormes nalgas, eso me excito mucho,  él ya estaba muy ebrio y parecía no darse cuenta de todo, entonces comencé a lamerle el ano, y comenzó a moverse como si deseara ser penetrado. Yo me prepare y tome un condón, total, si no quería solo tenía que decírmelo, me puse sobre él y poco a poco comencé a penetrarlo, la experiencia era muy excitante, no podía creerlo, me estaba cogiendo a un hombre que era prohibido para mí, en su propia casa, en su propia cama y con el cual yo me había presentado casi como pasivo. Me lo cogí con cuidado, pero de una forma que jamás lo había hecho, mientras le daba besos en la nuca. Cuando me vine, me salí, el parecía estar entre dormido y despierto, no entendía lo que decía, así que lo voltee de nuevo y le dije que tenía que irme, porque ya era tarde. Solo escuche que me dijo “gracias, luego nos vemos”. Esa noche salí de su casa muy satisfecho, había logrado algo que quizá ya no podría volver a ocurrir. Y en efecto, volví a verlo otras tres veces, pero solo le hice sexo oral, ya no volví a penetrarlo jamás.


11 de diciembre de 2014

Caín

Recuerdo muy bien ese día, como cada sábado había salido temprano del trabajo, así que pase al centro de la ciudad a comer antojitos, después camine un rato por esas calle repletas de puestos ambulantes y compre algunas cosas de poco valor, siempre me he detenido a curiosear y siempre termino comprando cosas que generalmente no sirven para nada. No tenía prisa por llegar a casa. La verdad es que muy dentro de mí estaba ocurriendo algo, había llegado a un punto en mi vida en el que me sentía harto de lo mismo. Necesitaba algo nuevo, cosas que me hicieran ver la vida de otro modo. Eso era, tenía que hacer algo diferente, así que pensé que por fin visitaría a mi hermana, ella vivía por un rumbo opuesto al mío en la ciudad. Estuve un rato pero no me sentía a gusto, así que me regresé a donde vivía. Tomé el metro, decidí no ir en el último vagón, todos sabemos lo que ocurre ahí, pero siempre que yo entraba no había nada que me gustara, siempre las mismas jotitas andróginas y en el peor de los casos, seres grotescos. Mis amigos siempre dicen que soy muy exigente y quizá lo sea.

Subí al penúltimo vagón, estaba atestado, pero poco a poco en cada estación se fue vaciando, entonces a lo lejos frente a mi estaba él. Este hombre era diferente, no muy alto no muy bajo, no joven no muy viejo y se veía muy masculino. En un punto mientras nuestras miradas se cruzaban, vi en sus ojos una furia que me intimido y me hizo pensar que ya no debía observarlo parecía que quizá podría acercarse y lastimarme. De pronto fui consciente de que varios de los hombres en el vagón llevaban el pelo corto, igual que el hombre que yo observaba. Entonces caí en la cuenta que debía haber un cuartel militar por la zona. Por un momento ya no volví a ver al hombre que me había gustado, pero la curiosidad me llevo a dirigir mi mirada hacia él de nuevo. Su mirada seguía siendo fuerte, pero ya no parecía agresiva, mostraba una expresión distinta, retadora, y si no juzgaba mal, hasta invitadora. Al llegar al metro Pino Suarez se levantó y camino hasta la puerta que estaba cerca de mí, sin dejar de observarme, a mí me costaba sostenerle la mirada. Al parecer quería que lo siguiera al bajarse, pero no estaba seguro, quizá yo estaba entendiendo mal. Sentí esa mezcla de sentimientos, entre miedo y curiosidad, y lo seguí. Ya fuera del metro me detuve mientras él caminaba, ya no lo seguiría, ante todo debía ser prudente, sabia las historias que circulan de boca en boca acerca de los militares, que son muy violentos y que pueden incluso matar.

En ese momento él se detuvo, volteó y me observo, pareció entender que desconfiaba de seguirlo, así que regresó y fue directamente hacia mí, mirándome fijamente, yo me quedé quieto y entonces me dijo con voz grave: "mi nombre es Caín", y me extendió la mano. Tenía un nombre muy particular, pero no comente nada al respecto, solo me presente también, el saludo fue firme, su mano era grande, gruesa. Le pregunté hacia donde se dirigía, tratando de adivinar cuáles eran sus intenciones para conmigo. No me dijo que fuera homosexual ni nada parecido, pero si me dijo que en ese momento le latía tomarse una cerveza. “¿Te gustaría acompañarme?” me preguntó. Acepte, pues pensé que en un lugar público estaría más seguro con alguien como él, un desconocido del cual no estaba seguro que quería de mí, aunque yo si sabía que quería de él.

Caminamos unas cuadras, yo no conocía esas calles, me parecían muy inseguras, había varios bares, todos se veían de mala muerte, con mesas y sillas muy viejas, sucios, al interior se veían muchos hombres jóvenes con apariencia de militares, los cuales se veían muy chacales y aparte había jóvenes que a simple vista se veía eran una jotitas acompañándolos. No entramos en ese bar, nos fuimos a otro más adelante, ahí había hombres más maduros, me sentí más a gusto ahí, y mi acompañante también me expreso sentirse más a gusto también ahí. Caín hablaba poco, pero note que si sentía cierta curiosidad hacia mí, observaba con detenimiento mi cuerpo y cuando me levantaba para ir al baño me parecía que observaba mi trasero. De pronto se acercó un hombre que se veía más joven y le comenzó a insultar, por lo que le decía note que era uno de sus subordinados y le estaba insinuando que era un puto. De pronto mi acompañante se levantó y frente a mi le puso un golpe en la cara al otro hombre que lo tiró al suelo, con la boca sangrando, los demás no intervinieron. En ese momento sentí el deseo de huir, para no correr la misma suerte, pero Caín me dijo que no me preocupara, que esas cosas pasaban, pero me aclaró que no era puto, que era muy hombre.

En ese momento pensé que me estaba metiendo en problemas, hacía mucho que no me involucraba con hombres que no aceptaban su homosexualidad, especialmente porque no quería lidiar con sus conflictos personales. Pero ya estaba ahí y Caín no era guapo pero se veía muy varonil, sus facciones eran recias, tenía un rostro que me atraía mucho, la ropa que cubría su cuerpo dejaba adivinar un hombre muy fuerte y su entrepierna era algo voluminoso, debía tener una buena herramienta, además de que tenía un culo muy bonito. Justo el tipo de hombre que me gustaba, una extraña mezcla de hombría que olía a peligro.

Cuando llegamos ahí eran alrededor de las seis de la tarde, pero cuando salimos ya era casi medianoche, yo estaba muy ebrio, sin embargo él parecía como si nada, me dijo que me llevaría a su cuarto, que esa noche descansaría en su casa, que le había caído muy bien como amigo y que donde él estuviera también yo estaría, esas palabras me hacían sentir bien, y si no era así, ya no había de otra, estaba muy ebrio para irme solo. Caminamos por la calle, yo iba del lado de la calle y él me pasó hacia la pared, me dijo que así debía ser, que el hombre caminaba siempre hacia el lado de la calle. Yo no dije nada, pero esa fue la primera insinuación de lo que me esperaba.

Llegamos a un pequeño departamento, se veía sencillo, no tenía muchas cosas. Caín me hizo pasar y preparó otros tragos, se acercó y me dio un vaso, creo que era tequila, le dije que  ya no podía seguir tomando, a lo cual respondió "bueno si ya no quieres seguir tomando entonces ¿qué chingados hacemos?" Entonces él me tomó de la cintura y comenzó a masajear mis nalgas y a besarme el cuello diciendo que le gustaba mucho mi culo, yo traté de abrazarlo pero él no me dejó, Caín era quien siempre llevó la iniciativa para todo. Me volteó de espaldas y sentí su aliento cálido en mi espalda, me bajó los pantalones y me restregó su bulto entre mis nalgas. De pronto me puso de frente y cuando quise besarlo, él me tomó de los hombros obligándome a hincarme, mi cara quedó frente a su entrepierna, se veía un gran bulto, quise tocarlo pero me apartó la mano, él mismo se bajó la bragueta del pantalón y me puso su verga frente a mi cara, me dijo que se la mamara, yo lo hice, a veces me ahogaba y quería sacarla de mi boca pero él no me dejaba sacarla, con su mano presionaba mi cabeza contra su pelvis, tampoco dejaba que le agarrara la verga, cada que lo intentaba me apartaba la mano con firmeza. Me tiro de espaldas en el piso del cuarto, estaba muy frío y su cuerpo estaba muy caliente, y ahí mismo me penetró, sin más miramientos, entraba una y otra vez provocandome sensaciones diferentes, entre lo duro y frío del piso y su forma violenta de cogerme, hasta que dejó escapar un grito. Se quedó tirado un rato sobre mí, luego se levantó, fue al baño a lavarse y me tiró una toalla. Se lavó y sirvió otros tragos, platicó otras cosas, a mí me dolía el cuerpo pero no podía ir a ningún lado, poco a poco el sueño me fue venciendo, pero Caín me despertó otra vez cuando me estaba penetrando de nuevo, eso se repitió una vez más, era incansable, cuando me daba cuenta, ya lo tenía dentro de mí. Fue una noche muy placentera. Había hecho algo nuevo por fin.


Al día siguiente y muy de mañana me despertó con brusquedad y me dijo que me tenía que ir, que ya era muy tarde y que él no tardaría en irse y que no quería que nadie nos viera salir juntos. Entonces me di cuenta que ya no volvería a verlo, su trato había cambiado, ya no era el mismo hombre de la noche anterior, ahora era grosero y no parecía querer volver a verme de nuevo. Así que me vestí y me salí de su casa, el frío de la mañana azotó mi rostro volviéndome a la realidad, las calles aún lucían solitarias, me dirigí hacia el metro, no tuve tiempo de pedirle su número de teléfono, o de darle el mío, no tenía forma de volver a verlo, esa fue la primera y última noche que ví a Caín.

4 de diciembre de 2014

Los dos hermanos

Estas semanas han sido de trámites y más trámites en distintas oficinas del Estado de Guerrero, por una situación familiar compleja. Hace unos días, al estar en una de tantas oficinas burocráticas me indicaron pasara con una maestra que me atendería en el trámite, al ver el nombre me detuve, yo la conocía, de mis años de juventud cuando estudiaba para maestro de educación primaria, era la hermana de dos compañeros que estudiaban también para maestros y que eran de mi generación, de los cuales hacía años les había perdido la pista. Quise saber que había sido de ellos, y mientras me dirigía a la ventanilla de atención recordé aquellos años ahora tan lejanos. En aquél tiempo había ingresado a la escuela Normal para Maestros como única opción de estudio, en mi grupo éramos varios jóvenes pero hice amistad con dos de ellos, eran hermanos, ella se llamaba Lucía y él se llamaba José Luis, él era mayor que su hermana y había entrado a estudiar a insistencia de sus padres para que pudiera cuidar a su hermana. Tenían más hermanos, una era maestra y ya trabajaba. Ella era con la que ahora me reencontraba en las oficinas donde estaba haciendo mis trámites.

Desde los primeros días entablamos amistad, todos veníamos de pueblos pequeños donde las opciones para salir adelante eran pocas. Nos quedábamos en cuartos que rentaban a estudiantes de bajos recursos, algunos tenían una cama, otros tenías dos camas de tal forma que había se podía compartir cuarto. Yo había encontrado un cuarto así pero no tenía aún compañero. Platicando con los hermanos me contaron que ella ya estaba instalada en una casa donde daban hospedaje a mujeres, pero su hermano aún no tenía donde quedarse, estaba con unos familiares lejanos y estaba buscando algo económico. Yo le ofrecí quedarse en la casa donde yo estaba, ahí daban hospedaje solo a varones y podríamos compartir el costo de la renta del cuarto. José Luis accedió y esa misma semana quedamos como compañeros de cuarto.

Los tres nos volvimos muy buenos amigos, hacíamos equipo en clase y nos repartíamos las tareas. A mí me gustaba José Luis, tenía facciones menos toscas, en cambio Lucía, aunque era simpática, no era bonita, y el hecho de que viviera en otra casa hacía que yo llevara más amistad con José Luis con quién también éramos compañeros de parranda, comprábamos cervezas y las tomábamos en el cuarto mientras pretendíamos estudiar, pero casi siempre terminábamos hablando de otras cosas, hasta que en cierta ocasión la plática derivó en el tema de las novias. Lo que José Luis me daba a entender es que yo le gustaba para su cuñado, pero la verdad es que su hermana no era de mi agrado. En ese punto de mi vida mi sexualidad se encontraba cargada hacia lo que resultara, había tenido relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres y disfrutaba tener sexo con ambos, no tenía una inclinación hacia algún género, hasta ese momento.

Las pláticas con José Luis giraban cada vez más alrededor del sexo, todo comenzó jugando, platicando de nuestras experiencias con mujeres y de lo que se sentía, lo que inevitablemente llevaba a tener erecciones, visibles para ambos. Fue en una de esas borracheras cuando yo estaba semidormido que me tocó la verga. Inmediatamente tuve una erección pero no le dije nada, tampoco lo miré y solo cerré mis ojos mientras él me acariciaba la verga. Ese día no pasó nada, hasta una semana después cuando me abrazó y nos quedamos así, no hizo nada más y yo me quedé dormido. Me despertó cuando sentí su boca en mi verga, me estaba haciendo sexo oral, de manera muy torpe, sus dientes me lastimaban, pero también sentía placer, José Luis me gustaba mucho y hasta ese momento no creí que yo le pudiera gustar, pero ahí estaba, mamando mi verga hasta hacerme eyacular en su boca. Después de eso se quedó dormido, al día siguiente no dijo nada y los dos actuamos como si nada hubiese pasado. Eso se repitió varias veces, pero nunca llegamos a la penetración, cuando yo lo intentaba él me rechazaba con firmeza. Cogerlo se me había vuelto una obsesión, cuando dormía me quedaba viendo su silueta en la oscuridad, tenía un par de nalgas muy firmes cubiertas por un vello muy fino, a veces se las tocaba pero nunca me dejó penetrarlo.

Sin embargo había otro problema, en el grupo los demás se habían dado cuenta que nuestra amistad era quizá algo más, y comenzó a correrse el rumor de que a mí me gustaban los hombres. En aquél tiempo yo no tenía novia y José Luis tenía modales finos, así que comenzamos a ser la comidilla del grupo. Estos rumores seguramente llegaron a oídos de Lucía quien comenzó a cuestionarme de si era cierto que me gustaban los hombres, mientras adoptaba una actitud retadora hacía mí. Al principio yo no la tomaba en serio, era la hermana de José Luis y ya tenía relaciones sexuales con él. Sin embargo comenzó a provocarme cada vez más y lo hacía frente a otras compañeras mujeres del grupo, eso era ya algo humillante.

Cierta vez le dije a José Luis que invitáramos a Lucía para convivir los tres, y fuimos a la casa donde nos hospedábamos nosotros. El cuarto era pequeño y hacía mucho calor, así que decidimos subirnos a la azotea, solo estaban los tinacos de agua de asbesto y ahí estábamos platicando y consumiendo cervezas. Ella no tomaba pero parecía pasarla bien, entre risas la cerveza se fue terminando, de vez en cuando había miradas de complicidad con José Luis, y otras retadoras de Lucía. Cuando la cerveza se terminó José Luis se ofreció a ir a comprar más. Tan pronto él bajó, Lucía se acercó a mí y juntó su cuerpo al mío, yo la tomé de la cintura y la besé mientras veíamos como José Luis se alejaba por la calle desierta a esa hora. La apreté y ella pudo sentir mi erección, yo le subí el vestido y le bajé la pantaleta, en ese momento ella se dio cuenta que yo podía cogérmela, entonces comenzó a resistirse. “no lo hagas” me dijo, “es que soy virgen”. Le dije “ahora te chingas, me estuviste retando muchas veces, ahora me vas a sentir”. Ella oponía resistencia pero cada vez era menos, ella estaba excitada, y ahí mismo sobre la azotea la penetré, hasta que ella me dijo “¡ya no!, ¡ya me desgraciaste!”. Entonces pude ver como de sus piernas escurría sangre, Lucía había dejado de ser virgen. Me quité la camiseta que usaba bajo la camisa y le dije que con eso se limpiara. Cuando José Luis regresó Lucía dijo que ya era tarde y que se tenía que ir y le pidió a José Luis que la fuera a dejar a donde vivía. Yo no dije nada, pero se sentía la tensión en el ambiente.

Cuando José Luis regresó yo estaba ya en el cuarto, fingía dormir en mi cama. Él entró y se detuvo a mirarme, pero no dijo nada. Al día siguiente nadie dijo nada, pero por primera vez Lucía me evitaba, no me dijo nada hasta un par de días después en que a solas me reclamó el haberle destrozado la vida ya que ella quería llegar virgen al matrimonio y ahora ya no podría hacerlo. Yo le dije que ella había tenido la culpa por haberme provocado. Al paso de los días se le fue pasando y comenzamos a hablar bien de nuevo, parecía que nada había pasado. Sin embargo José Luis no había vuelto a hacerme sexo oral desde ese día.

Pasaron un par de semanas y un viernes después de clase fuimos por unas cervezas y después de embriagarnos él se fue a su cama dándome la espalda, yo veía esa silueta y me acerqué a él, después de pensarlo le toqué las nalgas por encima del bóxer, él estaba despierto pero no dijo nada, solo vi cómo se estremeció y entonces yo le bajé el bóxer y le acaricié ese par de nalgas, me bajé los pantalones y lo penetré. José Luis no me dijo nada, aunque se lo hice con mucho cuidado era evidente que le dolía, pero pronto los gemidos de dolor pasaron a ser gemidos de placer, hasta que me vine en él.

Debo decir que esa no fue la única vez que tuve relaciones sexuales tanto con él como con su hermana, ella volvió a buscarme y de alguna forma me las arreglé para tener sexo con cada uno durante el tiempo que estuvimos estudiando, sin embargo fue José Luis con el que mejor me sentía, dormíamos juntos, hacíamos planes, terminé queriéndolo. Al terminar cada quien tomó rumbos distintos y no volví a verlos. Sé que ambos, al igual que yo, se casaron y tuvieron hijos. Sin embargo siempre extrañé a José Luis, siempre me quedó la curiosidad de saber qué hubiera pasado si nos hubiésemos decidido a enfrentar a todos y hacer una vida juntos.


Con esos recuerdos en mi cabeza me dirigí a la ventanilla donde atendía la hermana mayor de estos, la saludé y le pregunté si no me recordaba, me dijo que no, yo le dije quién era y que en realidad a quienes conocía era a sus hermanos los cuales habían sido mis compañeros de clase. Ella me recordó y cuando le pregunté por José Luis me dijo las palabras que me dejaron sin habla mientras mis ojos se humedecían de lágrimas: “mi hermano murió hace cinco años…”. 

26 de noviembre de 2014

Enamorado de los casados

Esta son dos historias que he tenido con hombres casados, dicen que ellos lo hacen por curiosidad, pero no sé, ya que al final terminamos teniendo algo. Yo soy un tipo reservado, seguro de mi gusto por otros hombres, aunque no me gustan los obvios ni los que se visten de mujer, respeto mucho a los que son así, pero no va conmigo. Por el contrario, me encantan los osos gorditos, que se vean machos.

La primera historia es con un amigo casado de mi ciudad. La primera vez que nos conocimos no pensé que en un futuro íbamos a tener algo, pero hoy me atrevo a decir que tenemos una relación, aunque oculta. Cuando nos conocimos comenzamos a hacernos amigos, yo no pensaba tener algo con él ya que veía que no le “entraba” a tener algo conmigo. Lo cierto es que ya tenemos viéndonos a escondidas más de 4 años, y entre peleas y discusiones, siempre volvemos a vernos, no sé por qué, ya que en una ocasión quise dejarlo, pero siempre vuelvo con él. Yo tengo 33 años y él tiene 29, es gordito, lampiño, tiene mujer y 3 hijos, no está casado pero vive junto con su señora. Yo llego a su casa de vez en cuando, y hasta comemos juntos con su señora y sus hijos, pero lo que tengo con él, eso queda entre nosotros.

La primera vez que tuvimos un encuentro, él no se sentía seguro. Fue después de tanta insistencia mía en semanas anteriores, empezó como un juego, como vi que no me rechazó seguí insistiendo hasta que aceptó. Fuimos a un hotel a las afueras de la ciudad, ese día mi sueño se hizo realidad. Ahí comenzamos a mirar videos porno, y no me aguanté las ganas y me tiré encima de él, nos comenzamos a besar, comencé a sentir su pene que se paraba, y comenzamos a tocarnos apasionadamente. Nos echamos a la cama y nos desnudamos mutuamente, nuestras vergas ya estaban erectas, y yo empiezo a chuparle la verga mientras lo miraba cómo se excitaba bien rico. Yo también estaba excitado y le besaba las tetillas. De un momento a otro, él me pone boca abajo y comienza a recorrer mi cuerpo con su lengua, me empieza a morder las nalgas y yo estaba en un éxtasis total, cuando siento su lengua chupándome el ano, que rica sensación, después me comienza a penetrar, él estaba encima de mi moviéndose constantemente, y después me pone en otra posición de perrito. De un momento a otro siento su leche derramarse en mi espalda. “Wao” le dije, “que bueno estuvo”. Nos bañamos juntos y nos besamos en la ducha. Mientras regresábamos, yo le notaba algo nervioso, porque me dijo que era la primera vez que hacia esto con alguien de su mismo sexo, Yo le dijo: “Tranquilo, esto queda entre tú y yo”.

Ha pasado el tiempo, de vez en cuando nos damos una escapada, y cuando nos ven juntos todos piensan que somos grandes amigos, lo cual es muy cierto. Una escapada de vez en cuando no es suficiente para mí, yo quisiera tener más, pero él me dice que esté tranquilo, que debemos llevar la situación “oculta”, y de esa manera hemos de llevar la situación de las cosas, por mi trabajo salgo de la ciudad frecuentemente, por todo ello a veces pienso que esta relación no va a durar, porque él tiene mujer e hijos, y yo quisiera más, y a veces no sé qué pensar. Hay que algo que él me dijo: “Tengo miedo que en alguna ocasión, tú me quieras penetrar”. Yo le dije: “Yo no haría eso si tú no quieres”. Aunque ganas no me faltan, ya que se tiene un rico trasero, gordito y rellenito, aunque me gustaría solo meterle la lengua en su culito… jejejeje. Pero ya le dije que no lo voy a hacer.

Historia con otro casado.

Esto me sucedió en una ciudad distinta a la mía. Fue cuando me enviaron a trabajar a otra ciudad, conocí a otro amigo gordito con esposa e hijos. No entiendo por qué soy de interesarme en personas casadas con esposa e hijos,  pero lo cierto es que yo me hago amigo de ellos porque quiero su amistad, no porque busque algo con ellos, pero de alguna forma las cosas se dan. En esa ciudad no conocía a nadie, él fue el que me hacía pasear por su ciudad, y hasta salíamos a buscar mujeres, es a lo que él me llevaba. Lo cierto es que yo no sabía que tenía mujer en un primer momento que lo conocí. Cuando me presentó a su familia, yo me decepcioné un poco, pero yo decía “no importa, sólo vamos a ser amigos”. Él siempre me buscaba en mi departamento, y como amigos salíamos a divertirnos, después de casi 8 meses de amistad, tuvimos nuestro primer encuentro en mi departamento y hasta dormimos juntos. Él es un gordito de 25 años, no sé por qué me ha gustado, ya que a mí me gustan de más edad, pero este amigo tenía algo especial, ¿será porque era un gordito rico y además muy velludo?.
 
Aquella vez de nuestro encuentro fue algo increíble, amanecer con él en mi cama, también fue un sueño hecho realidad. Fue en mi departamento, estuvimos bebiendo unas cervezas. Él fue primero al baño a orinar, después yo le seguí y le dije que quería verlo mientras orinaba, se puso algo nervioso, pero yo le dije: “Tranquilo, ponte cómodo”. Solo le agarre el pene cuando estaba orinando, entonces me dijo: “Espérame en la cama”.

“Ok”, le dije. Cuando estoy en mi cama, veo que viene desnudo, y se echa conmigo. Yo empiezo a besarlo, y se le comienza a parar la verga, fue muy excitante ver su pecho todo peludo, algo muy rico y como me gusta. Fue algo rápido aquella vez, parece que él estaba muy excitado. Los casados son un poco fríos con otro hombre, pero son excitantes, ya que a ellos no les gusta mucho que les besen las tetillas, ni les toquen las nalgas, solo besos, (a este no tanto, pero si nos besamos). Esa vez durante toda mi estancia en su ciudad ya teníamos más confianza entre nosotros, pero a veces cuando iba a su casa, me daba algo de vergüenza estar ahí con sus hijos y su esposa, pero también celos de ella, de saber que duerme con él cada noche, que tienen sexo juntos, y que conmigo solo tiene escapadas ocasionales, pero al mismo tiempo tengo remordimientos con su hijo, el verlos juntos no encaja conmigo ahí junto a ellos. Platicando mis temores con él me dijo que quiere que sea padrino de su hijo, lo cual ya acepte.

Epílogo


Detrás de estas historias hay algo de tristeza que siento, ya que en realidad uno no llega a estar con ellos, ya que ellos tienen su familia. ¿Por qué será que me da por  enamorarme de este tipo de “amigos”?. Sé que no voy a poder tener una relación completa con ellos, sé que no van a dejar a su esposa e hijos, y si lo hicieran yo no sé si podría afrontar mi conciencia y verlos a la cara, en ambos casos es una relación imposible, sin futuro, más que ir sobrellevando las cosas con ambos. Quizá porque no pueden darme lo que deseo es que he llegado a una situación en la cual estoy con dos casados, no sé cómo se puede querer a dos hombres casados, no sé si este traicionándolos, pero ellos tienen su esposa con la cual pasan cada noche, yo en cambio cuando el rato de sexo placentero termina me quedo solo, deseando tener más tiempo conmigo sus cuerpos, pero solo queda mi cama enfriándose. Creo que debiera decidirme por uno de ellos pero no puedo, a lo largo de este tiempo me he acostumbrado a estar con cada uno en distintos momentos, en distintas ciudades, quizá al igual que ellos que no pueden ofrecerme un futuro, yo tampoco pueda ofrecerles uno, pero el tiempo está pasando, entre uno y otro, entre una ciudad y otra, entre un encuentro y otro. Este año en mis vacaciones, regresé a su ciudad y tuvimos unos encuentros. Él me dice que va a venir a pasear a mi ciudad, ambos me dicen que “me quieren” mucho, que yo soy el único hombre con el cual han tenido sexo fuera de su matrimonio, creo que esperan de mi lo mismo, fidelidad hacia ellos, y de cierta forma es así, solo los veo a ellos. Y no sé qué hacer, no puedo decidirme por alguno porque  ellos tienen mujer e hijos. ¿y si se enteraran? ¿Sabré llevar la situación?...

20 de noviembre de 2014

El chacal, un producto de consumo

Nunca he negado mi origen, provengo de un pueblo lejano en el cual no hay muchas oportunidades de trabajo ni de estudio, mi origen es humilde. Deseando mejorar, llegué a la ciudad, solo, buscando amigos que habían salido antes del pueblo, me dieron hospedaje y me consiguieron trabajo en dónde ellos andaban, de albañiles. Fue ahí cuando escuché la palabra “chacal”. Me sorprendió que algunas personas me dijeran así, de hecho a mis amigos también les decían chacales, ignoraba por qué nos identificaban de esa forma, a ellos no les importaba y decían que era mejor ser llamado así, que ser una jota como eran las que nos llamaban de ese modo. Poco después descubrí por qué nos decían chacales, no significaba que lo hicieran por desprecio, más bien esas jotitas, se morían por tener un romance con alguno de nosotros, “los chacales”, lo cual solo de imaginarlo me parecía desagradable, nunca me han llamado la atención los afeminados.

Lo mismo me han gustado los hombres que las mujeres, y a esa edad me daba igual.  En la ciudad había unos baños de vapor donde a veces iba, el vapor ayudaba a relajar mi cuerpo del arduo trabajo, y también algo de placer. Cierta vez me abordó un señor de edad, me anduvo rogando para que me dejara que me la mamara pero no me gustaba, lo evitaba, hasta que me ofreció dinero, aun así no acepté, pero había otro chavo ahí que salía de los vestidores y se dio cuenta, se quedó viendo y me hizo señas que aceptara. Eso fue lo que me hizo aceptar el dinero, el señor me estuvo mamando la verga hasta que me vine en su boca, quedó satisfecho y me dio un billete extra. Cuando terminé el chavo me abordó y platicó conmigo, resulto que ambos vivíamos por el mismo barrio, salimos juntos del vapor, me dijo que se llamaba Beto y le gustaba el futbol y me invitó a jugar con él. Así empezó un cambio en mi vida.

A partir de ahí cuando salía del trabajo por las tardes me iba a jugar futbol, descubrí que Beto era el más popular del barrio, aunque todos decían que era un flojo, que no trabajaba y que era un drogo, aun así él era un galancito y todas las viejas se enamoraban de él. Siempre andaba bien arregladito y no parecía preocuparse de nada. Hicimos buena amistad y comenzamos a platicar mucho. Yo me sentía muy atraído por lo que contaba, siempre tenía algo que decir y además parecía que yo le caía muy bien, siempre me buscaba, y cuando yo no podía ir a jugar por la tarde, al otro día los compañeros del juego me decían que el Beto había preguntado por mí el día anterior y se burlaban diciendo que era mi novia, yo solo reía, todavía no sabía por qué lo decían. Me dí cuenta que todas las tardes después de jugar fútbol y platicar conmigo él se iba al centro de la ciudad, parece que regresaba hasta el otro día a su casa.

Yo tenía 19 años y el 24 cuando me invito a trabajar con él, "ya no trabajes de macuarro, mejor ven conmigo, vas a ganar bien, tienes lo necesario, eres carita, de buen cuerpo y te ves bien machito, pagaran lo que sea por ti" yo era ingenuo, pero sabía bien a qué se refería, ya había tenido una paga en los baños de vapor. “¿Pero no es peligroso?”, pregunté, "yo te cuidare” me dijo. Pronto me di cuenta que él siempre tenía dinero y aunque sabía lo que otros decían de él, no le importaba. Finalmente acepte salir con él a su “trabajo”. Ese día sábado por la noche llegamos al centro de la ciudad, me presento con sus amigos y me dijo que tenía que ver a una persona más adelante, caminamos hasta donde se encontraba un auto negro muy lujoso, dentro estaba una mujer madura de cabello rubio muy bonita. Beto de inmediato subió al auto y hablo con la mujer, a continuación me invito a subir y ya dentro me presento con ella, la mujer me veía con agrado. Fuimos a un hotel y después de decirme como debía tratarla, me dejo con ella. Tuvimos sexo, ella era muy agradable y educada  y después  me fue a dejar cerca de donde me había encontrado, al final me dijo que esperaba verme otra vez.

Al siguiente día por la tarde Beto me fue a buscar, me entrego unos billetes que era el equivalente a varios días de trabajo en la obra en la que trabajaba. Me pregunto si quería seguir. La verdad es que me pareció muy fácil cómo se ganaba el dinero y acepte. Solo le dije que si no me gustaba la persona, no tratara de obligarme, me tranquilizo cuando me dijo que solo lo haría cuando quisiera. Entonces le comente que ya no quería seguir viviendo donde mismo, porque no parecían estar a gusto conmigo. Beto me dijo que él vivía solo que si quería podía irme con él y que a cambio debía ayudarle a mantener limpia la casa. Acepte y ese mismo día me fui con él.

Esa noche me dijo que no saldría y nos quedamos platicando y viendo tv acostados en la cama, yo cerré mis ojos y comencé a dormitar, supongo que al notar eso apago la luz y se acostó junto a mí de espaldas, de pronto sentí cuando acerco su cuerpo al mío, algo me impulso a abrazarlo, poco después él se dio la vuelta e intento besarme pero no lo deje, pero si deje me tocara el miembro, cuando me di cuenta me estaba haciendo sexo oral, solo me limite a disfrutarlo sin abrir los ojos, no hicimos nada más, poco después me dormí y creo que el también.

El siguiente día era de trabajo, así que nos arreglamos y nos fuimos al centro de la ciudad. Beto me dio ropa y me dijo cómo debía arreglarme, no era algo elegante pero si limpio, pantalones de mezclilla, una playera blanca sin magas y una camisa a cuadros encima. Esta vez, los clientes eran dos hombres, uno de ellos era mayor, le calculaba unos 60 años, bastante refinado, en esa época no entendía bien que profesión podían tener, pero si me di cuenta que eran personas que parecían saber mucho, creo que nos veían como dos jóvenes muy asnos y que lo único que podían obtener de nosotros era sexo. No me gustaba que pensaran eso de mí y tampoco quería tener sexo con ellos, la verdad me parecían muy viejos y feos. Así que cuando el mayor me comenzó a preguntar sobre quién era yo, le demostré que no era un simple joven, pues a mis 19 años yo ya había concluido el bachillerato y había leído bastante, conocía muchos autores y eso lo sorprendió. Beto también demostró que no era un ignorante. Así que en vez de tener sexo nos invitaron a cenar y platicamos bastante durante varias horas, al final Beto les cobro, porque aunque no tuvimos sexo, si habían consumido nuestro tiempo, ellos pagaron con gusto, y manifestaron el deseo de vernos otra vez. Beto me dijo que estaba resultando más listo que él.

Mientras el taxi nos llevaba a casa, Beto y yo íbamos en la parte trasera del auto platicando, de pronto Beto me tomo de la mano, después puso su mano en mi bulto, y me masajeaba mientras me veía con deseo. Tan pronto entramos a la casa nos desnudamos y comenzamos a besarnos, estábamos muy excitados, esa noche nos fundimos en un solo cuerpo.

Pasamos algún tiempo juntos, él me acompañaba al “trabajo”, aunque siempre me decía que no eyaculara, que me contuviera, porque al llegar a la casa él se encargaba de ordeñarme, el eyacular en él era algo que le gustaba, pero esto chocaba con el trabajo, los clientes solo se iban satisfechos si yo eyaculaba en ellos, era algo que esperaban ver, el pago era generoso cuando eso pasaba. Al paso del tiempo Beto me dijo que había obtenido una beca para seguir estudiando, que no esperaba que la juventud le durara mucho tiempo y que le preocupaba la vida cuando dejara de ser el galán que todos admiraban. Me pidió que lo acompañara, pero yo no tenía las mismas posibilidades que él, y aunque en ese tiempo había aprendido a amarlo, también supe que los dos buscábamos algo distinto. Así que un día él se fue sin avisar, yo por mi parte seguí en el trabajo, me hice una imagen, vestía de cierta forma, a como Beto me había enseñado, yo no era refinado, no era guapo, pero aprendí que lo que los hombres y algunas mujeres buscaban en mi era una imagen ruda, de un chacal. Beto fue el primer amor que tuve y fue alguien que todavía recuerdo con mucho aprecio, pero en este trabajo no vale el amor, es solo una fantasía que se vende por un rato.


Creo que muchas personas ven con desprecio a los prostitutos, pero esa experiencia me hizo saber y dejar muy en claro, que los prostitutos también somos personas, que necesitamos amor y comprensión y además hacemos un servicio social que pocos estamos dispuestos a hacer… Después de todo, si en tu casa no tienes placer… alguien debe dártelo ¿no lo crees querido lector?

5 de noviembre de 2014

El Carnicero

(relato enviado como anónimo)

Dicen que la forma como uno inicia es lo que nos va a definir el resto de nuestra vida como homosexuales. Mi historia sexual comenzó hace más de diez años, cuando yo era un joven inquieto por mi sexualidad, pero que aún no había llevado a cabo una relación sexual con otro hombre, lo que a continuación les contare, considero es el inicio de mi vida homosexual, como tal. Siempre he tenido un porte masculino desde niño, nunca tuve un comportamiento que mostrara lo contrario, a mí no me dio por jugar con muñecas o cosas así como los clichés señalan la niñez de los gays, al contrario, en la escuela más de una vez me agarré a golpes con algún compañero y de alguna manera me había ganado respeto, supongo que el hecho de tener que comenzar a trabajar desde muy joven en el mercado de mi localidad me había enseñado a pelear, pues la vida en esos lugares es dura y si no te defiendes desde el principio, después todos te agarran de su puerquito.

Desde que termine la primaria comencé a trabajar en el mercado, acomodando y cargando cosas, todas las tardes al salir de la escuela comenzaba mi faena y el dinero que ganaba me ayudaba con mis gastos. En aquel tiempo yo ayudaba a una señora en una carnicería del mercado, aunque aún no tenía la mayoría de edad el trabajo fuerte me hacía ver más desarrollado. Frente al negocio de mi patrona, abrieron una nueva carnicería, era de un tipo llamado Gabriel, este hombre era una persona común, al principio así lo vi, pero con el tiempo él comenzó a llamar mi atención y no era porque fuera muy atractivo, sino porque cada vez que notaba que yo me quedaba a solas me echaba unas miradas señalándome con sus ojos su paquete, aunque detrás del mostrador que él tenía no se veía nada, pero siempre hacia eso y yo me sonrojaba y desviaba la mirada. Paso el tiempo y comencé a sentir entre curiosidad y atracción por él, aunque también muchos nervios cada vez que lo veía.

Un día por casualidad coincidimos en el baño del mercado y, sin que yo me diera cuenta al principio, se acercó por detrás de mí y sin decirme nada me recargo toda su verga erecta, al darme cuenta que era él, permanecí quieto, entonces me preguntó si me gustaba, yo no supe que decir, quería salir pero al mismo tiempo quedarme, podía haberle dado un golpe, pero la sensación en mis nalgas era nueva, sentía un raro cosquilleo muy profundo, dentro de mí, me quedé quieto mientras mi corazón latía rápidamente hasta que escuché ruido de pasos, me separé y salí de ahí inmediatamente. Después de ese incidente, seguramente noto que si me atraía y comenzó a buscarme para platicar por cualquier pretexto, yo me sentía bien, me gustaba sentir su interés en mi persona, así que también le pedía consejos de la carnicería y él me respondía, la plática a veces era de otras cosas y supe que Gabriel jugaba en un equipo de fútbol. De pronto, en una plática, me dijo que tenía películas pornográficas, que si quería verlas, mientras él se sobaba la entrepierna. Dudé pero le dije que sí, me explico cómo llegar a su casa y fijamos el día.

Cuando iba camino a su casa, pensaba sobre lo que podía pasar, imaginaba muchas cosas, y recordaba la sensación que sentí en los baños cuando puso su verga en mi trasero, finalmente toqué su puerta y  al abrir, él estaba solo con un short de esos que son para jugar fútbol, algo flojo y color blanco, no traía playera, su piel era  blanca y bajo su ombligo tenía un camino de vellos muy negros que lo hacía ver muy atractivo, me invito a pasar y me dijo que me quitara la mochila y que me sentara en su cama ya que su departamento era pequeño. Él fue al baño y al regresar vi como el short hacia muy notorio que su verga había crecido, me puse de pie, nervioso, y entonces me abrazo por la espalda restregándome toda su verga en mis nalgas como ese día en los baños y así estuvimos un momento, después me volteó frente a él y me dijo que me pusiera de rodillas. Gabriel bajo su short y pude ver que llevaba puesto un bikini tipo tanga blanco ajustado que apretaba todo su miembro, me dijo que se lo quitara, y torpemente baje su bikini y al hacerlo saltó una verga como jamás la había visto, por lo menos no en vivo, de un color claro, serian como 19 cm, estaba ya bien dura, y con mucho vello púbico muy negro, que resaltaba en contraste con su piel blanca, en ese punto yo también estaba muy excitado, lo miré hacia arriba y lo tomé con mis manos, sentía el calor de su miembro, la cabeza del glande estaba húmeda, estaba cerca de mi cara y pude percibir su olor, un olor a sudor de genitales mezclado con sudor de un hombre, comencé a acariciarlo, podía ver cada detalle de su verga, las venas que se le marcaban, entonces me dijo que se la mamara, yo que jamás lo había hecho me sentí confundido, por un lado el deseo de tener más cerca de mí esa verga, pero por otro lado el olor que tenía era muy penetrante, muy torpemente comencé a pasar mi lengua por su verga y sus huevos y aunque en ese momento sentía muchos nervios, comencé a sentir un poco de nauseas, era algo totalmente nuevo para mí, traté de meterlo en mi boca pero al primer intento tuve una sensación de asco y lo saqué, le dije que no lo iba a poder hacer, entonces él me dijo que cerrara los ojos, abriera la boca y que no respirara para no sentir el olor hasta que tuviera la verga dentro de mi boca. Lo hice y entonces él poco a poco fue metiendo su verga en mi boca, me sentí con más confianza, entonces ya pude abrir los ojos, el sabor se mezclaba con mi saliva y comencé a dar la primera mamada a una verga. Gabriel se miraba en un espejo del cual yo no había reparado que tenía a un costado y pude ver cómo se lo hacía y mi excitación crecía, yo seguía chupando todo su miembro y también sus huevos y el solo tomaba de mi cabello para darle ritmo a esa mamada de verga que yo le estaba dando, de repente él comenzó a gemir más fuerte y empujó mi cabeza contra su verga con ambas manos, yo no pude zafarme, esta vez había entrado más a mi garganta, mi nariz chocó contra su pubis peludo, tenía toda su verga dentro de mi garganta y sin decir nada más me inundo con su leche mientras yo procuraba zafarme. Finalmente me soltó y saco su verga escurriendo y dejando mi boca escurriendo también, comencé a toser y corrí al baño, más por la sensación de vómito involuntaria por lo profundo que su verga había entrado en mí. Después de eso me vestí muy rápido y salí de inmediato de su casa sin decir nada, él me miró sonriendo mientras mis ojos estaban llorosos. Camino a mi casa tenía sentimientos encontrados, de culpa, vergüenza y asco, pero también de placer, de sensaciones nuevas, de haber tenido algo real en mis manos, en mi boca, eran muchos pensamientos invadiendo mi cabeza....

Al día siguiente en la carnicería procuraba evitar su mirada, pero después de unos días volví a mirarlo y comenzamos a platicar de nuevo, hasta que un día me dijo si quería visitarlo otra vez.... No le contesté de inmediato, necesitaba unos días a solas conmigo mismo, quizá sí, quería volver a sentirlo, quería experimentar más sensaciones, quería explorar más mi sexualidad. Finalmente le dije que no. Aunque admito que después de esa experiencia quería regresar a descubrir más de mi vida como homosexual, pero me di cuenta que él no era la persona adecuada para ello, él solo me había usado para satisfacer su propio deseo sexual de una forma unilateral, no le interesaba el placer de la otra persona, solo me había usado para eyacular, y yo quería alguien que pudiera enseñarme a sentir, que me ayudara a descubrir mi forma de sentir el placer con otro hombre, quería sentir un abrazo, un beso, caricias recorriendo mi cuerpo.

Fue entonces cuando dejé de ir al mercado, había conseguido una beca para estudiar mi carrera profesional y ya no necesitaba seguir trabajando medio tiempo. No volví más al mercado, hasta hace poco, han pasado más de diez años desde entonces, volví a ver a mis amigos de esa época y por ellos supe que al carnicero lo había encontrado su mujer con otro hombre en su casa y que lo había corrido, yo no sabía que era casado sino hasta entonces, en un pueblo pequeño la noticia se volvió un escándalo, tuvo que cerrar su negocio y se fue de ahí, nadie supo nada de él, yo no lo extraño, solo recuerdo que mi primera experiencia sexual fue con él, y que no era la mejor persona para haber iniciado, aunque supongo que en el medio homosexual el tener encuentros sexuales con personas equivocadas es lo más común, los relatos rosas son una mentira, ¿o en tu caso, cómo fue tu inicio, querido lector?...





23 de octubre de 2014

Chacal: el obscuro objeto del deseo

- Me gusta ir a ese antro en las afueras de la ciudad porque siempre van chacalillos muy guapos.
- Es cierto, el otro día conocí uno que me gustó mucho. Tenía una herramienta como de 20 cm, espero que la próxima vez que vaya, lo vea de nuevo. Solo tuve que invitarle los tragos esa noche.
- Yo prefiero los que son delgados, pero que tienen pinta de machos y que sean bien entrones, pero la última vez que fuí conocí uno gordito que se veía bien machote y se le notaba un bulto muy grande, pero yo no le guste, se fue con una jota bien fea.

Todos en el ambiente homosexual, hablan de lo que es un chacal, como si fuera una especia de raza especial, con ciertas características definidas y casi siempre como si se tratase de un platillo exótico, algo que se desea pero que al mismo tiempo causa cierta repulsión, sin embargo es la fantasía de casi todos los homosexuales, aunque la mayoría lo niegue, sobre todo los más refinados, los más nice, los que están al tanto de la moda, del restaurante de lujo, de sus maravillosos viajes, son los que más buscan al chacal, pero frente a sus amigos siempre lo negarán o ni siquiera lo mencionaran, pero bien que se pasearan en su carro por las zonas de su ciudad donde se sabe que pueden encontrarles.

¿Quiénes entran en la categoría de un chacal? ¿Cuáles son sus características? Primero recurramos a Carlos Monsivais, él lo define de esta forma: “El chacal es el joven proletario de aspecto indígena o recién mestizo, ya descrito históricamente como Raza de Bronce (o sea morenazo). El chacal es la sensualidad proletaria, el cuerpo que proviene del gimnasio de la vida, del trabajo duro. Es la friega cotidiana y no el afán estético que decide esbeltez. El chacal tiene por hábito sentirse ampliado, deseado así nadie lo contemple. El chacal no mira para no regalar su mirada, pero se deja mirar para ascender en su autoestima. Las camisetas entalladas, los jeans ajustados y convenientemente rotos, las gorras de béisbol, el perfeccionamiento de la mirada hostil o indiferente que sin embargo invita, de ningún modo el prostituido, en modo alguno el inaccesible…”.

Algunos adjetivos atribuidos al chacal son que es un producto del mestizaje, aspecto indígena, de clase trabajadora, mirada hostil, de mataputos, lenguaje proletario, poco educado, un macho inaccesible, no se reconoce como gay, la palabra gay le choca, es sinónimo de afeminados, pero él mismo no se reconoce como chacal, a él no le importa toda la tinta que los intelectuales escriben en torno a él, es machista, misógino, se supone sexualmente activo por naturaleza, él no ama, no quiere a otros hombres, solo se los coge, los usa para su placer momentáneo, no aspira a tener una pareja, es fiel a su gueto, a sus raíces, un diamante sexual en bruto, y ahí su atractivo, es buscado por quienes buscan una experiencia sexual fuerte, algo que en el mundo gay ya no existe, el hombre químicamente puro.

Dentro de las características de un chacal se supone que estos tienen un cuerpo “marcado”, atribuido al rudo trabajo que desempeña en labores que requieren fuerza. Quienes los buscan, sueñan encontrarse con un chacal que los acaricie con sus manos rudas, toscas, que los callos de sus manos raspen sus cuerpos finos y delicados, y que con ese solo roce sientan estar ante un hombre real, pero antes los bañaran, y aun así el olor de su sudor corporal persistirá. A pesar de ser un hombre mestizo, los homosexuales buscan que tenga rasgos atractivos, de acuerdo a la estética del homosexual, los quieren “feos pero no tanto”, cuando el hombre de ascendencia indígena en México es una persona de rasgos que chocan con el ideal de belleza que podemos ver anunciados en cualquier revista gay, incluso sus cuerpos no son los de un stripper que lo ha formado en un gimnasio, no son cuerpos con vello corporal, este es escaso, el bigote es muy poco común en ellos y es muy poco poblado. El chacal está más cerca de los albañiles, cargadores de la central de abastos, jornaleros, campesinos, donde la belleza no abunda, donde los cuerpos por lo general no son atléticos sino más bien panzones, chaparros y prietos, lo cual no es lo que buscan los homosexuales de tinta, quienes idealizan al chacal en un trailero, un cortador de madera, un almacenista, cuyos estereotipos han idealizado en las películas porno, prometiéndonos el mejor sexo.

Sin embargo, todo esto, al final, le viene importando un pepino al que se le atribuye el adjetivo de chacal, porque él mismo no se reconoce en tal categoría, se rige por sus propias ideas, quizá incluso él mismo no sepa lo que quiere, quizá solo sea vivir el rato, pasarla bien, sin importar quién sea el puto en turno con el cual coge, porque para el chacal, en sus propios términos, no se acuesta con otro, se lo coge parado. Lo cual nos hace plantearnos la siguiente pregunta ¿Cómo se da el sexo con un Chacal?¿Es tan placentero? Quizá esto dependa de la definición de lo que es tener un "buen sexo". El concepto más común es cuando hay química, cuando hay lenguaje corporal, interacción de ambas partes. Lo opuesto es cuando quienes tienen sexo buscan solo su propia satisfacción sin importar la de la otra persona con la cual cogen. En términos del mundo homosexual, la pasiva solo pone la cola para que cualquiera se lo coja, sin importar quién sea ni cuánto dure. El chacal que es activo por su parte solo buscará un culo a dónde meter su verga, sin importar quién sea la persona, porque para el chacal el homosexual pasivo no es una persona, es un culo más y lo cogerá a su propio ritmo marcado por su propio placer hasta eyacular sin importar si la pasiva lo gozó o se quedó a medias.

Hay quienes creemos que el chacal no existe como si fuese una especie definida, sino que más bien es una utopía creada por los intelectuales que viven en un medio rosa marcado por el buen gusto y las buenas costumbres, que ven con ojos de deseo e idealización un mundo que les es ajeno pero atractivo por el tipo de hombres con las características que definieron como chacal, un hombre químicamente puro, instinto puro, sexo puro, representa las características masculinas que el mundo gay ha perdido en aras de una glamurización y supuesta sofisticación que no es más que la feminización del lenguaje y amaneramiento de los homosexuales los cuales, al irrumpir abiertamente en la sociedad lo hacen reclamando una identidad LGBTTTI pero al mismo tiempo, cada una de esas letras es un giro hacia lo obvio, perdiendo las características masculinas, son autoexpulsados de un paraíso primigenio de hombres masculinos. La búsqueda del chacal se vuelve una búsqueda hacia una utopía, porque el chacal es una imagen de algo que no existe, porque en el momento que el chacal acepte formar una relación con un homosexual y se adapte al modo de vida homosexual, habrá perdido su esencia y pasará a ocupar alguna de las múltiples categorías existentes y que definen a los homosexuales obvios que juegan a ser masculinos. Sin embargo ante la demanda aparecen sujetos que por varios intereses sean estos monetarios o simplemente por reconocer su propia homosexualidad reprimida aceptan el juego de roles que se da entre ellos categorizados como “chacales” y otros homosexuales.

Parece darse entonces un equilibrio cuando el chacal y el homosexual declarado o jota, comienzan con una negociación, el chacal quizá no cobre pero el otro ofrece algo a cambio por sexo, unas chelas, la cena, pal taxi, etc. permitiendo esto que la jota en cuestión no adopte al chacal o lo haga su pareja, sino que obtenga placer al contratarlo para eso y que ambos se queden en su mundo al cual pertenecen, conservando el chacal su esencia y convirtiéndose en un producto de consumo para todas las jotas refinadas que abundan en todas las ciudades. Como Carlos Monsivais de quién por cierto, se rumora que frecuentaba la ciudad de Cuernavaca para convivir con chichifos con aspecto de chacal, obviamente jóvenes, pero que además tuvieran una alta capacidad intelectual con los cuales pudiera dialogar y debatir sobre temas literarios. Al parecer él buscaba una buena charla para terminar haciendo el amor y no ir directamente a la cama.

Podemos concluir entonces que el sujeto definido como chacal no tiene una ideología y no se conceptualiza como tal. Sin embargo los homosexuales intelectuales cuando hablan del chacal, lo hacen como si se tratara de una especie existente y que solo espera ser encontrada para brindarles satisfacción incansable, pero quizá el chacal ni siquiera está interesado en ellos. Eso me hace recordar una escena de la película del Indio Fernández, La cucaracha, donde María Félix es una soldadera que se desvive por su general, el Indio Fernández, ella le habla y le cuenta de un futuro juntos, mientras el general, indiferente y harto de su palabrería, le dice una sola frase para darle por su lado: “si pués”...

…Y ustedes, ¿a qué antro van a ir buscar chacal esta noche?


16 de octubre de 2014

Acuérdate de Acapulco


(Relato enviado como anónimo)

Anteriormente cuando veía a una persona homosexual yo la evitaba, me parecían personas repulsivas, quizá era porque mi concepto acerca de ellas estaba muy limitado, yo solo veía al individuo afeminado o vestido con prendas femeninas, me parecía muy desagradable que existieran hombres que desearan ser mujeres, eso no me cabía en la cabeza, yo consideraba eso como algo antinatural. Pero algo ocurrió en mi vida que me hizo redefinir mi sexualidad, o al menos eso creo, aunque es algo que aún estoy explorando.

Dicen que son las acciones las que nos definen lo que somos, por ello no puedo decir mi nombre, puedes llamarme Juan, antes me decía Don Juan, siempre he tenido suerte con las mujeres. Nunca sentí atracción por otros hombres, desde que recuerdo siempre tuve muchas novias, mis relaciones sexuales con mujeres comenzaron a una edad temprana, no me considero atractivo pero ellas veían algo en mí y me buscaban. En casa me presionaban para no embarazar a alguna antes de poder terminar mi licenciatura, pero justo pasó eso, mi novia quedó embarazada. Nos enfrentamos a nuestras familias y decidimos casarnos. Como pude terminé la licenciatura y tuve que buscar trabajo. Debo decir que me casé enamorado, mi esposa era una buena mujer, siempre me apoyó y el sexo con ella era fabuloso, puedo decir que realmente nos complementábamos. Sin embargo el estar casado no evitaba que otras mujeres me buscaran, y llegué a tener encuentros sexuales ocasionales con varias de ellas, lo cual mantenía en secreto. El miedo a que alguna de ellas quedara embarazada me hacía evitar el eyacular dentro de ellas, cuando estaba a punto de llegar al orgasmo me salía interrumpiendo el orgasmo para luego masturbarme fuera y lograr eyacular, algo que les disgustaba a ellas. Esta costumbre de interrumpir el orgasmo me fue dificultando el lograrlo, pero conocí a una mujer casada con la cual tuve relaciones de la forma que acostumbraba, a ella no le molestaba y una vez que me salía de ella me ayudaba a alcanzar el orgasmo. Ahí inició todo, al estar teniendo sexo con ella y antes de eyacular me salía y me tumbaba a masturbarme y ella comenzó a tomar la iniciativa de acariciarme los testículos mientras yo me masturbaba, eso me ayudaba a alcanzar el orgasmo. Después comenzó a lamer mis testículos mientras me masturbaba hasta que una vez pasó su lengua más abajo, hacia  mi ano. La primera vez que lo hizo me sorprendí, su lengua tocaba terminaciones nerviosas que no sabía yo que existían, mi eyaculación fue más rápida y abundante, terminé con una sensación de satisfacción que no conocía hasta entonces. Me fui acostumbrando a buscarla, aunque yo la penetraba en diversas posiciones, siempre me salía para terminar mi orgasmo masturbándome, más ahora ya no era para evitar terminar dentro de ella, sino porque buscaba el placer que me proporcionaba a mi ano, hasta que cierto día que me manoseaba el ano introdujo uno de sus dedos. No supe cómo reaccionar, aunque mi primer instinto fue rechazarla, la sensación del orgasmo a punto de llegar me hizo dejarla hacer, teniendo uno de los orgasmos más intensos hasta ese momento. Aunque había mucha franqueza en mi relación con ella, todo se resumía a un encuentro sexual ocasional entre ambos, nos buscábamos para coger, algunas veces ella, otras yo, siempre la penetraba primero y luego ella me dedeaba de forma delicada hasta que sin poder más yo eyaculaba.

Esto cambió cuando cierta vez fui enviado por parte de mi trabajo a Acapulco. Los viajes de trabajo no tienen nada de placentero, ir a Acapulco es ver la playa desde el taxi circulando mientras el calor húmedo nos ensucia la ropa la cual debe lucir presentable para el trabajo. Ese día terminé temprano mi trabajo y por la tarde me fui al centro a conocer. Ya era tarde para ir a la playa y en aquel tiempo no conocía yo gran cosa de Acapulco, así que solo caminé por calles del centro y en una de estas encontré un cine, la curiosidad me hizo detenerme, era un cine donde proyectaban películas porno. Sin tener otra cosa que hacer decidí entrar. No sabía lo que pasaba en un cine porno, la sala no era muy grande pero estaba lo suficientemente iluminada para ver lo que pasaba. Lo que ví me sorprendió y me llenó de pensamientos que contradecía todo lo que hasta ese momento tenía en mi mente acerca del sexo. Hombres teniendo sexo con otros hombres, me llamaba la atención que no eran afeminados, nunca había visto algo así en vivo, nadie veía la película, pero lo que más me llamó la atención fue un hombre que estaba prácticamente desnudo sin estarlo, era un señor como de unos cincuenta años, muy masculino, típico acapulqueño, piel quemada por el sol, barrigón, con algo de vello en el pecho, el calor en el cine hacía que su cuerpo brillara a la luz de la pantalla, llevaba una bermuda la cual estaba hasta sus tobillos y una camisa de manga corta la cual estaba totalmente desabotonada y abierta, dejando al descubierto su panza, llevaba sandalias que había hecho a un lado dejando sus pies descalzos. De frente a él y de rodillas estaba un hombre joven mamándole la verga, nadie más parecía verlos, todos estaban buscando algo ó haciendo lo suyo, el hombre panzón era el único que parecía no importarte estar prácticamente desnudo, por alguna razón no podía dejar de verlo y entonces vi como el joven comenzaba a lamer sus testículos y cómo su lengua bajaba, el hombre maduro se deslizó en su asiento hacia adelante dejando su ano libre y entonces el joven comenzó a lamerlo, y a dedearlo. No me di cuenta pero mi verga estaba erecta y dura, tenía una extraña sensación entre placer y pecado, entre deseo y prohibido, el morbo me hacía no poder dejar de ver lo que veía, entonces me salí del cine, llegué al hotel y me masturbé mientras uno de mis dedos acariciaba por primera vez mi ano. No tarde mucho en venirme, pero aún me quedaba un día más en Acapulco, al día siguiente debía regresar a casa.

Algo nuevo estaba ocurriendo en mi mente, todo el día mis recuerdos me llevaban al cine que había visitado la tarde anterior, así que al terminar el trabajo me dirigí a la terminal de autobuses y pregunté por el último autobús de regreso. Pude cambiar mi boleto, puse mi maleta en el guarda equipaje y mire mi reloj, tenía unas tres horas libres, sin pensarlo más tomé un taxí que me dejó a una cuadra del cine, no deseaba supiera a donde iba, pagué mi boleto y entré. Me senté en la fila de en medio la cual separaba las filas delanteras, en ese lugar había visto al hombre maduro, ahora estaba yo ahí. No tardó en llegar alguien a sentarse a mi lado, por un momento sentí vergüenza de estar ahí y lo mire de reojo, era un hombre de mi edad, acapulqueño, parecía normal, no parecía ser de esos, no quise ver más. Al principio yo estaba muy nervioso, pero la oscuridad del cine y la certeza de que estaba muy lejos de casa me relajaron. El hombre a mi lado comenzó a rozar mi pierna con los nudillos de sus manos, al no reaccionar yo, tomó confianza y su mano se dirigió a mi bragueta, la abrió y sacó mi miembro para llevárselo a la boca. La sensación fue muy agradable, diferente a lo que conocía del sexo oral, sus labios eran gruesos, la cavidad de su boca era más grande, sabía lo que hacía. Pero no era eso lo que yo buscaba, así que me desabroché el cinturón y bajé mis pantalones, con mi mano bajé su cabeza a mis testículos mientras me deslizaba hacia abajo en el asiento. Él pareció entender, pasó de lamer mis testículos hacia mi ano y entonces metió uno de sus dedos, la sensación era muy morbosa, mientras me metía un dedo su boca se prendía de mi miembro, hasta que no pude aguantar más y eyaculé en su boca. Cuando todo pasó cayó sobre mí un sentimiento de culpa y remordimiento, pensé en mi esposa, a toda prisa me subí los pantalones y salí de ahí hacia el autobús. Todo el viaje me debatía entre el remordimiento y la culpa y al mismo tiempo el placer que sentí, un placer culposo, pero placer al fin, una sensación que me recorría de la punta del glande bajando por debajo de mi pene hasta mi ano. Al llegar a mi casa me recibió mi esposa, me disculpe diciendo que venía muy sudado por el viaje y me metí directo a bañar. No cené y me acosté con ella, buscó mi cuerpo y tuvimos relaciones, sin embargo, por primera vez, no pude tener un orgasmo.


A partir de ese día las cosas cambiaron, amo a mi esposa, me siguen atrayendo las mujeres, pero soy incapaz de alcanzar un orgasmo si no tengo la estimulación en mi ano, y la única mujer que me lo hacía ya no puedo verla a la cara después de lo que pasó en Acapulco. Aquí en mi ciudad descubrí un cine porno, pero no me he animado a ir, es un lugar donde cualquiera puede reconocerme, sin embargo he visto de lejos que clase de hombres entran ahí y van algunos que en aspecto no se ven afeminados, los veo similares a mí, ¿buscaran lo mismo que yo?. Cada vez mi necesidad por lograr un orgasmo es mayor, ya lo he decidido, mañana iré a ese cine, buscaré mi placer, lo que pase después no lo sé, cómo cambié yo y las consecuencias tendré que afrontarlas, no sé si esto me haga menos hombre,  pero deseo volver a disfrutar de un orgasmo como el que tuve en aquel cine de Acapulco…

8 de octubre de 2014

Ojos Melancólicos

(Relato enviado como anónimo, se hicieron cambios con el consentimiento del autor)

Desde que recuerdo, siempre fui una persona solitaria. Mi infancia estuvo llena de preguntas que no tuvieron respuesta, crecí solo con mi madre quien nunca me dio las respuestas que yo buscaba. Pero al llegar a la etapa universitaria algo cambió. Tuve la suerte de conocer a un amigo que era también homosexual como yo. Desde el principio que nos conocimos sabíamos lo que éramos, dicen que la sangre llama, así que un día nos sinceramos y desde ahí nació una muy buena amistad, hicimos un buen dúo y siempre estábamos bromeando y riendo de todo lo que vivíamos, fue él quien me llevó a la zona de ambiente y aunque en un principio lo rechacé terminé aceptándolo y realmente nos la pasábamos muy bien. Fue por ese tiempo cuando conocimos a un hombre de cuya primer imagen que tengo al recordarlo son sus ojos, parecían llenos de tristeza, así que, sin saber su nombre, le llamamos Ojos Melancólicos. Sólo lo conocíamos de vista, quizá trabajaba en la Universidad, no lo supe ya que nunca lo tratamos personalmente.

Ojos Melancólicos era un hombre de unos cuarenta años, vestía siempre jeans y playeras tipo polo, era de piel morena, con un cuerpo fuerte que mostraba sus horas en el gym, la expresión de su rostro era agradable con unos ojos grandes y negros que siempre transmitían la sensación de estar tristes, la percepción que teníamos de él era bastante subjetiva, el rasgo de sus ojos era lo que lo distinguía. No sé bien cómo fue que apareció, a veces lo encontrábamos en la fonda donde íbamos a comer, otras veces en la parada del camión, otras al cruzar una calle, siempre lo observábamos de lejos y aunque hablábamos un tanto despectivo de él, creo que ambos sentíamos atracción por dicha persona.

Recuerdo que cuando yo me lo encontraba por la calle, nos mirábamos, seguramente él notaba que me atraía y en ocasiones parecía detenerse para ver si hacíamos contacto, yo pensaba que también le parecía atractivo porque él me mostraba una expresión en su rostro como de cariño mezclada con deseo, o al menos eso creía yo, aun así nunca platicamos. A veces mi amigo y yo lo veíamos con otro hombre de piel blanca y que al parecer era su pareja. Pero el otro no nos llamaba la atención como Ojos Melancólicos. A mí personalmente, me gustaba mucho su porte, no importaba la ropa que usara siempre lo veía bien. Siempre me ha gustado el que un hombre tenga un comportamiento masculino y eso me atraía de él, aunque yo lamentaba que no pudiese ocurrir algo entre los dos.

El tiempo pasó, yo me gradué, perdí el contacto con mi amigo y me fui a la ciudad de México donde conseguí trabajo, había hecho muchos cambios en mi aspecto, ya no era el joven universitario delgado y andrógino, ahora era un hombre adulto, fuerte y presumía una barba de candado. Así que un día que viajaba en el metro, absorto en mis pensamientos, de pronto note a un hombre con una figura agradable frente a mí, estaba de espaldas, se veía corpulento para su edad ya que sus sienes estaban cubiertas de canas muy brillantes, me gustó mucho su cabello y la elegancia con que las canas iban cubriendo su cabeza, debía rebasar los cincuenta años. Lo observé en cada detalle, me gustó su porte y pensé que era un buen candidato para compartir mi cama, lo miré un buen rato a ver si giraba su cabeza y si podría ver su rostro. Pero paso mucho tiempo y eso no ocurrió. De pronto llegue a mi destino y baje, olvide al desconocido hombre que me había gustado. Pero más adelante al salir de la estación, frente a mi iba él, iba a paso rápido, cuando de pronto su celular cayó al piso y fue a dar a mis pies. Lo levante y al mirar su rostro me impactó, era Ojos Melancólicos. Él sonrió al verme y me agradeció le entregara su celular y se dio la vuelta, para seguir su camino, mientras que yo solo me quede observándolo, camino unos diez pasos y regreso a preguntarme. “¿Te conozco?”.  Solo pude decir que no, realmente nunca nos habíamos conocido, así que le dije la verdad. Se disculpó y me dijo que había sido grosero al marcharse sin agradecer apropiadamente, me invito a tomar un café de los que venden a la salida del metro y yo un poco vacilante acepte, era un día lluvioso.

Mientras tomábamos el café, me miró y me dijo que le recordaba a alguien, aun no nos contábamos de donde éramos. Yo tenía ya cerca de treinta años y el seguramente tenía por lo menos unos veinte años más que yo. Lo deje hablar un buen rato, pude notar que era una persona agradable, atractivo, educado y seguramente si se sentía atraído hacia mí, parecía no recordarme, quizá era porque jamás en el pasado cruzamos ninguna palabra y yo ahora lucía diferente. Le pregunte a quien le recordaba, y me dijo que le recordaba a una persona a quien él amaba como a un hijo. Me llamo la atención que me dijera algo así. Entonces le pregunte más. ¿Tienes hijos? “Sí”, me respondió, “tengo un hijo, pero hace muchos años que no lo veo”. Y su mirada tomó esa tristeza que le conocía, no quise preguntar más aunque yo me sentía intrigado por saber más de él. Pero ya no quiso seguir hablando de ese tema y me pregunto cosas de mí, para conocerme, así que decidí contarle otra historia de mí, le dije que siempre había vivido en el DF y no en la ciudad en la que realmente nos habíamos conocido y hasta el nombre me cambie por si las dudas, no quería que pudiera reconocerme. Me dijo que había sido grato conocerme y que si yo deseaba podíamos seguir platicando en otra ocasión. Por supuesto respondí que si, en mi mente estaba ocurriendo algo extraño, sentía atracción hacia esa persona y al mismo tiempo una especie de familiaridad, quizá porque yo si tenía la certeza de saber que él era Ojos Melancólicos. Me dio su número celular y se despidió amablemente, la lluvia había disminuido.

Pasaron algunos días, entre mis dedos estaba el papelito donde había anotado su número, lo pensé mucho y después de una semana decidí llamarle. Me contestó amablemente, me dijo que si me recordaba y entonces le dije que ahora yo lo invitaría a tomar un café, él aceptó. Nos vimos en una cafetería del centro histórico, yo sentía curiosidad por él, era un hombre maduro aún atractivo para su edad, durante la conversación me dijo que le gustaría mantener una muy buena relación amistosa, estuve de acuerdo y al finalizar el café caminamos sin rumbo platicando de todo, descubrí que era más agradable de lo que pensaba y que teníamos muchas cosas afines. Vivía cerca del centro, por el rumbo de Tlatelolco, aunque me quedaba de lado contrario al que yo vivía le dije que me quedaba de paso a mi casa y le pregunté si podía acompañarlo, él accedió y seguimos platicando, su conversación era interesante y al salir del metro le pregunté si podría conocer donde vivía, él accedió. Supe que era profesor universitario, lo cual lo hacía más interesante en el trato. Cuando llegamos a su casa me invito a pasar, vivía solo y era un lugar muy agradable, yo estaba muy excitado porque me gustaba mucho y al entrar a su casa no pude controlarme y me acerqué a su cuerpo, él se había quedado quieto y entrecerró los ojos mientras yo acerqué mis labios a los suyos y entonces lo besé, primero con timidez, al sentir que él me correspondía lo abracé y sin separar mis labios de los suyos comencé a quitarle la ropa y pude ver que para su edad tenía una piel muy bonita, muy suave y de un color uniforme, sus músculos eran firmes, así que en el sofá de su casa lo hice mío, aunque al principio puso algo de resistencia finalmente se dejó llevar por el instinto. Al terminar platicamos, me sinceré y le dije la impresión que tenia de él, que me parecía un caballero muy atractivo y que después de lo que había ocurrido, yo deseaba mantener una buena relación con él, definitivamente deseaba estuviera en mi vida.

Por fin había logrado, lo que muchos años antes había deseado, había hecho mío al hombre que en ese momento ya no podía seguir llamando Ojos Melancólicos, ahora él tenía un nombre, pero las cosas no habían terminado ahí. Él también se sinceró y me dijo que durante muchos años había sufrido una pena, le pedí que me contara. “¿Recuerdas el día que nos conocimos y te dije que tenía un hijo?”  “Si, lo recuerdo” “Pues bien, ese hijo si lo pude ver, pero nunca pude tratarlo.” Me explico que siendo muy joven había llevado una relación heterosexual con una mujer llamada Sofía de la cual había nacido un hijo, pero que él no se había enterado sino muchos años después, cuando ya había terminado la relación con esa mujer. Ella nunca se lo dijo, le guardaba rencor por haberla abandonado y procuró que nunca supiera que ese hijo era suyo. Él lo supo años después.  Me siguió contando, “durante muchos años solo lo veía de lejos, cuando creció descubrí que él era homosexual como su padre, así que solo me conformaba con verlo por la calle, creo que incluso él pensó que a mí me gustaba, lo cual complico aún más las cosas para poder acercarme a él”. Yo lo escuchaba con atención, mi corazón latía aprisa y no pude evitar preguntarle si sabía quién era ese joven. Me contestó diciendo el nombre de su hijo era Andrés. “Pero qué raro” pensé yo, “su hijo se llama igual que yo y también mi madre se llama Sofía…”. En ese momento mi corazón dio un vuelco, pues yo nunca conocí a mi padre.