Blog de historias y anécdotas con las cuales más de uno nos hemos sentido identificados, buscamos siempre resaltar el aspecto humano de las relaciones entre Hombres, más allá de solo un momento fugaz, expresando todas aquellas vivencias que ha dejado huella en nuestra vida y que nos ha llevado a ser lo que somos, personas reales, con las cuales la gente convive a diario
18 de enero de 2025
En los baños de la Merced
25 de agosto de 2024
En un cine porno
22 de junio de 2024
Te cambio un cigarro por un condón
5 de septiembre de 2021
Carta a Juan Manuel
Carta a Juan Manuel
“Adiós amigo, mi mejor amigo, las cosas que ya no tuvimos tiempo de
platicar ya nunca más las platicaremos, pero en el encanto pensaré en esas
cosas y entonces también pensaré en ti, amigo, mi mejor amigo, adiós…”
De la película “Sueño en otro idioma”
Hace muchos años que no te escribo, desde que estábamos en el cuarto que
rentábamos que nos servía de refugio donde nos escondíamos del mundo para estar
juntos. Éramos jóvenes, yo más, pero además yo era muy idiota en eso que llaman
conocer la vida y no sabía que la primavera duraba sólo un minuto. Nos
encontramos por casualidad, en ese tiempo yo no creía que las relaciones entre
dos hombres tuvieran futuro, no creía en el amor entre dos hombres, sólo me
importaba el sexo, tener encuentros ocasionales con hombres de los que ni
siquiera me preocupaba por conocer su nombre para después regresar a mi casa
donde vivía como hijo de familia, un hijo sobre el cual se habían puesto
demasiadas expectativas, lo común en una familia heterosexual, casarse, darle
nietos a mis padres. Y era algo en lo que yo también creía, por lo que con
otros hombres sólo me importaba tener sexo.
Pero te fui conociendo, y sin darme cuenta me fui involucrando
emocionalmente contigo. Después de la primera vez que nos vimos me diste el
número de teléfono de tu trabajo. Fue hace mucho tiempo, como si hubiera sido
en otra vida, una en donde los celulares no estaban aún generalizados. Recuerdo
que después de varios días te llamé, aún recuerdo tu voz y cómo cambió tu tono
cuando te dije que era yo, había alegría en tu voz. Luego seguimos saliendo, y
sin darnos cuenta creamos un vínculo emocional que fue pasando del gusto físico
al cariño, y a otra cosa que me sigue dando miedo decir, de amor. Sé que no fui
la mejor de las parejas contigo, pero aún tenía mucho que aprender de la vida,
tenía mucho que aprender para darme cuenta de cómo son las cosas y entender la
complejidad de las relaciones humanas, y me porté mal muchas veces contigo,
pero carajo, de joven piensas que tienes todo el tiempo por delante, y que
tendrás más oportunidades de hacer mejor las cosas, sólo que no hubo tiempo, no
hubo tiempo para todo lo que yo quería cambiar, para todo lo que tenía que
corregir, y no hubo tiempo para pedirte perdón…
Fueron seis años que estuvimos como pareja, con todos los problemas e
imposibilidades por nuestras propias circunstancias, tú estabas casado, lo que
teníamos era una relación sin futuro, pero con todo y eso nos las arreglamos
para tener una relación de pareja. Era una relación donde sólo estábamos
nosotros dos solos, no había nadie más, no había amigos, nunca fuimos a algún
bar, a algún antro, nunca hubo necesidad de nada más, de nadie más, no
necesitábamos validación de nadie, sólo hubiésemos deseado que las
circunstancias fueran distintas y poder tener más tiempo para estar juntos.
Pero ya no hubo tiempo, un día no te ví en el lugar donde solíamos
encontrarnos, no estabas. No pensé que pasara algo malo, a veces nos pasaba,
hasta que un par de días después un conocido común me fue a buscar a mi trabajo
y con voz temblorosa me dijo lo que había pasado. No lo entendí, no pude
entenderlo, éramos jóvenes, teníamos tanto tiempo por delante, y sin embargo ya
no había tiempo para ambos. Fue un mes de Septiembre cuando dejaste éste mundo.
No sé si presentías lo que iba a pasar, porque hablabas mucho de que cuando
murieras querías que te cremaran, me decías: “estoy acostumbrado a andar de
pata de perro, no voy a aguantar estar enterrado, quiero que me cremen y que
mis cenizas vuelen para que pueda yo andar por donde quiera”.
Quiero pensar que lograste ser libre, pero tu ausencia me hizo un vacío
en mí, tenía tantas cosas aún que decirte, y ya nunca te las podría decir,
quería gritar, quería verte una vez más, pero ya no podía. Y lloré, y entendí
que cuando uno llora así es por los remordimientos y las cosas inconclusas que
deja uno ya sin poder decir jamás. Y pasaba que de repente me parecía verte por
la calle caminando, a veces veía a alguien de espaldas y te veía a ti
caminando, luego lo alcanzaba y veía que era cualquiera. No, no eras tú, pero
te veía a menudo en algunas personas, en las calles que caminábamos juntos, en
los lugares donde nos veíamos, eran instantes fugaces en que creía verte,
instantes donde se removía en mí sentimientos que cuando estábamos juntos no
los hacía conscientes. Creo que me di cuenta que te amaba hasta que ya no estuviste conmigo. Y entonces lamenté
mucho no haber podido hecho más, pero ya era tarde, y sólo tenía un sentimiento
de culpa muy pesado. Recuerdo que, cuando te ví en el féretro, tu rostro era
distinto al que yo había conocido, entonces te dije “perdóname”.
Semanas atrás, meses atrás habíamos hablado del callejón sin salida al
que había llegado nuestra relación por el hecho de que eras casado, yo te
presionaba porque después de tantos años quería más de ti, más tiempo juntos, y
tú no podías. Me sentía culpable contigo por la forma como te traté, inmadura,
caprichosa, pero me dijiste que no era mi culpa, porque “en el corazón no se
manda”, y que también a ti te “habían faltado huevos” para tomar una decisión.
Y después de tu muerte no quise entablar ya una relación, si bien me relacioné
con otras personas, no volví a sentir lo mismo que sentí por ti, pude llevar
una relación por un tiempo pero fracasó, conocí el mundo homosexual y me
sumergí en él, pero un día conocí al hombre con quien ahora estoy. Nunca busqué
una relación, nunca fue mi idea el tener una pareja y jugar a ser felices para
siempre, pero las cosas simplemente se fueron dando a través de mucho tiempo.
Comenzamos como dos personas que se gustan para un encuentro ocasional,
al que siguió otro, y otro más. Luego nos fuimos haciendo amigos y poco a poco
nos fuimos conociendo como personas, como seres humanos, con bondades y muchos
defectos, y fue difícil al inicio, porque éramos diferentes, en formas de
pensar, en formas de ser, sinceramente nunca creí que pudiéramos llegar a algo,
discutíamos mucho porque al no pretender que podía haber un futuro no nos
importó mostrarnos tal cual éramos, con todos nuestros defectos, con todas
nuestras manías, con todo lo que es desagradable en cada uno de nosotros y que
cuando se son novios se oculta, se disimula, pero aquí no hubo eso, nos
mostramos descarnados, digamos que nos conocimos en lo peor de cada uno. ¿Y
sabes qué? con el tiempo supe que tenías razón, que en el corazón no se manda,
ahora después de muchos años lo entiendo, porque me terminé enamorando de él y
él de mí, y debo decirte que es una buena persona, y también entiendo que para
defender lo que quieres hay que tener valor, hay que tener huevos como decías.
Con él tengo confianza para hablar de todo, y le he hablado de ti, no
hay celos, sabe lo importante que fuiste en mi vida como la primer pareja que
tuve y me ha preguntado algunas cosas de cómo fue esa parte de mi vida, y le he
contado. Y es como si tú también lo conocieras. A menudo te sueño, y sucede que
en mis sueño tú estás vivo y sólo has estado ausente por mucho tiempo y
simplemente me dejaste de buscar, hasta que te encuentro de nuevo. Y cuando te
veo me lleno de alegría y al mismo tiempo te pregunto dónde estuviste todos
estos años, porque me dijeron que habías muerto, pero no es cierto porque aquí
estás, ¿dónde has estado?. Tú me sonríes y encoges los hombros, no me dices
nada y luego despierto. Hace poco te soñé pero ésta vez fue diferente, porque platicamos
brevemente, en mi sueño tú conoces al hombre con quien hoy estoy y me dices “por
fin encontraste a alguien para que esté contigo”, te digo que si y te veo
sonreír con una mirada de aprobación y agregas “está bien que estés con él, te
quiere”, yo trato de decirte muchas cosas pero al mismo tiempo sé que no hay
nada que decir porque tú sabes todo lo que está pasando y entonces despierto,
me quedo con una sensación agradable al saber que estás de acuerdo con la
persona con quien hoy estoy.
Por eso hoy quiero también despedirme de ti como el hombre que amé en
ese tiempo. Siempre vas a ser parte de la vida que he tenido, pero hoy quiero
despedirme y decirte que no quiero cometer los errores que cometí contigo, hoy
quiero hacer mejor las cosas, sé que seguiré cometiendo errores pero quiero
poder reconocerlos y repararlos, porque no sé cuánto tiempo tenga aún, y lo que
tenga quiero que sea bueno. Con él tengo sentimientos que hace mucho no tenía
para con alguien, no fue algo que haya buscado, sólo se fue dando y fue
creciendo con los años, hoy vivimos juntos de la forma que nosotros no pudimos
vivir, cada noche dormimos juntos y nos abrazamos, a veces tengo pesadillas,
mis demonios me atormentan pero él me abraza y me calmo y todo pasa. Sé que nos
seguiremos viendo en algún sueño, pero ya será diferente, por eso hoy me
despido de ti, de esa parte inicial de mi vida, de esa parte final de tu vida,
una vida que hoy va a seguir adelante, con alguien que sé que conoces en mis
sueños, porque la vida es sueño.
“Adiós amigo, mi mejor amigo, las cosas que ya no tuvimos tiempo de
platicar ya nunca más las platicaremos, pero en el encanto pensaré en esas
cosas y entonces también pensaré en ti, amigo, mi mejor amigo, adiós…”
Por: Martín Soloman
7 de abril de 2021
La casa del lago.
Ya casi termina este largo viaje hasta nuestra cabaña, en el oculto lago natural, en nuestra siempre amada Provincia de Córdoba. Es nuestro refugio en los veranos desde hace ya tiempo. Ariel lleva conduciendo más de 5 largas horas desde que inició la madrugada. Al contrario de mí, a él le fascina conducir de noche. Hemos salido en la tarde desde Buenos Aires, pero un atasco en la autopista, en la congestionada autopista Buenos Aires- Rosario, nos hizo recalar en un pequeño estacionamiento de una gasolinera, hasta que el asunto se despejara ya pasada la medianoche. Ariel y yo aprovechamos esa espera y dormimos unas cuantas horas dentro de nuestra amplia rural. Está casi amaneciendo en estos últimos kilómetros que nos restan. Extiendo mi mano y acaricio su hombro. Ariel me devuelve el mimo poniendo su mano sobre mi pierna.
Nuestras vidas se cruzaron hace poco menos 10 años atrás, cuando yo comenzaba una dura rehabilitación por un Accidente Cerebro Vascular, el cual prácticamente casi acaba con mi vida a los 53 años. Ariel fue mi terapista designado en mi rehabilitación. El venía desde su lejano México, con sus hermosos 30 años a probar suerte a mi país. La primera vez que lo vi sentí una gran atracción hacia su persona. Su trato agradable y su responsabilidad profesional, me brindan un espacio de placer y seguridad únicos. Fue en una de las largas y duras sesiones de rehabilitación, en la pileta del instituto donde yo iba, que Ariel me contó de su inclinación sexual, a raíz de una larga conversación sobre su vida amorosa. Tal era nuestro grado de confianza y es por eso que no nos guardábamos nada a la hora de contarnos nuestras vidas. Fue realmente algo liberador para el contarme ese aspecto de su vida.
Lo noto algo cansado por el largo viaje, pero no obstante sus ojos adquieren
otro brillo cuando me ve dirigirme a la cocina a prepararle un café que a él
tanto le gusta que le haga. Me sigue hasta la cocina y siento sus manos en mis
hombros. Desde aquella noche que nos amamos en mi departamento de la ciudad
(Hace casi 10 años atrás), Ariel y yo jamás volvimos a separarnos. El vino a
vivir conmigo de inmediato y desde ese entonces ha sido mi compañero de vida,
mi terapista permanente y todo lo que un hombre puede pedir para ser feliz en
la vida.
Lo veo dirigirse al borde del lago, caminando por el pequeño embarcadero de madera. Sus piernas siempre musculosas me hacen desearlo mucho más. Se sienta en el borde, se coloca su máscara de buceo y calza sus aletas negras en sus hermosos pies. Así como está lo deseo mucho más y él lo sabe, mientras me mira a lo lejos. Toda mi vista lo recorre desde sus hombros anchos, sus brazos musculosos, su panza tan sensual (tan sensualmente bella para mí), sus muslos y pantorrillas que son mi locura...Se sumerge con gracia y lo último que veo de él son sus aletas negras desapareciendo de la superficie mansa del lago. Mi corazón se estremece de solo imaginarlo desplazarse por la cristalina profundidad del lago. En un rato largo volverá cansado y yo estaré preparado para él.
Mientras tanto, en este momento para mí siempre irrepetible, voy secando lentamente sus hermosas y portentosas piernas, acariciando sus muslos, sus pantorrillas exuberantes de músculos marcados. Nuestro juego de seducción se potencia con nuestros deseos más profundos. Hacemos el amor de una manera masiva, con una urgencia que resignifica cada segundo como si fuera el último, como si no existiera un mañana posible en nuestras vidas. Ariel es todo esto en mi vida y mucho más. Él supo armar el disperso rompecabezas de mi pobre vida, cuando la tristeza de mi alma me hundía en un pozo inmenso de depresión, por mi ruinoso aspecto físico, luego del cruel ACV. Él puso luz, calidez, una leve cuota de humana compasión y el empuje vigoroso a mi aletargada voluntad. Nadie mejor que él para descifrar las claves ocultas en mi cabeza y por último en mi alma. Modificó y reconstruyó con partes nuevas mis viejas estructuras para siempre. Tuve que atravesar momentos duros de mi vida y el premio fue éste hombre maravilloso que ahora disfruta conmigo en esta cama. Está agotado pero sonriente. Todo su cuerpo me cubre y siento muy fuertes sus latidos. El tiempo se ha detenido y cada segundo se convierte en destellos, en momentos que quedarán grabados en mi mente para siempre. Nuestras manos se buscan, se entrelazan. Su respiración se vuelve pausada. Se ha quedado dormido en mis brazos, mientras el cálido viento de este mediodía entra por nuestra ventana. Quizás deberá ser que nuestro almuerzo se retarde…
6 de enero de 2021
HISTORIAS PARA NOCHES DE INSOMNIO 2
LA VENTANA
Y ahí está él, observando como la luz del alba inunda todo por la ventana de nuestra habitación. Desnudo y a la tenue contraluz observo su poderoso cuerpo delineándose más allá de mi deseo. Sus brazos, sus piernas tensas y musculosas, sus anchos hombros que tantas veces he besado con devoción. Me acerco a él y con mis dedos ya percibo esa electricidad que emana en su piel. Percibo su excitación cuando acaricio su grueso cuello y entrelazo entre mis dedos sus cabellos cortos y suaves. Mi otra mano busca silenciosamente su talle y deslizo con delicadeza la misma, hasta encontrar su miembro siempre duro y palpitante, esperando a ser más estimulado por mi amor. Apoyo mi cuerpo en su vigorosa espalda y fundimos mi deseo con su calor corporal ya sudoroso. Lo beso despacio y abrazo su pecho por detrás. Luego acaricio sus firmes y redondeados glúteos con verdadera pasión. Él se da vuelta, me toma por los brazos y me acerca hacia su pecho. Sus ojos me hunden en su castaño profundo y su boca ya está sobre la mía. Nuestras lenguas se entrelazan y se gustan profusamente. Alternativamente abandona con su boca mi boca en busca de mis pezones y mis pelos blancos en mi pecho. Esos que tanto ama y venera en mí. Su amor me atraviesa virtualmente, me lleva y me trae a lugares de placer, de ternura absoluta que solo él sabe crear para mí. Cada caricia de sus fuertes manos me hace temblar, me moviliza y me llena de profunda ternura. Luego yo me sostengo de sus brazos y desciendo hasta su centro, para lamer sus maravillosos y redondos recervorios de vitalidad masculina. Su miembro es todo mío y en cada succión de mi boca siento sus jadeos de placer y mis dedos acarician sus duros pezones. Espero su semen. Que brote con fuerza y que llene mi boca y cuando eso sucede siento sus hermosas piernas temblar. Es momento de llevarlo a nuestra cama en silencio, recostarlo boca arriba y abrazarlo y llenarlo de caricias. El amor que siento por mi hombre ya no tiene tiempo ni lugar... los primeros rayos del sol matinal comienzan a penetrar por nuestra ventana...
Me encontraba, nuevamente, en una playa solitaria, pero esta vez bien adentrado en la orilla y con mi cuerpo cubierto por el agua casi hasta los hombros. Como ya sabes, yo uso bastón para caminar, pero en esta ocasión el agua me ayudaba a flotar, a sostenerme, a hacer pie en el fondo. De repente veo que una figura se acerca por el fondo cristalino del mar hacia mí, de frente. Me toca las piernas y emerge. Eras tú, con unas antiparras de buceo, una trusa azul oscura y las aletas negras de goma en tus pies. Me sostienes de la cintura, te bajas luego las antiparras a la altura del cuello y veo tu cara, tu grueso bigote oscuro, bien tupido. Tus profundos ojos marrones que llenan de luz mi vida y que ahora tienen un brillo intenso, como portadores de un deseo desbordante. Pongo mis manos sobre tus hombros y puedo percibir su anchura, su musculatura. Lo mismo tus poderosos brazos con músculos marcados y tensos. Inmediatamente me aproximas contra tu cuerpo y siento la dureza de tu pecho y tu panza, que es hermosa para mí. Me dices que estás caliente, que me viste entrar al mar y que decidiste ir a mi encuentro de manera sorpresiva dando un rodeo y buceando hasta mi. Me dices que ya no puedes soportar tanta excitación, que algo tenemos que hacer con eso. Inmediatamente siento la dureza de tu sexo contra mí y tú me dices que te bese, que introduzca mi mano en el frente de tu trusa azul. Recuerdo vívidamente cómo crece, como palpita mientras comienzo a acariciarlo. Mi excitación creciente me lleva a apretarlo de manera vigorosa. Me besas y siento el latido de tu miembro al compás de mi movimiento con la mano. Sin darme cuenta me has llevado donde ya no hago pie y siento el desplazamiento del agua mientras mueves tus poderosas y sensuales piernas y tus aletas golpean levemente mis pies. Me sostienes con una mano por la cintura y con la otra me tocas, me acaricias metiendo la mano en mi short de baño. Me pides que me sumerja, que bese tu pecho tus tetillas, tu sexo en total erección. Lo hago por breves segundos, mientras bajo la parte delantera de tu trusa. En mi breve y ardiente exploración de tu hermoso cuerpo, me percato de la dureza de los músculos de tus muslos y pantorrillas y las acaricio mientras tomo tu sexo ya desbordante, deliciosamente sobredimensionado, vigorosamente entregado ante mi persona. Luego me levantas un poco, me besas y me pides que te masturbe. Te beso con más pasión y comienzo a masturbarte de manera intensa. Unos segundos bastan para sentir ese estallido de vitalidad entre mi mano y un estremecimiento rápido afloja tus manos en mi cuerpo, me dejas de besar y te tiras levemente para atrás y por un instante siento que caes en un estado de inconciencia y tiendes a flotar boca arriba. Te recuperas de inmediato con vigor y me vuelves a sostener fuertemente, pataleando y evitando que yo me vaya a pique. Me das las gracias entre jadeos entrecortados y me vas acercando hasta donde puedo hacer pie por mis medios. Me abrazas fuertemente y aún siento esa dureza entre tus piernas y tus músculos tensos. Me besas con mucha pasión, me miras fijamente y te vuelves a poner las antiparras de buceo. Tus fuertes manos me acarician y siento como me estimulas al punto exacto de mi orgasmo final. Me das el último beso y luego te alejas de mi buceando hasta que ya te pierdo de vista. Regreso lentamente hasta el borde donde comienza la playa y mi sueño se desvanece, con las primeras luces del alba en la ventana. El sueño a terminado, pero mientras abro los ojos siento tu respiración en mi hombro y tus brazos rodeándome fuertemente.
EL JOVEN AMOR DE LUCAS
Aún guardo en mi piel el roce de tu piel tan tersa. Tus 27 años alborotaron cada milímetro de mi ser, a un punto que jamás pude y ni quise olvidar. Cada encuentro era para mí un reto, un dulce reto que pude superar gracias a cada caricia, cada beso que me robabas y disfrutábamos luego juntos, porque hasta ese don tenías: El de darme el doble que obtenías de mí. Yo y mis estrenados 60 eran pura ebullición ante cada caricia, cada beso, cada mirada tuya. Preso de tu adorable voz juvenil, me disponía a recorrerte, a explorar el sentido de tu vida y la mía en cada susurro, en cada gemido de placer, de vida, de pleno y auténtico gozo y que rubricábamos con un largo beso, como a ti te gustaba, como a mí siempre me encendía.
Hoy existe un un inmenso océano que me separa de ti, que me aleja de
aquellas sensaciones tan vividas, tan permanentes
en mi piel...Me queda la memoria de tu perfume en mis hombros, en la humedad de
mis labios, en el brillo de mis ojos
verdes que tanto amabas. Estás grabado a fuego en mis mañanas y mis noches, en el sonido de tus pasos. Pero no te puedo
extrañar porque te amé y te seguiré amando toda mi vida. En cada frecuente
llamada que haces, me recuerdas que nunca te vas a olvidar de mí, que fui el
amor de tu vida aunque encuentres otro a quien puedas amar y compartir tus
días. Esa será secretamente mi jactancia y nunca lo sabrás, porque mi silencio
se vestirá de amor hacia ti siempre. Como un premio tardío pero delicioso, a
tanta juventud que entregaste generosamente en mis brazos.








