18 de enero de 2025

En los baños de la Merced

A mis 20 y tantos era un aventurero. Me gustaba frecuentar y explorar sitios de sex clandestino, una rara mezcla de morbo y peligro. Una vez que andaba en el mercado de La Merced tenía que ir a orinar. En otras ocasiones había usado los servicios del mercado y eran bastante sucios, así que busqué otros. Halle un aviso de "Sanitarios Limpios" y una flecha para subir por una escalera. En la parte alta se abría un pasillo y un tipo adormilado me cobró 2 pesos. Y me dió un boleto y papel del baño. Al entrar ví que había dos secciones. En la primera había unos lavamanos y una tarja de acero bastante grande donde uno podía orinar. Al fondo había 4 privados para tazas. En la segunda sección, pasando un pasillo y una pared, había una serie de privados eran como 6 u 8 tazas. Las puertas eran de lámina algo oxidado y pintadas de negro. En las puertas había espacio por los que podías ver si el privado estaba ocupado. Recorrí con paso muy lento los privados. Uno abrió ligeramente su puerta y me hizo señas de que me acercara. Era un tipo a fines de sus 20s o primeros 30s, de marcados rasgos indígenas y cuando pude verlo mejor ví que era llenito casi gordo, pero fortachón por la chamba. Una cara no guapo, pero si muy varonil. Al acercarme, abrió por completo la puerta del sanitario y me hizo gestos de que me metiera. Ya dentro cerró la puerta y me abrió los pantalones, me los bajó a las rodillas y en vez de bajarme los calzones (esa vez llevaba unos clásicos calzones blancos de algodón marca Trueno), se puso a olerme el paquete, a sobarlo y morderlo por encima del calzon. Cuando sintió mi verga bien erecta, me la saco por la abertura del calzon. Me acariciaba con algo de fuerza y empezó a hacerme oral, primero muy suave, recorría mi grande y el tronco con la lengua, haciéndome brincar cuando tocaba mis zonas más sensibles. Después tomo cierto ritmo y recorría con sus labios todo mi tronco hasta casi tragarme entero; tenía un bigote cortito y rasposo el cual pasaba en mi tronco y huevos lo cual era excitante. Lo estábamos pasando bien, cuando se oyen pasos que se acercaban. El tipo me hace gestos de hacerme más atrás hacia la pared, y abrió ligeramente la puerta para ver quién llegaba. Lo ví que se levantó, arreglo su ropa y tomó un delantal grande sucio de tierra (después ví ese mismo tipo de delantal en los comerciantes de frutas y verduras) y se salió sin más. Yo me quedé ahí con la verga parada al aire. Me subí los pantalones y me asome por la puerta entreabierta. No ví a nadie en el pasillo. Salí y en el pasillo ví un par de metros delante de mi, un tipo que se acercaba. Era alto para mí, como de 1.77 mts. Grueso de cuerpo, es decir no era gordo, sino ancho parejo. Espalda amplia, brazos llenitos y con vello en los antebrazos, cintura también ancha, mínimo era talla 36, sino es que más; las piernas casi llenaban su pantalón, y no era de esos vaqueros ajustados. Y sin embargo, no tenía panza excesiva, por eso digo que no era gordo, sino grueso. Tampoco era demasiado musculoso pero aún así impactaba verlo: alto y ancho. Al acercarse identifiqué sus pasos con los que ya había escuchado momentos antes. Vestía un delantal blanco, con manchas de sangre y sebo. Seguramente era un carnicero. Nos miramos solo un segundo y me seguí de frente a la primera sección, me lavé las manos y por el reflejo del espejo frente a mi, podía ver qué desde la tarja de acero, un tipo que fingía orinar me enseñaba su verga erecta; era un tipo flaquito y sin chiste para mis gustos. Puse mi cara de más cabrón que me salía y dije en voz baja "Ora puto, a la chingada" y el tipo se guardó aquellito y salió con prisa. Lo pensé un segundo y regresé a la sección de sanitarios. Sólo había dos cubículos usados. Los demás estaban con la puerta abierta. Cómo llevaba tenis pude caminar sin hacer ruido. Me asomé por la rendija de la puerta en la primera taza y parte de la cara de un tipo fumando y leyendo una de esas revistas de "Sensacional de..."; caminé un poco más y debajo de la puerta pude ver la sombra de alguien grande. Me asomé por la rendija y ví el rostro del carnicero que también se asomaba hacia afuera. Traté de disimular y seguí un par de pasos delante. La puerta del tipo se abrió un poco. Regresé y lo veo sin el delantal, con su playera que le quedaba muy justa, levantada arriba del estómago, los pantalones en las rodillas y se masturbaba para que yo lo viera. Volteé hacia el pasillo, nadie venía ni se oían pasos. Me animé a sacarme mi propia verga y masturbarme para que él me viera también. Abrió más su puerta y estira uno de sus brazos, con su mano enorme hacia mí. Me acerqué aún más, pensando en que me iba a hacer entrar en su cubículo como el tipo anterior. Pero no, se quedó ahí y me tomó de mi verga, se puso a masturbarme. Ya que lo ví de cerca, noté que su estómago estaba peludo, imaginé que también estaría peludo del pecho. Quise levantarle más la playera para poder ver sus pechos de cabrón. Los toque y se sentían muy firmes; los brazos ni se diga. Sin soltar mi verga ni dejar de masturbarme, el tipo me dijo: "no", cuando quise subirle la playera. Le dije en voz muy bajito "chupamelo" al tiempo que le puse mi mano en su nuca y lo jale hacia mi verga, y me respondió igual: "no". Yo tenía aquello a reventar, se me había puesto muy dura y ya se veía como si hubiera crecido un poco más, me faltaba poco para estallar. El "carnicero" dejo de masturbarse él y con su segunda mano me empezó a masajear y acariciar los huevos. En aquellos años tenía eyaculaciones abundantes y potentes, podía lanzar mecos a más de un metro de distancia. Normalmente cuando me masturbaba así, la gente se hace a un lado para no mojarse con mis chorros, pero este tipo siguió ahí frente a mí, apretando y acelerando el ritmo en mi miembro. Le dije que ya estaba a punto, y con una mano cubrió mi glande, me seguía jalando aquello y no pude más. Aventé buena cantidad de mecos, y el tipo los recibía en su mano, sin dejar de masturbarme, recibió todo lo que eyaculé. Aún estaba respirando muy acelerado cuando checó que ya había lanzado todo lo que tenía que arrojar y con una sola mano se arregló la ropa; bajo su playera, subió sus pantalones y cerró su bragueta, jaló el delantal y salio del cubículo y se fue. Yo me quedé aún recuperándome de lo intenso del orgasmo. Cuando pude arreglarme , que no fue más que unos segundos después, el tipo ya no estaba en ninguna parte. Incluso me asomé en los primeros cubículos de la primera sección, pero no estaba. Con el tiempo volví a encontrármelo unas cuantas veces y siempre era lo mismo. Parece que lo único que quería era hacerme eyacular y se iba con mi leche en las manos. Nunca supe que hacía con eso; ¿Se los comía? ¿Se los embarraba en el estómago y pecho? ¿Se masturbaba él mismo usando mi leche como lubricante? ¿Los tiraba al lavarse las manos? No sé, pero además siempre se negó a dejarse tocar o que él me tocara a mí. Pienso que es uno de esos casos de gente que es "hetero" pero de alguna forma tiene esa fijación con la verga y semen de otros hombres. Claro, es solo una suposición.

25 de agosto de 2024

En un cine porno

Hace muchos años, en un trabajo, conocí a un tipo que me gustaba bastante. Es de esos tipos que no son muy mayores, pero de cierta forma se ven aseñorados en un buen sentido: grueso de todo el cuerpo, piernas, cintura, espaldas no se diga y unos pechos y hombros enormes. No era gordito, no era excesivamente musculoso, pero si bastante firme. Lo sabía porque con frecuencia al platicar con él le ponía una mano en sus hombros y le tocaba la espalda y cintura. El era casado, a veces al salir al metro cercano, aparecía su esposa y se iban juntos, yo me despedía en ese momento. Yo siempre he tenido una regla autoimpuesta de no tener ligues en escuela, trabajo ni cerca de casa. En esa época yo era más delgado pero siempre hice ejercicio, así que tenía un cuerpo bien formado, músculos duros como madera. Moreno y me han dicho que soy muy varonil, de tipo de lo que llaman chacal. El caso es que me salí de ese empleo y mi compañero me dio su número de teléfono, pero era una época en qué aún era caro tener un celular, así que yo no tenía uno, y desde casa o teléfono público, las llamadas a celular eran caras aún. Siempre postergué el marcarle y simplemente se me extravió su número. Más o menos 5 años después, en una ocasión fui a un cine porno, andaba buscando algo de acción, pero al entrar en la sala estaba semi vacía. Era un día entre semana y relativamente temprano, como las 3 de la tarde. Pues me senté del lado izquierdo a mitad de distancia de la pantalla. Pasaron varios tipos algunos intentando hacerme plática, otros directamente llegaron a tocarme la bragueta, pero ninguno me atraía como para hacer algo. Pensé que me iba a salir del cine en blanco. Entonces vi a un tipo bastante llenito, pero extraño porque no era gordo, más bien parecía dado, igual de grueso por todos lados. Piernas, pecho, hombros. En la oscuridad solo iluminada por el reflejo de la pantalla, se veía que usaba lentes y tenía una barba tupida y no muy bien recortada. Yo desde antes estaba tocando me la bragueta y ya tenía una erección. El tipo se sento a unos 2 asientos a mi izquierda. Cómo yo seguía tocándome se veía mi movimiento de manos. El tipo se acercó un asiento más, sin llegar a mi lado. Y volteaba a mirarme. La verdad es que el tipo si me llamaba la atención, con ese cuerpo que ahora llaman "Daddy", y bajo los lentes y esa barba, se percibía una mandíbula ancha, pómulos anchos que lo hacían verse muy varonil. Decidí darle al tipo un show para que se acercara. Me abrí la bragueta y le enseñé mi miembro ya totalmente erecto. No puedo presumir de poseer una bestia, pero es bastante competitivo: 15/16 cms; buen grosor y coronado con una cabeza que se hincha bastante con la calentura y acompañada de una buena mata de pelos. El tipo se acercó y con mucho tacto, casi precaución, empezó a rozar mi pierna. Yo le tomé su mano y en ese momento sentí su aro matrimonial en el dedo, lo guié a mi verga y el me la tomó casi con desesperación. Me apretaba bastante fuerte, lo cual de hecho me gusta, parece que disfrutaba con lo firme de mi miembro.m2 soltó y escupió un poco de saliva en su mano y siguió acariciándome, eso me prendió bastante. Lo sujeté y le hacía llevar un ritmo, porque el era muy torpe y seguía cerrando muy fuerte su puño en mi tronco. Me acerqué para hablarle al oído, como si alguien pudiera escucharnos, le pedí que me chupara. Él puso cara de no saber qué hacer, me dijo que si tenía ganas pero que no sabía hacerlo. Yo lo animé, le dije que le diría qué y dónde, lo que quería que hiciera. Nos acomodamos lo mejor que pudimos, las butacas eran bastante incómodas, y me baje el boxer y los pantalones hasta los tobillos. El se hinco frente a mi y empezó muy suave. A momentos se apasionaba y me mordía, le dije que evitara eso, para no lastimar. Aunque lo intentó, no podía tragarme completo, porque sentía arcadas, me dio morbo pensar que era un casado que estaba experimentando este aspecto de su sexualidad. En ese momento acabo la película (una película hetero bastante mala, con un actor porno que además era medio cómico) y encendieron las luces de la sala. Nos acomodamos lo mejor posible. Las luces no iluminaban por completo la sala, solo los pasillos de los extremos, así que aún había una leve penumbra. En ese momento lo reconocí: era mi excompañero de trabajo. El compa era aún más grueso de como yo lo recordaba. En los 10 minutos en qué comenzó la siguiente película, platicamos de cualquier cosa y me dijo que hacía ejercicio, pero que no tenía la disciplina para el entrenamiento ni para cuidar mucho sus comidas. Me pareció que nunca me reconoció, a pesar de que me veía con mucha atención, me dijo que yo le gustaba "por cabrón". Se apagaron las luces y comenzó una nueva función, yo seguía con mi erección bastante dura, casi al momento le tome la mano y la puse en mi pantalón, el con gran apuro y torpeza abrió de nuevo mi pantalón para sacarme la verga, de nuevo se hinco frente a mi y siguió haciéndome oral. Se acomodó y vi que se sacó su propia verga y se masturbaba mientras me chupaba a mi. "Cabrón, te gusta mamar, ¿Verdad?"… Le decía yo. Él solo gemía en aprobación. Me soltó el miembro y me dijo "desde hace mucho quería probar, aunque tuve pocos intentos nunca había hecho algo más completo como esto". Jeje quizá eso fue el detonante que me provocó aún más calentura, porque mientras hablábamos, me seguía masturbando a mi y le dije que ya estaba a punto de terminar, y así se lo dije. ¿Quieres leche? Ya voy a venirme. El volvió a tragarme lo más que podía, jeje era malo pero le echaba muchas ganas y si me ayudó a terminar de manera intensa. No sé cuántos chorros arrojé pero sentía casi dolor en la uretra al aventar mi leche con tanta presión. Cuando me calmé, el escupió una mezcla de saliva y semen a un lado. Tenía una sonrisota de satisfacción y casi de niño tras hacer una buena travesura, mientras seguía masturbándome y apretando mi miembro para sacarme hasta la última gota. Me sorprendió cuando se agachó de nuevo para pasarme suavemente su lengua por mis huevos, me hizo saltar en la butaca, mi verga que aún no perdía dureza, aprobaba esas caricias. Así estuvimos un par de minutos. El dándome besos en huevos, tronco y cabeza, unas ligeras mordidas en mi estómago y piernas. Se levantó y yo me subí de nuevo los pantalones, pero no guardé mi verga aún. Platicamos ya con algo más de confianza le dije que sentí su anillo de casado, y me confirmó lo que yo ya sabía. Soy felizmente casado, una niña y no lo cambiaría nunca, pero esta curiosidad creció mucho en mi desde hace años. Con ciertos tipos de hombres me imaginaba como se verían desnudos, después en un trabajo donde tenía acceso a internet podía ver algo de porno, en el turno de la tarde había poca gente después de las 5. Si chamacos esto ocurrió en una época en qué el internet solo era por línea telefónica y era caro y lento. En esa empresa teníamos de los primeros equipos que transportaban la señal de internet por radio señal (aún no había fibra óptica) y era rápido para esos años. Me contó que en ese entonces conoció a un guardia de seguridad de otro edificio cercano y siempre platicaba un poco y no recordaba como pero empezaron a hablar precisamente de sexo, con los días la plática era más picante y abierta y ambos confesaron que tenían curiosidad de sentir que se sentiría hacerlo con otro hombre. Y una tarde que ya no había personal en el edificio del guardia, se metieron a un baño y se masturbaron mutuamente, casi se desnudaron, sin playera ni camisa de uniforme y con los pantalones hasta los tobillos y se fajaron todo, chuparon tetillas, axilas, espaldas y como acto de valentía y mucho morbo, se animaron a mamarse las vergas, pero eso no duró casi nada porque ambos terminaron muy pronto. Yo escuchaba y le pregunté qué edificio era, me dijo la dirección y yo me ubiqué jaja, si estaba muy sabroso ese guardia, lo recordaba muy moreno pero de antebrazos velludos, maduro, buen cuerpo y muy varonil. Le dije que él se me hacía conocido que quizá nos habíamos visto con frecuencia en la calle porque yo también había trabajado por esa zona (no me animé a decirle que era su excompañero) y me dijo que si, que yo también le era medio conocido. Cómo si ya me hubiera visto antes. Mientras platicábamos el seguía masturbándose, le pregunté si no había terminado y me dijo que no, que era tardado para venirse. Yo te ayudo, le dije. Lo acomodé para que se recargara bien en el respaldo de la butaca con las piernas extendidas lo más posible, le abrí la camisa de manga corta que llevaba. Y sorpresa, era bastante velludo del pecho, aunque ya sabía que tenía brazos peludos, nunca le había visto el pecho y cuando usaba camisas en la oficina. con un botón abierto, no parecía ser tan peludo. Me puse a chupar sus tetillas y oler su aroma a sudor en su vello; olía limpio, a una colonia para hombre que ya casi se desvanecía y mezclada con su sudor del día, un olor salado, pero agradable y no picante, MUY VARONIL. Bajé mi mano a su verga, le retiré su mano con que él se masturbaba y lo tomé... Era una verga un poco más pequeña que la mía, pero muy gruesa, no podía cerrar todo mi puño en ella. Lubricaba bastante y era fácil cubrir su miembro con su propio líquido. Me puse caliente de nuevo. Con mi lengua y labios sentía tus tetillas muy duras y me di vuelo en chuparlas y morderlas suave. Abría mi boca y disfrutaba de esos pechos grandes, carnosos y en los que se sentían sus músculos, sus vellos eran gruesos y por momentos sentía esa rugosidad en mi lengua. Me detuve un segundo y lo miré. No era ningún modelo ni actor porno, pero era un macho hermoso, una bestia peluda que seguramente muchos habían deseado y él ni siquiera se había dado cuenta. Tenía la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, entregado a sentir lo que yo le hacía. Le baje un poco más los pantalones para que sus huevos tuvieran más espacio... Y qué yo tuviera más acceso a esa parte de él. Seguí lamiendo sus tetillas y gemía muy suavecito, me di cuenta que trataba de contenerse y no gemir alto. Le alcé un brazo y lamí su axila, se retorció con fuerza involuntaria, pero lo sujeté firme y lo hice más suave, para que se acostumbrara y disfrutará la sensación, seguramente nueva para él. ¿En verdad ni su esposa, ni otra mujer u hombre le habían hecho ese tipo de caricias antes? Se calmó y se dejó lamer, después de un momento mordí muy suave, lo que le provocó otro gemido. Después de un rato, dejé su axila y volví a sus pechos, pero me acomodé y cambié de mano al masturbarlo; mi otra mano acariciaba sus huevos y poco a poco fui bajando hacia su perineo, dándole masaje y si era posible, sentí como su miembro se puso más rígido, se acercaba al orgasmo. Mi mano sigui avanzando por debajo de sus huevos y encontré su ano, subí mi mano para humedecerla con su lubricante que sacaba del miembro. Volví a acariciarlo en esa zona y noté que se acomodó para darme más espacio, abriendo un poco más las piernas. Empecé a empujar un poco, su agujero era muy estrecho pero con el masaje se relajó y pude penetrar hasta medio dedo. Volví a mirarlo, seguía con los ojos cerrados pero ahora tenía las cejas casi unidas, la boca en un gesto de cerrar con fuerza... Sentía dolor pero no me decía que parara. Empecé a vibrar mi dedo y el gesto fruncido fue desapareciendo. Penetré un poco más hasta tener todo mi dedo dentro de él y empecé a moverlo de dentro hacia afuera, moviendo en círculos para relajar más su interior... Y hallé su próstata, una pequeña protuberancia ligeramente más firme que el resto de su interior. Lo ví que abrió los ojos, con gesto de sorpresa, me miró con ojitos de sufrimiento y goce al mismo tiempo. Mi otra mano soltó su miembro y lo sujeté de la nuca para poder mirarnos más de cerca, nuestras narices se tocaron y me acerqué un poco más. Toqué sus labios con los míos y él abrió su boca, me permitió ingresar con mi lengua. Fue un beso corto, pero muy intenso, él sujetaba mi lengua con sus labios y me la chupaba, me la mordía suavemente, me hacía que yo entrara con casi toda mi lengua a su boca, mientras mi dedo seguía jugando en su interior. Nos separamos y nos miramos fijamente por unos segundos, "no me han besado así" me dijo. Traté de meter un segundo dedo pero simplemente no pude, no dilataba más en ese momento. Seguramente con más práctica podría hacerlo pero no esa vez. Me acomodé y solté su cuello y regrese a su verga, se sentía muy caliente en mi mano. Y volví a masturbarlo. La combinación de sensaciones en su verga y ano, además de su calentura, lo llevaron a cruzar el límite: eyaculó con bastante potencia y en abundancia su semen le salpicó un poco el pecho y quedó atrapado en su vello, en gotas blancas. Mi dedo en su interior sentía sus espasmos, mi mano en su miembro sentía sus explosiones y rigidez. Su cara pasó de la sorpresa a poner una sonrisa de satisfacción muy amplia, mostrando sus dientes. No era un hombre "bonito", pero a mí me pareció bellísimo en ese momento. Seguimos un momento en esa posición mientras recuperaba el aliento y su orgasmo decaía, aún después de eyacular se retorcía de gozo mientras mi mano le exprimía su miembro para sacarle todo el jugo. Mi puño quedó mojado y eso que lo más abundante de su descarga había llegado a su pecho y estómago. Él saco de su mochila un par de pañuelos de tela y con eso nos limpiamos. Le comenté "vas a oler a sexo en el metro". Me respondió, "ni madres… no me subo al metro, ahorita tomo un taxi". Fue un momento pero nos abrazamos fuerte yo olía su pecho velludo ahora con olor a semen aún fresco... Y me volví a masturbar, el se acomodó para pasar su brazo sobre mis hombros y con su otra mano me acariciaba mis huevos, o mis tetillas, me daba besos en la mejilla o me chupaba un poco los lóbulos de la oreja. Eso me hizo terminar rápido; me cubrí con el pañuelo que me había dado y descargué de nuevo en menos cantidad pero igual de intenso, mientras me apretaba mi tetilla con sus dedos gordos y sentía su rostro junto al mío. Seguimos sentados un poco más platicando de lo que sentía, me preguntó y yo le dije algo de mi historia; aunque tuve poca experiencia con chicas, al descubrir el sexo con hombres supe que eso era lo mío. El pensaba que lo suyo había estado latente de siempre, porque recordaba de niño admirar a un señor vecino moreno y fuerte, recordaba gran amistad o algo más con un compañero de prepa, con quién se manoseaba "de broma", tanto la verga como las nalgas. Mientras la plática seguía, nos fuimos acomodando la ropa. Y cuando volvieron a prender las luces nos decidimos a salir. La verdad es que yo estaba más que satisfecho y creo que él también lo estaba. Salimos a la calle, ¿me daría su teléfono para repetir alguna vez? Me dijo que no sabía si volvería atreverse a tanto, que lo había disfrutado bastante pero no tenía intención de hacerlo frecuente. Quizá de vez en cuando como hasta ahora, pero que no cambiaría su rutina con su familia. Le respondí que lo entendía muy bien y que nunca le molestaría en ese sentido. Yo le di mi número que él apunto en una mini agenda, apuntó mi nombre y agregó "masajista". Nos despedimos con un apretón de manos, su mano era mucho más grande que la mía y su apretón era fuerte y firme, al aflojar y abrir un poco su mano, sentí que con su dedo medio me acarició mi palma fue un segundo pero aún lo recuerdo. Me sonrió mostrando sus dientes, está vez de manera nerviosa pero alegre, y nos dimos la vuelta, cada quien por su lado. Di tres pasos y volteé "dile que vayamos a comer, a tomar una cerveza, o un café"… pero él ya estaba retirándose hacia una esquina donde se detuvo seguramente cazando un taxi. Solo una vez me marcó, me dijo que solo quería saludarme y que aún recordaba lo que pasó que le gustó mucho, pero no me pidió que nos viéramos y yo no sé lo mencioné. Le dije que me daba gusto que me hablara y que yo también recordaba con calentura ese día que él me había provocado mucho deseo. "Adiós, hasta luego", fue lo último que escuché de él. Por: Enrique Toro

22 de junio de 2024

Te cambio un cigarro por un condón

En el 94, yo era un muchacho universitario. Estudiante de la UAM-X había dejado mi más reciente trabajo como administrativo porque la carrera ya demandaba mucho: prácticas, investigaciones, exposiciones, trabajos en equipo y un largo etcétera. Mi libido andaba por las nubes súper alto, pero no había tiempo ni chance de andar en la cacería. Una noche de miércoles tenía un poco de tiempo: no tenía tarea, ni había cita con equipos de trabajo. Ya era costumbre llegar a casa después de las 10 de la noche por tantas actividades. Esa vez era relativamente temprano, las 8 de la noche y estaba en la estación del metro donde tomaba un colectivo para mi casa. En esa estación, del lado contrario a dónde yo salía, había un par de salidas y se podía distinguir un poco de ambiente de cruising, algo muy discreto que la mayoría de gente no percibía, solo los gayos entendíamos el cortejo, los movimientos y las miradas bragueteras. Ahí estaba Carlos, un conocido que siempre presumía su habilidad para conseguir ligue. Y la verdad era bueno, muchas veces lo ví, de la nada, iniciar una plática con algún tipo que salía del metro o que pasaba por ahí y se detenía a fumar un cigarro, con solo un par de minutos se desaparecían, y tiempo después regresaba Carlos para presumir los detalles: aunque era machín, el ligue había salido pasivo; o tenía una verga descomunal y no se la había aguantado; o tenia un cuerpazo para disfrutarlo buen rato además de una buena penetración. Esa noche Carlos estaba como siempre platicando conmigo sin dejar de mirar el ganado que salía del metro. Un muchacho más o menos de mi edad (Carlos era varios años mayor, sin ser "maduro" aún) salió y se detuvo en las escaleras, encendió un cigarro y fumaba con lentitud, se veía algo cansado a mi parecer. Para mis gustos era muy guapo: más moreno que yo, cabello ligeramente largo y rizado, casi chino; un bigotazo y barba mal recortada que lo hacían ver más varonil aún. Llenito sin llegar a gordito y unas piernas que reventaban su pantalón de mezclilla. Obvio Carlos lo vio como presa, y cosa curiosa en él, me decía que no se le ocurría nada para entablar conversación con el muchacho. Yo tomé la iniciativa y me acerqué, con una valentía que nunca he sabido de donde la saqué en esa ocasión, le digo con toda seguridad: "Hola, buenas noches. Oye, te cambio un cigarro por un condón". El muchacho se me queda viendo fijamente y me sonríe, sacó la cajetilla de Marlboros y me ofrece tomar uno. Saqué uno y el chico me dio su encendedor. Cómo hacía viento, no podía encender el cigarro. El chico acercó sus manos y cubrió mis propios puños, haciéndome "casita" para prender el cigarro; recibí una descarga elèctrica al sentir su toque. Carlos se acercó, saludó y pidió también un cigarro, en un momento dado, al voltear para exhalar el humo, me tardé en regresar la vista, no habrá sido más de un minuto pero al voltear, Carlos se despide y me dice que "luego me cuenta", ¡Y SE RETIRAN AMBOS! Dejándome ahí todo con cara de baboso y sin saber que decir. Me quedé ahí medio molesto terminando de fumar el cigarro, ¡carajo!, yo había hecho la mayoría del "trabajo" y llega Carlos y se lleva la presa... ¡y qué presa! Dos días después, noche de viernes estaba tan cansado que ni se me ocurría ir a un bar o a bailar, ni siquiera ir con los compañeros a las reuniones en casa de alguno donde se hacía coperacha para comprar cervezas y algo de botana. Llegué a la estación del metro, empecé a caminar hacia la base de peseros, pero sin decidirlo conscientemente, cambié de dirección y crucé del lado contrario de la avenida. Saqué un cigarro y me puse a fumar estaba cansado pero también caliente, carajo. Recargado en la barda de las escaleras, veo llegar al tipo de hace un par de noches. Se me queda viendo y me saluda, ahora él me pide un cigarro (aunque estoy seguro que él debe tener los suyos, me da gusto que me pida) empezamos a platicar y en la conversación le pregunté cómo le fue la otra noche. Me dijo: "pues bastante mal, no hubo química, sólo me lo parché y ya. Le pedí que se fuera porque tenía que despertar temprano al día siguiente, la verdad solo quería que se fuera". Aunque no le pregunté, me confesó: "después pensé que mejor me hubiera ido con el gordito, contigo". Sentí un orgullo tonto pero natural. "Yo no estoy gordito, tú estás más llenito que yo", le dije. "Pero tú estás más sabroso que el otro güey", me respondió. ¿Quieres venir conmigo? Me pregunta, y claro que yo quería; llegamos a un complejo de edificios, subimos 2 pisos y abrió la puerta de su departamento. Al cerrar la puerta fue la locura, nos besábamos e íbamos desnudándonos uno al otro, casi con desesperación y prisa. Las ropas caían en el comedor, la sala y pasillo antes de llegar a su recámara. Al verlo y sentirlo totalmente desnudo, era todo lo que me gustaba de un cabrón. Aunque no era musculoso, su cuerpo era fornido, firme, piel morena de un hermoso tono cobrizo. Sus pechos enormes y duros, con apenas una ligera mata de vello. Sus piernas gruesas y duras como si fueran de madera. Al tocar su verga ya erecta, en verdad era grande, algunos centímetros más grande que yo, pero su grosor era de no creerse. Yo solo soy activo y no tenía ni un poco de curiosidad de ser pasivo y menos con esa macana tan grande. No sabía qué iba a ocurrir, pero los besos y caricias eran lo suficientemente intensos para hacerme no prestar atención a ese detalle. Pero las cosas como dicen ahora, fluyeron sin complicaciones. El muchacho se acomodó a mis caricias y nos trenzamos en un 69, obvio que yo no podía más que con la puntita de ese trozo. Después de horas de acariciarnos y sudar a mares, se levanta me toma de la mano y me lleva al baño. Nos duchamos siguiendo con las caricias y besos, me secó el cuerpo con un cuidado que me dio más calentura aún. Regresamos a la cama y saco condones y lubricante... Casi sentí miedo, pero él me puso el condón a mí, uso bastante lubricante y me permitió poseerlo en todas las posiciones. Esa noche tuvimos tres orgasmos el último sin penetración, pero masturbándonos mutuamente. No supe en qué momento me quedé dormido, pero al despertarme, empecé a vestirme, el chico me detuvo: "Espérate"… lo que siguió fueron varias horas de besarnos acariciarnos, yo besé y lamí su espalda, piernas y axilas. Me excitaba su olor limpio y las feromonas de deseo que exudaba. Ya eran las 3 de la tarde cuando salimos a comprar algo para preparar "desayuno". Comimos y ahí en el comedor volvimos a trenzamos en abrazos y besos, no llegamos a la recámara, los vidrios de las ventanas me devolvían mi imagen levantando sus piernas lamiendo sus pantorrillas, él gemía de placer de sentirme dentro. Nos besábamos con furia como si supiéramos que era algo que no iba a durar y había que aprovechar. Pasé una segunda noche en su departamento, la tarde del domingo sabía que tenía que irme, yo necesitaba llegar a casa y preparar mis cosas para la universidad para el lunes. Necesitaba ir por dinero, y... Explicar a mis padres por qué habían faltado dos noches a la casa. Mi padre no era demasiado estricto, pero si exigía que le avisara si iba a faltar, está vez no lo hice. Ya era nuevamente de noche cuando me zafé (me obligué a despegarme) de su cuerpo. "Me tengo que ir", le dije. "Lo sé, pero ten mi teléfono, espero que pronto me llames". Entonces los celulares eran costosos y no demasiado comunes aún, así que me dio un número de teléfono fijo. "Pero llámame en las noches después de las 8". Antes estoy trabajando todavía. Era taxista... Y el departamento era de su pareja, un señor maduro y casado que le permitía vivir ahí, y le daba el taxi a trabajar con una tarifa relativamente baja, para ayudarlo (supuestamente estaba terminando la prepa en una escuela privada que le pagaba su pareja). Nos vimos al menos 3 veces a la semana por varios meses, los fines de semana casi era seguro que lo pasaba con él, encerrados en su recámara. Pero ambos éramos jóvenes y los problemas surgieron rápido: necesidad de vernos más tiempo, celos, su dificultad para mantener su relación, ahora que mucha de su energía la descargaba conmigo cuando yo lo penetraba, porque casi siempre eyaculaba. Eso le hacía no poder cumplirle igual a su pareja. La relación fue tumultuosa, difícil. Nos separamos con rencor pero también con dolor. Dejé de verlo muchos años, casi 20, cuando empezaron las redes sociales por la década de los 2010, por curiosidad escribí su nombre. Su apellido no es demasiado común y lo encontré. Al poco tiempo de dejarnos, se separó de su pareja pero encontró otro hombre que lo quiso y comprendió, hasta que falleció. En un periodo de depresión por la pérdida cayó en el alcoholismo y así otra persona lo rescató; le dio amor y la tranquilidad, el apoyo que necesitaba. Cuando lo contacté no me creía quien era yo. Le tuve que recordar que le dediqué un poema de Mario Benedetti y sólo así me creyó. Quedamos de vernos para ir a tomar un café, pasó por mì a mi trabajo de entonces, al llegar y hallar lugar en el estacionamiento de la cafetería, estaba desierto. No pude evitarlo y lo jale hacia mí y lo besé, me correspondió pero al terminar el beso, me pidió que no lo volviera a hacer, pues él ahora estaba casado. "Me gustó y la verdad casi lo deseaba, pero no lo vuelvas a hacer". Aun después de varios años seguimos en contacto, a veces (muy pocas) me busca cuando tiene problemas con su esposo. Me pide consejo como si yo pudiera dárselo, cuando no he vuelto a tener otra relación así de intensa. Por: Enrique Toro

5 de septiembre de 2021

Carta a Juan Manuel

Carta a Juan Manuel

 

“Adiós amigo, mi mejor amigo, las cosas que ya no tuvimos tiempo de platicar ya nunca más las platicaremos, pero en el encanto pensaré en esas cosas y entonces también pensaré en ti, amigo, mi mejor amigo, adiós…”

De la película “Sueño en otro idioma”

 

Hace muchos años que no te escribo, desde que estábamos en el cuarto que rentábamos que nos servía de refugio donde nos escondíamos del mundo para estar juntos. Éramos jóvenes, yo más, pero además yo era muy idiota en eso que llaman conocer la vida y no sabía que la primavera duraba sólo un minuto. Nos encontramos por casualidad, en ese tiempo yo no creía que las relaciones entre dos hombres tuvieran futuro, no creía en el amor entre dos hombres, sólo me importaba el sexo, tener encuentros ocasionales con hombres de los que ni siquiera me preocupaba por conocer su nombre para después regresar a mi casa donde vivía como hijo de familia, un hijo sobre el cual se habían puesto demasiadas expectativas, lo común en una familia heterosexual, casarse, darle nietos a mis padres. Y era algo en lo que yo también creía, por lo que con otros hombres sólo me importaba tener sexo.

 

Pero te fui conociendo, y sin darme cuenta me fui involucrando emocionalmente contigo. Después de la primera vez que nos vimos me diste el número de teléfono de tu trabajo. Fue hace mucho tiempo, como si hubiera sido en otra vida, una en donde los celulares no estaban aún generalizados. Recuerdo que después de varios días te llamé, aún recuerdo tu voz y cómo cambió tu tono cuando te dije que era yo, había alegría en tu voz. Luego seguimos saliendo, y sin darnos cuenta creamos un vínculo emocional que fue pasando del gusto físico al cariño, y a otra cosa que me sigue dando miedo decir, de amor. Sé que no fui la mejor de las parejas contigo, pero aún tenía mucho que aprender de la vida, tenía mucho que aprender para darme cuenta de cómo son las cosas y entender la complejidad de las relaciones humanas, y me porté mal muchas veces contigo, pero carajo, de joven piensas que tienes todo el tiempo por delante, y que tendrás más oportunidades de hacer mejor las cosas, sólo que no hubo tiempo, no hubo tiempo para todo lo que yo quería cambiar, para todo lo que tenía que corregir, y no hubo tiempo para pedirte perdón…

 

Fueron seis años que estuvimos como pareja, con todos los problemas e imposibilidades por nuestras propias circunstancias, tú estabas casado, lo que teníamos era una relación sin futuro, pero con todo y eso nos las arreglamos para tener una relación de pareja. Era una relación donde sólo estábamos nosotros dos solos, no había nadie más, no había amigos, nunca fuimos a algún bar, a algún antro, nunca hubo necesidad de nada más, de nadie más, no necesitábamos validación de nadie, sólo hubiésemos deseado que las circunstancias fueran distintas y poder tener más tiempo para estar juntos. Pero ya no hubo tiempo, un día no te ví en el lugar donde solíamos encontrarnos, no estabas. No pensé que pasara algo malo, a veces nos pasaba, hasta que un par de días después un conocido común me fue a buscar a mi trabajo y con voz temblorosa me dijo lo que había pasado. No lo entendí, no pude entenderlo, éramos jóvenes, teníamos tanto tiempo por delante, y sin embargo ya no había tiempo para ambos. Fue un mes de Septiembre cuando dejaste éste mundo. No sé si presentías lo que iba a pasar, porque hablabas mucho de que cuando murieras querías que te cremaran, me decías: “estoy acostumbrado a andar de pata de perro, no voy a aguantar estar enterrado, quiero que me cremen y que mis cenizas vuelen para que pueda yo andar por donde quiera”.

 

Quiero pensar que lograste ser libre, pero tu ausencia me hizo un vacío en mí, tenía tantas cosas aún que decirte, y ya nunca te las podría decir, quería gritar, quería verte una vez más, pero ya no podía. Y lloré, y entendí que cuando uno llora así es por los remordimientos y las cosas inconclusas que deja uno ya sin poder decir jamás. Y pasaba que de repente me parecía verte por la calle caminando, a veces veía a alguien de espaldas y te veía a ti caminando, luego lo alcanzaba y veía que era cualquiera. No, no eras tú, pero te veía a menudo en algunas personas, en las calles que caminábamos juntos, en los lugares donde nos veíamos, eran instantes fugaces en que creía verte, instantes donde se removía en mí sentimientos que cuando estábamos juntos no los hacía conscientes. Creo que me di cuenta que te amaba hasta que ya  no estuviste conmigo. Y entonces lamenté mucho no haber podido hecho más, pero ya era tarde, y sólo tenía un sentimiento de culpa muy pesado. Recuerdo que, cuando te ví en el féretro, tu rostro era distinto al que yo había conocido, entonces te dije “perdóname”.

 

Semanas atrás, meses atrás habíamos hablado del callejón sin salida al que había llegado nuestra relación por el hecho de que eras casado, yo te presionaba porque después de tantos años quería más de ti, más tiempo juntos, y tú no podías. Me sentía culpable contigo por la forma como te traté, inmadura, caprichosa, pero me dijiste que no era mi culpa, porque “en el corazón no se manda”, y que también a ti te “habían faltado huevos” para tomar una decisión. Y después de tu muerte no quise entablar ya una relación, si bien me relacioné con otras personas, no volví a sentir lo mismo que sentí por ti, pude llevar una relación por un tiempo pero fracasó, conocí el mundo homosexual y me sumergí en él, pero un día conocí al hombre con quien ahora estoy. Nunca busqué una relación, nunca fue mi idea el tener una pareja y jugar a ser felices para siempre, pero las cosas simplemente se fueron dando a través de mucho tiempo.

 

Comenzamos como dos personas que se gustan para un encuentro ocasional, al que siguió otro, y otro más. Luego nos fuimos haciendo amigos y poco a poco nos fuimos conociendo como personas, como seres humanos, con bondades y muchos defectos, y fue difícil al inicio, porque éramos diferentes, en formas de pensar, en formas de ser, sinceramente nunca creí que pudiéramos llegar a algo, discutíamos mucho porque al no pretender que podía haber un futuro no nos importó mostrarnos tal cual éramos, con todos nuestros defectos, con todas nuestras manías, con todo lo que es desagradable en cada uno de nosotros y que cuando se son novios se oculta, se disimula, pero aquí no hubo eso, nos mostramos descarnados, digamos que nos conocimos en lo peor de cada uno. ¿Y sabes qué? con el tiempo supe que tenías razón, que en el corazón no se manda, ahora después de muchos años lo entiendo, porque me terminé enamorando de él y él de mí, y debo decirte que es una buena persona, y también entiendo que para defender lo que quieres hay que tener valor, hay que tener huevos como decías.

 

Con él tengo confianza para hablar de todo, y le he hablado de ti, no hay celos, sabe lo importante que fuiste en mi vida como la primer pareja que tuve y me ha preguntado algunas cosas de cómo fue esa parte de mi vida, y le he contado. Y es como si tú también lo conocieras. A menudo te sueño, y sucede que en mis sueño tú estás vivo y sólo has estado ausente por mucho tiempo y simplemente me dejaste de buscar, hasta que te encuentro de nuevo. Y cuando te veo me lleno de alegría y al mismo tiempo te pregunto dónde estuviste todos estos años, porque me dijeron que habías muerto, pero no es cierto porque aquí estás, ¿dónde has estado?. Tú me sonríes y encoges los hombros, no me dices nada y luego despierto. Hace poco te soñé pero ésta vez fue diferente, porque platicamos brevemente, en mi sueño tú conoces al hombre con quien hoy estoy y me dices “por fin encontraste a alguien para que esté contigo”, te digo que si y te veo sonreír con una mirada de aprobación y agregas “está bien que estés con él, te quiere”, yo trato de decirte muchas cosas pero al mismo tiempo sé que no hay nada que decir porque tú sabes todo lo que está pasando y entonces despierto, me quedo con una sensación agradable al saber que estás de acuerdo con la persona con quien hoy estoy.

 

Por eso hoy quiero también despedirme de ti como el hombre que amé en ese tiempo. Siempre vas a ser parte de la vida que he tenido, pero hoy quiero despedirme y decirte que no quiero cometer los errores que cometí contigo, hoy quiero hacer mejor las cosas, sé que seguiré cometiendo errores pero quiero poder reconocerlos y repararlos, porque no sé cuánto tiempo tenga aún, y lo que tenga quiero que sea bueno. Con él tengo sentimientos que hace mucho no tenía para con alguien, no fue algo que haya buscado, sólo se fue dando y fue creciendo con los años, hoy vivimos juntos de la forma que nosotros no pudimos vivir, cada noche dormimos juntos y nos abrazamos, a veces tengo pesadillas, mis demonios me atormentan pero él me abraza y me calmo y todo pasa. Sé que nos seguiremos viendo en algún sueño, pero ya será diferente, por eso hoy me despido de ti, de esa parte inicial de mi vida, de esa parte final de tu vida, una vida que hoy va a seguir adelante, con alguien que sé que conoces en mis sueños, porque la vida es sueño.

“Adiós amigo, mi mejor amigo, las cosas que ya no tuvimos tiempo de platicar ya nunca más las platicaremos, pero en el encanto pensaré en esas cosas y entonces también pensaré en ti, amigo, mi mejor amigo, adiós…”

 

Por: Martín Soloman


7 de abril de 2021

La casa del lago.

 Ya casi termina este largo viaje hasta nuestra cabaña, en el oculto lago natural, en nuestra siempre amada Provincia de Córdoba. Es nuestro refugio en los veranos desde hace ya tiempo. Ariel lleva conduciendo más de 5 largas horas desde que inició la madrugada. Al contrario de mí, a él le fascina conducir de noche. Hemos salido en la tarde desde Buenos Aires, pero un atasco en la autopista, en la congestionada autopista Buenos Aires- Rosario, nos hizo recalar en un pequeño estacionamiento de una gasolinera, hasta que el asunto se despejara ya pasada la medianoche. Ariel y yo aprovechamos esa espera y dormimos unas cuantas horas dentro de nuestra amplia rural. Está casi amaneciendo en estos últimos kilómetros que nos restan. Extiendo mi mano y acaricio su hombro. Ariel me devuelve el mimo poniendo su mano sobre mi pierna.

 


Nuestras vidas se cruzaron hace poco menos 10 años atrás, cuando yo comenzaba una dura rehabilitación por un Accidente Cerebro Vascular, el cual prácticamente casi acaba con mi vida a los 53 años. Ariel fue mi terapista designado en mi rehabilitación. El venía desde su lejano México, con sus hermosos 30 años a probar suerte a mi país. La primera vez que lo vi sentí una gran atracción hacia su persona. Su trato agradable y su responsabilidad profesional, me brindan un espacio de placer y seguridad únicos. Fue en una de las largas y duras sesiones de rehabilitación, en la pileta del instituto donde yo iba, que Ariel me contó de su inclinación sexual, a raíz de una larga conversación sobre su vida amorosa. Tal era nuestro grado de confianza y es por eso que no nos guardábamos nada a la hora de contarnos nuestras vidas. Fue realmente algo liberador para el contarme ese aspecto de su vida.

 Recuerdo que ya en esa etapa de la rehabilitación, solo mi pierna derecha quedó con un grado de dificultad menor para yo poder caminar aceptablemente bien. Su trabajo conmigo era intenso y con mucho contacto físico y creo que eso ayudó a afianzar mi confianza en él. Todo el tiempo de mi rehabilitación Ariel me contaba sobre su vida y yo de la mía. Realmente llegamos a conocernos muy bien y nada impedía que él o yo nos preguntáramos cosas muy profundas de cada uno. Una tarde y de regreso a mi casa (él siempre me venía a buscar y traer de vuelta a mi departamento, en el barrio central de la ciudad), Ariel se quedó conmigo para cenar juntos. Todo lo que hablaba con el me resultaba fascinante, lleno de mucho interés mutuo, que lógicamente me hacía mucho más placentero las dolorosas sesiones que ciertas veces debía afrontar.

 Recuerdo que mientras me contaba de su niñez en Acapulco, mientras yo preparaba el café, no pude reprimir el impulso y lo besé, sin aviso previo y en la boca. Él no ofreció resistencia alguna y luego, cuando terminé de besarlo, me confesó que nunca nadie le había hecho sentir algo tan profundo como yo. Entonces fue que volví a besarlo. Pasamos toda aquella noche hablando de nuestros sentimientos, de lo solo que nos sentíamos ante la vida y sin tener un amor que nos contuviera. Hicimos el amor y nos dimos cuenta que todo aquello que habíamos sufrido en el pasado, había desaparecido para siempre.

 Estamos llegando a nuestro destino y la cálida brisa de los cerros circundantes nos saludan con la mañana. Frente a nuestra cabaña y oculto entre los árboles se encuentra el hermoso lago de aguas cálidas y cristalinas. Ariel ama todo este bello entorno desde que lo descubrimos hace años atrás. En su Acapulco natal solía practicar su deporte preferido, el cual era el buceo. El lago es su espacio preferido en los veranos y en el practica sus inmersiones, munido de su máscara de buceo y sus aletas de goma siempre infaltables. Bajamos nuestros bolsos y Ariel estaciona la rural en el garage de la cabaña.

Lo noto algo cansado por el largo viaje, pero no obstante sus ojos adquieren otro brillo cuando me ve dirigirme a la cocina a prepararle un café que a él tanto le gusta que le haga. Me sigue hasta la cocina y siento sus manos en mis hombros. Desde aquella noche que nos amamos en mi departamento de la ciudad (Hace casi 10 años atrás), Ariel y yo jamás volvimos a separarnos. El vino a vivir conmigo de inmediato y desde ese entonces ha sido mi compañero de vida, mi terapista permanente y todo lo que un hombre puede pedir para ser feliz en la vida.

 Ariel luego pone sus brazos en cruz sobre mi pecho, acercándome a su cuerpo. Sus brazos tan musculosos, tan llenos de vigor me cubren, me rodean, me estrechan contra su cuerpo. Siento perfectamente el latido de su corazón en su fuerte pecho. El contacto de sus labios en mi cuello, su respiración que cada vez es más intensa y es como fuego en mi piel. Mis manos buscan sus manos, que ahora rodean mi cintura. Como un acto reflejo sus manos abandonan las mías y sus poderosos brazos ahora vuelven a rodear mi pecho con titánica fuerza. Por un instante creo perder la conciencia, pero de inmediato sus los mismos abandonan su presión y el oxígeno regresa a mis pulmones. Me da vuelta y me besa profundamente.

 Mis largos 63 años contrastan con sus vigorosos 40 años. Pero al contrario de toda maliciosa suposición de aquellos que no nos conocen, su amor hacia mí ha crecido, se ha vuelto mucho más noble que antes. Mi lento paso acompañado de un bastón, nunca ha sido un impedimento o una molestia para él. Se ha adaptado a mi discapacidad, pero también ha sido el poderoso motor para superarme siempre, para empujarme a llevar mis límites un poco más allá. Lo he visto llorar de emoción por mí, cuando yo caía totalmente agotado por el esfuerzo superador en mi rehabilitación. He visto su desesperación por temor a perderme, cuando hace un año atrás sufrí una crisis cardíaca, que afortunadamente pude revertir. "No sé qué sería de mi vida si te perdiera así, Héctor", era su ruego en las noches que no me abandonó ni un segundo cuando estaba en internación.

 "Deberías relajarte un poco en el lago, Ariel", le aconsejo a este hombre lleno de energías y pasión. "Ve y luego te preparo algo rico para el almuerzo, amor", es mi argumento para retrasar un poco sus ganas de tener sexo tan temprano. "El lago debe estar hermoso como para que practiques tu deporte preferido, Ariel", le digo acariciando sus fuertes hombros y señalándole las aguas cristalinas del mismo. Él, de mala gana me dice que si, que lo va a hacer y marcha a cambiarse a nuestro cuarto. Sé que su deseo es tener sexo ahora mismo conmigo, pero lo prefiero bien cansado antes, porque sé que lo hace mejor y luego queda dormido en mis brazos. Lo deseo tanto como el a mí, pero su juventud y su porte me avasallan, me dejan exhausto...Y así y todo no cambiaría un solo segundo por todo lo bello y mucho que siempre me entrega.

 Mientras observo cómo se saca la ropa y se pone su trusa ajustada de color negro para meterse al lago y bucear, observo su cuerpo musculoso, masivo, de una tez morena y sensual. Su trusa resalta sus hermosos glúteos y su sexo siempre vigoroso, deseable siempre para mí. Mientras lo veo cambiarse, recuerdo las primeras sesiones de fisioterapia que tuve con él, en la piscina del instituto de rehabilitación, allá en Buenos Aires. Me enamoraron sus manos sosteniendo mi cuerpo en el agua y ayudándome con mis movimientos, ejercitando mis músculos entumecidos. Todo en él era dulzura y delicadeza en su trabajo. Pienso que mi vida jamás sería la misma si no lo hubiera conocido. Él siempre me dice que mi amor lo cambió para siempre, que tal vez nunca se hubiera atrevido a amar a otro hombre, si no me hubiera cruzado en su camino.


 Lo veo dirigirse al borde del lago, caminando por el pequeño embarcadero de madera. Sus piernas siempre musculosas me hacen desearlo mucho más. Se sienta en el borde, se coloca su máscara de buceo y calza sus aletas negras en sus hermosos pies. Así como está lo deseo mucho más y él lo sabe, mientras me mira a lo lejos. Toda mi vista lo recorre desde sus hombros anchos, sus brazos musculosos, su panza tan sensual (tan sensualmente bella para mí), sus muslos y pantorrillas que son mi locura...Se sumerge con gracia y lo último que veo de él son sus aletas negras desapareciendo de la superficie mansa del lago. Mi corazón se estremece de solo imaginarlo desplazarse por la cristalina profundidad del lago. En un rato largo volverá cansado y yo estaré preparado para él.

 Hacía tiempo que queríamos volver a esta cabaña en Córdoba. Siempre terminamos eligiendo los adorables cerros y este lago que siempre fue mágico para Ariel y yo. Para él es un verdadero oasis en comparación al desquiciado ritmo de una ciudad tan loca como Buenos Aires. Lo veo en sus ojos cuando me cuenta de su amada Acapulco y sus playas de encanto. Tal como lo había imaginado y luego de poco menos una hora, lo veo salir del agua con su imponente y sensual figura. Su cuerpo aún mojado me resulta extremadamente atractivo bajo el sol de la mañana. Todo en él es virilidad y energía. Pero lo veo cansado por el esfuerzo. Cansado pero feliz de haberse desenvuelto en un ambiente que él ama. Lo espero en la puerta de la cabaña con un toallón enorme, proporcional a su figura corporal... y es entonces que comienza nuestro viejo ritual.

 Lo seco delicadamente mientras él se queda quieto. Le saco su trusa negra mojada y sigo secándolo en sus partes íntimas. El ritual incluye mirarnos en silencio y retardando cada movimiento mío para besarlo lentamente, en cada superficie de su cuerpo ya seca. Lentamente observo cada relieve de sus músculos y lo acaricio también del mismo modo, como un no vidente que escruta una superficie escrita solo para él, de manera repetitiva y primorosa. En realidad es muy poco lo que hago por él, en comparación a todo lo que hace por mí. Ariel fue cruelmente rechazado por su familia, cuando les confesó su homosexualidad.

 Toda su carrera como Fisioterapeuta la transcurrió en absoluta soledad y sin el apoyo moral de ellos. Por último, la mala elección de una pareja que terminó maltratándolo, aniquiló todas sus aspiraciones de tener a alguien que realmente lo contuviera. Se sentía tan apartado de todo lo que supuestamente le ataba a su vida, que simplemente decidió buscar nuevos horizontes. Fue así que gracias a una amiga argentina colega de él, que lo contactó con la posibilidad de un puesto de trabajo, llegó al Instituto de Rehabilitación en el cual yo empezaría mi tratamiento específico.


 Mientras tanto, en este momento para mí siempre irrepetible, voy secando lentamente sus hermosas y portentosas piernas, acariciando sus muslos, sus pantorrillas exuberantes de músculos marcados. Nuestro juego de seducción se potencia con nuestros deseos más profundos. Hacemos el amor de una manera masiva, con una urgencia que resignifica cada segundo como si fuera el último, como si no existiera un mañana posible en nuestras vidas. Ariel es todo esto en mi vida y mucho más. Él supo armar el disperso rompecabezas de mi pobre vida, cuando la tristeza de mi alma me hundía en un pozo inmenso de depresión, por mi ruinoso aspecto físico, luego del cruel ACV. Él puso luz, calidez, una leve cuota de humana compasión y el empuje vigoroso a mi aletargada voluntad. Nadie mejor que él para descifrar las claves ocultas en mi cabeza y por último en mi alma. Modificó y reconstruyó con partes nuevas mis viejas estructuras para siempre. Tuve que atravesar momentos duros de mi vida y el premio fue éste hombre maravilloso que ahora disfruta conmigo en esta cama. Está agotado pero sonriente. Todo su cuerpo me cubre y siento muy fuertes sus latidos. El tiempo se ha detenido y cada segundo se convierte en destellos, en momentos que quedarán grabados en mi mente para siempre. Nuestras manos se buscan, se entrelazan. Su respiración se vuelve pausada. Se ha quedado dormido en mis brazos, mientras el cálido viento de este mediodía entra por nuestra ventana. Quizás deberá ser que nuestro almuerzo se retarde…


 Por: Colaborador del Sur

6 de enero de 2021

HISTORIAS PARA NOCHES DE INSOMNIO 2

 LA VENTANA


Y ahí está él, observando como la luz del alba inunda todo por la ventana de nuestra habitación. Desnudo y a la tenue contraluz observo su poderoso cuerpo delineándose más allá de mi deseo. Sus brazos, sus piernas tensas y musculosas, sus anchos hombros que tantas veces he besado con devoción. Me acerco a él y con mis dedos ya percibo esa electricidad que emana en su piel. Percibo su excitación cuando acaricio su grueso cuello y entrelazo entre mis dedos sus cabellos cortos y suaves. Mi otra mano busca silenciosamente su talle y deslizo con delicadeza la misma,  hasta encontrar su miembro siempre duro y palpitante, esperando a ser más estimulado por mi amor. Apoyo mi cuerpo en su vigorosa espalda y fundimos mi deseo con su calor corporal ya sudoroso. Lo beso despacio y abrazo su pecho por detrás. Luego acaricio sus firmes y redondeados glúteos con verdadera pasión. Él se da vuelta, me toma por los brazos y me acerca hacia su pecho. Sus ojos me hunden en su castaño profundo y su boca ya está sobre la mía. Nuestras lenguas se entrelazan y se gustan profusamente. Alternativamente abandona con su boca mi boca en busca de mis pezones y mis pelos blancos en mi pecho. Esos que tanto ama y venera en mí. Su amor me atraviesa virtualmente, me lleva y me trae a lugares de placer, de ternura absoluta que solo él sabe crear para mí. Cada caricia de sus fuertes manos me hace temblar, me moviliza y me llena de profunda ternura. Luego yo me sostengo de sus brazos y desciendo hasta su centro, para lamer sus maravillosos y redondos recervorios de vitalidad masculina. Su miembro es todo mío y en cada succión de mi boca siento sus jadeos de placer y mis dedos acarician sus duros pezones. Espero su semen. Que brote con fuerza y que llene mi boca y cuando eso sucede siento sus hermosas piernas temblar. Es momento de llevarlo a nuestra cama en silencio, recostarlo boca arriba y abrazarlo y llenarlo de caricias. El amor que siento por mi hombre ya no tiene tiempo ni lugar... los primeros rayos del sol matinal comienzan a penetrar por  nuestra ventana...


 MI SUEÑO, CONTIGO


Me encontraba, nuevamente, en una playa solitaria, pero esta vez bien adentrado en la orilla y con mi cuerpo cubierto por el agua casi hasta los hombros. Como ya sabes, yo uso bastón para caminar, pero en esta ocasión el agua me ayudaba a flotar, a sostenerme, a hacer pie en el fondo. De repente veo que una figura se acerca por el fondo cristalino del mar hacia mí,  de frente. Me toca las piernas y emerge. Eras tú, con unas antiparras de buceo, una trusa azul oscura y las aletas negras de goma en tus pies. Me sostienes de la cintura, te bajas luego las antiparras a la altura del cuello y veo tu cara, tu grueso bigote oscuro,  bien tupido. Tus profundos ojos marrones que llenan de luz mi vida y que ahora tienen un brillo intenso,  como portadores de un deseo desbordante.   Pongo mis manos sobre tus hombros y puedo percibir su anchura, su musculatura. Lo mismo tus poderosos brazos con músculos marcados y tensos. Inmediatamente me aproximas contra tu cuerpo y siento la dureza de tu pecho y tu panza, que es hermosa para mí. Me dices que estás caliente, que me viste entrar al mar y que decidiste ir a mi encuentro de manera sorpresiva dando un rodeo y buceando hasta mi. Me dices que ya no puedes soportar tanta excitación, que algo tenemos que hacer con eso. Inmediatamente siento la dureza de tu sexo contra mí y tú me dices que te bese, que introduzca mi mano en el frente de tu trusa azul. Recuerdo vívidamente cómo crece, como palpita mientras comienzo a acariciarlo. Mi excitación creciente me lleva a  apretarlo de manera vigorosa. Me besas y siento el latido de tu miembro al compás de mi movimiento con la mano. Sin darme cuenta me has llevado donde ya no hago pie y siento el desplazamiento del agua mientras mueves tus poderosas y sensuales piernas y tus aletas golpean levemente mis pies. Me sostienes con una mano por la cintura y con la otra me tocas, me acaricias metiendo la mano en mi short de baño. Me pides que me sumerja, que bese tu pecho tus tetillas, tu sexo en total erección. Lo hago por breves segundos, mientras bajo la parte delantera de tu trusa. En mi breve y ardiente exploración de tu hermoso cuerpo, me percato de la dureza de los músculos de tus muslos y pantorrillas y las acaricio mientras tomo tu sexo ya desbordante, deliciosamente sobredimensionado, vigorosamente entregado ante mi persona.  Luego me levantas un poco, me besas y me pides que te masturbe. Te beso con más pasión y comienzo a masturbarte  de manera intensa. Unos segundos bastan para sentir ese estallido de vitalidad entre mi mano y un estremecimiento rápido afloja tus manos en mi cuerpo, me dejas de besar y te tiras levemente para atrás y por un instante siento que caes en un estado de inconciencia y tiendes a flotar boca arriba. Te recuperas de inmediato con vigor y me vuelves a sostener fuertemente, pataleando y evitando que yo me vaya a pique. Me das las gracias entre jadeos entrecortados y me vas acercando hasta donde puedo hacer pie por mis medios. Me abrazas fuertemente y aún siento esa dureza entre tus piernas y tus músculos tensos. Me besas con mucha pasión, me miras fijamente y te vuelves a poner las antiparras de buceo. Tus fuertes manos me acarician y siento como me estimulas al punto exacto de  mi orgasmo final.  Me das el último beso y luego te alejas de mi buceando hasta que ya te pierdo de vista. Regreso lentamente hasta el borde donde comienza la playa y mi sueño se desvanece, con las primeras luces del alba en la ventana. El sueño a terminado,  pero mientras abro los ojos siento tu respiración en mi hombro y tus brazos rodeándome  fuertemente.

 

EL JOVEN AMOR DE LUCAS


Aún guardo en mi piel el roce de tu piel tan tersa. Tus 27 años alborotaron cada milímetro de mi ser, a un punto que jamás pude y ni quise olvidar. Cada encuentro era para mí un reto, un dulce reto que pude superar gracias a cada caricia, cada beso que me robabas y disfrutábamos luego juntos,  porque hasta ese don tenías: El de darme el doble que obtenías de mí. Yo y mis estrenados 60 eran pura ebullición ante cada caricia, cada beso, cada mirada tuya. Preso de tu adorable voz juvenil, me disponía a recorrerte, a explorar el sentido de tu vida y la mía en cada susurro, en cada gemido de placer, de vida, de pleno y auténtico gozo y que rubricábamos con un largo beso, como a ti te gustaba, como a mí siempre me encendía.

Hoy existe un un inmenso océano que me separa de ti, que me aleja de aquellas sensaciones tan vividas,  tan permanentes en mi piel...Me queda la memoria de tu perfume en mis hombros, en la humedad de mis labios,  en el brillo de mis ojos verdes que tanto amabas. Estás grabado a fuego en mis mañanas y mis noches,  en el sonido de tus pasos. Pero no te puedo extrañar porque te amé y te seguiré amando toda mi vida. En cada frecuente llamada que haces, me recuerdas que nunca te vas a olvidar de mí, que fui el amor de tu vida aunque encuentres otro a quien puedas amar y compartir tus días. Esa será secretamente mi jactancia y nunca lo sabrás, porque mi silencio se vestirá de amor hacia ti siempre. Como un premio tardío pero delicioso, a tanta juventud que entregaste generosamente en mis brazos.

 Por: Colaborador del Sur