23 de diciembre de 2014

¡Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo!


Hace un año iniciamos con el proyecto de SoloMan, Solo Hombres, un concepto que nos identifica como hombres más allá de las etiquetas tradicionales y alejado del concepto rosa tradicional del medio, a través de las diferentes formas de expresión en que se manifiesta la masculinidad.

SoloMan es el nombre de la tienda de joyería y accesorios para quienes, antes de cualquier etiqueta, buscan expresar su masculinidad en diseños que pueden ser usados incluso de forma abierta, en el trabajo, con la familia, etc. Combinamos la plata, piel, madera y resina en diseños para un amplio público que no ha encontrado en el mercado rosa no un accesorio, sino una pieza de joyería en plata, con un significado que puede portarse con el orgullo de expresar su masculinidad.

SoloMan es también un blog que expresa a través de relatos e imágenes, nuestro orgullo por ser hombres y por mostrarnos siempre varoniles, en todas las formas de expresión que esto representa en nuestro modo de vida, ya seamos osos, leathers, vaqueros, urbanos, bisexuales, curiosos y muchos otros que no se identifican con algún grupo. A lo largo de más de 115 historias inéditas ha dado voz a quienes nos han enviado sus historias para ser compartidas de forma anónima, con más 86,000 visitantes.

SoloMan son eventos, hemos llevamos a cabo ocho pool partys, cada una de las cuales ha sido diferente pero con este mismo concepto, las cuales se han caracterizado por la convivencia, la amistad y la integración de todos los que han asistido, en un fin de semana que incluye todos los alimentos , para que sólo se preocupen por divertirse.

Pero SoloMan es más que todo esto, es un estilo de vida, es una ideología, es una respuesta al estereotipo que se tiene del homosexual femenino y que tanto se ha difundido en los medios masivos. SoloMan, pretende mostrar a nuestra sociedad que hay una diversidad de expresiones dentro del llamado “estilo de vida homosexual”. Nosotros nos inclinamos y elegimos un modo de vida masculino, con el cual nos sentimos muy cómodos.

A nombre del equipo de trabajo de SoloMan, les deseamos una muy ¡Feliz Navidad y un Próspero año nuevo 2015!


17 de diciembre de 2014

Heteroflexible

Esto que voy a contar pasó hace un año, lo recuerdo porque, al igual que ahora, esos días eran cercanos a Navidad, las calles lucían iluminadas por las luces de la temporada. Esa noche yo estaba particularmente excitado, tenía varios días que se me había metido en la cabeza la idea de mamar una buena verga y era el momento que no había podido lograrlo. Pensaran ustedes que soy un pasivo que siempre anda en busca de lo mismo, pero no es así, mi preferencia sexual es ser activo, pero hace mucho, aun antes de comenzar mi vida como homosexual activo, conocí a un hombre que me enseño a disfrutar de mamar una rica verga, así que de vez en cuando tengo el fuerte deseo de hacerlo, sin que tenga el interés de ser penetrado. Me encontraba sentado en la banca de un pequeño parque, estaba en mis reflexiones cuando de pronto vi que se acercaba en la acera de enfrente, un hombre que anteriormente me había llamado la atención. Él no me veía, parecía venir ebrio, así que me dedique a observarlo, llego a la casa que estaba frente al parque e intento abrir la puerta, pero de pronto se alejó de nuevo. Decidí esperar a ver si volvía otra vez.

Regreso poco después con una bolsa, dentro de la cual llevaba cervezas y entró a la casa. Yo no sabía quién vivía ahí hasta ese momento, él era el árbitro de futbol en todos los partidos de mi barrio. Entonces recordé que tenía unas piernas muy velludas, sus piernas eran gruesas por el ejercicio, y a veces en los partidos de futbol, podía ver su verga por entre sus calzoncillos. Yo acostumbraba observarlo, tenía algo que me llamaba la atención. Él ya me ubicaba y se daba cuenta que yo lo observaba, aun así nunca me decía nada, supongo que más de uno lo observaba de vez en cuando y por eso no le llamaba la atención que yo lo hiciera. Pero en ese momento tuve la brillante idea de ir a tocar a su casa y de plano decirle que quería mamarle la verga, total estaba borracho y lo peor que podía pasar es que me corriera, quizá al día siguiente ya ni recordaría que fui yo.

Me decidí a ir de inmediato, porque si no me arrepentiría después, cuando ya estaba a punto de tocar, las dudas me asaltaron, "¿y si esta con su familia y sale su mujer, qué digo?""¿Y si sus hijos...?" aun así toque a la puerta. Él salió a abrir, cuando se asomó, le escurría agua por su pecho, al parecer acababa de darse un baño y cuando me pregunto qué quería, por un momento no supe que decir, pero note que estaba solo, no se veía nadie más dentro de su casa, me arme de valor y le dije sobre la posibilidad de que me dejara mamar su verga... Obviamente él se negó y me miro muy desconcertado, pero estaba muy borracho por lo que yo le insistí. Entonces me preguntó mi edad, le dije que tenía 23 años, se quedó pensando un rato muy sacado de onda pero al final accedió y me dijo que pasara a su casa, yo sudaba helado y me temblaba todo el cuerpo. Él se sentó en una silla sin hacer nada, yo me acerqué y puse mi mano en su pecho, aún recuerdo esa primera sensación increíble de sus vellos del pecho aun mojados, él comenzó a bajar mi mano y se puso de pie. Con mis manos bajé su short el cual resaltaba un bulto muy apetecible, yo baje su short y saltó su verga, no era una verga como la que quizá todos esperan en un relato erótico pero tenía un buen tamaño y para mí era perfecto, lleno de vello y con un olor a macho y a jabón, a un cuerpo recién bañado, era una sensación increíble así que tome su verga y por fin fui recorriéndola con mi lengua y después me la metí a la boca, era un tamaño normal, subí la mirada y él me dijo “despacio quiero disfrutarlo”, poco a poco encontré el ritmo adecuado, vi como cerraba los ojos y disfrutaba de esa mamada de verga que yo le estaba dando...

Pasaba mi lengua por sus huevos aun con aroma a jabón de baño y él dejaba escapar unos gemidos quizá sin voluntad, yo tocaba sus nalgas con mis manos mientras él con sus manos empujaba mi cabeza para que su verga entrará en el fondo de mi garganta, disfrute demasiado ese momento y se notaba en mi verga que ya estaba muy caliente y dura. Fue entonces que mientras yo acariciaba sus nalgas, el tomo una de mis manos y la puso entre sus nalgas, comprendí que lo que quería era que masajeara su ano y comencé a hacerlo. Comenzó a gemir con más fuerza y yo apreté su ano y comencé a mamar con más velocidad y entonces se vino en mi boca, fue una sensación increíble y él parecía haberlo disfrutado mucho.

Cuando termino, se fue a lavar al baño y cuando salió me dijo que si quería podía lavarme también. Después saco unas cervezas y me dio una, me dijo que ya me recordaba, que yo era uno de los asistentes a los partidos de futbol donde era el árbitro. Ahora entendía por qué razón yo lo miraba con atención. Me dijo que le pareció muy atrevido que me presentara en su casa esa noche, pero que me lo agradecía porque le había gustado mucho lo que habíamos hecho, que le gustaría repetirlo de nuevo, pero que esta vez le gustaría planearlo mejor. Me dijo que si no había problema me gustaría tenerme de planta para que le mamara la verga cuando él quisiera. Su mujer era una mujer muy orgullosa a la que se le hacía degradante hacer sexo oral. Yo estuve de acuerdo, él me gustaba mucho, era un hombre maduro muy atractivo y en especial porque al parecer, el que me hubiese dejado masajear su ano, quizá me permitiría penetrarlo más adelante. Y esa idea me emocionaba.

Esa noche nos despedimos y no volvimos a vernos en unas dos semanas, hasta que un día me envió un mensaje en el que me invitaba a tomar una chela en su casa. Yo tenía un compromiso con un chavo que veía de vez en cuando, pero la sola idea de salir con el entrenador de futbol me prendía tanto que decidí cancelarle al chavo que ya tenía citado. Me arregle lo mejor que pude y me fui a visitar a mi entrenador favorito.

Cuando llegue a su casa esperaba verlo, pero para mi sorpresa me abrió la puerta su mujer, eso me desconcertó y me sentí incómodo, pregunté por él y ella solo se limitó a decirme que su esposo estaba en la parte de atrás de la casa en el jardín tomando, así que pase hasta allá y lo salude, pensé que esa noche tal vez no ocurriría nada, nos pusimos a platicar de cualquier cosa, me insinuó que más tarde podíamos hacer algo, le dije que no me sentía cómodo con su esposa cerca, entonces él se levantó y me dijo “´orita lo arreglo…” y se metió a la casa. Poco después comencé a escuchar una pelea entre él y su esposa, nada más escuche el portazo cuando su esposa salió enojada y gritándole que se iba con su madre. Se asomó al patio y me dijo que pasara a la casa.


Entonces comenzó lo bueno, se desnudó completamente y se tiró en la cama, yo poco a poco comencé a chuparle su verga, pero no se le paraba tanto como la primera vez que lo vi, entonces el giro como acomodándose y entonces quedo de espaldas, entonces pude ver sus enormes nalgas, eso me excito mucho,  él ya estaba muy ebrio y parecía no darse cuenta de todo, entonces comencé a lamerle el ano, y comenzó a moverse como si deseara ser penetrado. Yo me prepare y tome un condón, total, si no quería solo tenía que decírmelo, me puse sobre él y poco a poco comencé a penetrarlo, la experiencia era muy excitante, no podía creerlo, me estaba cogiendo a un hombre que era prohibido para mí, en su propia casa, en su propia cama y con el cual yo me había presentado casi como pasivo. Me lo cogí con cuidado, pero de una forma que jamás lo había hecho, mientras le daba besos en la nuca. Cuando me vine, me salí, el parecía estar entre dormido y despierto, no entendía lo que decía, así que lo voltee de nuevo y le dije que tenía que irme, porque ya era tarde. Solo escuche que me dijo “gracias, luego nos vemos”. Esa noche salí de su casa muy satisfecho, había logrado algo que quizá ya no podría volver a ocurrir. Y en efecto, volví a verlo otras tres veces, pero solo le hice sexo oral, ya no volví a penetrarlo jamás.


11 de diciembre de 2014

Caín

Recuerdo muy bien ese día, como cada sábado había salido temprano del trabajo, así que pase al centro de la ciudad a comer antojitos, después camine un rato por esas calle repletas de puestos ambulantes y compre algunas cosas de poco valor, siempre me he detenido a curiosear y siempre termino comprando cosas que generalmente no sirven para nada. No tenía prisa por llegar a casa. La verdad es que muy dentro de mí estaba ocurriendo algo, había llegado a un punto en mi vida en el que me sentía harto de lo mismo. Necesitaba algo nuevo, cosas que me hicieran ver la vida de otro modo. Eso era, tenía que hacer algo diferente, así que pensé que por fin visitaría a mi hermana, ella vivía por un rumbo opuesto al mío en la ciudad. Estuve un rato pero no me sentía a gusto, así que me regresé a donde vivía. Tomé el metro, decidí no ir en el último vagón, todos sabemos lo que ocurre ahí, pero siempre que yo entraba no había nada que me gustara, siempre las mismas jotitas andróginas y en el peor de los casos, seres grotescos. Mis amigos siempre dicen que soy muy exigente y quizá lo sea.

Subí al penúltimo vagón, estaba atestado, pero poco a poco en cada estación se fue vaciando, entonces a lo lejos frente a mi estaba él. Este hombre era diferente, no muy alto no muy bajo, no joven no muy viejo y se veía muy masculino. En un punto mientras nuestras miradas se cruzaban, vi en sus ojos una furia que me intimido y me hizo pensar que ya no debía observarlo parecía que quizá podría acercarse y lastimarme. De pronto fui consciente de que varios de los hombres en el vagón llevaban el pelo corto, igual que el hombre que yo observaba. Entonces caí en la cuenta que debía haber un cuartel militar por la zona. Por un momento ya no volví a ver al hombre que me había gustado, pero la curiosidad me llevo a dirigir mi mirada hacia él de nuevo. Su mirada seguía siendo fuerte, pero ya no parecía agresiva, mostraba una expresión distinta, retadora, y si no juzgaba mal, hasta invitadora. Al llegar al metro Pino Suarez se levantó y camino hasta la puerta que estaba cerca de mí, sin dejar de observarme, a mí me costaba sostenerle la mirada. Al parecer quería que lo siguiera al bajarse, pero no estaba seguro, quizá yo estaba entendiendo mal. Sentí esa mezcla de sentimientos, entre miedo y curiosidad, y lo seguí. Ya fuera del metro me detuve mientras él caminaba, ya no lo seguiría, ante todo debía ser prudente, sabia las historias que circulan de boca en boca acerca de los militares, que son muy violentos y que pueden incluso matar.

En ese momento él se detuvo, volteó y me observo, pareció entender que desconfiaba de seguirlo, así que regresó y fue directamente hacia mí, mirándome fijamente, yo me quedé quieto y entonces me dijo con voz grave: "mi nombre es Caín", y me extendió la mano. Tenía un nombre muy particular, pero no comente nada al respecto, solo me presente también, el saludo fue firme, su mano era grande, gruesa. Le pregunté hacia donde se dirigía, tratando de adivinar cuáles eran sus intenciones para conmigo. No me dijo que fuera homosexual ni nada parecido, pero si me dijo que en ese momento le latía tomarse una cerveza. “¿Te gustaría acompañarme?” me preguntó. Acepte, pues pensé que en un lugar público estaría más seguro con alguien como él, un desconocido del cual no estaba seguro que quería de mí, aunque yo si sabía que quería de él.

Caminamos unas cuadras, yo no conocía esas calles, me parecían muy inseguras, había varios bares, todos se veían de mala muerte, con mesas y sillas muy viejas, sucios, al interior se veían muchos hombres jóvenes con apariencia de militares, los cuales se veían muy chacales y aparte había jóvenes que a simple vista se veía eran una jotitas acompañándolos. No entramos en ese bar, nos fuimos a otro más adelante, ahí había hombres más maduros, me sentí más a gusto ahí, y mi acompañante también me expreso sentirse más a gusto también ahí. Caín hablaba poco, pero note que si sentía cierta curiosidad hacia mí, observaba con detenimiento mi cuerpo y cuando me levantaba para ir al baño me parecía que observaba mi trasero. De pronto se acercó un hombre que se veía más joven y le comenzó a insultar, por lo que le decía note que era uno de sus subordinados y le estaba insinuando que era un puto. De pronto mi acompañante se levantó y frente a mi le puso un golpe en la cara al otro hombre que lo tiró al suelo, con la boca sangrando, los demás no intervinieron. En ese momento sentí el deseo de huir, para no correr la misma suerte, pero Caín me dijo que no me preocupara, que esas cosas pasaban, pero me aclaró que no era puto, que era muy hombre.

En ese momento pensé que me estaba metiendo en problemas, hacía mucho que no me involucraba con hombres que no aceptaban su homosexualidad, especialmente porque no quería lidiar con sus conflictos personales. Pero ya estaba ahí y Caín no era guapo pero se veía muy varonil, sus facciones eran recias, tenía un rostro que me atraía mucho, la ropa que cubría su cuerpo dejaba adivinar un hombre muy fuerte y su entrepierna era algo voluminoso, debía tener una buena herramienta, además de que tenía un culo muy bonito. Justo el tipo de hombre que me gustaba, una extraña mezcla de hombría que olía a peligro.

Cuando llegamos ahí eran alrededor de las seis de la tarde, pero cuando salimos ya era casi medianoche, yo estaba muy ebrio, sin embargo él parecía como si nada, me dijo que me llevaría a su cuarto, que esa noche descansaría en su casa, que le había caído muy bien como amigo y que donde él estuviera también yo estaría, esas palabras me hacían sentir bien, y si no era así, ya no había de otra, estaba muy ebrio para irme solo. Caminamos por la calle, yo iba del lado de la calle y él me pasó hacia la pared, me dijo que así debía ser, que el hombre caminaba siempre hacia el lado de la calle. Yo no dije nada, pero esa fue la primera insinuación de lo que me esperaba.

Llegamos a un pequeño departamento, se veía sencillo, no tenía muchas cosas. Caín me hizo pasar y preparó otros tragos, se acercó y me dio un vaso, creo que era tequila, le dije que  ya no podía seguir tomando, a lo cual respondió "bueno si ya no quieres seguir tomando entonces ¿qué chingados hacemos?" Entonces él me tomó de la cintura y comenzó a masajear mis nalgas y a besarme el cuello diciendo que le gustaba mucho mi culo, yo traté de abrazarlo pero él no me dejó, Caín era quien siempre llevó la iniciativa para todo. Me volteó de espaldas y sentí su aliento cálido en mi espalda, me bajó los pantalones y me restregó su bulto entre mis nalgas. De pronto me puso de frente y cuando quise besarlo, él me tomó de los hombros obligándome a hincarme, mi cara quedó frente a su entrepierna, se veía un gran bulto, quise tocarlo pero me apartó la mano, él mismo se bajó la bragueta del pantalón y me puso su verga frente a mi cara, me dijo que se la mamara, yo lo hice, a veces me ahogaba y quería sacarla de mi boca pero él no me dejaba sacarla, con su mano presionaba mi cabeza contra su pelvis, tampoco dejaba que le agarrara la verga, cada que lo intentaba me apartaba la mano con firmeza. Me tiro de espaldas en el piso del cuarto, estaba muy frío y su cuerpo estaba muy caliente, y ahí mismo me penetró, sin más miramientos, entraba una y otra vez provocandome sensaciones diferentes, entre lo duro y frío del piso y su forma violenta de cogerme, hasta que dejó escapar un grito. Se quedó tirado un rato sobre mí, luego se levantó, fue al baño a lavarse y me tiró una toalla. Se lavó y sirvió otros tragos, platicó otras cosas, a mí me dolía el cuerpo pero no podía ir a ningún lado, poco a poco el sueño me fue venciendo, pero Caín me despertó otra vez cuando me estaba penetrando de nuevo, eso se repitió una vez más, era incansable, cuando me daba cuenta, ya lo tenía dentro de mí. Fue una noche muy placentera. Había hecho algo nuevo por fin.


Al día siguiente y muy de mañana me despertó con brusquedad y me dijo que me tenía que ir, que ya era muy tarde y que él no tardaría en irse y que no quería que nadie nos viera salir juntos. Entonces me di cuenta que ya no volvería a verlo, su trato había cambiado, ya no era el mismo hombre de la noche anterior, ahora era grosero y no parecía querer volver a verme de nuevo. Así que me vestí y me salí de su casa, el frío de la mañana azotó mi rostro volviéndome a la realidad, las calles aún lucían solitarias, me dirigí hacia el metro, no tuve tiempo de pedirle su número de teléfono, o de darle el mío, no tenía forma de volver a verlo, esa fue la primera y última noche que ví a Caín.

4 de diciembre de 2014

Los dos hermanos

Estas semanas han sido de trámites y más trámites en distintas oficinas del Estado de Guerrero, por una situación familiar compleja. Hace unos días, al estar en una de tantas oficinas burocráticas me indicaron pasara con una maestra que me atendería en el trámite, al ver el nombre me detuve, yo la conocía, de mis años de juventud cuando estudiaba para maestro de educación primaria, era la hermana de dos compañeros que estudiaban también para maestros y que eran de mi generación, de los cuales hacía años les había perdido la pista. Quise saber que había sido de ellos, y mientras me dirigía a la ventanilla de atención recordé aquellos años ahora tan lejanos. En aquél tiempo había ingresado a la escuela Normal para Maestros como única opción de estudio, en mi grupo éramos varios jóvenes pero hice amistad con dos de ellos, eran hermanos, ella se llamaba Lucía y él se llamaba José Luis, él era mayor que su hermana y había entrado a estudiar a insistencia de sus padres para que pudiera cuidar a su hermana. Tenían más hermanos, una era maestra y ya trabajaba. Ella era con la que ahora me reencontraba en las oficinas donde estaba haciendo mis trámites.

Desde los primeros días entablamos amistad, todos veníamos de pueblos pequeños donde las opciones para salir adelante eran pocas. Nos quedábamos en cuartos que rentaban a estudiantes de bajos recursos, algunos tenían una cama, otros tenías dos camas de tal forma que había se podía compartir cuarto. Yo había encontrado un cuarto así pero no tenía aún compañero. Platicando con los hermanos me contaron que ella ya estaba instalada en una casa donde daban hospedaje a mujeres, pero su hermano aún no tenía donde quedarse, estaba con unos familiares lejanos y estaba buscando algo económico. Yo le ofrecí quedarse en la casa donde yo estaba, ahí daban hospedaje solo a varones y podríamos compartir el costo de la renta del cuarto. José Luis accedió y esa misma semana quedamos como compañeros de cuarto.

Los tres nos volvimos muy buenos amigos, hacíamos equipo en clase y nos repartíamos las tareas. A mí me gustaba José Luis, tenía facciones menos toscas, en cambio Lucía, aunque era simpática, no era bonita, y el hecho de que viviera en otra casa hacía que yo llevara más amistad con José Luis con quién también éramos compañeros de parranda, comprábamos cervezas y las tomábamos en el cuarto mientras pretendíamos estudiar, pero casi siempre terminábamos hablando de otras cosas, hasta que en cierta ocasión la plática derivó en el tema de las novias. Lo que José Luis me daba a entender es que yo le gustaba para su cuñado, pero la verdad es que su hermana no era de mi agrado. En ese punto de mi vida mi sexualidad se encontraba cargada hacia lo que resultara, había tenido relaciones sexuales tanto con hombres como con mujeres y disfrutaba tener sexo con ambos, no tenía una inclinación hacia algún género, hasta ese momento.

Las pláticas con José Luis giraban cada vez más alrededor del sexo, todo comenzó jugando, platicando de nuestras experiencias con mujeres y de lo que se sentía, lo que inevitablemente llevaba a tener erecciones, visibles para ambos. Fue en una de esas borracheras cuando yo estaba semidormido que me tocó la verga. Inmediatamente tuve una erección pero no le dije nada, tampoco lo miré y solo cerré mis ojos mientras él me acariciaba la verga. Ese día no pasó nada, hasta una semana después cuando me abrazó y nos quedamos así, no hizo nada más y yo me quedé dormido. Me despertó cuando sentí su boca en mi verga, me estaba haciendo sexo oral, de manera muy torpe, sus dientes me lastimaban, pero también sentía placer, José Luis me gustaba mucho y hasta ese momento no creí que yo le pudiera gustar, pero ahí estaba, mamando mi verga hasta hacerme eyacular en su boca. Después de eso se quedó dormido, al día siguiente no dijo nada y los dos actuamos como si nada hubiese pasado. Eso se repitió varias veces, pero nunca llegamos a la penetración, cuando yo lo intentaba él me rechazaba con firmeza. Cogerlo se me había vuelto una obsesión, cuando dormía me quedaba viendo su silueta en la oscuridad, tenía un par de nalgas muy firmes cubiertas por un vello muy fino, a veces se las tocaba pero nunca me dejó penetrarlo.

Sin embargo había otro problema, en el grupo los demás se habían dado cuenta que nuestra amistad era quizá algo más, y comenzó a correrse el rumor de que a mí me gustaban los hombres. En aquél tiempo yo no tenía novia y José Luis tenía modales finos, así que comenzamos a ser la comidilla del grupo. Estos rumores seguramente llegaron a oídos de Lucía quien comenzó a cuestionarme de si era cierto que me gustaban los hombres, mientras adoptaba una actitud retadora hacía mí. Al principio yo no la tomaba en serio, era la hermana de José Luis y ya tenía relaciones sexuales con él. Sin embargo comenzó a provocarme cada vez más y lo hacía frente a otras compañeras mujeres del grupo, eso era ya algo humillante.

Cierta vez le dije a José Luis que invitáramos a Lucía para convivir los tres, y fuimos a la casa donde nos hospedábamos nosotros. El cuarto era pequeño y hacía mucho calor, así que decidimos subirnos a la azotea, solo estaban los tinacos de agua de asbesto y ahí estábamos platicando y consumiendo cervezas. Ella no tomaba pero parecía pasarla bien, entre risas la cerveza se fue terminando, de vez en cuando había miradas de complicidad con José Luis, y otras retadoras de Lucía. Cuando la cerveza se terminó José Luis se ofreció a ir a comprar más. Tan pronto él bajó, Lucía se acercó a mí y juntó su cuerpo al mío, yo la tomé de la cintura y la besé mientras veíamos como José Luis se alejaba por la calle desierta a esa hora. La apreté y ella pudo sentir mi erección, yo le subí el vestido y le bajé la pantaleta, en ese momento ella se dio cuenta que yo podía cogérmela, entonces comenzó a resistirse. “no lo hagas” me dijo, “es que soy virgen”. Le dije “ahora te chingas, me estuviste retando muchas veces, ahora me vas a sentir”. Ella oponía resistencia pero cada vez era menos, ella estaba excitada, y ahí mismo sobre la azotea la penetré, hasta que ella me dijo “¡ya no!, ¡ya me desgraciaste!”. Entonces pude ver como de sus piernas escurría sangre, Lucía había dejado de ser virgen. Me quité la camiseta que usaba bajo la camisa y le dije que con eso se limpiara. Cuando José Luis regresó Lucía dijo que ya era tarde y que se tenía que ir y le pidió a José Luis que la fuera a dejar a donde vivía. Yo no dije nada, pero se sentía la tensión en el ambiente.

Cuando José Luis regresó yo estaba ya en el cuarto, fingía dormir en mi cama. Él entró y se detuvo a mirarme, pero no dijo nada. Al día siguiente nadie dijo nada, pero por primera vez Lucía me evitaba, no me dijo nada hasta un par de días después en que a solas me reclamó el haberle destrozado la vida ya que ella quería llegar virgen al matrimonio y ahora ya no podría hacerlo. Yo le dije que ella había tenido la culpa por haberme provocado. Al paso de los días se le fue pasando y comenzamos a hablar bien de nuevo, parecía que nada había pasado. Sin embargo José Luis no había vuelto a hacerme sexo oral desde ese día.

Pasaron un par de semanas y un viernes después de clase fuimos por unas cervezas y después de embriagarnos él se fue a su cama dándome la espalda, yo veía esa silueta y me acerqué a él, después de pensarlo le toqué las nalgas por encima del bóxer, él estaba despierto pero no dijo nada, solo vi cómo se estremeció y entonces yo le bajé el bóxer y le acaricié ese par de nalgas, me bajé los pantalones y lo penetré. José Luis no me dijo nada, aunque se lo hice con mucho cuidado era evidente que le dolía, pero pronto los gemidos de dolor pasaron a ser gemidos de placer, hasta que me vine en él.

Debo decir que esa no fue la única vez que tuve relaciones sexuales tanto con él como con su hermana, ella volvió a buscarme y de alguna forma me las arreglé para tener sexo con cada uno durante el tiempo que estuvimos estudiando, sin embargo fue José Luis con el que mejor me sentía, dormíamos juntos, hacíamos planes, terminé queriéndolo. Al terminar cada quien tomó rumbos distintos y no volví a verlos. Sé que ambos, al igual que yo, se casaron y tuvieron hijos. Sin embargo siempre extrañé a José Luis, siempre me quedó la curiosidad de saber qué hubiera pasado si nos hubiésemos decidido a enfrentar a todos y hacer una vida juntos.


Con esos recuerdos en mi cabeza me dirigí a la ventanilla donde atendía la hermana mayor de estos, la saludé y le pregunté si no me recordaba, me dijo que no, yo le dije quién era y que en realidad a quienes conocía era a sus hermanos los cuales habían sido mis compañeros de clase. Ella me recordó y cuando le pregunté por José Luis me dijo las palabras que me dejaron sin habla mientras mis ojos se humedecían de lágrimas: “mi hermano murió hace cinco años…”.