5 de septiembre de 2021

Carta a Juan Manuel

Carta a Juan Manuel

 

“Adiós amigo, mi mejor amigo, las cosas que ya no tuvimos tiempo de platicar ya nunca más las platicaremos, pero en el encanto pensaré en esas cosas y entonces también pensaré en ti, amigo, mi mejor amigo, adiós…”

De la película “Sueño en otro idioma”

 

Hace muchos años que no te escribo, desde que estábamos en el cuarto que rentábamos que nos servía de refugio donde nos escondíamos del mundo para estar juntos. Éramos jóvenes, yo más, pero además yo era muy idiota en eso que llaman conocer la vida y no sabía que la primavera duraba sólo un minuto. Nos encontramos por casualidad, en ese tiempo yo no creía que las relaciones entre dos hombres tuvieran futuro, no creía en el amor entre dos hombres, sólo me importaba el sexo, tener encuentros ocasionales con hombres de los que ni siquiera me preocupaba por conocer su nombre para después regresar a mi casa donde vivía como hijo de familia, un hijo sobre el cual se habían puesto demasiadas expectativas, lo común en una familia heterosexual, casarse, darle nietos a mis padres. Y era algo en lo que yo también creía, por lo que con otros hombres sólo me importaba tener sexo.

 

Pero te fui conociendo, y sin darme cuenta me fui involucrando emocionalmente contigo. Después de la primera vez que nos vimos me diste el número de teléfono de tu trabajo. Fue hace mucho tiempo, como si hubiera sido en otra vida, una en donde los celulares no estaban aún generalizados. Recuerdo que después de varios días te llamé, aún recuerdo tu voz y cómo cambió tu tono cuando te dije que era yo, había alegría en tu voz. Luego seguimos saliendo, y sin darnos cuenta creamos un vínculo emocional que fue pasando del gusto físico al cariño, y a otra cosa que me sigue dando miedo decir, de amor. Sé que no fui la mejor de las parejas contigo, pero aún tenía mucho que aprender de la vida, tenía mucho que aprender para darme cuenta de cómo son las cosas y entender la complejidad de las relaciones humanas, y me porté mal muchas veces contigo, pero carajo, de joven piensas que tienes todo el tiempo por delante, y que tendrás más oportunidades de hacer mejor las cosas, sólo que no hubo tiempo, no hubo tiempo para todo lo que yo quería cambiar, para todo lo que tenía que corregir, y no hubo tiempo para pedirte perdón…

 

Fueron seis años que estuvimos como pareja, con todos los problemas e imposibilidades por nuestras propias circunstancias, tú estabas casado, lo que teníamos era una relación sin futuro, pero con todo y eso nos las arreglamos para tener una relación de pareja. Era una relación donde sólo estábamos nosotros dos solos, no había nadie más, no había amigos, nunca fuimos a algún bar, a algún antro, nunca hubo necesidad de nada más, de nadie más, no necesitábamos validación de nadie, sólo hubiésemos deseado que las circunstancias fueran distintas y poder tener más tiempo para estar juntos. Pero ya no hubo tiempo, un día no te ví en el lugar donde solíamos encontrarnos, no estabas. No pensé que pasara algo malo, a veces nos pasaba, hasta que un par de días después un conocido común me fue a buscar a mi trabajo y con voz temblorosa me dijo lo que había pasado. No lo entendí, no pude entenderlo, éramos jóvenes, teníamos tanto tiempo por delante, y sin embargo ya no había tiempo para ambos. Fue un mes de Septiembre cuando dejaste éste mundo. No sé si presentías lo que iba a pasar, porque hablabas mucho de que cuando murieras querías que te cremaran, me decías: “estoy acostumbrado a andar de pata de perro, no voy a aguantar estar enterrado, quiero que me cremen y que mis cenizas vuelen para que pueda yo andar por donde quiera”.

 

Quiero pensar que lograste ser libre, pero tu ausencia me hizo un vacío en mí, tenía tantas cosas aún que decirte, y ya nunca te las podría decir, quería gritar, quería verte una vez más, pero ya no podía. Y lloré, y entendí que cuando uno llora así es por los remordimientos y las cosas inconclusas que deja uno ya sin poder decir jamás. Y pasaba que de repente me parecía verte por la calle caminando, a veces veía a alguien de espaldas y te veía a ti caminando, luego lo alcanzaba y veía que era cualquiera. No, no eras tú, pero te veía a menudo en algunas personas, en las calles que caminábamos juntos, en los lugares donde nos veíamos, eran instantes fugaces en que creía verte, instantes donde se removía en mí sentimientos que cuando estábamos juntos no los hacía conscientes. Creo que me di cuenta que te amaba hasta que ya  no estuviste conmigo. Y entonces lamenté mucho no haber podido hecho más, pero ya era tarde, y sólo tenía un sentimiento de culpa muy pesado. Recuerdo que, cuando te ví en el féretro, tu rostro era distinto al que yo había conocido, entonces te dije “perdóname”.

 

Semanas atrás, meses atrás habíamos hablado del callejón sin salida al que había llegado nuestra relación por el hecho de que eras casado, yo te presionaba porque después de tantos años quería más de ti, más tiempo juntos, y tú no podías. Me sentía culpable contigo por la forma como te traté, inmadura, caprichosa, pero me dijiste que no era mi culpa, porque “en el corazón no se manda”, y que también a ti te “habían faltado huevos” para tomar una decisión. Y después de tu muerte no quise entablar ya una relación, si bien me relacioné con otras personas, no volví a sentir lo mismo que sentí por ti, pude llevar una relación por un tiempo pero fracasó, conocí el mundo homosexual y me sumergí en él, pero un día conocí al hombre con quien ahora estoy. Nunca busqué una relación, nunca fue mi idea el tener una pareja y jugar a ser felices para siempre, pero las cosas simplemente se fueron dando a través de mucho tiempo.

 

Comenzamos como dos personas que se gustan para un encuentro ocasional, al que siguió otro, y otro más. Luego nos fuimos haciendo amigos y poco a poco nos fuimos conociendo como personas, como seres humanos, con bondades y muchos defectos, y fue difícil al inicio, porque éramos diferentes, en formas de pensar, en formas de ser, sinceramente nunca creí que pudiéramos llegar a algo, discutíamos mucho porque al no pretender que podía haber un futuro no nos importó mostrarnos tal cual éramos, con todos nuestros defectos, con todas nuestras manías, con todo lo que es desagradable en cada uno de nosotros y que cuando se son novios se oculta, se disimula, pero aquí no hubo eso, nos mostramos descarnados, digamos que nos conocimos en lo peor de cada uno. ¿Y sabes qué? con el tiempo supe que tenías razón, que en el corazón no se manda, ahora después de muchos años lo entiendo, porque me terminé enamorando de él y él de mí, y debo decirte que es una buena persona, y también entiendo que para defender lo que quieres hay que tener valor, hay que tener huevos como decías.

 

Con él tengo confianza para hablar de todo, y le he hablado de ti, no hay celos, sabe lo importante que fuiste en mi vida como la primer pareja que tuve y me ha preguntado algunas cosas de cómo fue esa parte de mi vida, y le he contado. Y es como si tú también lo conocieras. A menudo te sueño, y sucede que en mis sueño tú estás vivo y sólo has estado ausente por mucho tiempo y simplemente me dejaste de buscar, hasta que te encuentro de nuevo. Y cuando te veo me lleno de alegría y al mismo tiempo te pregunto dónde estuviste todos estos años, porque me dijeron que habías muerto, pero no es cierto porque aquí estás, ¿dónde has estado?. Tú me sonríes y encoges los hombros, no me dices nada y luego despierto. Hace poco te soñé pero ésta vez fue diferente, porque platicamos brevemente, en mi sueño tú conoces al hombre con quien hoy estoy y me dices “por fin encontraste a alguien para que esté contigo”, te digo que si y te veo sonreír con una mirada de aprobación y agregas “está bien que estés con él, te quiere”, yo trato de decirte muchas cosas pero al mismo tiempo sé que no hay nada que decir porque tú sabes todo lo que está pasando y entonces despierto, me quedo con una sensación agradable al saber que estás de acuerdo con la persona con quien hoy estoy.

 

Por eso hoy quiero también despedirme de ti como el hombre que amé en ese tiempo. Siempre vas a ser parte de la vida que he tenido, pero hoy quiero despedirme y decirte que no quiero cometer los errores que cometí contigo, hoy quiero hacer mejor las cosas, sé que seguiré cometiendo errores pero quiero poder reconocerlos y repararlos, porque no sé cuánto tiempo tenga aún, y lo que tenga quiero que sea bueno. Con él tengo sentimientos que hace mucho no tenía para con alguien, no fue algo que haya buscado, sólo se fue dando y fue creciendo con los años, hoy vivimos juntos de la forma que nosotros no pudimos vivir, cada noche dormimos juntos y nos abrazamos, a veces tengo pesadillas, mis demonios me atormentan pero él me abraza y me calmo y todo pasa. Sé que nos seguiremos viendo en algún sueño, pero ya será diferente, por eso hoy me despido de ti, de esa parte inicial de mi vida, de esa parte final de tu vida, una vida que hoy va a seguir adelante, con alguien que sé que conoces en mis sueños, porque la vida es sueño.

“Adiós amigo, mi mejor amigo, las cosas que ya no tuvimos tiempo de platicar ya nunca más las platicaremos, pero en el encanto pensaré en esas cosas y entonces también pensaré en ti, amigo, mi mejor amigo, adiós…”

 

Por: Martín Soloman


7 de abril de 2021

La casa del lago.

 Ya casi termina este largo viaje hasta nuestra cabaña, en el oculto lago natural, en nuestra siempre amada Provincia de Córdoba. Es nuestro refugio en los veranos desde hace ya tiempo. Ariel lleva conduciendo más de 5 largas horas desde que inició la madrugada. Al contrario de mí, a él le fascina conducir de noche. Hemos salido en la tarde desde Buenos Aires, pero un atasco en la autopista, en la congestionada autopista Buenos Aires- Rosario, nos hizo recalar en un pequeño estacionamiento de una gasolinera, hasta que el asunto se despejara ya pasada la medianoche. Ariel y yo aprovechamos esa espera y dormimos unas cuantas horas dentro de nuestra amplia rural. Está casi amaneciendo en estos últimos kilómetros que nos restan. Extiendo mi mano y acaricio su hombro. Ariel me devuelve el mimo poniendo su mano sobre mi pierna.

 


Nuestras vidas se cruzaron hace poco menos 10 años atrás, cuando yo comenzaba una dura rehabilitación por un Accidente Cerebro Vascular, el cual prácticamente casi acaba con mi vida a los 53 años. Ariel fue mi terapista designado en mi rehabilitación. El venía desde su lejano México, con sus hermosos 30 años a probar suerte a mi país. La primera vez que lo vi sentí una gran atracción hacia su persona. Su trato agradable y su responsabilidad profesional, me brindan un espacio de placer y seguridad únicos. Fue en una de las largas y duras sesiones de rehabilitación, en la pileta del instituto donde yo iba, que Ariel me contó de su inclinación sexual, a raíz de una larga conversación sobre su vida amorosa. Tal era nuestro grado de confianza y es por eso que no nos guardábamos nada a la hora de contarnos nuestras vidas. Fue realmente algo liberador para el contarme ese aspecto de su vida.

 Recuerdo que ya en esa etapa de la rehabilitación, solo mi pierna derecha quedó con un grado de dificultad menor para yo poder caminar aceptablemente bien. Su trabajo conmigo era intenso y con mucho contacto físico y creo que eso ayudó a afianzar mi confianza en él. Todo el tiempo de mi rehabilitación Ariel me contaba sobre su vida y yo de la mía. Realmente llegamos a conocernos muy bien y nada impedía que él o yo nos preguntáramos cosas muy profundas de cada uno. Una tarde y de regreso a mi casa (él siempre me venía a buscar y traer de vuelta a mi departamento, en el barrio central de la ciudad), Ariel se quedó conmigo para cenar juntos. Todo lo que hablaba con el me resultaba fascinante, lleno de mucho interés mutuo, que lógicamente me hacía mucho más placentero las dolorosas sesiones que ciertas veces debía afrontar.

 Recuerdo que mientras me contaba de su niñez en Acapulco, mientras yo preparaba el café, no pude reprimir el impulso y lo besé, sin aviso previo y en la boca. Él no ofreció resistencia alguna y luego, cuando terminé de besarlo, me confesó que nunca nadie le había hecho sentir algo tan profundo como yo. Entonces fue que volví a besarlo. Pasamos toda aquella noche hablando de nuestros sentimientos, de lo solo que nos sentíamos ante la vida y sin tener un amor que nos contuviera. Hicimos el amor y nos dimos cuenta que todo aquello que habíamos sufrido en el pasado, había desaparecido para siempre.

 Estamos llegando a nuestro destino y la cálida brisa de los cerros circundantes nos saludan con la mañana. Frente a nuestra cabaña y oculto entre los árboles se encuentra el hermoso lago de aguas cálidas y cristalinas. Ariel ama todo este bello entorno desde que lo descubrimos hace años atrás. En su Acapulco natal solía practicar su deporte preferido, el cual era el buceo. El lago es su espacio preferido en los veranos y en el practica sus inmersiones, munido de su máscara de buceo y sus aletas de goma siempre infaltables. Bajamos nuestros bolsos y Ariel estaciona la rural en el garage de la cabaña.

Lo noto algo cansado por el largo viaje, pero no obstante sus ojos adquieren otro brillo cuando me ve dirigirme a la cocina a prepararle un café que a él tanto le gusta que le haga. Me sigue hasta la cocina y siento sus manos en mis hombros. Desde aquella noche que nos amamos en mi departamento de la ciudad (Hace casi 10 años atrás), Ariel y yo jamás volvimos a separarnos. El vino a vivir conmigo de inmediato y desde ese entonces ha sido mi compañero de vida, mi terapista permanente y todo lo que un hombre puede pedir para ser feliz en la vida.

 Ariel luego pone sus brazos en cruz sobre mi pecho, acercándome a su cuerpo. Sus brazos tan musculosos, tan llenos de vigor me cubren, me rodean, me estrechan contra su cuerpo. Siento perfectamente el latido de su corazón en su fuerte pecho. El contacto de sus labios en mi cuello, su respiración que cada vez es más intensa y es como fuego en mi piel. Mis manos buscan sus manos, que ahora rodean mi cintura. Como un acto reflejo sus manos abandonan las mías y sus poderosos brazos ahora vuelven a rodear mi pecho con titánica fuerza. Por un instante creo perder la conciencia, pero de inmediato sus los mismos abandonan su presión y el oxígeno regresa a mis pulmones. Me da vuelta y me besa profundamente.

 Mis largos 63 años contrastan con sus vigorosos 40 años. Pero al contrario de toda maliciosa suposición de aquellos que no nos conocen, su amor hacia mí ha crecido, se ha vuelto mucho más noble que antes. Mi lento paso acompañado de un bastón, nunca ha sido un impedimento o una molestia para él. Se ha adaptado a mi discapacidad, pero también ha sido el poderoso motor para superarme siempre, para empujarme a llevar mis límites un poco más allá. Lo he visto llorar de emoción por mí, cuando yo caía totalmente agotado por el esfuerzo superador en mi rehabilitación. He visto su desesperación por temor a perderme, cuando hace un año atrás sufrí una crisis cardíaca, que afortunadamente pude revertir. "No sé qué sería de mi vida si te perdiera así, Héctor", era su ruego en las noches que no me abandonó ni un segundo cuando estaba en internación.

 "Deberías relajarte un poco en el lago, Ariel", le aconsejo a este hombre lleno de energías y pasión. "Ve y luego te preparo algo rico para el almuerzo, amor", es mi argumento para retrasar un poco sus ganas de tener sexo tan temprano. "El lago debe estar hermoso como para que practiques tu deporte preferido, Ariel", le digo acariciando sus fuertes hombros y señalándole las aguas cristalinas del mismo. Él, de mala gana me dice que si, que lo va a hacer y marcha a cambiarse a nuestro cuarto. Sé que su deseo es tener sexo ahora mismo conmigo, pero lo prefiero bien cansado antes, porque sé que lo hace mejor y luego queda dormido en mis brazos. Lo deseo tanto como el a mí, pero su juventud y su porte me avasallan, me dejan exhausto...Y así y todo no cambiaría un solo segundo por todo lo bello y mucho que siempre me entrega.

 Mientras observo cómo se saca la ropa y se pone su trusa ajustada de color negro para meterse al lago y bucear, observo su cuerpo musculoso, masivo, de una tez morena y sensual. Su trusa resalta sus hermosos glúteos y su sexo siempre vigoroso, deseable siempre para mí. Mientras lo veo cambiarse, recuerdo las primeras sesiones de fisioterapia que tuve con él, en la piscina del instituto de rehabilitación, allá en Buenos Aires. Me enamoraron sus manos sosteniendo mi cuerpo en el agua y ayudándome con mis movimientos, ejercitando mis músculos entumecidos. Todo en él era dulzura y delicadeza en su trabajo. Pienso que mi vida jamás sería la misma si no lo hubiera conocido. Él siempre me dice que mi amor lo cambió para siempre, que tal vez nunca se hubiera atrevido a amar a otro hombre, si no me hubiera cruzado en su camino.


 Lo veo dirigirse al borde del lago, caminando por el pequeño embarcadero de madera. Sus piernas siempre musculosas me hacen desearlo mucho más. Se sienta en el borde, se coloca su máscara de buceo y calza sus aletas negras en sus hermosos pies. Así como está lo deseo mucho más y él lo sabe, mientras me mira a lo lejos. Toda mi vista lo recorre desde sus hombros anchos, sus brazos musculosos, su panza tan sensual (tan sensualmente bella para mí), sus muslos y pantorrillas que son mi locura...Se sumerge con gracia y lo último que veo de él son sus aletas negras desapareciendo de la superficie mansa del lago. Mi corazón se estremece de solo imaginarlo desplazarse por la cristalina profundidad del lago. En un rato largo volverá cansado y yo estaré preparado para él.

 Hacía tiempo que queríamos volver a esta cabaña en Córdoba. Siempre terminamos eligiendo los adorables cerros y este lago que siempre fue mágico para Ariel y yo. Para él es un verdadero oasis en comparación al desquiciado ritmo de una ciudad tan loca como Buenos Aires. Lo veo en sus ojos cuando me cuenta de su amada Acapulco y sus playas de encanto. Tal como lo había imaginado y luego de poco menos una hora, lo veo salir del agua con su imponente y sensual figura. Su cuerpo aún mojado me resulta extremadamente atractivo bajo el sol de la mañana. Todo en él es virilidad y energía. Pero lo veo cansado por el esfuerzo. Cansado pero feliz de haberse desenvuelto en un ambiente que él ama. Lo espero en la puerta de la cabaña con un toallón enorme, proporcional a su figura corporal... y es entonces que comienza nuestro viejo ritual.

 Lo seco delicadamente mientras él se queda quieto. Le saco su trusa negra mojada y sigo secándolo en sus partes íntimas. El ritual incluye mirarnos en silencio y retardando cada movimiento mío para besarlo lentamente, en cada superficie de su cuerpo ya seca. Lentamente observo cada relieve de sus músculos y lo acaricio también del mismo modo, como un no vidente que escruta una superficie escrita solo para él, de manera repetitiva y primorosa. En realidad es muy poco lo que hago por él, en comparación a todo lo que hace por mí. Ariel fue cruelmente rechazado por su familia, cuando les confesó su homosexualidad.

 Toda su carrera como Fisioterapeuta la transcurrió en absoluta soledad y sin el apoyo moral de ellos. Por último, la mala elección de una pareja que terminó maltratándolo, aniquiló todas sus aspiraciones de tener a alguien que realmente lo contuviera. Se sentía tan apartado de todo lo que supuestamente le ataba a su vida, que simplemente decidió buscar nuevos horizontes. Fue así que gracias a una amiga argentina colega de él, que lo contactó con la posibilidad de un puesto de trabajo, llegó al Instituto de Rehabilitación en el cual yo empezaría mi tratamiento específico.


 Mientras tanto, en este momento para mí siempre irrepetible, voy secando lentamente sus hermosas y portentosas piernas, acariciando sus muslos, sus pantorrillas exuberantes de músculos marcados. Nuestro juego de seducción se potencia con nuestros deseos más profundos. Hacemos el amor de una manera masiva, con una urgencia que resignifica cada segundo como si fuera el último, como si no existiera un mañana posible en nuestras vidas. Ariel es todo esto en mi vida y mucho más. Él supo armar el disperso rompecabezas de mi pobre vida, cuando la tristeza de mi alma me hundía en un pozo inmenso de depresión, por mi ruinoso aspecto físico, luego del cruel ACV. Él puso luz, calidez, una leve cuota de humana compasión y el empuje vigoroso a mi aletargada voluntad. Nadie mejor que él para descifrar las claves ocultas en mi cabeza y por último en mi alma. Modificó y reconstruyó con partes nuevas mis viejas estructuras para siempre. Tuve que atravesar momentos duros de mi vida y el premio fue éste hombre maravilloso que ahora disfruta conmigo en esta cama. Está agotado pero sonriente. Todo su cuerpo me cubre y siento muy fuertes sus latidos. El tiempo se ha detenido y cada segundo se convierte en destellos, en momentos que quedarán grabados en mi mente para siempre. Nuestras manos se buscan, se entrelazan. Su respiración se vuelve pausada. Se ha quedado dormido en mis brazos, mientras el cálido viento de este mediodía entra por nuestra ventana. Quizás deberá ser que nuestro almuerzo se retarde…


 Por: Colaborador del Sur

6 de enero de 2021

HISTORIAS PARA NOCHES DE INSOMNIO 2

 LA VENTANA


Y ahí está él, observando como la luz del alba inunda todo por la ventana de nuestra habitación. Desnudo y a la tenue contraluz observo su poderoso cuerpo delineándose más allá de mi deseo. Sus brazos, sus piernas tensas y musculosas, sus anchos hombros que tantas veces he besado con devoción. Me acerco a él y con mis dedos ya percibo esa electricidad que emana en su piel. Percibo su excitación cuando acaricio su grueso cuello y entrelazo entre mis dedos sus cabellos cortos y suaves. Mi otra mano busca silenciosamente su talle y deslizo con delicadeza la misma,  hasta encontrar su miembro siempre duro y palpitante, esperando a ser más estimulado por mi amor. Apoyo mi cuerpo en su vigorosa espalda y fundimos mi deseo con su calor corporal ya sudoroso. Lo beso despacio y abrazo su pecho por detrás. Luego acaricio sus firmes y redondeados glúteos con verdadera pasión. Él se da vuelta, me toma por los brazos y me acerca hacia su pecho. Sus ojos me hunden en su castaño profundo y su boca ya está sobre la mía. Nuestras lenguas se entrelazan y se gustan profusamente. Alternativamente abandona con su boca mi boca en busca de mis pezones y mis pelos blancos en mi pecho. Esos que tanto ama y venera en mí. Su amor me atraviesa virtualmente, me lleva y me trae a lugares de placer, de ternura absoluta que solo él sabe crear para mí. Cada caricia de sus fuertes manos me hace temblar, me moviliza y me llena de profunda ternura. Luego yo me sostengo de sus brazos y desciendo hasta su centro, para lamer sus maravillosos y redondos recervorios de vitalidad masculina. Su miembro es todo mío y en cada succión de mi boca siento sus jadeos de placer y mis dedos acarician sus duros pezones. Espero su semen. Que brote con fuerza y que llene mi boca y cuando eso sucede siento sus hermosas piernas temblar. Es momento de llevarlo a nuestra cama en silencio, recostarlo boca arriba y abrazarlo y llenarlo de caricias. El amor que siento por mi hombre ya no tiene tiempo ni lugar... los primeros rayos del sol matinal comienzan a penetrar por  nuestra ventana...


 MI SUEÑO, CONTIGO


Me encontraba, nuevamente, en una playa solitaria, pero esta vez bien adentrado en la orilla y con mi cuerpo cubierto por el agua casi hasta los hombros. Como ya sabes, yo uso bastón para caminar, pero en esta ocasión el agua me ayudaba a flotar, a sostenerme, a hacer pie en el fondo. De repente veo que una figura se acerca por el fondo cristalino del mar hacia mí,  de frente. Me toca las piernas y emerge. Eras tú, con unas antiparras de buceo, una trusa azul oscura y las aletas negras de goma en tus pies. Me sostienes de la cintura, te bajas luego las antiparras a la altura del cuello y veo tu cara, tu grueso bigote oscuro,  bien tupido. Tus profundos ojos marrones que llenan de luz mi vida y que ahora tienen un brillo intenso,  como portadores de un deseo desbordante.   Pongo mis manos sobre tus hombros y puedo percibir su anchura, su musculatura. Lo mismo tus poderosos brazos con músculos marcados y tensos. Inmediatamente me aproximas contra tu cuerpo y siento la dureza de tu pecho y tu panza, que es hermosa para mí. Me dices que estás caliente, que me viste entrar al mar y que decidiste ir a mi encuentro de manera sorpresiva dando un rodeo y buceando hasta mi. Me dices que ya no puedes soportar tanta excitación, que algo tenemos que hacer con eso. Inmediatamente siento la dureza de tu sexo contra mí y tú me dices que te bese, que introduzca mi mano en el frente de tu trusa azul. Recuerdo vívidamente cómo crece, como palpita mientras comienzo a acariciarlo. Mi excitación creciente me lleva a  apretarlo de manera vigorosa. Me besas y siento el latido de tu miembro al compás de mi movimiento con la mano. Sin darme cuenta me has llevado donde ya no hago pie y siento el desplazamiento del agua mientras mueves tus poderosas y sensuales piernas y tus aletas golpean levemente mis pies. Me sostienes con una mano por la cintura y con la otra me tocas, me acaricias metiendo la mano en mi short de baño. Me pides que me sumerja, que bese tu pecho tus tetillas, tu sexo en total erección. Lo hago por breves segundos, mientras bajo la parte delantera de tu trusa. En mi breve y ardiente exploración de tu hermoso cuerpo, me percato de la dureza de los músculos de tus muslos y pantorrillas y las acaricio mientras tomo tu sexo ya desbordante, deliciosamente sobredimensionado, vigorosamente entregado ante mi persona.  Luego me levantas un poco, me besas y me pides que te masturbe. Te beso con más pasión y comienzo a masturbarte  de manera intensa. Unos segundos bastan para sentir ese estallido de vitalidad entre mi mano y un estremecimiento rápido afloja tus manos en mi cuerpo, me dejas de besar y te tiras levemente para atrás y por un instante siento que caes en un estado de inconciencia y tiendes a flotar boca arriba. Te recuperas de inmediato con vigor y me vuelves a sostener fuertemente, pataleando y evitando que yo me vaya a pique. Me das las gracias entre jadeos entrecortados y me vas acercando hasta donde puedo hacer pie por mis medios. Me abrazas fuertemente y aún siento esa dureza entre tus piernas y tus músculos tensos. Me besas con mucha pasión, me miras fijamente y te vuelves a poner las antiparras de buceo. Tus fuertes manos me acarician y siento como me estimulas al punto exacto de  mi orgasmo final.  Me das el último beso y luego te alejas de mi buceando hasta que ya te pierdo de vista. Regreso lentamente hasta el borde donde comienza la playa y mi sueño se desvanece, con las primeras luces del alba en la ventana. El sueño a terminado,  pero mientras abro los ojos siento tu respiración en mi hombro y tus brazos rodeándome  fuertemente.

 

EL JOVEN AMOR DE LUCAS


Aún guardo en mi piel el roce de tu piel tan tersa. Tus 27 años alborotaron cada milímetro de mi ser, a un punto que jamás pude y ni quise olvidar. Cada encuentro era para mí un reto, un dulce reto que pude superar gracias a cada caricia, cada beso que me robabas y disfrutábamos luego juntos,  porque hasta ese don tenías: El de darme el doble que obtenías de mí. Yo y mis estrenados 60 eran pura ebullición ante cada caricia, cada beso, cada mirada tuya. Preso de tu adorable voz juvenil, me disponía a recorrerte, a explorar el sentido de tu vida y la mía en cada susurro, en cada gemido de placer, de vida, de pleno y auténtico gozo y que rubricábamos con un largo beso, como a ti te gustaba, como a mí siempre me encendía.

Hoy existe un un inmenso océano que me separa de ti, que me aleja de aquellas sensaciones tan vividas,  tan permanentes en mi piel...Me queda la memoria de tu perfume en mis hombros, en la humedad de mis labios,  en el brillo de mis ojos verdes que tanto amabas. Estás grabado a fuego en mis mañanas y mis noches,  en el sonido de tus pasos. Pero no te puedo extrañar porque te amé y te seguiré amando toda mi vida. En cada frecuente llamada que haces, me recuerdas que nunca te vas a olvidar de mí, que fui el amor de tu vida aunque encuentres otro a quien puedas amar y compartir tus días. Esa será secretamente mi jactancia y nunca lo sabrás, porque mi silencio se vestirá de amor hacia ti siempre. Como un premio tardío pero delicioso, a tanta juventud que entregaste generosamente en mis brazos.

 Por: Colaborador del Sur