Desde los catorce años mis padres me enviaban de vacaciones a un
ranchito de mis abuelos en Jonacatepec. Más que vacaciones eran unas friegas
porque debía levantarme a las cuatro de la mañana y ordeñar a las dos vacas que
mi abuelo tenía y luego acompañarlo a la siembra. De ahí regresábamos ya como a
las dos de la tarde y comíamos lo que mi abuela había preparado. Algunas veces
cuando había con quien enviaba el almuerzo a la siembra por ahí de las diez u
once de la mañana. Cuando no, pues ni modo hasta la comida.
En ese entonces no existían las tomas de agua en cada casa, por lo que
en el canal de riego cercano, como a un kilómetro de distancia había que ir a
lavar y bañarse. Las señoras y los niños durante el día, los hombres en la
noche. Así que después de la comida una siesta y en la noche a bañarse. Casi
siempre íbamos en grupos de cinco o seis o más por cualquier animal o situación
peligrosa que pudiera darse. La verdad es que a mí nunca me toco nada malo.
Un día en que nadie fue a bañarse y que el calor había sido muy duro, me
sentí sudado, con mal olor y me dirigí
solo, llegué me encueré y comencé mi baño. Como a los cinco o diez minutos
llegó otro joven de mi edad más o menos, (ya para entonces tenía 17 años) y
este compa pues también se desnudó y comenzó a bañarse. Ya en el momento
comenzó la plática normal. Me dijo que él era de la comunidad, ahí vivía con
sus padres y hermanos, era huérfano de madre, por lo que ayudaba en el campo y
en su casa porque era el mayor de sus hermanos. Cuando terminamos el baño, no
había toalla, sólo la ropa que llevábamos puesta. En eso que me dice:
- Oye
- ¿qué onda?,
le contesté
- ¿Quién tendrá la verga
más grande tu o yo?
- No mames, yo no le hago
a eso. Le contesté
- No, mira aquí entre
compas
- Hizo el intento de
agarrarme la verga pero yo me retraje y me hice a un lado
- No me gusta, no sigas.
- Mira ya se me paró, me
contestó
- No, no me late, gracias
Hizo un segundo intento y finalmente me la agarró. Yo ya estaba con el
calzón puesto, era una truza. Al sentir su mano, la verdad sentí algo distinto.
Era la primea vez que alguien me tocaba de esa manera y la verdad si me excité
y se me paró luego luego, de volada como decimos por acá. Al notarlo él, obvio
lo hizo con más intensidad hasta masturbarme. Cuando finalmente me vine en su
mano, la verdad sentí delicioso y me gustó. Terminó de masturbarse se vino, me
enjuagó la verga y nos vestimos. Por el camino me platicó que sólo había hecho
la primaria, cuando falleció su mamá por un parto mal atendido. De ahí se hizo
cargo con su papá de sus cinco hermanos y hacía de todo, lo mismo el campo que
el mantenimiento. Atendía dos casas de familias que sólo venían a Jonacatepec
de vez en cuando y hacía la jardinería y el mantenimiento.
Llegamos hasta la casa de mis abuelos y nos despedimos. Pasaron como
cuatro días de esa experiencia y una noche, como a las nueve, cuando mis
abuelos ya dormían, escuché una piedrita en la ventana de la habitación donde
dormía. No me preocupe en salir hasta la segunda vez. Cuando abrí la
ventana lo vi sonriendo y me dijo en voz
muy baja.
- Mira, traigo unas chelas bien frías, ¿no
gustas una para el calor?
- Ya mis abuelos están
durmiendo, mejor otro día
- Ándale están muy frías
bien ricas. Son muchas para mi solo
- Está bien. Voy a
salirme pero no aquí en la puerta porque si oye mi abuelo va a salir y si se da
cuenta quién sabe cómo nos vaya. Mira nos vamos al cobertizo, donde están las
vacas y la pastura ahí vamos a tomárnoslas.
- Está bien donde tú
digas
Pues dicho y hecho, nos fuimos en silencio al cobertizo, estaba a
oscuras. Comenzamos a tomarnos la primera y la segunda platicando siempre muy
quedo, para no hacer ruido. Yo temía que
mi abuelo despertara y saliera a buscarme al no verme. Platicamos de puras
tonterías y ya por la cuarta cerveza me dijo:
- Oye y que te pareció lo
del otro día
- ¿Qué?
- Pos sí, el día del baño
cuando nos conocimos
- Creo que estuvo chido
después de todo. Le contesté
La verdad es que para ese momento se me empezó a parar la verga y creo
que él lo presintió. Sin decirme nada simplemente me la comenzó a sobar por
encima del pantalón y me dijo:
- A mí la verdad me gustó
mucho
- La neta yo me saqué de
onda al principio pero después ya me gustó
- Nunca nadie me había
agarrado ni me la había chaqueteado, la neta sentí rico
- ¿así como ahorita?
- Si, así como ahorita
Para eso ya me había metido la mano al calzón y la sacó. Me masturbaba
con mucha pasión pero a la vez con cuidado. En una de esas, yo me bajé el
pantalón y el calzón. Cuando el vio eso hizo lo mismo. Acercó su cara a la mía,
y me dio un beso que la verdad, no sé ni que sentí en ese momento, solo me dejé
llevar por el impulso. Sus labios carnosos morenos, su aliento cálido, nos
fundimos en un beso largo, entrelazamos nuestras lenguas, le pasé mi saliva, me
pasó la suya y los dos teníamos una erección que presagiaba algo más. Me quitó
la camiseta, comenzó a lamer mis tetas, mi ombligo, olió mis pelos pubianos, y
finalmente comenzó a lamer mi verga por fuera, como si fuera una paleta de
dulce. Sentí muy rico una sensación que
me causó deleite, gusto, nos besamos varias veces más y repetía la operación de
lamer mis chichitas, mi abdomen y finalmente se clavó sobre mi verga. Nunca me
la había mamado nadie. Esa primera vez fue indescriptible el placer. Lo hacía
con tal fruición, con tantas ganas que me excitó demasiado. Se bajó a mis
huevos, los comenzó a lamer, se los metía en la boca, los ensalivó y los dejó
mojados de su saliva. Volvió a besarme con tal furor que la verdad nunca había
sentido eso, era mi primera experiencia, muy rica, un placer desconocido para mí
hasta ese momento.
Después de eso, volvió a bajarse a mamar hasta que me vine en su boca.
Yo ya me había masturbado por lo que sabía la sensación de terminar, pero ese
día fue distinto. Nunca había terminado en la boca de alguien. Se me hizo
delicioso. Cuando expulsé todo el semen se lo tragó, no lo tiró. Limpió con su
lengua las gotitas que quedaron, se las comió y después de eso otro beso que la
verdad no hice ningún intento por desechar. Sentí su aliento y el sabor de su
lengua con una mezcla de cerveza, semen, calor y pasión. Muy rico. Terminamos
nuestras cervezas, nos vestimos y antes un beso más de despedida, largo,
pasional de lengüita y salivita, rico.
Pasó una semana en que no nos vimos. Un domingo día de plaza en
Jonacatepec, acompañé a mi abuela a comprar los víveres de la semana y cargar
la canasta. El sol arreciaba, la misa de 12 había comenzado y nosotros en el
mercado, uno de esos antiguos que era un gran solar techado y nada más, sólo
con instalaciones para las carnicerías. Ahí me lo encontré.
- Blas, ¿Qué andas
haciendo por aquí?
- Nada Hermi, vine igual
que tú a hacer el mandado y me regreso.
- A qué bien, yo vine con
mi abuela y también ya casi nos vamos
- A ver si nos toca irnos
en la misma combi al pueblo
- Si me gustaría, claro.
Pues dicho y hecho, nos fuimos de regreso en la misma combi, apretujados
entre bultos, canastas, niños llorones, señoras gordas y con un calor tremendo.
Después de un trayecto de veinte minutos llegamos. A descargar todo. Ya al
despedirnos le dijo a mi abuela
- Jefa, Hermi y yo somos
buenos amigos ¿le permitiría ir a mi casa más tarde? Usted conoce a mi jefe,
somos buenas personas no le hacemos mal a nadie.
- Está bien, ¿cómo a qué
horas?
- ¿Le parece bien como a
las cinco?
- Está bien, nomás no se
desvelen mucho porque mañana hay que pararse temprano.
- No jefa, claro que no
- Y nada de andar
haciendo cosas malas, buya a los vecinos o algo de lo que se puedan quejar
- No, jefa desde luego
que no
Con una mirada de complicidad me dijo:
- Te espero a las cinco
en mi casa.
- No sé dónde vives, le
contesté
- Ah, de veras. Entonces
paso por ti, con su permiso jefecita
- Si, está bien
muchacho, respondió mi abuela
Todo el rato que medió entre las dos y las cinco de la tarde, no se me
quitaba del pensamiento la experiencia última, la mamadota que me había dado.
Apenas podía contener la erección que me causaba recordar eso, pero era un
pensamiento que no se me iba de la cabeza. A las cinco en punto ahí estaba
Blas. Tocó la puerta, salió mi abuelo y le dijo
- Qué pasó, dime
- Vengo a saludar a
Herminio, la jefa le dio permiso de ir conmigo a mi casa. Vamos a cazar
aunque sea lagartijas.
- Mujer, ¿tú le diste permiso al muchacho de
salir?
- Ah, sí viejo, yo les di
mi permiso, pero si tu te opones no he dicho nada
- No, está muy bien
váyanse con cuidado.
Me salí de inmediato, la verdad ya con la verga parada y en un tramo del
camino cuando vi que no había gente le dije:
- Mira nomas cabrón como
me tienes, aquí con la verga bien parada babeando, no manches, no me la jalé
porque quiero que tú lo hagas.
- Mi amor —cuando me dijo
así, sentí campanitas— que rico yo también estoy así, esperando la hora para
verte, abrazarte, besarte, tenerte junto a mí, respirar el mismo aire, sentir
tu boca con la mía, todo mi amor.
Esas palabras me prendieron más, quería allí mismo agarrarlo y
abrazarlo, pero me contuve. Caminamos más de un kilómetro y nos metimos por un
maizal. Las milpas ya estaban altas, más que nuestra estatura. Ahí si lo agarré
lo abracé y le estampé un besote que a mí me supo rico y delicioso. El me jaló
más hacia dentro del maizal hasta donde el creyó que nadie nos vería. Ahí ya
besándonos juntando nuestros cuerpos y vergas bien erectas nos besábamos una y
otra vez, no sé cuántos besos. Me desabrochó el pantalón, lo bajó y comenzó a
lamer mi verga sobre el calzón, yo sentía delicioso, era una forma nueva para
mí de conocer a alguien de sentir eso que nunca había sentido con nadie. Le
quité su camisa comencé a besarle el cuello, a mamar sus chichitas, lamer su
ombligo oler sus axilas con olor a sudor de campo, seguimos besándonos
restregando nuestras vergas la una con la otra. Me bajó el calzón, se hincó y a
mamarla toda y los huevos también. Al cabo de unos minutos exploté en su boca,
me salió todo. Una vez más se lo tragó y luego se levantó para fundirnos en un
beso largo, muy largo.
Cuando finalizó el beso, me incliné a subir mi calzón y sin decir
palabra, simplemente se volteó y repegó sus nalguitas a mi verga, volteó su
cabeza y me tomó del cuello para darle otro beso que con cariño y pasión le di,
otra vez erección total, pero esta vez me ofreció lo más íntimo. No retiré mi
verga de sus nalgas y simplemente al oído muy quedo me dijo: soy tuyo mi amor,
todo tuyo, solo para ti. No supe ni que contestar. Es instinto animal me nubló
cualquier pensamiento. Intenté penetrarlo pero no pude a la primera. Se bajó me
la mamó y luego con su mano se abrió para que pudiera entrar mi falo en él.
Nuevamente una sensación distinta, algo desconocido para mí. Su cavidad
estrecha estaba calientita, húmeda, olorosa a él. No sé qué tenía pero su
culito jaló mi verga toda y pronto estaba toda dentro de él. Perdí la noción
del tiempo, no sé cuantos minutos pero sentí que ya iba a explotar nuevamente
quise sacar mi falo y le dije:
- Ya me voy a venir
- No, no, la saques
échame tus mocos dentro mi amor, dámelos todos quiero sentirte todo, dame todo
mi amor, por favor.
Pues con esa autorización desde luego seguí hasta que concluí todo
dentro de él. Al terminar se volteó para darnos un beso largo. Nos habían dado
ya las seis de la tarde el sol comenzaba a descender en el horizonte. Volvíamos
a nuestra casa, pero a mí no se me quitaba la calentura. Otra vez estaba
erecto. Recordaba cada cosa, cada momento. Blas lo notó y me comenzó a agarrar
la verga en el camino, pasamos por un promontorio y le pedí:
- Mámamela mi amor.
- Me contestó claro mi
cielo lo que me pidas.
Nos metimos entre la hierba y ahí mero se hincó nuevamente hasta que
terminé una vez más en su boca. Pasaron las siguientes semanas en que buscábamos
pretextos para estar juntos, a veces cuando podía me iba a ayudar a mis
trabajos con mi abuelo y luego dizque nos íbamos a jugar. Terminaron esas
vacaciones para mí inolvidables y únicas. Después pedía a mis padres permiso
para cada fin de semana irme al rancho de mis abuelos. Quise a Blas y creo que
lo sigo queriendo después de tantos años.
Enviado como anónimo