PAGINAS

7 de abril de 2020

A mis diecisiete


Desde los catorce años mis padres me enviaban de vacaciones a un ranchito de mis abuelos en Jonacatepec. Más que vacaciones eran unas friegas porque debía levantarme a las cuatro de la mañana y ordeñar a las dos vacas que mi abuelo tenía y luego acompañarlo a la siembra. De ahí regresábamos ya como a las dos de la tarde y comíamos lo que mi abuela había preparado. Algunas veces cuando había con quien enviaba el almuerzo a la siembra por ahí de las diez u once de la mañana. Cuando no, pues ni modo hasta la comida.

En ese entonces no existían las tomas de agua en cada casa, por lo que en el canal de riego cercano, como a un kilómetro de distancia había que ir a lavar y bañarse. Las señoras y los niños durante el día, los hombres en la noche. Así que después de la comida una siesta y en la noche a bañarse. Casi siempre íbamos en grupos de cinco o seis o más por cualquier animal o situación peligrosa que pudiera darse. La verdad es que a mí nunca me toco nada malo.

Un día en que nadie fue a bañarse y que el calor había sido muy duro, me sentí sudado, con mal olor y  me dirigí solo, llegué me encueré y comencé mi baño. Como a los cinco o diez minutos llegó otro joven de mi edad más o menos, (ya para entonces tenía 17 años) y este compa pues también se desnudó y comenzó a bañarse. Ya en el momento comenzó la plática normal. Me dijo que él era de la comunidad, ahí vivía con sus padres y hermanos, era huérfano de madre, por lo que ayudaba en el campo y en su casa porque era el mayor de sus hermanos. Cuando terminamos el baño, no había toalla, sólo la ropa que llevábamos puesta. En eso que me dice:

-          Oye
-          ¿qué  onda?,  le contesté
-          ¿Quién tendrá la verga más grande tu o yo?
-          No mames, yo no le hago a eso. Le contesté
-          No, mira aquí entre compas
-          Hizo el intento de agarrarme la verga pero yo me retraje y me hice a un lado
-          No me gusta, no sigas.
-          Mira ya se me paró, me contestó
-          No, no me late, gracias

Hizo un segundo intento y finalmente me la agarró. Yo ya estaba con el calzón puesto, era una truza. Al sentir su mano, la verdad sentí algo distinto. Era la primea vez que alguien me tocaba de esa manera y la verdad si me excité y se me paró luego luego, de volada como decimos por acá. Al notarlo él, obvio lo hizo con más intensidad hasta masturbarme. Cuando finalmente me vine en su mano, la verdad sentí delicioso y me gustó. Terminó de masturbarse se vino, me enjuagó la verga y nos vestimos. Por el camino me platicó que sólo había hecho la primaria, cuando falleció su mamá por un parto mal atendido. De ahí se hizo cargo con su papá de sus cinco hermanos y hacía de todo, lo mismo el campo que el mantenimiento. Atendía dos casas de familias que sólo venían a Jonacatepec de vez en cuando y hacía la jardinería y el mantenimiento.

Llegamos hasta la casa de mis abuelos y nos despedimos. Pasaron como cuatro días de esa experiencia y una noche, como a las nueve, cuando mis abuelos ya dormían, escuché una piedrita en la ventana de la habitación donde dormía. No me preocupe en salir hasta la segunda vez. Cuando abrí la ventana  lo vi sonriendo y me dijo en voz muy baja.

-          Mira, traigo unas chelas bien frías, ¿no gustas una para el calor?
-          Ya mis abuelos están durmiendo, mejor otro día
-          Ándale están muy frías bien ricas. Son muchas para mi solo
-          Está bien. Voy a salirme pero no aquí en la puerta porque si oye mi abuelo va a salir y si se da cuenta quién sabe cómo nos vaya. Mira nos vamos al cobertizo, donde están las vacas y la pastura ahí vamos a tomárnoslas.
-          Está bien donde tú digas

Pues dicho y hecho, nos fuimos en silencio al cobertizo, estaba a oscuras. Comenzamos a tomarnos la primera y la segunda platicando siempre muy quedo, para no hacer ruido.  Yo temía que mi abuelo despertara y saliera a buscarme al no verme. Platicamos de puras tonterías y ya por la cuarta cerveza me dijo:

-          Oye y que te pareció lo del otro día
-          ¿Qué?
-          Pos sí, el día del baño cuando nos conocimos
-          Creo que estuvo chido después de todo. Le contesté

La verdad es que para ese momento se me empezó a parar la verga y creo que él lo presintió. Sin decirme nada simplemente me la comenzó a sobar por encima del pantalón y me dijo:

-          A mí la verdad me gustó mucho
-          La neta yo me saqué de onda al principio pero después ya me gustó
-          Nunca nadie me había agarrado ni me la había chaqueteado, la neta sentí rico
-          ¿así como ahorita?
-          Si, así como ahorita

Para eso ya me había metido la mano al calzón y la sacó. Me masturbaba con mucha pasión pero a la vez con cuidado. En una de esas, yo me bajé el pantalón y el calzón. Cuando el vio eso hizo lo mismo. Acercó su cara a la mía, y me dio un beso que la verdad, no sé ni que sentí en ese momento, solo me dejé llevar por el impulso. Sus labios carnosos morenos, su aliento cálido, nos fundimos en un beso largo, entrelazamos nuestras lenguas, le pasé mi saliva, me pasó la suya y los dos teníamos una erección que presagiaba algo más. Me quitó la camiseta, comenzó a lamer mis tetas, mi ombligo, olió mis pelos pubianos, y finalmente comenzó a lamer mi verga por fuera, como si fuera una paleta de dulce. Sentí muy rico  una sensación que me causó deleite, gusto, nos besamos varias veces más y repetía la operación de lamer mis chichitas, mi abdomen y finalmente se clavó sobre mi verga. Nunca me la había mamado nadie. Esa primera vez fue indescriptible el placer. Lo hacía con tal fruición, con tantas ganas que me excitó demasiado. Se bajó a mis huevos, los comenzó a lamer, se los metía en la boca, los ensalivó y los dejó mojados de su saliva. Volvió a besarme con tal furor que la verdad nunca había sentido eso, era mi primera experiencia, muy rica, un placer desconocido para mí hasta ese momento.

Después de eso, volvió a bajarse a mamar hasta que me vine en su boca. Yo ya me había masturbado por lo que sabía la sensación de terminar, pero ese día fue distinto. Nunca había terminado en la boca de alguien. Se me hizo delicioso. Cuando expulsé todo el semen se lo tragó, no lo tiró. Limpió con su lengua las gotitas que quedaron, se las comió y después de eso otro beso que la verdad no hice ningún intento por desechar. Sentí su aliento y el sabor de su lengua con una mezcla de cerveza, semen, calor y pasión. Muy rico. Terminamos nuestras cervezas, nos vestimos y antes un beso más de despedida, largo, pasional de lengüita y salivita, rico.

Pasó una semana en que no nos vimos. Un domingo día de plaza en Jonacatepec, acompañé a mi abuela a comprar los víveres de la semana y cargar la canasta. El sol arreciaba, la misa de 12 había comenzado y nosotros en el mercado, uno de esos antiguos que era un gran solar techado y nada más, sólo con instalaciones para las carnicerías. Ahí me lo encontré.

-          Blas, ¿Qué andas haciendo por aquí?
-          Nada Hermi, vine igual que tú a hacer el mandado y me regreso.
-          A qué bien, yo vine con mi abuela y también ya casi nos vamos
-          A ver si nos toca irnos en la misma combi al pueblo
-          Si me gustaría, claro.

Pues dicho y hecho, nos fuimos de regreso en la misma combi, apretujados entre bultos, canastas, niños llorones, señoras gordas y con un calor tremendo. Después de un trayecto de veinte minutos llegamos. A descargar todo. Ya al despedirnos le dijo a mi abuela

-          Jefa, Hermi y yo somos buenos amigos ¿le permitiría ir a mi casa más tarde? Usted conoce a mi jefe, somos buenas personas no le hacemos mal a nadie.
-          Está bien, ¿cómo a qué horas?
-          ¿Le parece bien como a las cinco?
-          Está bien, nomás no se desvelen mucho porque mañana hay que pararse temprano.
-          No jefa, claro que no
-          Y nada de andar haciendo cosas malas, buya a los vecinos o algo de lo que se puedan quejar
-          No, jefa desde luego que no

Con una mirada de complicidad me dijo:

-          Te espero a las cinco en mi casa.
-          No sé dónde vives, le contesté
-          Ah, de veras. Entonces paso por ti, con su permiso jefecita
-          Si, está bien muchacho,  respondió mi abuela

Todo el rato que medió entre las dos y las cinco de la tarde, no se me quitaba del pensamiento la experiencia última, la mamadota que me había dado. Apenas podía contener la erección que me causaba recordar eso, pero era un pensamiento que no se me iba de la cabeza. A las cinco en punto ahí estaba Blas. Tocó la puerta, salió mi abuelo y le dijo

-          Qué pasó, dime
-          Vengo a saludar a Herminio, la jefa le dio permiso de ir conmigo a mi casa. Vamos a cazar aunque  sea lagartijas.
-          Mujer, ¿tú le diste permiso al muchacho de salir?
-          Ah, sí viejo, yo les di mi permiso, pero si tu te opones no he dicho nada
-          No, está muy bien váyanse con cuidado.

Me salí de inmediato, la verdad ya con la verga parada y en un tramo del camino cuando vi que no había gente le dije:

-          Mira nomas cabrón como me tienes, aquí con la verga bien parada babeando, no manches, no me la jalé porque quiero que tú lo hagas.
-          Mi amor —cuando me dijo así, sentí campanitas— que rico yo también estoy así, esperando la hora para verte, abrazarte, besarte, tenerte junto a mí, respirar el mismo aire, sentir tu boca con la mía, todo mi amor.

Esas palabras me prendieron más, quería allí mismo agarrarlo y abrazarlo, pero me contuve. Caminamos más de un kilómetro y nos metimos por un maizal. Las milpas ya estaban altas, más que nuestra estatura. Ahí si lo agarré lo abracé y le estampé un besote que a mí me supo rico y delicioso. El me jaló más hacia dentro del maizal hasta donde el creyó que nadie nos vería. Ahí ya besándonos juntando nuestros cuerpos y vergas bien erectas nos besábamos una y otra vez, no sé cuántos besos. Me desabrochó el pantalón, lo bajó y comenzó a lamer mi verga sobre el calzón, yo sentía delicioso, era una forma nueva para mí de conocer a alguien de sentir eso que nunca había sentido con nadie. Le quité su camisa comencé a besarle el cuello, a mamar sus chichitas, lamer su ombligo oler sus axilas con olor a sudor de campo, seguimos besándonos restregando nuestras vergas la una con la otra. Me bajó el calzón, se hincó y a mamarla toda y los huevos también. Al cabo de unos minutos exploté en su boca, me salió todo. Una vez más se lo tragó y luego se levantó para fundirnos en un beso largo, muy largo.

Cuando finalizó el beso, me incliné a subir mi calzón y sin decir palabra, simplemente se volteó y repegó sus nalguitas a mi verga, volteó su cabeza y me tomó del cuello para darle otro beso que con cariño y pasión le di, otra vez erección total, pero esta vez me ofreció lo más íntimo. No retiré mi verga de sus nalgas y simplemente al oído muy quedo me dijo: soy tuyo mi amor, todo tuyo, solo para ti. No supe ni que contestar. Es instinto animal me nubló cualquier pensamiento. Intenté penetrarlo pero no pude a la primera. Se bajó me la mamó y luego con su mano se abrió para que pudiera entrar mi falo en él. Nuevamente una sensación distinta, algo desconocido para mí. Su cavidad estrecha estaba calientita, húmeda, olorosa a él. No sé qué tenía pero su culito jaló mi verga toda y pronto estaba toda dentro de él. Perdí la noción del tiempo, no sé cuantos minutos pero sentí que ya iba a explotar nuevamente quise sacar mi falo y le dije:

-          Ya me voy a venir
-          No, no, la saques échame tus mocos dentro mi amor, dámelos todos quiero sentirte todo, dame todo mi amor, por favor.

Pues con esa autorización desde luego seguí hasta que concluí todo dentro de él. Al terminar se volteó para darnos un beso largo. Nos habían dado ya las seis de la tarde el sol comenzaba a descender en el horizonte. Volvíamos a nuestra casa, pero a mí no se me quitaba la calentura. Otra vez estaba erecto. Recordaba cada cosa, cada momento. Blas lo notó y me comenzó a agarrar la verga en el camino, pasamos por un promontorio y le pedí:

-          Mámamela mi amor.
-          Me contestó claro mi cielo lo que me pidas.

Nos metimos entre la hierba y ahí mero se hincó nuevamente hasta que terminé una vez más en su boca. Pasaron las siguientes semanas en que buscábamos pretextos para estar juntos, a veces cuando podía me iba a ayudar a mis trabajos con mi abuelo y luego dizque nos íbamos a jugar. Terminaron esas vacaciones para mí inolvidables y únicas. Después pedía a mis padres permiso para cada fin de semana irme al rancho de mis abuelos. Quise a Blas y creo que lo sigo queriendo después de tantos años.

Enviado como anónimo