23 de julio de 2014

El casado, ella y yo

No sé cómo llegamos a esto, pero quizá es la solución perfecta para todos, o al menos eso era lo que yo pensaba. Cuando me casé, por presiones de la familia, tenía claro que mi preferencia sexual era otra, y sin embargo me vi obligado a casarme. La primera noche fue la más difícil de todas, consumar la relación sexual me llevó casi toda la noche, fue cerca del amanecer cuando por fin pude hacerlo. Mi esposa fue una mujer de pueblo sin más estudios que la secundaria y poco a poco se fue abriendo paso en la vida por su cuenta y de alguna manera era admirable. 

Sin embargo, mi instinto era mas fuerte que yo, y aunque tuvimos a nuestro primer hijo, no dejaba yo de frecuentar un cine local donde tenía sexo ocasional con otros hombres. En una de esas escapadas conocí a José Luis, me agradó su sonrisa franca, su forma de ser, era mas alto que yo, de pelo quebrado, bigote y pelo en pecho, no se veía que fuera “de esos”. Ese día salimos juntos del cine, me invitó una cerveza y contra lo que siempre hacía acepté. En esa breve plática supe que trabajaba muy cerca de donde yo me encontraba trabajando, aunque vivíamos por rumbos diferentes y por eso nunca nos habíamos cruzado en el camino antes. Donde yo vivía estaba lejos del cine, así que nos despedimos y le di el número de teléfono de mi trabajo (en aquel tiempo tener celular no era común). Pasaron algunos días y un buen día me llamó, a mi me dio gusto y a partir de ese día comenzamos a salir con mayor frecuencia. Pero mi situación de casado complicaba mucho mis tiempos, y mi segundo hijo estaba por nacer, así que un día le pedí que fuera conmigo a mi casa, él se mostró renuente de tratar a mi esposa, pero yo lo convencí de que viniera y lo presenté como un compañero de trabajo. Debo reconocer que José Luis tenía un gran carisma y sabía ganarse la confianza de los demás mi esposa no fue la excepción. 

A partir de ese día a veces iba a buscarme a mi casa y se fue haciendo de la confianza de todos, para ese momento mi hijo el mayor le comenzó a decir “tío Pepe”, y él correspondía de alguna manera a eso, le llevaba algún juguete de vez en cuando. Le dijimos a mi esposa que a José Luis lo habían cambiado de trabajo pero que estaría cerca y así fue. El pasaba por mi a la casa y salíamos juntos a un bar, por lo menos es lo que decíamos, porque realmente íbamos a casa de José Luis a tener sexo. Luego más tarde él me regresaba a casa en su coche. Curiosamente mi esposa se sentía tranquila de que yo saliera con José Luis, pensaba que de esa forma estaba yo mas seguro y que difícilmente le pondría el cuerno con alguna otra mujer. Y así era, porque ya tenía a José Luis, y yo quería estar cada vez más con él, pero no podía terminar mi matrimonio, aunque ya no sentía amor por mi esposa si sentía cariño y agradecimiento, además que mis hijos eran pequeños y necesitaban a su madre, a mi y a su “tío Pepe”. Sin embargo, probablemente para mi era la situación más cómoda de resolver todo, el triángulo amoroso estaba aparentemente solucionado al tener juntos a mi esposa y a José Luis, aunque él fuera el que más perdía y siempre me reclamaba el querer tenerme solo para él, sin tener que estar disimulando con mi esposa y pretendiendo ser el “tío” de mis hijos.

A veces hay oportunidades que uno no aprovecha, o que se resuelven en el sentido opuesto al que uno esperaría, en una reacción inesperada incluso para uno mismo. Fue una Navidad que invitamos al “tío Pepe” a pasarla con nosotros, comenzamos a tomar desde la comida, para la cena ya estábamos algo pasados de copas todos, después de darles sus regalos a los niños y que estos jugaran ya estaban casi dormidos, así que decidí ir a acostarlos mientras mi esposa iba a la cocina por hielo. Me los llevé a su cuarto y los acosté a dormir, ya era tarde y cerré su puerta. Cuando regresé a la sala no encontré ni a mi esposa ni a Pepe, así que me asomé a la cocina y entonces ví a José Luis y a mi esposa besándose, me quedé parado viéndolos sin decirles nada, sin saber cómo reaccionar. Quizá fue el alcohol, quizá fue otra cosa, me fui acercando lentamente a ellos que voltearon a verme y entonces los tomé a cada uno por la cabeza y los besé a ambos. Lo que pasó después puede que no lo tenga muy claro, puede que sí, pero esa noche la pasamos los tres juntos en la cama, tuvimos sexo entre los tres, y fue algo placentero, muy intenso, hasta ese momento yo no sabía que José Luis también pudiera tener sexo con una mujer, y esa noche me lo demostró, aunque después haya dicho que lo hizo porque yo estaba ahí.

Al día siguiente él se despertó primero y se fue, mi esposa y yo no dijimos nada pero por su actitud supe que había sido de su agrado. Más tarde hablé con José Luis, pretendí reclamarle y me atajó diciéndome que no podía yo esperar otra cosa ya que yo no había tomado decisiones y que quería tener todo, una esposa, hijos y un amante en la misma casa, y que ahora ya lo tenía todo. En cierta forma tenía razón, pero tampoco sé por qué no le reclame nada a mi esposa, quizá era el pretexto para dejarla, pero no fue así. Esa fue la primera de muchas noches que pasamos juntos, hicimos casi de todo, nunca nos reclamamos nada y el tiempo fue pasando, todos aparentemente contentos, hasta hace unos días. 

Era un viernes, hubo un convivio en el trabajo al cual no quise ir y preferí regresar temprano a casa. A esa hora sabía yo que no había nadie en casa, entré con pensamientos en mi cabeza y entonces escuché ruido el fondo, me extrañó y estos venía de la recamara principal. Me acerqué y reconocí los ruidos, reconocí las voces, era mi esposa y José Luis teniendo sexo. Me alejé sin hacer ruido y me salí de la casa sin saber que era lo que había visto. Me fui a tomar y regresé ya tarde, me esperaban mi esposa y José Luis, les dije que había ido a un convivio y se me habían pasado los tragos, me disculpé y me fui a dormir. He estado pensando muchas cosas, y no sé qué hacer, pretendí tener todo junto, el amor, la familia, el amante, formé una complicada red de relaciones personales que no puedo deshacer tan fácil, los niños quieren mucho a su “tío” y no sé qué es lo que mi esposa sienta, no sé dónde termina el amor y donde comienza el sexo, y al final yo he sido el que ha quedado atrapado en esta red de mentiras donde el engañado soy yo. Esta noche he salido a tomar, sé que al regresar estarán mi esposa y José Luis esperándome, he tomado lo suficiente para darme valor, me toca confrontarlos, aunque más que a ellos, a mi mismo, y entonces será el momento de tomar decisiones, a pesar de que sé que alguien va a salir perdiendo…

16 de julio de 2014

Porque soy como tú

Mi vida siempre ha sido muy rutinaria y ha estado marcada por un evento doloroso que no  acababa de comprender, cuando tenía unos diez años un buen día mi madre se fue, sin decir nada, solo sé que ese día mi papá fue por mi a la escuela y me abrazó mientras lloraba. Aunque los recuerdos que guardo de mi madre no son todos agradables, los últimos están marcados por regaños y reproches hacia mi que a esa edad no entendía. Siempre cuestioné a mi padre, pero nunca tuve respuestas, con el tiempo terminé echándole la culpa del abandono de mi madre, él nunca dijo nada, siempre fue de pocas palabras, y desde entonces se dedicó a educarme, como pudo, entre su trabajo y la casa, nunca tuvo tiempo para buscar a otra esposa y desde entonces solo nosotros nos quedamos solos en la casa.
Pasó el tiempo, terminé de estudiar y conseguí mi primer trabajo, quedaba lejos de la casa, tenía que tomar dos camiones. Esa tarde regresaba del trabajo, era otro día entre semana, un día gris como todos, rutinario, el camión atestado de gente, pensé que debía dormir un poco y cuando intente cerrar mis ojos, de pronto vi algo llamativo, abrí bien los ojos y afuera estaba un joven de unos 25 años, que vestía una playera verde sin mangas, un pantalón gris de mezclilla, llevaba también un cinturón de trapo color hueso y botas cafés. Su piel era blanca, de un tono agradable a mis ojos y un cabello cortísimo, pero lo mejor era que tenía una expresión muy varonil.
Esa tarde dejo de ser aburrida para mi, de pronto me sentí motivado y mientras observaba al chico guapo le di rienda suelta a mi imaginación, hasta llegar a mi parada para transbordar y él también bajo. En ese espacio de tiempo yo lo miraba de reojo para no delatarme, se veía muy varonil. De pronto se me acercó y me preguntó si sabía cuál  iban camión iba para mi colonia, le dije que yo iba para allá que cuando llegara el camión, le diría.
Comenzamos a platicar, me dijo que visitaba a su novia, que llevaban poco tiempo y no recordaba bien donde debía bajarse y comenzó a explicarme lo que su novia le había dado de señas para llegar hasta su casa, yo me ofrecí a acompañarlo hasta la casa de ella, pues solo vivía como a diez cuadras de la mía (y sí que estaba lejos). Cuando llegamos, su novia salió y platico con él mientras yo esperaba a distancia, su rostro antes alegre cambio y ahora reflejaba lo decepcionado que estaba. Le pregunte que ocurría y me dijo que habían planeado estar juntos esa noche, pero que ahora ella decía que no se podía, que su familia no saldría y que no podía quedarse.
Aproveché para invitarlo a mi casa y tomar un café, acepto y comenzamos a caminar, pude observar que tenía un cuerpo hermoso, sabía que ya no le daba tiempo volver hasta su casa, ya era tarde y no habría transporte y él no tenía suficiente dinero para un taxi de regreso, así que lo invite a quedarse en mi casa, que mi familia era muy hospitalaria y que solo la componíamos mi papá y yo. Nunca había invitado antes a nadie y no sabía que reacción podría tener mi padre al verme llegar con un amigo que nunca antes había visto, pero él no parecía ser alguien problemático. Comenzamos a platicar, se llamaba Sebastián, su nombre me gustó. Comenzó a decirme que recientemente, dos años antes, había llegado a la ciudad para terminar la Universidad y que aún había cosas de los citadinos que desconocía. Cuando le pregunte que había estudiado, evadió mi pregunta comentando otra cosa, pero no lo olvide. Me pregunto si lo veía muy pueblerino, yo conteste que a simple vista parecía un joven moderno por su estilo de vestir, pero que ya platicando notaba un acento diferente al de los citadinos y que eso lo hacía ver muy varonil. Me dijo que no era tan joven como aparentaba, conteste que yo le calculaba unos 25 o 26 años, a lo cual sonrió y me dijo que no sabía calcular su edad, que tenía 29 años y que ahora tenía un trabajo modesto.
Mientras nos dirigíamos a mi casa, pasábamos por un pequeño bar al que yo acostumbraba ir, y buscando hacer tiempo, le invité a tomar una cerveza, él aceptó. Su compañía era muy agradable, así que nos tomamos varias cervezas y me comenzó a conquistar, su forma de hablar era la de una persona autentica, que es coherente con lo que piensa, si parecía un tanto pueblerino por su tono, pero su forma de hablar demostraba conocimiento. Así pasamos las horas y cerca de la media noche me dijo que tenía sueño, que si podíamos llegar a mi casa a descansar. Cuando llegamos a mi casa yo estaba nervioso, le pedí que me dejara entrar primero y no hiciera ruido, mi papá veía la TV de espaldas a la puerta de la entrada y solo me preguntó, sin volver la cabeza, si había tomado, le dije que sí, que no se preocupara y que ya me iba a mi cuarto, él me dio las buenas noches y siguió viendo la TV sin voltear a verme, a señas le indiqué a Sebastián que pasara y le indiqué subiera las escaleras, el ruido de la tele nos ayudó. Cuando entramos a mi cuarto le deje mi cama, yo dormiría en un sleeping bag que tenía guardado, pero él me dijo que no quería incomodarme y que durmiera con él en la cama. Yo feliz.
Comenzamos a platicar en voz baja, me dijo que yo era muy agradable y hospitalario, no sé si eran las cervezas pero me sentí en confianza y le conté que desde hacía tiempo no conocía a nadie que me transmitiera tanta confianza y seguridad y que quizá por eso le había hecho la invitación de quedarse en mi casa, después salió el tema de mi madre, un recuerdo que aún me dolía, no pude contener mis lágrimas y de pronto me abrazo y me estrecho contra su cuerpo, me hizo sentir tan bien que le conté cómo nos había abandonado sin explicación, pero él me tranquilizo y entonces pude sentir su erección, me dijo que si quería tener sexo y acepte, lo demás para qué más detalles, solo puedo decir que me dejé llevar por él, vibrando con cada parte de su piel, sintiendo cada caricia, cada beso, y entonces me perdí en la noche.

Al día siguiente, desperté muy feliz, pero él ya no estaba, baje y vi a mi papá preparando el almuerzo, al ver mi expresión mi papa pregunto ¿perdiste algo? Titubeando le dije que no, mientras pensaba que quizá todo había sido un sueño de una noche de borracho. Mi padre puso el desayuno en la mesa, me sirvió un café cargado y entonces me dijo: “Sé que no llegaste solo anoche”. Yo me quedé mudo mientras lo veía sintiéndome descubierto en mi sexualidad. Él tenía la mirada baja, y mientras yo trataba de balbucear me dijo: “Ya era tarde anoche y estaba pendiente de que llegaras, vi por la ventana que no venías solo, pero no quise decirte nada, sé que pasaste la noche con un hombre..:”. Mi cara se puso roja de vergüenza, él me miró y me dijo que no me sintiera mal y continuó hablando: “Es tiempo que sepas por qué tu madre nos dejó, porque yo también soy como tu…” No recuerdo bien todas sus palabras, solo sé que fue forzado a casarse muy joven cuando embarazó a mi madre cuando él experimentaba con su sexualidad sin definirse totalmente, sé que nunca hubo una buena relación entre ellos pero hasta ahora sabía los motivos, mi padre salía mucho y fue en una ocasión en que lo siguió y lo descubrió con otro hombre, entonces lo odió a él y a todo lo que lo recordara, y un día se fue, sin más explicación. Mi padre cargó con la culpa y dejó su vida personal a un lado para criarme, sacrificó sus mejores años y ocultó su preferencia, no volvió a tener ninguna pareja, mujer ú hombre, y hasta esa mañana supe toda la verdad. El tiempo había pasado sin darme cuenta, ya era tarde para ir a trabajar, llamé diciendo que había tenido un contratiempo y me salí de la casa a caminar sin rumbo fijo, pensando, recordando, llorando, hasta que el cansancio agotó mis piernas. Regresé a mi casa, ahí estaba mi padre, sin decir nada solo lo abracé y lloramos juntos. No volvimos a tocar el tema, no lo cuestioné, y la herida del abandono de mi madre comenzó a cerrarse.
Pasaron los días, no volví a ver a Sebastián, pero lo recordaba con una mezcla de sentimientos, él había sido el catalizador de todo, no sabía bien lo que sentía por él, solo que de alguna forma lo extrañaba. Cierto viernes, al salir del trabajo me baje antes de mi camión y pase al bar que acostumbraba, ahí me pedí una cerveza, y luego otra, de vez en cuando miraba a la puerta cuando alguien entraba, deseando fuera Sebastián, pero eran otros, sabía que este no era su rumbo. Ya era tarde cuando decidí pedir una última cerveza antes de ir a casa, cerré los ojos mientras daba un sorbo a mi cerveza y entonces no sé si comencé a soñar de nuevo, solo sé que escuché una voz que me hablaba al oído y que me decía: “tenía tantas ganas de verte…”


2 de julio de 2014

Imágenes de la marcha 2014

A continuación, les compartimos un video con las imágenes tomadas en la marcha del 28 de Junio pasado.
Gracias a todos los que posaron para una foto con Soloman