¿No te has
arrepentido?
Por: Gabo Ortiz
Pone nombre a las
estrellas
Sabe cuánto me hace
reír
Una noche como ésta
Creo ellas la dejaron
aquí… (Año nuevo, división minúscula)
Como ya conté en la
historia pasada, decidí irme de la colonia en la que vivía con un corazón, si
bien no roto, lleno de nuevas experiencias y, lamentablemente, con un vicio que
me costó horrores dejar, una adicción a la cocaína que me trajo días de desvelos,
mal humor y estrés hasta que logré superar, por propia voluntad, esa ansiedad
que en mí sentía pero, además, dejé un recuerdo, algo que en mi vida creí no
volvería a encontrar…
Dos semanas antes de
dejar la colonia en la que vivía y aún siendo chavo banda y drogadicto, estaba
en el lugar usual, en la esquina, esperando a los otros, solo y fumando un
cigarro cuando pasó un joven, desconocido completamente para mí pero que, al
verlo, me atrajo de manera inmediata, moreno, de piel curtida por el sol, postura
llena de seguridad, vestido con una camiseta blanca sin mangas que dejaba ver
sus fuertes brazos y un pantalón de mezclilla azul manchado de pintura y que,
con sólo ver, hizo que algo en mí reaccionara así que, sin dudar y con las
actitudes que de la banda había aprendido, en tono de broma, le pregunté si no
cooperaba para comprar una chela pero su respuesta, por así llamarla, me sacó
de onda por completo ya que, sin decir nada en lo absoluto, me barrió con la
mirada con una extraña mezcla de tristeza, desprecio e incluso rencor, tras lo
cual siguió caminando hasta perderse de vista en una calle cercana mientras que
yo, tras dedicarle un pensamiento más, continué esperando a los otros sin darle
más importancia de la que según yo merecía.
En los días siguientes,
mis últimos viviendo ahí, me lo seguí encontrando varias veces e incluso, a
modo de burla, lo saludaba recibiendo como única respuesta esa misma mirada
despectiva de parte suya pero, finalmente, me marché de ahí sin saber nada de
él, seguí con mi vida, me junté con otro chavo que también forma otra historia,
acabé mi carrera y conseguí un trabajo como maestro de universidad de vuelta en
mi pueblo sin pensar casi en ese pequeño pasado.
5 años después, tras
un año de haber terminado con esa otra persona, yo soñaba con volver a Pachuca,
extrañaba la ciudad, la facilidad y la libertad que no se tiene en un pueblo
así que, aprovechando mis vacaciones y que ya en ese tiempo tenía una casa
propia a la cual llegar, volví a Pachuca a buscar una oportunidad laboral
mientras entablaba una relación tras otra sin hallar nada que me satisficiera
realmente, para mí, en esa etapa de mi vida, todo era sólo sexo, sólo carnal y
nada emocional.
En una de esas
aventuras conocí por chat a un chavo, uno de tantos que habla maravillas de sí
mismo, se decía modelo y actor y aseguraba ser bueno en la cama, lo clásico en
este ambiente pero, tras intercambiar fotos, me dio curiosidad así que, tras
platicarlo un poco, al fin decidimos conocernos en una fiesta que iba a dar un
amigo suyo en esos días, aún recuerdo la fecha, 12 de febrero de 2010, como si
fuera ayer.
Ese día me esmeré en
mi arreglo personal como hacía tiempo que no lo hacía y partí al lugar de
encuentro hallándome en una casa de esas de Infonavit de un solo piso y en la
cual fui recibido por el anfitrión, un sujeto mayor que yo que, amablemente, me
explicó que mi contacto me había dado mal la hora de la fiesta y que esta no
empezaría hasta dos horas después pero, aún así, me recibió en su casa, me
presentó a su supuesta pareja y preparó micheladas para los tres en lo que
llegaban los invitados encargándose por supuesto mientras tanto de ponerme al
día acerca de mi contacto, del que, si bien no habló mal, tampoco tuvo nada
bueno que decir aunque hizo lo imposible por contenerse a instancias de su
pareja, el cual me aseguró que no era para tanto.
Así las cosas, estaba
por marcharme de ese lugar sin siquiera conocerlo cuando al fin los invitados
empezaron a llegar uno a uno incluyendo al famoso modelo, el cual, con una mirada,
acabó de desilusionarme por completo, sus retocadas fotos no coincidían en lo
absoluto con su rostro real aún cubierto de acné por la etapa de la
adolescencia y sus amaneramientos me resultaron chocantes así que, tras
saludarlo y ver que él tampoco demostraba mayor interés en mí, decidí irme de
una vez por todas de ese lugar antes de decepcionarme aún más pero, cuando me
acerqué al anfitrión para agradecerle por sus atenciones, este me dijo que
tenía a otra persona que presentarme y sin más, llamó a un chico moreno cerca
de ahí y, al tiempo que guiñaba un ojo en complicidad, me dijo que ese era
Osmar, (no nombre real) su pareja, mi asombro no fue tan grande al descubrir
las infidelidades de mi anfitrión como lo fue al notar que, frente a mí, tenía
una vez más a esa persona que, 5 años antes me había fascinado tanto con su
visión y que ahora, sin reconocerme siquiera, me ofrecía su mano con una amplia
y muy hermosa sonrisa, misma que tomé al tiempo que me presentaba con él y
sintiendo una corriente eléctrica por todo mi cuerpo al comprender,
súbitamente, que la fuente de un recuerdo tan fugaz tenía las mismas
preferencias que yo pero que, tristemente, ya estaba en una relación.
Ya tras haber saludado
a Osmar, el resto de la fiesta me la pasé tranquilo, estuve platicando aquí y
allá con gente que desconocía e incluso él, tras perderse unos minutos con el
anfitrión, algo que provocó en mí una oleada de celos, volvió y empezó a hacer
plática con otro chico mientras que yo, disimuladamente y con pretexto de tomar
otra cerveza del cartón cercano, me acercaba para oír todo lo que decían hasta
que, finalmente, logré que ambos me involucraran en la plática, la cual giró
desde conocernos mejor, preparación e incluso, cerca del final de la misma, el
clásico intercambio de números de celular entre los tres antes de que el
anfitrión anunciara que ya no había más bebida y que nos la seguiríamos en un
bar de ambiente cercano, momento en el cual el otro chico aprovechó para
despedirse mientras que yo, aunque igualmente ya deseaba ir a descansar a mi
hogar, decidí aún acompañarlos un rato al bar al notar que Osmar, notoriamente
tomado, apenas y podía cuidar de él, algo que tanto su supuesto novio como los
invitados aprovecharon para meter mano en donde fuera sin que él protestara,
una situación desagradable que continuó en el bar y que, aunque hice lo posible
por convencerlo de que tomara un taxi para irse a su casa o quizás quedarse en
la mía, al final acabó mal ya que este se molestó y, asegurando que sabía lo
que hacía, me pidió que lo dejara en paz así que, ofendido y decepcionado una
vez más por él, al fin regresé a casa solo e indeciso si volver a contactarlo.
En los días
siguientes, regresé a mi pueblo a visitar a la familia y a pasar el 14 de
febrero con un par de “amigos” que más que nada eran jotas de rancho, borrachos
y sin ambición alguna pero que, en ese tiempo, eran lo más cercano que tenía a
amistad cerca de mi hogar y no fue hasta el día martes que regresé a Pachuca a
seguir buscando trabajo cuando, mirando en mi celular, hallé otra vez el número
de Osmar y el del otro chico y, aunque un poco inseguro en un principio, les
marqué a ambos con el objetivo de reunirnos, quizás tomar una cerveza y volver
a conversar como habíamos prometido pero, mientras que el otro chico, que,
coincidentemente se llamaba igual que yo, ni siquiera se molestó en contestar,
Osmar lo hizo de inmediato y tuvo lugar una de las llamadas más confusas de mi
vida ya que, en lugar de decirme que no podía o algo por el estilo, me aseguró
que se acordaba bien de mí y que de hecho ya habíamos quedado que ese día nos
veríamos en tal lugar y a tal hora, a mí se me hizo extraño que no recordara yo
esa conversación e incluso le pedí que cambiáramos el lugar ya que sentía que a
ambos nos quedaba muy lejos de nuestros respectivos hogares a lo que él estuvo
de acuerdo de inmediato y sin más, así quedamos, me metí a bañar, me arreglé,
puse música para alegrarme aún más la tarde y, poco antes de la hora convenida,
pasé a ver a otro amigo muy querido de la universidad para darle la buena
noticia de que me había quedado de ver con alguien nuevo aunque no sin aclarar
mis intenciones, una aventura y ya, así de mal veía la vida en ese tiempo.
Ya a las 9 de la
noche, llegué al lugar convenido, uno de los puentes de la ciudad y esperé
apenas unos minutos cuando Osmar llegó pero su expresión de sorpresa fue grande
al verme ahí y es que, aunque le costó explicármelo, él estaba seguro de haber
quedado con el otro chavo, mi tocayo, en lugar de conmigo, por eso la confusión
de la llamada, el otro se me había adelantado a citarse con él y obviamente con
la misma intención así que, inseguro, le pregunté qué procedía a lo que Osmar,
para mi sorpresa, me respondió que ya estaba conmigo y conmigo se quedaba, que
ya sabía de las intenciones del otro chavo desde la fiesta y que, honestamente,
no le gustaba su forma de ser y sólo había quedado con él por un intento de
amistad pero que se sentía más a gusto conmigo así que, tras marcarle y
avisarle que no podría ir, hicimos la noche nuestra al fin, compramos una
botella de tequila, refresco, cigarros, papás, de todo y sin más, nos fuimos a
mi casa a conversar y convivir.
Ya en el lugar, me
sorprendió mucho su forma de ser ya que no coincidía en nada con la agresividad
de esos primeros encuentros que él no parecía recordar, por el contrario, era
un chico alegre, bromista y alburero al que ni por accidente se le salía algún
manerismo, su sonrisa franca, su forma de jugar con el vaso mientras tomaba, su
costumbre de encender un cigarro con otro me fueron llamando cada vez más la
atención y, cuando noté que ya era cerca de la media noche, le propuse sin más
quedarse a dormir conmigo bajo la advertencia de que sólo tenía una cama
disponible, una propuesta que, para mi sorpresa, aceptó de inmediato con cierta
inocencia en su mirada y que, tras unos momentos más de plática, me llevó a
preguntarle si su pareja, el de la fiesta, no se pondría celoso a lo que este
me confesó que en realidad, no eran tal cosa, esa noche había aceptado ser su
pareja para arrepentirse a la mañana siguiente al darse cuenta de que no sentía
más que amistad por él, eso me sorprendió mucho y le pregunté si era común que
se arrepintiera a lo que él, riendo, admitió que, con su atractivo, muchos le
pedían una oportunidad y siempre hacía lo mismo, decir que sí, besar un poco y,
al día siguiente, admitir que se arrepentía, no hice más preguntas por el
momento.
Ya más noche y con la
botella por terminarse, finalmente subimos al cuarto y, bromeando, le pregunté
si quería ser mi pareja de una noche a lo que él, riendo, aceptó de inmediato y
así, las escaleras fueron mudas testigos de nuestro primer beso, un beso robado
de mi parte que enseguida fue correspondido por él y que continuó hasta la
recámara, en donde, sin pena alguna, nos desnudamos hasta quedar en ropa
interior pero, contrario a lo que podría presagiarse, él se separó y me dijo
que lo sentía pero no acostumbraba tener relaciones al primer encuentro, tras
lo cual y ante mi mirada confundida, extendió las almohadas de la cama a lo
largo de esta advirtiéndome que un lado era para mí, el otro para él y me daría
mis “madrazos” si me atrevía cruzar de uno a otro, mi sorpresa se transformó en
risa al ver eso pero estuve de acuerdo y, aun con esa barrera entre nosotros,
continué con los besos y tomando su mano hasta que al fin, el sueño nos ganó a
los dos, a mí con un pensamiento extraño, por primera vez en toda mi vida,
había conocido a un hombre que en verdad no esperaba sexo de mí, esperaba algo
más…
Al despertar y aún con
ese pensamiento en la mente, aún con su mano entrelazada con la mía y su
respiración profunda de dormido a un lado de mi oído, mi decisión ya estaba
tomada, las almohadas ya no estaban, habían resbalado hacia abajo por nuestro
movimiento mientras dormíamos pero, sin despertarlo, las volví a acomodar y,
tomando nuevamente su mano, esperé a que abriera los ojos para cuestionarle la
pregunta que durante 7 años aún marca nuestras vidas, “¿No te has
arrepentido?”…
Por: Gabo Ortiz
