31 de mayo de 2017

¿No te has arrepentido?

¿No te has arrepentido?
Por: Gabo Ortiz

Pone nombre a las estrellas
Sabe cuánto me hace reír
Una noche como ésta
Creo ellas la dejaron aquí… (Año nuevo, división minúscula)

Como ya conté en la historia pasada, decidí irme de la colonia en la que vivía con un corazón, si bien no roto, lleno de nuevas experiencias y, lamentablemente, con un vicio que me costó horrores dejar, una adicción a la cocaína que me trajo días de desvelos, mal humor y estrés hasta que logré superar, por propia voluntad, esa ansiedad que en mí sentía pero, además, dejé un recuerdo, algo que en mi vida creí no volvería a encontrar…

Dos semanas antes de dejar la colonia en la que vivía y aún siendo chavo banda y drogadicto, estaba en el lugar usual, en la esquina, esperando a los otros, solo y fumando un cigarro cuando pasó un joven, desconocido completamente para mí pero que, al verlo, me atrajo de manera inmediata, moreno, de piel curtida por el sol, postura llena de seguridad, vestido con una camiseta blanca sin mangas que dejaba ver sus fuertes brazos y un pantalón de mezclilla azul manchado de pintura y que, con sólo ver, hizo que algo en mí reaccionara así que, sin dudar y con las actitudes que de la banda había aprendido, en tono de broma, le pregunté si no cooperaba para comprar una chela pero su respuesta, por así llamarla, me sacó de onda por completo ya que, sin decir nada en lo absoluto, me barrió con la mirada con una extraña mezcla de tristeza, desprecio e incluso rencor, tras lo cual siguió caminando hasta perderse de vista en una calle cercana mientras que yo, tras dedicarle un pensamiento más, continué esperando a los otros sin darle más importancia de la que según yo merecía.

En los días siguientes, mis últimos viviendo ahí, me lo seguí encontrando varias veces e incluso, a modo de burla, lo saludaba recibiendo como única respuesta esa misma mirada despectiva de parte suya pero, finalmente, me marché de ahí sin saber nada de él, seguí con mi vida, me junté con otro chavo que también forma otra historia, acabé mi carrera y conseguí un trabajo como maestro de universidad de vuelta en mi pueblo sin pensar casi en ese pequeño pasado.

5 años después, tras un año de haber terminado con esa otra persona, yo soñaba con volver a Pachuca, extrañaba la ciudad, la facilidad y la libertad que no se tiene en un pueblo así que, aprovechando mis vacaciones y que ya en ese tiempo tenía una casa propia a la cual llegar, volví a Pachuca a buscar una oportunidad laboral mientras entablaba una relación tras otra sin hallar nada que me satisficiera realmente, para mí, en esa etapa de mi vida, todo era sólo sexo, sólo carnal y nada emocional.

En una de esas aventuras conocí por chat a un chavo, uno de tantos que habla maravillas de sí mismo, se decía modelo y actor y aseguraba ser bueno en la cama, lo clásico en este ambiente pero, tras intercambiar fotos, me dio curiosidad así que, tras platicarlo un poco, al fin decidimos conocernos en una fiesta que iba a dar un amigo suyo en esos días, aún recuerdo la fecha, 12 de febrero de 2010, como si fuera ayer.

Ese día me esmeré en mi arreglo personal como hacía tiempo que no lo hacía y partí al lugar de encuentro hallándome en una casa de esas de Infonavit de un solo piso y en la cual fui recibido por el anfitrión, un sujeto mayor que yo que, amablemente, me explicó que mi contacto me había dado mal la hora de la fiesta y que esta no empezaría hasta dos horas después pero, aún así, me recibió en su casa, me presentó a su supuesta pareja y preparó micheladas para los tres en lo que llegaban los invitados encargándose por supuesto mientras tanto de ponerme al día acerca de mi contacto, del que, si bien no habló mal, tampoco tuvo nada bueno que decir aunque hizo lo imposible por contenerse a instancias de su pareja, el cual me aseguró que no era para tanto.

Así las cosas, estaba por marcharme de ese lugar sin siquiera conocerlo cuando al fin los invitados empezaron a llegar uno a uno incluyendo al famoso modelo, el cual, con una mirada, acabó de desilusionarme por completo, sus retocadas fotos no coincidían en lo absoluto con su rostro real aún cubierto de acné por la etapa de la adolescencia y sus amaneramientos me resultaron chocantes así que, tras saludarlo y ver que él tampoco demostraba mayor interés en mí, decidí irme de una vez por todas de ese lugar antes de decepcionarme aún más pero, cuando me acerqué al anfitrión para agradecerle por sus atenciones, este me dijo que tenía a otra persona que presentarme y sin más, llamó a un chico moreno cerca de ahí y, al tiempo que guiñaba un ojo en complicidad, me dijo que ese era Osmar, (no nombre real) su pareja, mi asombro no fue tan grande al descubrir las infidelidades de mi anfitrión como lo fue al notar que, frente a mí, tenía una vez más a esa persona que, 5 años antes me había fascinado tanto con su visión y que ahora, sin reconocerme siquiera, me ofrecía su mano con una amplia y muy hermosa sonrisa, misma que tomé al tiempo que me presentaba con él y sintiendo una corriente eléctrica por todo mi cuerpo al comprender, súbitamente, que la fuente de un recuerdo tan fugaz tenía las mismas preferencias que yo pero que, tristemente, ya estaba en una relación.

Ya tras haber saludado a Osmar, el resto de la fiesta me la pasé tranquilo, estuve platicando aquí y allá con gente que desconocía e incluso él, tras perderse unos minutos con el anfitrión, algo que provocó en mí una oleada de celos, volvió y empezó a hacer plática con otro chico mientras que yo, disimuladamente y con pretexto de tomar otra cerveza del cartón cercano, me acercaba para oír todo lo que decían hasta que, finalmente, logré que ambos me involucraran en la plática, la cual giró desde conocernos mejor, preparación e incluso, cerca del final de la misma, el clásico intercambio de números de celular entre los tres antes de que el anfitrión anunciara que ya no había más bebida y que nos la seguiríamos en un bar de ambiente cercano, momento en el cual el otro chico aprovechó para despedirse mientras que yo, aunque igualmente ya deseaba ir a descansar a mi hogar, decidí aún acompañarlos un rato al bar al notar que Osmar, notoriamente tomado, apenas y podía cuidar de él, algo que tanto su supuesto novio como los invitados aprovecharon para meter mano en donde fuera sin que él protestara, una situación desagradable que continuó en el bar y que, aunque hice lo posible por convencerlo de que tomara un taxi para irse a su casa o quizás quedarse en la mía, al final acabó mal ya que este se molestó y, asegurando que sabía lo que hacía, me pidió que lo dejara en paz así que, ofendido y decepcionado una vez más por él, al fin regresé a casa solo e indeciso si volver a contactarlo.

En los días siguientes, regresé a mi pueblo a visitar a la familia y a pasar el 14 de febrero con un par de “amigos” que más que nada eran jotas de rancho, borrachos y sin ambición alguna pero que, en ese tiempo, eran lo más cercano que tenía a amistad cerca de mi hogar y no fue hasta el día martes que regresé a Pachuca a seguir buscando trabajo cuando, mirando en mi celular, hallé otra vez el número de Osmar y el del otro chico y, aunque un poco inseguro en un principio, les marqué a ambos con el objetivo de reunirnos, quizás tomar una cerveza y volver a conversar como habíamos prometido pero, mientras que el otro chico, que, coincidentemente se llamaba igual que yo, ni siquiera se molestó en contestar, Osmar lo hizo de inmediato y tuvo lugar una de las llamadas más confusas de mi vida ya que, en lugar de decirme que no podía o algo por el estilo, me aseguró que se acordaba bien de mí y que de hecho ya habíamos quedado que ese día nos veríamos en tal lugar y a tal hora, a mí se me hizo extraño que no recordara yo esa conversación e incluso le pedí que cambiáramos el lugar ya que sentía que a ambos nos quedaba muy lejos de nuestros respectivos hogares a lo que él estuvo de acuerdo de inmediato y sin más, así quedamos, me metí a bañar, me arreglé, puse música para alegrarme aún más la tarde y, poco antes de la hora convenida, pasé a ver a otro amigo muy querido de la universidad para darle la buena noticia de que me había quedado de ver con alguien nuevo aunque no sin aclarar mis intenciones, una aventura y ya, así de mal veía la vida en ese tiempo.

Ya a las 9 de la noche, llegué al lugar convenido, uno de los puentes de la ciudad y esperé apenas unos minutos cuando Osmar llegó pero su expresión de sorpresa fue grande al verme ahí y es que, aunque le costó explicármelo, él estaba seguro de haber quedado con el otro chavo, mi tocayo, en lugar de conmigo, por eso la confusión de la llamada, el otro se me había adelantado a citarse con él y obviamente con la misma intención así que, inseguro, le pregunté qué procedía a lo que Osmar, para mi sorpresa, me respondió que ya estaba conmigo y conmigo se quedaba, que ya sabía de las intenciones del otro chavo desde la fiesta y que, honestamente, no le gustaba su forma de ser y sólo había quedado con él por un intento de amistad pero que se sentía más a gusto conmigo así que, tras marcarle y avisarle que no podría ir, hicimos la noche nuestra al fin, compramos una botella de tequila, refresco, cigarros, papás, de todo y sin más, nos fuimos a mi casa a conversar y convivir.

Ya en el lugar, me sorprendió mucho su forma de ser ya que no coincidía en nada con la agresividad de esos primeros encuentros que él no parecía recordar, por el contrario, era un chico alegre, bromista y alburero al que ni por accidente se le salía algún manerismo, su sonrisa franca, su forma de jugar con el vaso mientras tomaba, su costumbre de encender un cigarro con otro me fueron llamando cada vez más la atención y, cuando noté que ya era cerca de la media noche, le propuse sin más quedarse a dormir conmigo bajo la advertencia de que sólo tenía una cama disponible, una propuesta que, para mi sorpresa, aceptó de inmediato con cierta inocencia en su mirada y que, tras unos momentos más de plática, me llevó a preguntarle si su pareja, el de la fiesta, no se pondría celoso a lo que este me confesó que en realidad, no eran tal cosa, esa noche había aceptado ser su pareja para arrepentirse a la mañana siguiente al darse cuenta de que no sentía más que amistad por él, eso me sorprendió mucho y le pregunté si era común que se arrepintiera a lo que él, riendo, admitió que, con su atractivo, muchos le pedían una oportunidad y siempre hacía lo mismo, decir que sí, besar un poco y, al día siguiente, admitir que se arrepentía, no hice más preguntas por el momento.

Ya más noche y con la botella por terminarse, finalmente subimos al cuarto y, bromeando, le pregunté si quería ser mi pareja de una noche a lo que él, riendo, aceptó de inmediato y así, las escaleras fueron mudas testigos de nuestro primer beso, un beso robado de mi parte que enseguida fue correspondido por él y que continuó hasta la recámara, en donde, sin pena alguna, nos desnudamos hasta quedar en ropa interior pero, contrario a lo que podría presagiarse, él se separó y me dijo que lo sentía pero no acostumbraba tener relaciones al primer encuentro, tras lo cual y ante mi mirada confundida, extendió las almohadas de la cama a lo largo de esta advirtiéndome que un lado era para mí, el otro para él y me daría mis “madrazos” si me atrevía cruzar de uno a otro, mi sorpresa se transformó en risa al ver eso pero estuve de acuerdo y, aun con esa barrera entre nosotros, continué con los besos y tomando su mano hasta que al fin, el sueño nos ganó a los dos, a mí con un pensamiento extraño, por primera vez en toda mi vida, había conocido a un hombre que en verdad no esperaba sexo de mí, esperaba algo más…

Al despertar y aún con ese pensamiento en la mente, aún con su mano entrelazada con la mía y su respiración profunda de dormido a un lado de mi oído, mi decisión ya estaba tomada, las almohadas ya no estaban, habían resbalado hacia abajo por nuestro movimiento mientras dormíamos pero, sin despertarlo, las volví a acomodar y, tomando nuevamente su mano, esperé a que abriera los ojos para cuestionarle la pregunta que durante 7 años aún marca nuestras vidas, “¿No te has arrepentido?”…

Por: Gabo Ortiz



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