19 de mayo de 2016

Ricardo


Todo comenzó un sábado por la tarde. Ese día, después de llegar a mi casa del trabajo, descanse un rato y me arregle, me puse mi ropa del sábado para salir al centro de mi pueblo, no tenía ningún plan, pero andaba muy caliente, pues a la menor provocación mi verga se ponía erecta. Tenía mis huevos hinchados de no haber tenido sexo durante mucho tiempo, me urgía un buen culito para liberar esa presión guardada durante días. No tenía idea de donde conseguir eso cerca, y tampoco tenía suficiente varo para ir en busca de placer hasta la ciudad. Tenía que buscar algo cerca. En eso andaba, cuando encontré a unos camaradas de mi época de estudiante en la secundaria, tenía rato de no verlos, me invitaron a beber a una cantinita y me fui con ellos. Total, quizá no tendría sexo con nadie ni con ellos por ser heteros, pero si me olvidaría un poco de eso, bebiendo. Llegamos a “La Chocita” y comenzamos a chelear, casi de inmediato se me pego una chica de esas que andan en las cantinas, se sentó en mis piernas. No me atraía, pero el momento se prestaba para cotorrear y no la rechacé, total, ya se cansaría al no lograr nada conmigo, ya otras veces me había pasado eso, pero de cuando en cuando me rozaba con sus nalgas la verga y yo sentía rico, creo que ella lo notaba.

En eso estábamos, cuando llego un wey que yo no conocía, chaparrito, nalgoncito, de sombrerito e inmediatamente saludo a todos, se unió al grupo que teníamos, yo supuse que era conocido de mis camaradas, se sentó junto a mí y la chica que estaba conmigo, en ese momento, ella fue requerida por alguien más y se fue, seguramente porque yo no le había dado tantas muestras de querer algo con ella. No sabía quién era el bato que acababa de llegar, pero de inmediato pidió un cubetazo de chelas y pos nomas con eso, era bienvenido. Comenzamos a cotorrear, contaba cosas chistosas y me agradó su modo de ser. Notaba que mientras estábamos platicando, presionaba su pierna contra la mía, al principio yo no le daba importancia, pensé que lo hacía porque ya estaba borracho, pero si me parecía insistente que se cargara conmigo. No le dije nada y lo puse a prueba, así que me pase a otra silla, pá ver qué hacía, seguimos combebiendo con mis camaradas, hablando de cosas que vivimos en la secundaria y cuando me di cuenta, ese wey ya estaba junto a mi otra vez, presionando mi pierna con la suya, no dije nada y también yo presione mi pierna con la de él. Casi de inmediato, sentí su mano tocando mi bulto por debajo de la mesa, yo me excite a todo lo que daba y hasta respingue, pero sonreí, pues pensé, “ya encontré botecito, esta noche cena pancho”.

Poco después me levanté y me dirigí al baño, no tardó en llegar ese bato y me agarro la verga, yo estaba bien erecto, así que lo agache y lo hice que me la mamara ahí en el baño, el lugar estaba apestoso, olía de a madre a orines y se veía sucio por todos lados, pero yo estaba bien caliente disfrutando esa rica mamada de verga que me hacia ese desconocido. Hacía muy buena chamba, y de pronto ya no aguante más, me retorcí un poco y me vine en su boca, me encanto ver su cara golosa, disfrutando mi leche. Lo levante y le dije que quería meterle la verga. Me dijo, “lo que tú quieras padre, al rato nos vamos juntos”, apenas pude esquivar un beso que me quiso poner en el hocico. Le dije que esperara un poco en el baño, que yo saldría primero y después el regresara con nosotros a la mesa, estuvo de acuerdo.

La noche llego y seguíamos en la cantina, uno de mis camaradas dijo que siguiéramos la peda en su casa y todos estuvimos de acuerdo, salimos y nos dirigimos a su casa, cuando llegamos nos sentamos en el patio, mi camarada vivía en una gran casa antigua que ya estaba en ruinas, de esas que en el pasado fueron haciendas, ellos solo usaban una parte a la que le habían puesto techo, el resto eran solo paredes vacías sin puertas. Después nos llevó a una habitación alejada que no tenía techo, con enormes muros de adobe, ahí llevo su grabadora con música de banda y seguimos bebiendo tequila. Pero mi nuevo camarada me hizo señas de ir a otro espacio en esa enorme casa, de nuevo con el pretexto de orinar lo fui siguiendo, nos metimos por cuartos y más cuartos iluminados por la luz de la luna, parecía que habíamos llegado hasta el último rincón, el ruido de la música se oía lejano y algunos perros ladraban de vez en cuando. Ahí de nuevo me puso una buena mamada de verga, después yo lo levante y lo puse contra el muro, hice que se desabrochara el pantalón y me agache a morderle las nalgas, a lamerle el culo, lo salive bien y libere mi bestia, que de inmediato entro en ese agujero tan prometedor de placer, mientras que yo le mordía el cuello y las orejas. Durante un buen rato disfrute del mete y saca en ese bato que aún no sabía ni su nombre. Pero sí que lo estaba disfrutando al tope. De pronto él comenzó a gemir, era como si estuviera llorando, me llamo la atención que comenzó a decir: “no me violes”, entre lloriqueos y luego cambiaba y decía “destrózame el culo, hazme tuyo padre Santiago” y dijo más cosas que no recuerdo pero hacían referencia como a una violación, me pareció extraño, pero en ese momento me valió madres, y solo disfrute el momento. Aunque debo aclarar que yo no me llamo Santiago, y mucho menos era un sacerdote, obviamente se refería a otra persona cuando decía eso.

Yo ya estaba satisfecho, así que después de haber estado con Ricardo (ese nombre me dio), quedamos que al otro día nos veríamos por la tarde, me dijo que vivía en otro pueblo cercano al mío. No sé si después hizo algo más con los otros camaradas y si ellos ya lo conocían, es decir, si sabían que le gustaba la verga. Me despedí de todos y me fui a mi casa, ya tenía mucho sueño, serían las tres de la mañana cuando llegue a mi casa a dormir, descanse plácidamente, era como si me hubiese desecho de una gran carga que llevaba encima mucho tiempo. Descansé muy bien. Por la mañana, me despertaron lo gritos de mi jefa, ya estaba llamando a todos a almorzar. Salí de mi cuarto y me fui al almuerzo, el olor de las chalupitas me llamaba, mi carnala y mi jefa ya me tenían listo mi plato. Mientras me chingaba mi almuerzo, mi jefe me dijo que no anduviera de borracho, que se dio cuenta que llegue muy de madrugada, lo escuche con respeto y le dije que no había tomado mucho, que ya no lo haría más, eso pareció tranquilizar al viejo. Pero hablar de ese tema, me hizo recordar a Ricardo, que rico me la había pasado la noche anterior. Termine mi almuerzo decidido a hacer mis labores del domingo, para estar listo para ir por la tarde a ver a mi nuevo camarada, pero entonces también recordé las cosas que dijo mientras lo penetraba, era un tipo raro, aunque muy complaciente.

Habíamos quedado de vernos en el zocalito, pero cuando llegue solo veía a un chavo sin sombrero y con unos grandes ojos azules, me acerque y entonces lo reconocí, era Ricardo, el día anterior no me había dado cuenta que tenía ojos de color, tal vez porque ya estaba ebrio o quizá porque sus ojos, eran lo que menos me había interesado. Entonces comprendí que Ricardo no era cualquier chavo, era muy galancito y por lo tanto debía ser asediado por otros hombres o mujeres, pensé que oportunidades de tener sexo, debía tenerlas dondequiera.  Esa tarde platicamos mucho, nos conocimos mejor, lo que iba sabiendo de él prometía mucho. Aunque parecía algo refinado, me gustaba su porte varonil y su voz grave. Pero entonces, me dijo que estaba casado, que él de alguna manera se definía como bisexual. Yo no había conocido a nadie que fuera bisexual, cuando me lo dijo decidí que era la última vez que lo vería, no me gustaba meterme con gente que se definiera así, para mi alguien es o heterosexual u homosexual, pero nunca debe ser las dos cosas y además que tuviera un compromiso previo por estar casado, era otro punto menos. Decidí disfrutarlo una vez más, así que más tarde ese mismo día fuimos al campo, yo conocía un espacio entre las tierras de mi padre que era como un jardín, donde los árboles y rocas hacían una especie de cerco, donde podíamos estar a gusto.

Cuando llegamos a ese espacio él miró para todos lados, parecía cohibido y tenía una actitud sumisa. Me acerqué a él y le restregué mi verga por encima del pantalón entre sus nalgas, eso lo excitó, se dio la vuelta y se puso de rodillas frente a mí sin hacer más, esperando que yo me abriera la bragueta y sacara mi verga, él se quedó viendo y entonces tomó mis manos y las puso sobre su nuca, entendí, quería que yo le empujara la cabeza sobre mi verga, hice eso y me comenzó a mamar, pero en el momento en que dejaba de agarrarle la cabeza él dejaba de mamar, hasta que otra vez lo forzaba tomando su cabeza con mis dos manos y haciendo que se la tragara toda. Luego se tendió boca abajo en el suelo con hierba, yo le bajé los pantalones y le fui metiendo mi verga. Y entonces se repitió lo de la noche anterior, comenzó a gemir, a llorar y a mencionar el nombre de otra persona, yo no sabía si seguir cogiéndolo o no, entonces pude escuchar que decía que no lo violara. Terminé rápido en él, nos quedamos ahí un rato, saqué un cigarro y le pregunté de su comportamiento.
 
Entonces me contó que de niño cuando iba al campo a hacer sus labores, cruzaba un camino rústico por el cual pasaba gente a pie, que a veces pasaban religiosos, recordé que cerca de ahí hubo alguna vez un monasterio donde había seminaristas. Me contó que en cierta ocasión, cuando iba por ese camino se encontró con el padre Santiago, el cual iba acompañado de un seminarista y que ambos lo violaron, primero había sido el seminarista y después el padre Santiago, sabía quién era porque a veces el padre daba las misas del domingo en su pueblo, que esas violaciones se repitieron varias veces, cuando se encontraba con ellos y que era algo que nunca le dijo a nadie. El monasterio había cerrado mucho tiempo antes y Ricardo ya no era un niño, pero se había quedado con esos recuerdos que salían a flote de vez en cuando, cada vez que conocía a alguien que le parecía especial y que aquella vez que me vio en la cantina fue a sentarse junto a mí, porque a sus ojos, yo me parecía mucho al padre Santiago, en ese momento me dijo que las únicas veces que él se asumía como homosexual era cuando conocía un tipo que fuera parecido al padre Santiago y hacia mucho que no conocía a nadie así, aunque a veces otros lo rechazaban, yo si había accedido y eso le gustaba mucho. Cuando me conto todo eso, me di cuenta que él estaba muy mal, que debía resolver su trauma, yo no sabía que debía hacer él, pero comprendí que lo mejor que yo podía hacer era alejarme. Al fin y al cabo la persona que veía en mí, no era yo, sino alguien parecido a mí, alguien que además le había hecho mucho daño.


Ricardo me pidió que nos siguiéramos viendo, pero la verdad es que eso ya no me latía mucho, el sexo era algo raro, aunque era atractivo, me parecía alguien muy complicado por ese problema que tenía, solo le dije que cuando se pudiera nos viéramos. Ya no lo busque más y deje de hablarle cuando me lo encontraba, pero cuando lo llego a ver, se detiene en la calle mientras me observa, es como si esperara que yo le hablara de nuevo y le propusiera tener sexo. Cuento esto porque este día lo encontré de nuevo, iba con una mujer que, supongo, es su esposa y con un niño, quizá su hijo. Al verme solo bajo su mirada… pero aún me veía de reojo.

Por: Serch Leather

5 de mayo de 2016

Decisión Madura

Es fácil identificar en algunos jóvenes la facilidad con la que creen que han obtenido experiencia, siempre puede ser chistoso o exasperante para alguno de nosotros los maduros hablar con alguien de 20 que cree que uno exagera los problemas o que ve dificultades donde no las hay, cada vez que abren la boca es para decir un solución para todo (o al menos eso creen ellos) pareciera que esos jóvenes están tan seguros de sí mismos que dan a entender que somos unos viejos burros que no han aprendido nada de la vida. Lo único que pasa por nuestra mente cuando conocemos un mocoso así es, ojala y ya se calle, sino fuera por ese cuerpecito que tiene este mocoso, no volvería a verlo jamás. Pero quizá así fuimos todos, y ya lo olvidamos. Pero algo es cierto, los adultos maduros a veces estamos tan perdidos como los más jóvenes, y ambos jugamos...

Hace muchos años, yo aún no rebasaba los veinticinco, recién había terminado una carrera y creía que lo sabía todo, no paraba de hablar, ahora sé que debía ser exasperante hablar conmigo. En esa época conocí a Rodolfo, él era un hombre mucho mayor que yo, debía llevarme unos veinte años de diferencia, y era director de una escuela secundaria. No era alguien atractivo para los jóvenes de mi edad, pero para mí era agradable, tenía un algo que me gustaba, no sabía definir qué era, ahora creo que lo que me gustaba de él era su edad, es decir alguien maduro, su cuerpo ejercitado y que no era nada obvio, de hecho me gustaba su aspecto de señor serio con gafas y portafolio. Rodolfo vivía solo, así que yo lo podía visitar cuando quisiera, por las tardes iba por mí a la universidad, donde yo estaba todavía haciendo una tesis y me llevaba a su casa. Era muy amable conmigo, cuando llegábamos a su casa ya me tenía listo algún refrigerio, platicábamos un poco y después pasábamos a lo demás.

Rodolfo jamás me dijo “vamos a coger”, yo debía adivinar el momento en que se debía pasar a eso. La primera vez que me invito a su casa, después de cenar y tomar un vino, se levantó y comenzó a lavar los trastes. Yo fui detrás de él sin decir nada, y lo abrace mientras enjuagaba los platos y comencé a restregarle la verga en las nalgas, mientras el sin decir nada siguió lavando, pero si le gustó, porque sentí que presionaba su culito contra mí. Cuando termino de lavar los trastes, me tomo de la mano y me llevo a su habitación, yo comencé a desvestirlo suavemente, le quite la camisa, los pantalones, e hice que se sentara en la cama mientras le ofrecía mi verga palpitante, la tomo en sus labios y comenzó a chuparla. Después de eso, lo tire en la cama y le mordí las nalgas con el calzón puesto, eran muy bonitas bien formadas, pues todas las mañanas salía a correr muy temprano, se ejercitaba muy bien, después lo puse en cuatro y le di unas mamadas de culo bien ricas, me quite la ropa y me subí en él, le metí la verga hasta el fondo y comencé a cogerlo, primero lentamente y después bien fuerte, entonces sus gemidos me excitaron mucho más al saber que lo estaba disfrutando mucho.

Aunque reconozco que yo era algo fastidioso, Rodolfo siempre fue muy paciente conmigo y creo que fue una persona que me ayudó mucho a moldear mi carácter, pues a veces yo me comportaba como un sabelotodo y hartaba a los demás, con él aprendí a guardar silencio y a escuchar a los otros, los momentos con él me gustaban mucho, porque podíamos hablar sobre distintos temas que a los dos nos interesaban a pesar de la diferencia de edades, nos veíamos unas tres veces por semana. Un día de pronto, me hizo una invitación a una comida con su familia. Yo tenía curiosidad y acepte. Resulto que era su cumpleaños, su familia le estaba celebrando su cumpleaños 48, me sentí muy apenado, él era el centro de atención y yo estaba a su lado, creo que se notaba que yo estaba apenado, aun así todos fueron muy amables, su mama una dulce ancianita me pregunto si era su alumno, yo le dije que sí, una de sus hermanas me comento que ya la anciana tenia demencia y que no entendía muchas cosas, “un momento”, pensé “¿qué cosas no entendía?”.  Pero su hermana ya no dijo más. Entre muchos niños sobrinos de él, había unos jóvenes de unos 20 años, uno bastante atractivo y fornido era el que más llamaba mi atención, pero ellos solo me miraban con curiosidad, yo creía adivinar que me relacionaban sentimentalmente con su tío, eso me apenaba un poco. De pronto ya era de noche y le dije a Rodolfo que tenía que irme, me despedí de su familia y él me acompaño a la calle, pues él se quedaría. Me detuvo un taxi y me mando a mi casa. En el trayecto a mi casa me preguntaba, cuál había sido la impresión que había dejado en su familia, eso me provocaba una sensación de ansiedad,  pero Rodolfo nunca me dijo nada al respecto.

La siguiente vez que nos vimos me comenzó a tratar como alguien que ya era parte de su vida, que decidía que yo formara parte de su todo, eso me asusto un poco, nunca pensé en una relación formal con él y entonces comencé a visitarlo con menos frecuencia, creo que él lo noto, pero no me exigió nada, pero creo que si se dio cuenta que yo me asuste de que me quisiera como pareja, pero nunca aclaramos eso, yo seguí viéndolo aunque ahora solo era una vez cada semana. Y aproximadamente a las dos semanas de ir a su fiesta de cumpleaños encontré a su sobrino, al fornido, al guapo, yo fingí no reconocerlo. Pero él se detuvo en la calle y me dijo que me recordaba, no podía negar que sabía quién era. Me despedí de él, le dije que llevaba prisa. Después de eso comencé a encontrarlo con frecuencia por lo mismo lugares que yo frecuentaba, pero como podía me alejaba de él. Comencé a pensar que me seguía, pero no entendía por qué, quizá tenia curiosidad porqué sabia de lo que había entre su tío y yo. Pero no entendía que eso le importara, según yo un joven heterosexual como él, o al menos eso pensaba, no se interesaría en los asuntos de un tío gay. Además siempre me lo encontraba con chicas muy bonitas.

Con el tiempo volví a visitar a Rodolfo unas tres veces por semana como antes, la verdad es que me gustaba estar con él, me agradaba como era, siempre amable, respetuoso, considerado conmigo y alcanzaba a darme cuenta que tenía un sincero interés en mi persona, cada cosa que yo le había contado de mi vida, él la tenía muy presente al tratarme, pero ya no volvió a invitarme con su familia, lo cual agradecí. Me di cuenta que a pesar de que él parecía tener una relación estrecha con su familia, yo lo percibía solitario, como si se sintiera muy solo, aun así nunca me decía nada, pero yo me daba cuenta de que cuando yo lo visitaba se ponía muy contento al verme. Poco después cuando lo visitaba a veces estaba otro señor con él, era uno de sus amigos, de apellido Bustamante,  él no me atraía nada pues era un tipo que si me parecía viejo y feo, su forma de ser me desagradaba bastante, al saludarme yo solo deslizaba mi mano en la suya, evadiéndolo. 

Cuando estábamos los tres en su casa, a veces jugando domino o cualquier otra cosa, o simplemente platicando, Rodolfo me veía con unos ojos de cariño o amor que no podía ocultar que sentía algo por mi ante su amigo. Aun así el otro no decía nada, pero no parecía estar muy contento con eso, y a pesar que yo quería estar a solas con Rodolfo, Bustamante simplemente no se iba, por ello yo siempre sospeche que  estaba enamorado de él. No me gustaba mucho que fuera el otro tipo a casa de Rodolfo, pero no podía pedirle que no lo invitara, ellos tenían muchos años de conocerse y yo notaba que Rodolfo sentía una especie de agradecimiento hacia el otro, por haber compartido muchas vivencias, aun así Bustamante no me parecía que fuera un amigo sincero y en algún momento se lo dije, pero Rodolfo jamás me dio una opinión negativa de su amigo, jamás criticaba a nadie.

Rodolfo y yo seguimos viéndonos mucho tiempo a partir de que nos conocimos, poco a poco yo comenzaba a sentir algo por él que aún no entendía, yo creía que era amistad, porque además el sexo era muy bueno con él, siempre era muy intenso y ambos lo disfrutábamos mucho. Me di cuenta que aunque quizá al inicio yo no apreciaba mucho el valor de tenerlo por las razones que ustedes quieran, porque yo era un joven y el pues, un hombre maduro en declive, aun así él era un magnifico partido para otros hombres de su edad o contemporáneos. Eso me comenzó a provocar una especie de celos, saber que había otros rondándolo. En especial, su mejor amigo, el tal Bustamante. En eso estaba mi pensamiento en esos días, cuando de pronto me tope en el bus a su sobrino. Esta vez iba solo y se dirigía al mismo lugar que yo, a la universidad. Me dijo que recientemente había ingresado y que aún no conocía muchas cosas de la institución.

El sobrino era uno de esos chicos que son atractivos para todo mundo, varonil, guapo, de buen cuerpo, con un bonito trasero y por lo que me dijo lo note provocativo, cuando llegamos a la universidad cada quien se fue por su lado, pero antes me invito por la tarde a ir con unos amigos suyos a beber una cerveza, me di cuenta que había algo raro en eso, pero había comenzado a deleitarme con la idea de pasar un buen rato con ese chico. Sucedió como pensaba, cuando lo vi más tarde, fuimos al bar con sus amigos y después me invito al cuarto de un amigo, donde me lo cogí bien rico. Al final, me dijo que quería seguirme viendo, le dije que cuando se pudiera, con mucho gusto, pero aunque me había gustado yo ya no pensaba verlo más. Al día siguiente, cuando iba a casa de Rodolfo por la tarde, su sobrino ya me estaba marcando, quería verme de nuevo. Ignore sus llamadas y disfrute la tarde con su tío.

Toda esa semana el sobrino me estuvo buscando, pero siempre le decía que no tenía tiempo para verlo, finalmente le dije el viernes que no podía verlo más, que ya no estaba interesado. El chavo se molestó mucho, me dijo que alguna vez me iba a arrepentir de rechazarlo, cuando me hicieran lo mismo. Le dije que estaba bien, que le agradecería si dejaba de interrumpirme porque tenía cosas que hacer. El siguiente lunes que fui a visitar a Rodolfo, me recibió pero lo note serio, no era el mismo de antes. Por un momento pensé que su sobrino le había contado que tuvimos algo, por eso le pregunte qué pasaba, pero solo me dijo que no ocurría nada, le vi por un momento una expresión como de resignación e inmediatamente volvió a ser el mismo de siempre, cogimos, platicamos un rato, salimos a cenar tacos y después me llevo a mi casa.

Creí que las cosas estaban bien entre nosotros. Rodolfo y yo hablábamos de todo y creo que teníamos un buen nivel de confianza, que yo no tenía con nadie más, él me conocía muy bien y yo a él, comenzaba a hacer planes con él y así se lo dije, vernos juntos más tiempo. Pero de pronto me miró y me dijo que él me deseaba lo mejor, y que quizá lo mejor no era que siguiéramos juntos. Eso me puso en alerta, yo quería saber porque decía eso. Solo me respondió que tenía que tomar una decisión madura, había despertado del sueño que había vivido mucho tiempo conmigo. Le pregunte qué significaba todo eso, y me dijo que debíamos separarnos, que no podíamos seguirnos viendo. Le dije que no imaginaba mi vida sin él, y no acepte lo que proponía. Me dijo que casi me llevaba con lo doble de mi edad, que en algunos años el estaría más viejo y quizá enfermo. ¿Estaría yo dispuesto a seguir con él en esas condiciones? Le respondí que sí, pero me dijo que no creía eso, y que aun si lo decía en serio, él no podría estar feliz viviendo con alguien que echaba a perder su vida, solo por estar junto a él. Que lo más adecuado es que yo iniciara una relación con alguien de mi edad, mucho más joven que él. Yo me comporte como un bebe y le dije que no, que no aceptaría nunca separarme de él, y me salí de su casa, mientras él me seguía diciendo razones de por qué no podíamos seguir… Ya no escuche y me fui llorando.


Cuando volví a buscarlo, no estuvo en su casa y tampoco respondía mis llamadas, no lo encontré en unas dos semanas, yo estaba desesperado por verlo y como no lo podía ver en su casa, fui a buscarlo a la casa de su familia. Salió a recibirme uno de sus sobrinos, me dijo que su tío estaba enfermo que no podía verlo, que él había dicho que después me buscaría. Poco después me llamo y me dijo que había estado enfermo, pero que si podía fuera a visitarlo, que ya estaba en su casa. 

Cuando llegue, me abrió la puerta Bustamante, me dijo que pasara, que Rodolfo me esperaba, pude notar en su rostro una sonrisa burlona, cuando entre a la sala de su casa Rodolfo me sonrió y me saludo, me dijo que quería decirme algo, en ese momento Bustamante se sentó a su lado y lo tomo de la mano, entonces Rodolfo me dijo que había formalizado su relación con Bustamante, ahora eran pareja, su familia ya lo sabía. En ese momento deje de escuchar, o solo oía partes de lo que decían, estaba como sordo, solo pude felicitarlos, tome la cerveza que me dieron y me despedí de ellos, mientras ellos me decían que yo era un amigo muy estimado de ambos y que las puertas de esa casa seguían abiertas para mí. Solo me acerque a Rodolfo, le di un abrazo y me di la vuelta, ya no volví a verlo más. Bustamante me acompaño a la puerta y me dijo con cinismo que si deseaba podía regresar a verlo cuando quisiera, no le conteste y salí. Al día siguiente le marque a Rodolfo, le pregunte si estaba seguro de la decisión que había tomado, a lo cual me respondió que jamás en toda su vida había tomado una decisión más acertada que esa, me dio las gracias por lo vivido conmigo, me deseo lo mejor y se despidió de mí. Ya no insistí, sabía que él era una persona formal, que podía tomar decisiones como esa y que no cambiaría de parecer. Ya nunca más volví a ver a Rodolfo. Tarde muchos meses en superar esa perdida.

Por: Serch Leather