23 de marzo de 2017

La Cosmetiquera



Creemos saber cuándo es que estamos enamorados, pensamos que es cuando no dejamos de pensar en esa persona que nos hace sentir especiales, que nos hace soñar, vibrar, y la vemos casi perfecta, tendemos a realzar los rasgos que más nos gustan e inconscientemente dejamos de lado aquellos que no nos agradan, como si los escondiéramos debajo de la alfombra y olvidáramos que están ahí, pero ¿De qué es exactamente de lo que nos enamoramos? ¿Lo hacemos de la persona que hemos idealizado, o lo hacemos de la persona que realmente es, incluyendo sus errores y defectos? ¿De verdad estamos enamorados o sólo estamos encaprichados o enculados?

Fue por la tarde de una naciente primavera cuando conocí a Crescencio, me gustó mucho su aire provinciano, recuerdo que lo encontré en el centro de la ciudad mientras caminaba por la Alameda, supuse que ambos sabíamos que esa era una zona para ligar, así que me acerqué y le saqué platica. Él me respondió amablemente, pude notar un acento extraño, fuereño, lo cual me gustó mucho más, me dijo que era de otro estado y que había llegado a la ciudad primero a estudiar y luego a trabajar. Mencionó que había llegado con una beca para estudiar derecho en una universidad privada, pero que por cuestiones económicas había dejado la escuela, que después la retomaría y que por el momento estaba trabajando en una empresa de seguridad. Durante dos semanas nos vimos casi todas las tardes, platicábamos de todo, de música, de comidas, de lugares, de cine, de libros, bueno, en realidad yo le hablaba de libros y él me hablaba de telenovelas, pero cuando yo le hablaba de temas que eran algo complejos para él, me hacía preguntas para entender y yo con mucho gusto le explicaba, aunque no siempre comprendía, pero no importaba, yo estaba seguro que había algo especial en él. Me gustaba mucho su forma de ser, su sencillez, su humildad, su actitud respetuosa y además físicamente me parecía muy atractivo, tenía un rostro de rasgos angulosos y de un tono moreno claro, su cuerpo joven y bien formado remataba con un pequeño culito paradito, perfecto, delicioso, me gustaba pensar que era de esos jóvenes que son criados en el campo, trabajando quizá en la milpa, mientras sus cuerpos son esculpidos por el duro trabajo bajo el sol ardiente. Él tenía 24 y yo 33 años, pero le dije que tenía 27, me di cuenta que al parecer la edad era un problema para él, y no quise decirle mi verdadera edad. Yo aparentaba menos edad en esa época y lo aproveche.

Durante esas dos semanas no tuvimos sexo, yo pensaba que había algo especial entre nosotros y no quise echarlo a perder proponiéndoselo, aparentemente había surgido un noviazgo al estilo de los heterosexuales y yo creía que eso podía ser algo bueno, no sé porque aún no me podía quitar esas ideas heteronormadas de cómo debían ser las cosas. Pero un día, a las dos semanas de conocernos después de una tarde en el cine y de platicar y caminar bastante, me invito a donde vivía. Le dije que yo sabía cocinar y con el pretexto de que se lo demostrara me llevo al pequeño cuarto que rentaba, llegamos tarde, ya era de noche, prepare rápidamente un espagueti y una salsa y cenamos muy a gusto. Antes de eso yo lo besaba y algunas veces acaricie sus nalgas en el cine, o en otros espacios donde podíamos hacerlo, pero esa noche por fin pudimos tener sexo, lo fui despojando poco a poco de su ropa y pude ver que ni mis pensamientos más sucios le hacían justicia a ese cuerpo que ahora me disponía disfrutar, pero el niño no era un inexperto, antes de penetrarlo me hizo una felación increíble, puedo decir que nunca jamás nadie me ha vuelto a mamar el pito de la misma forma que él, no sé de qué forma tomaba mi verga y se la metía en la boca de manera que con la boca se movía a lo largo del pene y con la lengua estimulaba el glande. Fue tremendamente placentera la forma en que hacia sexo oral, pero me controle y no me vine mientras hacía eso, espere a penetrarlo, a él le gustaba mucho de perrito y así me lo agarre contra una silla, le daba yo con mucha fuerza, hasta que me dijo que tratara de no golpear tan fuerte contra sus nalgas, porque los vecinos podían darse cuenta.

Naturalmente yo quede muy satisfecho, el chavo me gustaba mucho y ahora que sabía cómo se podía coger con él estaba muy contento. Además de que al parecer tenía todo lo que a mí me gustaba. Y fue así como comenzó nuestro noviazgo, me lo llevé a vivir conmigo. Recuerdo que me decía que todas las mañanas me despertaría con una mamada de verga, pero fueron puras promesas porque al mes de que ya vivíamos juntos no pasó nada de eso, en su lugar comenzamos a vivir una vida de pleitos por cualquier cosa, yo era muy meticuloso en la organización de las cosas en casa y él era todo descuidado, siempre dejaba regadas cosas por toda la casa, parecía que ya teníamos diez años viviendo juntos, aunque por supuesto yo me contentaba porque cada noche me lo cogía por lo menos unas tres veces, dormido o despierto, quisiera o no, yo lo cogía y me sentía muy a gusto con eso, tener un culito para mi cada noche me satisfacía mucho. Yo sabía que de alguna manera, el que yo lo cogiera a la fuerza parecía agradarle, me daba cuenta que en su mente así debía ser, que él hacia un papel de mujer y yo el de hombre y que cuando el hombre quería coger la mujer debía permitirlo, yo por supuesto encantado, en esa época yo estaba excitado casi todo el tiempo, más tarde me enteré porque razón pensaba así, su mamá decía que una pareja siempre se debía de enojar de la cintura para arriba, dando a entender que el sexo no estaba sujeto a los pleitos, si no que era algo obligatorio aunque estuviésemos emputados. Recuerdo que en una ocasión después de coger por la tarde, salimos a un parque cercano, entonces nos encontramos un panadero que vendía por la calle, lo detuvimos porque yo apetecía un pan de dulce, entonces él me gano una dona y se burló de mi porque ya no había otra para mí, le respondí frente al panadero que no importaba, porque acababa de comerme una donita más rica que esa, ante lo cual el panadero no paraba de reír y mi pareja se sonrojo de pena, jeje.

Con el tiempo lo presente con mis amigos, los cuales me decían que estaba feo, que no me quedaba, que se veía muy jota, pero ninguno me decía que ya se lo había cogido antes, lo cual supe después, o mejor dicho, lo confirme después, porque si sospeche esas cosas. Me mantuve con él, porque decidí hacer concesiones, pues yo tampoco era perfecto y también me la pasaba muy bien a su lado, había ciertas cosas de su persona que no me gustaban mucho, pero no eran errores insoportables, lo disculpaba porque lo veía aún muy inexperto y también porque, aunque no me gustaran algunas cosas que hacía, no quería invadir su privacidad, hay cosas que son estrictamente personales y mantuve la idea de que al pasar el tiempo quizá él comprendería mejor mi forma de pensar y se amoldaría a mí, tal y como yo estaba tratando de hacerlo con él. Pero ese fue mi error, en el fondo parecía tener otros planes y cuando creyó que yo ya estaba domesticado por él, aparecieron los verdaderos planes que tenía y sus verdaderos gustos, bueno tampoco era un monstruo, pero si resulto ser alguien que a mí no me gustaba.

Creo que en cierto modo, soy alguien que puede ser muy fácil de complacer, tienes oportunidad conmigo, si tienes buen culo, eres sencillo, tranquilo, no tratas de aparentar nada ante los demás, que eres de buena cuna, que desciendes de españoles o italianos o alguna mamada de esas, y aunque lo fueras no estás diciéndolo para presumir, te acepto, si no presumes que tienes un carrazo aunque lo tengas, no hay pedo, si tu preocupación no está en tener toda la ropa de moda y en lucir siempre impecable, ni presumir que compras en Antara, que tienes ropa de Hermes, o mamadas de ese tipo o posteas fotos en tu perfil de todos tus viajes y perfumes y tratas de impresionar porque tienes un gusto exquisito para degustar de lo bueno de este mundo, en fin todo lo que es presunción, solo evidencia que estas bien vacío de la cabeza, tu pobreza mental y la gente así no la soporto ni cinco minutos. Bueno también quiero que seas alguien que gusta de bañarse, porque hay unos cabrones bien puercos, que ni se bañan, ya me paso de un wey que me pego las ladillas, pero ahí voy de pendejo, cuando me llevo a su casa la vi bien puerca y aun así tuve sexo con él. Pues bien, mi parejita, parecía estar libre de todos esos pecados al principio, pero de pronto que me sale con que le gustaría tener cosas buenas, lucirse como toda una chica de mundo, y luego comenzó a usar una bolsita que se colgaba a los hombros, ahí llevaba su almuerzo al trabajo, los cabrones de mis amigos comenzaron a decirle “la de la cosmetiquera” me dio risa, pero no me gusto que hablaran así de él, también comenzó a usar tanguitas de colores brillantes cuando íbamos a la alberca, su favorito el color anaranjado, dije bueno no es malo, pero eso fue abriéndome los ojos ¿con quién estaba realmente?

Llego el momento en que me di cuenta a unos cuantos meses de conocerlo, que la persona de la cual me había enamorado no era ya la misma, había cambiado mucho. Ya ni usaba los huaraches que se ponía al principio, ahora usaba solo calzado de marca, y yo terminaba usando todo lo que a él no le gustaba, que mamadas pensé, algo ya no me cuadra. Pero lo peor de todo, es que me hacía unos dramas y siempre quería imponer sus puntos de vista, y terminaba diciéndome que ahí se hacía lo que él quería y que yo tenía que aguantarme. Con tal de no discutir más, le decía que estaba bien que hay moría, sabía que si yo seguía el pleito quizá no habría colita para mí más tarde o que sería más difícil conseguirla, pues dejo de seguir el consejo de su mamá. Así duramos todavía un tiempo y en cierta ocasión, llego a la casa diciéndome que uno de sus amigos del trabajo se iba a casar que le había dado tres invitaciones más, dos para sus padres y una para mí, su pareja, para entonces yo ya no andaba muy a gusto y estaba pensando seriamente en terminar con él.

Recuerdo también, que me había contado que su ex pareja había sido muy culero con él, pero varias veces yo había descubierto en lo que me contaba que seguía viéndolo, le decía que después de lo que me había dicho que le hacía, que hasta lo había golpeado, no creía que mereciera que le hablara, se la quitaba diciendo que a pesar de todo él no le guardaba rencor y que solo lo buscaba para contarle sus problemas, pero que ya no había nada más, algo no cuadraba en esa aparente amistad. Por fin un día, le dije que ya no podía quedarse en mi casa porque llegarían unos familiares a vivir conmigo, note que no le gusto, pero entendió que ya debía comenzar a pagar su renta de nuevo en otro cuarto. Se fue y ahora yo lo visitaba, pero seguíamos igual, yo iba por las noches con él y un fin de semana que le dije que no estaría, lo fui a buscar a su cuarto, la casera ya me conocía y sabía que lo iba a ver a él, pero cuando me acerque al cuarto escuche voces y no toque, mejor estuve escuchando lo que decían y viendo lo que hacían por una ventana trasera. Estaba con su ex pareja, platicaban y el acariciaba la espalda del otro, le contaba que yo era muy celoso, que pensaba terminar conmigo, que esperaba que lo apoyara. No los interrumpí, me fui y pensé las cosas muy seriamente.

La siguiente vez que nos vimos lo trate como si nada, así estuvimos unos días, y de pronto el jueves nos bronqueamos de nuevo, trato de imponerse nuevamente y me dijo que las cosas serían como él quería. Le dije que eso que quería no era posible y que siendo así, terminaba con él, que ya había pensado que no teníamos una buena relación y le señale todo en lo que no estábamos bien. Me respondió bien emputado que a él nadie lo terminaba, que él siempre era quien había terminado con sus anteriores parejas y que por lo tanto terminaría conmigo, no yo con él, que aun seguiríamos juntos hasta que él se cansara de mí y me terminara. Le pregunte si estaba seguro de tal cosa, me respondió que siempre estaba seguro de todo y que ya me saliera de su cuarto porque iba a salir, pues tenía compromisos más importantes que yo, me salí y lo vi más adelante cuando se encontró con su ex pareja, me dio una última mirada muy burlona y se subieron a un pesero. No le dije nada más ni por mensajes y me fui. Ya no lo busque más.

Paso el jueves, el viernes y el sábado en la mañana que me marca, no le respondí, después me marco muchas veces y no volví a responder, finalmente me envió mensaje, me decía que por favor contestara, que ya estaba alistándose para la fiesta de su amigo, que sus padres ya estaban esperándolo, que si yo llegaría con él o al lugar donde sería la fiesta. Le respondí que no iba a ir, me pregunto por qué y le dije que porque ya habíamos terminado y no me interesaba ir con él a esa fiesta. Me mentó la madre y me dijo que no le podía hacer eso, que ya habíamos quedado en ir juntos a la fiesta y que ya les había hablado a sus padres y a su amigo de mí, que no podía faltar. Le colgué el teléfono y ya no le volví a responder más durante ese día.

Al día siguiente por la tarde me envió un mensaje pidiéndome disculpas y que por favor aceptara verlo para hablar bien, acepté y nos vimos en donde vivía, me di cuenta que tenía una actitud muy amable muy diferente a la que me había mostrado antes y parecía interesado en que volviéramos. Por un momento lo vi como la primera vez cuando lo conocí, sencillo, humilde, sonrisa franca, ojos profundos, pero de pronto tuvo un desplante muy desagradable y esa figura se diluyó para dar paso a quien ahora era, superfluo, vacío, gestos estudiados, posando. Hablamos un buen rato y cuando se dio cuenta que no aceptaría volver con él, se agacho y comenzó a sacarme la verga del pantalón, lo deje que me la mamara y me lo cogí con rapidez, el sexo ya no tenía el encanto del inicio, fue como hacerlo por cumplir, pero aun así sentí cierto placer de que se humillara para que yo cediera. Después de eso le dije que tenía prisa porque tenía que ir por mi familia a la central de autobuses, pero cuando iba saliendo de donde vivía, le dije que era la última vez que lo veía. Se asombró y me puso una cara de coraje bien cabrona. Ya nunca lo volví a ver, aunque él todavía lo intento, ya no acepte verlo, pero supongo que conserva ese último recuerdo. Caminé hacia mi casa, mientras la noche iba cayendo, absorto en mis pensamientos descubrí con claridad quién había sido el que me hizo estar enculado, me di cuenta que realmente no lo conocí bien al inicio, sino cuando ya había avanzado el tiempo, y la persona que amé estaba sólo en mi cabeza, fue la idealización de una persona que resulto ser todo lo opuesto de lo que mi mente había creado. Iba caminando sólo hacia mi casa, y nunca como esa noche la soledad me había sabido tan bien…

 
 Por: Tigrillo Serch
(La historia del primo de un amigo)


1 de marzo de 2017

Huarachudo

Hace mucho que no voy a un carnaval, creo que ya no son como antes, me parece que han cambiado, o tal vez sea yo quien haya cambiado. Pero no siempre fue así, de niño mis abuelos me llevaban al carnaval con su tradicional brinco del chinelo, como se celebra aquí en el estado de Morelos, nunca tuve disfraz, era muy caro para una festividad que sólo duraba tres días al año, era mejor gastar el dinero en un par de zapatos para ir a la escuela, al llegar a casa me los tenía que quitar y usar huaraches, debo confesar que no me gustaba usarlos, pero no había de otra, sólo tenía un par de zapatos y había que cuidarlos. Cuando crecí iba con mis amigos de la escuela al brinco de chinelo y después a los juegos mecánicos y a comer las golosinas que siempre hay en las ferias. Pero cuando ingresé a la preparatoria eso cambió, me fui a estudiar fuera de mi pueblo, si uno quería seguir estudiando había que ir a otra ciudad y sólo regresaba a mi casa en vacaciones, o en puentes y días festivos, y no siempre coincidía con el Carnaval de mi pueblo. Cuando regresaba visitaba a mis amigos de la época de la secundaria, costumbre que poco a poco fui perdiendo, pues todos vamos cambiando, conociendo otras personas, construyendo una vida propia, y los amigos de secundaria van quedando cada vez más lejanos en el pasado, llegando a ser casi extraños, como si los hubiéramos conocido en otra vida.

Conservé amistad solo con uno de ellos, Antonio, quien resultó malo para los estudios pero muy bueno para el trabajo, vivía cerca del centro del pueblo y comenzó con una pequeña tiendita en su casa, le funcionó bien y con el paso del tiempo la fue ampliando cada vez más hasta llegar a ser un minisúper, cuando lo visitaba era en su tienda, me invitaba un refresco y platicábamos de cómo nos había ido a cada uno. Para cuando terminé de estudiar él ya se había casado y tenía una niña pequeña, no pude estar en su boda y cada vez nos veíamos menos. Fue un par de años después de que termine la universidad, cuándo ya trabajaba que me tocó estar nuevamente en un carnaval, fui como espectador, ya no me gustaba el brinco del chinelo y sólo veía a quienes iban brincando.

Entonces, alguien de entre la multitud me llamó la atención, era un hombre quizá unos años mayor que yo, moreno, su cuerpo se veía recio, con músculos formados por el trabajo físico y la piel curtida por el sol, llevaba la bandera que movía de un lado a otro, mientras tras él, iba la banda de música (aquí le llaman comparsa) tocando las variaciones a la música del chinelo, su cuerpo iba sudoroso, bailar el chinelo es un ejercicio intenso y llevar ondeando una bandera es algo que lo hace más pesado todavía, la camisa se le había desabotonado y le podía ver en su torso cómo los músculos se le tensaban en cada movimiento mientras que gotas de sudor escurrían por él, no parecía tener expresión y sólo iba concentrado en seguir el ritmo de la música y ondear alto la bandera, los músculos de sus tríceps se marcaban al sujetarla y algo más que me gustó mucho, fue que usaba huaraches. Eso me llamó la atención, usar huaraches para el brinco del chinelo no es común, ese tipo de baile exige mucha fuerza con los pies, pude notar que sus pies eran fuertes y cada paso era firme, por alguna razón que no sabía explicar me gustó ver sus pies desnudos, era como si pudiera ver toda su desnudez sólo con ver sus pies desnudos en huaraches.

Entonces me incorporé a la gente a brincar el chinelo, quería estar cerca de ese hombre que tanto me había llamado la atención, para seguir viéndolo, de vez en cuando alguien se acercaba a él para pedirle la bandera, pero él ponía atención y sólo se la daba si era alguien del pueblo, los fuereños no tenían permitido tomar la bandera y si no eran de ahí se las negaba. Era entonces cuando de la gente de la banda de música le pasaban bebida en un vaso, parecía ser aguardiente con refresco en un vaso de plástico que apuraba de un golpe. Estar ahí entre la multitud era sofocante, el calor de la tarde y la época de sequía hacían más seca la sensación de calor mientras cientos de pies brincaban sobre el pavimento polvoso y el sudor corría por todo el cuerpo, sus pies y huaraches lucían polvosos. Yo iba cerca, viendo su cuerpo con la camisa abierta, en algún momento se quitó la camisa y quedó con el torso desnudo, puso la camisa en medio de su cinturón.

Sí, tenía muy buen cuerpo, sus facciones eran toscas, el bigote era escaso, pelo lacio y muy corto,  era completamente lampiño, sus pies eran anchos, los dedos gruesos, quizá era el tipo de hombre que a muchos no les gustaría y dirían que era feo, pero a mí me generaba una gran atracción, me gustaba mucho. En eso andaba cuando alguien me habló desde la orilla, era Antonio, mi amigo de la secundaria que estaba con su esposa y su niña, tuve que salir a saludarlo, me dijo que no sabía que estaba en el pueblo y que debí haberle avisado. Él tampoco brincaba y sólo iban para que la niña se entretuviera viendo a los chinelos, en días de carnaval no abria su tienda porque decía que no podía controlar a la gente que entraba y varias veces le habían robado producto, así que optaba por cerrarla. Me invitó a su casa, me dijo que a él le había tocado dar de cenar a los de la música y que quería que yo fuera también, de hecho ya casi se iban para ver que todo estuviera listo. Yo quería quedarme a ver si podía ver aún al hombre que me había gustado, pero ya lo había perdido de vista y tenía rato de no platicar con mi amigo, así que me fui con ellos. Faltarían un par de horas para que terminara el brinco, quizá ya no volvería a verlo y me hice a la idea de que no lo vería más, por lo menos ese día.

Ya en casa de Antonio, me invitó unas cervezas y platicamos brevemente poniéndonos al día de las ultimas noticias en común, pude darme cuenta que el haberse casado y estar en la tienda lo había hecho subir de peso, lo recordaba delgado de joven cuando nos juntábamos varios amigos de la escuela, en eso estábamos, cuando de pronto comenzó a llegar la gente a su casa, las mesas de doblar ya estaban puestas y había contratado a quien hizo las carnitas, había bastante alcohol, tan pronto como estaba por terminar una cerveza me abrían otra, las primeras las tomé muy rápido, el calor de la tarde y el brinco me había dejado con sed, mucha de la gente que llegaba ya no la conocía, hacía años que había salido de mi pueblo. A lo lejos se comenzó a escuchar la música del chinelo que iba acercándose a su casa, al llegar tocaron el chinelo y luego algunas otras piezas de danzón antes de sentarse a cenar. Iba mucha gente con ellos, entre ellos iba el hombre moreno que había visto antes, ya llevaba puesta la camisa y parecía ir con sus amigos. Entonces Antonio le habló y ambos fueron hacía mí, me dijo: “te presento a mi hermano José”, note que si había un parecido entre ellos, él me extendió la mano y me saludó, sentí su mano firme y la piel con callosidades, al tenerlo cerca pude notar su olor, era inexplicable lo que me hizo sentir, pero era una mezcla de rechazo y atracción al mismo tiempo.

No pareció reparar en mí el resto de la noche, él tomaba con sus amigos, yo por mi lado casi no conocía a nadie, de vez en cuando Antonio llegaba conmigo y platicaba un poco y luego se iba a atender a la gente. La cerveza se terminó, Antonio me trajo una botella de tequila, me sirvió medio vaso de plástico con tequila solo y él se tomó otro, así era como tomaban, no mezclaban el tequila con refresco ni con hielo, era el tequila puro. Yo no estaba acostumbrado a tomar así, antes había tomado cerveza, comenzaba a sentirme ebrio, pero aun así buscaba con la mirada a su hermano José, vi que estaba solo sentado en una silla, por ratos clavaba la cabeza, por ratos se despertaba, no se daba cuenta que lo veía de reojo, mientras él no fijaba la atención en nadie. Mi amigo Antonio me dijo que su hermano se había dedicado al campo, no le gustó estudiar y sembraba algunas tierras que tenían sus padres, no le gustaba estar en la tienda y se la pasaba casi siempre en el campo, a pesar de ser mayor que él por cinco años no se había casado aún y tenía poco que había terminado con una novia, aparentemente eso le había pegado mucho y era uno de los motivos por los cuales esa noche estaba tomando bastante.

La noche avanzaba, la gente comenzaba a irse, dejé de ver a José y yo también quería irme, pero no vivía cerca de ahí y me encontraba bastante tomado. Me quise retirar, me despedí de Antonio quien no quería que me fuera así, yo si pensaba llegar así a mi casa, pero estaba bastante tomado y ya no me conocían mucho en el pueblo, si me encontraba a otros borrachos y peleaban no iba a poder defenderme, me acompañó a la salida y el frío de la noche me pegó en el rostro, sentí náuseas y vomité, la cabeza me daba vueltas. Antonio me dijo que mejor me quedara a dormir ahí, varios de sus conocidos iban a quedarse, me pasó el brazo sobre sus hombros y me llevó al interior de la casa, había un pasillo largo, al fondo había un cuarto, cuando entramos vi que alguien ya dormía en la única cama que había ahí, y unos huaraches estaban en el piso. Me dijo que era el cuarto de su hermano José, quien ya estaba dormido, me dijo que no había problema, que cuando había fiesta como ese día compartía su cama con alguien más, que estaban acostumbrados, y no había más espacio donde quedarse. Me pasó una cobija, me acosté a un lado de su hermano, me cubrí y él se fue cerrando la puerta. Poco a poco el silencio iba llegando, solo los ronquidos de José se escuchaban, estaba perdido de borracho. La oscuridad no me permitía ver más que sombras, veía la silueta de su cuerpo a un lado durmiendo boca arriba, yo me quedé vestido, no sabía si José también lo estaba, estaba cubierto con su propia cobija. La cabeza no paraba de darme vueltas, no podía dormir y comencé a sentir calor, dos cuerpos alcoholizados juntos generan mucho calor. Me quité la cobija y me quedé así, cerrando los ojos e intentando dormir, José me había gustado, pero además de que era el hermano de mi amigo, no había demostrado el más mínimo interés en mi persona y la cabeza no dejaba de martillarme por el alcohol y me daba vueltas.

Poco a poco comenzaba a quedarme dormido cuando de repente José se volteó hacia mí y puso su brazo sobre mi torso, abrazándome, eso me despertó, mi corazón comenzó a latir con fuerza y tuve una erección, mi respiración se hizo más agitada, aparentemente José seguía dormido, no había cambios en su respiración. Pude sentir que tenía el torso desnudo, sentía su aliento a alcohol respirando cerca de mi cara, su olor corporal era fuerte. No quise quitarle la mano, estuvo así un rato y al poco tiempo comenzó a bajar su mano hasta llegar a mi entrepierna, su mano quedó ahí, encima de mi pantalón, sobre mi miembro erecto, su mano me cubría todo el bulto y ejercía una ligera presión. Me quedé quieto, noté un cambio en su respiración, sus dedos comenzaron a acariciar mi bulto y a tratar de abrir el zipper con un movimiento apenas perceptible. No sabía si él dormía o hacía esto consciente, estuve tratando de controlar mi erección un rato, pero el olor de su cuerpo me excitaba, mis ojos veían la silueta de su torso vuelto de lado hacia mí, entonces desabroché lentamente mi cinturón y abrí el cierre, José no había quitado su mano, sus dedos se metieron entre mi pantalón y luego debajo de mi truza para tomar mi verga que ya lubricaba, la tomó con fuerza, sentir esa mano fuerte y áspera en mi verga era excitante, estuvo así jugando un rato y luego, poco a poco, fue bajando el cuerpo hasta que su cara quedó cerca de mi verga.

Estuvo así un rato, los labios entreabiertos, los ojos cerrados, la respiración agitada, y de pronto se llevó mi verga a su boca, su boca caliente comenzó a mamar lentamente mi miembro, primero con torpeza, luego con más soltura, no hacía ruido, sólo escuchaba su respiración agitada, yo sentía que iba a eyacular en cualquier momento, él se dio cuenta y sólo dejó mi verga dentro de su boca mientras sus dientes apretaban la base de mi verga provocándome un ligero dolor que hacía que la sensación del orgasmo pasara, luego volvía a mamar sin sacarla de su boca, lo alternaba con mordidas que me daba en la base, había dolor, pero no me hacía daño. Después de un rato se volvió a recostar en la cama boca arriba, su mano jugaba con su propia verga que emergía entre los bóxer que tenía puestos, mi mano se dirigió a su verga, lubricaba, era de tamaño regular, gruesa e hinchada de venas, el glande tenía textura por lo hinchada, entonces hice lo mismo que él había hecho, su olor era penetrante y su sabor salado, estuve un rato así cuando de repente sentí que su miembro se hinchaba más y un líquido caliente inundó mi boca. Escupí lo que pude al piso, José quedó quieto un momento, sólo su respiración agitada se escuchaba, luego bajó su cara a mi miembro, no duré mucho y eyaculé. Él se levantó de la cama, se calzó los huaraches y salió del cuarto, al poco tiempo volvió con una botella de tequila, se sentó en la cama sin verme, dio unos tragos a la botella y luego me la pasó. Apuré el tequila, sentí que me calmaba la garganta, mi estómago se calentó y el sueño me invadió. No supe más esa noche.

Al amanecer José ya no estaba, la cabeza me dolía terriblemente, no estaba acostumbrado a tomar, a la luz de la mañana vi su cuarto, desordenado, herramientas, ropa de trabajo, un par de sillas, un ropero, una mesa, un par de zapatos y varios pares de huaraches. Salí del cuarto, ya había gente levantada, llegué al patio donde las mesas seguían puestas, mi amigo Antonio ya andaba levantado, había gente que yo no conocía que había llegado al recalentado, me vio y me invitó a desayunar, yo no tenía hambre, me dijo que me veía de la chingada mientras me destapaba una cerveza. Le pregunté por su hermano José, me dijo que había salido temprano, no quise preguntar más, estuve un rato y luego me fui a mi casa donde seguí durmiendo hasta medio día.

Era el segundo día de Carnaval, me desperté con hambre, el dolor de cabeza había cedido, salí y me dirigí al centro donde estaban los puestos de comida, me detuve en alguno y comí como si hubiese estado en ayuno. El brinco del chinelo comenzaba después de las 4 de la tarde, caminé entre los puestos de la feria, cosas típicas, pan de feria, algodones, artesanías, y me detuve en un puesto de huaraches. Por primera vez en muchos años vi los huaraches de forma distinta, de niño los odié, nunca me gustaron y tan pronto como me fui a estudiar jamás volví a usarlos, fueron reemplazados por zapatos y tenis. Pero esta vez, el recuerdo de José y sus pies gruesos usándolos estaba fijo en mi cabeza. Vi los huaraches del puesto, tomé unos, los sentí toscos, el encargado me preguntó mi número, buscó unos y me dijo que me los probara, lo hice, la sensación fue extraña, mis pies ya no estaban acostumbrados a usar huaraches, pero al usarlos vi mis pies de otra forma, detalles que no había reparado de mí mismo, había una sensación de desnudez velada. Después de darme un baño en casa, me puse mis  huaraches recién adquiridos, usarlos me reconectaba con mis recuerdos del pasado, algunos tristes, pero ahora usarlos me hacía sentir bien, entonces me fui caminando hacia donde la gente ya estaba en el brinco del chínelo.


No sabía bien qué era lo que había pasado la noche anterior, quizá solo había sido un sueño, no estaba seguro de los detalles, no sabía qué pasaría cuando volviera a ver a José, en pocos días dejaría el pueblo para volver al trabajo, no sabía si en este segundo día de carnaval lo vería. La gente iba pasando brincando el chinelo, la banda de música se acercaba, la bandera ondeaba entre la gente, entonces vi a José, iba como el día anterior, ondeando la bandera de los chinelos, volteó a verme, me miró fijamente sin mostrar ninguna expresión, entonces vio mis pies calzados con huaraches, una sonrisa se dibujó en su cara, me incorporé al grupo que brincaba el chinelo, me fui acercando a él y entonces él se acercó a mí y me dio la bandera. La tarde avanzaba, yo observaba a José y recordaba el día anterior en que lo vi por primera vez, pero algo ya no era igual, algo había cambiado, ahora iba junto a José, quien me regalaba enormes sonrisas mientras brincaba junto a mí, la noche poco a poco iba cayendo, mientras el alcohol iba calentando los cuerpos en éxtasis por el baile.

Por: Martín Soloman
En algún Carnaval de los años noventas en Morelos