1 de marzo de 2017

Huarachudo

Hace mucho que no voy a un carnaval, creo que ya no son como antes, me parece que han cambiado, o tal vez sea yo quien haya cambiado. Pero no siempre fue así, de niño mis abuelos me llevaban al carnaval con su tradicional brinco del chinelo, como se celebra aquí en el estado de Morelos, nunca tuve disfraz, era muy caro para una festividad que sólo duraba tres días al año, era mejor gastar el dinero en un par de zapatos para ir a la escuela, al llegar a casa me los tenía que quitar y usar huaraches, debo confesar que no me gustaba usarlos, pero no había de otra, sólo tenía un par de zapatos y había que cuidarlos. Cuando crecí iba con mis amigos de la escuela al brinco de chinelo y después a los juegos mecánicos y a comer las golosinas que siempre hay en las ferias. Pero cuando ingresé a la preparatoria eso cambió, me fui a estudiar fuera de mi pueblo, si uno quería seguir estudiando había que ir a otra ciudad y sólo regresaba a mi casa en vacaciones, o en puentes y días festivos, y no siempre coincidía con el Carnaval de mi pueblo. Cuando regresaba visitaba a mis amigos de la época de la secundaria, costumbre que poco a poco fui perdiendo, pues todos vamos cambiando, conociendo otras personas, construyendo una vida propia, y los amigos de secundaria van quedando cada vez más lejanos en el pasado, llegando a ser casi extraños, como si los hubiéramos conocido en otra vida.

Conservé amistad solo con uno de ellos, Antonio, quien resultó malo para los estudios pero muy bueno para el trabajo, vivía cerca del centro del pueblo y comenzó con una pequeña tiendita en su casa, le funcionó bien y con el paso del tiempo la fue ampliando cada vez más hasta llegar a ser un minisúper, cuando lo visitaba era en su tienda, me invitaba un refresco y platicábamos de cómo nos había ido a cada uno. Para cuando terminé de estudiar él ya se había casado y tenía una niña pequeña, no pude estar en su boda y cada vez nos veíamos menos. Fue un par de años después de que termine la universidad, cuándo ya trabajaba que me tocó estar nuevamente en un carnaval, fui como espectador, ya no me gustaba el brinco del chinelo y sólo veía a quienes iban brincando.

Entonces, alguien de entre la multitud me llamó la atención, era un hombre quizá unos años mayor que yo, moreno, su cuerpo se veía recio, con músculos formados por el trabajo físico y la piel curtida por el sol, llevaba la bandera que movía de un lado a otro, mientras tras él, iba la banda de música (aquí le llaman comparsa) tocando las variaciones a la música del chinelo, su cuerpo iba sudoroso, bailar el chinelo es un ejercicio intenso y llevar ondeando una bandera es algo que lo hace más pesado todavía, la camisa se le había desabotonado y le podía ver en su torso cómo los músculos se le tensaban en cada movimiento mientras que gotas de sudor escurrían por él, no parecía tener expresión y sólo iba concentrado en seguir el ritmo de la música y ondear alto la bandera, los músculos de sus tríceps se marcaban al sujetarla y algo más que me gustó mucho, fue que usaba huaraches. Eso me llamó la atención, usar huaraches para el brinco del chinelo no es común, ese tipo de baile exige mucha fuerza con los pies, pude notar que sus pies eran fuertes y cada paso era firme, por alguna razón que no sabía explicar me gustó ver sus pies desnudos, era como si pudiera ver toda su desnudez sólo con ver sus pies desnudos en huaraches.

Entonces me incorporé a la gente a brincar el chinelo, quería estar cerca de ese hombre que tanto me había llamado la atención, para seguir viéndolo, de vez en cuando alguien se acercaba a él para pedirle la bandera, pero él ponía atención y sólo se la daba si era alguien del pueblo, los fuereños no tenían permitido tomar la bandera y si no eran de ahí se las negaba. Era entonces cuando de la gente de la banda de música le pasaban bebida en un vaso, parecía ser aguardiente con refresco en un vaso de plástico que apuraba de un golpe. Estar ahí entre la multitud era sofocante, el calor de la tarde y la época de sequía hacían más seca la sensación de calor mientras cientos de pies brincaban sobre el pavimento polvoso y el sudor corría por todo el cuerpo, sus pies y huaraches lucían polvosos. Yo iba cerca, viendo su cuerpo con la camisa abierta, en algún momento se quitó la camisa y quedó con el torso desnudo, puso la camisa en medio de su cinturón.

Sí, tenía muy buen cuerpo, sus facciones eran toscas, el bigote era escaso, pelo lacio y muy corto,  era completamente lampiño, sus pies eran anchos, los dedos gruesos, quizá era el tipo de hombre que a muchos no les gustaría y dirían que era feo, pero a mí me generaba una gran atracción, me gustaba mucho. En eso andaba cuando alguien me habló desde la orilla, era Antonio, mi amigo de la secundaria que estaba con su esposa y su niña, tuve que salir a saludarlo, me dijo que no sabía que estaba en el pueblo y que debí haberle avisado. Él tampoco brincaba y sólo iban para que la niña se entretuviera viendo a los chinelos, en días de carnaval no abria su tienda porque decía que no podía controlar a la gente que entraba y varias veces le habían robado producto, así que optaba por cerrarla. Me invitó a su casa, me dijo que a él le había tocado dar de cenar a los de la música y que quería que yo fuera también, de hecho ya casi se iban para ver que todo estuviera listo. Yo quería quedarme a ver si podía ver aún al hombre que me había gustado, pero ya lo había perdido de vista y tenía rato de no platicar con mi amigo, así que me fui con ellos. Faltarían un par de horas para que terminara el brinco, quizá ya no volvería a verlo y me hice a la idea de que no lo vería más, por lo menos ese día.

Ya en casa de Antonio, me invitó unas cervezas y platicamos brevemente poniéndonos al día de las ultimas noticias en común, pude darme cuenta que el haberse casado y estar en la tienda lo había hecho subir de peso, lo recordaba delgado de joven cuando nos juntábamos varios amigos de la escuela, en eso estábamos, cuando de pronto comenzó a llegar la gente a su casa, las mesas de doblar ya estaban puestas y había contratado a quien hizo las carnitas, había bastante alcohol, tan pronto como estaba por terminar una cerveza me abrían otra, las primeras las tomé muy rápido, el calor de la tarde y el brinco me había dejado con sed, mucha de la gente que llegaba ya no la conocía, hacía años que había salido de mi pueblo. A lo lejos se comenzó a escuchar la música del chinelo que iba acercándose a su casa, al llegar tocaron el chinelo y luego algunas otras piezas de danzón antes de sentarse a cenar. Iba mucha gente con ellos, entre ellos iba el hombre moreno que había visto antes, ya llevaba puesta la camisa y parecía ir con sus amigos. Entonces Antonio le habló y ambos fueron hacía mí, me dijo: “te presento a mi hermano José”, note que si había un parecido entre ellos, él me extendió la mano y me saludó, sentí su mano firme y la piel con callosidades, al tenerlo cerca pude notar su olor, era inexplicable lo que me hizo sentir, pero era una mezcla de rechazo y atracción al mismo tiempo.

No pareció reparar en mí el resto de la noche, él tomaba con sus amigos, yo por mi lado casi no conocía a nadie, de vez en cuando Antonio llegaba conmigo y platicaba un poco y luego se iba a atender a la gente. La cerveza se terminó, Antonio me trajo una botella de tequila, me sirvió medio vaso de plástico con tequila solo y él se tomó otro, así era como tomaban, no mezclaban el tequila con refresco ni con hielo, era el tequila puro. Yo no estaba acostumbrado a tomar así, antes había tomado cerveza, comenzaba a sentirme ebrio, pero aun así buscaba con la mirada a su hermano José, vi que estaba solo sentado en una silla, por ratos clavaba la cabeza, por ratos se despertaba, no se daba cuenta que lo veía de reojo, mientras él no fijaba la atención en nadie. Mi amigo Antonio me dijo que su hermano se había dedicado al campo, no le gustó estudiar y sembraba algunas tierras que tenían sus padres, no le gustaba estar en la tienda y se la pasaba casi siempre en el campo, a pesar de ser mayor que él por cinco años no se había casado aún y tenía poco que había terminado con una novia, aparentemente eso le había pegado mucho y era uno de los motivos por los cuales esa noche estaba tomando bastante.

La noche avanzaba, la gente comenzaba a irse, dejé de ver a José y yo también quería irme, pero no vivía cerca de ahí y me encontraba bastante tomado. Me quise retirar, me despedí de Antonio quien no quería que me fuera así, yo si pensaba llegar así a mi casa, pero estaba bastante tomado y ya no me conocían mucho en el pueblo, si me encontraba a otros borrachos y peleaban no iba a poder defenderme, me acompañó a la salida y el frío de la noche me pegó en el rostro, sentí náuseas y vomité, la cabeza me daba vueltas. Antonio me dijo que mejor me quedara a dormir ahí, varios de sus conocidos iban a quedarse, me pasó el brazo sobre sus hombros y me llevó al interior de la casa, había un pasillo largo, al fondo había un cuarto, cuando entramos vi que alguien ya dormía en la única cama que había ahí, y unos huaraches estaban en el piso. Me dijo que era el cuarto de su hermano José, quien ya estaba dormido, me dijo que no había problema, que cuando había fiesta como ese día compartía su cama con alguien más, que estaban acostumbrados, y no había más espacio donde quedarse. Me pasó una cobija, me acosté a un lado de su hermano, me cubrí y él se fue cerrando la puerta. Poco a poco el silencio iba llegando, solo los ronquidos de José se escuchaban, estaba perdido de borracho. La oscuridad no me permitía ver más que sombras, veía la silueta de su cuerpo a un lado durmiendo boca arriba, yo me quedé vestido, no sabía si José también lo estaba, estaba cubierto con su propia cobija. La cabeza no paraba de darme vueltas, no podía dormir y comencé a sentir calor, dos cuerpos alcoholizados juntos generan mucho calor. Me quité la cobija y me quedé así, cerrando los ojos e intentando dormir, José me había gustado, pero además de que era el hermano de mi amigo, no había demostrado el más mínimo interés en mi persona y la cabeza no dejaba de martillarme por el alcohol y me daba vueltas.

Poco a poco comenzaba a quedarme dormido cuando de repente José se volteó hacia mí y puso su brazo sobre mi torso, abrazándome, eso me despertó, mi corazón comenzó a latir con fuerza y tuve una erección, mi respiración se hizo más agitada, aparentemente José seguía dormido, no había cambios en su respiración. Pude sentir que tenía el torso desnudo, sentía su aliento a alcohol respirando cerca de mi cara, su olor corporal era fuerte. No quise quitarle la mano, estuvo así un rato y al poco tiempo comenzó a bajar su mano hasta llegar a mi entrepierna, su mano quedó ahí, encima de mi pantalón, sobre mi miembro erecto, su mano me cubría todo el bulto y ejercía una ligera presión. Me quedé quieto, noté un cambio en su respiración, sus dedos comenzaron a acariciar mi bulto y a tratar de abrir el zipper con un movimiento apenas perceptible. No sabía si él dormía o hacía esto consciente, estuve tratando de controlar mi erección un rato, pero el olor de su cuerpo me excitaba, mis ojos veían la silueta de su torso vuelto de lado hacia mí, entonces desabroché lentamente mi cinturón y abrí el cierre, José no había quitado su mano, sus dedos se metieron entre mi pantalón y luego debajo de mi truza para tomar mi verga que ya lubricaba, la tomó con fuerza, sentir esa mano fuerte y áspera en mi verga era excitante, estuvo así jugando un rato y luego, poco a poco, fue bajando el cuerpo hasta que su cara quedó cerca de mi verga.

Estuvo así un rato, los labios entreabiertos, los ojos cerrados, la respiración agitada, y de pronto se llevó mi verga a su boca, su boca caliente comenzó a mamar lentamente mi miembro, primero con torpeza, luego con más soltura, no hacía ruido, sólo escuchaba su respiración agitada, yo sentía que iba a eyacular en cualquier momento, él se dio cuenta y sólo dejó mi verga dentro de su boca mientras sus dientes apretaban la base de mi verga provocándome un ligero dolor que hacía que la sensación del orgasmo pasara, luego volvía a mamar sin sacarla de su boca, lo alternaba con mordidas que me daba en la base, había dolor, pero no me hacía daño. Después de un rato se volvió a recostar en la cama boca arriba, su mano jugaba con su propia verga que emergía entre los bóxer que tenía puestos, mi mano se dirigió a su verga, lubricaba, era de tamaño regular, gruesa e hinchada de venas, el glande tenía textura por lo hinchada, entonces hice lo mismo que él había hecho, su olor era penetrante y su sabor salado, estuve un rato así cuando de repente sentí que su miembro se hinchaba más y un líquido caliente inundó mi boca. Escupí lo que pude al piso, José quedó quieto un momento, sólo su respiración agitada se escuchaba, luego bajó su cara a mi miembro, no duré mucho y eyaculé. Él se levantó de la cama, se calzó los huaraches y salió del cuarto, al poco tiempo volvió con una botella de tequila, se sentó en la cama sin verme, dio unos tragos a la botella y luego me la pasó. Apuré el tequila, sentí que me calmaba la garganta, mi estómago se calentó y el sueño me invadió. No supe más esa noche.

Al amanecer José ya no estaba, la cabeza me dolía terriblemente, no estaba acostumbrado a tomar, a la luz de la mañana vi su cuarto, desordenado, herramientas, ropa de trabajo, un par de sillas, un ropero, una mesa, un par de zapatos y varios pares de huaraches. Salí del cuarto, ya había gente levantada, llegué al patio donde las mesas seguían puestas, mi amigo Antonio ya andaba levantado, había gente que yo no conocía que había llegado al recalentado, me vio y me invitó a desayunar, yo no tenía hambre, me dijo que me veía de la chingada mientras me destapaba una cerveza. Le pregunté por su hermano José, me dijo que había salido temprano, no quise preguntar más, estuve un rato y luego me fui a mi casa donde seguí durmiendo hasta medio día.

Era el segundo día de Carnaval, me desperté con hambre, el dolor de cabeza había cedido, salí y me dirigí al centro donde estaban los puestos de comida, me detuve en alguno y comí como si hubiese estado en ayuno. El brinco del chinelo comenzaba después de las 4 de la tarde, caminé entre los puestos de la feria, cosas típicas, pan de feria, algodones, artesanías, y me detuve en un puesto de huaraches. Por primera vez en muchos años vi los huaraches de forma distinta, de niño los odié, nunca me gustaron y tan pronto como me fui a estudiar jamás volví a usarlos, fueron reemplazados por zapatos y tenis. Pero esta vez, el recuerdo de José y sus pies gruesos usándolos estaba fijo en mi cabeza. Vi los huaraches del puesto, tomé unos, los sentí toscos, el encargado me preguntó mi número, buscó unos y me dijo que me los probara, lo hice, la sensación fue extraña, mis pies ya no estaban acostumbrados a usar huaraches, pero al usarlos vi mis pies de otra forma, detalles que no había reparado de mí mismo, había una sensación de desnudez velada. Después de darme un baño en casa, me puse mis  huaraches recién adquiridos, usarlos me reconectaba con mis recuerdos del pasado, algunos tristes, pero ahora usarlos me hacía sentir bien, entonces me fui caminando hacia donde la gente ya estaba en el brinco del chínelo.


No sabía bien qué era lo que había pasado la noche anterior, quizá solo había sido un sueño, no estaba seguro de los detalles, no sabía qué pasaría cuando volviera a ver a José, en pocos días dejaría el pueblo para volver al trabajo, no sabía si en este segundo día de carnaval lo vería. La gente iba pasando brincando el chinelo, la banda de música se acercaba, la bandera ondeaba entre la gente, entonces vi a José, iba como el día anterior, ondeando la bandera de los chinelos, volteó a verme, me miró fijamente sin mostrar ninguna expresión, entonces vio mis pies calzados con huaraches, una sonrisa se dibujó en su cara, me incorporé al grupo que brincaba el chinelo, me fui acercando a él y entonces él se acercó a mí y me dio la bandera. La tarde avanzaba, yo observaba a José y recordaba el día anterior en que lo vi por primera vez, pero algo ya no era igual, algo había cambiado, ahora iba junto a José, quien me regalaba enormes sonrisas mientras brincaba junto a mí, la noche poco a poco iba cayendo, mientras el alcohol iba calentando los cuerpos en éxtasis por el baile.

Por: Martín Soloman
En algún Carnaval de los años noventas en Morelos





4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ufff....que historia tan candente y bien marradas y es exitante hacerlo con una persona de campo un hombre de campo es rudo y a la vez tierno fuerte y a la vez Devil su aroma es muy viril y penetrante

solomanmex dijo...

Gracias por la lectura y por los comentarios, esperamos nos sigas leyendo y cualquier sugerencia será bienvenida

Anónimo dijo...

Muy bueno el relato...ojala subieras mas con huaraches....

Saludos

Unknown dijo...

Que historia mas interesante, en verdad excelente desarrollo. Me gustó mucho el relato.