16 de febrero de 2017

Mi hijo adoptivo

Fue un 14 de febrero, diez años atrás cuando conocí a Isidro, su piel blanca y su cabello intensamente negro me atrajeron de inmediato, siempre me han gustado los hombres con esas características. Estaba en un pequeño convivio con amigos cuando se acercó hasta mí y se presentó, su carácter amigable y extrovertido me facilito las cosas, no soy muy bueno para hacer amigos y soy aun peor para iniciar relaciones, comenzamos a salir y poco tiempo después comenzamos a vivir juntos. Durante dos años tuvimos una buena relación, con altibajos, como todas, de no ser porque había ciertas cosas en Isidro que no me gustaban del todo, de vez en cuando se desaparecía y no llegaba por las noches, me contaba que visitaba a su madre. Tenía dos hermanas, por supuesto yo no las conocía, me dijo que no tenían buena relación, pero una de ellas se hacía cargo de su madre anciana y que cuando se ausentaba era porque la visitaba. Yo no tenía forma de verificar si era cierto lo que me decía, así que solo me quedaba creerle. Vivíamos juntos en mi casa y nunca supe donde vivía antes.

En cierta ocasión llego acongojado, parecía que tenía un problema que no podía resolver, entonces le pregunte si le pasaba algo, me hablo en tono muy serio, me dijo que tenía que hablar conmigo de algo que le costaba trabajo, escuche con atención mientras me decía que tenía un hijo de 10 años. Me explico que antes se definía como bisexual y tuvo relación con varias mujeres, que durante un tiempo había vivido con una mujer y que ella le había dado un hijo, pero que poco después se separaron y su hijo había vivido todo ese tiempo con ella. Me sorprendió que no me lo hubiese contado, supuse que yo no le había dado la confianza para ello, así que le pregunte por qué razón me decía eso ahora, me respondió diciendo que la madre del niño, ya no podía atenderlo, porque se había juntado con otro hombre y ya no tenía lugar para él, que quería empezar desde cero con su nuevo amor, que ahora le tocaba atenderlo a Isidro. Quizá yo podría aceptar que el niño viviera un tiempo con nosotros, en lo que resolvía donde llevar al niño.

Esa situación me hizo darme cuenta de que muchas de las cosas que Isidro me había contado no eran del todo ciertas. Las supuestas hermanas nunca aparecieron y de su madre no volvió a comentarme nada. Me dijo que durante ese tiempo su exmujer no le había permitido convivir con el niño, pero con el tiempo me di cuenta que en realidad él era una persona muy egoísta e irresponsable y que en realidad se había desentendido de su hijo, si bien quizá aportaba dinero nunca había hecho nada más por él. Me molesto mucho su actitud, por qué no me había contado eso de su vida, me parecía algo muy importante. Luego pensaba que como sea que hubiese sido, tenía un hijo, era una vida y no le estaba dando la importancia que debía, más bien al parecer lo veía como una molestia de la cual deseaba deshacerse con tal de que no le afectara en su vida, era muy cruel que pensara así. Me sentí impulsado a negarme, pero acepte que llevara al niño con nosotros, aun así le recalque que resolviera ese asunto lo más pronto posible, lo que yo quería saber era si de verdad haría algo por él.

Cuando Iván llego a casa tenía 10 años pero parecía más pequeño, como de 7, donde trabajaba tenía una compañera con una niña de esa edad, Iván se veía del mismo tamaño. Con el tiempo descubrí que Isidro no había sido para nada un buen padre, que la madre era una mujer desobligada que nunca lo atendió adecuadamente y que Iván había rodado mucho tiempo entre familiares y que en todos lados había sido maltratado, pero sobre todo habían destrozado mucho su autoestima, era un pequeño niño muy temeroso de los golpes y de los abusos de los demás. Me conmovió mucho comprender por todo lo que había pasado. Al principio no me tenía confianza y creo que no entendía por qué su papa y yo vivíamos juntos, pero cuando yo comencé a tratarlo de forma cariñosa, a hacerle pequeños regalos y a darle atención, la que no le daba Isidro ni porque lo tenía en casa, su actitud cambio hacia mí y me di cuenta que era un niño muy dulce, deseoso de atención y cariño, a partir de entonces cada vez que podía se acercaba hasta mí y me daba abrazos cada vez que lo deseaba. Me di cuenta que su padre nunca lo trataría bien, ni haría nada bueno por él, varias veces discutí con Isidro porque no hacía nada por el niño y muchas veces me dijo que me lo dejaría, que se iba a ir de la casa y que yo fuera su madre, si tanto lo quería. Cuando Iván escuchaba eso, no decía nada, solo me observaba. Deje de pelear con Isidro por el niño, me di cuenta que eso estresaba al pequeño y decidí no someterlo a mas sufrimiento. Comencé a querer mucho a Iván, después de que muchas veces había dicho que no quería tener hijos, ahora me sentía con el deseo de dar mucho cariño a este niño, pero sabía que había muchas cosas que podían complicar ese deseo y trataba de tomarlo con cautela.

Pasó un año y durante ese tiempo me encariñe más con Iván, se desarrolló mucho, adquirió más confianza en sí mismo, y me buscaba más que a su padre para platicar. Las cosas entre Isidro y yo, ya no estaban bien, habíamos dejado de tener intimidad desde hacía un buen tiempo y yo sabía que él  tenía que ver con otras personas, lo cual dejo de importarme porque yo estaba centrado en Iván, sabía que no era mi hijo, pero como si lo fuera, cuando iba por él a la escuela me confundían con su padre y eso me gustaba, Isidro solo nos observaba, no parecía estar molesto en mi interés por Iván, después de todo yo hacia la función de padre que le pertenecía, pero que no quería hacer. De pronto un día, después de que perdió su trabajo, Isidro me dijo que quería irse a trabajar a los Estados Unidos, me preocupo la idea de que se fuera porque entonces Iván corría peligro de volver a la vida que había llevado antes con sus familiares. Pero Isidro me dijo que si se iba, me quería confiar a Iván y que él me mandaría para sus gastos, acepte porque quería mucho a Iván, era lo más cercano a un hijo que yo podía tener. Llego el día de la partida de Isidro, en vano le dije que se quedara que podía encontrar un trabajo que le permitiera vivir bien, pero al parecer en su mente ya estaba sembrada la idea de irse por el sueño americano o quizá solo estaba cansado de nosotros y quería vivir algo distinto, Iván solo estaba en silencio, parecía que no le importaba lo que su padre hiciera. Isidro paso con éxito a los Estados Unidos y envió algunos dólares para su hijo, pero después de eso ya nunca volvió a mandar más dinero ni a comunicarse y le perdí la pista.

Iván termino la secundaria, después ingreso a la preparatoria. Ahora es un joven muy distinto al niño que conocí, es un joven muy alto y fuerte, bastante inteligente y el cual me respeta mucho y me obedece en todo lo que yo le pido. Siempre he respetado su propio espacio y no invado su intimidad. Han pasado casi 8 años desde que llego a mi vida y me siento muy feliz por él. Como no somos familiares consanguíneos y su padre me lo confió, él sabe que en cuanto cumpla 18 años puede hacer lo que desee, de todos modos no hay nada legal que lo ate a mí. Cuando su padre se fue, hicimos un pacto de cuidarnos el uno al otro, yo no tengo familia y la que él tiene es como si no existiera, pues nunca lo han buscado, le dije que mientras pueda, yo lo apoyare. Es un joven muy especial, creo que la vida difícil que tuvo de niño, lo convirtió en una persona muy sensible a las necesidades de los demás, ya me comento que desea estudiar psicología, antropología o sociología.

Hace poco tuvimos una conversación en la que hablamos de sexualidad, me pregunto acerca de mí y de su padre, le conté todo y le dije que aunque finalmente no tuve una buena relación con él, agradezco haberlo conocido, porque gracias a eso lo pude conocer a él también y que era alguien muy especial en mi vida. Me dio las gracias por todo lo que yo hago por él y me dijo que me quiere mucho, que nunca nadie se interesó en él y que yo lo hice sin tener esa obligación, yo también le dije que lo quería, que aunque no era mi hijo, era como si lo fuera.

Hoy por la mañana, antes de que saliera para el trabajo, Iván me marco y me pidió un favor, que le llevara un cuaderno que había olvidado y que necesitaba, tuve que entrar a su cuarto, no encontraba el dichoso cuaderno, pero si encontré otro pequeño cuaderno desgastado, me di cuenta que era un diario, en medio estaba un sobre, me llamó la atención el remitente, era de Isidro e iba dirigido a mí, lo abrí y leí. Isidro me decía que muy pronto iba a regresar a México, que no venía solo, que durante ese tiempo había conocido a un norteamericano y que le había contado que tenía un hijo y que él le había propuesto que su hijo merecía una mejor oportunidad de vida en Estados Unidos, así que en poco tiempo vendría por él, agradecía lo que yo había hecho por él pero que legalmente él era el padre de Iván y que esperaba que yo lo entendiera.

Me quedé sin saber qué hacer, una y otra vez veía las líneas escritas en la carta, era consciente que Iván no era mi hijo pero después de tantos años ahora aparecía Isidro para llevárselo. La carta ya la había leído Iván y no me había dicho nada, quise poner el sobre en su diario y entonces sin querer lo abrí en las últimas páginas que había escrito y pude leer “…no puedo irme con quien toda su vida me rechazó, es mi padre pero no lo veo como tal, y no puede obligarme a ir con él, voy a quedarme aquí, ya no soy el niño que durante mucho tiempo maltrato, ahora soy un hombre, pronto cumpliré 18 y no aceptare más caprichos de él, renunciare a ser su hijo y me quedare con quien ha sido como un padre sin ser su obligación…”

Esa tarde lo esperé al salir de la escuela, él no estaba sólo, y de alguna forma yo tampoco lo estaba.  Ambos estábamos listos para esperar el regreso de Isidro.


Adaptación por: Tigrillo Serch

2 de febrero de 2017

Costumbres

“Háblame de ti, cuéntame, de tu viiida…” La chica trans imitadora de Rocío Durcal avanzaba hacia nuestra mesa, portaba un vestido de olanes a la española y flores en su pelo, era un poco burda en su arreglo artificial al tratar de recrear la ilusión de que era quien imitaba, pero a nadie le importaba eso, más bien, era el tipo de canción que, a todos los que teníamos ya bastantes tragos encima, nos llegaba al fondo de los sentimientos, que a esa hora de la noche estaban a flor de piel, sentimientos que durante el día tenemos controlados y que en ese momento y gracias al alcohol, sacábamos a grito abierto cantando junto con la Rocío que, con micrófono en mano, se movía entre una mesa y otra, todos éramos una sola voz, un solo grito que cantaba “no cabe duda que es verdad, que la costumbre es más fuerte que el amor…”, y de alguna forma yo me sentí aludido.

Llevaba varios años en una relación de pareja con Salvador, una relación que había empezado muy bien pero con el paso del tiempo se había venido desgastando, al inicio cada uno mostró una forma de ser ideal que parecía distar mucho de lo que realmente éramos, lo malo de convivir mucho con alguien es que te das cuenta de las cosas buenas… y también de las cosas malas, de esos aspectos negativos que uno siempre se esfuerza en ocultar, de las cosas que no se hablan en público, de lo que nadie quiere mostrar, pero cuando se da el trato en persona, todas esas cosas van apareciendo aunque no se quiera, así que con el tiempo fue inevitable que nos viéramos tal como verdaderamente éramos y eso hacía que ya no estuviésemos satisfechos con la relación que teníamos, aunque no lo expresábamos con total claridad. Cuando veo las parejas que conozco del FB, no puedo evitar recordar los días buenos, esa etapa inicial que tuve con mi pareja, íbamos de viaje, visitábamos lugares turísticos y disfrutábamos de nuestra compañía en hoteles, pero cuando comenzamos a vivir juntos las cosas cambiaron, aparecieron esos detalles desagradables de nuestras personalidades en la vida cotidiana y la relación ya no fue tan buena como lo fue al inicio.

Esa noche habíamos ido al bar y nos acompañaba un amigo muy cercano, Servando. Lo conocimos cuando buscábamos quien nos fuera a hacer unas reparaciones en  casa, hacía ya algún tiempo y resulto que sabía de varios oficios, así que a esos primeros arreglos en casa siguieron otros detalles que siempre iban saliendo para mejorar la casa y finalmente se hizo cargo de parte de un proyecto de negocio que estábamos iniciando, terminamos siendo muy buenos amigos y cada fin de semana nos acompañaba haciendo el trabajo que le tocaba en nuestro negocio. Servando había visto mucho de nosotros, se daba cuenta que nosotros teníamos personalidades e intereses muy distintos y era como si ambos jaláramos la cuerda de la relación hacia puntos opuestos tensándola, podría romperse en cualquier momento, pero por alguna razón eso no pasaba. Ambos vivíamos juntos, nos repartíamos las actividades de la casa, parecíamos funcionar bien, pero no era así, hacía tiempo que ya no teníamos intimidad, evadíamos tocarnos, y sin embargo seguíamos juntos, quizá era por costumbre, como cantaba la Rocío, la inercia por mantener algo que ya no había, éramos compañeros, amigos, pero en la práctica ya no éramos una pareja. Los besos que nos dábamos en público frente a otros no pasaban ya en la privacidad, sólo seguíamos juntos por mantener la imagen de la pareja perfecta, pero era tan solo la imagen, la realidad era que ambos buscábamos otra cosa, pero no lo decíamos.

Servando se daba bien cuenta de todo eso que pasaba en mi relación con Salvador, con frecuencia discutíamos frente a él y de hecho varias veces hablo con nosotros de esos problemas que teníamos, era buen consejero, varias veces nos dijo que quizá lo mejor sería que ya cambiáramos nuestra relación, porque como pareja ya no parecíamos funcionar muy bien, y nos decía que sería muy triste que termináramos mal y nos separáramos porque había muchas cosas buenas entre nosotros y nos enumeraba las cosas buenas que teníamos y que se perderían si optábamos en algún momento por terminar como pareja de forma abrupta, de hecho nos habló de otros amigos que mejor cambiaron su relación de pareja, por una de amigos y seguían viviendo juntos en la misma casa, compartiendo gastos y vivencias como excelentes amigos, eso nos dijo que era una buena opción para nosotros. Yo veía eso como algo bueno, pero Salvador solo se callaba, parecía que a él no le parecía una buena opción, quizá era porque él quería otra cosa. Y yo solo seguía atrapado ahí, en esa relación que no me llevaba a nada bueno, no estaba a gusto, pero de alguna manera ya estaba acostumbrado a eso y tampoco quería lastimar a mi pareja, que a pesar de todo lo negativo que hubiera en él, yo me sentía con la responsabilidad de cuidar sus sentimientos y su bienestar a costa de los míos, eran años de compartir vivencias tristes, alegres y me parecía doloroso terminar algo así, sabía bien que él no aceptaría que solo fuésemos amigos, de alguna manera también me sentía culpable, pues también había cometido errores en la relación.

Y ahí estábamos con Servando en el bar, no era la primera vez que lo invitábamos, casi siempre nos acompañaba, se había convertido en un amigo muy cercano, quizá demasiado cercano para mí. Al inicio él se mostró como alguien que no creía en que una relación de pareja funcionara entre dos hombres, decía que el interés principal por el cual dos hombres estaban juntos era el sexo, pero eso es algo que siempre pasa, que se va perdiendo, y entonces se comienzan a buscar otras experiencias sexuales, lo que inevitablemente lleva al rompimiento de la relación. Decía que el mayor tiempo que alguien le había interesado eran seis meses, después de eso perdía el interés y buscaba a alguien más.  Y el fracaso de nosotros como pareja parecía confirmar lo que pensaba.

Pero conforme fui conociendo a Servando fui encontrando temas en común, intereses, cosas en las cuales comenzamos a coincidir, y eso me agradó mucho, demasiado, platicábamos de  libros, películas, viajes, de cosas interesantes, mientras mi pareja permanecía distante, y solo se interesaba en nuestra conversación cuando hablábamos de sexo, era como si Servando y yo nos pusiéramos de acuerdo sin hablarlo, lo estimaba, y la estimación iba dando forma a otro sentimiento, algo que yo no quería reconocer, algo que me daba miedo expresar, pues tenía un compromiso con quien formalmente era mi pareja. Y encontraba yo que tampoco le era indiferente a Servando. Había roces, abrazos que prolongábamos, toques por debajo de la mesa, pero no podía entablar una relación con él, pues los intereses que tenía con Salvador como pareja pesaban mucho en mi vida. Así iba pasando el tiempo, en una complicada trama de apariencias donde nada era lo que parecía ser. Y Servando era el amigo que siempre iba a estar ahí… Creo que Salvador se daba cuenta de esa afinidad entre Servando y yo, pero era cauteloso, no demostraba sus celos, pero cuando Servando no estaba presente me decía cosas que de alguna manera lo desacreditaban, sabía que yo tenía una muy buena imagen de él y trataba de cambiarla, de ensuciarla, para que de alguna manera yo me decepcionara de él, pero nunca lo logro.

Rocío continuaba con otra canción, “pues mira tú, como te ríes como juegas tu…” ¿quién no conoce la letra de sus canciones? ¿quién no se acuerda de algún amor imposible con una de sus canciones?.  Levanté mi cerveza para brindar con Servando una vez más con un sentimiento de amargura y entonces me di cuenta que alguien más levantó su cerveza en la mesa que estaba detrás de mí, a mis espaldas, desde hacía rato alguien más estaba brindando con él y siempre correspondía.

Las luces del bar iluminaban el centro de la pista donde Rocío cantaba, alrededor las mesas donde todos la acompañaban cantando, ¿quién era el que acababa de brindar con su cerveza con Servando? Lo vi mejor, era alto, bigote poblado, vestía una camisa de manga larga a cuadros arremangada, pantalón vaquero ajustado, estaba con dos más que parecían ser sus amigos, se veía ya algo tomado y nos observaba continuamente, parecía agradable, atractivo, vi como alzó su cerveza para brindar con Servando y él le correspondió, algo en mí se movió. Entonces Servando se levantó y fué hacia su mesa, lo saludó y se sentó a acompañarlo, su nuevo amigo le brindo una amplia sonrisa, parecía estar muy contento de que se hubiera acercado, ambos comenzaron a platicar, yo no supe de qué, pero lo supuse. Al ver eso Salvador sonrió y me dijo que Servando ya había ligado, parecía complacido y a la vez molesto, su expresión facial era una mezcla de emociones dispares.

Servando se levantó para bailar con su nuevo amigo, el cual sabía bailar muy bien.  La noche iba pasando, toda mi atención estaba puesta en Servando y su nuevo amigo, al cabo de un tiempo ambos se levantaron y se acercaron a nosotros, nos lo presentó, se llamaba Mateo, le dijo que nosotros éramos sus amigos, luego nos dijo mientras me veía a los ojos que se iba a ir con él, Mateo se hospedaba en un hotel cercano, no era de ahí, estaba de visita y lo invitaba a pasar la noche con él, así que se despedía de nosotros. Salvador le dijo que estaba bien, yo no sabía que decir, no quería que Servando se fuera con él, un nuevo sentimiento que no conocía surgió en mí, sentí celos, pero no podía decirle nada, no podía reclamarle nada cuando yo tenía una relación que no había podido resolver. Creo que mi expresión cambió, lo abracé y le dije al oído que no se fuera, pero él me dijo que quería ver a dónde llevaba esa situación nueva para él, Mateo también nos abrazó al despedirse y yo solo le dije al oído “cuídalo mucho”, me miró con extrañeza y me dijo que así lo haría, luego ambos se retiraron abrazados del bar.

Salvador y yo quedamos en silencio, al cabo de un rato salimos de ahí hacia el hotel. Entonces Salvador me dijo, que Servando era un ingrato porque había llegado con nosotros y nos había plantado por irse con su ligue, algo que nunca nos había hecho, se notaba molesto, pero creo que en realidad quería saber que pensaba yo. No dije nada, solo iba serio, me costaba trabajo disimular lo que sentía, lo mucho que me había afectado que Servando se hubiera ido con otro, me sentía traicionado y al mismo tiempo sabía que no tenía derecho a sentirme así, yo no le había ofrecido nunca nada a Servando y hasta entonces él siempre había estado ahí sin esperar nada, sin pedirme nunca nada, sin haberse entrometido nunca en mi relación con Salvador, solo había estado ahí siempre, hasta esa noche. Nunca había sentido tan solas y frías las calles que llevaban al hotel, Salvador y yo las caminábamos en silencio, ambos metidos en nuestros propios pensamientos. Esa noche nos acostamos juntos pero no nos tocamos, yo dormía a ratos, Servando estaba presente en mi pensamiento, no sabía sí estaba bien, y no sabía lo que pasaría al día siguiente. Quizá lo mejor sería que yo me decidiera a poner fin a mi relación, quizá estaba enamorado de Servando, quizá no era tarde aún…

Al día siguiente Servando no había llamado, teníamos que dejar el hotel y le llamamos, su número parecía apagado, no sabíamos que hacer, estábamos en el lobby entregando el cuarto cuando llegó Servando acompañado de Mateo, ambos se veían contentos, él nos preguntó por su mochila y nos dijo que se iba a quedar ese día con Mateo, que después se iría por su cuenta. Yo no le dije nada, no podía verlo, le di la espalda e ignoré a Mateo, mientras Salvador le entregaba su mochila. Luego nos fuimos al estacionamiento y no supe más de Servando. Esa noche en la soledad de mi casa pensé muchas cosas, en mi relación con Salvador, en Servando, en saber cuáles eran realmente mis sentimientos, y tuve que reconocer lo que todos ya sabíamos, que Salvador y yo hacía mucho ya no éramos pareja, que ambos teníamos que intentar rehacer nuestras vidas, y que yo amaba a Servando.

Tomé mi teléfono celular y le llamé, le dije lo que pensaba, lo que sentía, le dije que por fin me había dado cuenta de lo que él representaba para mí, de que estaba enamorado de él, le dije que iba a terminar con la farsa de la relación que tenía con Salvador, le dije que sabía que no le era indiferente, que sabía que él también sentía algo por mí, le dije todo lo que hasta entonces había callado, él me dejó hablar y entonces me dijo que había esperado mucho tiempo para escuchar lo que yo le estaba diciendo, que había esperado tanto para que yo me diera cuenta de lo que él sentía por mí, que nunca había querido entrometerse en mi relación con Salvador y que esperaba que yo solo me diera cuenta de las cosas y que volteara a verlo de otra forma, me dijo que había esperado tanto tiempo por este momento, pero que llegaba tarde.

Me habló de Mateo, del ser humano que había conocido, que era una persona sencilla y agradable, que encontró una gran afinidad con él, que también era una persona necesitada de cariño, legítimo, me habló que vivía en provincia y que quería intentar algo con él, yo me quedé frío, ahora que había decidido dar fin a mi relación para ser libre y estar con él era tarde. Sí, Servando había conocido a Mateo y ambos estaban por iniciar algo, una relación sin un tercero, sin una persona egoísta que pretendía amar a uno y estar con otro. Llegaba yo tarde, me dijo, él había esperado mucho tiempo esto y ahora lo encontraba, pero no conmigo. Se despidió de mí deseándome lo mejor y que pudiera resolver mi situación con Salvador, me dijo que no iba a volver a vernos y que evitara hablarle en adelante, porque a partir de ese día para él sólo había una persona en su vida, Mateo. Y todo había empezado la noche anterior en el bar mientras Rocío cantaba “pero te extraño, como te extraño, no cabe duda que es verdad que la costumbre es más fuerte que el amoooooor…”.

               


Por: Martín Soloman